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Cómo se ha estudiado el espacio público?

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ANEXOS

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desarrollo social de las personas pues son lugares de gran valor donde gente con distintos bagajes culturales se encuentran, comparten y aprenden.

Finalmente, tener espacios públicos de calidad aporta para el crecimiento económico de las ciudades. Por una parte, “el valor cultural es un motor esencial del valor económico de las ciudades, haciendo esencial que haya espacios públicos de calidad donde se pueda desarrollar el valor cultural. Estos son tan importantes para las personas que lo utilizan a diario como para los turistas y la población flotante que lo habite de manera menos periódica” (Rupa, 2015). Es decir, el espacio público es el espacio donde los turistas pueden aprehender la verdadera cultura de la ciudad. Por otro lado, como lo explica Cabe Space (2003), “a medida que las ciudades compiten de manera creciente entre sí para atraer inversión, la presencia de buenos espacios públicos se vuelve una herramienta vital para el mercado. Las compañías son atraídas a lugares que ofrecen espacios públicos bien diseñados y administrados, y estos en retorno atraen clientes, empleados y servicios. En los centros urbanos, un entorno agradable y bien mantenido incrementa el número de personas visitando locales comerciales. Un buen paisaje público ofrece además beneficios a la economía local al estimular la valorización de la vivienda puesto que los compradores están dispuestos a pagar más por un espacio con mejores condiciones exteriores alrededor de su potencial vivienda”.

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Las posturas presentadas demuestran la importancia de generar espacios públicos que la gente pueda habitar. En palabras de Enrique Peñalosa (2000), “puede que la importancia de los espacios públicos peatonales no sea medible, pero muchas cosas importantes en la vida tampoco pueden medirse. Los lugares para peatonales son esenciales para la felicidad de una ciudad”.

¿Cómo se ha estudiado el espacio público?

Como se ha mencionado varias veces a lo largo del texto, la habitabilidad es un concepto compuesto tanto por elementos tangibles y objetivos, como por elementos intangibles y subjetivos (Páramo & Burbano, 2012)(Moreno, 2008) (Salheen, Latif, & Keleg, 2015) (Leby & Hashim, 2010), y es representada a partir de una dimensión física, una dimensión funcional

y fenomenológica y una dimensión desde la percepción. Por lo tanto, las metodologías para evaluar la habitabilidad del espacio público deben necesariamente, además de reunir las características físicas y fenomenológicas, abordar la percepción de los usuarios sobre el espacio en que se encuentran. Esto es demostrado en las metodologías abordadas por los distintos estudios analizados alrededor de a la habitabilidad y de otra variedad de indicadores de calidad del espacio público.

En un primer grupo se pueden reunir los estudios que realizan encuestas a los usuarios del espacio público (Barrero & Rodríguez Valencia, 2019) (Vallejo Borda, Ortiz Ramírez, Rodríguez Valencia, Ortuzar, & Hurtubia, 2019) (Leby & Hashim, 2010) (Páramo & Burbano, 2012) (Paasch, 2015). En estos, se reúne a priori una serie de variables encontradas en la literatura y se construyen cuestionarios referidos a dichas variables. Por ejemplo, el estudio de Leby & Hashim (2010) se basó en un cuestionario en el cual los 170 encuestados, además de proveer su información socio-económica, calificaban con una escala cuantitativa la importancia de distintas variablescategorizadas en las dimensiones física, social, funcional y social. En este caso, las encuestas se enviaban por correo a distintos habitantes de un barrio de la ciudad de Selangor, Malasia que se consideraban potenciales encuestados. Dentro de los resultados más relevantes, se encontró que los encuestados dan más peso a la dimensión social sobre las otras tres(con un valor promedio de 4.55/5), demostrando que la criminalidad es la mayor preocupación por parte de la población (Leby & Hashim, 2010).

En el caso del estudio de Páramo & Burbano (2012) se realizó una encuesta a 740 personas en dónde se preguntaba a los encuestados acerca del nivel de contribución de 48 variables en la habitabilidad del espacio público en 14 ciudades colombianas. La investigación demostró que las variables que más contribuyen son la diversidad de lo observable, la identidad de cada lugar, las zonas peatonales, el contacto social, los elementos culturales, la accesibilidad por medio de transporte público, los elementos naturales, los espacios deportivos, la presencia de la policía, los lugares para la recreación, el respeto por las normas, y que el espacio sea incluyente (Páramo & Burbano, 2012).

Por otro lado, para el estudio de Vallejo Borda, Ortiz Ramírez, Rodríguez Valencia, Ortuzar, & Hurtubia (2019) se encuestaron 1056 usuarios de 30 andenes en la ciudad de Bogotá con el objetivo de crear un modelo que reuniera variables objetivas y subjetivas para estimar la percepción de los peatones sobre la calidad de servicio de los andenes de la ciudad de Bogotá, Colombia. Con los resultados fue posible predecir la calidad de servicio percibida en 26 de los 30 andenes, e identificar la interacción entre usuarios, variables medibles como la edad, la presencia de ciclistas, huecos, separador, el ancho del anden, la separación entre calzada y anden y la longitud de los ingresos vehiculares, y variables latentes como las características del andén, los alrededores, la incomodidad y las externalidades (Vallejo Borda, Ortiz Ramírez, Rodríguez Valencia, Ortuzar, & Hurtubia, 2019).

Adicionalmente, el estudio de Barrero & Rodríguez Valencia (2019) buscaba descubrir los factores que afectan la calidad de servicio de la infraestructura para bicicletas. Para conseguirlo, se desarrolló una encuesta a 434 ciclistas en 15 puntos de la ciudad de Bogotá, Colombia, en la que los encuestados pudieran calificar con una escala cualitativa distintas variables encontradas en la literatura en torno a suafectación enlasatisfacción de los ciclistas

o la percepción de calidad de servicio. Luego de realizar la encuesta inicial y una versión simplificada, se generó un modelo predictivo que arrojó como variables significativas el pavimento, el placer, los semáforos, la señalización, la seguridad y el evitar la calzada vehicular. Finalmente, se realizó una visita a los puntos donde se obtuvieron la mejor y la peor calificación y la calificación promedio para cada una de las variables significativas. Esto con el objetivo de tener un mejor entendimiento de las características físicas del entorno y las percepciones que generan.

Paasch (2015), por su parte, realizó encuestas de preferencias declaradas por internet, en que se mostraban tres imágenes manipuladas de distintos centros urbanos europeos, consiguiendo una muestra de 601 personas, indagando en la importancia de cinco dimensiones de habitabilidad (confort, función, accesibilidad, mantenimiento y sociabilidad). Los resultados mostraron que el éxito de un espacio público esta relacionado fuertemente a su diseño físico y variables de confort, accesibilidad, función y mantenimiento. Además, se encontró que la

estética y la interacción con la gente en las plazas enriquecen la habitabilidad percibida subjetivamente.

En otro grupo de estudios se pueden agrupar aquellos que utilizaron cuestionarios abiertos o entrevistas acompañados de una recolección de información socio-económica y demográfica (Salheen, Latif, & Keleg, 2015) (Daly, Mahmoudi, Hollingsbee, & Ocampo, 2016) (Sepe, 2017) (Schneider, 2013). Para comenzar, Salheen, Latif, & Keleg (2015) realizaron un cuestionario a los residentes de Nasr City, Egipto, con el objetivo de entender las fallas en la forma como se planean los espacios públicos de la ciudad. Las variables involucradas se clasificaron en cuatro dimensiones de accesibilidad (espacial, funcional, social y operacional). Con el cuestionario se encontró que la accesibilidad operacional es la más importante para atraer personas al espacio público. Además, se evidenció que, cuanto más atractivo sea un espacio, será usado en mayor medida por las personas. Entre más actividades existan, mayor diversidad en el tipo de personas se encontrará. Además, la presencia de venta de comida y bebidas fomentan su utilización en los usuarios más jóvenes.

En segundo lugar, Daly, Mahmoudi, Hollingsbee, & Ocampo (2016)

proponen la metodología del “Índice Huss” que permite explorar los sentidos, las emociones y el nivel de confort, capturándolos simultáneamente en una sola experiencia, esto con el objetivo de medir la experiencia humana en el espacio público. Este procedimiento incluye, además de una recolección de las condiciones ambientales y climáticas, entrevistas que pretenden extraer información sobre los significados y conexiones que despierta el entorno físico sobre los individuos. Estas pueden producir tanto información cualitativa como cuantitativa, como rutas de desplazamiento. Adicionalmente, estas se hacen mientras el entrevistado y el entrevistador caminan, despertando una estimulación multisensorial en ambos.

Por otro lado, Sepe (2017) llevó a cabo una metodología compuesta denominada “The Happy Place Method” aplicada en la ciudad de HafenCity, Hamburgo, con el objetivo de identificar los factores que influencian la percepción de felicidad desde el punto de vista urbano. En primer lugar, observó características del lugar, dentro de las que se incluyen los tipos, cantidad y frecuencia de personas y actividades, identificó percepciones sensoriales, y

observó elementos naturales y artificiales que contribuyan a la sensación de felicidad urbana. En otra etapa realizó un cuestionario abierto que se acomodaba en función de las características del sitio. De manera general, las preguntas giraban en torno al sentimiento de felicidad o de tristeza, indagando los elementos que causan esa sensaciones, elementos del espacio que hagan bueno o malo a un espacio, los tipos de actividades realizados en el espacio, las afectaciones que causa la cantidad de gente en la percepción de felicidad, las mejoras que podrían hacerse en el sitio, entre otras que pueden desarrollarse a lo largo de la entrevista. Finalmente se realizó un análisis cartográfico de los sitios utilizados. Los resultados demostraron que variables como la cercanía al centro histórico, la presencia de lugares dónde sentarse, la percepción de tradición, la presencia de destinos turísticos y culturales, la presencia de peatones y bicicletas, la presencia de áreas de juegos para niños, y la presencia de bares y restaurantes pueden despertar el sentimiento de felicidad y percepciones positivas similares como la serenidad, el placer, la alegría y la sorpresa.

Finalmente, el trabajo de Schneider (2013) utilizó una metodología basada en entrevistar individuos en la Bahía de San Francisco, Estados Unidos, buscando resaltar la importancia de cada uno de las etapas de la Teoría de Elecciones Modales Rutinarias (i. Conocimiento y disponibilidad, ii. Seguridad, iii. Conveniencia y costo, iv. Disfrute, y v. Hábito). El autor establece la importancia de utilizar métodos cualitativos como estas entrevistas para entender el comportamiento al momento de realizar viajes, fundamentándose en los estudios de Clifton & Handy (2001), Bierao & Sarsfield Cabral (2007), Gardner & Abraham (2007) y Hine & Scott (2000). Schneider entrevistó 26 individuos de estratos demográficos distintos. La metodología abordada permitió confirmar que las personas consideraban cada uno de los cinco componentes de la teoría propuesta. De los resultados, el autor extrae distintas frases célebres que lo ayudan a estructurar la discusión, hacer paralelos y sacar conclusiones.

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