
ABC ENERGÉTICO CON FLUVIO RUIZ
Pag. 08
VOZ EXPERTA + WEN MÉXICO + REDMEREE
Pag. 80



Año 22 No. 245
Enero 2026


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ABC ENERGÉTICO CON FLUVIO RUIZ
Pag. 08
VOZ EXPERTA + WEN MÉXICO + REDMEREE
Pag. 80



Año 22 No. 245
Enero 2026




Queridos lectores,
Enero de 2026 trae un aire de esperanza palpable al mundo energético. Después de años navegando incertidumbres, este nuevo ciclo se presenta como una oportunidad luminosa para las energías renovables. Nuestra portada de esta edición celebra ese horizonte: el avance de la solar fotovoltaica, solar térmica, eólica, hidrógeno verde y nuclear, tecnologías que guían la transición hacia un futuro limpio.
La solar fotovoltaica ilumina el camino con paneles que capturan la luz del sol de manera cada vez más eficiente. Tan solo durante el primer semestre de 2025 el mundo vio nueva capacidad instalada en más de 380 GW. Desde vastos desiertos hasta techos urbanos, estas instalaciones transforman la energía diaria en electricidad accesible, democratizando el acceso a fuentes inagotables y silenciosas.
La eólica, con sus inmensas aspas girando de más de 18 MW cada una, complementa este mosaico. Parques marinos y terrestres aprovechan vientos constantes para generar potencia estable, mientras la solar térmica concentra el calor solar en torres que almacenan energía para noches y días nublados, asegurando fluidez en el suministro.
El hidrógeno verde promete revolucionar industrias pesadas. Electrolysis alimentada por renovables produce este combustible limpio, ideal para transportes lejanos, acero y química, conectando el mundo solar y eólico con sectores que demandan potencia continua sin emisiones.
La nuclear moderna, con reactores compactos y seguros, regresa como aliada esencial. Diseños avanzados ofrecen energía despachable que estabiliza redes saturadas de intermitentes, permitiendo que renovables alcancen penetraciones masivas sin comprometer la confiabilidad.
Empresas globales y organizaciones avanzan hacia el Net Zero con compromisos firmes. Google, Microsoft y gigantes energéticos reestructuran operaciones para eliminar carbono, mientras en México proyectos solares y eólicos locales aceleran esta senda, alineados con acuerdos internacionales que unen naciones en un propósito común.
La transición energética no es solo técnica, sino cultural. Requiere voluntad política para agilizar permisos, incentivos que premien la innovación y alianzas que unan gobiernos con privados. El 2026 invita a superar barreras regulatorias y logísticas con creatividad compartida.
Cerramos con fe en este amanecer renovable. Esta edición explora caminos, voces expertas y visiones prácticas hacia el Net Zero. Que el nuevo año consolide la energía limpia como pilar de prosperidad global y sostenibilidad perdurable.
Con optimismo,
PRESIDENTA & CEO


Juan Carlos Chávez
Director editorial de Energía Hoy
Iniciamos este 2026 con un sentimiento renovado de esperanza y compromiso. Si algo nos dejó el año que concluyó, fue la confirmación de que la transición energética —esa ruta indispensable hacia un futuro bajo en emisiones— está cada vez más cerca de ser una realidad tangible. Las energías limpias, desde la solar fotovoltaica y térmica, pasando por la eólica, hasta el hidrógeno verde y la nuclear, no son ya solo conceptos aspiracionales, sino protagonistas concretos de transformación a escala global.
Este año que estrenamos trae consigo un contexto donde las energías renovables están proyectadas a superar a los combustibles fósiles como fuente principal de generación eléctrica en varias regiones del mundo. A finales de 2025, la energía limpia ya representaba más de un tercio de la electricidad producida a nivel mundial, y las perspectivas apuntan a que en 2026 el aporte conjunto de solar y eólica superará incluso a la nuclear, marcando un hito esencial en nuestra ruta hacia el Net Zero.
La energía solar, con su versatilidad y continua reducción de costos, sigue siendo el corazón palpitante de esta transición. Su expansión en los últimos años ha sido extraordinaria, abarcando desde grandes parques fotovoltaicos hasta soluciones integradas en edificios y comunidades. A la par, la eólica —tanto terrestre como offshore— se ha consolidado como una fuente robusta y competitiva que impulsa matrices más limpias y resilientes. La energía nuclear, por su parte, aparece como un componente complementario en la matriz energética, contribuyendo con generación firme y baja en carbono, especialmente en contextos donde se requiere estabilidad y alta intensidad energética. Aunque la discusión sobre su papel sigue siendo diversa, es innegable que en muchos países forma parte de las estrategias de descarbonización a corto y mediano plazo.
No menos significativo es el avance del hidrógeno verde, una pieza clave para descarbonizar sectores difíciles de electrificar como la industria pesada y el transporte de larga distancia. Su desarrollo, aunque todavía emergente, avanza con pasos firmes y se perfila como un vector energético estratégico para este nuevo ciclo.
En este número de enero también dedicamos espacios a otras aristas fundamentales: los sistemas BESS (Battery Energy Storage Systems), que fortalecen la estabilidad de las redes al acompañar el crecimiento de las renovables; la visión colectiva de tres organizaciones de mujeres en energía —Voz Experta, WEN México y REDMEREE— que nos recuerdan que la transición energética es también una transición justa e inclusiva; así como análisis sobre eficiencia energética y una mirada crítica a la coyuntura petrolera en Venezuela.
Este arranque de año nos invita a reflexionar sobre los grandes logros alcanzados y, sobre todo, los desafíos que aún persisten. Las renovables están transformando el paisaje energético mundial, pero cumplir con las metas de Net Zero exige colaboración entre gobiernos, empresas, comunidades y la ciencia. Desde políticas públicas más ambiciosas hasta modelos de inversión innovadores, cada actor tiene un papel que jugar.
Que esta edición de enero nos inspire a profundizar en ese camino, convencidos de que la transición energética no es solo una meta técnica, sino un proyecto de sociedad, economía y bienestar global.

ENERO 2026
AÑO 22 No. 245
02
EDITORIAL
06
FRASES CON ENERGÍA
ENERGY & KNOWLEDGE
08
ABC ENERGÉTICO LA PRIMERA TANDA DE CONTRATOS MIXTOS
Fluvio Ruiz Alarcón
14
¿PUEDE LA PLANEACIÓN
CENTRALIZADA
RESOLVER LOS CUELLOS DE BOTELLA QUE ELLA MISMA HEREDÓ?
Erika Ramírez Dávalos
ELECTRICIDAD
18
SEGURIDAD EN LA ENERGÍA
PARARRAYOS PARTE 2: LOS TIPOS DE PROTECCIÓN
Gustavo Espinosa Rütter
28
EFICIENCIA ENERGÉTICA
MOTORES
INTELIGENTES: EFICIENCIA
OPERATIVA Y VENTAJA
COMPETITIVA PARA LA INDUSTRIA
MODERNA
Gerardo Tenahua Tenahua



POR: JUAN CARLOS CHÁVEZ

38
BESS: DE RESPALDO A COLUMNA VERTEBRAL DEL SISTEMA ELÉCTRICO
Sepehr Soltani (Colaboración APC Media)
COMUNIDAD EH
62
CUANDO LA HISTORIA SE REPITE: EL AUGE, CAÍDA Y NUEVO DECLIVE DEL AUTOMÓVIL ELÉCTRICO
Santiago Barcón
Ideas con Brío

66
COLUMNA INVITADA ARQUITECTURAS QUE
PIENSAN: UNA NUEVA FORMA DE LEER LA ENERGÍA FÁTIMA BARRERA
74
VENEZUELA, LA NUEVA POTENCIA MUNDIAL
Ramsés Pech
80 VOZ EXPERTA
LIDERAZGO FEMENINO EN ENERGÍA: RETOS Y OPORTUNIDADES HACIA 2026
Ana Laura Ludlow


Energía Hoy®️ Número 245, ENERO 2026. Es una publicación mensual editada y publicada por
Generales: Tuxpan 57, Col Roma Sur, Alcaldía Cuauhtémoc, Ciudad de México. C.P. 06760. Teléfono: +52 (55)






Jessyca CervantesPRESIDENTA Y CEO
Dr. Hugo Isaak ZepedaVICEPRESIDENTE
Miguel Mares Castillo DIRECTOR GENERAL m.mares@smartmediagroup.lat
Carlos Mackinlay Gronhamm DIRECTOR DE RELACIONES INSTITUCIONALES c.mackinlay@smartmediagroup.lat
Ulises Gómez Nolasco DIRECTOR JURÍDICO Y FINANCIERO u.gomez@smartmediagroup.lat
Virna Gómez Piña DIRECTORA COMERCIAL v.gomez@smartmediagroup.lat
Antonella Russo COORDINADORA DE RELACIONES PÚBLICAS Y REPRESENTANTE EN EUROPA a.russo@smartmediagroup.lat
Ernesto Valdés Arreguín COORDINADOR DE ESTRATEGIA GUBERNAMENTAL
Evelyn Sánchez Gamiño GENRENTE DE MERCADOTECNIA e.sanchez@smartmediagroup.lat
Irwing Núñez VázquezWEBMASTER i.nunez@smartmediagroup.lat
Juan Carlos Chávez Vera DIRECTOR EDITORIAL DE SMART MEDIA GROUP jc.chavez@smartmediagroup.lat
Aranza Bustamante COEDITORA DE SMART MEDIA GROUP a.bustamante@smartmediagroup.lat
Sergio Ruiz Labastida COORDINADOR DE ARTE Y DISEÑO
Shasny D. Meraz BalderasDISEÑADORA JR
Arturo Eduardo Plata Martínez DISEÑADOR JR.
Guadalupe García Hernández EJECUTIVA COMERCIAL g.garcia@smartmediagroup.lat
Jessica Argüelles Aguilar EJECUTIVA COMERCIAL j.arguelles@smartmediagroup.lat
Eduardo Piccolo Liceaga EJECUTIVO COMERCIAL e.piccolo@smartmediagroup.lat
CONSEJO EDITORIAL
Shirley WagnerPatricia Tatto Gema Sacristán Mariuz Calvet Roquero
Camilo Farelo Rubio
Hugo Adrián Hernández Baltazar
María José Treviño
Santiago Barcón Palomar Hans-Joachim Kohlsdorf Walter Coratella Cuevas VENTAS ventas@smartmediagroup.lat CONTACTO
smartmediagroup.lat. Publicación digital líder en el sector energético con 20 años de trayectoria, que presenta contenido de valor en temas clave de energía a través de la participación de destacados expertos del sector. Editor responsable: Juan Carlos Chávez Vera. Certificado de Reserva de Derechos al Uso Exclusivo número 04-2022070111272100-102 de fecha 1 de julio de 2022 otorgado por el Instituto Nacional del Derecho de Autor; ISSN: en trámite el Instituto Nacional del Derecho de Autor. Licitud de Título y Contenido: en trámite ante la Comisión Calificadora de Publicaciones y Revistas Ilustradas de la Secretaría de Gobernación, permiso SEPOMEX: en trámite. Responsable de la última actualización de este número, Unidad Informática de Smart Media Group Connecting Brands, Ing. Irwing Núñez Vázquez, fecha de última modificación, 13 de noviembre de 2023. Se imprime en Productos y Servicios Técnicos Hernández, S.A. de C.V. RFC: PST090722N98. Dirección fiscal: Morelos no. 48 Col. Peñón de los Baños, Alcaldía Venustiano Carranza. C.P. 15520, México, CDMX. PRIMERA REVISTA EN MÉXICO LIBRE DE CO2

La Tierra tiene suficiente para satisfacer las necesidades de todos, pero no la codicia de todos”.
- Mahatma Gandhi, pacifista.
"La transición a renovables no es un costo, es una inversión en nuestro futuro”.
- Christiana Figueres, exsecretaria ejecutiva de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático.
"La energía renovable es la única vía viable para un futuro sostenible”.
- Ban Ki-moon, exsecretario General de las Naciones Unidas
"Invertir en energías limpias crea empleos y salva el planeta”.
- Al Gore, político y ambientalista exvicepresidente de Estados Unidos.
"Invertir en renovables es invertir en la resiliencia de las mujeres frente al cambio climático”.
- Jane Goodall, etóloga.
"Necesitamos energía limpia para empoderar comunidades, no para enriquecer corporaciones fósiles”.
- Greta Thunberg, activista.

"La energía solar no solo ilumina hogares, sino futuros equitativos para mujeres en el mundo”.
- Rachel Carson, bióloga marina y conservacionista.
El pasado 19 de diciembre de 2025, se formalizaron los primeros cinco contratos mixtos entre Petróleos Mexicanos y diversos operadores privados. Como hemos anotado en este mismo espacio, la denominación “contrato mixto” que fue introducida en el artículo 28 de la Ley del Sector Hidrocarburos, se refiere a los modelos contractuales asociados a la nueva figura legal de Asignaciones de Desarrollo Mixto.
Esta es una precisión que vale la pena reiterar para dejar en claro que, como escribimos, “no se trata de una forma contractual construida a partir de diferentes modelos, sino de la forma legal que tomará el trabajo coordinado de Pemex con otro u otros operadores, con el objetivo de realizar las actividades de exploración, desarrollo y extracción de hidrocarburos, en ciertas asignaciones que el Estado otorgó a nuestra empresa petrolera”.
De hecho, en buena medida, esta nueva figura legal condensa la postura de la izquierda parlamentaria durante la aprobación de la legislación secundaria de la reforma constitucional en materia energética, impulsada en 2013 por el gobierno de Enrique Peña Nieto. En ese momento (verano del 2014), la entonces oposición planteó en este tema, varias reservas legislativas a la iniciativa oficial

ALARCÓN
Analista del sector energético


que, en conjunto, buscaban darle un papel más importante a Pemex en la selección de quien pudiera ser su aliado en las migraciones de asignaciones a contratos con socio. La idea de la minoría progresista en el Congreso era en el fondo, incrementar el peso de la lógica industrial petrolera frente a los omnipresentes criterios del rentismo desarrollista, que terminó por imponerse.
Sorprendentemente (al menos para quien esto escribe), en la reforma de marzo de 2025, dichos criterios se mantuvieron en esa vía de explotación de nuestra riqueza petrolera y solo se hicieron los ajustes derivados de las modificaciones al diseño institucional del sector energético.
Volviendo a los contratos mixtos, en este primer proceso de licitación se pusieron diez asignaciones a la disposición de potenciales socios de Pemex: Tamaulipas-Constituciones, Sini-Caparroso, Nobilis-Maximino, Cuervito, Tupilco Terciario, Tlatitok-Sejkan, Macuil-Paki, Agua Fría, Pit-KayabUtsil y Macavil.
Convertidos por los medios y el debate público como el instrumento o mecanismo de participación privada más visible, tras la citada reforma de marzo de 2025; la presentación del modelo base y el seguimiento a las empresas interesadas fue tema de múltiples análisis, juicios, pronósticos y especulaciones. Al final del día, esta componente del nuevo entramado institucional, jurídico y operativo se volvió icónica, emblemática del presente y las perspectivas de mediano plazo de Petróleos Mexicanos.
Al final de un proceso del que Pemex tendrá que sacar las lecciones y aprendizajes correspondientes y muy normales en la implementación de un procedimiento novedoso; se suscribieron los contratos mixtos asociados a las siguientes asignaciones: Tamaulipas-Constituciones, SiniCaparroso, Cuervito, Tupilco Terciario y Agua Fría. Es decir, cinco de las diez asignaciones en las que Pemex decidió realizar trabajos compartidos para relanzar la producción petrolera.
Únicamente como referencia, recordemos que, en respuesta a la primera licitación de la Ronda Uno de contratos petroleros, derivada de la reforma energética de 2013-2014; 34 empresas y consorcios fueron preclasificados, pero solo nueve se presentaron el 15 de julio de 2015, prácticamente a un año de haberse aprobado la legislación secundaria. De los catorce bloques que estuvieron en disputa, solo seis recibieron alguna propuesta. De estas, cuatro estuvieron por debajo

de los mínimos económicos establecidos por la Secretaría de Hacienda. Al final, como se sabe, solo dos bloques fueron asignados. Ambos al consorcio liderado por la naciente empresa basada en México, Sierra Oil and Gas.
En los días previos a la adjudicación, el propio secretario de energía estableció que consideraría exitoso el proceso si se colocaban el 30 o 40 por ciento de los bloques ofertados. Es decir, si se daban cuatro o cinco adjudicaciones. A partir de ese parámetro, el resultado de esta primera convocatoria quedó a la mitad de las expectativas, de suyo poco optimistas, fijadas hacia el final del proceso, desde el propio Gobierno Federal. Algo parecido en este punto en particular ocurrió con los contratos mixtos al adjudicarse la mitad de los ofertados, aunque en este caso, siempre se mantuvo el optimismo …y hasta se llegó a afirmar que todos habrían sido otorgados.
En el afán de no retrasar las licitaciones, el fallo de la primera convocatoria de la Ronda Uno en 2015, se dio en ausencia de normas tan significativas para los interesados como las reglas de unitización de yacimientos (de entre los bloques asignados surgiría el tema de Zama) o la reglamentación precisa en materia ambiental y de seguridad industrial.
De igual manera, mientras que el artículo 25 de la Ley del Sector Hidrocarburos, señala que el “proceso de otorgamiento de una nueva Asignación para Desarrollo Mixto debe establecerse en el Reglamento de esta Ley, y en las reglas que para tal efecto emita la Secretaría de Energía (…)”, la adjudicación de los contratos mixtos asociados a dichas Asignaciones avanzó decididamente sin que las disposiciones reglamentarias correspondientes fueran publicadas o cubiertas a cabalidad.
Como se puede desprender de esta breve y superficial comparación, existen rasgos comunes fácilmente identificables en los actores principales, más allá de la orientación ideológica: cierto frenesí en la aplicación que relega a segundo plano algunas consideraciones de formalidad reglamentaria, optimismo (¿voluntarismo?) mitigado paulatinamente por la realidad, número y naturaleza de participantes de modesto atractivo mediático…
En todo caso, debemos esperar un periodo de aprendizaje y ajuste tanto de parámetros, métodos y procedimientos, como de la actitud misma de quienes participen en futuros procesos de contratos
mixtos. Lo fundamental es la conciencia de que, en la base, estamos frente a un proceso de alianza entre operadores petroleros y no de contratación de los servicios de uno por el otro. Y no olvidar que los contratos mixtos, son solo uno más de los instrumentos con los que cuentan Pemex y el Estado para explotar la riqueza petrolera de la Nación.
La adjudicación de los contratos mixtos es un acontecimiento muy relevante desde el punto de vista simbólico. Entendido lo "simbólico", como el espacio racional de mediación donde un hecho económico cobra pleno sentido político y viceversa.
En vistas de próximas licitaciones, valdría la pena hacer un análisis sereno de esta primera experiencia, dejando de lado los juicios apresurados y lapidarios en uno u otro sentido. En particular, resulta imperativo partir de premisas sólidas desde el punto de vista geológico, técnico y económico para definir con claridad los objetivos e identificar las asignaciones de desarrollo propio que podrían convertirse en asignaciones de desarrollo mixto. A partir de ahí, seleccionar al socio no solo por su capacidad financiera sino y sobre todo, por su disposición a realizar transferencia tecnológica, colaborar en la formación de recursos humanos y en general, establecer sinergias en el corazón de la actividad petrolera.
Ni el resultado de la primera convocatoria es el acta de defunción de Pemex; ni la adjudicación de todos los contratos hubiera sido prueba irrefutable de su radiante porvenir. Los ajustes que deban hacerse en los procedimientos, contratos, reglamentos o leyes secundarias; deberán ser producto de una clara jerarquización de los objetivos de la reforma de marzo de 2025 y de una distribución coherente de responsabilidades entre los actores responsables de su implementación.














Este libro presenta un enfoque novedoso para las empresas que busquen innovar o transformar sus organizaciones. Comprender esto no se limita a observar lo que sus públicos hacen, sino a descubrir lo que realmente buscan lograr. Repensar la experiencia del cliente propone mirar más allá de los comportamientos para entender las intenciones que guían cada decisión. En este libro, Víctor Manuel González, fundador y consultor de Sperientia (studio-lab), ofrece una mirada renovadora que combina profundidad conceptual con aplicación práctica, invitando a rediseñar la manera en que las organizaciones crean valor.
Fruto de años de docencia, investigación y consultoría, el autor presenta el modelo MEPI (Mapeo de la Experiencia a partir de las Intencionalidades), una metodología que permite conceptualizar, medir y diseñar experiencias desde la intencionalidad de los usuarios, respetando la libertad y motivación humanas. El modelo parte del respeto al libre albedrío y tiene en cuenta que los usuarios rara vez consumen por características físicas o atributos del producto, sino por las razones más profundas.
Este libro es una invitación a transformar la relación entre las organizaciones de cualquier tamaño y sus stakeholders. Propone un diálogo abierto, ético y evolutivo sobre cómo comprender y acompañar el progreso humano a través de productos, servicios y experiencias que inspiren significado y propósito.
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Vivimos en una época marcada por la prisa, la comparación constante y la exigencia de resultados inmediatos. En ese contexto, hablar de procesos personales, de pausas necesarias y de resistencia emocional parece ir a contracorriente. Sin embargo, cada vez es más evidente que muchas personas avanzan sin rumbo claro, cargando miedos, frustraciones o duelos no resueltos. El desgaste no siempre es físico; muchas veces es interior. Y es ahí donde surge la necesidad de replantear qué significa avanzar y hacia dónde.
Esta reflexión atraviesa El maratón de la vida. Cómo vencer tus miedos, resistir el dolor y cruzar la meta, de Manuel Ávalos, publicado por LID Editorial Mexicana. A partir de su propia historia —marcada por una infancia compleja, una larga trayectoria corporativa y más de treinta y cinco maratones corridos—, el autor construye una metáfora poderosa: la vida como una carrera de largo aliento. No se trata de velocidad ni de llegar primero, sino de sostener el paso, aprender de cada kilómetro y seguir adelante incluso cuando el cansancio, la duda o el miedo aparecen.
El libro no propone fórmulas rápidas ni discursos triunfalistas. A través de relatos personales, reflexiones y ejercicios prácticos, Ávalos invita al lector a reconocer su propio “kilómetro cero”, a entender sus heridas como parte del trayecto y a asumir el liderazgo de su vida con mayor conciencia. El maratón de la vida es una obra cercana y honesta que acompaña al lector en ese recorrido silencioso donde no siempre hay aplausos, pero sí decisiones que lo cambian todo.

Autor: Manuel Ávalos
Editorial: LID Editorial
Costo: 480 pesos
De venta en: Cadenas de librerías y portales de ebook


Don Benjamin Franklin descubrió un fenómeno interesante hace más de 250 años, y hoy se ha perfeccionado la protección; sin embargo, no todos opinamos igual y preferimos el pararrayo que Don Ben nos heredó, la punta simple. Veamos que otras opciones nos da el mercado y los científicos de hoy día.

GUSTAVO MANUEL
ESPINOSA RÜTTER
OSHA Master en seguridad y salud en el trabajo. Chairman de ASME Mexico Section. CEO de KRO AI. www.kro.mx| gerencia@kro.mx



Consiste en una o varias puntas metálicas conectadas a un conductor de bajada que va hasta un sistema de puesta a tierra.




Diferentes puntas simples.



Esquema básico del sistema Franklin
Las puntas atraen las cargas positivas del suelo, que se elevan hasta el pararrayos.
En el momento del rayo, el pararrayos ofrece el camino de menor resistencia para la descarga, ya sea la punta principal o una de las puntas laterales.
La energía eléctrica es conducida de manera segura hacia el suelo a través de los cables de bajada, protegiendo la estructura.
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Ofrecen mucho más de lo que podrían soportar, la verdad que aún hoy día se encuentran en desarrollo, ninguno ha obtenido certificación definitiva por UL Underwriters Laboratories. https://latam.ul.com/es
Sus certificaciones son bajo estándares nacionales sobre algunos componentes o sobre la fabricación en algunos países como Francia o Estados Unidos; pero no internacionales sobre su eficiencia, funcionamiento, mucho menos garantía.
Las normas internacionales como IEC y la NFPA 780 no contemplan este tipo de pararrayos modernos, sus bases científicas siguen siendo sobre el pararrayos simple de Franklin.

Algunos pararrayos modernos, llamados tecnológicos.



Sistemas Normalizados Internacionalmente Sistema externo e interno de protección
IEC y NFPA permiten el uso únicamente de pararrayos de punta simple, tipo Franklin, con una subdivisión del sistema: externo e interno, veamos a continuación la parte externa del sistema:

Sistema externo de protección contra descargas atmosféricas
El bajante debe soportar la energía del rayo, su temperatura y corriente eléctrica. Por otro lado la puesta a tierra debe drenar toda esa energía en el suelo, para ello hay diferentes opciones.

Diferentes tipos de cables de bajada.
Se permite que el conductor de bajada se forme por alguno de los elementos siguientes:
a) Una solera
b) Una barra redonda
c) Un cable
d) Un componente natural (acero estructural o de refuerzo)
DE PUESTA A TIERRA STP:
Desde el punto de vista de protección contra tormentas eléctricas, debe utilizarse un SPT que minimice los potenciales de paso y contacto, para reducir riesgos de electrocución y la formación de arcos laterales entre partes metálicas, que pongan en peligro al personal y al equipo en la trayectoria de los conductores de bajada.
Los elementos que deben formar un SPT son:
a) Electrodos de puesta a tierra.
b) Conductores desnudos para unir los electrodos
c) Conexiones soldables
d) Registros a




Diferentes tipos de puesta a tierra, en la cimentación UFER, conectado a tuberías metálicas (NO DE GAS), a redes que circulen el edificio bajo protección y en placas enterradas, asi como varillas también.
Sistema interno de protección
Blindaje electromagnético





Unión equipotencial
TVSSsupresores
Puesta a tierra
Sistema interno de protección, consta de: blindaje electromagnético, supresores de transitorios (picos de voltaje), unión equipotencial, y finalmente la puesta a tierra.
De esta parte interna, te recomiendo profundizar en NMX-J-549-ANCE-2005
Síguenos en la parte 3 para ver cómo puedes proteger tus inversiones y patrimonio.
El inicio de año representa una oportunidad para nuevas metas, las cuales no se pueden lograr si no se toman decisiones que ayuden a la industria a mejorar sus procesos de productividad y calidad


Ingeniero industrial experto en Eficiencia
Energética
En un entorno industrial marcado por la presión sobre los costos de energía eléctrica, la transición energética y la digitalización, las organizaciones buscan soluciones que generen valor sostenible. En este contexto, los motores inteligentes apoyados con IA se consolidan como una tecnología clave para mejorar la eficiencia operativa, la rentabilidad y la resiliencia del negocio. Más que tecnología: una decisión estratégica
Los motores eléctricos representan hasta el 70 % del consumo energético industrial. Modernizar estos sistemas mediante motores inteligentes no es únicamente una actualización técnica, sino
una decisión estratégica de negocio que impacta directamente en los resultados financieros y en la competitividad empresarial.
No se puede competir teniendo altos costros de producción, por ello aquí la pregunta ¿innovar o morir?
Un motor inteligente integra sensores, electrónica de control, software y conectividad, permitiendo ajustar su operación a la demanda real del proceso. El resultado es un uso más eficiente de la energía, menor desgaste de activos y una operación basada en datos y no en suposiciones que no ayuden a obtener los resultados.

Impacto directo en los costos de producción y el aumento de la productividad
Desde una perspectiva corporativa, los beneficios son claros:
• Reducción de costos operativos: los ahorros energéticos pueden oscilar entre un 30 % y 60 %, especialmente en sistemas de bombeo, ventilación y compresión como ejemplos más representativos.
• Mayor disponibilidad operativa: el monitoreo en tiempo real y el mantenimiento predictivo reducen fallas imprevistas y paros no programados que representarían pérdidas para la industria.
• Optimización de procesos: el control preciso de velocidad y torque mejora la estabilidad, calidad y rendimiento de la operación de las maquinas, así como la reducción de tiempos muertos y demoras.
• Extensión de la vida útil de los motores: se evitan sobrecargas y arranques bruscos, por lo que se protege la infraestructura crítica.
Retorno de inversión y valor financiero
La implementación de motores inteligentes suele presentar periodos de recuperación de inversión entre 12 y 36 meses, convirtiéndolos en proyectos altamente atractivos para la dirección financiera. Esto te permite lo siguiente:
• Convertir el gasto energético en una oportunidad de ahorro recurrente.

• Incrementar el valor de los activos productivos.
• Justificar inversiones bajo esquemas de eficiencia energética y financiamiento de energías limpias.
Sostenibilidad y cumplimiento
Las empresas enfrentan crecientes exigencias regulatorias y sociales en materia ambiental. Los motores inteligentes contribuyen de forma tangible a los objetivos de:
• Reducir el consumo eléctrico.
• Disminuir la huella de carbono.
• Facilitar la medición y trazabilidad del desempeño energético.
Esto fortalece la reputación corporativa y mejora el posicionamiento ante inversionistas, clientes y organismos reguladores.
Hacia la Industria 4.0
Los motores inteligentes son un habilitador clave de la Industria 4.0; esto es la evolución de la industria tradicional hacia fábricas inteligentes, donde máquinas, personas y sistemas digitales se comunican en tiempo real y toman decisiones basadas en datos.
• Análisis avanzado de datos.
• Toma de decisiones basada en información en tiempo real.
• Mayor agilidad y adaptabilidad ante cambios en la demanda.
Análisis avanzado de datos.
Toma de decisiones basada en información en tiempo real.
Mayor agilidad y adaptabilidad ante cambios en la demanda.




Tomar la decisión de invertir en motores inteligentes es apostar por una operación más eficiente, rentable y sostenible. No solo impulsan equipos, sino que fortalecen la estrategia empresarial, mejoran la competitividad y preparan a la organización para los desafíos del futuro energético y digital.
Principales tecnologías de la Industria 4.0
• Internet de las Cosas (IoT): Sensores y dispositivos conectados que recopilan y comparten datos.
• Inteligencia Artificial (IA) y Machine Learning: Predicción de fallas, optimización de procesos y toma de decisiones.
• Big Data y Analítica Avanzada: Análisis de grandes volúmenes de datos para mejorar la productividad.
• Robótica avanzada y colaborativa (cobots): Robots que trabajan junto a las personas de forma segura.
• Automatización y sistemas ciberfísicos: Integración de lo físico y lo digital.
• Computación en la nube y edge computing: Procesamiento de datos en tiempo real.
• Ciberseguridad industrial: Protección de sistemas y datos críticos.
• Manufactura aditiva (impresión 3D): Producción flexible y personalizada.
Recuerda que los motores inteligentes no son un gasto operativo, sino una inversión estratégica en el desempeño y la sostenibilidad del negocio. Electricidad / Eficiencia
Característica
Motor Normal
Motor Inteligente
Velocidad Fija Variebale y adaptable
Monitoreo No Sí, en tiempo real
Consumo energético Alto Optimizado
Mantenimiento Correctivo / preventivo Predictivo
Integración digital No Sí (Industria 4.0)
Costo Inicial Bajo Medio-Alto
Costo total de vida Alto Más bajo

Electricidad / Eficiencia Energética
La incorporación de motores inteligentes refleja una visión al futuro: invertir en tecnologías que optimizan el uso de la energía, fortalecen la confiabilidad operativa y generan valor a largo plazo para los clientes, colaboradores y la sociedad.
La excelencia operativa, la responsabilidad ambiental y la transformación digital, se alinean con los desafíos actuales del sector energético e industrial. Más allá de modernizar equipos, se debe construir una organización más resiliente, competitiva y preparada para el futuro.
Los motores inteligentes tienen una relación directa y estratégica con el Código de Red en México, ya que ayudan a cumplir, mantener y demostrar el cumplimiento de los requisitos técnicos establecidos por la extinta CRE y el Cenace, aquí una comparativa:
Requisito del código de red Motor Convencional Motor Inteligente
Eficiencia energética
Control de FP
Control de Armónicos
Monitoreo continuo
Evidencia documental
Cumplimiento sostenible
Limitada Alta
Manual
No
No
Automático
Sí
Sí
Difícil
Automática
Bajo Alto
En conclusión, invertir en motores inteligentes no es únicamente una mejora en eficiencia, sino una decisión estratégica que impulsa la competitividad, la sostenibilidad y la alineación con la Industria 4.0, especialmente en sectores industriales y energéticos, donde la confiabilidad y el cumplimiento normativo son críticos.
“No esperes cosechar si no empiezas por sembrar”, siembra mejorando los procesos, la calidad y cosecharás productividad y rentabilidad.

La matriz eléctrica mundial ha llegado a un punto de inflexión histórico. El análisis de Rystad Energy indica que el pico del consumo de combustibles fósiles para la generación de electricidad es inminente, lo que señala un cambio estructural fundamental e irreversible en la industria energética.
A medida que la demanda mundial de electricidad continúa su ascenso sin freno, la notable tasa de crecimiento de las fuentes de energía baja en carbono es ahora casi suficiente para cubrir por completo este aumento, anunciando una nueva era impulsada por las energías renovables y sus tecnologías habilitadoras. En el corazón de esta transformación se encuentra la relación simbiótica entre la energía solar fotovoltaica (FV) y los sistemas de almacenamiento de energía en baterías (BESS), una combinación que está preparada para convertirse en la fuente de nueva generación eléctrica más competitiva en costos y escalable a nivel mundial.

SEPEHR SOLTANI

La previsión de largo plazo para la matriz eléctrica global es testimonio del ascenso de la energía solar. De acuerdo con el escenario base de Rystad Energy, se proyecta que la energía solar fotovoltaica añadirá más capacidad nueva de generación que todas las demás fuentes de energía combinadas entre 2024 y 2050, multiplicando su producción por diez durante este periodo. Este crecimiento meteórico, junto con la expansión significativa de la energía eólica, introduce un desafío crítico: la intermitencia. El sol no siempre brilla y el viento no siempre sopla, lo que genera una necesidad urgente de tecnologías que puedan garantizar la estabilidad, confiabilidad y flexibilidad de la red eléctrica.
Al absorber el exceso de energía durante periodos de alta generación y liberarla durante momentos de máxima demanda o de baja producción renovable, las baterías suavizan la volatilidad inherente a fuentes como la solar y la eólica.

Aquí es donde el almacenamiento de energía, en particular los BESS, se convierte en un socio indispensable. A medida que crece la participación de las energías renovables variables, la capacidad de la red para equilibrar en tiempo real la oferta y la demanda se ve tensionada. Los BESS proporcionan la flexibilidad crítica necesaria para la operación segura de los sistemas eléctricos modernos.
El argumento económico a favor de esta asociación se está fortaleciendo rápidamente. Las mejoras continuas en la eficiencia y densidad energética de los sistemas de baterías, junto con la disminución de los costos de componentes como las celdas de batería y la electrónica de potencia, están reduciendo el costo total llave en mano de los proyectos BESS. Esta curva de costos descendente posiciona al modelo solar más almacenamiento como una solución altamente competitiva para nuevos activos de generación eléctrica greenfield en la mayoría de los mercados globales, capaz de proporcionar energía confiable, despachable y limpia.


Si bien la tendencia global hacia la descarbonización es clara, la trayectoria de la transición energética varía de manera significativa según la región, reflejando condiciones económicas diversas, marcos de política pública y disponibilidad de recursos.
China destaca como el líder absoluto mundial en el crecimiento de la generación eléctrica durante la última década. El país ha encabezado simultáneamente el despliegue de energías renovables, aunque los combustibles fósiles continúan constituyendo la mayor parte de su producción eléctrica. El pronóstico clave para China no es una caída inmediata en la generación con combustibles fósiles, sino una meseta.
A medida que la formidable demanda eléctrica del país continúa disparándose, se espera que esta nueva demanda sea cubierta casi en su totalidad por la rápida expansión de la capacidad renovable, lo que permitirá que la producción con combustibles fósiles se estabilice antes de comenzar eventualmente a disminuir.
El resto de la región Asia-Pacífico presenta un panorama diferente, donde no se espera que la generación con combustibles fósiles alcance su punto máximo sino hasta 2031. Integrada por un conjunto diverso de naciones, una amenaza común es un sector eléctrico en rápido crecimiento donde el despliegue de renovables ha sido más lento o su potencial es más limitado. En consecuencia, los combustibles fósiles desempeñarán un papel significativo en la atención del aumento de las necesidades energéticas durante el resto de la década.
En las economías desarrolladas de América del Norte y Europa, las trayectorias también divergen. Ambas regiones han experimentado un crecimiento relativamente débil de la demanda eléctrica durante la última década, pero ahora están viendo un repunte. La diferencia clave radica en su mezcla de combustibles. América del Norte mantiene una participación sustancialmente mayor de
combustibles fósiles, dominada por el gas natural, cuya demanda se espera que continúe creciendo en los próximos años. En contraste, la dependencia de Europa de los combustibles fósiles en el sector eléctrico alcanzó su punto máximo hace más de una década, en 2007-2008, y el continente se encuentra en una senda más consolidada hacia la integración de energías renovables.
De cara a mediados de siglo, el pronóstico global de generación revela una profunda reconfiguración del panorama energético. Si bien la solar y la eólica dominarán abrumadoramente el crecimiento, otras fuentes convencionales están siendo reposicionadas. La energía a base de carbón, actualmente la mayor fuente de electricidad del mundo está destinada a una disminución significativa y estructural. Impulsada por políticas nacionales de eliminación progresiva, la falta de competitividad en costos frente a las renovables y los programas a gran escala de sustitución de carbón por gas, su papel se reducirá considerablemente en los próximos 25 años.
En 2025, la participación de la capacidad instalada de BESS superó el 50 % del total de los sistemas de almacenamiento de energía operativos a nivel mundial, convirtiéndose en un año extraordinario para las baterías.


El futuro del gas natural es más matizado. Su función principal está evolucionando de la generación de base a la provisión de flexibilidad, cubriendo los vacíos que dejan las renovables intermitentes. Sin embargo, a medida que los costos de los BESS continúan disminuyendo, las centrales de gas de punta enfrentan una competencia creciente por este papel crucial de balance de la red. La reducción de los factores de utilización de estas plantas de gas estrechará la brecha de costos, favoreciendo aún más a las soluciones de almacenamiento con baterías. Finalmente, se espera que la energía hidroeléctrica experimente un crecimiento limitado, ya que la mayor parte del potencial económicamente viable en las regiones desarrolladas ya ha sido explotado, concentrándose la futura expansión principalmente en Asia y África.
El crecimiento exponencial del almacenamiento energético global
El despliegue del almacenamiento de energía ya no es un mercado de nicho; es un fenómeno global en pleno crecimiento exponencial. En 2025, la participación de la capacidad instalada de BESS superó el 50 % del total de los sistemas de almacenamiento de energía operativos a nivel mundial, convirtiéndose en un año extraordinario para las baterías. Partiendo de una base de poco menos de 0.5 teravatios (TW) en 2024, se espera que la capacidad total instalada de almacenamiento energético se multiplique por más de nueve para alcanzar los 4 TW en 2040. Esta expansión explosiva, con una tasa de crecimiento anual promedio cercana al 24 %, convierte al almacenamiento energético en uno de los segmentos de infraestructura de más rápido crecimiento en el mundo.
Los sistemas de almacenamiento de energía en baterías (BESS), junto con otras tecnologías como el almacenamiento de energía por aire comprimido (CEAS), el almacenamiento térmico de energía (TES) y el almacenamiento gravitacional, han impulsado el fuerte crecimiento de los mercados de almacenamiento energético. En 2025, la participación de la capacidad instalada de BESS superó el 50 % del total de los sistemas de almacenamiento de energía operativos a nivel mundial, marcando un año sobresaliente para las baterías.

Solo en 2024, entraron en operación unos innovadores 180 gigavatios-hora (GWh) de nuevos proyectos BESS, lo que representó una tasa de crecimiento interanual del 80 % y elevó el total global de almacenamiento operativo en baterías a 350 GWh. China continental se ha consolidado firmemente como la fuerza dominante en esta expansión, al concentrar más de la mitad de las nuevas incorporaciones con más de 100 GWh de nueva capacidad en el último año. Estados Unidos le siguió con unos significativos 35 GWh de nuevas instalaciones, mientras que Alemania, Australia y el Reino Unido completaron los cinco primeros lugares, subrayando el carácter global de esta tendencia.
De cara al futuro, se proyecta que China añadirá más de 1.9 TW de capacidad de almacenamiento para 2040, lo que representará la mitad de todas las nuevas incorporaciones a nivel mundial, mientras que Estados Unidos, India, Alemania y Australia también muestran un fuerte impulso de crecimiento, impulsado por el apoyo de políticas públicas y la ampliación de los casos de uso. Esta demanda global está impulsada por el papel crítico de los BESS en la modernización de las redes eléctricas, donde sus rápidos tiempos de respuesta son esenciales para servicios como el balance del mercado, además de proporcionar flexibilidad de generación. Esto los convierte en una solución crucial, dado que la infraestructura eléctrica tradicional tarda mucho más en adaptarse a la rápida expansión del sistema eléctrico.

Tecnología, cadena de suministro y economía
El mercado de los sistemas de almacenamiento de energía en baterías (BESS) está dominado de forma abrumadora por la tecnología de ion-litio (Li-ion), que representa más del 97 % de los proyectos a escala de servicios públicos en todo el mundo. Del lado de la oferta, la gran mayoría de la producción global de celdas de baterías también se basa en químicas de ion-litio. Dentro de la familia Li-ion, las tecnologías se diferencian principalmente por el material del cátodo, siendo las celdas a base de níquel (por ejemplo, NMC) y las celdas a base de hierro (LFP) los dos tipos principales producidos a nivel mundial.
Se proyecta que la producción total de celdas de batería superará los 2,000 GWh en 2025, una capacidad más que suficiente para satisfacer la demanda combinada de los mercados de vehículos eléctricos (EV) y almacenamiento energético (ESS). Sin embargo, esta capacidad de manufactura está fuertemente concentrada en China, con cerca del 80 % de la producción global. Entre las químicas, las celdas NMC y LFP constituyen la mayor parte de la producción, aunque tecnologías emergentes como las baterías de sodio-ion y las baterías de estado semisólido están ganando tracción.
Para las aplicaciones de almacenamiento energético, las celdas de fosfato de hierro y
litio (LFP) se han convertido en la tecnología predominante. Si bien el LFP tiene una densidad energética menor en comparación con las celdas de ion-litio a base de níquel, la densidad energética es una restricción menos relevante para los diseños de BESS estacionarios, donde las limitaciones de espacio no son críticas. Las ventajas del LFP en términos de menor costo, mayor vida útil de ciclos y una seguridad superior frente a la fuga térmica le han permitido superar a las baterías a base de níquel en la producción y el despliegue a escala de red.
La transición energética global ya no es una perspectiva lejana; es una realidad presente que se está escribiendo gracias a la poderosa sinergia entre la energía solar y el almacenamiento en baterías.
Esta dependencia del LFP crea una importante dependencia en la cadena de suministro. Tanto Europa como Estados Unidos enfrentan una escasez estructural de producción local de LFP, lo que los hace altamente dependientes de proveedores chinos. La creciente demanda de BESS rentables ha superado con creces la capacidad de manufactura regional en el mundo, excepto en China. Si bien tecnologías no basadas en ion-litio, como las baterías de flujo, ya están en operación, su cadena de suministro y escala de producción son insuficientes para satisfacer la demanda anual de BESS, que se mide en cientos de gigavatios-hora.

El catalizador final para la adopción de los BESS —y una barrera importante para las tecnologías competidoras— es la reducción de los costos de los sistemas de ion-litio. Esta disminución está impulsada por avances tecnológicos que permiten contenedores con mayor densidad energética y por las economías de escala en la manufactura, lo que provoca que el costo nivelado de almacenamiento (LCOS) de un proyecto BESS caiga de manera drástica. Esta poderosa trayectoria descendente de costos de los sistemas de almacenamiento de ion-litio hace cada vez más difícil que las tecnologías alternativas los desplacen, a pesar de las preocupaciones regionales sobre la cadena de suministro. Sin embargo, esta tendencia muestra una variación regional significativa.
Los proyectos BESS en China han alcanzado costos llave en mano históricamente bajos, acercándose a los 150 dólares estadounidenses por kilovatiohora (USD/kWh). Esto se atribuye a una mayor densidad energética de los sistemas, cadenas de suministro altamente eficientes y menores costos de ingeniería, procura y construcción (EPC). En Medio Oriente, los costos también son altamente competitivos, a menudo por debajo de los 200 USD/ kWh, gracias al predominio de proveedores chinos y a menores costos laborales.
En Estados Unidos, la situación es más compleja.
La Ley de Reducción de la Inflación (Inflation Reduction Act, IRA) de 2022 otorgó importantes créditos fiscales a la inversión para apoyar proyectos
domésticos de almacenamiento energético. Sin embargo, estos incentivos se ven parcialmente contrarrestados por estrictos requisitos de contenido nacional, aranceles recientes sobre componentes importados y costos laborales significativamente más altos. En consecuencia, el precio final llave en mano y el LCOS general en Estados Unidos siguen siendo elevados en comparación con otros mercados importantes.
La transición energética global ya no es una perspectiva lejana; es una realidad actual que se está escribiendo mediante la poderosa sinergia entre la energía solar y el almacenamiento en baterías. El inminente pico de los combustibles fósiles en el sector eléctrico está despejando el camino hacia un sistema definido no por una generación térmica centralizada e inflexible, sino por energías renovables distribuidas e intermitentes, gestionadas con almacenamiento sofisticado y flexible.
El impulso económico y tecnológico detrás de los BESS los está transformando de un activo complementario de la red en un componente fundamental del sistema energético. Si bien persisten desafíos relacionados con las cadenas de suministro, la implementación de políticas y la modernización de las redes, la trayectoria es clara. El modelo solar más almacenamiento está evolucionando rápidamente de ser una alternativa competitiva a convertirse en la nueva piedra angular de una economía eléctrica global confiable, asequible y sostenible.


Es analista senior en Rystad Energy, especializado en nuevas soluciones energéticas. Cuenta con una maestría en Ingeniería Mecánica y ha desarrollado experiencia en sistemas de almacenamiento de energía, tecnologías de energías renovables y mercados eléctricos. Su objetivo es proporcionar análisis y orientación de alto valor para apoyar el crecimiento y desarrollo de la industria del almacenamiento energético y fungir como asesor confiable en la navegación del cambiante panorama de los mercados energéticos.








Por: Juan Carlos Chávez
El bienio 2025-2026 se ha consolidado como el punto de inflexión más trascendental en la historia moderna del suministro energético mundial. Tras décadas de promesas teóricas, el mundo ha entrado en una fase de "aceleración disciplinada", donde la transición ya no depende de subsidios generosos, sino de la lógica económica del costo marginal mínimo. En este escenario, las tecnologías limpias han dejado de ser solo una respuesta a la urgencia climática para convertirse en los pilares de la seguridad nacional, la competitividad industrial y la estabilidad macroeconómica.
De acuerdo con los indicadores prospectivos más autorizados, 2026 marcará el hito histórico en el cual las energías renovables superarán al carbón como la principal fuente de generación de electricidad en todo el planeta. Esta transformación sistémica ocurre en un contexto de demanda eléctrica creciente, impulsada por temperaturas récord, la electrificación del transporte y el auge sin precedentes de la inteligencia artificial (IA) y los centros de datos.
Al inicio de 2025, el sistema eléctrico global demostró una capacidad de adaptación notable. Durante 2024, el consumo eléctrico aumentó un 4.3%, un salto significativo respecto al 2.5% de 2023, impulsado por olas de calor que dispararon el uso de aire acondicionado y una digitalización masiva. Este crecimiento fue cubierto en casi un 80% por tecnologías de bajas emisiones, lideradas por la expansión récord de la energía solar fotovoltaica y eólica, además de la recuperación de la energía nuclear.
La inversión global en energía para 2025 se estima en un récord de 3.3 billones de dólares, de los cuales 2.2 billones fluyen específicamente hacia tecnologías de energía limpia, incluyendo almacenamiento y redes de transmisión. Esto significa que dos de cada tres dólares invertidos en energía hoy se destinan a opciones limpias, incluso cuando la retórica política a veces prioriza la asequibilidad inmediata sobre las metas climáticas a largo plazo.
Sin embargo, a pesar de este récord, la inversión sigue estando por debajo de lo necesario para cumplir con el escenario de 1.5°C, y los flujos de capital permanecen concentrados de forma desproporcionada en China y las economías avanzadas, dejando rezagado al Sur Global.
La importancia de las energías limpias en el sector energético global ha alcanzado una dimensión estructural, dejando de ser una alternativa ambiental para convertirse en el eje central de la economía y la seguridad en distintas regiones del planeta. Como se menciona líneas atrás, para el cierre de 2026 las renovables superarán al carbón como la principal fuente de generación eléctrica a nivel global, representando aproximadamente el 36% del suministro.

Este dinamismo no responde únicamente a mandatos regulatorios, sino a una sólida lógica de mercado; actualmente, las energías renovables son la opción más económica para la nueva capacidad de generación en más del 90% de los mercados mundiales, lo que ha impulsado a la energía solar y eólica a cubrir por sí solas la totalidad del incremento de la demanda eléctrica global en los primeros tres trimestres de 2025.
Además de su competitividad de costos, las energías limpias se han consolidado como una herramienta indispensable para la soberanía y la resiliencia energética frente a la volatilidad geopolítica y los riesgos climáticos. La transición hacia un modelo electrificado basado en fuentes renovables y energía nuclear ha permitido reducir significativamente la dependencia de las importaciones de combustibles fósiles, generando un ahorro estimado de 1.3 billones de dólares en gastos de importación de carbón y gas natural entre 2010 y 2023.
En este contexto de seguridad, la energía nuclear está experimentando un renacimiento estratégico, con más de 40 países incluyéndola en sus planes para proporcionar una carga base libre de carbono, alcanzando un récord de generación en 2025. Asimismo, el despliegue masivo de almacenamiento en baterías (BESS), que ya supera los 40 GW anuales en mercados líderes, es vital para gestionar la intermitencia y suavizar la volatilidad a corto plazo, permitiendo que la red eléctrica mantenga su estabilidad mientras se descarboniza.
Así, la importancia de las energías limpias se ve magnificada por el surgimiento de nuevos motores de demanda masiva, como la inteligencia artificial y los centros de datos, cuyo gasto en infraestructura superará por primera vez al suministro total de petróleo en 2025. Los gigantes tecnológicos han pasado de compromisos retóricos a la ejecución directa, firmando contratos masivos de energía solar y nuclear para garantizar un suministro constante y libre de emisiones, indispensable para la continuidad operativa de la economía digital.
Esta transición acelerada es el principal habilitador para intentar mantener el aumento de la temperatura global por debajo de los 1.5 °C, pues el despliegue de tecnologías limpias desde 2019 ya logra evitar la emisión de 2,600 millones de toneladas de CO2 anuales.
La energía solar fotovoltaica se ha consolidado como la tecnología de crecimiento más rápido en la historia del sector, alcanzando una capacidad instalada acumulada de 2.2 TWdc (Teravatios de Corriente Continua) al cierre de 2024. En la primera mitad de 2025, el mundo instaló 380 GW de nueva capacidad solar, un incremento masivo del 64% en comparación con el mismo periodo de 2024.
China continúa operando en una escala sin parangón, representando cerca del 60% de las adiciones solares globales en 2025. Este fenómeno es impulsado por una sobrecapacidad de manufactura que ha desplomado los precios de los módulos a niveles mínimos históricos, de aproximadamente 0.09 dólares a principios del año pasado. No obstante, este exceso de oferta ha golpeado las finanzas de los fabricantes; los márgenes de las principales empresas chinas cayeron a terreno negativo (-10%), acumulando pérdidas de casi 5,000 millones de dólares desde inicios de 2024.
Mientras China domina la oferta, otros mercados emergen con fuerza. India registró un crecimiento del 92% en sus instalaciones anuales durante 2024, beneficiándose de los paneles chinos de bajo costo. En Estados Unidos, el panorama es más complejo debido a la ley One Big Beautiful Bill Act (OBBBA), que ha recortado créditos fiscales y establecidos requisitos estrictos de "Entidades Extranjeras de Preocupación" (FEOC), limitando el uso de componentes con vínculos chinos. A pesar de esto, se espera que el sector de utilidad mantenga el impulso debido a la necesidad crítica de alimentar los centros de datos, con una proyección de 246 GWdc de instalaciones adicionales entre 2025 y 2030 en el escenario base.
El mercado está viviendo una transición tecnológica acelerada. Las células TOPCon de tipo N se han convertido en la tecnología líder, representando el 58% de los envíos globales en 2024, desplazando rápidamente a la tecnología PERC. Hacia 2026, se proyecta que las tecnologías de contacto posterior (back-contact) y las células tándem de silicio-perovskita ganarán cuota de mercado, con eficiencias proyectadas de hasta el 30.5% para la próxima década.
Por su parte, la solar térmica o termosolar que obtiene su energía mediante el calentamiento de agua vía colectores y paneles térmicos, alcanzó a nivel mundial una capacidad instalada de 544 GWth, según el informe Solar Heat Worlwide 2025; alcanzando también los 443 TWh producidos a finales de 2024. No obstante, en 2024 se instaló una capacidad total de 17.8 GWth, o 25.6 millones de m2 de superficie de colectores. Esto significa que el mercado mundial de energía solar térmica disminuyó un 14% en comparación con 2023 donde se superaron los 20 GWth.
A diferencia de la fotovoltaica, la energía solar concentrada (CSP) ha evolucionado hacia un rol especializado de soporte de red y suministro de calor industrial de alta temperatura. Con una capacidad instalada global de 7.2 GW a finales de 2024, su valor reside en su capacidad intrínseca de almacenamiento térmico en sales fundidas, lo que permite despachar electricidad de forma gestionable durante la noche.


China lidera nuevamente este nicho, integrando la CSP en sus "bases de energía limpia" en regiones desérticas. Bajo su 14º Plan Quinquenal, se han iniciado 34 proyectos de CSP+, donde se co-ubican torres solares de 100 MW con parques eólicos y fotovoltaicos para estabilizar la producción intermitente. En 2024, China conectó 250 MW de CSP, incluyendo el proyecto Fresnel más grande del mundo en Yumen (100 MW) con ocho horas de almacenamiento.
En contraste, mercados como Estados Unidos enfrentan el cierre inminente de plantas emblemáticas como Ivanpah (Desierto de Mojave) en 2026, debido a que sus costos de generación sin almacenamiento superan a las alternativas de fotovoltaica con baterías. Sin embargo, la innovación sigue: en China se ha demostrado tecnología de receptores de partículas que alcanzan los 800°C, abriendo la puerta a ciclos de sCO2 mucho más eficientes. Para finales de la década, la industria china aspira a reducir los costos de inversión de la CSP a menos de 1,530 dólares/kW) para plantas de gran escala.
En términos generales, la capacidad instalada global de energía eólica alcanzó 1,245 GW (1,25 TW) a finales de junio de 2025, con un crecimiento anual del 13.5% y cubriendo aproximadamente el 12% de la demanda eléctrica mundial, de acuerdo con el último reporte Asociación Mundial de Energía Eólica (WWEA); en donde 72.2 GW (China añadió 51.4 GW) de nueva capacidad se añadieron tan solo durante la primera mitad de ese año, y proyectando alcanzar para inicios de 2026 los 1,320 GW. A reserva de los informes por publicarse, se espera que en 2025 se hayan instalado 150 GW de nueva potencia eólica en todo el orbe.
Además, el sector eólico atraviesa una fase de transición dual. La eólica terrestre (onshore) es hoy una tecnología madura que instaló 732 GW adicionales entre 2019 y 2024, y se prevé que las adiciones anuales superen los 100 GW hacia 2026.
Tras una crisis de rentabilidad causada por la inflación y problemas de suministro en 2023-2024, la eólica marina está recuperando impulso. Para el periodo 2025-2030, se espera que la capacidad instalada se duplique respecto al lustro previo. China lidera este crecimiento con casi el 50% del mercado previsto, mientras que en Europa avanzan
proyectos gigantescos como Dogger Bank en el Reino Unido (3.6 GW) y Coastal Virginia en EE. UU. (2.6 GW), ambos con hitos operativos claves previstos para 2026.
La ingeniería eólica sigue rompiendo límites técnicos, con el despliegue comercial de unidades de hasta 16 MW en 2025 y prototipos de 26 MW ya presentados por empresas chinas. Por otro lado, la eólica marina flotante está pasando de la fase piloto a proyectos pre-comerciales en países como Francia y Noruega (proyecto Hywind Tampen), permitiendo explotar vientos en aguas profundas donde las cimentaciones fijas no son viables.
La energía nuclear ha vuelto al centro del debate estratégico en 2025 como la solución indispensable para proporcionar energía de carga base libre de carbono. La generación nuclear mundial alcanzará un récord en 2025, superando los niveles previos a Fukushima, impulsada por reinicios en Japón, la recuperación de la flota francesa y nuevas conexiones en China, India y Rusia.
El periodo 2025-2026 es crítico para el despegue comercial de los SMR. Estos reactores, de entre 10 y 300 MW, prometen tiempos de construcción más cortos y mayor seguridad.
• China: Se espera la entrada en operación comercial del Changjiang SMR 1 (ACP100) en 2026, el primer SMR terrestre basado en agua a presión para fines comerciales.
• Rusia: Lidera con la planta flotante Akademik Lomonosov y el desarrollo del SMR de plomo BREST-OD-300, cuya criticidad se prevé para 2026.
• Norteamérica: En Canadá, se inició la construcción del primer BWRX-300 en Darlington, con miras a operar en 2030.
En Estados Unidos, la NRC ha aprobado licencias para operar reactores hasta por 80 años. Un hito simbólico es el reinicio planeado de la planta de Three Mile Island (Crane Clean Energy Center) para 2027, bajo un contrato de 20 años con Microsoft para alimentar sus centros de datos de IA. Asimismo, el Banco Mundial revirtió en junio de 2025 su política de exclusión de décadas, abriendo la puerta al financiamiento de proyectos nucleares en el Sur Global.



Tras una fase de entusiasmo mediático, el hidrógeno verde ha entrado en una etapa de realismo operativo. Aunque el costo de producción (4-12 USD/kg) sigue siendo superior al hidrógeno gris (1-3 USD/kg), ya se están logrando costos de 2-4 USD/kg en ubicaciones con recursos excepcionales como Chile, Omán y Arabia Saudita.
La cartera global supera los 1,500 anuncios de proyectos, que representan más de 500 GW de capacidad de electrólisis planificada.
• NEOM (Arabia Saudita): Producirá 600 toneladas diarias de amoníaco verde a partir de 2026.
• Stegra (Suecia): Primera planta de acero verde a escala comercial utilizando hidrógeno, con producción inicial en 2026.
• Infraestructura: Se avanza en el Hydrogen Backbone europeo, una red de 28,000 km de tuberías planeada para 2030.
La tecnología PEM (Proton Exchange Membrane) enfrenta un cuello de botella crítico: su dependencia del iridio, un metal extremadamente raro. Con una producción mundial de solo 250 kg al año, la industria está compitiendo por reducir el uso de iridio de 400 kg por GW a niveles mucho menores para permitir el escalado masivo antes de 2030.
El mercado de almacenamiento en baterías (BESS) ha experimentado un crecimiento sin precedentes, superando los 40 GW instalados anualmente en mercados como China y EE. UU. En lugares como California, las baterías ya suministran casi el 20% de la demanda máxima nocturna.
Para 2026, se espera que las baterías de sodio-ion, más económicas y con materiales abundantes, comiencen su comercialización a escala. Al mismo tiempo, el almacenamiento de larga duración (más de 10 horas) se vuelve vital para gestionar periodos de baja producción renovable (dunkelflaute). Proyectos como ACES Delta en Utah utilizarán cavernas de sal para almacenar hidrógeno equivalente a 300 GWh de energía, lo que representa un avance masivo sobre las baterías de litio convencionales.


Las VPP han pasado de ser herramientas de nicho a recursos fundamentales. Al agregar recursos distribuidos (paneles residenciales, baterías de vehículos eléctricos), las VPP permiten equilibrar la red automáticamente, reduciendo la necesidad de plantas fósiles de respaldo. En 2025, se registró un aumento exponencial en el despacho de VPP en Norteamérica, consolidándolas como el "esqueleto" de la flexibilidad de la demanda.
Inteligencia Artificial: El Nuevo Motor de la Demanda Un factor determinante en la prospección hacia 2026 es el surgimiento de la IA y los centros de datos como motores críticos de demanda eléctrica. Se estima que para 2025, la inversión en centros de datos alcanzará los 580,000 millones de dólares, superando por primera vez el gasto total en suministro de petróleo mundial.
Esta demanda masiva está creando cuellos de botella geográficos donde la red eléctrica no puede expandirse a la velocidad de la infraestructura digital. Esto ha forzado a los gigantes tecnológicos (Google, Amazon, Microsoft) a buscar contratos directos de energía nuclear y renovable e incluso a invertir en sus propios SMR para garantizar la continuidad del servicio sin emisiones.
Paradójicamente, la IA también es la solución. Se están desplegando modelos de aprendizaje automático para realizar pronósticos de demanda y generación con una precisión tres veces superior a los métodos tradicionales, optimizando el despacho de baterías y reduciendo el desperdicio por congestión en la red.
La transición energética está reconfigurando las alianzas globales. La dependencia histórica del petróleo de Oriente Medio está siendo complementada por la dependencia de minerales críticos (litio, cobalto, níquel y tierras raras) indispensables para las baterías y turbinas eólicas. China domina el refinamiento de 19 de los 20 minerales estratégicos clave, con una cuota de mercado promedio del 70%. Para 2026, la fragmentación de la cadena de suministro debido a tensiones comerciales y aranceles (como los impuestos por la administración Trump en EE. UU.) podría elevar los costos de la transición, pero también está incentivando una diversificación necesaria hacia países como Australia, Canadá, Chile y naciones africanas.
Prospectiva 2026: Hacia un Sistema Descarbonizado y Resiliente
Al proyectar el estado del sistema hacia el cierre de 2026, emergen tendencias definitivas que marcarán la agenda global:
1. Declive Estructural de los Fósiles:
A medida que las renovables superen al carbón, la generación fósil entrará en una fase de "gestión de declive" acelerada en China y Europa.
2. Inversión Masiva en Redes: Para evitar que gigavatios de energía limpia queden ociosos, la inversión anual en redes debe alcanzar los 670,000 millones de dólares hacia 2030.
3. Ejecución sobre Ambición: El enfoque político se desplazará de las promesas de "emisiones netas cero" a la realidad física: ¿se están construyendo a tiempo las fábricas, los puertos y las líneas de transmisión?
4. Resiliencia Climática e Adaptación:
La inversión dejará de centrarse solo en reducir emisiones para incluir la adaptación, financiando infraestructuras capaces de resistir eventos climáticos extremos y ciberataques.
El mundo unipolar está dando paso a un orden multipolar donde China e India juegan roles centrales. El panorama energético de 2025 y las proyecciones para 2026 dibujan un mundo donde la electricidad limpia se ha convertido en el motor central de la economía global.
La transición ha superado el punto de no retorno; el éxito futuro ya no depende de la voluntad política, sino de la capacidad de los gobiernos y las empresas para construir la infraestructura física y digital que soporte este nuevo paradigma de energía abundante, barata y sostenible.


“Cómo ser un buen ingeniero. Diez mandamientos y 100 consejos para lograrlo” salió de imprenta en junio del 2024. Acompáñenme a esta breve reseña de estos 18 meses.
El filósofo hispano norteamericano, George Santayana, escribió en su libro The Life of Reason, en 1905, la que sin duda es su frase más famosa:
“Quienes no recuerdan el pasado están condenados a repetirlo”.
En la misma época que Santayana redactaba su obra, cerca del 38 % de los automóviles en Estados Unidos eran eléctricos, superando ampliamente a los vehículos de combustión interna, que apenas rebasaban el 20 % y el resto eran de vapor. La operación silenciosa y confiable de los autos eléctricos los hacía atractivos para flotas, taxis y usuarios urbanos. De hecho, al inicio del siglo XX, en Estados Unidos fue la época de oro de los autos eléctricos y no como se asume el siglo XXI donde no llega en los últimos 5 años, al 10 por ciento.
Por supuesto, la historia es diferente en China y Europa. Entre un 25 % y un 45 % (incluye modelos híbridos) de las nuevas ventas ya son operados con batería, donde los incentivos distorsionan las decisiones económicas, sin mencionar los “baños de pureza verdes” porque China, no lo olvidemos, produce el 55 % de su electricidad del carbón; con lo cual utilizar vehículos eléctricos en ese país contamina más que uno de combustión interna. Los números son muy tercos y percepción no es realidad.
Volviendo a los albores del siglo pasado en EU los autos de combustión interna eran cerca de la mitad. que los eléctricos. No obstante, su autonomía limitada, los largos tiempos de recarga y la dependencia de una infraestructura eléctrica incipiente limitaron su expansión territorial y funcional.


Comunidad EH | Ideas con brío
El motor de combustión interna se impuso por una superioridad sistémica clara. Los combustibles líquidos ofrecieron densidades energéticas del orden de 12, 000 Wh/Kg, muy superiores a las baterías, incluso a las actuales. A esto se sumaron tiempos de repostaje de minutos, una infraestructura escalable y la producción en masa que redujo drásticamente los costos unitarios. Aunemos que un cargador eléctrico cuesta más del doble que una bomba de gasolina y que la superficie requerida para dar servicio se multiplica en forma importante, aún considerando los cargadores rápidos.
La victoria de la combustión no fue cultural ni política: fue técnica, económica y logística. Algunas cifras que nos permiten evaluar la magnitud del reto:
Tabla comparativa: densidad energética y desempeño sistémico
Tecnología Densidad energética (Wh/kg) Tiempo de recarga / recarga Implicación sistémica
Batería plomoácido (1900)
Batería ion-litio (celda) 1–8 h Escala restringida
Batería ion-litio (en el auto)
Gasolina (energía química)
1–8 h Peso y costo elevados
3–5 min Alta autonomía y escalabilidad ≈12 000
Gasolina útil en ruedas 3–5 min Superioridad de desempeño

Muy relevante es que los autos eléctricos, en 1910, costaban 6 veces más que los de combustión interna. Unos 100,000 dólares (ya ajustado a nuestros días) contra 30,000 dólares. Y la razón era que las distancias eran cortas, más silenciosos y fáciles de operar. La molestia más grande era que el de combustión interna había que arrancarlo girando una manivela, que lo hemos visto en las películas.
Además del esfuerzo, la incertidumbre si arrancara, existía al riesgo de una lesión grave que fácilmente podía romper el brazo si se presentaba un contragolpe del motor. Irónicamente el arranque eléctrico eliminó este riesgo y lo hizo sencillo de operar.
La entrada del Modelo T de Ford, y la baja acelerada de su costo, aunado al desarrollo de la red carretera y de estaciones de bombeo selló el fin del auto eléctrico. Una anécdota interesante es que Clara, la esposa de Henry Ford, utilizaba un auto Detroit Electrics.
Si alguna empresa conocía bien esta parte de la historia, es Ford quien fue el principal causante de fin del auto eléctrico, que en EU despareció al inicio de los años 30 del siglo pasado. A mediados de diciembre del 2025, Ford anunció que tomaría cargos por 19,500 millones de dólares en su apuesta a la electromovilidad: 8,500 por cancelación de proyectos, 6,000 por el cese de la coinversión en la fabricación de baterías y 5,000 en programas varios. Además de descontinuar varios modelos, su modelo estrella, la F-150 pasará a ser híbrida.

Recordemos que la electrificación del transporte traslada la carga energética del sector de hidrocarburos al sistema eléctrico. Esto es, el elefante en el cuarto del que nadie quiere hablar, sobre todo si impide que venda más. Se olvidó que esta migración implica mayores requerimientos de generación firme, refuerzos en redes de distribución, gestión de picos de demanda, calidad de la energía y mayor complejidad operativa. En muchos países, por no decir que, en todos, la infraestructura eléctrica no fue diseñada para absorber una electrificación masiva del parque vehicular sin comprometer la confiabilidad, los costos y la resiliencia.
Volviendo a George Santayana, claramente nos advirtió que quienes no recuerdan el pasado están condenados a repetirlo. En el contexto energético, esta advertencia resulta especialmente pertinente. El resurgimiento del vehículo eléctrico en la última década se apoyó en subsidios, mandatos regulatorios y la externalización de costos hacia el sistema eléctrico, más que en una resolución de sus límites estructurales. Se privilegió la velocidad de adopción sobre la solidez ingenieril y la viabilidad económica. Sin embargo, desde una perspectiva histórica y de ingeniería, esta narrativa omite un hecho clave: el automóvil eléctrico no es nuevo y ya fracasó una vez frente al motor de combustión interna. Ignorar las razones técnicas de ese fracaso implica repetir errores que hoy comienzan a manifestarse nuevamente.
Es por ello, que como ya he planteado en entregas anteriores, el futuro en mi opinión es el híbrido y, mejor aún, el híbrido enchufable que da autonomía eléctrica de 40 kilómetros.

Las ciudades no se sostienen solo con acero, voltaje y reglamentos: se sostienen con arquitecturas invisibles

Fundadora de FB SOLUTIONS. Consultora en diseño energético, tecnología y energéticos.negocios / en colaboración con Riemannconceptualagente del proyectoexplorandoEuler, la relación entre energía, ética y sentido.

Con el modo en que una institución coordina decisiones, con el ritmo en que un proceso se documenta, con la claridad —o confusión— que existe entre áreas técnicas y jurídicas. El sector energético es uno de los mejores ejemplos de ello: su solidez depende menos de cables y tuberías, y más de las estructuras humanas que los operan.
Durante más de una década me formé leyendo estructuras físicas: edificios industriales, plantas de generación, proyectos urbanos, infraestructura compleja. Pero con el tiempo descubrí algo que cambió mi trayectoria profesional para siempre: los proyectos rara vez fracasan por fallas materiales; casi siempre fracasan por fallas estructurales no visibles, fallas humanas, cognitivas, operativas y legales.
Y es aquí donde comienza la narrativa de este 2026. Un año donde la energía —local y global— enfrenta simultáneamente expansión tecnológica, regulación fluctuante, desafíos de seguridad, automatización acelerada y presiones económicas que obligan a pensar distinto.
No podemos mirar el sector energético como lo hacíamos hace veinte años. Hoy es un sistema vivo compuesto por capas: tecnología, territorio, política pública, interacción humana, infraestructura digital, estructuras regulatorias, modelos de negocio y, sobre todo, decisiones en tiempo real.
Cuando un sistema así falla, la causa nunca es única; y cuándo funciona bien, tampoco es por accidente. Esto exige un nuevo tipo de lectura. Una lectura transversal.
Las tendencias que marcarán este año no pueden comprenderse por separado: la automatización de procesos industriales, la adopción masiva de IA en generación y distribución, la presión por infraestructura más resiliente, la urgencia climática, la intermitencia creciente de renovables, los riesgos operativos asociados a ciberseguridad, y la transformación silenciosa de la regulación. Cada una de estas fuerzas se expande sobre las otras. Y ese solapamiento produce una complejidad que no se resuelve con una sola disciplina.
• Un ingeniero puede comprender la planta.
• Un abogado puede comprender la norma.
• Un planificador puede comprender el territorio.
• Un tecnólogo puede comprender la automatización.
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Pero ninguno, por sí solo, entiende la totalidad del sistema. Ahí nace la necesidad de una mirada transversal: La capacidad de unir aquello que tradicionalmente nadie une.
El desafío de fondo: leer lo invisible para anticipar lo inevitable
Cuando pensamos en fallas del sector energético, solemos imaginar máquinas, no personas. Supuestos errores de operación, no decisiones fragmentadas. Fallas de equipo, no fallas de coordinación. Pero los hechos revelan otra cosa: Las fallas más costosas del sector energético no son técnicas, sino estructurales.
Pensemos en ejemplos que, aunque breves, revelan la magnitud del problema: Plantas que detienen operaciones por fricciones entre áreas legales y técnicas. Proyectos que retrasan años porque nadie diagnosticó el proceso humano. Implementaciones digitales fallidas por falta de estructura conceptual. Infraestructuras críticas vulnerables por desorden documental. Coordinación fallida entre reguladores y operadores. Desconexión entre modelo financiero y realidad operativa. Automatización incompleta por ausencia de arquitectura de proceso. Y, para cumplir con el rigor editorial de esta revista, analicemos dos casos —uno internacional y uno nacional— donde lo invisible fue más determinante que lo técnico.
Caso Internacional — Texas 2021–2023: cuando el sistema falla por donde nadie está mirando
En febrero de 2021, Texas vivió una de las crisis energéticas más graves de su historia. El evento se atribuyó, de forma superficial, a una tormenta invernal extraordinaria. Pero los análisis posteriores revelaron otra verdad: lo que colapsó no fue la infraestructura, sino la estructura conceptual del sistema. Texas opera un sistema energético aislado del resto de Estados Unidos, con reglas propias, un mercado altamente desregulado y una separación tajante entre operadores, reguladores y productores. Esa arquitectura invisible —más que el hielo— provocó:
• Falta de coordinación,
• Ausencia de incentivos para invertir en resiliencia,
• Subestimación del riesgo climático,
• Respuestas fragmentadas entre áreas,
• Información incompleta en tiempo real.

El resultado: millones sin energía, infraestructura dañada y pérdidas económicas estimadas en más de 195 mil millones de dólares. ¿Qué falló realmente? No falló la red eléctrica. Falló el diseño del sistema que debía sostenerla.
Entre 2021 y 2023, Texas implementó cambios, pero el caso es claro: si un sistema se diseña sin integrar lo técnico, lo legal, lo operativo y lo humano, cualquier evento extremo puede romperlo.
Caso Nacional — México: retrasos regulatorios, gasoductos detenidos y la arquitectura legaloperativa
México no es ajeno a este tipo de situaciones. En la última década, los retrasos en gasoductos, obras estratégicas y proyectos de infraestructura energética han revelado un patrón: los problemas no son técnicos; son estructurales. Algunos casos relevantes:
1. Gasoductos detenidos por ambigüedad jurídica. No por incapacidad técnica, sino por conflictos entre permisos, derechos de vía, consultas sociales y tiempos regulatorios.
2. Proyectos frenados por discrepancias entre CFE, desarrolladores y reguladores.
El problema no está en las máquinas: está en la interpretación de marcos legales, en la coordinación operativa y en la lectura sistémica del territorio.
3. Infraestructura renovable subutilizada por falta de sincronía documental.
Informes no homologados, documentación duplicada o contradictoria, procesos administrativos sin arquitectura clara.
4. Automatización fallida por ausencia de diseño conceptual
Plantas con equipos avanzados, pero sin estructuras de proceso que permitan su uso eficiente.
Nada de lo anterior es una falla técnica. Todo es una falla estructural.
La lección común: la energía falla donde el sistema no ha sido pensado
Si miramos ambos casos —Texas y México— encontramos un patrón idéntico: el problema no está en el voltaje ni en la ingeniería fina, sino en:
• La falta de integración disciplinaria,
• La ausencia de diagnóstico profundo,
• La debilidad en la arquitectura conceptual,
• El desorden documental,
• Los silencios entre áreas,
• Los vacíos en la estructura de decisión.
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Por eso, en 2026, la energía debe leerse con nuevas herramientas. No basta con saber construir. Hay que saber estructurar.
¿Qué significa “Arquitectura de Sistemas y Estrategias Transversales”?
Significa leer sistemas completos. Significa entender que una planta eléctrica no es sólo un objeto físico, sino un ente vivo con procesos, normas, flujos de información, riesgos, decisiones humanas, tecnologías, modelos de negocio, responsabilidades cruzadas, documentos, y estructuras regulatorias. Significa poder diagnosticar fallas invisibles. Diseñar soluciones integrales. Ordenar lo que otros dan por hecho. Integrar lo técnico, lo legal, lo operativo y lo humano en una misma lectura. No es una moda conceptual.
Es una exigencia del propio sector.
La energía como organismo vivo
En este enfoque, leo al sector energético como un sistema que respira:
• Entra información, sale decisión;
• Entra riesgo, sale mitigación;
• Entra territorio, sale regulación;
• Entra persona, sale consecuencia estructural.
Esto permite anticipar fallas que nadie ve: fallas en la interfaz entre humano y máquina, fallas en la transición de responsabilidad, fallas en la interpretación de una norma, fallas en el diseño operativo o documental, fallas en la definición de procesos para IA, BIM o automatización. Por eso la lectura transversal no es una técnica: es una arquitectura mental.
2026 como punto de inflexión
Estamos entrando en un ciclo donde: la transición energética acelera, las decisiones regulatorias tendrán mayor impacto, la automatización exige nuevas competencias, el riesgo climático presiona la resiliencia, la infraestructura digital es tan importante como la física, y la energía se convierte en un territorio donde la estrategia es tan crítica como la técnica. Este año no sólo necesitamos ingenieros, abogados o tecnólogos: necesitamos pensadores de sistemas.
¿Por qué escribo esto ahora? Porque esta columna será mi espacio para explorar lo que el sector energético realmente es: una estructura compleja que necesita ser leída en profundidad.
• Analizaré tendencias.
• Diagnosticaré fallas estructurales.
• Integraré conceptos de arquitectura, ingeniería, tecnología, derecho y estrategia.
• Haré visibles las capas que usualmente se ignoran.
• Propondré soluciones operativas.
Y construiré —junto con ustedes— un lenguaje que nos permita pensar el futuro energético con rigor y claridad.
En un mundo que corre hacia nuevas formas de energía, el reto no es sólo generar potencia, sino construir estructuras que piensen, estructuras que integren, estructuras que anticipen, estructuras que sostengan. Ese será el pulso de esta columna durante todo el 2026: diagnosticar, ordenar, resolver. Porque lo invisible es siempre lo primero que se rompe, y lo primero que debemos aprender a leer.









Desde 2007, Estados Unidos ha experimentado repercusiones derivadas de las políticas implementadas por el gobierno de Venezuela bajo la presidencia de Hugo Chávez. Entre 2007 y 2010 se llevaron a cabo expropiaciones de empresas estadounidenses, principalmente en los sectores petrolero y de servicios, mediante la nacionalización de instalaciones y operaciones que anteriormente contaban con participación extranjera. Estas acciones obligaron a diversas multinacionales a aceptar el control estatal o a retirarse del país, lo que derivó en la presentación de demandas internacionales por parte de las compañías afectadas, las cuales continúan vigentes.
Esto generó consecuencias económicas de corto plazo para las empresas estadounidenses. Las acciones de expropiación implementadas por Venezuela incentivaron a Estados Unidos a concentrarse en su propio territorio, mediante inversiones en tecnología, desarrollo de campos y, especialmente, en la reducción de la importación de petróleo crudo.
Durante el periodo comprendido entre 2010 y 2014 se consolidó plenamente el desarrollo y la rápida expansión de la producción de shale oil. La producción de petróleo crudo en Estados Unidos registró un incremento significativo, al duplicarse de 5.5 millones de barriles diarios en 2010 a aproximadamente 13 millones de barriles por día en 2019.

RAMSÉS PECH

Analista en economía y energía. Socio en Grupo Caraiva y socio fundador de Grupo Pech Arquitectos.
En 2015, el país ingresó al grupo de exportadores mundiales de petróleo crudo. En 2016 se constituyó la coalición OPEP+ con el objetivo de frenar una posible hegemonía de Estados Unidos y controlar el precio del barril. Para 2018, Estados Unidos logró posicionarse como el principal productor de petróleo a nivel global, superando a Arabia Saudita y Rusia gracias al desarrollo del shale oil. Hasta la fecha, ningún otro país ha desplazado a Estados Unidos de ese liderazgo.
Estados Unidos ha invertido en el desarrollo de nuevas técnicas para perforar, terminar, reparar y reacondicionar yacimientos y pozos, así como en la mejora de la infraestructura para la movilidad tanto de petróleo crudo como de gas. Esta experiencia acumulada por diversas empresas durante los últimos 15 años puede, sin duda, integrarse en la estrategia recientemente anunciada por el presidente Trump para tomar control del sector petrolero de Venezuela. De concretarse este escenario, es previsible que, en el corto plazo, se presenten numerosos cambios que podrían impactar a diferentes países, incluido México.
En 2025, el precio del barril de Venezuela ha registrado fluctuaciones dentro de un rango de 45 a 50 dólares por barril; la mezcla mexicana se ha ubicado entre los 50 y 60 dólares, mientras que el promedio del barril canadiense oscila entre los 50 y 55 dólares. Esto indica que el costo del barril venezolano es inferior al de aquellos países cuyos productos son adquiridos en mayor proporción por las refinerías de Estados Unidos.
El apoyo directo e inmediato de Estados Unidos a Venezuela, particularmente en el sector extractivo como primera fase y, posteriormente, en la reactivación de la infraestructura para incrementar la producción de petróleo y gas, representa un desafío estratégico para México, Canadá, China y Rusia.
Venezuela podría posicionarse como uno de los principales competidores frente a México, con el respaldo de Estados Unidos, en dos ámbitos específicos que afectan al país. En primer lugar, diversas empresas que han adquirido experiencia y tecnología durante sus actividades en los últimos quince años podrían trasladar este conocimiento a Venezuela, lo que permitiría incrementar la producción en un periodo relativamente corto.
Esto implica que PEMEX podría enfrentar una disyuntiva respecto a los contratos mixtos, ya que las empresas participantes deben asociarse con la empresa estatal y compartir un porcentaje de las utilidades obtenidas en cada asignación. En caso de que compañías de servicios resulten adjudicatarias de contratos con PEMEX, surge incertidumbre en torno a los pagos a recibir en el corto plazo, considerando la problemática actual de la empresa relacionada con su deuda acumulada con proveedores.
En el supuesto de que se lleve a cabo la propuesta del presidente Trump de apoyar a Venezuela, las empresas estadounidenses podrían encontrar condiciones más favorables para operar en ese



país. El pago rápido por sus servicios haría más rentable el envío de equipos, personal y tecnología, resultando en niveles de rentabilidad superiores a los obtenidos en México.
Además, las empresas operadoras de campos no estarían obligadas a compartir utilidades y podrían explotar y recuperar su inversión bajo ciertas normativas específicas. México dependerá en gran medida de las empresas nacionales para implementar la nueva estrategia de PEMEX; sin embargo, la capacidad de estas estará condicionada por la disponibilidad de equipos, personal y demás recursos necesarios para cumplir con los contratos establecidos con la empresa estatal, ya que muchas no disponen de todos estos elementos propios o desarrollados internamente.
La segunda afectación derivaría de la nueva estrategia de México para alcanzar una producción de 1.8 millones de barriles diarios, con el objetivo de exportar un máximo de 400 mil barriles de petróleo crudo, de los cuales 150 mil corresponden a Deer Park. Bajo este escenario, únicamente podrían enviarse entre 250 mil y 300 mil barriles a refinerías de Estados Unidos, las cuales eventualmente podrían cesar sus compras si acceden a crudo venezolano más económico y bajo condiciones más favorables.
En este contexto, México debería considerar otorgar un mayor descuento a Estados Unidos o, alternativamente, redirigir sus exportaciones hacia otras regiones del mundo ofreciendo incentivos competitivos. Esto resulta pertinente ante la posible
mayor presencia de ciertos crudos, como el ruso, con el fin de preservar su cuota de exportación.
Esta situación podría afectar de manera significativa a PEMEX, ya que entre el 18% y el 20% de sus ingresos provienen de la exportación de petróleo crudo. Adicionalmente, se prevé una disminución en el flujo de divisas, relacionada tanto con la reciente caída en las remesas como con políticas más restrictivas para el envío de dinero desde Estados Unidos hacia México.
En relación con Canadá, como principal exportador de petróleo crudo a Estados Unidos, este último podría utilizar dicha posición como elemento estratégico durante la revisión del T-MEC. Estados Unidos tiene la posibilidad de modificar su postura, considerando que parte del petróleo canadiense puede ser reemplazado por suministros provenientes de Venezuela, lo que reduciría el volumen enviado por Canadá a las refinerías estadounidenses. El precio del barril canadiense estaría sujeto a mayores descuentos o a negociaciones para eliminar aranceles, dado que en meses recientes se han aplicado tarifas al crudo canadiense en determinados periodos.
A comienzos de 2026, se estima que la deuda de Venezuela con China asciende a un rango de entre 10,000 y 13,000 millones de dólares, según fuentes independientes y declaraciones oficiales recientes. Aunque el monto histórico acumulado desde 2007 —tras la expropiación de empresas estadounidenses— supera los 60,000 millones de dólares, una proporción significativa de dicha

deuda fue saldada mediante entregas de petróleo. No obstante, el país se encuentra técnicamente en situación de cese de pagos desde finales de 2017. Aunque ha mantenido el envío de crudo a China con el fin de atender sus obligaciones de deuda, esta continúa incrementándose.
En caso de que Estados Unidos asuma el control del sector petrolero, la nueva administración venezolana deberá negociar los términos de pago de la deuda con el país asiático. Actualmente, aproximadamente un tercio del petróleo enviado a China se utiliza para cumplir con las obligaciones de deuda, incluyendo descuentos de entre 15 y 20 dólares por barril. Estados Unidos permitiría que China reciba la misma cantidad de crudo destinada al pago de la deuda o, en su defecto, China tendría que esperar el flujo de efectivo proveniente de regalías o de acuerdos establecidos con empresas estadounidenses respecto a la explotación de los campos petroleros. Esta situación plantea una interrogante relevante sobre el futuro de dichas transacciones.
Ahora, en caso de que Venezuela y China lleguen a un acuerdo en el cual se envíe únicamente el volumen de petróleo crudo pactado para saldar la deuda previamente acordada antes del cambio de administración, China deberá buscar otro proveedor de petróleo crudo a bajo costo. Rusia podría convertirse en esa alternativa, dada su necesidad de colocar barriles de exportación ante la disminución prevista en sus ventas de gas natural a Europa en 2027. Esta situación permitiría a China acceder a mayores descuentos por parte de Rusia,
lo que podría afectar negativamente las finanzas públicas rusas.
De acuerdo con el Ministerio de Finanzas de Rusia, se ha confirmado oficialmente que la dependencia presupuestaria de los hidrocarburos disminuirá a un rango de entre 22% y 23% para el año 2026 respecto al total del presupuesto, en comparación con México, cuya participación oscila entre el 14% y el 16%. Esta reducción es significativa frente al histórico 50% registrado durante la década de 2010 y al 30% correspondiente a 2024. Se proyecta que los ingresos provenientes del petróleo y el gas alcanzarán 8.9 billones de rublos en 2026, equivalentes a 110 mil millones de dólares, lo que representa una cifra estable, pero aproximadamente un 20% inferior a los niveles observados en 2024.
En conclusión, Estados Unidos podría influir en el precio del barril al contar con un miembro de la OPEP como aliado. México enfrentaría un nuevo competidor en materia de inversiones en el sector petrolero y en la comercialización de petróleo crudo. Canadá deberá ajustar sus estrategias para la venta de su petróleo. China necesitará establecer un nuevo acuerdo respecto a la recuperación de los préstamos otorgados. Rusia, por su parte, probablemente tendrá que ofrecer mayores descuentos en el precio del barril para mantener la estabilidad de sus finanzas públicas.
Este escenario ilustra la nueva dinámica de la geopolítica mundial ante un eventual cambio de régimen en Venezuela.
El sector energético atraviesa una transformación profunda, impulsada por la transición hacia modelos más sostenibles, la digitalización y la urgencia de innovar. En este contexto, el liderazgo femenino es indispensable para construir una industria diversa, resiliente y competitiva. Sin embargo, los retos persisten y se intensifican conforme nos acercamos a 2026.
Desde mi experiencia en el sector y en diálogo con tres voces clave —Eneida Góngora (Women’s Energy Network México), Aideé Zamora (REDMEREE) y el Consejo de Voz Experta liderado por Susana Cazorla—, comparto una reflexión sobre los desafíos y oportunidades que enfrentamos las mujeres en energía.
El papel estratégico de las asociaciones en la transformación del sector
Las asociaciones de mujeres en energía se han consolidado como agentes de cambio fundamentales. Para Aideé Zamora, estas organizaciones “mantienen el tema de género en la agenda y crean redes reales de apoyo donde las mujeres se sostienen, se acompañan y se impulsan para avanzar en sus proyectos”. Este tejido colectivo es clave para acelerar la transformación del sector, no solo desde la perspectiva técnica, sino también cultural.

Consejera de Voz Experta



Eneida Góngora refuerza esta visión: “Somos actores clave en la promoción y fortalecimiento del liderazgo femenino, impulsando espacios y herramientas que generan cambios significativos”. Las asociaciones no se limitan a visibilizar el talento femenino; también inciden en políticas públicas, promueven la equidad y construyen confianza, elementos esenciales para que las mujeres puedan liderar con seguridad y propósito.
Desde Voz Experta, Susana Cazorla destaca que el papel de estas organizaciones será estratégico para garantizar la visibilización de las voces y el trabajo de mujeres expertas en el sector. “Las asociaciones seguirán siendo agentes de cambio: impulsarán políticas públicas inclusivas, promoverán la diversidad en la toma de decisiones y generarán redes de colaboración que aceleren la transición energética con perspectiva de género”.
Retos persistentes: brechas y barreras estructurales
El principal reto para las mujeres en el sector energético hacia 2026 sigue siendo superar las brechas de representación en puestos directivos y técnicos, así como garantizar la inclusión plena en

todos los niveles. Como comenta Eneida Góngora: “Aunque hemos avanzado, aún falta consolidar políticas que apoyen la permanencia y el crecimiento de las mujeres en el sector, asegurar financiamiento para proyectos liderados por mujeres y enfrentar las barreras culturales y estructurales que persisten”.
Según datos recientes, en México solo el 16% de la fuerza laboral en los subsectores de energía, extractiva y electricidad son mujeres, y el 92% de los puestos de máxima autoridad siguen ocupados por hombres. No obstante, hay señales alentadoras: en 2025, el 39% de los puestos de alta dirección en México están ocupados por mujeres. Aunque el crecimiento es lento, la paridad de género en la dirección empresarial podría alcanzarse hacia 2051 si se mantiene el ritmo actual.
En el sector de energías renovables, el 32% de los puestos están ocupados por mujeres, pero solo el 1% de las empresas mexicanas en el rubro energético son dirigidas por mujeres. La brecha educativa también limita el acceso a roles técnicos: solo el 33% de las matrículas en carreras STEM corresponden a mujeres. Estos datos evidencian que, aunque hay avances, aún queda mucho por hacer.



Inspiración y llamado a las nuevas generaciones
A las nuevas generaciones de mujeres que desean incursionar en el sector energético, las mujeres que estamos en el sector, así como mis colegas con las que conversé, les enviamos mensajes claros y poderosos. “Que confíen en su visión y se atrevan, incluso cuando el camino parezca cuesta arriba. Que sigan firmes en sus metas, busquen oportunidades, toquen puertas y cuando las abran, las dejen abiertas para quienes vienen detrás. El sector necesita su talento, su voz y su presencia para construir una industria más justa”, comenta Aideé Zamora.
La equidad no se logra con casos aislados; requiere un cambio profundo en la cultura organizacional y en la forma en que se toman decisiones estratégicas. El futuro energético necesita talento diverso, innovación y liderazgo con propósito. Desde la visión de Voz Experta, la meta aún no se ha alcanzado, pero unidas hemos avanzado. El mensaje es claro: “Atrévete a ser parte del cambio. El sector energético está evolucionando hacia la sostenibilidad y la innovación, y necesita tu talento y tu perspectiva”.
El liderazgo femenino en energía no es un lujo ni una concesión: es una necesidad estratégica para el éxito y la sostenibilidad del sector. Las mujeres aportan perspectivas integrales, priorizan soluciones inclusivas y generan modelos colaborativos que benefician a empresas, comunidades y gobiernos. El reto es grande, pero la oportunidad es aún mayor.
En este comienzo de 2026, el llamado es claro: fortalecer redes, impulsar políticas inclusivas y nunca claudicar en la exigencia de igualdad. Las asociaciones como WEN, REDMEREE y Voz Experta seguirán siendo pilares para garantizar que la perspectiva de género esté presente en cada decisión estratégica. Porque el futuro energético de México será más justo, innovador y sostenible si incluye la participación activa de las mujeres. El llamado está hecho: el futuro energético necesita su voz.
