HOJA INFORMATIVA
Fortalecer los impuestos a bebidas azucaradas y productos ultraprocesados para proteger la salud
En México, 3 de cada 4 adultos viven con sobrepeso u obesidad. Por su parte, la diabetes afecta a 14.6 millones de personas.
México enfrenta un grave problema de salud pública debido al alto consumo de bebidas azucaradas (BA) y productos ultraprocesados (PUP) (consumibles con alta densidad energética).[1] Estas prácticas alimentarias están directamente relacionadas con el desarrollo de enfermedades crónicas como la obesidad, la diabetes y otros padecimientos cardiovasculares.[2] Actualmente, tres de cada cuatro adultos mexicanos viven con sobrepeso u obesidad (37.4% con sobrepeso y 37.1% con obesidad).[3] Por su parte, la diabetes afecta al 18.3% de la población adulta, lo que significa que 14.6 millones de personas viven con esta enfermedad.[4] Las cifras son alarmantes no solo por su magnitud, sino también por su impacto económico y social: elevan los costos del sistema de salud, reducen la productividad nacional y profundizan las desigualdades sociales. Frente a este panorama, se requiere reforzar las políticas alimentarias actuales para que aborden de raíz los determinantes del entorno alimentario, ya que -a mayores puntos de venta, publicidad y bajos costos-, el consumo de BA y PUP aumenta. Por ello, como parte del paquete de políticas alimentarias, se recomienda la inclusión de medidas fiscales efectivas que desincentiven el consumo de productos nocivos para la salud.
Problema de salud pública Consumo elevado de estos productos El consumo de BA en todo el mundo es muy elevado. Estimaciones recientes han reportado un consumo promedio global de 2.6 porciones por semana en adultos, el equivalente a 613 ml, alcanzando hasta 7.3 porciones (1,800 ml en promedio) para la región de América Latina y el Caribe[5], cifras alarmantes. Desde hace más de una década, México se ha mantenido entre los países con mayor consumo de bebidas azucaradas en el mundo.[6,7] Comparado con las cifras mundiales y regionales, la población adulta de nuestro país tiene un consumo promedio de 8.5 porciones por semana, lo que se traduce en poco más de 2.1 litros de consumo semanal[5], y hasta 2.5 litros en las poblaciones más jóvenes.[8] Aunado a la elevada ingesta, cerca del 80% de la población mexicana de todos los grupos de edad consume bebidas azucaradas. Los PUP, como botanas, dulces y postres, son consumidos por el 30 % de los adultos, y alcanzan hasta un 45 a 60% en las poblaciones más jóvenes (preescolares, escolares y adolescentes).[9] Pero no solo el volumen y el inicio temprano en el consumo representan un problema. Estas bebidas contienen altas cantidades de azúcar añadida, lo que las convierte en un factor clave de riesgo para múltiples enfermedades. Se ha estimado que el 13% de la energía total de la dieta nutricional mexicana proviene de azúcares añadidos. El 70% de