

Ilustraciones de Cristina Bueno

Un jurado formado por Laia Soler, Cristina Ropero, Jorge Jiménez, Raquel Díaz, Laia Falcón y Anna López, como secretaria del jurado, otorgó el 49.º Premio Joaquim Ruyra de narrativa juvenil a la versión original en catalán de esta obra, el 13 de diciembre de 2022.
Primera edición: mayo de 2023
Título original catalán: Un far a la fi del món
Diseño de la portada y maquetación: Endoradisseny
© 2023, Gerard Guix, por el texto © 2023, Cristina Bueno, por las ilustraciones © 2023, Elastic, por esta edición
Dirección editorial: Pema Maymó
Elastic es un sello de Grup Enciclopèdia
Josep Pla, 95
08019 Barcelona
Impreso en Estella Print
Depósito legal: B-1.560-2023
ISBN: 978-84-19478-36-8
Impreso en la UE
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ÍNDICE Primera parte
Todas las historias de amor son extraordinarias.
Esta no es ninguna excepción. 11
Segunda parte
Todas las historias de amor son complicadas.
Esta no es ninguna excepción.
Tercera parte
Todas las historias de amor tienen un final triste.
117
Esta, quizá, sea la excepción. 225


Primera parte
Todas las historias de amor son extraordinarias. Esta no es ninguna excepción.
Vuelo H8VTTC
Algo bonito debía de estar soñando Max cuando la señal acústica que avisa a los pasajeros de que ya pueden desabrocharse los cinturones de seguridad lo despertó. Abrió los ojos lentamente, esperando que la realidad que tanto lo aterraba hubiera desaparecido por completo durante el sueño. Pero no: él seguía en el avión que lo llevaba a un destino tan incierto como poco esperanzador. En la pantalla colocada en el asiento de enfrente, observó atento el recorrido: en ese momento estaban sobrevolando el océano y la pantalla lo mostraba de un azul perfecto, sin ningún matiz, pero si miraba por la ventanilla solo podía ver nubes blancas que parecían hechas de algodón. Se encontraban a medio camino de su destino, aunque Max sabía que allí a donde se dirigían no se llegaba volando.
La madre
El roce suave de una mano le hizo mirar hacia la mujer que tenía sentada a su lado, pero hasta que Max no se quitó los auriculares no fue capaz de entender qué le estaba diciendo su madre.
—Que si tienes hambre —repitió con paciencia—. Ahora nos traerán el almuerzo.
Él se limitó a asentir con la cabeza y a emitir una especie de gruñido. Esa era la manera que tenía de comunicarse desde que habían subido al avión. Estaba muy enfadado y no se le había ocurrido otra forma mejor de transmitirlo que expresándose como si fuera un animal.
Primer recuerdo
No conocía a nadie que hubiera volado tan lejos como lo estaba haciendo él. Y seguro que nadie lo había hecho solo con el billete de ida. Nunca hubiera imaginado el drama que suponía hacer el equipaje sin saber demasiado bien adónde iba ni cuándo volvería. Se había pasado algunas semanas seleccionando la ropa, los libros, los objetos más preciados, y colocándolos en un rincón de su habitación, pero algunos días más tarde los cambiaba de lugar, y lo que antes le había parecido imprescindible, luego le parecía banal y absurdo y patético y lo desestimaba hasta que, unos días después, quizás volvía a estar al lado de las cosas que SÍ QUE ME TENGO QUE LLEVAR. Sus padres alquilaron un guardamuebles para dejar todo lo que SEGURO QUE
NO SE PODRÍAN LLEVAR. De forma provisional, aclararon ellos, hasta que regresemos, dijeron sin demasiado énfasis, solo serán unos meses. Como máximo hasta después del verano.
El menú
—¿Has decidido qué vas a comer?
—Sushi. Sopa de miso. Edamame. Yakisoba. Y de postre unos mochis. De chocolate. ¡No! ¡De té verde!
—Muy gracioso.
Max repitió su gruñido mientras le devolvía a su madre el menú.
—No tengo hambre. No voy a comer nada.
Cuando la azafata les tomó nota, la madre, como era de esperar, eligió para su hijo. Siempre le hacía sentir como si fuera un niño con una enfermedad de esas raras que no pudiera valerse por sí mismo. El mensaje que le llegaba a Max era claro: menos mal que la tenía a ella, que lo comprendía, que sabía lo que le gustaba, lo que necesitaba, que estaba a su lado para ayudarlo a superar ese trance que, en realidad, ella no había provocado. Había sido su padre quien les había hecho marchar, quien no había preguntado si les iba bien, justo en ese momento, cambiar de ciudad, de país, de continente, de vida, para ir adonde a él le interesaba. De las dos opciones del menú, su madre eligió la que menos le gustaba, la que llevaba pescado, pero él no protestó.
