REVISTA CONSTRUYE edición Norte febrero de 2026

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En el norte del país, la infraestructura no es un complemento: es una condición para competir. Monterrey, Tijuana y Ensenada enfrentan desafíos complejos en materia de movilidad, vivienda, industria y medio ambiente, donde cada decisión tiene efectos inmediatos y de largo alcance. Esta edición pone sobre la mesa una pregunta clave: ¿qué tipo de infraestructura necesitamos para transformar, y no solo para crecer?

A través de casos, visiones sectoriales y reflexiones sobre arquitectura, vivienda e infraestructura sustentable, este número destaca la importancia de decidir hoy con responsabilidad técnica y social. Se suma un referente nacional que confirma que la infraestructura bien ejecutada genera impacto real, así como la sección Más allá de la construcción, un espacio para explorar los temas que rodean al liderazgo, el diseño, la historia y el estilo de vida de quienes construyen el norte de México.

Porque el desarrollo no ocurre por inercia: se construye a partir de decisiones.

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Todos los Derechos Reservados © No. Reserva 04-2024-062712220000-203 Año 21, No. 169, febrero de 2026.

2 FEBRERO 2026

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PERFILES

ING. ENRIQUE PEÑALOSA

La infraestructura también puede sanar ciudades.

6

20 INFRAESTRUCTURA INFRAESTRUCTURA

Como decisión estratégica.

ORGANISMOS LA VISIÓN DE CANADEVI NUEVO LEÓN

Decidir hoy para habitar mejor mañana.

26

ARQUITECTURA LA ARQUITECTURA

Con impacto social.

La infraestructura también puede sanar ciudades

Diseñar para la gente no para el ego.

Como decisión estratégica .

Conecta y transforma la vida urbana

Movilidad que ordena la ciudad

ORGANISMOS

20 LA VISIÓN DE CANADEVI NUEVO LEÓN

Decidir hoy para habitar mejor mañana .

LA ARQUITECTURA

Con impacto social .

EQUIPAMIENTO PÚBLICO

¿Arquitectura transformadora?. INGENIERÍA

36 CRISIS HÍDRICA EN MÉXICO

La revolución técnica que aún no llegal. 42 LA RENTABILIDAD DE LA TECNOLOGÍA

En la construcción.

MÁS ALLÁ DE LA CONSTRUCCIÓN

48 AUTOS: AUDI R26.

50 GADGETS: EL BLAZER DE QUIEN DIRIGE.

52 HISTORIA: PRESIDENTES DE MÉXICO.

58 TURISMO: HOTELES QUE NO HOSPEDAN.

PRIORIZAR

Enrique Peñalosa

que entendió que la infraestructura también

sanar ciudades El Ingeniero

puede

Enrique Peñalosa ha demostrado que las decisiones de infraestructura son, en esencia, decisiones sociales. Desde el liderazgo público, impulsó una visión donde el espacio urbano se diseña para las personas y no para los automóviles. Su formación como ingeniero civil se tradujo en una lectura clara del territorio: la equidad también se construye con banquetas, parques y transporte público eficiente.

Ejemplo que transforma:

El sistema TransMilenio y la recuperación del espacio público en Bogotá redefinieron la movilidad y la calidad de vida de millones de personas. Peñalosa tomó decisiones impopulares en su momento, pero estratégicas a largo plazo, demostrando que la infraestructura bien pensada puede cambiar comportamientos, ciudades y futuros.

CUANDO EL NORTE CONSTRUYE PARA ESCALAR

infraestructura como decisión estratégica

ESCALAR

El norte de México ha sido históricamente el motor industrial del país. Hoy, frente a la relocalización de cadenas productivas, la presión logística y una competencia global cada vez más intensa, esa condición se redefine. Para los líderes empresariales, el punto crítico ya no es solo atraer inversión, sino evaluar si la infraestructura existente permite que esa inversión escale, permanezca y genere valor sostenido.

“El impacto más alto aparece cuando la infraestructura se concibe como sistema, integrando logística, energía y planeación territorial.”

No toda la infraestructura genera el mismo impacto. Algunas obras cumplen con lo contratado; otras transforman economías regionales completas. La diferencia no está únicamente en el presupuesto, sino en la visión estratégica con la que se decide construir. Ciudades como Monterrey, Saltillo, Tijuana y Ensenada muestran que la infraestructura que realmente transforma es aquella concebida como plataforma de crecimiento y no como solución aislada.

En el norte del país, la relación entre infraestructura, empleo y productivi-

dad es directa. Cada parque industrial, corredor logístico o planta bien planeada activa cadenas completas de valor: transporte, energía, vivienda, servicios y proveeduría local. El reto no es atraer capital, sino evitar que la falta de infraestructura se convierta en un cuello de botella operativo. Cuando la infraestructura se anticipa, el crecimiento es ordenado; cuando llega tarde, se traduce en costos, retrasos y pérdida de competitividad.

La zona metropolitana de Monterrey ejemplifica esta lógica. Su infraestructura industrial y logística responde a

su papel como plataforma exportadora hacia Estados Unidos. Proyectos que integran suelo industrial, conectividad carretera y ferroviaria, así como servicios energéticos confiables, han construido ventajas competitivas estructurales. Aquí, la infraestructura no acompaña al crecimiento: lo habilita.

Saltillo ha consolidado un ecosistema automotriz donde la planeación anticipada del territorio ha permitido absorber expansión industrial sin comprometer la operación urbana. Este enfoque reduce riesgos para las empresas y genera certidumbre para

nuevas inversiones. El impacto más alto aparece cuando la infraestructura se concibe como sistema, integrando logística, energía y planeación territorial. Un ejemplo es Interpuerto Monterrey, diseñado como un nodo multimodal que reduce costos logísticos, atrae inversión y genera empleo directo e indirecto.

En la frontera norte, particularmente en Tijuana, la infraestructura logística y los cruces fronterizos eficientes son críticos para sostener el dinamismo manufacturero. A ello se suma un factor que no admite fallas: la energía.

Ningún proyecto industrial transforma sin suministro suficiente, confiable y competitivo. En estados como Nuevo León y Baja California, la modernización energética ha sido clave para sostener el ritmo de inversión.

Para el norte del país, la conclusión es clara. En un entorno de competencia global, la diferencia entre obra estratégica y obra que solo cumple define el futuro económico regional. Monterrey, Saltillo, Tijuana y Ensenada enfrentan una oportunidad histórica: capitalizar su ubicación, talento e industria dependerá menos de cuánto se construya y más de cómo se decide construir. Hoy, la infraestructura que sí transforma es la que entiende que crecer no es ejecutar obra, sino habilitar economías completas y sostenibles en el tiempo.

INFRAESTRUCTURA

LA VIDA URBANA que cuida, conecta y transforma

CUIDAR

El diseño de la infraestructura urbana y del paisaje representa hoy uno de los principales desafíos en la construcción de las ciudades contemporáneas, las cuales se ven rebasadas en su capacidad para ofrecer modelos de desarrollo más sostenibles, resilientes y socialmente equitativos. En un contexto marcado por el crecimiento urbano acelerado, el cambio climático y la pérdida de biodiversidad, la infraestructura debe concebirse no solo como un soporte físico de las actividades humanas, sino como un sistema complejo que articula procesos sociales, económicos, ecológicos y territoriales. Desde esta visión integral, el paisaje se consolida como una infraestructura estratégica capaz de integrar naturaleza y ciudad, generando beneficios ambientales y sociales de largo plazo.

La incorporación del paisaje en la infraestructura urbana permite reconocer y potenciar los sistemas ecológicos existentes, particularmente mediante el uso de vegetación nativa y especies adaptadas a las condiciones climáticas y edáficas locales. Una adecuada selección de especies vegetales favorece la eficiencia hídrica, reduce los costos de mantenimiento y aumenta la resiliencia de los espacios urbanos frente a fenómenos extremos como sequías, inundaciones, olas de calor, heladas

y otros factores climáticos. Asimismo, la vegetación nativa presenta una mayor capacidad de adaptación y contribuye a la conservación de la identidad paisajística y cultural, reforzando el sentido de pertenencia de las comunidades.

Desde el punto de vista ecológico, la infraestructura urbana debe entenderse como una red continua de espacios verdes y corredores biológicos que faciliten la integración y movilidad de la fauna dentro de la ciudad. Parques, camellones, áreas de retención pluvial, arroyos, cañadas y sistemas de infraestructura verde pueden funcionar como hábitats, refugios y rutas de desplazamiento para diversas especies, promoviendo la conectividad ecológica y reduciendo la fragmentación del hábitat. La presencia de fauna urbana no solo constituye un indicador de salud ambiental, sino que también contribuye a procesos ecosistémicos fundamentales, como la polinización, el control biológico y la regeneración vegetal.

En este sentido, el diseño de infraestructura urbana y paisaje con enfoque social requiere una comprensión profunda de la interdependencia entre los sistemas naturales y las dinámicas humanas. Los espacios públicos concebidos desde una lógica ecosistémica, que integran sombra vegetal, biodiversidad, confort climá-

“Parques,

camellones, áreas de retención pluvial, arroyos, cañadas y sistemas de infraestructura verde pueden funcionar como hábitats, refugios y rutas de desplazamiento para diversas especies, promoviendo la conectividad ecológica y reduciendo la fragmentación del hábitat.”

tico y accesibilidad universal, favorecen la convivencia, el bienestar físico y la salud mental de la población. La incorporación de la naturaleza en la infraestructura cotidiana transforma la experiencia urbana, generando entornos más amables y seguros, que contribuyen de manera directa a la cohesión social.

Asimismo, la adaptabilidad se consolida como un principio fundamental del diseño contemporáneo. La infraestructura urbana debe ser capaz de evolucionar en el tiempo y res-

ponder a cambios sociales, ambientales y climáticos. El uso de sistemas paisajísticos flexibles, soluciones basadas en la naturaleza y estrategias de manejo adaptativo permite que los espacios urbanos se transformen sin perder su funcionalidad ni su valor ecológico. Esta capacidad de adaptación resulta clave para garantizar la permanencia y efectividad de la infraestructura a largo plazo.

Otro componente central de la infraestructura urbana es el sistema pluvial y el manejo integral del agua,

particularmente frente a eventos de tormenta cada vez más intensos y frecuentes. Tradicionalmente, el drenaje urbano se ha concebido como un sistema rígido de evacuación rápida del agua; sin embargo, este enfoque ha demostrado ser insuficiente y ambientalmente costoso. En contraste, el diseño de infraestructura urbana y paisaje propone una gestión hídrica basada en soluciones integradas que permitan captar, infiltrar, retener y reutilizar el agua de lluvia dentro del propio territorio urbano.

La infraestructura verde y azul, a través de jardines de lluvia, biozanjas, humedales urbanos, parques inundables y superficies permeables, permite desincorporar la escorrentía pluvial de los sistemas de drenaje convencionales, reduciendo el riesgo de inundaciones y la sobrecarga de la infraestructura hidráulica. Estos sistemas, además de su función hidrológica, mejoran la calidad del agua al filtrar contaminantes, recargar los mantos acuíferos y generar microhábitats que fortalecen la biodiversidad urbana. Durante los eventos de tormenta, los espacios verdes

“El manejo del agua en la ciudad, integrado al paisaje, también cumple un papel social fundamental. Los espacios públicos que incorporan

sistemas

pluviales visibles y didácticos fomentan la educación ambiental y fortalecen la relación de la comunidad con los ciclos naturales del agua.”

diseñados para la retención temporal del agua actúan como zonas de amortiguamiento, transformando el riesgo en una oportunidad ecológica y social.

El manejo del agua en la ciudad, integrado al paisaje, también cumple un papel social fundamental. Los espacios públicos que incorporan sistemas pluviales visibles y didácticos fomentan la educación ambiental y fortalecen la relación de la comunidad con los ciclos naturales del agua. Asimismo, la presencia de cuerpos de agua, vegetación adaptada a condiciones de humedad variable y soluciones basadas en la naturaleza mejora el confort térmico, reduce el efecto de isla de calor y contribuye

al bienestar físico y emocional de los habitantes.

La adaptabilidad se reafirma así como un principio rector del diseño de infraestructura urbana y paisaje. Los sistemas pluviales basados en el paisaje permiten una respuesta dinámica ante escenarios climáticos cambiantes, ajustándose a variaciones en la intensidad de las lluvias y en el uso del suelo. Esta flexibilidad, combinada con estrategias de manejo adaptativo y mantenimiento ecológico, garantiza la funcionalidad de la infraestructura a lo largo del tiempo y reduce la vulnerabilidad frente a eventos extremos.

En conclusión, la infraestructura urbana y del paisaje debe entenderse

como un instrumento de mediación entre la ciudad, el agua y los sistemas naturales. Su diseño, cuando integra vegetación nativa, promueve la adaptabilidad de las especies, facilita la incorporación de la fauna y contempla un manejo pluvial sensible al territorio, permite transformar la infraestructura en un sistema vivo, capaz de absorber, regular y redistribuir los flujos naturales. De esta manera, la infraestructura deja de ser un elemento rígido y meramente técnico para convertirse en un soporte activo del territorio, fortaleciendo la resiliencia urbana, la equidad social y la sostenibilidad ecológica de las ciudades contemporáneas.

Diego González Alanís es socio fundador y director general de Prohábitat Naturaleza Urbana, S.C. Arquitecto egresado del ITESM, cuenta con una maestría en Arquitectura de Paisaje por la Universidad de Texas A&M y acreditaciones LEED y CPTED. Es miembro de asociaciones nacionales e internacionales de arquitectura y sostenibilidad, y ha participado en más de diez consejos vinculados al desarrollo urbano y el medio ambiente. Ha sido docente en el ITESM, UDEM e IBERO Saltillo, así como conferencista en foros especializados en México. Autor de publicaciones sobre paisaje sostenible y vegetación nativa, destaca su obra Flora Nativa Ornamental para el Área Metropolitana de Monterrey. Con más de 30 años de trayectoria, ha liderado proyectos urbanos y paisajísticos emblemáticos y ha recibido reconocimientos como la Bienal de Arquitectura del Paisaje y el Premio Cemex.

INFRAESTRUCTURA QUE

Si transforma

TRANSFORMAR

Movilidad que ordena la ciudad

Cuando el Metro de Medellín inició operaciones en 1995, la capital antioqueña enfrentaba una de las etapas más complejas de su historia: fragmentación urbana, altos índices de violencia y profundas desigualdades territoriales. La apuesta por un sistema de transporte masivo no fue únicamente una solución de movilidad; fue el punto de partida de una

estrategia integral de transformación urbana y social.

Hoy, el Metro es el eje de un sistema integrado que combina trenes, tranvía, metrocables y buses alimentadores, conectando de forma eficiente el Valle de Aburrá. En un día laboral promedio, el sistema moviliza alrededor de 1.5 millones de personas, y anualmente supera los 308 millones

de viajes, consolidándose como columna vertebral de la vida urbana en Medellín.

El impacto va más allá de los tiempos de traslado. El Metro detonó regeneración urbana, recuperación de espacios públicos, aumento del valor del suelo, reducción de violencia y un fuerte sentido de apropiación ciudadana. La infraestructura se convirtió en símbolo de orden, cuidado y pertenencia: estaciones limpias, arte público, cultura cívica y mantenimiento constante.

Infraestructura con impacto social real

Uno de los elementos que distingue al Metro de Medellín es su enfoque territorial. La incorporación del Metrocable marcó un antes y un después en la planeación del transporte público a nivel mundial. Al conectar barrios de ladera históricamente marginados con el resto de la ciudad, la infraestructura dejó de ser un privi -

legio para convertirse en una herramienta de equidad urbana.

Esta integración redujo tiempos de traslado, facilitó el acceso a empleo, educación y servicios, y detonó procesos de renovación urbana y recuperación del espacio público en zonas que antes permanecían aisladas. El impacto fue tan significativo que el modelo ha sido replicado y estudiado por ciudades de América Latina, Europa y Asia.

Beneficios medibles: más allá del transporte

El valor del Metro de Medellín se refleja también en cifras verificables. De acuerdo con reportes oficiales del propio sistema, los beneficios socioeconómicos y ambientales que genera se estiman en más de 6.23 billones de pesos colombianos al año. Esta cifra incluye:

– Ahorros de tiempo para los usuarios.

“El sistema beneficia directamente a una región metropolitana de más de 4 millones de habitantes, generando valor económico y social sostenido.”

– Reducción de costos de operación vehicular.

– Disminución de enfermedades asociadas a la contaminación.

– Reducción anual de hasta 650 mil toneladas de CO₂, gracias al uso de transporte eléctrico.

Estos datos confirman que la infraestructura bien planeada no solo mueve personas, sino que mejora la salud pública, reduce emisiones y fortalece la competitividad urbana.

Inversión con visión de largo plazo

Si bien la inversión total del Metro se ha construido a lo largo de décadas mediante múltiples etapas, ampliaciones y esquemas de financiamiento público, su retorno es evidente. El sistema beneficia directamente a una región metropolitana de más de 4 millones de habitantes, generando valor económico y social sostenido.

Además, la operación del Metro se ha fortalecido mediante una estrategia de ingresos no tarifarios, que

incluye publicidad, aprovechamiento comercial de espacios y servicios complementarios, lo que contribuye a su estabilidad financiera y a la mejora continua del servicio.

Un modelo internacional de infraestructura transformadora

Hoy, Medellín es reconocida globalmente como un caso de éxito en movilidad sostenible y planeación urbana, y su metro es uno de los pilares de esa reputación. La clave no estuvo únicamente en construir infraestructura, sino en alinearla con políticas

públicas, cultura ciudadana y visión de largo plazo.

El Metro de Medellín demuestra que la infraestructura que sí transforma es aquella que entiende la ciudad como un sistema vivo: conecta territorios, reduce brechas, ordena el crecimiento urbano y genera bienestar colectivo.

Para América Latina —y particularmente para países como México— este caso ofrece una lección clara: invertir en infraestructura no es gastar, es construir futuro.

DECIDIR HOY PARA HABITAR MEJOR MAÑANA

CANADEVI la visión de

Nuevo León este 2026

DHABITAR

esde la presidencia de CANADEVI Nuevo León, el Ing. Javier Treviño Garza hace un balance claro y honesto de 2025: un año de contrastes que puso a prueba la capacidad de liderazgo del sector vivienda en el estado. Por un lado, los

desarrolladores enfrentaron presiones crecientes en costos, impuestos e insumos, así como retrasos significativos en autorizaciones que impactaron directamente la planeación de los proyectos. Por otro, se lograron avances importantes en el diálogo

con autoridades estatales y municipales, manteniendo abiertos los canales de colaboración institucional, un factor que, en un entorno complejo, se vuelve estratégico.

El dirigente reconoce que la agilidad regulatoria y la digitalización de trámites siguen siendo uno de los grandes pendientes. Aunque existen esfuerzos reales desde el Estado y algunos municipios metropolitanos, los avances son desiguales y, en muchos casos, aún se quedan en la etapa de planeación. Aun así, el sector vivienda continúa siendo un motor económico para Nuevo León, impulsado por el nearshoring y un crecimiento poblacional sostenido. Incluso con una ligera contracción en la producción de vivienda respecto a 2024, la demanda se mantiene firme, aunque acompañada de presiones al alza en los precios derivadas del incremento en los insumos, el impuesto verde, los aranceles al acero y una carga bu -

rocrática que rebasa la capacidad de respuesta de muchas autoridades.

Ese dinamismo económico, explica Treviño Garza, tiene raíces profundas. Nuevo León arrastra desde hace años un déficit habitacional importante, agravado por la llegada constante de personas que migran al estado en busca de oportunidades laborales y profesionales. Este crecimiento, positivo en términos económicos, genera presiones que se intensificarán hacia 2026, particularmente en la disponibilidad de suelo bien ubicado, la infraestructura urbana y la movilidad. Existe un desfase evidente entre las zonas donde se genera el empleo y aquellas donde es viable desarrollar vivienda, lo que obliga a replantear la planeación urbana con una visión verdaderamente metropolitana.

A este escenario se suma un desequilibrio cada vez más marcado en el mercado: la caída de la oferta de

“Aunque existen esfuerzos reales desde el Estado y algunos municipios metropolitanos, los avances son desiguales y, en muchos casos, aún se quedan en la etapa de planeación.”

vivienda económica. Hoy, producir vivienda por debajo de los 650 mil pesos resulta prácticamente inviable debido al costo del suelo urbanizado y de los materiales de construcción, dejando a los trabajadores de menores ingresos con opciones cada vez más limitadas. Además, el crecimiento urbano avanza más rápido que la expansión de las redes maestras de agua potable y energía eléctrica, un factor que amenaza con frenar o retrasar nuevos desarrollos si no se toman decisiones de fondo.

En el ámbito federal, el programa Vivienda para el Bienestar ha generado expectativas relevantes. Desde CANADEVI Nuevo León, el presidente destaca la estrecha colaboración con INFONAVIT y los avances tangibles al cierre de 2025, como la construcción de miles de viviendas en distintos municipios del estado. Sin embargo, subraya que para que el programa funcione plenamente es indispensable garantizar la infraestructura pri -

maria de servicios, agilizar y homologar la tramitología urbana en toda la Zona Metropolitana de Monterrey y asegurar que las viviendas estén conectadas de manera eficiente al transporte público y cuenten, desde el inicio, con equipamiento social y comercial que evite el abandono.

Mirando hacia 2026, Treviño Garza es enfático: el reto central está en la normatividad y los tiempos de autorización. Simplificar procesos, homologar criterios entre municipios y niveles de gobierno, y reducir plazos que hoy pueden extenderse por años es una decisión que impacta directamente en el acceso oportuno a la vivienda. A ello se suma la necesidad de fortalecer los esquemas de financiamiento, particularmente la portabilidad del crédito INFONAVIT, para responder a la movilidad real de las familias y dinamizar el mercado.

En este contexto, CANADEVI Nuevo León visualiza 2026 como un punto

“Simplificar procesos, homologar criterios entre municipios y niveles de gobierno, y reducir plazos que hoy pueden extenderse por años es una decisión que impacta directamente en el acceso oportuno a la vivienda.”

de inflexión para innovar en diseño, materiales, procesos constructivos y modelos de desarrollo urbano más eficientes y sostenibles. El papel del desarrollador, afirma su presidente, ya no se limita a construir y vender viviendas: hoy implica crear comunidad, pensar en la post-entrega, apostar por desarrollos de usos mixtos y establecer regímenes de condomi -

nio sólidos que garanticen espacios comunes de calidad y convivencia a largo plazo. Liderar en vivienda es, al final, decidir con visión, porque de esas decisiones depende no solo el crecimiento urbano de Nuevo León, sino la forma en que sus habitantes vivirán y se relacionarán con la ciudad en los próximos años.

“Desde CANADEVI Nuevo León, el presidente destaca la estrecha colaboración con INFONAVIT

y los avances tangibles al cierre de 2025, como la construcción de miles de viviendas en distintos municipios del estado.”

El Arquitecto que decidió diseñar para la gente no para el ego

Alejandro Aravena | Arquitecto

Alejandro Aravena es un ejemplo claro de cómo la arquitectura puede ser una herramienta de transformación social cuando se toman decisiones con visión y responsabilidad. Su liderazgo no se basa en la forma icónica, sino en entender el contexto, los recursos disponibles y las necesidades reales de las personas. Como fundador de ELEMENTAL, replanteó el modelo tradicional de vivienda social al decidir no diseñar casas completas, sino estructuras progresivas que las familias pudieran ampliar con el tiempo, dignificando el proceso de habitar.

Ejemplo que transforma: El proyecto Quinta Monroy, en Iquique, Chile, marcó un antes y un después en la vivienda social al demostrar que, con la decisión correcta, es posible generar ciudad, comunidad y patrimonio, incluso con presupuestos limitados. Aravena eligió impacto a largo plazo sobre soluciones inmediatas.

LA ARQUITECTURA CON impacto social INVOLUCRAR

Nuestras ciudades tienen un gran problema: la carencia de infraestructura digna que realmente cumpla con las necesidades de la comunidad inmediata. Durante mucho tiempo he creído que la solución podría ser sencilla e incluso inmediata; sin embargo, la falta de voluntad por parte de diversos actores políticos y la limitada participación de la sociedad civil han provocado que la mayoría de las colonias en nuestro estado carezcan de espacios capaces de transformar comunidades enteras de manera positiva.

Podríamos dedicar muchas cuartillas a analizar cuál es el origen del problema: ¿qué es lo que realmente falla más?, ¿el espacio, el sistema o la

forma en la que se diseñan ambos? Lo cierto es que el espacio ya no responde a las realidades de una sociedad que vive con un dinamismo cada vez más intenso.

La mayoría de los municipios generan espacios obsoletos: algo de iluminación artificial, un buen trabajo de pintura y mobiliario tradicional, todo pensado únicamente para obtener una buena foto para la inauguración o un render atractivo para el inicio de cada obra. Estas intervenciones carecen de alma; no cumplen con las necesidades reales de la comunidad porque rara vez se le pregunta o se le hace partícipe del proceso de diseño. Y, por si fuera poco, estéticamente tampoco contribuyen al mejoramiento del entorno.

Estos edificios deben dejar de entenderse únicamente como un objeto terminado, digno de un post en Instagram o de un video en Facebook. La arquitectura no se vive a través de una foto. Los espacios deben comprenderse como un medio de transformación, capaces de detonar educación, sentido de pertenencia y nuevas dinámicas sociales positivas alrededor de donde son construidos.

En este sentido, eso es precisamente lo que buscamos hacer en Proyecto Reacciona, que es el eje principal de

cada espacio que intervenimos. En cada proyecto procuramos involucrar a la comunidad en todo el proceso: desde el diseño del espacio, pasando por la construcción y, posteriormente, acompañando y aconsejando al municipio encargado para que también los involucre en el seguimiento. De esta manera, la comunidad puede apropiarse del espacio y comenzar a utilizarlo como una verdadera herramienta de cambio social. Un proyecto exitoso es aquel que la misma comunidad llega a percibir como una extensión de su hogar.

Entiendo que en el camino existen muchas carencias que dificultan la realización de un proyecto arquitectónico que cumpla con todas las necesidades de una comunidad: presupuestos limitados, contextos complejos y restricciones normativas y sociales. Por eso es fundamental conocer y estudiar a profundidad el contexto, y aprovechar al máximo la infraestructura que ya se tiene a la mano.

Existen innumerables espacios que ya están en uso y cuentan con personas operándolos, que con pocos recursos, pero con un buen análisis del lugar y un diseño inteligente, pueden cobrar nueva vida. La falta de recur-

sos obliga a diseñar con más inteligencia; esto no significa crear algo de menor valor. Al contrario, este tipo de limitantes, en mi caso, me ha llevado a explorar nuevos métodos constructivos para resolver distintas problemáticas sin dejar de lado lo estético.

La arquitectura social es arquitectura con un enorme valor para nuestro entorno. La infraestructura social es sumamente importante y necesaria para nuestras ciudades. Necesitamos comenzar a reconocer el valor de estos espacios y transformarlos poco a poco, porque la transformación de cada uno de ellos, si es bien administrada, puede contribuir a la transformación positiva de una comunidad entera.

Antonio Garza Ferrigno, nacido en Monterrey, Nuevo León, en 1989, es arquitecto graduado de la Universidad de Monterrey en el año 2013.

En 2012, aún siendo estudiante de la carrera de Arquitectura, fundó la asociación civil Proyecto Reacciona, con el objetivo de llevar la arquitectura a las zonas más vulnerables del estado de Nuevo León.

En 2013 fundó el taller de arquitectura y construcción Antonio G. Ferrigno, desde donde desarrolla proyectos de carácter social, urbano y arquitectónico.

Su trabajo ha recibido múltiples reconocimientos y nominaciones por plataformas como ArchDaily, Glocal e ICON, y más recientemente fue reconocido con el CALLI dentro de la categoría de Arquitectura para la educación y la cultura dentro del apartado de Espacios Culturales con la obra Biblioteca Cereso 2, con la cual fue seleccionado de igual forma como ganador absoluto de la XXIII Bienal de Arquitectura de Nuevo León.

Equipamiento público y social de alto impacto:

¿Arquitectura

transformadora o promesa inconclusa?

Por: MSc. Arch. Urb. Raúl Martínez y MSc Arch. Mariana Fajardo

IMPACTAR

¿Puede un edificio cambiar la vida urbana de una ciudad? La pregunta parece ingenua, pero ha guiado durante décadas buena parte de las políticas públicas en materia de infraestructura social. En México —como en muchos otros países— se ha apostado recurrentemente por el equipamiento público como símbolo de progreso, modernidad o compromiso social. Sin embargo, el verdadero impacto de estos proyectos no se mide en metros cuadrados construidos ni en imágenes de inauguración, sino en su capacidad para transformar dinámicas sociales, territoriales y cotidianas.

Hablar de equipamiento público y social de alto impacto implica ir más allá del objeto arquitectónico. No se trata únicamente de escuelas, centros culturales, hospitales o espacios deportivos, sino de infraestructuras estratégicas capaces de articular ciudad, reducir desigualdades y garantizar el acceso efectivo a derechos urbanos. Su impacto no radica en la monumentalidad, sino en la forma en que se insertan en la estructura urbana, en su accesibilidad, en la intensidad de uso y en su apropiación social.

El propósito fundamental de este tipo de equipamiento es claro: equilibrar el territorio. Cuando está bien planeado, actúa como un nodo que reorganiza flujos, activa el espacio público y fortalece la vida comunitaria. En términos espaciales, se convierte en un punto de atracción que redistribuye centralidades y mejora la conectividad social, especialmente en contextos urbanos fragmentados. El problema surge cuando estos proyectos se conciben como piezas aisladas, desconectadas de una estrategia urbana integral y de un diagnóstico social profundo.

En México, los resultados son ambivalentes. Existen casos que muestran el potencial del equipamiento como

herramienta de transformación, pero también abundan ejemplos donde el impacto se diluye por falta de planeación, continuidad o evaluación a largo plazo.

Aguascalientes suele mencionarse como un caso particular dentro del panorama nacional. Sin ser una ciudad exenta de problemas, su crecimiento urbano ha estado acompañado por una lógica más consistente de planeación, donde el equipamiento público se integra de manera relativamente coherente a la expansión de la ciudad. Escuelas, unidades deportivas y espacios cívicos no aparecen como remiendos tardíos, sino como parte de una estructura urbana que busca garantizar proximidad

y accesibilidad. En este contexto, el impacto no proviene de proyectos espectaculares, sino de una relación más equilibrada entre crecimiento urbano y dotación de servicios, lo que reduce la dependencia del automóvil y fortalece la vida barrial.

La Ciudad de México, en contraste, representa una realidad mucho más compleja. Por un lado, ha impulsado iniciativas con una clara vocación social, como los PILARES, las UTOPÍAS o los FAROS culturales, que buscan acercar educación, cultura y deporte a zonas históricamente marginadas. Estos proyectos reconocen, al menos en el discurso, la importancia de ubicar el equipamiento en puntos estratégicos

del territorio, donde su accesibilidad y su integración al entorno urbano pueden generar dinámicas positivas. No obstante, la escala metropolitana y la profunda desigualdad territorial de la ciudad evidencian los límites de estas intervenciones. La concentración de proyectos en ciertas alcaldías, la falta de continuidad entre administraciones y la ausencia de evaluaciones espaciales y sociales sistemáticas hacen que el impacto sea desigual y, en muchos casos, efímero. En una ciudad fragmentada, el equipamiento puede convertirse en un oasis aislado, rodeado de entornos que siguen reproduciendo exclusión y segregación.

La experiencia internacional demuestra que el impacto del equi-

pamiento público no es una utopía, sino el resultado de decisiones urbanas conscientes. Medellín es quizá el ejemplo más citado: bibliotecas-parque, sistemas de movilidad integrados y espacios públicos estratégicamente localizados transformaron zonas periféricas profundamente vulnerables. El éxito no radicó únicamente en la calidad arquitectónica, sino en la comprensión del territorio como una red de relaciones sociales y espaciales, donde el equipamiento funciona como catalizador de accesibilidad, visibilidad y encuentro. Algo similar ocurre en varios países

nórdicos, donde los equipamientos públicos suelen ser híbridos, flexibles y de uso mixto. Bibliotecas que también son centros comunitarios, espacios deportivos que funcionan como puntos de reunión cotidiana, edificios públicos diseñados para ser atravesados y habitados. Aquí, la calidad espacial se entiende como parte de una política pública que prioriza la proximidad, la inclusión y el uso intensivo del espacio colectivo.

Estos ejemplos comparten una lección fundamental. El impacto no surge de replicar tipologías, sino de leer

el territorio, entender sus flujos, sus vacíos y sus tensiones. Cuando el equipamiento se implanta sin esta lectura, fracasa. Falla cuando no existe un diagnóstico social previo, cuando se ignoran las condiciones de accesibilidad, cuando no se garantiza su operación y mantenimiento o cuando se excluye a la comunidad de los procesos de decisión. En este sentido, vale la pena afirmar con claridad que el equipamiento público no fracasa solo por el diseño (en ocasiones), sino principalmente por la ausencia de un proyecto urbano y social integral. La arquitectura, por sí sola, no puede corregir desigualdades estructurales, pero sí puede amplificarlas cuando se usa de manera superficial o instrumentalizada políticamente.

Repensar el equipamiento público y

social de alto impacto implica asumirlo como una herramienta de justicia urbana. No como un gesto aislado, sino como parte de una estrategia que articule espacio, sociedad y tiempo. Para arquitectos, urbanistas y tomadores de decisiones, el reto no está en producir más edificios públicos, sino en construir condiciones reales de acceso, uso y apropiación cotidiana.

La pregunta, entonces, no es si necesitamos más equipamiento, sino si estamos dispuestos a planearlo con la profundidad y responsabilidad que el territorio exige. Porque al final, una ciudad no se mide por la cantidad de infraestructura pública que posee, sino por la manera en que lo público transforma —o no— la vida diaria de quienes la habitan.

CRISIS HÍDRICA EN MÉXICO

La Revolución Técnica

QUE AÚN NO LLEGA

ANTICIPAR

Por: MBA. Javier Agustín Navarro

México atraviesa una crisis hídrica profunda que, aunque no siempre visible, compromete de manera directa el desarrollo económico, la salud pública y la resiliencia territorial del país. La sobreexplotación de acuíferos, el bajo nivel de tratamiento de aguas residuales y una infraestructura hidráulica envejecida evidencian rezagos técnicos que van más allá del incumplimiento de

compromisos internacionales, como los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU. Se trata, en realidad, de un modelo de gestión que ha normalizado la escasez, la contaminación y la ineficiencia.

Este escenario se ve agravado por el cambio climático, la expansión urbana desordenada y una planeación hídrica fragmentada. La pregunta ya no

“La sobreexplotación de acuíferos, el bajo nivel de tratamiento de aguas residuales y

una

infraestructura

hidráulica envejecida evidencian rezagos técnicos que van más allá del incumplimiento de compromisos internacionales, como los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU.”

es si México enfrenta una crisis del agua, sino si está dispuesto a transformar su manera de gestionarla.

Sobreexplotación de Acuíferos: Un Límite Rebasado

México extrae cerca del 45 % de sus recursos hídricos renovables dispo -

nibles, muy por encima del umbral recomendado del 12.5 % establecido por organismos internacionales. El resultado es un estrés hídrico severo en regiones estratégicas. El Valle de México es el ejemplo más crítico: la presión sobre el recurso supera el 130 %, con una disponibilidad per cápita que apenas ronda los 150 m³ por

“México extrae cerca del 45 % de

sus recursos hídricos renovables disponibles, muy por encima del umbral recomendado del 12.5 % establecido por organismos internacionales.”

habitante al año, muy por debajo del umbral de escasez extrema.

La consecuencia más visible de esta sobreexplotación es la subsidencia del suelo, con hundimientos que en algunas zonas superan los 40 cm anuales, dañando redes de agua potable, drenaje y edificaciones. A esto se suman acuíferos colapsados en

el norte, el Bajío y el Pacífico, cuya recarga natural es insuficiente frente a una demanda creciente, impulsada principalmente por la agricultura intensiva y la concentración urbana.

Más allá del reto técnico, este fenómeno revela un problema de gobernanza. Persistir en un esquema extractivo sin control ni monitoreo

inteligente equivale a hipotecar la seguridad hídrica futura. Tecnologías como la recarga artificial de acuíferos, los humedales construidos y el monitoreo digital mediante sensores e imágenes satelitales existen y han demostrado su eficacia en otros países. Su adopción en México no es una cuestión de viabilidad técnica, sino de prioridad estratégica.

Aguas Residuales: El Recurso que Seguimos Desperdiciando

El tratamiento de aguas residuales es otro de los grandes pendientes. Apenas dos terceras partes del agua residual generada recibe algún tipo de tratamiento, en su mayoría primario, insuficiente para proteger ecosistemas y cuerpos de agua. En cuencas como Lerma-Santiago-Pacífico o el Valle de México, una proporción significativa de los puntos monitoreados

rebasa los límites permisibles de contaminantes, afectando tanto aguas superficiales como subterráneas.

Esta situación representa un doble fracaso: ambiental y económico. Cada litro de agua residual no tratada adecuadamente es una fuente de contaminación, pero también una oportunidad perdida para la reutilización en agricultura, industria o recarga de acuíferos. Países como Singapur o Israel han demostrado que, con inversión en tratamiento avanzado y una regulación clara, las aguas residuales pueden convertirse en una fuente estratégica de abastecimiento.

En contraste, el gasto público destinado al sector hídrico en México sigue siendo insuficiente frente a la magnitud del reto. Modernizar plantas con tratamiento terciario, sistemas de

“Tecnologías como la recarga artificial de acuíferos, los humedales construidos y el monitoreo digital mediante sensores e imágenes satelitales existen y han demostrado su eficacia en otros países.”

desinfección avanzada y esquemas de reúso no es un lujo tecnológico, sino una condición mínima para la sostenibilidad hídrica.

Cobertura vs. Seguridad: Una Brecha Persistente

Si bien las cifras oficiales indican una cobertura cercana al 99 % en acceso al agua potable, la realidad es menos alentadora. Solo alrededor del 43 % de la población recibe agua de forma continua, segura y con calidad verificada. En muchas ciudades, los tandeos, las fugas —que en algunos sistemas superan el 40 %— y la falta de mantenimiento predictivo son parte de la cotidianidad.

El problema no se distribuye de manera homogénea. El Centro y el Bajío concentran altos niveles de estrés

hídrico; el Valle de México enfrenta una brecha estructural entre oferta y demanda; y el norte del país vive sequías cada vez más intensas, con acuíferos que no logran recuperarse ni siquiera en años lluviosos. Todo ello exige una visión diferenciada por región, apoyada en datos, tecnología y planeación de largo plazo.

Impactos y Oportunidades de una Transformación Pendiente

La crisis hídrica no se limita al sector agua. Afecta directamente a la agricultura, responsable de más del 70 % del consumo, donde persisten esquemas de riego ineficientes. Impacta a la industria, que enfrenta paros operativos por falta de suministro, y profundiza desigualdades sociales, especialmente en comunidades rurales e indígenas.

“La verdadera revolución hídrica no está en construir más presas, sino en cambiar la lógica con la que gestionamos el recurso. Apostar por eficiencia, inteligencia y resiliencia es decidir entre un país que se adapta y uno que se resigna a la escasez.”

Sin embargo, también abre una ventana de oportunidad. La transición hacia una economía circular del agua podría detonar empleos, innovación tecnológica e inversión verde. La digitalización de redes, el reúso, la eficiencia hídrica y la integración agua-energía representan áreas estratégicas donde México puede avanzar si existe coordinación entre gobierno, sector privado y academia.

La verdadera revolución hídrica no está en construir más presas, sino en cambiar la lógica con la que gestionamos el recurso. Apostar por eficiencia, inteligencia y resiliencia es decidir entre un país que se adapta y uno que se resigna a la escasez.

La pregunta queda abierta: ¿será México protagonista de su transformación hídrica o espectador de una crisis anunciada?

La rentabilidad de la tecnología en la CONSTRUCCIÓN

Trabajar más ya no es una estrategia rentable

OPTIMIZAR

Por: Mtro. Óscar Coello H.

Durante años, en la construcción confundimos rentabilidad con aguante. Aguantar costos, aguantar retrasos, aguantar errores y compensarlos con más horas de

trabajo. Funcionó mientras el tiempo fue elástico y el esfuerzo humano alcanzaba para tapar fallas estructurales. Pero ese modelo está llegando a su límite. Hoy, la pregunta ya no es

cuánto cuesta construir, sino cuánto nos cuesta seguir decidiendo tarde y con poca información.

La razón no es únicamente económica. Es estructural. La industria está entrando en una etapa donde el tiempo disponible se reduce y la exigencia aumenta. La transición hacia una jornada laboral de 40 horas no es un ajuste menor: elimina la holgura que durante décadas permitió operar con ineficiencias sin que estas se volvieran críticas.

Con menos horas para ejecutar, cada decisión pesa más, cada error cuesta más, cada retraso deja menos espacio para corregir. En ese contexto, la rentabilidad deja de depender exclusivamente de cuánto se construye y empieza a depender de cómo se decide.

Quienes llevamos años viendo repetirse los mismos problemas sabemos que no son excepciones ni accidentes aislados: son patrones. Retrabajos que se normalizan, decisiones que llegan tarde, información que no está donde

se necesita cuando se necesita. Durante mucho tiempo, esos problemas se absorbieron con esfuerzo y tiempo adicional. Hoy, ese margen ya no está garantizado.

Ahí es donde la tecnología entra al centro de la discusión, no como promesa ni como tendencia, sino como herramienta operativa. La tecnología rentable no es la que impresiona ni la que se presume, sino la que ordena. La que permite ver antes, reducir la incertidumbre y transformar la toma de decisiones de reactiva a anticipada.

Tal vez la pregunta incómoda no sea si la tecnología funciona, sino si estamos dispuestos a aceptar que muchas de las pérdidas que hoy asumimos como normales eran, en realidad, evitables.

Una parte importante de la pérdida de rentabilidad del sector no proviene de factores externos, sino de fallas internas que se repiten proyecto tras proyecto: falta de coordinación, ajustes tardíos, información dispersa, decisio-

“La tecnología rentable no es la que impresiona ni la que se presume, sino la que ordena. La que permite ver antes, reducir la incertidumbre y transformar la toma de decisiones de reactiva a anticipada.”

nes tomadas sin visibilidad completa. No son fallas extraordinarias; son fallas estructurales que se volvieron parte de la rutina porque había tiempo para absorberlas.

El tiempo ya no está garantizado. Lo que se vio recientemente en foros internacionales como el CES 2026 no es relevante por la tecnología en sí, sino por lo que confirma: la industria pesada y productiva se está moviendo hacia modelos donde la inteligencia artificial, la simulación y la automatización se integran directamente a la operación diaria. No para sustituir personas, sino para reducir errores humanos, anticipar conflictos y optimizar decisiones antes de ejecutarlas físicamente.

El mensaje es claro. Las industrias que están adoptando estas herramientas no lo hacen para verse modernas, sino para operar con mayor control en entornos cada vez más exigentes y con menor tolerancia al error.

Este mismo cambio se refleja en la forma en que hoy se entiende la dirección de proyectos. Que organismos como el Project Management Institute (PMI®) estén incorporando certificaciones específicas para la gestión de iniciativas con inteligencia artificial no es anecdótico.

Es una señal de que el estándar profesional está evolucionando. Gestionar datos, automatizar procesos y tomar decisiones informadas empieza a ser tan relevante como el conocimiento técnico tradicional.

En la construcción, esto tiene una implicación directa: la eficiencia ya no es una ventaja competitiva; es el nuevo punto de partida. Quien no logre reducir retrabajos, acortar ciclos de decisión y mejorar la coordinación con información confiable verá erosionarse su margen, independientemente del volumen de obra que ejecute.

Los datos empiezan a respaldar esta realidad. Proyectos que integran planeación digital, control en tiempo real y modelos de simulación muestran reducciones significativas en retrabajos, menores desviaciones de plazo y menos conflictos contractuales. No porque la tecnología haga el trabajo por sí sola, sino porque elimina decisiones tardías y errores evitables.

En este contexto, vale la pena redefinir el concepto de rentabilidad. Hoy, rentabilidad ya no significa exprimir más la operación, sino reducir sistemáticamente el error. Menos tiempo desperdiciado, menos correcciones, menos improvisación. Es una rentabilidad silenciosa, constante, que se acumula proyecto tras proyecto.

En paralelo, la reducción de la jornada laboral obliga a replantear una idea profundamente arraigada en el sector: que el esfuerzo compensa la falta de sistema. Esa ecuación deja de funcionar cuando el tiempo se vuelve un recurso limitado. A partir de ahí, la única variable realmente optimizable es la eficiencia.

El 2026 no va a distinguir entre quienes se esfuerzan y quienes no. En la construcción, el esfuerzo siempre ha estado ahí. La diferencia la va a marcar quién logra decidir mejor con menos

margen de error. Con jornadas más cortas, mayor fiscalización y clientes cada vez más exigentes, la improvisación deja de ser tolerable. La rentabilidad ya no se construye con horas extra ni con resistencia operativa; se construye con precisión.

Y en esta nueva etapa, la tecnología deja de ser una ventaja estratégica para convertirse en el requisito mínimo para permanecer en el mercado. No reemplaza la experiencia; la vuelve útil en un entorno donde el error ya no es negociable.

“Es una señal de que el estándar profesional está evolucionando. Gestionar datos, automatizar procesos y tomar decisiones informadas empieza a ser tan relevante como el conocimiento técnico tradicional.”
cuando la Fórmula 1 se convierte en infraestructura

de innovación

PROYECTAR

La llegada de Audi a la Fórmula 1 en 2026 no es solo un debut deportivo: es una decisión estratégica. Con el Audi R26, la marca de los cuatro aros entra a la categoría más exigente del automovilismo como quien invierte en infraestructura de alto impacto: con visión de largo plazo, ingeniería propia y objetivos claros.

El proyecto nace tras la adquisición total de Sauber Motorsport, permitiendo a Audi construir una estructura global de desarrollo entre Alemania, Suiza y el Reino Unido. No se trata únicamente de un monoplaza, sino de una red de talento, tecnología y procesos diseñada para competir bajo los nuevos reglamentos técnicos de 2026, donde la

electrificación y los combustibles sostenibles serán protagonistas.

El R26 representa una nueva identidad para la marca en pista: diseño limpio, lenguaje tecnológico y una clara intención de competir al más alto nivel. Audi ha sido contundente en su mensaje: no llega para participar, sino para construir un proyecto ganador, con la meta de pelear por campeonatos hacia el final de la década.

Además del desafío técnico, la entrada de Audi al Mundial de F1 amplifica su marca a una audiencia global de más de mil millones de personas cada tem-

porada. Asociaciones con patrocinadores de talla mundial, como Revolut, Adidas, BP y Castrol, enfatizan el valor comercial de este proyecto que trasciende los circuitos.

El caso Audi en la F1 ilustra cómo una compañía puede convertir el deporte de alto rendimiento en plataforma de transformación corporativa, catalizando innovación interna, visibilidad global y nuevas formas de integrar tecnología y marca.

Porque en Fórmula 1, como en infraestructura, no solo se compite, se construye futuro.

EL BLAZER DE QUIEN prendas

que trabajan

Para quien toma decisiones y lidera proyectos, la vestimenta dejó de ser un gesto estético. Hoy es infraestructura personal: una extensión de la claridad, la presencia y la capacidad de responder con solvencia a agendas complejas, viajes constantes y reuniones clave.

El blazer contemporáneo entiende ese ritmo. Acompaña jornadas no lineales —oficina, sala de consejo, recorrido o traslado— sin perder forma, autoridad ni estilo. No impone rigidez: se adapta.

BLAZER

DIRIGE

trabajan contigo

Para ella

El Good Wool Blazer de Theory representa la evolución de la sastrería ejecutiva femenina hacia una estética limpia, funcional y segura. Su corte minimalista proyecta autoridad con naturalidad, mientras la lana de alta calidad aporta durabilidad, regulación térmica y una caída impecable. Es una prenda pensada para dirigir desde la claridad, donde cada detalle comunica consistencia.

Para él

El Commission Blazer de Lululemon traslada la lógica del alto rendimiento al entorno ejecutivo. Combina diseño sobrio con tejidos técnicos que ofrecen elasticidad, confort térmico y resistencia a arrugas. El resultado es un blazer híbrido, ideal para jornadas largas, traslados constantes y decisiones que no se detienen.

PRESIDENTES DE MÉXICO

Entre amputaciones, estaturas y otras curiosidades físicas

Cuando pensamos en los presidentes de México solemos imaginarlos desde el poder, la política, las guerras, las reformas, los discursos y los conflictos. Rara vez nos detenemos en algo tan humano como su cuerpo: sus estaturas, sus heridas, sus pérdidas físicas, sus limitaciones… y, sin embargo, ahí también se esconde historia.

Porque algunos gobernaron sin un brazo, otros con prótesis, unos eran gigantes y otros diminutos, y varios cargaron en su propio cuerpo las cicatrices literales de la patria.

En México, incluso los cuerpos de sus gobernantes han sido campos de batalla.

GOBERNAR

A partir de aquí, historia pura… Antonio López de Santa Anna: el presidente que perdió una pierna… y la enterró con honores

Imposible iniciar sin él. Antonio López de Santa Anna no solo es famoso por perder territorios, sino también por perder una pierna.

En 1838, durante la Guerra de los Pasteles contra Francia, un cañonazo le destrozó la pierna izquierda. La herida fue tan grave que los médicos no tuvieron opción: amputación inmediata. Santa Anna, siempre teatral, mandó enterrar su pierna con honores militares, con banda de música y ceremonia oficial en el panteón de Santa Paula.

Años después, cuando el pueblo lo odiaba, desenterraron la pierna y la arrastraron por las calles como acto de protesta. El símbolo fue demoledor: así como habían honrado la pierna, ahora humillaban al personaje.

Posteriormente usó una prótesis de madera y corcho, una de las primeras en México. Una de ellas fue capturada por soldados estadounidenses en la batalla de Cerro Gordo y hoy se exhibe en un museo en Illinois.

Santa Anna gobernó… cojo de la historia y del cuerpo.

Álvaro Obregón: el presidente manco que ganó guerras y elecciones Álvaro Obregón perdió el brazo derecho en 1915, durante la Batalla de Celaya, en plena Revolución Mexicana. Una granada explotó cerca de él y la amputación fue inevitable.

Lejos de ocultarlo, Obregón convirtió

su mutilación en símbolo de valentía. Solía bromear diciendo:

“No tengo brazo, pero tengo cabeza.”

Gobernó México de 1920 a 1924 sin su brazo derecho, firmaba con la izquierda, escribía sin dificultad y nunca permitió que su discapacidad se convirtiera en debilidad política. Su

brazo amputado fue conservado durante años y se exhibió en el Monumento a la Revolución.

Un presidente literalmente incompleto… pero políticamente entero.

Manuel González: el otro presidente que también perdió un brazo

Menos recordado, pero igual de marcado por la guerra, Manuel González Flores, presidente de 1880 a 1884, perdió el brazo derecho en la Batalla de Puebla de 1862 luchando contra los franceses.

Pertenecía a esa generación de militares que llegaron al poder con el cuerpo ya sacrificado por la patria. Su mutilación era evidente, aunque procuraba disimularla en actos públicos.

México tuvo, en menos de medio siglo, dos presidentes mancos. Y no por accidente, sino por guerra.

Guadalupe Victoria: el presidente epiléptico

Guadalupe Victoria, primer presidente de México, padecía epilepsia.

Sufría crisis convulsivas frecuentes, algo que en su época se interpretaba con ignorancia, miedo y superstición.

Aun así, gobernó con firmeza y logró estabilizar al país tras la Independencia. Hoy sabemos que su condición neurológica fue un reto enorme en un México apenas naciente, políticamente frágil y socialmente convulso.

Un presidente con ataques epilép -

ticos… en una nación con ataques constantes.

Gustavo A. Madero: el ojo de vidrio y una muerte brutal en la Decena Trágica

No fue presidente, pero caminó al lado del poder y pagó con el cuerpo. Gustavo Adolfo Madero, hermano de Francisco I. Madero, tenía un ojo de vidrio. Había perdido el ojo por una enfermedad en su juventud y utilizaba una prótesis ocular.

vidrio antes de asesinarlo.

No solo lo mataron. Lo despojaron de su identidad física como acto de escarnio.

El mensaje fue claro: aquí no solo se derroca al poder, se destruye al hombre.

Benito Juárez: un presidente pequeño… y grande

En estatura, Benito Juárez medía aproximadamente 1.37 – 1.40 m. Fue, sin duda, uno de los presidentes más bajos que ha tenido México.

De origen zapoteca, complexión pequeña, apariencia frágil… pero con una fuerza política monumental. La ironía histórica es perfecta: el hombre más pequeño físicamente… el más grande institucionalmente.

Juárez demuestra que en México la estatura nunca ha definido la grandeza.

Durante la Decena Trágica en febrero de 1913, fue capturado por fuerzas leales a Victoriano Huerta y Félix

Díaz. Lo que siguió fue una de las escenas más crueles de nuestra historia política: fue golpeado, torturado, humillado… y le arrancaron su ojo de

Maximiliano de Habsburgo: el emperador alto y europeo

Aunque no fue presidente sino emperador, Maximiliano de Habsburgo merece mención. Medía alrededor de 1.87 m, de porte elegante, barba

cuidada y presencia imponente.

Su físico reforzaba la imagen monárquica que intentaba proyectar: el príncipe europeo gobernando tierras americanas.

Un gigante extranjero en un país que nunca terminó de aceptarlo.

Vicente Fox: el presidente más alto de México

Aquí no hay discusión. Vicente Fox

Quesada mide aproximadamente 1.92 – 1.93 m, lo que lo convierte en el presidente más alto de la historia de México.

Su estatura fue parte de su marca personal. En fotografías sobresale, en reuniones domina visualmente, en eventos internacionales impone presencia. Fue el primer presidente que literalmente veía a todos desde arriba.

Al final, nuestros presidentes no solo han sido figuras de poder, también han sido cuerpos vulnerables. Algunos gobernaron sin brazos, otros con prótesis, unos con enfermedades, otros con estaturas que desafiaban los estándares de su tiempo.

México ha sido dirigido por cojos, mancos, epilépticos, pequeños gi -

gantes y gigantes literales.

Y quizá eso nos dice algo profundo:

Que el liderazgo no nace del cuerpo perfecto, sino del carácter. Porque en México, incluso las cicatrices… cuentan historia.

HOTELES QUE NO HOSPEDAN los nuevos hubs de negocios

CONECTAR

Hoy, algunos hoteles han dejado de ser solo un lugar para dormir y se han convertido en puntos estratégicos donde se construyen relaciones, se cierran tratos y se genera valor real. La infraestructura hotelera está evolucionando hacia espacios híbridos que combinan hospedaje, trabajo, networking y experiencias profesionales.

La tendencia de integrar espacios de trabajo y coworking dentro de los hoteles responde a una lógica clara: aprovechar instalaciones infrautili-

zadas para ofrecer servicios de alto valor a ejecutivos, emprendedores y equipos en viaje de negocios. Estos espacios incluyen áreas con estaciones de trabajo, salas de reunión privadas y entornos diseñados para colaborar y conectar, más allá de una sala de juntas tradicional.

Un ejemplo de este enfoque lo representa The Social Hub, una cadena de hoteles híbridos presente en varias ciudades europeas que combina alojamiento con espacios de coworking,

salas de reunión y eventos, además de áreas sociales, gimnasio y restaurantes pensados para viajeros profesionales. Sus instalaciones están diseñadas para que no solo se hospede, sino que se trabaje, se colabore y se generen conexiones de alto impacto en un entorno urbano dinámico.

Este tipo de infraestructura aporta flexibilidad, conectividad y comunidad: ejecutivos pueden reservar un escritorio, reunirse con clientes, organizar talleres o cerrar acuerdos sin salir del

hotel. Para las empresas, significa contar con un entorno preparado para trabajo de alto nivel sin las rigideces de oficinas fijas.

Los hoteles con coworking integrado reflejan una transformación significativa: están redefiniendo lo que significa viajar por negocios, convirtiendo el descanso, la logística y el trabajo en una sola experiencia diseñada para quienes deciden, negocian e invierten.

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