El Bajío vive una etapa de consolidación que exige algo más que expansión: exige orden, visión y decisiones estratégicas. En una región marcada por la atracción de inversión, el crecimiento inmobiliario y la diversificación industrial, la infraestructura se convierte en el eje que define si el desarrollo es sostenible o simplemente acelerado. Esta edición aborda cómo la planeación, la infraestructura y el real estate deben avanzar de manera coordinada para generar valor de largo plazo.
Hoy, invertir ya no significa únicamente construir o adquirir, sino entender el contexto, anticipar necesidades y diseñar ciudades funcionales. La infraestructura, bien pensada, se convierte en la columna vertebral que ordena el crecimiento económico y fortalece al sector productivo. Complementan esta visión un ejemplo nacional que confirma el poder transformador de la infraestructura y la sección Más allá de la construcción, pensada para quienes entienden que el desarrollo también se construye desde la cultura, la historia y el entorno.
Porque el desarrollo no ocurre por inercia: se construye a partir de decisiones.
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La infraestructura también puede sanar ciudades MÁS ALLÁ DE LA CONSTRUCCIÓN
AUTOS: AUDI R26.
GADGETS: EL BLAZER DE QUIEN DIRIGE.
HISTORIA: PRESIDENTES DE MÉXICO
TURISMO: HOTELES QUE NO HOSPEDAN.
Infraestructura
una decisión estratégica para sostener la competitividad como orden del crecimiento
ORDENAR
El dinamismo industrial del Bajío ha colocado a Guanajuato y Querétaro entre las regiones más atractivas para la inversión productiva en México. Sin embargo, para los líderes empresariales, el punto crítico ya no es identificar oportunidades de expansión, sino evaluar la capacidad real del territorio para sostenerlas en el tiempo. En este contexto, la infraestructura deja de ser un habilitador operativo y se convierte en una decisión estratégica de largo plazo.
El riesgo principal del crecimiento acelerado no es la falta de proyectos, sino la saturación de sistemas urbanos clave: movilidad, agua, vivienda y servicios. Cuando estos sistemas no se anticipan, los costos ocultos aparecen rápidamente: retra-
sos logísticos, aumento en tiempos de traslado, conflictos sociales, presión regulatoria y pérdida de certidumbre para nuevas inversiones. La experiencia reciente demuestra que el crecimiento desordenado termina trasladando costos al sector productivo.
“Guanajuato y Querétaro muestran que ordenar el crecimiento es una ventaja competitiva, no un costo adicional.”
Guanajuato y Querétaro han enfrentado este reto desde enfoques distintos pero convergentes. En Querétaro, la consolidación de corredores industriales conectados a la zona metropolitana ha permitido integrar industria y ciudad con menores fricciones. Libramientos, vialidades estratégicas y una planeación territorial más estricta han reducido riesgos operativos para las empresas y han facilitado la expansión ordenada de parques industriales.
Guanajuato ha optado por un modelo más distribuido, evitando concentrar el crecimiento en un solo polo urbano. La articulación entre municipios como León, Silao, Irapuato y Celaya ha requerido infraestructura regional capaz de operar como un sistema productivo integrado. Para el sector empresarial, este modelo ofrece una ventaja clara: diversificación territorial sin pérdida de conectividad ni acceso a servicios estratégicos.
La infraestructura es un activo estratégico: define la capacidad de un territorio para absorber inversión sin erosionar productividad ni calidad de vida.
Un factor crítico para la toma de decisiones empresariales es la disponibilidad de recursos estratégicos, particularmente el agua. En ambos estados, la gestión hídrica ha dejado de ser un tema operativo para convertirse en una variable de riesgo o certidumbre. Infraestructura de tratamiento, reúso y redes más eficientes permiten sostener operaciones industriales en contextos de alta presión, mientras que la falta de pla -
neación hídrica se traduce en incertidumbre regulatoria y costos futuros.
La movilidad completa la ecuación. La infraestructura vial no solo impacta el traslado de mercancías, sino la eficiencia del talento, la puntualidad operativa y la competitividad logística. Cuando la planeación es regional y anticipatoria, la infraestructura reduce fricciones; cuando es reactiva, se convierte en un cuello de botella
que afecta directamente los resultados del negocio.
Para los líderes empresariales del Bajío, la conclusión es clara: la infraestructura no es un tema exclusivo del sector público, sino una variable estratégica que debe formar parte del análisis de inversión y expansión. La nueva etapa de crecimiento vinculada al nearshoring exige evaluar no solo costos laborales o incentivos, sino la capacidad del territorio para sostener operaciones en el tiempo.
Guanajuato y Querétaro ofrecen una lección relevante para la región: la competitividad no se construye únicamente atrayendo capital, sino creando condiciones territoriales estables, previsibles y funcionales. En el Bajío, las decisiones que se tomen hoy en materia de infraestructura definirán si el crecimiento se traduce en valor sostenido o en un riesgo estructural para las empresas en la próxima década.
INFRAESTRUCTURA QUE
Si transforma
TRANSFORMAR
Movilidad que ordena la ciudad
Cuando el Metro de Medellín inició operaciones en 1995, la capital antioqueña enfrentaba una de las etapas más complejas de su historia: fragmentación urbana, altos índices de violencia y profundas desigualdades territoriales. La apuesta por un sistema de transporte masivo no fue únicamente una solución de movilidad; fue el punto de partida de una
estrategia integral de transformación urbana y social.
Hoy, el Metro es el eje de un sistema integrado que combina trenes, tranvía, metrocables y buses alimentadores, conectando de forma eficiente el Valle de Aburrá. En un día laboral promedio, el sistema moviliza alrededor de 1.5 millones de personas, y anualmente supera los 308 millones
de viajes, consolidándose como columna vertebral de la vida urbana en Medellín.
El impacto va más allá de los tiempos de traslado. El Metro detonó regeneración urbana, recuperación de espacios públicos, aumento del valor del suelo, reducción de violencia y un fuerte sentido de apropiación ciudadana. La infraestructura se convirtió en símbolo de orden, cuidado y pertenencia: estaciones limpias, arte público, cultura cívica y mantenimiento constante.
Infraestructura con impacto social real
Uno de los elementos que distingue al Metro de Medellín es su enfoque territorial. La incorporación del Metrocable marcó un antes y un después en la planeación del transporte público a nivel mundial. Al conectar barrios de ladera históricamente marginados con el resto de la ciudad, la infraestructura dejó de ser un privi -
legio para convertirse en una herramienta de equidad urbana.
Esta integración redujo tiempos de traslado, facilitó el acceso a empleo, educación y servicios, y detonó procesos de renovación urbana y recuperación del espacio público en zonas que antes permanecían aisladas. El impacto fue tan significativo que el modelo ha sido replicado y estudiado por ciudades de América Latina, Europa y Asia.
Beneficios medibles: más allá del transporte
El valor del Metro de Medellín se refleja también en cifras verificables. De acuerdo con reportes oficiales del propio sistema, los beneficios socioeconómicos y ambientales que genera se estiman en más de 6.23 billones de pesos colombianos al año. Esta cifra incluye:
– Ahorros de tiempo para los usuarios.
“El sistema beneficia directamente a una región metropolitana de más de 4 millones de habitantes, generando valor económico y social sostenido.”
– Reducción de costos de operación vehicular.
– Disminución de enfermedades asociadas a la contaminación.
– Reducción anual de hasta 650 mil toneladas de CO₂, gracias al uso de transporte eléctrico.
Estos datos confirman que la infraestructura bien planeada no solo mueve personas, sino que mejora la salud pública, reduce emisiones y fortalece la competitividad urbana.
Inversión con visión de largo plazo
Si bien la inversión total del Metro se ha construido a lo largo de décadas mediante múltiples etapas, ampliaciones y esquemas de financiamiento público, su retorno es evidente. El sistema beneficia directamente a una región metropolitana de más de 4 millones de habitantes, generando valor económico y social sostenido.
Además, la operación del Metro se ha fortalecido mediante una estrategia de ingresos no tarifarios, que
incluye publicidad, aprovechamiento comercial de espacios y servicios complementarios, lo que contribuye a su estabilidad financiera y a la mejora continua del servicio.
Un modelo internacional de infraestructura transformadora
Hoy, Medellín es reconocida globalmente como un caso de éxito en movilidad sostenible y planeación urbana, y su metro es uno de los pilares de esa reputación. La clave no estuvo únicamente en construir infraestructura, sino en alinearla con políticas
públicas, cultura ciudadana y visión de largo plazo.
El Metro de Medellín demuestra que la infraestructura que sí transforma es aquella que entiende la ciudad como un sistema vivo: conecta territorios, reduce brechas, ordena el crecimiento urbano y genera bienestar colectivo.
Para América Latina —y particularmente para países como México— este caso ofrece una lección clara: invertir en infraestructura no es gastar, es construir futuro.
¿Puede un edificio cambiar la vida urbana de una ciudad? La pregunta parece ingenua, pero ha guiado durante décadas buena parte de las políticas públicas en materia de infraestructura social. En México —como en muchos otros países— se ha apostado recurrentemente por el equipamiento público como símbolo de progreso, modernidad o compromiso social. Sin embargo, el verdadero impacto de estos proyectos no se mide en metros cuadrados construidos ni en imágenes de inauguración, sino en su capacidad para transformar dinámicas sociales, territoriales y cotidianas.
Hablar de equipamiento público y social de alto impacto implica ir más allá del objeto arquitectónico. No se trata únicamente de escuelas, centros culturales, hospitales o espacios deportivos, sino de infraestructuras estratégicas capaces de articular ciudad, reducir desigualdades y garantizar el acceso efectivo a derechos urbanos. Su impacto no radica en la monumentalidad, sino en la forma en que se insertan en la estructura urbana, en su accesibilidad, en la intensidad de uso y en su apropiación social.
El propósito fundamental de este tipo de equipamiento es claro: equilibrar el territorio. Cuando está bien planeado, actúa como un nodo que reorganiza flujos, activa el espacio público y fortalece la vida comunitaria. En términos espaciales, se convierte en un punto de atracción que redistribuye centralidades y mejora la conectividad social, especialmente en contextos urbanos fragmentados. El problema surge cuando estos proyectos se conciben como piezas aisladas, desconectadas de una estrategia urbana integral y de un diagnóstico social profundo.
En México, los resultados son ambivalentes. Existen casos que muestran el potencial del equipamiento como
herramienta de transformación, pero también abundan ejemplos donde el impacto se diluye por falta de planeación, continuidad o evaluación a largo plazo.
Aguascalientes suele mencionarse como un caso particular dentro del panorama nacional. Sin ser una ciudad exenta de problemas, su crecimiento urbano ha estado acompañado por una lógica más consistente de planeación, donde el equipamiento público se integra de manera relativamente coherente a la expansión de la ciudad. Escuelas, unidades deportivas y espacios cívicos no aparecen como remiendos tardíos, sino como parte de una estructura urbana que busca garantizar proximidad
y accesibilidad. En este contexto, el impacto no proviene de proyectos espectaculares, sino de una relación más equilibrada entre crecimiento urbano y dotación de servicios, lo que reduce la dependencia del automóvil y fortalece la vida barrial.
La Ciudad de México, en contraste, representa una realidad mucho más compleja. Por un lado, ha impulsado iniciativas con una clara vocación social, como los PILARES, las UTOPÍAS o los FAROS culturales, que buscan acercar educación, cultura y deporte a zonas históricamente marginadas. Estos proyectos reconocen, al menos en el discurso, la importancia de ubicar el equipamiento en puntos estratégicos
del territorio, donde su accesibilidad y su integración al entorno urbano pueden generar dinámicas positivas. No obstante, la escala metropolitana y la profunda desigualdad territorial de la ciudad evidencian los límites de estas intervenciones. La concentración de proyectos en ciertas alcaldías, la falta de continuidad entre administraciones y la ausencia de evaluaciones espaciales y sociales sistemáticas hacen que el impacto sea desigual y, en muchos casos, efímero. En una ciudad fragmentada, el equipamiento puede convertirse en un oasis aislado, rodeado de entornos que siguen reproduciendo exclusión y segregación.
La experiencia internacional demuestra que el impacto del equi-
pamiento público no es una utopía, sino el resultado de decisiones urbanas conscientes. Medellín es quizá el ejemplo más citado: bibliotecas-parque, sistemas de movilidad integrados y espacios públicos estratégicamente localizados transformaron zonas periféricas profundamente vulnerables. El éxito no radicó únicamente en la calidad arquitectónica, sino en la comprensión del territorio como una red de relaciones sociales y espaciales, donde el equipamiento funciona como catalizador de accesibilidad, visibilidad y encuentro. Algo similar ocurre en varios países
nórdicos, donde los equipamientos públicos suelen ser híbridos, flexibles y de uso mixto. Bibliotecas que también son centros comunitarios, espacios deportivos que funcionan como puntos de reunión cotidiana, edificios públicos diseñados para ser atravesados y habitados. Aquí, la calidad espacial se entiende como parte de una política pública que prioriza la proximidad, la inclusión y el uso intensivo del espacio colectivo.
Estos ejemplos comparten una lección fundamental. El impacto no surge de replicar tipologías, sino de leer
el territorio, entender sus flujos, sus vacíos y sus tensiones. Cuando el equipamiento se implanta sin esta lectura, fracasa. Falla cuando no existe un diagnóstico social previo, cuando se ignoran las condiciones de accesibilidad, cuando no se garantiza su operación y mantenimiento o cuando se excluye a la comunidad de los procesos de decisión. En este sentido, vale la pena afirmar con claridad que el equipamiento público no fracasa solo por el diseño (en ocasiones), sino principalmente por la ausencia de un proyecto urbano y social integral. La arquitectura, por sí sola, no puede corregir desigualdades estructurales, pero sí puede amplificarlas cuando se usa de manera superficial o instrumentalizada políticamente.
Repensar el equipamiento público y
social de alto impacto implica asumirlo como una herramienta de justicia urbana. No como un gesto aislado, sino como parte de una estrategia que articule espacio, sociedad y tiempo. Para arquitectos, urbanistas y tomadores de decisiones, el reto no está en producir más edificios públicos, sino en construir condiciones reales de acceso, uso y apropiación cotidiana.
La pregunta, entonces, no es si necesitamos más equipamiento, sino si estamos dispuestos a planearlo con la profundidad y responsabilidad que el territorio exige. Porque al final, una ciudad no se mide por la cantidad de infraestructura pública que posee, sino por la manera en que lo público transforma —o no— la vida diaria de quienes la habitan.
CRISIS HÍDRICA EN MÉXICO
La Revolución Técnica
QUE AÚN NO LLEGA
ANTICIPAR
Por: MBA. Javier Agustín Navarro
México atraviesa una crisis hídrica profunda que, aunque no siempre visible, compromete de manera directa el desarrollo económico, la salud pública y la resiliencia territorial del país. La sobreexplotación de acuíferos, el bajo nivel de tratamiento de aguas residuales y una infraestructura hidráulica envejecida evidencian rezagos técnicos que van más allá del incumplimiento de
compromisos internacionales, como los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU. Se trata, en realidad, de un modelo de gestión que ha normalizado la escasez, la contaminación y la ineficiencia.
Este escenario se ve agravado por el cambio climático, la expansión urbana desordenada y una planeación hídrica fragmentada. La pregunta ya no
“La sobreexplotación de acuíferos, el bajo nivel de tratamiento de aguas residuales y
una
infraestructura
hidráulica envejecida evidencian rezagos técnicos que van más allá del incumplimiento de compromisos internacionales, como los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU.”
es si México enfrenta una crisis del agua, sino si está dispuesto a transformar su manera de gestionarla.
Sobreexplotación de Acuíferos: Un Límite Rebasado
México extrae cerca del 45 % de sus recursos hídricos renovables dispo -
nibles, muy por encima del umbral recomendado del 12.5 % establecido por organismos internacionales. El resultado es un estrés hídrico severo en regiones estratégicas. El Valle de México es el ejemplo más crítico: la presión sobre el recurso supera el 130 %, con una disponibilidad per cápita que apenas ronda los 150 m³ por
“México
extrae cerca del 45 % de sus recursos hídricos renovables disponibles, muy por encima del umbral recomendado del 12.5 % establecido por organismos internacionales.”
habitante al año, muy por debajo del umbral de escasez extrema.
La consecuencia más visible de esta sobreexplotación es la subsidencia del suelo, con hundimientos que en algunas zonas superan los 40 cm anuales, dañando redes de agua potable, drenaje y edificaciones. A esto se suman acuíferos colapsados en
el norte, el Bajío y el Pacífico, cuya recarga natural es insuficiente frente a una demanda creciente, impulsada principalmente por la agricultura intensiva y la concentración urbana.
Más allá del reto técnico, este fenómeno revela un problema de gobernanza. Persistir en un esquema extractivo sin control ni monitoreo
inteligente equivale a hipotecar la seguridad hídrica futura. Tecnologías como la recarga artificial de acuíferos, los humedales construidos y el monitoreo digital mediante sensores e imágenes satelitales existen y han demostrado su eficacia en otros países. Su adopción en México no es una cuestión de viabilidad técnica, sino de prioridad estratégica.
Aguas Residuales: El Recurso que Seguimos Desperdiciando
El tratamiento de aguas residuales es otro de los grandes pendientes. Apenas dos terceras partes del agua residual generada recibe algún tipo de tratamiento, en su mayoría primario, insuficiente para proteger ecosistemas y cuerpos de agua. En cuencas como Lerma-Santiago-Pacífico o el Valle de México, una proporción significativa de los puntos monitoreados
rebasa los límites permisibles de contaminantes, afectando tanto aguas superficiales como subterráneas.
Esta situación representa un doble fracaso: ambiental y económico. Cada litro de agua residual no tratada adecuadamente es una fuente de contaminación, pero también una oportunidad perdida para la reutilización en agricultura, industria o recarga de acuíferos. Países como Singapur o Israel han demostrado que, con inversión en tratamiento avanzado y una regulación clara, las aguas residuales pueden convertirse en una fuente estratégica de abastecimiento.
En contraste, el gasto público destinado al sector hídrico en México sigue siendo insuficiente frente a la magnitud del reto. Modernizar plantas con tratamiento terciario, sistemas de
“Tecnologías como la recarga artificial de acuíferos, los humedales construidos y el monitoreo digital mediante sensores e imágenes satelitales existen y han demostrado su eficacia en otros países.”
desinfección avanzada y esquemas de reúso no es un lujo tecnológico, sino una condición mínima para la sostenibilidad hídrica.
Cobertura vs. Seguridad: Una Brecha Persistente
Si bien las cifras oficiales indican una cobertura cercana al 99 % en acceso al agua potable, la realidad es menos alentadora. Solo alrededor del 43 % de la población recibe agua de forma continua, segura y con calidad verificada. En muchas ciudades, los tandeos, las fugas —que en algunos sistemas superan el 40 %— y la falta de mantenimiento predictivo son parte de la cotidianidad.
El problema no se distribuye de manera homogénea. El Centro y el Bajío concentran altos niveles de estrés
hídrico; el Valle de México enfrenta una brecha estructural entre oferta y demanda; y el norte del país vive sequías cada vez más intensas, con acuíferos que no logran recuperarse ni siquiera en años lluviosos. Todo ello exige una visión diferenciada por región, apoyada en datos, tecnología y planeación de largo plazo.
Impactos y Oportunidades de una Transformación Pendiente
La crisis hídrica no se limita al sector agua. Afecta directamente a la agricultura, responsable de más del 70 % del consumo, donde persisten esquemas de riego ineficientes. Impacta a la industria, que enfrenta paros operativos por falta de suministro, y profundiza desigualdades sociales, especialmente en comunidades rurales e indígenas.
“La verdadera revolución hídrica no está en construir más presas, sino en cambiar la lógica con la que gestionamos el recurso. Apostar por eficiencia, inteligencia y resiliencia es decidir entre un país que se adapta y uno que se resigna a la escasez.”
Sin embargo, también abre una ventana de oportunidad. La transición hacia una economía circular del agua podría detonar empleos, innovación tecnológica e inversión verde. La digitalización de redes, el reúso, la eficiencia hídrica y la integración agua-energía representan áreas estratégicas donde México puede avanzar si existe coordinación entre gobierno, sector privado y academia.
La verdadera revolución hídrica no está en construir más presas, sino en cambiar la lógica con la que gestionamos el recurso. Apostar por eficiencia, inteligencia y resiliencia es decidir entre un país que se adapta y uno que se resigna a la escasez.
La pregunta queda abierta: ¿será México protagonista de su transformación hídrica o espectador de una crisis anunciada?
La rentabilidad de la tecnología en la CONSTRUCCIÓN
Trabajar más ya no es una estrategia rentable
OPTIMIZAR
Por: Mtro. Óscar Coello H.
Durante años, en la construcción confundimos rentabilidad con aguante. Aguantar costos, aguantar retrasos, aguantar errores y compensarlos con más horas de
trabajo. Funcionó mientras el tiempo fue elástico y el esfuerzo humano alcanzaba para tapar fallas estructurales. Pero ese modelo está llegando a su límite. Hoy, la pregunta ya no es
cuánto cuesta construir, sino cuánto nos cuesta seguir decidiendo tarde y con poca información.
La razón no es únicamente económica. Es estructural. La industria está entrando en una etapa donde el tiempo disponible se reduce y la exigencia aumenta. La transición hacia una jornada laboral de 40 horas no es un ajuste menor: elimina la holgura que durante décadas permitió operar con ineficiencias sin que estas se volvieran críticas.
Con menos horas para ejecutar, cada decisión pesa más, cada error cuesta más, cada retraso deja menos espacio para corregir. En ese contexto, la rentabilidad deja de depender exclusivamente de cuánto se construye y empieza a depender de cómo se decide.
Quienes llevamos años viendo repetirse los mismos problemas sabemos que no son excepciones ni accidentes aislados: son patrones. Retrabajos que se normalizan, decisiones que llegan tarde, información que no está donde
se necesita cuando se necesita. Durante mucho tiempo, esos problemas se absorbieron con esfuerzo y tiempo adicional. Hoy, ese margen ya no está garantizado.
Ahí es donde la tecnología entra al centro de la discusión, no como promesa ni como tendencia, sino como herramienta operativa. La tecnología rentable no es la que impresiona ni la que se presume, sino la que ordena. La que permite ver antes, reducir la incertidumbre y transformar la toma de decisiones de reactiva a anticipada.
Tal vez la pregunta incómoda no sea si la tecnología funciona, sino si estamos dispuestos a aceptar que muchas de las pérdidas que hoy asumimos como normales eran, en realidad, evitables.
Una parte importante de la pérdida de rentabilidad del sector no proviene de factores externos, sino de fallas internas que se repiten proyecto tras proyecto: falta de coordinación, ajustes tardíos, información dispersa, decisio-
“La tecnología rentable no es la que impresiona ni la que se presume, sino la que ordena. La que permite ver antes, reducir la incertidumbre y transformar la toma de decisiones de reactiva a anticipada.”
nes tomadas sin visibilidad completa. No son fallas extraordinarias; son fallas estructurales que se volvieron parte de la rutina porque había tiempo para absorberlas.
El tiempo ya no está garantizado. Lo que se vio recientemente en foros internacionales como el CES 2026 no es relevante por la tecnología en sí, sino por lo que confirma: la industria pesada y productiva se está moviendo hacia modelos donde la inteligencia artificial, la simulación y la automatización se integran directamente a la operación diaria. No para sustituir personas, sino para reducir errores humanos, anticipar conflictos y optimizar decisiones antes de ejecutarlas físicamente.
El mensaje es claro. Las industrias que están adoptando estas herramientas no lo hacen para verse modernas, sino para operar con mayor control en entornos cada vez más exigentes y con menor tolerancia al error.
Este mismo cambio se refleja en la forma en que hoy se entiende la dirección de proyectos. Que organismos como el Project Management Institute (PMI®) estén incorporando certificaciones específicas para la gestión de iniciativas con inteligencia artificial no es anecdótico.
Es una señal de que el estándar profesional está evolucionando. Gestionar datos, automatizar procesos y tomar decisiones informadas empieza a ser tan relevante como el conocimiento técnico tradicional.
En la construcción, esto tiene una implicación directa: la eficiencia ya no es una ventaja competitiva; es el nuevo punto de partida. Quien no logre reducir retrabajos, acortar ciclos de decisión y mejorar la coordinación con información confiable verá erosionarse su margen, independientemente del volumen de obra que ejecute.
Los datos empiezan a respaldar esta realidad. Proyectos que integran planeación digital, control en tiempo real y modelos de simulación muestran reducciones significativas en retrabajos, menores desviaciones de plazo y menos conflictos contractuales. No porque la tecnología haga el trabajo por sí sola, sino porque elimina decisiones tardías y errores evitables.
En este contexto, vale la pena redefinir el concepto de rentabilidad. Hoy, rentabilidad ya no significa exprimir más la operación, sino reducir sistemáticamente el error. Menos tiempo desperdiciado, menos correcciones, menos improvisación. Es una rentabilidad silenciosa, constante, que se acumula proyecto tras proyecto.
En paralelo, la reducción de la jornada laboral obliga a replantear una idea profundamente arraigada en el sector: que el esfuerzo compensa la falta de sistema. Esa ecuación deja de funcionar cuando el tiempo se vuelve un recurso limitado. A partir de ahí, la única variable realmente optimizable es la eficiencia.
El 2026 no va a distinguir entre quienes se esfuerzan y quienes no. En la construcción, el esfuerzo siempre ha estado ahí. La diferencia la va a marcar quién logra decidir mejor con menos
margen de error. Con jornadas más cortas, mayor fiscalización y clientes cada vez más exigentes, la improvisación deja de ser tolerable. La rentabilidad ya no se construye con horas extra ni con resistencia operativa; se construye con precisión.
Y en esta nueva etapa, la tecnología deja de ser una ventaja estratégica para convertirse en el requisito mínimo para permanecer en el mercado. No reemplaza la experiencia; la vuelve útil en un entorno donde el error ya no es negociable.
“Es una señal de que el estándar profesional está evolucionando. Gestionar datos, automatizar procesos y tomar decisiones informadas empieza a ser tan relevante como el conocimiento técnico tradicional.”
El Arquitecto que decidió diseñar para la gente no para el ego
Alejandro Aravena | Arquitecto
Alejandro Aravena es un ejemplo claro de cómo la arquitectura puede ser una herramienta de transformación social cuando se toman decisiones con visión y responsabilidad. Su liderazgo no se basa en la forma icónica, sino en entender el contexto, los recursos disponibles y las necesidades reales de las personas. Como fundador de ELEMENTAL, replanteó el modelo tradicional de vivienda social al decidir no diseñar casas completas, sino estructuras progresivas que las familias pudieran ampliar con el tiempo, dignificando el proceso de habitar.
Ejemplo que transforma: El proyecto Quinta Monroy, en Iquique, Chile, marcó un antes y un después en la vivienda social al demostrar que, con la decisión correcta, es posible generar ciudad, comunidad y patrimonio, incluso con presupuestos limitados. Aravena eligió impacto a largo plazo sobre soluciones inmediatas.
PRIORIZAR
Enrique Peñalosa
que entendió que la infraestructura también puede sanar ciudades El Ingeniero
Enrique Peñalosa ha demostrado que las decisiones de infraestructura son, en esencia, decisiones sociales. Desde el liderazgo público, impulsó una visión donde el espacio urbano se diseña para las personas y no para los automóviles. Su formación como ingeniero civil se tradujo en una lectura clara del territorio: la equidad también se construye con banquetas, parques y transporte público eficiente.
Ejemplo que transforma:
El sistema TransMilenio y la recuperación del espacio público en Bogotá redefinieron la movilidad y la calidad de vida de millones de personas. Peñalosa tomó decisiones impopulares en su momento, pero estratégicas a largo plazo, demostrando que la infraestructura bien pensada puede cambiar comportamientos, ciudades y futuros.
cuando la Fórmula 1 se convierte en
infraestructura de innovación
PROYECTAR
La llegada de Audi a la Fórmula 1 en 2026 no es solo un debut deportivo: es una decisión estratégica. Con el Audi R26, la marca de los cuatro aros entra a la categoría más exigente del automovilismo como quien invierte en infraestructura de alto impacto: con visión de largo plazo, ingeniería propia y objetivos claros.
El proyecto nace tras la adquisición total de Sauber Motorsport, permitiendo a Audi construir una estructura global de desarrollo entre Alemania, Suiza y el Reino Unido. No se trata únicamente de un monoplaza, sino de una red de talento, tecnología y procesos diseñada para competir bajo los nuevos reglamentos técnicos de 2026, donde la
electrificación y los combustibles sostenibles serán protagonistas.
El R26 representa una nueva identidad para la marca en pista: diseño limpio, lenguaje tecnológico y una clara intención de competir al más alto nivel. Audi ha sido contundente en su mensaje: no llega para participar, sino para construir un proyecto ganador, con la meta de pelear por campeonatos hacia el final de la década.
Además del desafío técnico, la entrada de Audi al Mundial de F1 amplifica su marca a una audiencia global de más de mil millones de personas cada tem-
porada. Asociaciones con patrocinadores de talla mundial, como Revolut, Adidas, BP y Castrol, enfatizan el valor comercial de este proyecto que trasciende los circuitos.
El caso Audi en la F1 ilustra cómo una compañía puede convertir el deporte de alto rendimiento en plataforma de transformación corporativa, catalizando innovación interna, visibilidad global y nuevas formas de integrar tecnología y marca.
Porque en Fórmula 1, como en infraestructura, no solo se compite, se construye futuro.
EL BLAZER DE QUIEN prendas
que trabajan
Para quien toma decisiones y lidera proyectos, la vestimenta dejó de ser un gesto estético. Hoy es infraestructura personal: una extensión de la claridad, la presencia y la capacidad de responder con solvencia a agendas complejas, viajes constantes y reuniones clave.
El blazer contemporáneo entiende ese ritmo. Acompaña jornadas no lineales —oficina, sala de consejo, recorrido o traslado— sin perder forma, autoridad ni estilo. No impone rigidez: se adapta.
BLAZER
DIRIGE
trabajan contigo
Para ella
El Good Wool Blazer de Theory representa la evolución de la sastrería ejecutiva femenina hacia una estética limpia, funcional y segura. Su corte minimalista proyecta autoridad con naturalidad, mientras la lana de alta calidad aporta durabilidad, regulación térmica y una caída impecable. Es una prenda pensada para dirigir desde la claridad, donde cada detalle comunica consistencia.
Para él
El Commission Blazer de Lululemon traslada la lógica del alto rendimiento al entorno ejecutivo. Combina diseño sobrio con tejidos técnicos que ofrecen elasticidad, confort térmico y resistencia a arrugas. El resultado es un blazer híbrido, ideal para jornadas largas, traslados constantes y decisiones que no se detienen.
PRESIDENTES DE MÉXICO
Entre amputaciones, estaturas y otras curiosidades físicas
Por:Dr. Ricardo Damián García Santillán
Cuando pensamos en los presidentes de México solemos imaginarlos desde el poder, la política, las guerras, las reformas, los discursos y los conflictos. Rara vez nos detenemos en algo tan humano como su cuerpo: sus estaturas, sus heridas, sus pérdidas físicas, sus limitaciones… y, sin embargo, ahí también se esconde historia.
Porque algunos gobernaron sin un brazo, otros con prótesis, unos eran gigantes y otros diminutos, y varios cargaron en su propio cuerpo las cicatrices literales de la patria.
En México, incluso los cuerpos de sus gobernantes han sido campos de batalla.
GOBERNAR
A partir de aquí, historia pura… Antonio López de Santa Anna: el presidente que perdió una pierna… y la enterró con honores
Imposible iniciar sin él. Antonio López de Santa Anna no solo es famoso por perder territorios, sino también por perder una pierna.
En 1838, durante la Guerra de los Pasteles contra Francia, un cañonazo le destrozó la pierna izquierda. La herida fue tan grave que los médicos no tuvieron opción: amputación inmediata. Santa Anna, siempre teatral, mandó enterrar su pierna con honores militares, con banda de música y ceremonia oficial en el panteón de Santa Paula.
Años después, cuando el pueblo lo odiaba, desenterraron la pierna y la arrastraron por las calles como acto de protesta. El símbolo fue demoledor: así como habían honrado la pierna, ahora humillaban al personaje.
Posteriormente usó una prótesis de madera y corcho, una de las primeras en México. Una de ellas fue capturada por soldados estadounidenses en la batalla de Cerro Gordo y hoy se exhibe en un museo en Illinois.
Santa Anna gobernó… cojo de la historia y del cuerpo.
Álvaro Obregón: el presidente manco que ganó guerras y elecciones Álvaro Obregón perdió el brazo derecho en 1915, durante la Batalla de Celaya, en plena Revolución Mexicana. Una granada explotó cerca de él y la amputación fue inevitable.
Lejos de ocultarlo, Obregón convirtió
su mutilación en símbolo de valentía. Solía bromear diciendo:
“No tengo brazo, pero tengo cabeza.”
Gobernó México de 1920 a 1924 sin su brazo derecho, firmaba con la izquierda, escribía sin dificultad y nunca permitió que su discapacidad se convirtiera en debilidad política. Su
brazo amputado fue conservado durante años y se exhibió en el Monumento a la Revolución.
Un presidente literalmente incompleto… pero políticamente entero.
Manuel González: el otro presidente que también perdió un brazo
Menos recordado, pero igual de marcado por la guerra, Manuel González Flores, presidente de 1880 a 1884, perdió el brazo derecho en la Batalla de Puebla de 1862 luchando contra los franceses.
Pertenecía a esa generación de militares que llegaron al poder con el cuerpo ya sacrificado por la patria. Su mutilación era evidente, aunque procuraba disimularla en actos públicos.
México tuvo, en menos de medio siglo, dos presidentes mancos. Y no por accidente, sino por guerra.
Guadalupe Victoria: el presidente epiléptico
Guadalupe Victoria, primer presidente de México, padecía epilepsia.
Sufría crisis convulsivas frecuentes, algo que en su época se interpretaba con ignorancia, miedo y superstición.
Aun así, gobernó con firmeza y logró estabilizar al país tras la Independencia. Hoy sabemos que su condición neurológica fue un reto enorme en un México apenas naciente, políticamente frágil y socialmente convulso.
Un presidente con ataques epilép -
ticos… en una nación con ataques constantes.
Gustavo A. Madero: el ojo de vidrio y una muerte brutal en la Decena Trágica
No fue presidente, pero caminó al lado del poder y pagó con el cuerpo. Gustavo Adolfo Madero, hermano de Francisco I. Madero, tenía un ojo de vidrio. Había perdido el ojo por una enfermedad en su juventud y utilizaba una prótesis ocular.
vidrio antes de asesinarlo.
No solo lo mataron. Lo despojaron de su identidad física como acto de escarnio.
El mensaje fue claro: aquí no solo se derroca al poder, se destruye al hombre.
Benito Juárez: un presidente pequeño… y grande
En estatura, Benito Juárez medía aproximadamente 1.37 – 1.40 m. Fue, sin duda, uno de los presidentes más bajos que ha tenido México.
De origen zapoteca, complexión pequeña, apariencia frágil… pero con una fuerza política monumental. La ironía histórica es perfecta: el hombre más pequeño físicamente… el más grande institucionalmente.
Juárez demuestra que en México la estatura nunca ha definido la grandeza.
Durante la Decena Trágica en febrero de 1913, fue capturado por fuerzas leales a Victoriano Huerta y Félix
Díaz. Lo que siguió fue una de las escenas más crueles de nuestra historia política: fue golpeado, torturado, humillado… y le arrancaron su ojo de
Maximiliano de Habsburgo: el emperador alto y europeo
Aunque no fue presidente sino emperador, Maximiliano de Habsburgo merece mención. Medía alrededor de 1.87 m, de porte elegante, barba
cuidada y presencia imponente.
Su físico reforzaba la imagen monárquica que intentaba proyectar: el príncipe europeo gobernando tierras americanas.
Un gigante extranjero en un país que nunca terminó de aceptarlo.
Vicente Fox: el presidente más alto de México
Aquí no hay discusión. Vicente Fox
Quesada mide aproximadamente 1.92 – 1.93 m, lo que lo convierte en el presidente más alto de la historia de México.
Su estatura fue parte de su marca personal. En fotografías sobresale, en reuniones domina visualmente, en eventos internacionales impone presencia. Fue el primer presidente que literalmente veía a todos desde arriba.
Al final, nuestros presidentes no solo han sido figuras de poder, también han sido cuerpos vulnerables. Algunos gobernaron sin brazos, otros con prótesis, unos con enfermedades, otros con estaturas que desafiaban los estándares de su tiempo.
México ha sido dirigido por cojos, mancos, epilépticos, pequeños gi -
gantes y gigantes literales.
Y quizá eso nos dice algo profundo:
Que el liderazgo no nace del cuerpo perfecto, sino del carácter. Porque en México, incluso las cicatrices… cuentan historia.
HOTELES QUE NO HOSPEDAN los nuevos hubs de negocios
CONECTAR
Hoy, algunos hoteles han dejado de ser solo un lugar para dormir y se han convertido en puntos estratégicos donde se construyen relaciones, se cierran tratos y se genera valor real. La infraestructura hotelera está evolucionando hacia espacios híbridos que combinan hospedaje, trabajo, networking y experiencias profesionales.
La tendencia de integrar espacios de trabajo y coworking dentro de los hoteles responde a una lógica clara: aprovechar instalaciones infrautili-
zadas para ofrecer servicios de alto valor a ejecutivos, emprendedores y equipos en viaje de negocios. Estos espacios incluyen áreas con estaciones de trabajo, salas de reunión privadas y entornos diseñados para colaborar y conectar, más allá de una sala de juntas tradicional.
Un ejemplo de este enfoque lo representa The Social Hub, una cadena de hoteles híbridos presente en varias ciudades europeas que combina alojamiento con espacios de coworking,
salas de reunión y eventos, además de áreas sociales, gimnasio y restaurantes pensados para viajeros profesionales. Sus instalaciones están diseñadas para que no solo se hospede, sino que se trabaje, se colabore y se generen conexiones de alto impacto en un entorno urbano dinámico.
Este tipo de infraestructura aporta flexibilidad, conectividad y comunidad: ejecutivos pueden reservar un escritorio, reunirse con clientes, organizar talleres o cerrar acuerdos sin salir del
hotel. Para las empresas, significa contar con un entorno preparado para trabajo de alto nivel sin las rigideces de oficinas fijas.
Los hoteles con coworking integrado reflejan una transformación significativa: están redefiniendo lo que significa viajar por negocios, convirtiendo el descanso, la logística y el trabajo en una sola experiencia diseñada para quienes deciden, negocian e invierten.