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23 de enero de 2026






























Jóvenes talentos
Los sueños y el arte de Ilom y Mariana
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aprendiz del asombro César Soto es el eterno


Referirse a la Universidad de San Carlos de Guatemala (USAC) en sus 350 años fundacionales es tocar el alma del conocimiento que la academia ha aportado al país y a la región, no solo desde la historia, sino por el avance en los ámbitos de la vida nacional; está en permanente cambio, a veces en crisis y otras en avance.
La Revista Viernes describe el origen de la USAC, marcado desde su aparición (unos 120 años antes del siglo XV) en la lucha por acceso a educación superior y los 470 años que suma todosu proceso, antes de emerger a la vida pública. Previo al acta de su promulgación en 1676, la enseñanza en centros coloniales se instaló bajo el modelo europeo, en Lima, Perú; Santo Domingo, República Dominicana y México, para lograr una conquista administrativa.
En su recorrido, la USAC ha enfrentado cierres, crisis, reformas y crímenes de sus mejores hijos, desde que conquistó la autonomía tras la Revolución de 1944, que no ha sido propósito primario, son principios en constante movimiento, por tanto espacio de disputa y resistencia.
Director General: Edin Hernández
Para la sección Guía de libros, se divulga Para mí, eres divina, de David Unger, que narra la vida de Olivia Padilla Xuc en tres etapas y en las que rescata la voz de una mujer indígena en épocas en las que no la tenía, para desafiar los hechos que cambiaron su destino.
En la Entrevista, Patricia Sorg, pintora y escritora guatemalteca que se marchó del país, comenta su último libro Hanupú, un relato sobre la conquista española, pero en una epopeya que teje voces silenciadas, mitos y preguntas presentes entre la gente. Explica de qué manera combina el arte de escribir y de pintar, y parte de sus pasiones para crear.
Para el apartado de Biografía, se presentan los 48 años de trayectoria de César Soto, un maestro de la magia que evolucionó del truco clásico hasta alcanzar la excelencia, a base del autodidactismo y esfuerzo recurrente de pervivir en la Biblioteca Nacional Luis Cardoza y Aragón para copiar a mano enciclopedias del arte del ilusionismo.
En Huella chapina, se cuenta la historia de Luis Cárdenas, un connacional que cumple su sueño de ser piloto aviador, gracias a una beca que lo beneficia en Taiwán.
Subdirector técnico: Miguel González Moraga
Coordinación de Información: Mario Antonio Ramos
Editor: Hugo Sergio Del Águila
Redactores: Narcy Vásquez, Isa Enríquez y Pablo Cahuec
Diseño Gráfico: Juan Rene Chicoj
Diseño Portada: Tania López
Diagramación: Sulhema Pacheco y Diana Guerra
Corrección: Pedro Meda y Mynor Reyes Guzmán
Digitalización: Freddy Pérez
En Guatemala se celebra el 25º aniversario de El Señor de los Anillos: La Comunidad del Anillo, con su reestreno en las salas de Cinépolis. La película regresa en su versión extendida y estará disponible hasta el 28 en distintos horarios, que puede consultar directamente en la cartelera. Adquierasus entradas en la página web de Cinépolis.
Cuentos que caben en la mochila, impartido por Italo Vettorazzi, a las 16:00 horas, en Sophos niños (Fontabella, zona 10). Entrada libre.
La danza maya prehispánica Rabinal Achi se presentará con actividades programadas desde el 23 hasta el 1 de febrero, en Rabinal, Baja Verapaz.
Charla El dominio de sí mismo, a las 18:30 horas, en Nueva Acrópolis: 7a. calle 3-62, zona 1. Ingreso gratuito.
Casa No’j inicia el año con Capítulo I, la nueva exposición del artista Josué Batén, una propuesta fresca, experimental, que marca el comienzo de las galerías 2026. La muestra permanecerá abierta durante todo enero. Admisión sin costo.
La última fecha para inscribirse en el Plan Diario Vespertino del Conservatorio Nacional de Música Germán Alcántara será en su sede ubicada en la 3a. avenida 4-61, zona 1 de la capital. La convocatoria está dirigida a jóvenes entre 7 y 18 años, quienes serán atendidos en horario de 14:00 a 16:30, por orden de llegada.
Cine foro virtual Defensoresyresilienciadesdelos paisajes, un espacio de diálogo, reflexión y acción colectiva en su primera edición virtual, impulsado por el proyecto PARES. Se transmitirá vía zoom Facebook Live, a las 19:00 horas.


El libro Paramí,eresdivina, de David Unger, narra la vida de Olivia Padilla Xuc en tres etapas marcadas: su origen y la dureza del trabajo en el campo. La transición de su vida al convertirse en interna y para tener acceso a los estudios, y la tercera el viaje a México, donde vivirá su autodescubrimiento. Esta novela fue presentada en la reciente edición de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara y fue traducida por la escritora Denise Phé- Funchal.
Esta obra rescata la voz de una mujer indígena en una época donde no la tenía (la historia se desarrolla en la década de los ochenta). La protagonista no solo busca el amor, sino entenderse a sí misma fuera de las estructuras opresivas de la Guatemala del conflicto armado.
Para ella, México representa la libertad, modernidad y la posibilidad de convertirse en alguien. Es así como este libro nos presenta la historia de una mujer que desafía su destino predeterminado. Olivia se muestra como un personaje de diferentes etapas donde se cuestionan las cosas básicas de la vida: la familia, el amor y la muerte.
Este es un personaje que lucha constantemente contra el sentimiento de no merecer las oportunidades que le llegan, reflejo de la internalización del racismo y la discriminación que ha vivido desde niña.
También se aborda el tema de la segregación, ya que Olivia, para encajar en los nuevos círculos sociales (en Guatemala y México), trata de ocultar su pasado campesino.
La novela sirve como una crítica a las estructuras de poder guatemaltecas que perpetúan la discriminación racial y de clase, y de cómo la figura central moldea la percepción que tiene sobre ella misma.
Otro tema sobresaliente de esta novela es la migración. Olivia decide viajar a México en busca de un padre ausente y una nueva vida para encontrar esa desconocida identidad que tanto necesita.
“El autor ha creado una protagonista femenina inolvidable. Es tímida, pero fuerte; poco agraciada, pero sensual; se siente culpable, también enojada con su familia por haberla abandonado. Desea amar y ser amada, hecha de carne y hueso; nos identificamos con ella gracias a la prosa natural y fluida del autor, además contiene imágenes sorprendentes”. • F&G Editores










La historia se sitúa en una Guatemala imaginaria, donde una organización religiosa y política llamada La Congregación ha tomado el control del país. Justamente de ahí viene el título de la novela Indulgencia plenaria perpetua como una disculpa de los pecados y de cómo los políticos pueden comparar el perdón de sus crímenes.
El libro retrata cómo las instituciones de justicia, la policía e incluso la religión se fusionan para proteger una élite, y Rodrigo Rey Rosa utiliza una historia distópica para hablar de lo que ya existe en Guatemala: la cooptación del sistema judicial, el uso de la fe para manipular a las masas, la vigilancia constante y la eliminación de la disidencia.
La indulgencia es uno de los conceptos más llamativos del título de la novela, ya que para esta historia el perdón no es un acto de fe, sino de transacción comercial y política. También se resalta el tema del abuso del poder que no solo se ejerce con armas, sino que con el control del pensamiento y la moralidad a través de “La Congregación”.
Uno de los personajes más sobresalientes es Silencio, quien también es una metáfora de Guatemala: de las víctimas que no pueden o no se atreven a hablar. Este personaje, como lo indica su nombre, es de pocas palabras, pero es un testigo ocular que se convierte en la memoria de los crímenes que no se olvidan. Silencio es la representación de una resistencia pacífica, y en una historia donde la palabra tiene mucho poder como los discursos religiosos, permanecer en silencio es todo un acto revolucionario. • F&G Editores
Es una historia breve y luminosa que nace del diálogo entre el Dalai Lama y Patrick McDonnell, creador de Mutts. A modo de fábula moderna, el libro De corazón a corazón trans mite un mensaje de espe ranza, amor y responsabi lidad hacia el planeta. Con ilustraciones delicadas y palabras sencillas, invita a reflexionar sobre la empa tía, el cambio climático y la urgencia de actuar con compasión. Publicado por Plaza & Janés, es ideal para lectores de todas las edades que buscan inspiración desde la ternura y la conciencia espiritual. • Sophos


Textos: Isa Enríquez
Fotos: Netflix y redes



Desde hace ya un tiempo, Hollywood parece haber perdido la receta para algo que muchos ningunean, pero pocos saben hacerlo bien: Una buena comedia romántica. Lo que antes dábamos por sentado en las películas de Julia Roberts o Sandra Bullock, hoy se siente casi inalcanzable, y por eso celebramos cada título que logra despertar, aunque sea, una parte de aquella emoción de los bailes bajo la lluvia y las confesiones de amor tan exageradas como entrañables. Eso es, justamente, Gente que conocemos en vacaciones
Un collage consciente de todo lo que funcionó en el género y que no tiene pudor en abrazarlo.
La historia de dos amigos que se conocen en la universidad y que, entre viajes y veranos compartidos, descubren que lo suyo siempre fue algo más. El punto de partida recuerda inevitable -
mente a Cuando Harry encontró a Sally, con polos opuestos, química inmediata y una relación construida a base de tropiezos, silencios incómodos y sentimientos mal gestionados.

La cinta que puede verse en Netflix apuesta por la comedia sin perder de vista el romance y, sobre todo, por un amor que se construye con tiempo, complicidad y comunicación. No intenta ser cínica ni moderna a la fuerza, ni venderse como algo distinto a lo que es. Al contrario, se nota enamorada del amor, de sus gestos pequeños, de la amistad como base y de esa idea reconfortante de que la pareja también puede ser tu lugar seguro.
No reinventa el género ni lo necesita. Funciona porque no le tiene miedo a los clichés y porque entiende que una buena comedia romántica no se trata de evitar la cursilería, sino también de usarla con honestidad.
Este filme es, en el fondo, ese abrazo cálido que uno extrañaba sin saberlo.



WakeUpDeadMan confirma por qué la saga Knives Out funciona tan bien y por qué las películas de misterio son encantadoras. Esta tercera entrega no solo corrige los excesos de la anterior, sino también recupera el placer del enigma bien construido y de los personajes que se sienten vivos. La trama se sitúa en una iglesia liderada por un monseñor carismático y tóxico. A ese entorno llega Yod, un cura bonachón con pasado turbulento, que encarna el lado más puro de la fe. El asesinato ocurre en el peor momento y, como suele pasar, todas las pistas parecen señalar al sospechoso evidente. Aquí, la fe no es un chiste ni una excusa narrativa, es el corazón del conflicto. La película la observa con cuidado, muestra tanto su lado más humano como su versión oscura. No es un ataque a quienes creen, sino a quienes manipulan la creencia. Es una cinta entretenida que demuestra que este universo confía en la historia y no en la caricatura, el resultado es muchísimo mejor. • Netflix




Es parte de una idea tan extraña como reveladora. En Japón, existen agencias que alquilan familiares para cubrir ausencias concretas, y la película de Hikari, disponible en salas de cine, se instala en ese espacio incómodo entre la representación y la necesidad real de afecto. Brendan Fraser interpreta a un actor estadounidense que llegó a Tokio por un anuncio y queda atrapado en una vida que nunca despegó. Todo parece manejable hasta cuando una mujer le pide que finja ser el padre ausente de su hija, y la frontera entre lo actuado y lo emocional empieza a desdibujarse. Ahí surge lo interesante: Qué ocurre cuando lo falso se siente real. El filme sugiere dilemas y afectos, aunque no siempre se atreve a llevarlos hasta el fondo.

La autora alterna sus jornadas entre la literatura y la pintura, inspirándose en Guatemala.






Texto: Narcy Vásquez
Fotos: Jesús Alfonso
En el cruce entre la memoria y la imaginación, la artista guatemalteca Patricia Sorg conduce a un territorio donde la historia se revela como herida abierta y el arte como bálsamo. Hunapú, su más reciente libro, de editorial Piedrasanta, no es solo un relato de la conquista: es una epopeya que hilvana voces silenciadas, mitos y preguntas que aún laten en el pueblo. Entre pinceles bañados por la luz tropical y páginas teñidas de misterio gótico, muestra cómo la pasión puede reconstruir el dolor en belleza y la resistencia en legado perdurable.
En esta entrevista con el Diario de Centro América es la proclamación de quienes no han sido escuchados, es acto de redención y legado. Esta novela la promociona en su tierra natal. La trama se sitúa en 1539. Sigue a Teresa, quien huye de Sevilla buscando redención y termina en el “Nuevo Mundo”. Allí se ve atrapada entre las intrigas de doña Beatriz de la Cueva, la ambición de Pedro de Alvarado y una resistencia

Patricia Sorg, pintora y escritora nacida en la ciudad de Guatemala en 1956, ha logrado que su obra pictórica sea reconocida tanto en América Latina como en Estados Unidos.
Con el tiempo, amplió su horizonte creativo hacia la narrativa.
Su primera novela, Montañas que tocan el cielo (Mountains That Touch the Sky), fue publicada en español e inglés, y más tarde presentó Habits That Haunt Me (Tan cerca que no se mira).
En la actualidad, reside en Florida, Estados Unidos, donde continúa pintando y escribiendo, siempre fiel a las tradiciones y leyendas de su tierra natal.

indígena que clama justicia. Es una historia sobre la caída de la ciudad de Santiago, arrasada por la furia de la naturaleza, y el nacimiento de un mito que todavía resuena en nuestra gente. Su investigación se extendió por un año.







Patricia Sorg comparte su nuevo
libro que articula el rigor cronístico con la imaginación ficcional

¿Influencia el país en sus creaciones?

¿Cómo manejó las contradicciones?
Investigué a los cronistas de la época y descubrí que todos se contradicen, pero esas discrepancias abrieron grietas que me permitieron, mediante la imaginación y el respeto histórico, rellenar lo que no se dijo. Mi intención es que la narración eduque y entretenga. No doy respuestas, busco que el lector llegue a sus propias conclusiones.
¿De qué forma combina escribir y pintar?
Nacen de lados diferentes. La pintura es visual e inmediata; puedo terminar un cuadro en una semana. Escribir una obra es un proceso que me toma un año; debo convertirme en cada personaje: en el enemigo, en el pordiosero, incluso en el volcán. Ambas son pasiones que dan sentido a mi vida.





Todo lo que hago es por Guatemala. Mi paleta es colorida porque nací en el color. Pinto al óleo y lo hago al aire libre. Capturo la luz antes de que el sol se mueva y cambie la tonalidad. Soy impresionista porque busco capturar el detalle de esa luz tropical tan intensa.





¿Qué paralelismos halla en el pincel y la pluma?

El principal es contar historias. Un cuadro no es una imagen; el espectador puede pasar la vida preguntándose qué siente la persona retratada. El pintor entrega una historia, pero el observador la hace suya. Lo mismo ocurre con el libro: cada lector ve un aspecto diferente.
¿Cómo transforma la historia?
No busco asirme a una leyenda negra, pero es innegable que nuestro pueblo sufrió imposiciones. Perdimos identidad. Con este libro quiero ser la voz de los callados, rescatar ese sentimiento de saber de dónde somos y venimos.
¿A quién elegiría para conversar?
Hablaría con Pedro de Alvarado. Preguntaría ¿por qué tanta crueldad? ¿Por qué esclavizó si venía a evangelizar? Me gustaría confrontar su ambición de dejar Guatemala tirada.

Mariana sostiene su guitarra mientras que Ilom toca su u-bass o bajo ukelele.





Juntos suelen interpretar boleros y bachatas, y covers de Luis Miguel.

Los hermanos se enamoraron de los acordes. Dedican su vida al arte gracias al ejemplo de sus padres
Texto: Pablo Cahuec Fotos: Carlos Caljú
En los pasillos del Conservatorio Nacional de Música Germán Alcántara están llenos de sueños. Entre ellos los de los hermanos Pocasangre Noriega. Ilom, de 11, y Mariana, de 17 años, quienes desde pequeños construyen su vida alrededor de la música con disciplina, constancia y convicción que han heredado de sus padres.
Inicio de estudios
Para Mariana, el ingreso al conservatorio, aún siendo pequeña, fue casi un paso natural. Para Ilom, ver a su padre tocar la guitarra despertó la curiosidad que, a los 4 años, lo llevó también a las aulas. Hoy, ambos se unen a la guitarra como instrumento principal, aunque su formación
es mucho más amplia. Mariana, además, canta, toca piano y se ha adentrado en el canto operático. Ilom complementa la guitarra con bajo, requinto y u-bass.
Estudian en plan diario, de lunes a viernes, en jornadas que inician por la tarde y se extienden hasta entrada la noche, después de cumplir con sus estudios. El equilibrio entre tareas, ensayos y clases exige sacrificios. A veces, cuentan, las tareas van con ellos al conservatorio y se finalizan en los pocos espacios libres. Los dos afirmaron que es parte del compromiso cuando uno persigue un sueño.
A pesar de las exigencias, destacaron el valor humano de la institución. Más allá de los horarios y disciplina, han encontrado maestros que los motivan y con quienes comparten anhelos, como les han enseñado sus padres, Zaida Noriega y Geovany Pocasangre.
Proyectos propios
Ilom y Mariana integran Los Hermanos Pocasangre, un proyecto musical en el que interpretan boleros y bachatas. Su repertorio incluye covers, en especial de Luis Miguel, uno de sus referentes actuales. La dinámica entre familia, explicó Mariana, hace que el trabajo fluya con naturalidad, por lo que la comunicación es casi intuitiva.
Además, han participado en diversas iniciativas como la big band, colectivas de guitarra y conciertos temáticos; incluye presentaciones de música popular y actividades especiales como el Día del Niño. Son experiencias que les han permitido enfrentarse al escenario, vencer nervios y reafirmar su vocación artística.
El futuro en la mira
Ilom se visualiza graduado, con estudios universitarios y viviendo del arte sonoro con un trabajo estable. Mariana se proyecta como cantante y también maestra de música, esperanzada en desarrollar una carrera artística sólida y sostenible.
“Muchas veces te dicen que no es un trabajo o que te vas a morir de hambre”, señaló Mariana. Ambos sostuvieron que si existe pasión, el esfuerzo y estudio abren caminos. Para Ilom se trata de “crear armonías solo si te gusta”.
Después de casi nueve años de formación, resumen lo que la música significa para ellos: “Es bonito tocar y escucharla, te alegras cuando lo que interpretas sale bien. Tocar en un escenario te pone nervioso, pero se siente bien”, confesó Ilom, mientras para Mariana “esto es mi vida, es una forma de satisfacción que da sentido al esfuerzo cuando sale bien”.
Es un esfuerzo en un país donde dedicarse al arte, por el solo hecho de disfrutar, puede ser difícil ante la falta de apoyo.
Testimonios como los de los Pocasangre revelan que el futuro de la música se forma hoy, en aulas llenas de jóvenes que, pese a todo, sostienen que vivir de esta rama artística y deleitar al mundo con ella sí es posible, cuando se ama la cultura.
Texto: Narcy Vásquez
Fotos: Manuel Del Cid
Con casi cinco décadas de trayectoria, César Soto no es solo un nombre imprescindible en la cartelera del espectáculo; es un maestro del asombro que ha sabido evolucionar del truco clásico a la narrativa. En este 2026, al celebrar 48 años de vida artística, se consolida como el ilusionista que utiliza la magia no como fin, sino como una poderosa herramienta pedagógica y de conexión humana.
La historia del profesional comenzó a los 9 años, bajo el impacto de una imagen que lo marcaría para siempre: un hombre vestido de negro, elegante y misterioso, que recogió boletos en su escuela. No era un profesor ni director, era un mago. Aquel gesto cotidiano fue una revelación: la realidad podía doblarse y lo imposible podía hacerse visible.
Su primera lección real —desaparecer una moneda— la obtuvo con un amigo a cambio de dos panes con jamón. Fue el “pago” más rentable de su vida: la llave a un universo infinito. Además, perfeccionó habilidades al observar a los vendedores ambulantes, en especial al legendario Manodelija, en el capitalino parque Concordia, de quien aprendió la astucia y la agilidad manual.
A los 13 años ya ofrecía espectáculos formales; a los 14, era el miembro más joven del Club de Magos de Guatemala y, a los 15, era estrella en ascenso en la televisión.
Sin acceso a internet ni tutoriales, su formación fue un testimonio de tenacidad autodidacta; pasaba tardes en la Biblioteca Nacional de Guatemala Luis Cardoza y Aragón para copiar a mano enciclopedias de magia.
Frente a la pantalla
La televisión fue la plataforma que lo llevó a cada hogar. Participó en los programas Campiña, que devino en su gran catapulta, así como en Nuestro Mundo, MentesSanasyElClubdelosSuperchicos, donde consolidó su imagen.
Sin embargo, para el artista la fama nunca fue suficiente. En su afán de alcanzar la excelencia, decidió estudiar teatro y ciencias de la comunicación, (donde fue compañero del cantante Ricardo Arjona), seguro de que el lente
de la cámara no es solo un medio de transmisión, sino un lazo directo con la sensibilidad del público.
Del mago al pedagogo
Soto establece una distinción vital en su oficio: mientras el “mago” es un per sonaje de fantasía con supuestos pode res, el ilusionista es un artista de la habilidad, la psicología y ciencia.
Desde 2007, esta filosofía cobró vida en Los Cuentos Mágicos, un formato narrativo que ha recorrido Centroamérica, México y Colombia. Para él, la magia es un “auxiliar didáctico”: el truco atrapa la atención del niño (o del adulto distraído) y, en ese instante de apertura, él introduce un mensaje sobre la familia, la ecología o la trascen dencia. Sus funciones no son una suce sión de trucos vacíos; son relatos que llaman a la reflexión y que, a menudo, terminan entre aplausos y lágrimas.
Tras superar desafíos y adaptarse con maestría a la era pospandemia, luce hoy un look de madurez —som brero y bigote— que refuerza su iden tidad de “maestro”.
Hoy, integrado a la virtualidad, colabora con sociedades de magos en España y Chile. Su proyecto para el futuro es la creación de un curso en línea. Allí fundirá su experiencia como docente con tec nología para legar secretos a nuevas generaciones.
El genio del ilusionismo sigue siendo ese niño que nunca dejó de maravillar se. En cada presentación, anima a creer que, aunque sea por unos minutos, lo imposible tiene un lugar legítimo en la realidad.
Ha recorrido miles de kilómetros para llevar consigo una única misión: mantener viva la capacidad de admiración.






Origen, poder y transformación de la universidad pública más antigua de Centroamérica, un espacio de conciencia crítica y resistencia

Texto: Isa Enríquez Fotos: Manuel del Cid y Cirma
La Universidad de San Carlos de Guatemala (USAC) arriba a 350 años de historia la que siguen en constante construcción. Más allá de cualquier debate, resulta innegable que se trata de una de las instituciones más relevantes del país y cuyo papel en distintos momentos históricos ha sido determinante.Sin embargo, al retroceder aún más en el tiempo, emerge un proceso previo de al menos 120 años de lucha por el acceso a la educación superior
en la provincia, un recorrido que terminó por consolidar a la USAC como una de las universidades más antiguas del continente.
Este mes, al abordar un proceso histórico de aproximadamente 470, años asociado a la Universidad de San Carlos de Guatemala, presentamos un repaso por su trayectoria e incidencia.
Cuando la Universidad de San Carlos de Borromeo fue fundada en 1676, la educación superior en América ya tenía una larga trayectoria. Desde Santo Domingo, Lima y México, el modelo universitario europeo se había instalado en los
principales centros coloniales como parte de un mismo proyecto de organización del territorio y del poder.
En ese contexto, la creación de la Universidad de San Carlos no fue un hecho aislado. Según el historiador Óscar Peláez Almengor, del Centro de Estudios Urbanos y Regionales (CEUR) de la USAC, tras la conquista militar se abrió una etapa que algunos especialistas llaman la “reconquista de Indias”.
Reproducía el modelo
Frente a los abusos y desorden inicial, la Corona entendió que el control no podía sostenerse solo por
la fuerza y optó por una conquista administrativa y legal.
Esa estrategia se apoyó en la formación de letrados capaces de aplicar las leyes, un saber excepcional en la época. Como señala Peláez Almengor, “era más fácil formar aquí a personas que supieran leer, escribir y manejar las leyes”. Así, las universidades surgieron como espacios clave para reproducir, a escala local, el modelo político, jurídico y cultural de la metrópoli.
Esta idea dialoga con lo planteado por el historiador Leslie Bethell, quien sostiene que las ciudades americanas no fueron simples extensiones subordinadas, sino lugares donde se “interiorizó” el proyecto metropolitano español. En ellas se concentraron la burocracia, los tribunales, la Iglesia y la universidad, concebidas para organizar y legitimar el orden colonial.
En el Reino de Guatemala ese proceso se materializó con la fundación de la Universidad de San Carlos, el 31 de enero de 1676 por cédula real del rey Carlos II e inspirada en el modelo de Universidad de Salamanca, pensada para formar clero y burócratas, con el Derecho como eje central. En ese contexto, la institución se consolidó como la primera universidad de Centroamérica y como parte de una red continental de saber y poder. Con el paso del tiempo, especialmente a partir del siglo XX, la Universidad trascendería su origen colonial para convertirse en un espacio de disputa, pensamiento crítico y resistencia, una de las pocas instituciones nacidas en la época colonial que

logró reinventarse y mantenerse vigente.
Toma forma
Comprendido el contexto de su gestación, la consolidación formal de la universidad se dio con la Real Cédula de 1676. Según el historiador Augusto Cazali Águila, exdirector de la Escuela de Historia, este documento no solo autorizó la fundación de la Universidad de San Carlos de Guatemala, sino que reconoció un proceso colectivo sostenido por más de un siglo de gestiones. La Real Cédula constituyó su base jurídica y ordenó su establecimiento inmediato en el Colegio de Santo Tomás de Aquino, en 1a. avenida Norte, La Antigua Guatemala, con siete cátedras iniciales: teología escolástica, teología moral, cánones, leyes, medicina y dos de lenguas. Pero el proyecto había comenzado mucho antes. El 1 de agosto de 1548, Francisco Marroquín solicitó al rey de España la creación de una institución de educación superior en Guatemala. Entre 1554 y 1671, como documenta José Mata Gavidia en el texto Fundación de la Universidad de San Carlos de Guatemala, esta petición se reiteró al menos 21 veces, con el respaldo de la Real Audiencia, el episcopado, los cabildos y los procuradores de la ciudad ante el Consejo de Indias. En 1563, Marroquín envió su última solicitud a la Corona y dejó previsto en su testamento el establecimiento del Colegio de Santo Tomás de Aquino, al que destinó recursos y
fundación y el 31 de enero de 1676, Carlos II promulgó la Real Cédula que dio origen a la Universidad de San Carlos, inspirada en modelos de la casa superior de Salamanca, Alcalá y Valladolid. Ante la insuficiencia de los aportes privados, la Corona completó el presupuesto mediante una pensión real.
Tras diversas dificultades administrativas, las clases iniciaron oficialmente el 7 de enero de 1681, con alrededor de 60 estudiantes. Sin embargo, el acceso respondió a las limitaciones del orden colonial. Almengor señala que la universidad estuvo reservada principalmente a criollos y religiosos y que, aunque hubo algunas excepciones, “en general, no entraban indígenas; hubo algunos nativos que se colaron, pero no era la regla”. Entre esas excepciones destaca Tomás Pech, que llegó a ser doctor en leyes y catedrático.
convento al campus
tierras en el valle de Jocotenango. A mediados del siglo XVII, las donaciones de Pedro Crespo Suárez y de Sancho de Barahona con su esposa permitieron financiar las primeras cátedras, mientras que en 1659 el obispo Payo Enríquez de Rivera insistió ante el rey Carlos II en la necesidad de fundar una universidad en el Reino de Guatemala. El impulso decisivo llegó en la década de 1670. En 1673 se organizó una junta para planificar la
La universidad ocupó, desde sus inicios, espacios que no habían sido pensados para la educación superior, pues su origen respondió a un proyecto colonial de organización del poder. En Santiago de Guatemala, hoy La Antigua Guatemala, funcionó en conventos y casas adaptadas, como el de Santo Domingo y la Casa de Alcántara, donde se impartían cátedras de teología, derecho y medicina, integradas al orden religioso y administrativo, sin contar aún con una arquitectura universitaria propia.
Tras los terremotos de 1773 y el traslado de la capital, la universidad se estableció en la Nueva Guatemala de la Asunción y, desde 1779,

tuvo su sede principal en el edificio de la 9a. avenida Sur y 10a. calle del Centro Histórico, hoy Museo de la Universidad de San Carlos, frente al Congreso. Aunque este inmueble se convirtió en su principal referencia institucional durante casi dos siglos, la vida académica continuó dispersa. A lo largo del siglo XIX y buena parte del XX, las facultades funcionaron en distintos puntos de la ciudad, con Derecho en la sede central, Medicina en el Paraninfo Universitario y otras carreras en espacios compartidos, alquilados o adaptados, reflejando una universidad fragmentada tanto en lo físico como en lo conceptual. Esa dispersión se acentuó con el modelo universitario heredado de la Reforma Liberal de 1871, que volvió a las facultades casi autónomas y debilitó la noción de comunidad universitaria. Frente a ese panorama, el primer rector Carlos Martínez Durán (19451950) impulsó la construcción de la Ciudad Universitaria como un proyecto de sentido humanista. Como explica Almengor, la unificación de las escuelas no fue solo una decisión arquitectónica, sino una apuesta ética e intelectual por reconstruir el tejido universitario, promover el diálogo entre disciplinas y formar profesionales con una base humanista común, en un contexto marcado por la posguerra mundial y la creciente deshumanización de la técnica.
La inauguración de la Ciudad Universitaria en 1961 dio inicio a un proceso gradual de concentración de las facultades en la zona 12 de la capital. Durante las décadas siguientes, diversas carreras se





trasladaron al campus central, en una obra concebida bajo los principios del modernismo arquitectónico y posible gracias a la autonomía universitaria. Más que un conjunto de edificios, la Ciudad Universitaria terminó por consolidarse como la expresión de un quiebre histórico que permitió a la Universidad de San Carlos repensarse más allá de su origen colonial y fragmentación liberal.
Revolución del 1944
Durante más de un siglo la Universidad de San Carlos mantuvo una relación conflictiva con el poder político, su vida institucional marcada por cierres, reformas impuestas y constantes intervenciones del Estado, que la suprimieron, fragmentaron o reorganizaron según las coyunturas de turno. Las reformas liberales debilitaron la noción de comunidad universitaria al separar sus facultades, y las dictaduras de Manuel Estrada Cabrera y Jorge Ubico profundizaron ese control al permitir la designación presidencial de autoridades y la militarización del sistema educativo. En ese contexto, estudiantes y docentes sostuvieron a la universidad como un espacio de pensamiento crítico y resistencia intelectual.
Ese proceso encontró un punto de quiebre en 1943, con la reorganización de la Asociación de Estudiantes Universitarios (AEU), cuyo activismo cultural y político devolvió al debate público una demanda largamente postergada: la autonomía universitaria. Tras la Revolución de Octubre de 1944,
Edificio del Sistema de Gestión Académica, el más nuevo.
Cuenta con
Centros Universitarios Regionales, uno metropolitano y sedes departamentales.
ese reclamo se concretó rápidamente. Semanas después del derrocamiento de Federico Ponce Vaides, el Decreto Número 12 reconoció a la Universidad de San Carlos como una institución autónoma, con personalidad jurídica y libertad para cumplir su misión académica y cultural.
Movimiento estudiantil
La autonomía abrió una etapa de profundas transformaciones, marcada por la expansión académica, incorporación de nuevos sectores sociales y creación de nuevas facultades, como la de Humanidades en 1945. Al mismo tiempo, la experiencia de 1944 dejó instalada una forma de acción colectiva que trascendió ese momento histórico. Como apunta Ricardo Sáenz en Oliverio, —una biografía del secretario general de la AEU, 1978-1979
“aún después de la caída de Árbenz y bajo la prohibición de la organización social, los estudiantes y trabajadores continuaron manifestando su descontento”.

No fue un camino exento de violencia, persecuciones y ataques, pero la universidad logró mantenerse como un espacio crítico y plural, desde el cual el movimiento estudiantil asumiría,

en los años siguientes, un papel central como una de las voces del pueblo en la vida pública del país. Desde sus orígenes, el movimiento estudiantil universitario estuvo estrechamente vinculado a los momentos de crisis política nacional. A lo largo del siglo XX, y particularmente a través de la AEU, la USAC se convirtió en un espacio donde confluyeron demandas sociales más amplias, visibles en episodios como la lucha contra la dictadura de Manuel Estrada Cabrera, la caída de Jorge Ubico y Ponce Vaides en 1944, las Jornadas de marzo y abril de 1962 (defini -


das como el “renacimiento de la rebeldía popular”) y las movilizaciones contra la corrupción, el fraude electoral y alza al pasaje urbano. En esos momentos, la universidad no habló solo por sí misma, sino que amplificó reclamos compartidos por amplios sectores sociales. Esa visibilidad tuvo un alto costo. De acuerdo con el investigador Paul Kobrak, entre 1954 y 1996 la Universidad de San



Guatemala, viernes 23 de enero de 2026
Carlos fue golpeada de manera sistemática por los aparatos represivos del Estado, con cientos de estudiantes asesinados o desaparecidos. El asesinato de Oliverio Castañeda de León en 1978 marcó uno de los episodios más duros, seguido por secuestros y ejecuciones de dirigentes estudiantiles. Aun así, el movimiento logró recomponerse tras cada embate, se adaptó incluso a formas semiclandestinas de organización para sostener su presencia pública.
El secuestro y asesinato de los llamados mártires estudiantiles en 1989 volvió a evidenciar el intento de silenciar a una universidad que había asumido un papel incómodo. Según la Comisión para el Esclarecimiento Histórico, la represión buscaba “desarticular el movimiento que impulsaba la reforma universitaria promovida por estudiantes, trabajadores y docentes”. Lejos de anularla, estos golpes reforzaron la idea de la USAC como un espacio de representación social, sostenido por generaciones de jóvenes que encontraron en el movimiento estudiantil no solo una forma de organización, sino una manera de darle voz a un descontento que desbordaba los muros universitarios.
El presente
La Universidad de San Carlos de Guatemala atraviesa una de las crisis más complejas de su historia reciente, en un contexto donde su peso institucional trasciende el ámbito académico. Desde la Constitución de 1985, la USAC adquirió una influencia poco común en la región al participar en más de 40 instancias clave del Estado, entre ellas las comisiones de postulación del sistema de justicia, el Tribunal
mil están pendientes de exámenes generales.
Supremo Electoral, el Ministerio Público y la Contraloría General de Cuentas. Esa presencia la convirtió en un espacio altamente disputado por intereses políticos y económicos que, con el tiempo, han desdibujado su función educativa y abierto la puerta a prácticas de cooptación y corrupción.
El punto de mayor tensión se produjo con la elección del rector para el período 2022-2026, marcada por la anulación de cuerpos electorales, resoluciones judiciales que vulneraron la autonomía universitaria y una toma de posesión fuera del recinto sancarlista. Frente a ello, sectores estudiantiles respondieron con acciones de resistencia, como la ocupación del Museo de la Universidad de San Carlos, en un intento por frenar lo que consideraron un fraude. El clima se agravó con hechos de violencia y persecución contra opositores. El asesinato del universitario Edy Josué Romero elevó las alarmas, en un contexto en el que, como advirtió Osmín Pineda, representante ante el Consejo Superior Universitario, “la oposición que uno ejerce tiene consecuencias”.
Pese a esta crisis, la Universidad mantiene una dimensión social difícil de ignorar. Es la única pública del país, con más de 200 mil estudiantes activos, 41 unidades académicas y una oferta que supera las 400 carreras de pregrado, grado y posgrado. Su presencia se extiende a todo el territorio nacional a través de cinco Centros Universitarios Regionales y uno Metropolitano,


No, yo no voy a dejar a mis compañeros, pase lo que pase yo sigo adelante, me tienen que matar para callarme”
Oliverio Castañeda de León
creados en buena medida tras el terremoto de 1976 y que según explica Peláez, tienen como base una lógica de desarrollo técnico y productivo adaptada a cada región. Desde Occidente y el Norte hasta el Sur y el Oriente del país, estos centros siguen siendo una vía fundamental de acceso a la educación superior para jóvenes que, de otro modo, quedarían excluidos.
Esa amplitud explica por qué, incluso en medio del desgaste institucional, la universidad conserva


un fuerte valor simbólico. Para Camila Cano, estudiante de Comunicación, la USAC sigue siendo “una universidad con memoria histórica”, mientras otros alumnos la describen como una institución en decadencia, atravesada por intereses políticos, pero aún indispensable. Entre tensiones, desencanto y resistencia, la Universidad de San Carlos continúa siendo un reflejo de las disputas en el país y, para muchos, una voz que sigue intentando representar a quienes históricamente han tenido menos espacios para ser escuchados.
Hoy, a 350 años de su fundación formal la USAC vuelve a mostrar que su vigencia no depende solo de su antigüedad, sino de la capacidad de su comunidad para defenderla, cuestionarla y resignificarla frente a cada crisis. Más que un legado cerrado, la universidad es un espacio en disputa, donde el pasado pesa, pero no determina, y donde el futuro continúa escribiéndose desde las aulas, las calles y la resistencia cotidiana.






Compañeros y amigos del guatemalteco residente en Taiwán, conviven en momentos de descanso.





Texto y fotos: Carlos Caljú
Una de las mejores vistas acompañadas de aire puro, que se puede disfrutar en el departamento de Guatemala se encuentra en el Parque Nacional Naciones Unidas, ubicado en el municipio de Villa Nueva.
El olor a tierra mojada, la hojarasca que se anida en los senderos y los rayos del Sol que invaden el bosque despiertan la vida silvestre y se convierten en un paisaje lleno de naturaleza para el visitante.
El recinto cuenta con vistas espectaculares al amanecer y es un espacio amplio para poder hacer un día de campo en familia o con amigos.



El lugar está administrado por la Fundación Defensores de la Naturaleza, una organización guatemalteca no lucrativa, que también coadministra otras áreas protegidas del país.

El Parque Nacional Naciones Unidas es patrimonio de la humanidad, declarado por la Unesco; ofrece espacios de recreación y educación ambiental.

Vista norte del lago de Amatitlán, que muestra su atractiva naturaleza, a tan solo 20 minutos de la capital guatemalteca.















Es un lugar lleno de atractivos que se conservan y donde se engalanan las puestas de Sol, para el disfrute de los lugareños.









El atardecer, visto desde Villa Nueva, en uno de los miradores del lago de Amatitlán.



Diversos encaminamientos son atractivos de este bosque, en el que cohabitan 115 especies arbóreas y 165 especies de fauna.




¿Cómo vemos al trabajador?

existe una premisa que sobrevive al paso de las décadas por su inquietante veracidad: la forma en que un jefe percibe a su equipo determina, en última instancia, el éxito de la empresa. Hace más de 60 años, el psicólogo de gestión Douglas McGregor planteó una dicotomía que hoy, en plena era de la transformación digital, cobra una relevancia vital: la Teoría X y la Teoría Y. Douglas McGregor (1906–1964) fue un psicólogo social, economista y profesor de administración estadounidense que transformó para siempre la gestión de recursos humanos; no solo describió estilos de mando, describió profecías autocumplidas. Su tesis sostiene que el comportamiento de los empleados no es una causa, sino una consecuencia de la filosofía de sus líderes.
Modelo del control: la Teoría X
Bajo la visión de la Teoría X, se asume que el ser humano promedio siente una aversión intrínseca por el trabajo y lo evitará siempre que pueda. En este esquema, el trabajador es visto como alguien que carece de ambición, que prefiere ser dirigido y que solo se mueve bajo la presión del castigo o la promesa del salario.
En muchas empresas, este modelo aún persiste en forma de microgestión: jefes que controlan cada minuto del reloj, que desconfían del teletrabajo y que basan su autoridad en el miedo. El resultado es un círculo vicioso: si tratas a un colaborador como alguien que no quiere trabajar, terminará haciendo el mínimo esfuerzo posible, confirmando así la sospecha inicial del jefe.modelo de la integración: la Teoría Y. Por el contrario, la Teoría Y propone una visión humanista y audaz. Sostiene que el esfuerzo físico y mental en el trabajo es tan natural como el juego o el descanso. Bajo esta mirada, el trabajador no es alguien que evita la responsabilidad, sino alguien que la busca si se le brindan






¿Hacia dónde debe ir?







las condiciones de confianza y propósito adecuadas.
Aquí, el trabajo en equipo deja de ser una imposición para convertirse en una colaboración orgánica. El líder ya no es un vigilante, sino un facilitador que cree en el potencial creativo y la capacidad de autodirección de su gente.
El desafío para la gerencia es transitar del control a la confianza. McGregor argumentaba que la mayoría de los problemas de baja productividad no se deben a la “falta de ganas” de la fuerza laboral, sino a métodos de gestión que tratan a adultos profesionales como si fueran niños necesitados de supervisión constante.
Fomentar el trabajo en equipo desde la Teoría Y implica:
Delegar autoridad, no solo tareas: confiar en el criterio del equipo para resolver problemas.
Alinear objetivos: que el éxito de la empresa sea también el éxito personal del colaborador.
Fomentar la participación: escuchar la voz de quienes están en la primera línea de operación.
Conclusión
Douglas McGregor nos dejó un espejo frente al cual todo gerente, director o jefe de departamento debe pararse hoy mismo. Si usted cree que su equipo es perezoso, probablemente ha creado un sistema que premia la pasividad.
Pero si usted cree que su equipo es capaz de innovar y comprometerse, habrá dado el primer paso para construir una organización de alto rendimiento.
La ventaja competitiva no está en las máquinas ni en el nidad y la autonomía que le otorgamos a nuestro talento humano. Al final del día, cosechamos el tipo de equipo en el que decidimos creer.











































































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