

30 de enero de 2026

Los que pensaron cómo sería la urbe
Pág. 10

Raúl Aguilar Batres, el gran planeador
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30 de enero de 2026

Los que pensaron cómo sería la urbe
Pág. 10

Raúl Aguilar Batres, el gran planeador
Pág. 11

Págs. 4-7
un cuarto de milenio con historia y futuro
La Nueva Guatemala de la Asunción conmemora 250 años, fundación que recuerda un nacimiento en resiliencia e imposición tras los terremotos de 1773. Surgida del traslado forzado hacia el Valle de la Ermita bajo premisas erróneas, como la creencia de que los barrancos liberarían gases sísmicos y ambiciones políticas, la capital se erigió sobre el palimpsesto de la civilización maya.
A lo largo de dos siglos y medio, la urbe ha evolucionado desde el neoclásico colonial y las reformas liberales de influencia francesa, hasta la verticalidad modernista del siglo XXI, que alberga hoy alrededor de 3 millones 100 mil personas.
Sin embargo, las deficiencias de su planificación original persisten en problemas como la crisis hídrica, una movilidad urbana atrapada en su propia topografía de barrancos y en la exclusión social que veía el crecimiento solo para áreas privilegiadas.
En este trabajo se da a conocer que la actual capital estuvo habitada por variados asentamientos humanos, incluso especialistas atrevidos creen que el territorio albergó las primeras manifestaciones humanas hace miles de años por pequeñas comunidades agrícolas —antes que nacieran los reinos—, ya no se diga las posteriores a la llegada de los españoles y fundación capitalina.
Fueron esos pobladores quienes extendieron su dominio en pequeñas porciones hasta desarrollar, en siete etapas, complejas arquitecturas ceremoniales, infraestructura de servicios, además de una organización comercial y política estratificada, conocida como Cerro de Los Muertos, más tarde denominada Kaminaljuyú. Esta fue la base de la actual capital, aunque la imposición colonial pretendió hacer desaparecer todo vestigio. Para ilustrar estas páginas, se ofrece una infografía sobre la evolución de la capital , acompañada de un catálogo de mapas, desde su creación en 1776, cuando se trasladó de Santiago de los Caballeros al Valle de la Ermita.
También se incluye cómo urbanistas del siglo pasado planificaron la ciudad, entre ellos Raúl Aguilar Batres, los visionarios Mario Méndez Montenegro y Manuel Colom Argueta, así como una entrevista con Álvaro Véliz, quien ve un buen porvenir para la gran metrópoli.
La ciudad que continúa viva dentro de la ciudad
Dos siglos y medio de resiliencia en el Valle
250 años de la ciudad de Guatemala
Mentes brillantes de una ciudad moderna
Raúl Aguilar Batres fue el gran planeador
Los barrios que crecieron fuera del mapa
Presente y futuro se abrazan en la ciudad
Director General: Edin Hernández
Subdirector técnico: Miguel González Moraga
Coordinación de Información: Mario Antonio Ramos
Editor: Hugo Sergio Del Águila
Redactores: Narcy Vásquez, Isa Enríquez y Pablo Cahuec
Diseño Gráfico: Juan Rene Chicoj
Diseño Portada: Tania López
Diagramación: Sulhema Pacheco y Diana Guerra
Corrección: Pedro Meda y Mynor Reyes Guzmán
Digitalización: Freddy Pérez y Ana Pineda.

Texto: Isa Enríquez
Fotos: Archivo
Kaminaljuyú permanece como una ciudad enterrada bajo la capital. Mucho antes de la fundación de la capital, en 1776, este valle había sido ocupado por distintos asentamientos humanos, desde tiempos remotos hasta la llegada de los españoles, en 1524. En ese largo proceso, Kaminaljuyú se consolidó como el núcleo urbano más importante del altiplano central, articulado por comercio, ritualidad y poder. Durante más de 2 mil años fue escenario de encuentros políticos y decisiones que influyeron en amplias regiones de Mesoamérica, desde la costa del Pacífico hasta territorios lejanos del norte y el sur. Su ocupación se inició hacia el principio del primer milenio antes de nuestra era, cuando pequeñas comunidades agrícolas se asentaron en una planicie favorecida por el clima y la fertilidad del suelo. Con el paso de los siglos, el sitio creció hasta extenderse por más de cinco kilómetros cuadrados y desarrolló una compleja arquitectura cívica y ceremonial, sistemas hidráulicos avanzados y una organización social estratificada. En su momento de mayor auge, durante el período Clásico, pudo albergar miles de habitantes hasta consolidarse como la ciudad más extensa del altiplano maya.
El sitio fue conocido en el siglo XX como Cerro de los Muertos,
el
Lo que hoy se conserva, funciona como un espacio arqueológico, natural y ceremonial. Todos los días se practican ceremonias mayas en sus altares y el sitio recibe visitantes durante todo el año. Desde el aire, el parque se percibe como un pulmón verde rodeado de concreto. En medio del ruido de la ciudad, Kaminaljuyú, tiene su ingreso en la 11 calle 25-50, zona 7, colonia Kaminal Juyú I, capital, sigue recordando que la historia de Guatemala no comenzó con la Colonia, sino mucho antes, cuando este valle ya era ciudad, mercado y centro sagrado.
nombre asignado tras el hallazgo de numerosos entierros en las primeras excavaciones. Sin embargo, investigaciones del antropólogo holandés Ruud van Akkeren, que cruzan arqueología, iconografía, etnohistoria y tradición oral, apuntan a que su nombre original fue Cerro de Maguey. La planta tuvo un valor económico y simbólico, asociada a linajes y a una deidad ancestral vinculada al cerro y al territorio. La figura del Ajaw Foliado, identificada por su tocado y parecida a pencas de maguey, refuerza esta lectura desde la historia.
Construcción
Kaminaljuyú desarrolló una arquitectura singular en el mundo maya, marcada por el uso de materiales locales y soluciones adaptadas al entorno. La ciudad estuvo organizada alrededor de plazas, patios y plataformas, donde se hacían ceremonias públicas y concentraciones colectivas. Sus edificios fueron levantados con barro, talpetate,
Este patrón explica la superposición de siete etapas constructivas que pueden reconocerse en el parque.
Cubrieron montículos
Con la llegada de los españoles y, siglos después, con el traslado de la capital al Valle de la Ermita, comenzó un proceso acelerado de destrucción. Grandes obras urbanas, reutilización de materiales prehispánicos y crecimiento incontrolado de la ciudad cubrieron montículos, plazas y sistemas hidráulicos. De los más de 200 edificios registrados en el siglo XX, sobreviven apenas algunos núcleos. “Kaminaljuyú está debajo de las zonas 7 y 11, todo quedó enterrado con el crecimiento urbano”, afirmó Zambrano. adobe y piedra pómez, materiales que definieron una estética distinta a la de otros centros mayas. Como explicó Zulema Zambrano, administradora del parque arqueológico, “aquí no va a encontrar edificios monumentales como en otros sitios, porque el material que se utilizó fue barro con piedra pómez, que era lo que se tenía más a la mano”. Pese a su aparente fragili dad, estas estructuras han demostrado una resistencia notable a lo largo de los siglos. Zambrano seña ló que la ciudad no estuvo gobernada por reyes, sino por élites, cuya memo ria era borrada de manera simbólica al finalizar su man dato. Los edificios se cubrían para levantar construcciones encima, dando lugar a una ciudad edificada en capas sucesivas.

Texto: Narcy Vásquez
Fotos: Jesús Alfonso, Mario León y Carlos Caljú
La ciudad despertó este mes con 250 primaveras. Entre barrancos y volcanes, la Nueva Guatemala de la Asunción celebra su sestercentenario este 2026 como quien abre un libro cuyas hojas fueron impresas por seísmos, éxodos, utopías neoclásicas y vanguardias arquitectónicas
Fundada en 1776 sobre el Valle de la Ermita, la capital guatemalteca nació en la precariedad, y marcada por la historia. Hoy, a dos siglos y medio de aquel decreto real que la declaró hogar de una nación en tránsito, se mira en el espejo de su historia para preguntarse hacia dónde camina.
En las siguientes líneas, se traza un relato sobre el legado, el asfalto y el carácter indomable de una metrópoli que nació de las cenizas, pero se construyó para la eternidad.
La historia de la capital entre 1773 y 1776 es la remembranza
De la mudanza forzada de 1776 a los desafíos de una urbe que enfrenta las cicatrices de su accidentada fundación tras su traslado desde Santiago de los caballeros
de una mudanza forzada que abrió una nueva página. Tras la destrucción de la ahora Antigua Guatemala por los terremotos de Santa Marta, la sociedad colonial se partió en dos: los “terronistas”, que se aferraban a las ruinas, y los “traslacionistas”, que buscaban un nuevo comienzo. El capitán general Martín de Mayorga impuso la visión del traslado. El 2 de enero de 1776, se firmó la Real Cédula, que dio nombre y legalidad a la Nueva Guatemala de la Asunción. No se trató solo un cambio de coordenadas, fue un intento ilustrado por crear la “ciudad perfecta: calles anchas, rectas y un diseño ortogonal pensado para resistir los embates de la tierra”.
Hogar de Kaminaljuyú
“La ciudad no nació de la abundancia, sino de la resilien -
cia. Fue un diseño de orden sobre una geografía de barrancos”, cita el libro La Nueva Guatemala de laAsunción230añosdehistoria. Aunque se conmemoran 250 años como ciudad hispánica, el suelo que andan los citadinos tiene milenios de historia. El arqueólogo Juan Antonio Valdés recordaba que el Valle de la Ermita (o de las Vacas) ya era el hogar de Kaminaljuyú, el núcleo metropolitano más importante del altiplano maya. Mientras, los ingenieros de 1776 trazaban la Plaza Mayor, bajo sus pies descansaban los montículos del Cerro de los Muertos.
El centro moderno era, en realidad, una capa más de un palimpsesto histórico que ignoró, a menudo, su herencia prehispánica concentrada en las actuales zonas 7 y 11.
Entre trauma y miseria
La ciudad de Guatemala no nació de un consenso, sino de una imposición marcada por el dolor, la pérdida de privilegios y una teoría científica errónea. Al cumplirse 250 años de su traslado desde Santiago de los Caballeros (La Antigua Guatemala), el análisis de historiadores y urbanistas revela que los cimientos de la capital actual están construidos sobre un “sacrificio espantoso” que aún dicta los problemas de tráfico, agua y desigualdad que enfrentan sus habitantes. Según el historiador Aníbal Chajón, del Centro de Estudios de las Culturas de Guatemala de la USAC, la elección del Valle de la Ermita no fue un acto de prudencia técnica, sino el resultado de las ambiciones políticas del capitán Mayorga. Agregó que se utilizó una teoría

Guatemala, viernes 30 de enero de 2026
La residencia Taboada y Asturias es hoy propiedad privada, un ejemplo de la arquitectura civil de finales de siglo XVIII.
aristotélica obsoleta la cual afirmaba que los terremotos eran causados por gases subterráneos; se creía que los barrancos del valle servirían como “chimeneas” para liberarlos.
“Era falso y Mayorga lo sabía”, afirmó Chajón, al señalar que el verdadero motivo era comercial: el valle era la ruta estratégica hacia el lago de Izabal para las exportaciones. La decisión ignoró las advertencias del arzobispo, quien recordó que iglesias ya existentes en el lugar se habían derrumbado en los mismos sismos de 1773.
Lejos de ser una transición ordenada, significó la ruina para las mayorías. El entrevistado enfatizó el caso del pueblo de Jocotenango, cuyos habitantes, expertos albañiles, fueron sometidos a condiciones de casi esclavitud para fabricar ladrillos y adobes sin remuneración.
Muchos de los ricos huyeron a Villa Nueva para no perder sus bienes. La clase media se refugió en Quetzaltenango, lo que avivó una rivalidad histórica. “Ellos sentían que eran el motor económico frente a una ciudad impuesta”, explicó el profesional. Respecto de los pueblos originarios, añadió que localidades como San Gaspar (actual zona 16), Mixco y San Juan Sacatepéquez fueron obligadas a abastecer a la nueva ciudad a precios arbitrariamente impuestos, situación que los sumió en un período de 40 años de miseria.
María del Carmen Muñoz Paz, del Centro de Estudios Urbanos y Regionles (CEUR-USAC), indicó que la resistencia al traslado también fue una lucha de poder. Los “terronistas”, liderados por el arzobispo Pedro Cortés y Larraz, se oponían porque la Real Cédula de 1775 prohibía trasladar los “censos” (hipotecas eclesiásticas). Para el clero y la élite asentada en Santiago, mudarse no era solo dejar sus casas, sino enfrentar la quiebra financiera y pérdida de la influencia tejida en dos siglos.
Del agua al tráfico
A pesar de los siglos, los problemas de 1776 parecen reflejos de la actualidad. Los historiadores Ana Lucía Rodríguez y Chajón coincidieron en que la falta de planificación original sigue pasando factura.

Población estimada
Estilo dominante
Extensión
Transporte
10,000 habitantes Neoclásico y colonial ecléctico, modernista y vertical
El actual Centro Histórico
Carruajes y mulas
La crisis hídrica: a diferencia de La Antigua, el Valle de la Ermita carecía de fuentes cercanas. Se tardó una década para construir acueductos desde Pinula y Mixco, y hasta hoy, los sectores fundacionales (como la zona 1) siguen sufriendo escasez.
La geografía como trampa: los barrancos, que en el siglo XVIII fueron excusa para “liberar gases”, son los principales obstáculos para la movilidad. “Si hubiera puentes que conectaran zonas sobre ellos, el tráfico se desahogaría”, señaló el también sociólogo.
Vulnerabilidad: Rodríguez resaltó que la urbe ha crecido de forma desordenada sobre terrenos propensos a deslizamientos e inundaciones, que repiten el ciclo de reaccionar ante emer -
3,095,000 (área metropolitana)
25 zonas numeradas y 22 activas, municipios aledaños
Carruajes y mulas
Transmetro y electromovilidad (vehículos eléctricos y motocicletas)
gencias en lugar de prevenir. De acuerdo con expertos, este aniversario es una oportunidad para cuestionar el modelo de ciudad. Muñoz subrayó que el desplazamiento demuestra que las decisiones urbanas son actos políticos que estructuran el territorio por generaciones.
Rodríguez hace un llamado a la resiliencia y la planificación equitativa. “La lección sigue siendo la misma: que las autoridades planifiquen privilegiando el bienestar y la dignidad de las personas, y no intereses sectarios como ha sido desde 1776”, manifestó.
En criterio de Muñoz, los gobiernos liberales que asumieron el poder en Guatemala a partir de 1871 buscaron romper con el legado colonial, tanto en el
ámbito cultural como en el arquitectónico. La influencia dejó de ser española y pasó a ser francesa, marcada por el impacto del positivismo y de la masonería en estos círculos de finales del siglo XIX. En este contexto, el estilo neoclásico francés definió las nuevas edificaciones y el trazado urbanístico promovido por el Estado. Un ejemplo emblemático es la avenida de La Reforma, también conocida como Paseo 30 de Junio, concebida como una reinterpretación de las avenidas parisinas diseñadas por Georges-Eugène Haussmann.
“Para los liberales, el pasado colonial en lo cultural, artístico y arquitectónico representaba atraso y oposición a la civilización, al progreso y a la modernidad. Es vital señalar que la población
El devastador rastro de los sismos de 1917 que cambiaron para siempre el aspecto de la ciudad.



mantuvo vivas sus tradiciones y prácticas religiosas, como las procesiones, pese al embate anticlerical de las autoridades”, comentó la investigadora.
Lo único positivo, irónicamente, fue el abandono de la antigua capital. Gracias a que el poder se mudó a la Ermita, La Antigua Guatemala se conservó casi intacta; se convirtió en la joya urbanística que hoy aprecian los guatemaltecos y admira el turismo mundial.
En tanto, la Nueva Guatemala aún lucha por superar las limitaciones de su propio nacimiento, aseguró Chajón.

Cartografía colonial
Es la disciplina que permite diseñar y analizar los mapas. Sus orígenes en Occidente se atribuyen al griego Anaximandro, pero en el caso de lo que hoy conocemos como América, fue la administración de la Corona española la que impulsó y exigió su elaboración después de que Cristóbal Colón llegó a las costas del Caribe. A partir de entonces, y especialmente durante los siglos XIX y XX, los Estados modernos perfeccionaron sus métodos como herramienta para la toma de decisiones políticas y económicas.
La ubicación
El mapa titulado Situación de Goathemala y sus pueblos inmediatos, creado en 1791, se centra en el Valle de la Ermita. Comienza en la parte superior izquierda con el camino hacia México, que conecta con Patzicía, Itzapa, Chimaltenango, Sumpango, Jocotán, Mixco, San Pedro, San Raymundo, San Juan, Santa Inés Petapa, Pinula y Chinautla. Destacan de nuevo los volcanes de Fuego, Acatenango, Agua y Pacaya; dos de ellos, representados en erupción mediante cráteres coloreados en rojo. Las ciudades de Santiago, Guatemala y Escuintla muestran imprecisiones en cuanto a sus distancias. En la parte superior derecha aparece el camino hacia el golfo Dulce, es decir, hacia Izabal, acompañado por los ríos Aguas Calientes y Los Plátanos. En la zona inferior izquierda se ubica el océano Pacífico, denominado Mar del Sur, junto con la ruta hacia
Placa situada en la zona 6, que conmemora el primer cabildo celebrado el 2 de enero de 1776.
Guatemala, viernes 30 de enero de 2026

En este inmueble, Emilio Valenti proyectó en 1896 la primera función de cine del país.
Siglo XIX: la Reforma Liberal y la llegada del ferrocarril, que conectó a la ciudad con el mundo.
Siglo XX: la “Era de las dictaduras” y la posterior primavera democrática, marcadas por la construcción del Centro Cívico (pieza destacada de la arquitectura moderna).
Siglo XXI: el desafío de la movilidad, la verticalidad de los edificios y la búsqueda de una identidad urbana sostenible.
¿Qué apreciar hoy en el marco del aniversario?
Mapa en Relieve (zona 2): para entender la accidentada geografía que se eligió hace 250 años.
Catedral Metropolitana: donde se resguardan tesoros traídos desde el traslado original.
Centro Cívico: un recorrido por los murales de Dagoberto Vásquez. Carlos Mérida y Efraín Recinos, entre otros, para ver la ciudad moderna.
León y otras provincias en la parte derecha; es decir, la dirección hacia Nicaragua, lo que evidencia lo inexplorado que aún permanecía gran parte del territorio.
Unidad y reconciliación
Para concluir, un cuarto de milenio después de aquel decreto que dio origen a la Nueva Guatemala de la Asunción, la población no se muestra como una obra concluida, sino como una unidad vital que aún busca

El ferrocarril marcó un capítulo vital de la transformación industrial del país a finales del siglo XIX.
reconciliarse con su accidentado nacimiento.
La “ciudad perfecta” soñada por los ilustrados del siglo XVIII es hoy una metrópoli de contrastes, donde acero y cristal conviven con cicatrices de su fundación.
Celebrar estos años implicó asumir el reto de renovar el asentamiento de paso en un lugar para habitar.
El desafío no está únicamente en ampliar el transporte o levantar torres más altas, sino en cerrar las brechas históricas de desigualdad y diseñar un entorno donde la dignidad humana sea el eje rector.

que integró la plástica de artistas guatemaltecos.
Guatemala, viernes 30 de enero de 2026

Texto: Narcy Vásquez
Infografía: Sergio Espada
La plani cación y el crecimiento espontáneo han moldeado el rostro de la capital durante los últimos años. Este documento grá co sintetiza la evolución de su huella, al poner de relieve momentos críticos de expansión, desde la densi cación de 1940 hasta la explosión periférica del siglo XXI. Se acompaña esta infografía con el análisis de los diez sucesos clave que actuaron como motores de cambio, que permiten comprender no solo dónde se está sino hacia dónde se proyecta el desarrollo. Al observar cómo la mancha urbana se desbordó en décadas críticas como los años setenta o los dos mil, se pueden identicar los patrones de movilidad, vivienda y sostenibilidad que hoy exigen atención. Esta visión panorámica permite cuestionar si la metrópoli creció de forma plani cada o si su expansión fue resultado de una inercia que ahora de ne la calidad de vida.
Catedral
En el mapa se puede apreciar


Portal y casa Aycinena
Nacional
El capitán general Martín de Mayorga impuso la visión del traslado.
Los hitos que marcaron los siglos
• Siglo XIX: la Reforma Liberal y la llegada del ferrocarril, que conectó a la ciudad con el mundo.
• Siglo XX: la "Era de las dictaduras" y la posterior primavera democrática, marcadas por la construcción del Centro Cívico (joya de la arquitectura moderna).
• Siglo XXI: el desafío de la movilidad, la verticalidad de los edificios y la búsqueda de una identidad urbana sostenible.
En esta etapa, la ciudad aún no iniciaba su expansión masiva hacia las zonas del sur. Se designaron áreas específicas para barrios de artesanos, conventos y mercados.
Mapa elaborado en 1811 por el grabador guatemalteco
José Casildo España (1778-1848)

Área ampliada del mapa
Área ampliada mapa
La fisonomía urbana de la época revela un trazado ortogonal concentrado en la zona 1. Representa la transición de una urbe colonial hacia una capital moderna bajo los ideales del liberalismo.
Se recorre el desarrollo de su mancha urbana, fenómeno que refleja el aumento de la población, que pasó de 71 mil a 3 millones de habitantes.
1890
≈71 mil habitantes
El mapa muestra una ciudad contenida en su traza original de “damero”, rodeada por barrancos y fincas cafetaleras.
1940
≈176 mil habitantes
Se consolidan los ejes hacia el sur y la creación de los primeros bulevares que definen la expansión moderna.
Bárcenas
AmatitlánPetapa
Villa Canales
1950
≈284 mil 276 habitantes
La migración rural-urbana acelera la ocupación de las laderas y la creación de las primeras colonias periféricas.
1970
≈780 mil habitantes
La construcción de grandes infraestructuras viales facilita el crecimiento horizontal hacia Mixco y Villa Nueva.
Guatemala, viernes 30 de enero de 2026
A lo largo de estos 250 años, la urbe ha cambiado de rostro en repetidas ocasiones que han marcado su crecimiento.
1776: el trazado de Marcos Ibáñez
Tras el abandono de Santiago (La Antigua), se diseñó una capital neoclásica bajo la lógica de la Ilustración: calles anchas, rectilíneas y un centro jerárquico. La planificación incluyó la Plaza Mayor, cuatro plazas principales adicionales, edificios gubernamentales, religiosos y educativos, así como espacios para ganado y juegos de pelota.
1871-1885: la Revolución Liberal y la modernización
Justo Rufino Barrios modificó el ambiente metropolitano con la llegada del ferrocarril, el telégrafo y la construcción del Hipódromo del Norte. Apareció la arquitectura de hierro y se diseñaron los primeros bulevares, al mover la ciudad hacia el sur (lo que hoy conocemos como avenida La Reforma).
1917-1918: los terremotos de Navidad
Este es, quizás, el punto de quiebre más dramático. Los sismos destruyen casi la totalidad de la ciudad neoclásica. La reconstrucción obligó a abandonar la mampostería pesada y se introdujo el concreto armado, lo cual permitió, por primera vez, soñar con edificios de mayor altura.
1943: el "Gigante de piedra verde"
Bajo el mandato de Jorge Ubico, se inauguró el Palacio Nacional de la Cultura. Su mezcla de estilos (ecléctico con toques renacentistas y barrocos) y su característico color verde definieron el perfil del Centro Histórico y consolidaron el poder estético del Estado sobre el paisaje urbano.
1950-1960: el Centro Cívico (modernismo puro)
1976: el terremoto del 4 de febrero
1978: el Teatro Nacional (Centro Cultural Miguel Ángel Asturias)
Un sismo de 7.5 grados cambió la demografía para siempre. La destrucción masiva en el centro provocó un éxodo hacia las periferias. Nacieron las grandes colonias dormitorio y la urbe se expandió de forma desordenada hacia Mixco, Villa Nueva y otras.
El artista y arquitecto Efraín Recinos culminó su obra maestra sobre la colina de San José. Su diseño orgánico, inspirado en los volcanes y las formas mayas, sería el ícono visual más influyente del entorno citadino, que rompió con las cajas cuadradas del funcionalismo.
2010: el renacimiento del Paseo de la Sexta Tras décadas de abandono y comercio informal desbordado, se peatonalizó la Sexta Avenida de la zona 1. Este proyecto no solo cambió el flujo peatonal, sino que recuperó el concepto de “centro vivo”, al devolver el valor cultural a la arquitectura histórica.
2015-2025: la era de la verticalidad
La metrópoli dejó de crecer hacia los lados, nació el boom de apartamentos en las zonas 4, 10, 14 y 15 y redefinió el skyline. Se popularizaron los proyectos de uso mixto, donde la gente vive, trabaja y consume en el mismo bloque, para tratar de mitigar la crisis de movilidad.
Se creó un enclave urbano. El Banco de Guatemala, el Instituto Guatemalteco de Seguridad Social (IGSS) y la Municipalidad introdujeron la integración de las artes plásticas con la arquitectura. Los relieves de Carlos Mérida, Dagoberto Vásquez y Efraín Recinos redefinen los edificios en lienzos públicos.
1980
≈1 millón 100 mil habitantes
El conflicto armado interno y factores económicos impulsan asentamientos masivos que densifican la periferia urbana.
2000
≈2 millones de habitantes
Se multiplicaron los proyectos de casas en serie en las periferias, lo que obligó a miles de personas a desplazamientos pendulares diarios, que saturó las arterias viales.
2006
≈2 millones 750 mil habitantes
El modelo de ciudades dormitorio en municipios aledaños extiende la huella urbana hasta límites geográficos críticos.
2026: perspectiva Entre los proyectos están el AeroMetro, sistema de transporte aéreo por cable impulsado por la Municipalidad de Guatemala y la implementación de semáforos inteligentes. El Gobierno, a través del CIV, desarrolla obras de infraestructura como el paso a desnivel de la calzada Roosevelt.

2020
≈3 millones 100 mil habitantes
La saturación de las rutas de acceso impulsa un retorno al centro mediante la proliferación de edificios de apartamentos.
Texto: Pablo Cahuec Fotos: Archivo
El ordenamiento territorial que hoy define a la ciudad de Guatemala es el resultado de decisiones impulsadas por distintos personajes a lo largo del siglo XX. Cada etapa estuvo marcada por figuras que respondieron a los desafíos de su tiempo, desde la necesidad de ordenar una ciudad en crecimiento hasta la urgencia de modernizar su infraestructura.
El historiador Rafael Valladares, del Centro de Estudios Urbanísticos de la Universidad de San Carlos de Guatemala (USAC), los detalló.
Méndez Montenegro
En la gestión de Mario Méndez Montenegro (1946-1948) diversas áreas recreativas se crearon y otras fueron mejoradas. Los parques Enrique Gómez Carrillo y Colón vieron la luz, mientras que los pertenencientes a las iglesias de la Recolección, Santo Domingo, San Sebastian y La Parroquia, fueron embellecidos. Se edificó la construcción del Mercado Colón, la ampliación de la 18 calle y la prolongación de la 6 avenida.
“La infraestructura construida entre 1940 y 1950 permitió la apertura de nuevas áreas de asentamiento poblacional”, explicó Valladares.
Raúl Aguilar Batres
Entre 1951 y 1952, la ciudad adoptó el sistema de zonas numeradas. En este proceso fue clave la participación de Raúl Aguilar Batres, quien comprendió que el crecimiento poblacional y la densificación urbana exigían una forma más eficiente de organización.
Valladares comentó que la ciudad se estructuró, en ese momento, en 15 zonas dispuestas en un sentido horario a partir del Centro Histórico, modelo inspirado en la reorganización de París en 1860. Esto facilitó la ubicación de viviendas y servicios, además de introducir una lógica moderna de
Méndez Montenegro y Colom Argueta fueron unos de los personajes atrás del actual ordenamiento territorial

planificación territorial que aún hoy define a la capital. Luego se agregarían más zonas en 1972.
Colom y Ponciano
Manuel Colom Argueta (19701974) continuó la modernizaciòn estructural iniciada por su antecesor Ramiro Ponce, quien inauguró las calzadas Roosvelt y Raúl Aguilar Batres. Reforzó una visión integral del desarrollo urbano. Para él la ciudad debía darle importancia a su dimensión social, el acceso a los servicios y la calidad de vida de sus habitantes.
Fortaleció la figura de la municipalidad y las políticas públicas que atendieran las necesidades reales de una ciudad en expansión, por lo que consolidó procesos de modernización iniciados en décadas anteriores.
Le siguió Leonel Ponciano (1974 - 1978) quien remodeló la Plaza Bolívar, construyó desniveles y viaductos que facilitaron el transito hacia el oriente y el sur de la capital, así como mejoras a la red de saneamiento a través de la construcción de colectores con profundidades de 50 a 60
En tiempos de Manuel Colom Argueta se creó el Esquema de Ordenamiento Metropolitano. Incorporó intereses comunes de municipios vecinos a la ciudad.
bido en época de Colom y Ponciano le dió el debido seguimiento.
Otras menciones
El arquitecto Héctor Castro mencionó al urbanista Francisco Vela, autor del Mapa en Relieve, como otra figura central. Introdujo una visión técnica del territorio como lugar apto para ser planificado. Asimismo, al arquitecto Efraín Recinos, quien integró arte y urbanismo y participó en la concepción del Centro Cívico y el Centro Cultural Miguel Ángel Asturias.
metros para descargar las aguas negras de las zonas 1, 2, 3, 6 y 7.
El Anillo Periférico fue conce -
Cada uno dejó una huella en la forma que hoy se vive la capital. El sistema de zonas, la infraestructura, los servicios y su arte son parte de una herencia nacida desde el respeto y deseo de mejora. En ellas el impulso por una manera de vivir más digna es una constante invitación a la evolución.

Mario Méndez Montenegro murió en extrañas circunstancias el 31 de octubre de 1965.
Estructuró la capital a través de sus arterias principales; también ideó un sistema de nomenclatura que permite hallar direcciones en las ciudades
Texto: Hugo Sergio Del Águila Fotos: Archivo
El mayor mérito de Raúl Aguilar Batres (19101964), uno de muchos valiosos aportes ciudadanos, es haber estructurado la nomenclatura de calles y avenidas, y la división por zonas de la capital de Guatemala, en forma de espiral desde el antiguo parque central, zona 1, con el fin de preparar el crecimiento urbano, que 76 años después carece de planificación.
El arquitecto Héctor Castro afirmó que Aguilar Batres hizo brillantes aportes desde su profesión de ingeniero, pero con su especialidad de urbanista. La nomenclatura,

como se le conoce, hizo enormes aportes a lo que hoy se denomina metrópoli, pese a que él pensó solo en el denominado casco urbano capitalino.
Ingeniero generalista
Este ilustre guatemalteco, en 1939 se graduó de la Escuela Facultativa de Ingeniería de la Universidad de San Carlos (USAC) de ingeniero civil. Es uno de los formados como ingenieros generalistas, que tenían conocimientos sobre la ingeniería
civil y también de otras ramas. Como jefe de Planificación de la municipalidad capitalina, desarrolló una enumeración sistemática de las calles, que antes de él eran como La Antigua Guatemala, con bloques con nombre, se les denominaba solo caminos, y se les ponía de nombre la orientación, según los puntos cardinales. Luego, un número relativo que partía de la plaza central, pero algunas solo tenían nombres: La Pelota, Las Monjas y Los Arcos, entre otras. Castro explicó que la corriente de nomenclatura partía del concepto del plano cartesiano, aunque aquí aplicó el principio de Descartes, en la que un área se divide en ejes X y Y, y el punto de origen era el parque central. Algunas ciudades, como Bogotá, Colombia, tienen un solo plano cartesiano.
Aguilar Batres también aportó que tanto calles como avenidas tuvieran una numeración que va desde el punto de origen para cada zona y así van creciendo. Entonces, la nomenclatura se basa en que si un inmueble está en una avenida, la dirección para encontrarlo es primero el número de esta y luego a partir de la esquina se dice el primer
numeral de la casa, que es el de la calle de donde parte. Hay otro número de dos decimales después del guion y que supone son los metros que hay desde la esquina hasta la puerta o al vértice donde empieza el inmueble; “claro que después se fueron partiendo y ya no es exactamente eso, pero es interesante”, añadió el urbanista.
Valioso resulta, afirmó Castro, exdirector de Planificación de la USAC, que “cuando uno observa los números de los inmuebles, por ejemplo, 25 calle 3-21, zona 3, se refiere a un inmueble que está en la 25 calle de la 3a. avenida, 21 metros de la esquina hacia la 4a. avenida, entonces el 21 es un número impar, que está del lado izquierdo de la calle, en función de cómo aumentan los números en la pista y del lado derecho, los pares”.
Facilitó la forma de hallar direcciones: “Hay que destacar que los jóvenes deberían entender esta nomenclatura para encontrar ubicaciones sin necesidad de inteligencias digitales que impiden entender a la ciudad y de dibujar en la mente la mancha urbana”, precisó Castro al afirmar que hoy la ciudad carece de un plan maestro inclusivo.

El ingeniero Raúl Aguilar Batres trabajó como catedrático universitario y auxiliar de la Co misión Mixta de Límites con México. Trazó la carretera al lago de Izabal desde Los Amates, en la frontera entre Guatemala y Honduras. Diseñó una máquina de impulsos eléctricos, parecida a un semáforo, la cual funcionó por un tiempo en el crucero de la 20 calle y 6a. avenida sur de la zona 1. A él se le debe el proyecto de la ampliación de la ciudad de Guatemala hacia el sur, que impulsó a mediados del siglo XX, en un período de 15 años.
urbanas
zonas invisibles que también constituyen la capital guatemalteca,
Texto: Isa Enríquez
Fotos: Mario León, Manuel del Cid y archivo.
La ciudad de Guatemala suele pensarse desde sus avenidas más transitadas y zonas reconocibles, pero buena parte de su historia urbana se encuentra en barrios poco mencionados, antiguos cantones y territorios que fueron absorbidos casi en silencio por el crecimiento urbano. Más allá del Centro Histórico, la ciudad se ha expandido como una espiral que integra espacios con trayectorias propias, muchas veces desconocidas incluso para quienes la habitan.
Desde su fundación en el Valle de la Ermita en el siglo XVIII, la ciudad fue pensada para crecer de manera ordenada alrededor de la Plaza Mayor. Sin embargo, ese orden pronto comenzó a desbordarse. Durante el siglo XIX, mientras el núcleo central mantenía su carácter administrativo y simbólico, los alrededores acumulaban problemas sanitarios, calles deterioradas y barrios olvidados. Víctor Manuel Díaz periodista e historiador del siglo XX, escribió que ya en 1831 una capital donde los contrastes
eran evidentes, con zonas céntricas monumentales y barrios periféricos marcados por la precariedad.
Como documenta la investigadora Frieda Liliana Morales Barco en su estudio sobre la génesis de la Nueva Guatemala de la Asunción, la ciudad nació dividida en cuarteles que agrupaban barrios, hoy casi borrados del imaginario urbano.
En el sur poniente se encontraban El Perú y San Juan de Dios, mientras que hacia el suroriente se asentaban La Habana y Capuchinas. El centro reunía los barrios de Catedral y San José, y hacia el poniente se extendían San Sebastián y Escuela de Cristo. En el noreste, La Candelaria integraba a El Tanque y El Marrullero, y el cuartel de Uztariz estaba Ojo de Agua y Santa Rosa.
Estos barrios, administrados por alcaldes propios y pensados para el control del orden público, fueron el primer tejido urbano de una ciudad que con el tiempo los

Imagen antigua de Canalitos, incorporada formalmente como zona 24.

Guatemala, viernes 30 de enero de 2026
superó, los transformó o los volvió casi invisibles, aunque siguen siendo la base histórica sobre la que se expandieron las zonas actuales. Con la Reforma Liberal, a partir de 1871 la ciudad se transformó de manera acelerada. El ideal de progreso impulsó nuevos barrios residenciales y desplazó el crecimiento hacia el sur, incorporando antiguos potreros, llanos y aldeas. Espacios como La Reformita, El Incienso o Gerona nacieron en contextos distintos al del centro fundacional, con usos habitacionales y laborales que respondían a una ciudad más desigual. Estas áreas crecieron al margen del relato oficial, pero fueron esenciales para sostener la vida urbana.
Nacimiento de zonas
Una de las mayores curiosidades de la capital es su sistema de zonas. La numeración en espiral, concebida en el siglo XX, no solo ordenó calles y avenidas, sino que también dejó vacíos aparentes. Las zonas 20, 22 y 23 no existen dentro del municipio porque esos territorios ya pertenecían a otros municipios vecinos. Esta ausencia no es un error, sino una huella visible de los límites administrativos y del crecimiento desbordado.
La historiadora Hilda Méndez ha señalado que este modelo urbano, desarrollado junto a Raúl Aguilar Batres durante la década revolucionaria (1944-1954), fue un diseño visionario cuya vigencia se mantiene hasta hoy. Su relevancia radica en que continúa organizando la vida cotidiana de la capital mediante la zonificación en espiral y la nomenclatura de calles y avenidas. Para Méndez, el principal problema no es el diseño en sí, es la falta de mantenimiento de las obras estructurales, como el sistema de drenajes y tuberías heredado de ese periodo.
Barrios como Canalitos, parte de la zona 24, revelan otra cara de la capital. Aunque formalmente integrados, conservan rasgos de su pasado como aldea. Según Fernando Mollinedo, historiador nacional, estas áreas surgieron de antiguos cantones que fueron absorbidos, muchas veces sin la infraestructura necesaria. La topografía accidentada, falta de drenajes y problemas de acceso contrastan con su cercanía física al centro de la ciudad.
La capital no es solo un conjunto de zonas numeradas. Es una suma de barrios que guardan historias, curiosidades territoriales y memorias poco visibles. Caminarla con atención permite descubrir que no creció de una sola vez sino a partir de múltiples bordes que, aunque poco conocidos, también la sostienen y la definen.


Álvaro Véliz, arquitecto urbanista, charló sobre cómo visualiza la ciudad del futuro según el Centro Cívico

Graduado de la Universidad Nacional Autónoma de México.
Consultor del Plan de Manejo del Centro Histórico para la Municipalidad de Guatemala y actualmente arquitecto asesor de Proyectos Prioritarios de la Presidencia.
Texto: Pablo Cahuec Fotos: Carlos Caljú
Motivado por un honesto amor a la ciudad de Guatemala y lo que representa en su ingeniera y estructura, el arquitecto Álvaro Véliz considera que el futuro de la metrópoli se encuentra en la visión que desea plasmar en el Centro Cívico, desarrollar un espacio donde eficiencia estatal, cultura y peatonalidad se entrelacen en comodidad con los ciudadanos.
¿Qué proyectos se impulsan para el Centro Cívico?
Existen tres proyectos estratégicos de la Presidencia de la República en planificación. Primero, un metro de superficie sobre la línea del ferrocarril que será desarrollado por Ferrovias; se espera construir varias estaciones y así dar respuesta al tráfico. Segundo, se creará un centro cultural en la Antigua Estación Central del Ferrocarril, por lo que sus insta-
laciones se convertirían en museo y parque público. Y la construcción del Centro Administrativo del Estado, que centralizará en un solo lugar las oficinas públicas y modernizará el servicio estatal, lo que da eficiencia a las gestiones estatales. Estos dos en manos de la Agencia Nacional de Infraestructura.
Estos proyectos se articulan mediante un corredor peatonal y cultural que conecta el Centro Cívico, el Teatro Nacional, la Ciudad de los Deportes y el próximo sistema de transporte. Otorga una mirada a cómo podría desarrollarse el resto de la capital, de esta manera quienes vengan disfrutarán de características que la ciudad del futuro deberá tener: integración de lo público, el arte, la recreación, transporte digno y capaz de ser caminable.
¿En qué piensa respecto a esto?
No se puede separar movilidad, espacios verdes y peatonalidad, todo va junto. La ciudad del futuro se debe basar en el bien común, en un equi -
librio entre lo público y lo privado, en una arquitectura que construya identidad y cohesión social, no responder solo a intereses económicos, sino a una visión colectiva.
Espero y confío que este impulso inspire a otros arquitectos o ingenieros a implementar ideas con estas características que abarquen e impacten en otras áreas de la metrópoli y así se construya la ciudad del futuro.
¿En cuánto tiempo se verán resultados?
Son proyectos de largo plazo. Hablamos de al menos ocho años, cuatro de esta gestión y cuatro más. Lo importante es iniciar y dejar el legado avanzado, algo que rara vez ocurre en la política guatemalteca. Esto ya no es populismo, es visión de Estado.
¿Qué le gustaría que se dijera?
Que los guatemaltecos amen su ciudad como a sí mismos. Que la sientan como su hogar común. Que
caminar por sus calles, plazas y espacios públicos sea una experiencia de alegría, orgullo y pertenencia. Ese es el verdadero proyecto urbano, que la ciudad de Guatemala vuelva a ser nuestra casa.
¿Cuál es la importancia del Centro Cívico?
En muchos sentidos es el equivalente moderno de un centro ceremonial prehispánico. Es el centrosimbólico de la modernidad guatemalteca que surge de la Revolución de 1944. No es solo un conjunto de edificios, es un proyecto urbano vivo, en tiempo real, que articula arquitectura, civismo, democracia y espacio público.
En su origen fue concebido como un “corazón de ciudad”, idea promovida por el movimiento de la modernidad internacional en los años 50. Proponía que las ciudades debían tener un núcleo donde el peatón fuera protagonista, el civismo se fortaleciera y el espacio público como calzadas, escalinatas, plazas y edificios
Guatemala, viernes 30 de enero de 2026
con plantas abiertas generara una experiencia creativa y colectiva.
Por ello se le puede considerar como un punto de referencia al momento de hablar sobre el pasado, presente y futuro de nuestra ciudad.
¿El lugar dialoga con lo ancestral?
En él reaparece, de forma reinterpretada, una tradición urbana y arquitectónica que se interrumpió con la conquista desde la cosmovisión maya, la relación con el Cosmos, los ejes cardinales, el Sol, la luna y la geometría sagrada.
Esto se expresa en las escalinatas, las alfardas, los puentes peatonales, el uso de la piedra y en una arquitectura que yo llamo de “cósmico-geométrica”. Cada edificio cumple un rol dentro de un conjunto que dialoga con el entorno y con la historia profunda del territorio.
¿Qué otros elementos lo hacen único?
Un tercer componente fundamental que es la integración plástica. El Centro Cívico reúne a los grandes artistas de su época como Carlos Mérida, Efraín Recinos, Roberto González Goyri, Alberto Vázquez, entre otros, quienes plasmaron en murales y relieves la cosmogonía resultante de la fusión de lo maya, lo guatemalteco y la herencia colonial.
Por primera vez se construyó una arquitectura que no solo cumplía una función, sino creaba identidad, una idea clara de guatemalidad. Arte, urbanismo, cosmogonía y modernidad confluyen en un solo espacio, aquí reside su importancia.
¿En historia y política, qué representa?
El Centro Cívico es también un símbolo material de la Revolución de Octubre de 1944 a 1954. Los edificios fundacionales como la Municipalidad de Guatemala, el Instituto Guatemalteco de Seguridad Social,


el Banco de Guatemala y el Crédito Hipotecario Nacional representan los grandes logros de ese período. Por ejemplo, la autonomía municipal, la seguridad social, una banca nacional fortalecida y una banca pública al servicio del bien común, que ya existía, pero se decide darle más realce.
No son edificios administrativos cualquiera, son símbolos de un Estado que trabajaba por el bienestar colectivo y por la democracia.
¿Cómo se gestó históricamente?
Hubo una etapa de visión previa impulsada por figuras clave
como Raúl Aguilar Batres, Juan José Arévalo y el alcalde Mario Méndez Montenegro. Desde los años 40 se protegió el área del antiguo Fuerte de San José de Buenavista y del Parque Navidad para uso público, lo que sentó las bases de este futuro ente y de un gran centro cultural.
Aunque la Revolución fue interrumpida en 1954, el proyecto continuó en el ámbito municipal. En los años 60 aparecen los grandes arquitectos como Pelayo Llarena, Roberto Aycinena, Jorge Montes, Carlos Haeussler y se construyen los edificios emblemáticos dentro de los cánones de la arquitectura moderna, filtrada por la identidad guatemalteca.

El urbanista muestra con detalle lo que se espera de la transformación.
¿Qué ocurrió con esta visión?
A partir de los años 80, la arquitectura pública perdió su papel protagónico. Se debilitó la planificación, se fragmentó la visión urbana y la ciudad creció sin una agenda pública coherente. Guatemala se convirtió en una metrópolis con millones de personas sin una estrategia integral de movilidad, agua, uso del suelo o protección ambiental. Perdimos el impulso hacia el futuro que el Centro Cívico había iniciado.
¿Se pueden sentar bases para la ciudad del futuro?
En efecto. Puede ser una plataforma ideológica y urbanística para retomar ese futuro perdido. En los años 2000 impulsé proyectos de rehabilitación del Centro Cívico, el Centro Histórico y el Hipódromo del Norte, conectándolos mediante espacio público, transporte y áreas pensadas para el peatón.
El proyecto Corredor Central Aurora–Simeón Cañas, la Sexta Avenida, las plazas recuperadas y el Transmetro son ejemplos de una nueva forma de hacer ciudad, aunque aún insuficiente para cambiar su destino.






