37 • XXIV DOMINGO ORDINARIO, Ciclo C

Arquidiócesis de Guadalajara, A.R.
15 de septiembre de 2019
Fundada el 4 de junio de 1930. Registro postal: IM14-0019, impresos depositados por sus editores o agentes. INDA-04-2007-103013575500-106
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37 • XXIV DOMINGO ORDINARIO, Ciclo C

Arquidiócesis de Guadalajara, A.R.
15 de septiembre de 2019
Fundada el 4 de junio de 1930. Registro postal: IM14-0019, impresos depositados por sus editores o agentes. INDA-04-2007-103013575500-106
El Evangelio del día de hoy narra cómo los que se consideraban buenos criticaban a Jesús por acoger y comer con los pecadores. Preguntémonos: ¿nos parecemos a aquellos judíos que se consideraban justos, buenos y cumplidores?, ¿no hemos criticado o murmurado de algún seguidor actual de Jesús porque también iba con quienes consideramos "pecadores"?
Hoy, en la Iglesia, quienes nos consideramos fieles cristianos, quisiéramos que a quienes consideramos "pecadores" se convirtieran y orientaran su vida según la verdad y el amor de Dios. Pero quizá, en bastantes ocasiones, parecemos quererlo de un modo más teórico que real, ya que lo pretendemos, casi diría, "a distancia", sin relacionarnos con ellos, sin "comer" con ellos.
Jesús, como respuesta a la murmuración de quienes se consideraban "buenos", explicó estas tres entrañables parábolas que hemos leído: la del buen pastor que deja las 99 ovejas para ir en búsqueda de la oveja descarriada, la de la pobre mujer que no ceja en la búsqueda de la moneda que ha perdido, y la del Hijo Pródigo. Y las tres parábolas terminan igual: hablándonos de la alegría de Dios, no porque los justos y buenos continúen siendo justos y buenos, sino por "un solo pecador que se convierta".
A veces nosotros -en la Iglesia- hablamos -casi diría soñamos o añoramos- la conversión de "muchos". Jesús habla de la conversión de "un solo pecador". Uno solo, porque cada uno vale inmensamente, cada uno causa esta enorme alegría de Dios.

La conversión de un solo pecador causa la gran alegría de Dios. Y este solo pecador puedo ser yo, puedes ser tú, puede ser cada uno de nosotros. ¿Hemos pensado, cuando nos sentimos y nos sabemos pecadores, que nuestra conversión causará gran alegría en el cielo, esta gran alegría entre los ángeles de Dios, esta inmensa alegría de Dios, de la que nos habla Jesús?
Señor Dios, c�eador y soberano de todas las cosas, vuelve a nosot�os tus ojos y concede que te si��amos de todo corazón, para que experimentemos los e�ectos de tu miserico�dia. Por nuest�o Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y �eina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
1Lectura del libro del Éxodo 32, 7-11. 13-14
En aquellos días, dijo el Señor a Moisés: “Anda, baja del monte, porque tu pueblo, el que sacaste de Egipto, se ha pervertido. No tardaron en desviarse del camino que yo les había señalado. Se han hecho un becerro de metal, se han postrado ante él y le han ofrecido sacrificios y le han dicho: ‘Este es tu dios, Israel; es el que te sacó de Egipto’ “. El Señor le dijo también a Moisés: “Veo que este es un pueblo de cabeza dura. Deja que mi ira se encienda contra ellos hasta consumirlos. De ti, en cambio, haré un gran pueblo”. Moisés trató de aplacar al Señor, su Dios, diciéndole: “¿Por qué ha de encenderse tu ira, Señor, contra este pueblo que tú sacaste de Egipto con gran poder y vigorosa mano? Acuérdate de Abraham, de Isaac y de Jacob, siervos tuyos, a quienes juraste por ti mismo, diciendo: ‘Multiplicaré su descendencia como las estrellas del cielo y les daré en posesión perpetua toda la tierra que les he prometido’ ”. Y el Señor renunció al castigo con que había amenazado a su pueblo. Palabra de Dios.
SALMO RESPONSORIAL
del salmo 50, 3-4. 12-13. 17 y 19
R. Me levantaré y volveré a mi Padre.
Por tu inmensa compasión y miserico�dia, Señor, apiádate de mí y olvida mis o�ensas. Lávame bien de todos mis delitos y puri�ícame de mis pecados.
R. Me levantaré y volveré a mi Padre.
C�ea en mí, Señor, un corazón pu�o, un espíritu nuevo para cumplir tus mandamientos. No me ar�ojes, Señor, lejos de ti, ni �eti�es de mí tu santo espíritu.
R. Me levantaré y volveré a mi Padre.
Señor, ab�e mis labios y canta�á mi boca tu alabanza. Un corazón contrito te p�esento, y a un corazón contrito, tú nunca lo desp�ecias.
R. Me levantaré y volveré a mi Padre.
2Lectura de la carta del Apóstol san Pablo a Timoteo 1, 12-17 Querido hermano: doy gracias a Aquel que me ha fortalecido, a nuestro Señor Jesucristo, por haberme considerado digno de confianza al ponerme a su servicio, a mí, que antes fui blasfemo y perseguí a la Iglesia con violencia; pero Dios tuvo misericordia de mí, porque en mi incredulidad obré por ignorancia, y la gracia de nuestro Señor se desbordó sobre mí, al darme la fe y el amor que provienen de Cristo Jesús. Puedes fiarte de lo que voy a decirte y aceptarlo sin reservas: que Cristo Jesús vino a este mundo a salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero. Pero Cristo Jesús me perdonó para que fuera yo el primero en quien Él manifestara toda su generosidad y sirviera yo de ejemplo a los que habrían de creer en Él, para obtener la vida eterna. Al rey eterno, inmortal, invisible, único Dios, honor y gloria por los siglos de los siglos. Amén. Palabra de Dios.
ACLAMACIÓN ANTES
DEL EVANGELIO
2 Cor 5, 19
R. Aleluya, aleluya.
Dios ha �econciliado consigo al mundo, por medio de Cristo, y nos ha encomendado a nosot�os el mensaje de la �econciliación. R. Aleluya.
EVANGELIO
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 15, 1-32
En aquel tiempo, se acercaban a Jesús los publicanos y los pecadores a escucharlo; por lo cual los fariseos y los escribas murmuraban entre sí: “Este recibe a los pecadores y come con ellos”. Jesús les dijo entonces esta parábola: “¿Quién de ustedes, si tiene cien ovejas y se le pierde una, no

deja las noventa y nueve en el campo y va en busca de la que se le perdió hasta encontrarla? Y una vez que la encuentra, la carga sobre sus hombros, lleno de alegría, y al llegar a su casa, reúne a los amigos y vecinos y les dice: ‘Alégrense conmigo, porque ya encontré la oveja que se me había perdido’. Yo les aseguro que también en el cielo habrá más alegría por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos, que no necesitan arrepentirse. ¿Y qué mujer hay, que si tiene diez monedas de plata y pierde una, no enciende luego una lámpara y barre la casa y la busca con cuidado hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, reúne a sus amigas y vecinas y les dice: ‘Alégrense con-
migo, porque ya encontré la moneda que se me había perdido’. Yo les aseguro que así también se alegran los ángeles de Dios por un solo pecador que se arrepiente”.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Que el efecto de este don celestial, Señor, transforme nuestro cuerpo y nuestro espíritu, para que sea su fuerza, y no nuestro sentir, lo que siempre inspire nuestras acciones. Por Jesucristo, nuestro Señor.


El 15 de septiembre celebramos el inicio de la Independencia de México. Esta festividad nos recuerda el amor que los Católicos le debemos a nuestra Patria. Desde el punto de vista de la doctrina de la Iglesia, el amor y el servicio a nuestro país, no es solo un deber, sino una obligación. Así por ejemplo el Papa Pío XI nos dice: “El buen católico, precisamente en virtud de la doctrina católica, es por lo mismo el mejor ciudadano, amante de su patria”. Papa Pío XI (Encíclica Divini illius magistri).
El Papa León XIII fue incluso más allá a la hora de definir el compromiso que un católico debe tener hacia su patria, y nos recuerda que este compromiso implica incluso dar la vida por la misma.
“Por ley natural estamos obligados a amar especialmente y defender la sociedad en que nacimos, de tal manera que todo buen ciudadano esté pronto a arrostrar aun la misma muerte por su patria”. Papa León XIII (Encíclica Sapientiae Christianae ).
Amor a la Iglesia y a la Patria
El Papa San Pío X, también, nos explica la comunión que existe entre el amor a la Iglesia y a la Patria,
y nos explica que esta no solo es digna de amor y servicio, sino que también lo es de predilección, por lo que preferentemente debemos rezar y trabajar por sus intereses respecto a otros intereses también legítimos, pero más alejados en el orden de la caridad.
“Si el Catolicismo fuera un enemigo de la Patria, no sería una religión divina. La Patria es un nombre que trae a nuestra memoria los recuerdos más queridos, y bien sea porque llevamos la misma sangre que aquellos nacidos en nuestro propio suelo, o bien debido a la aun más noble semejanza de afectos y tradiciones, nuestra Patria es no solo digna de amor, sino de predilección. Sentimos, pues, veneración por la Patria, que en suave unión con la Iglesia contribuye al verdadero bienestar de la Humanidad. Y esta es la razón porqué los auténticos caudillos, campeones y salvadores de un país han surgido siempre de entre las filas de los mejores católicos” Discurso pronunciado por Su Santidad Pío X el 20 de abril de 1909.



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Notaria de San José: 36 14 27 46
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Tels. San José de Gracia: 36 14 27 46
Norma: 33 3829 8030
Héctor: 33 1486 1082

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