Teologia sistematica (muestra)

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«Steve Wellum ya ha realizado una importante contribución en el ámbito de la metodología bíblica-teológica: una visión de pacto progresivo que hace hincapié en ello como marco para la correcta comprensión del conjunto de la Escritura. Con este nuevo libro, hace otra importante contribución basada en esta idea de pacto progresivo: una teología sistemática que sirva para expresar la verdad doctrinal sobre el Dios trino y Sus caminos para que la iglesia crezca en fe, obediencia y se expanda a todo el mundo a través del evangelio de Jesucristo. Una obra maestra».

Gregg R. Allison, profesor de teología cristiana, The Southern Baptist Theological Seminary

«Teología sistemática es una obra de carácter evangélico, completamente bíblica, documentada por las principales voces de la historia de la iglesia, escrita para servir a la iglesia y moldeada por la teología del pacto progresivo. El compromiso de Wellum con otros eruditos, junto con su formulación de cuestiones relacionadas con el método teológico y el desarrollo de la cosmovisión cristiana, resultan magníficos. Este exhaustivo volumen refleja décadas de estudio, investigación y enseñanza, el cual proporcionará una guía perspicaz, reflexiva y edificante a una generación de estudiantes, pastores, líderes eclesiásticos y teólogos experimentados».

David S. Dockery, distinguido profesor de teología de Southwestern Baptist Theological Seminary y presidente de International Alliance for Christian Education «Wellum demuestra ser extremadamente hábil a la hora de resumir y sintetizar material bíblico, comprender la historia de la teología cristiana, captar diversas escuelas filosóficas de pensamiento, y se apasiona por aportar su trabajo a la vida y práctica contemporáneas. Esta teología es plenamente cristiana y trinitaria, empapada de la antigua reflexión teológica cristiana, comprometida con lo mejor de la Reforma y bautista por convicción. Es satisfactorio ver a una mente teológica de gran calidad dedicarse a la enseñanza de esta. Me complace que vea la luz una nueva teología sistemática tan sólida y directa. Es sencillamente excelente, y espero con impaciencia su recepción e influencia». Bradley G. Green, profesor de estudios teológicos de Union University y profesor de filosofía y teología del Southern Baptist Theological Seminary

«Stephen Wellum nos ha dado la mejor teología sistemática desde la perspectiva del “pacto progresivo”. Alternativa tanto a la teología clásica reformada del pacto como al dispensacionalismo, Wellum proyecta una amplia visión de esta “tercera vía” de interpretación de la Escritura. Aunque sigo persuadido de la primera perspectiva, los argumentos de Wellum me parecieron edificantes, desafiantes y, en muchos puntos, un avance en el compromiso evangélico serio con el propio marco teológico de la Escritura. Además, escribe para la iglesia y ese objetivo es evidente en todos los temas». Michael Horton, Profesor J. Gresham Machen de Teología Sistemática y Apologética, Westminster Seminary, California

«La Teología Sistemática de Wellum es bíblicamente fiel, pastoralmente sabia, adaptada a la cultura y metodológicamente astuta. Wellum aborda los retos filosóficos básicos que se ciernen sobre el ejercicio de la teología hoy en día, pero fundamentalmente es un teólogo bautista que formula la doctrina de forma exegética, pactual y canónica. Aunque otros estudiosos sistemáticos hacen un buen trabajo, este volumen es la teología sistemática que estaba esperando. Se coloca en lo más alto».

Jonathan Leeman, director editorial, 9Marks

«Tenemos en nuestras manos un volumen que se convertirá en un libro de texto esencial para los seminarios evangélicos. Se hará referencia a él en las próximas décadas porque realmente es una teología impulsada por el argumento bíblico, fundamentada en la historia de la iglesia y relacionada con los problemas contemporáneos. Muestra tanto la madurez de un profesor con experiencia como la precisión de un erudito bien publicado. Pastores, estudiantes y profesores por igual querrán aprender de él».

Christopher W. Morgan, decano y profesor de teología, School of Christian Ministries, California Baptist University

«Steve Wellum es uno de los teólogos más brillantes y sagaces de nuestros días, cuya obra magna se presenta ahora ante nosotros. Este volumen es una profunda teología sistemática que recurre a la teología bíblica, la teología histórica y la filosofía para formular una presentación coherente y bien estructurada de la doctrina cristiana. En mi opinión, nadie lo ha hecho mejor que Steve Wellum. Él subraya que la teología sistemática es práctica, aplicada a toda la vida. Todos vivimos, lo sepamos o no, en función de nuestra teología sistemática. Por tanto, se trata de un libro vital, de lectura obligada tanto para el mundo académico como para la iglesia».

Thomas R. Schreiner, catedrático James Buchanan Harrison de Interpretación del Nuevo Testamento y decano asociado del Southern Baptist Theological Seminary

«En Teología sistemática, Stephen Wellum no solo se dedica a la tarea de hacer teología, sino que también lo hace como expresión de adoración a Dios. En este excepcional volumen, Wellum presenta el relato narrativo de la Biblia y, a continuación, pasa magistralmente de la teología bíblica a la sistemática a la luz de la teología histórica. Para Wellum, el objetivo de discernir la verdad doctrinal a partir de las Escrituras es bueno, pero no último. La teología y la doctrina sirven para conocer y adorar a Dios correctamente y para vivir con obediencia y gozo bajo el señorío de Cristo. Esta es la teología de la iglesia, en la iglesia y para la iglesia. Tomen y lean. Aprendan de Dios y adoren al Creador y Señor del Pacto».

Gregory C. Strand, director ejecutivo de teología y acreditación de la EFCA, profesor adjunto de teología pastoral de Trinity Evangelical Divinity School

«Según la ley de la oferta y la demanda, la necesidad de teologías sistemáticas evangélicas no es tan grande como hace veinte años, gracias a Dios. Sin embargo, el volumen de Wellum, el primero de una prometida pareja, destaca por dos razones. En primer lugar, es abiertamente bautista. En segundo lugar, y lo que es más importante, la teología sistemática de Wellum se basa en la teología bíblica. Toda la tercera parte expone su característico marco teológico progresivo del pacto. El “sistema” que emerge se centra y magnifica el ser y las obras del Dios trino en la creación y el cuidado del mundo. Los lectores encontrarán aquí un pensamiento teológico claramente argumentado y bíblicamente fundamentado sobre Dios y todas las cosas en relación con Dios para la edificación de Su pueblo».

Kevin J. Vanhoozer, profesor investigador de teología sistemática, Trinity Evangelical Divinity School

TEOLOGÍA SISTEMÁTICA

TEOLOGÍA SISTEMÁTICA

DEL CANON A LA

CONCEPTUALIZACIÓN

VOLUMEN UNO

STEPHEN J. WELLUM

A mis colegas teólogos, del pasado y del presente, en el Southern Baptist Theological Seminary, que agudizaron mi pensamiento, entablaron sólidos debates teológicos y dieron muestras de gracia incluso en áreas de desacuerdo. Estoy sumamente agradecido por su colaboración en el evangelio, ya que hemos tratado de tomarnos en serio nuestra sobria y gozosa responsabilidad de enseñar a las próximas generaciones de ministros cristianos a permanecer fieles únicamente a la Escritura y a conocer y proclamar la gloria de nuestro Dios trino manifestada en el rostro de nuestro Señor Jesucristo.

CONTENIDO

Parte 1: Introducción a la teología sistemática

Capítulo 1: Teología sistemática: Naturaleza e importancia

Capítulo 2: Teología sistemática: Contexto cultural

Capítulo 3: Teología sistemática: El fundamento

Capítulo 4: Teología sistemática: El método

Parte 2: La revelación del Dios trino que habla

Capítulo 5: Dios y Su Palabra: El habla divina

Capítulo 6: Revelación natural o general

Capítulo 7: ¿Qué es la Escritura? Tres puntos de vista de la autoridad bíblica

Capítulo 8: ¿Por qué recibir la Escritura como la Palabra de Dios escrita?

Capítulo 9: La inspiración de la Escritura

Capítulo 10: La infalibilidad y la inerrancia de la Escritura

Capítulo 11: La suficiencia y la claridad de la Escritura

Capítulo 12: El canon de la Escritura

Parte 3: El marco bíblico-teológico de la Escritura

Capítulo 13: Creación, caída, redención y nueva creación

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Capítulo 14: El reino a través del pacto: El pactismo progresivo 469

Capítulo 15: Sistemas bíblico-teológicos contrapuestos en la teología evangélica 527

PARTE 4: De la teología bíblica a la formulación teológica

Capítulo 16: El Dios que está ahí: Debate contemporáneo

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Capítulo 17: El trino Señor del pacto: Panorama teológico 619

Capítulo 18: Los atributos de nuestro Dios trino 645

Capítulo 19: El Dios trino de toda gloria 729

Capítulo 20: El Dios trino que planea todas las cosas: El decreto divino 785

Capítulo 21: El Dios trino que crea: Creación 853

Capítulo 22: El Dios trino que sustenta y gobierna: Providencia (Parte 1) 937

Capítulo 23: El Dios trino que sustenta y gobierna: Providencia (Parte 2) 973

Índice de nombres

Índice de temas 1026

Índice de las Escrituras 1050

PREFACIO

Hace años, cuando acepté por primera vez escribir una teología sistemática, subestimé lo difícil y desalentador que sería semejante proyecto. El peso y la responsabilidad de comunicar fielmente a la iglesia todo el consejo de Dios para nuestro tiempo no es tarea fácil. De hecho, ¡pensar que una sola persona puede hacer tal cosa ya es un problema! ¿Quién es suficiente para semejante tarea, aparte del estímulo constante de los demás, la dependencia en los que nos han precedido y la confianza constante en la gracia y la ayuda de nuestro Dios trino?

La teología sistemática se concibe mejor como «la fe que busca el entendimiento», y requiere una comprensión precisa de la Palabra de Dios, centrada en el conocimiento de Dios y la aplicación de la Escritura a todos los ámbitos de la vida. La teología debe apoyarse en los hombros de los grandes teólogos que la han precedido; nunca se hace de forma aislada. Además, la teología también debe abordar las necesidades de nuestros días, para que podamos cumplir nuestra vocación como iglesia de destruir «especulaciones y todo razonamiento altivo que se levanta contra el conocimiento de Dios, y poniendo todo pensamiento en cautiverio a la obediencia de Cristo» (2 Co. 10:5, NBLA). Separada de la fe y de una teología sólida, la iglesia corre siempre el peligro constante de ser sacudida «por las olas y llevad[a] de aquí para allá por todo viento de doctrina, por la astucia de los hombres, por las artimañas engañosas del error» (Ef. 4:14, NBLA), en lugar de estar arraigada y cimentada en nuestro Señor Jesucristo, en quien «están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento» (Col. 2:3, NBLA) y la vida eterna (Jn. 17:3). No es de extrañar que la redacción de una teología sistemática para la iglesia de nuestros días sea tanto una tarea abrumadora como una alegría y un privilegio. Como tal, no podría haber terminado este primer volumen de una

teología sistemática proyectada en dos volúmenes sin la ayuda de muchas personas, a quienes es imposible dar las gracias.

Mi comprensión del evangelio y de la sana teología me fue enseñada primero por mis padres, miembros de mi familia, fieles pastores que son demasiado numerosos para mencionarlos, y por mis maestros durante mis años de seminario en Trinity Evangelical Divinity School. Todos ellos buscaron fielmente conocer, proclamar y aplicar la verdad de la Escritura sin condiciones. Además, quiero dar gracias a mi esposa, Karen, y a nuestros hijos, Joel, Justin, Joshua, Janae y Jessica, que soportaron mi enseñanza teológica en el hogar y trataron de hacerla relevante para sus vidas a medida que les pasaba la batuta para que permanecieran fieles al Dios trino del evangelio y trataran de honrarlo en sus matrimonios y familias.

Asimismo, quiero dar las gracias a mis alumnos a lo largo de los años, lo que comenzó hace más de veintisiete años, primero en Associated Canadian Theological Schools, y desde entonces en diversas instituciones teológicas de Norteamérica, Irlanda y otros países. Sin embargo, quiero dar gracias especialmente a mis alumnos del Southern Baptist Theological Seminary, donde he trabajado desde 1999. Además, su deseo de conocer a Dios y Su Palabra y de pensar teológicamente en todas las áreas de la vida me ha animado mucho como profesor, y estoy muy agradecido al Señor por la oportunidad que me ha dado de enseñar y formar a la próxima generación de ministros evangélicos para que sean fieles en su teología y en sus vidas. Hoy en día, lo que se necesita son pastores fieles e iglesias locales fuertes, y me siento alentado por muchos de mis estudiantes que son tales pastores en las iglesias a las que han sido llamados a servir, enseñar y ministrar.

También debo dar las gracias a la administración y a los fideicomisarios del Southern Seminary, especialmente al Dr. Albert Mohler. El Dr. Mohler ha dirigido bien el seminario, dando ejemplo de vigilancia en el mantenimiento de la sana doctrina, y también exigiendo esto de su profesorado. Además, sin la generosa política sabática del seminario, habría sido difícil terminar este primer volumen. Estoy agradecido por la inversión del Southern en la educación teológica de la iglesia, junto con las iglesias bautistas del sur que apoyan fielmente a sus seminarios. Mi oración es que nuestra convención de iglesias y nuestros seminarios nunca dejen de defender la plena autoridad de la Escritura, la sana teología ortodoxa y de proclamar las inescrutables riquezas de Cristo.

Este libro está dedicado a mis colegas, tanto del pasado como del presente, que han servido a mi lado en la enseñanza de la teología sistemática. Me he beneficiado de todos mis colegas del

Southern Seminary quienes me han agudizado y desafiado a una enseñanza bíblica y teológica fiel, pero especialmente quiero reconocer a aquellos en teología sistemática que han servido como colegas en el ministerio del evangelio. Aunque discrepemos en algunos puntos, existe una notable unidad en las gloriosas verdades de la teología cristiana, y un profundo deseo de transmitir una teología sólida a la siguiente generación. Ha sido un gozo y un privilegio servir junto a Bruce Ware, Gregg Allison, Kyle Claunch, y anteriormente Oren Martin, Tyler Wittman, Chad Brand y Craig Blaising. Todos mis colegas me han enseñado y perfeccionado, y me han animado a hacer teología para la gloria de nuestro Dios trino y el bien de la iglesia. Gracias, señores, por ser compañeros en el evangelio, que permanezcamos fieles a la alta vocación que tenemos de conocer a Dios y Su Palabra y de hacer teología correctamente. Mi oración es que esta obra anime a muchos en su comprensión de la Palabra de Dios y a pensar correctamente sobre nuestro grande y glorioso Dios. Vivimos en días desafiantes para la iglesia, y lo que se necesita es fidelidad a todo el consejo de Dios para que el ministerio evangélico continúe, Dios sea glorificado y Cristo proclamado. Soli Deo gloria.

INTRODUCCIÓN

La teología sistemática no es opcional para la iglesia. De hecho, la teología es la esencia misma de la iglesia y, por tanto, necesaria para su vida y salud. En el centro de la tarea de la teología está el conocimiento de nuestro Dios trino como Creador, Redentor y Señor del pacto, junto con la aplicación de Su Palabra a nuestras vidas. Para nosotros, que hemos sido creados y redimidos por Dios, no hay vocación más elevada que la de conocer al único Dios verdadero en y por nuestro Señor Jesucristo (Jn. 17:3).

La teología, que es el pensamiento disciplinado sobre Dios y todas las cosas en relación con Él, no está reservada a los teólogos académicos; es la vocación y la responsabilidad de todos los cristianos. Como «reina de las ciencias», la teología es la disciplina culminante que utiliza la razón santificada para comprender la totalidad de la Escritura y aplicar sus enseñanzas a todos los ámbitos de nuestra vida. La teología nos permite «pensar los pensamientos de Dios según Él» para alabanza de Su gloria y para el bien de la iglesia. De hecho, sin una teología sólida, no pensamos correctamente sobre Dios, sobre nosotros mismos ni sobre el mundo. Aunque todo el mundo tiene algún tipo de teología, nuestra tarea consiste en asegurarnos de que nuestra teología es fiel a la Escritura y a «la fe que de una vez para siempre fue entregada a los santos» (Jud. 3, NBLA).

La teología es necesaria en todas las épocas, pero especialmente hoy. Desde sus comienzos, la iglesia siempre ha estado en peligro de desviación teológica y espiritual, y la tarea de la primera es impedir que seamos «llevados por doquiera de todo viento de doctrina» (Ef. 4:14). La teología está llamada a exponer y defender la verdad de la Palabra de Dios para que la iglesia siga amando y proclamando las inescrutables riquezas de Cristo a las naciones

Introducción

(Col. 1:28-29) en todos los contextos culturales. No obstante, hoy la necesidad parece mayor. Por todas partes, muchos evangélicos están experimentando una crisis de identidad colectiva. Seguramente por muchas razones, pero sin duda una de ellas se debe a la menguante convicción de que la teología es una disciplina objetiva basada en el Dios trino que realmente está ahí y que se nos ha dado a conocer con autoridad. Durante muchos años, como David Wells ha advertido repetidamente a la iglesia evangélica de Occidente, hemos cambiado la fidelidad teológica por el «éxito pragmático».1 Como resultado, el pensamiento bíblico y teológico disciplinado ha pasado a un segundo plano frente a otras preocupaciones culturales, hasta el punto de que incluso los críticos del evangelicalismo notan algunos cambios masivos dentro del evangelicalismo contemporáneo.2 Por esta razón, si la iglesia evangélica no tiene cuidado, corre el peligro de renunciar a su convicción de que una teología objetiva es posible (porque la Escritura es la Palabra autorizada de Dios y digna de confianza) y debe ser deseable.

Ahora bien, la convicción de esta obra es la opuesta a algunas de estas tendencias actuales. Con la iglesia histórica y «católica», estoy convencido de que el Dios trino está realmente ahí y que se ha revelado en Su Palabra autorizada, de ahí que la teología sea a la vez posible y absolutamente necesaria para la vida y la salud de la iglesia. Pero ¿qué es lo que distingue a esta obra de otras obras de teología? Cabe hacer cinco comentarios.

En primer lugar, en muchos aspectos esta obra no dice nada nuevo, y considero que este es su punto fuerte. Esta obra no pretende ser novedosa, sino fiel a la Escritura y a la teología clásica y ortodoxa. Como tal, afirmo alegremente que las confesiones «católicas» de la iglesia son verdaderas (por ejemplo, el Credo de los Apóstoles, el de Nicea y Calcedonia) y estoy convencido de que los «viejos caminos» son lo que la iglesia necesita hoy, especialmente en las áreas doctrinales de la teología propia y cristología.

1 Ver David F. Wells, The Bleeding of the Evangelical Church (Carlisle: Banner of Truth, 2021); ver Wells, No Place for Truth or Whatever Happened to Evangelical Theology? (Grand Rapids: Eerdmans, 1993); Wells, The Courage to Be Protestant: Reformation Faith in Today’s World, 2ª ed. (Grand Rapids: Eerdmans, 2017).

2 Por ejemplo, ver David Gushee, «The Deconstruction of American Evangelicalism», Baptist News Global, 11 de octubre de 2021, https://baptistnews.com/article/the-deconstruction-of-american-evangelicalism /#.YWR-8trMKUk. Gushee, un crítico del evangelicalismo, señala algunas tendencias recientes dentro de este círculo que se alejan de la teología para centrarse en preocupaciones más culturales.

En segundo lugar, este libro está comprometido con la verdad de las solas de la Reforma (por ejemplo, sola Scriptura, sola gratia, sola fide, solus Christus, soli Deo Gloria) y con lo que los reformadores recuperaron en términos de estas verdades centrales del evangelio. Además, estoy convencido de que en el corazón de la teología de la Reforma está la supremacía gloriosa del Dios trino como Creador, Señor y Redentor autosuficiente y santo. La obra se compromete a fondo con la teología reformada como el punto de vista más fiel a Dios como Señor soberano merecedor de toda nuestra adoración, amor y obediencia.

En tercer lugar, este libro es indiscutiblemente bautista, aunque los distintivos específicos de esta denominación en lo que respecta a la iglesia se desarrollarán en el volumen 2. Sin embargo, es evidente incluso en este volumen que estoy convencido de que una visión adecuada de los pactos y de la obra del nuevo pacto de Dios en Cristo requiere un compromiso inflexible con los distintivos y las convicciones bautistas.

En cuarto lugar, como ya se ha dicho, mis convicciones bautistas se deben a mi comprensión de cómo Dios despliega Su plan eterno a través de los pactos bíblicos. En este sentido, este libro ofrece una alternativa a la teología clásica reformada del pacto y dispensacional y, en su lugar, afirmo el «pacto progresivo» como la mejor forma de «estructurar» la metanarrativa bíblica desde el Génesis hasta el Apocalipsis.

En quinto lugar, esta obra está convencida de que la teología sistemática surge de todo el canon de las Escrituras, pero no meramente como textos aislados que pueden organizarse de diversas maneras. Por el contrario, la teología surge de la propia presentación de la Biblia y de su marco pactual, razón por la cual la teología debe ser intratextual y no extratextual. Con lo primero quiero decir que la teología debe ser fiel a las estructuras y categorías propias de la Biblia y funcionar como nuestro «lente» autorizado con el que miramos el mundo. Esto contrasta con las teologías extratextuales que funcionan como retículas «autoritativas» impuestas a la Escritura, reinterpretando así la Biblia según un marco externo fuera de la Escritura y no viceversa. Este «método de correlación» extratextual es destructivo para la teología ortodoxa y debe rechazarse para ser fiel al marco teológico propio de la Biblia. La Escritura, precisamente porque es la Palabra autorizada de primer orden de Dios, presenta su propia visión del mundo dada por Dios, que debe servir como los lentes con los que sacamos conclusiones teológicas e interpretamos el mundo. De lo contrario, la Biblia se convierte en un simple «libro influenciable» sujeto al más reciente esquema conceptual, lo que tristemente hemos presenciado repetidamente en las teologías que, desde la Ilustración hasta hoy, se han apartado del cristianismo histórico.

Introducción

Este proyecto se divide en dos volúmenes. En la primera parte de este volumen, tratamos cuestiones de prolegómenos cruciales mediante el establecimiento de la tarea teológica en nuestro contexto actual y el argumento de la necesidad de una teología «desde lo alto». Puesto que la teología nunca se hace aisladamente, nos centramos específicamente en la exposición y defensa de la teología cristiana como disciplina objetiva y verdadera. Lo hacemos explicando los fundamentos (principia) de dicha teología, a saber, el Dios trino que existe y Su discurso autorizado que se nos da en la Escritura. En la parte 2, se desarrolla en detalle la doctrina de la revelación como el discurso divino de Dios contenido, primero, en la naturaleza y, luego, de forma suprema en la Escritura. Puesto que nuestra teología depende de la autorrevelación de Dios, es crucial que nuestras conclusiones teológicas surjan de la totalidad de la Escritura. Por esta razón, en la parte 3, dedicamos tiempo a desentrañar la historia del pacto bíblico desde la creación hasta la nueva creación y desde Adán hasta Cristo, de modo que la Biblia informe nuestras conclusiones teológicas como una historia coherente y unificada del plan eterno de Dios centrado en Jesús. En la cuarta parte comenzaremos a hacer teología, es decir, pasaremos de la teología bíblica a la formulación teológica. Comenzamos donde empieza la Escritura, es decir, la gloria de nuestro Dios trino. La teología propia se discutirá primero en términos de quién es Dios en sí mismo (ad intra) antes de que lo hagamos en Sus obras externas (ad extra) como nuestro Creador y Señor providencial.

En el volumen 2, por la gracia de Dios, seguiremos en la formulación teológica a partir de la propia historia bíblica del pacto completando los otros loci de la teología sistemática: las doctrinas de la humanidad y el pecado, la persona y la obra de Cristo, la salvación, la iglesia y las últimas cosas.

Mi más ferviente oración es que, en alguna pequeña medida, esta obra anime a la iglesia evangélica a pensar teológicamente en todos los ámbitos de la vida para gloria de Dios. Vivimos tiempos difíciles en los que se observa mucha desviación teológica y estoy convencido de que no necesitamos teologías novedosas en deuda con las tendencias del momento, sino teologías que recuperen los «viejos caminos» y que, al hacerlo, permanezcan fieles a la santa Palabra de Dios. Lo que se necesita no es menos teología, sino más; no la teología del menor esfuerzo, sino una teología sólida que acepte a Dios como es y se gloríe en Cristo Jesús como Señor.

Soli Deo Gloria

PARTE 1

Introducción a la teología sistemática

CAPÍTULO 1

Teología sistemática: Naturaleza e importancia

Introducción

La teología significa cosas diferentes para la gente. Para algunos es una disciplina académica que describe a varios teólogos y sus teologías y, por tanto, es solo para profesores o pastores, pero no para el cristiano laico. Para otros, la teología es una disciplina especulativa y esotérica que a menudo nos aleja de la Escritura y que es perjudicial para una relación viva con el Señor. Otros piensan que la teología, especialmente la teología «sistemática», impone «estructuras» a la Escritura, alejándola así de la misma Palabra de Dios y haciéndola menos «bíblica». Independientemente de lo que la gente piense que es la teología, en la iglesia, lamentablemente, ha caído en desgracia. La evidencia de esta afirmación no es difícil de encontrar. Desde 2014, Lifeway y Ligonier han llevado a cabo la encuesta «El estatus de la teología» cada dos años.1 Cuando se plantean preguntas teológicas básicas a los autodenominados evangélicos, resulta evidente que muchos carecen incluso de una comprensión teológica rudimentaria. Por ejemplo, en la encuesta del año 2020, el 96 % de los evangélicos estaban de acuerdo en que «hay un Dios verdadero en tres personas: Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo». Sin embargo, el 30 % de estas mismas personas afirmó que «Jesús fue un gran maestro, pero

1 «The State of Theology», https://thestateoftheology.com

no era Dios», y el 65 % estuvo de acuerdo en que «Jesús fue el primer y más grande ser creado por Dios», una contradicción de la primera afirmación. Sea como sea que intentemos dar sentido a estas respuestas paradójicas, revelan mínimamente que nuestras iglesias carecen de conocimientos doctrinales básicos.

Sin embargo, esto no debería sorprendernos. Hemos antepuesto la experiencia religiosa y la pragmática al pensamiento disciplinado sobre la Escritura. Para muchos, la teología es difícil de «vender», especialmente en la era de las redes sociales, donde la reflexión cuidadosa se sustituye por imágenes y tuits. La teología tiene poco «valor comercial»; lo que queremos son respuestas instantáneas que cubran nuestras necesidades inmediatas. Y sobre todo tememos las divisiones dentro de la iglesia que suelen producirse cuando el pensamiento teológico cuidadoso se enfrenta a la falsa enseñanza.2

Es imperativo corregir estos conceptos erróneos «populares» de la teología sustituyéndolos por una comprensión adecuada de la misma. Para ello, reflexionaremos primero sobre qué es la teología sistemática en la Escritura antes de identificar algunos de sus elementos básicos y su relación con las demás disciplinas teológicas. Nuestro objetivo es demostrar que la teología sistemática no es opcional para la iglesia; es fundamental para que pensemos correctamente sobre Dios, sobre nosotros mismos y sobre el mundo. La teología es básica para el discipulado cristiano, y es la disciplina culminante, que conduce a la formación de la cosmovisión. La teología no es un ejercicio discrecional; es esencial para la vida y la salud de la iglesia, y nos demos cuenta o no, todos tenemos algún tipo de teología. Pero la cuestión más importante para nosotros es si nuestra teología es fiel a la Escritura o no. Si no lo es, esto es grave, ya que las ideas erróneas sobre Dios y la Escritura tienen consecuencias desastrosas. En última instancia, lo que está en juego es la cuestión de la verdad y de si la iglesia es fiel al mandato de la Escritura de derribar «argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios» y de llevar «cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo» (2 Co. 10:4b-5).

2 Ver David Wells, No Place for Truth (ver Introducción, nota 1); Wells, God in the Wasteland: The Reality of Truth in a World of Fading Dreams (Grand Rapids: Eerdmans, 1994); Wells, Losing Our Virtue: Why the Church Must Recover Its Moral Vision (Grand Rapids: Eerdmans, 1999); y Wells, Above All Earthly Pow’rs: Christ in a Postmodern World (Grand Rapids: Eerdmans, 2005).

Teología sistemática: Naturaleza e importancia

Teología y la Escritura

Históricamente, la teología sistemática ha sido considerada la «reina de las ciencias». Como «reina», es la hermosa piedra angular y culminación de todas las disciplinas, especialmente las teológicas. Bien entendida, la teología es el «estudio del Dios trino», que es nuestro Creador y Señor y, por tanto, la fuente y la norma de todo conocimiento y verdad (Pr. 1:7; Is. 46:8-10; Ro. 11:33-36). De hecho, el summum bonum del conocimiento es el de Dios. De hecho, todo el conocimiento humano, ya sea en la creación o en la Escritura, se fundamenta en el discurso y la autorrevelación de Dios. Para que los seres humanos conozcamos algo, dependemos de la iniciativa de Dios de darse a conocer a nosotros.3 Por esta razón, la teología no es algo reservado al académico, al pastor o al cristiano de mentalidad espiritual. Más bien, es la vocación y la responsabilidad de todos los humanos conocer a Dios como su Creador y Señor. Sobre todo, para el pueblo redimido de Dios, el cual ha sido recreado en Cristo Jesús para conocer al único Dios verdadero (Jn. 17:3).

En su esencia, la teología sistemática es la tarea obediente de la iglesia de utilizar una razón renovada, mediante la reflexión fiel sobre el conjunto de la Escritura y la aplicación de sus enseñanzas a todos los ámbitos de la vida. En otras palabras, la teología es la disciplina que busca «pensar los designios de Dios según Él», para alabanza de Su gloria y bien de la iglesia.4

Vista de este modo, la teología obedece a lo que Dios ordena hacer a Su pueblo.

Por ejemplo, piense en el mandato de nuestro Señor en la Gran Comisión (Mt. 28:18-20).

Bajo la autoridad del Rey Jesús, debemos «hacer discípulos de todas las naciones», bautizándolos en el nombre del Dios trino y «enseñándoles que guarden todo lo que les he mandado». Para obedecer el mandato de nuestro Señor se requiere un cuidadoso pensamiento bíblico y teológico; conocer la Escritura. Debemos pensar correctamente sobre quiénes son el Padre, el Hijo y el Espíritu y aplicar fielmente toda la Escritura a la vida común. Esto es la teología.

3 Juan Calvino, Institutes of the Christian Religion, ed. John T. McNeill, trad. Ford Lewis Battles, 2 vols. (Filadelfia: Westminster Press, 1960), 1.1.1 (1:35), señala astutamente la naturaleza interrelacionada del conocimiento de Dios y de nosotros mismos. De hecho, no podemos saber quiénes somos sin el conocimiento de quién es Dios.

4 Considerar la teología como «pensar los designos de Dios según Él» es un resumen útil de toda la tarea teológica. Sobre este punto, ver Greg L. Bahnsen, Van Til’s Apologetic: Readings and Analysis (Phillipsburg: P&R, 1998), 220-60.

Pablo exhorta a Timoteo a «prestar mucha atención a [su] vida y [su] enseñanza», que tiene implicaciones de vida o muerte (1 Ti. 4:16). Se le ordena que «con diligencia [procure] presentar[se] a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que maneja con precisión la palabra de verdad» (2 Ti. 2:15, NBLA). A Tito se le exhorta a que se aferre a «la palabra fiel tal como ha sido enseñada, para que también pueda exhortar con sana enseñanza y convencer a los que contradicen» (Tit. 1:9). Todas estas exhortaciones requieren que se haga teología. Primero hay que entender la Escritura para tener una enseñanza (o doctrina) correcta, y hay que refutar el error aplicando correctamente la enseñanza de la Escritura. Sin embargo, no solo los líderes de la iglesia deben conocer una teología sólida; todos los creyentes deben estar «siempre preparados para presentar defensa (apología) […] ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros» (1 P. 3:15). Para obedecer este mandamiento, todos los creyentes deben conocer primero la sana enseñanza para poder defenderla contra diversas objeciones. Todo ello requiere una instrucción bíblica-teológica rigurosa.

Entonces, ¿qué es la teología sistemática? Es el «estudio ordenado y exhaustivo del Dios trino» y de todas las cosas en relación con Él (del griego, theos [Dios] + logos [palabras, estudio de]). John Webster lo expresa así: «La teología cristiana es el trabajo de un razonamiento renovado y bíblico para considerar un doble objeto».5 Webster continúa: «Primero, Dios en sí mismo en la insuperable perfección de Su ser interior y obra como Padre, Hijo y Espíritu y Sus operaciones exteriores, y, segundo y por derivación, todas las demás cosas relativas a Él».6 B. B. Warfield definió la teología de manera similar: «La teología […] es aquella ciencia que trata de Dios en sí mismo y en Sus relaciones» con los seres humanos y el mundo.7 Un

5 John Webster, The Domain of the Word: Scripture and Theological Reason (Nueva York: T&T Clark, 2012), 115.

6 John Webster, God without Measure, vol. 1, God and the Works of God (Nueva York: T&T Clark, 2016), 3. En otro lugar, Webster desentraña la naturaleza de la teología en términos de objeto y principios cognitivos de la teología: «La Santísima Trinidad es el principio ontológico de la teología sistemática cristiana. Su principio cognitivo externo u objetivo es la palabra divina, mediante la cual […] el autoconocimiento incomunicable de Dios se acomoda a los santos. El principio cognitivo interno o subjetivo es la inteligencia redimida de los santos. La teología sistemática es, pues, conocimiento ectípico […]. Su materia es doble: Dios, y todas las cosas en Dios». Webster, «Principles of Systematic Theology», IJST 11, núm. 1 (2009): 56.

7 B. B. Warfield, «Theology a Science», en Selected Shorter Writings, ed. John E. Meeter, 2 vols. (Phillipsburg: P&R, 1973), 2:207.

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término más antiguo para describir la teología sistemática es «teología dogmática». En este trabajo, utilizaremos estos términos indistintamente, aunque técnicamente la teología dogmática se refiere a las «doctrinas bíblicas centrales oficialmente establecidas en las declaraciones confesionales de una iglesia»,8 y como tal refleja las conclusiones del razonamiento bíblico de una comunidad o tradición particular a partir de la Escritura. Si esto es la teología sistemática, ahora podemos ver por qué no hay vocación o estudio más profundo. El Catecismo Menor de Westminster comienza con la famosa pregunta: «¿Cuál es el fin principal del hombre?». Su respuesta: «El fin principal del hombre es glorificar a Dios y gozar de Él para siempre». En la Escritura, lo fundamental para que glorifiquemos a Dios es conocerlo. De hecho, el propósito de nuestra creación es conocer y amar a Dios como portadores de Su imagen y pueblo del pacto (Mt. 22:37-40). Piense en cómo se describe la relación del nuevo pacto entre Dios y Su pueblo: «No tendrán que enseñar más cada uno a su prójimo y cada cual a su hermano, diciéndole: “Conoce al Señor”, porque todos Me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, declara el Señor» (Jer. 31:34a, NBLA). No hay vocación más elevada ni nada más urgente para los seres humanos, como criaturas de Dios, y especialmente para el pueblo redimido de Dios en Cristo, que conocer a nuestro Dios trino en toda Su majestad, belleza y santo esplendor (Sal. 89:16; Is. 11:9; Jn. 17:3). La vida y la salud de la iglesia dependen directamente de nuestro conocimiento de Dios y, por tanto, de la práctica de la teología.

De hecho, como nos recuerda acertadamente Herman Bavinck, la teología no es en realidad más que el conocimiento de Dios, que luego se aplica a todos los ámbitos de la vida. Bavinck escribe:

Así pues, el conocimiento de Dios es el único dogma, el contenido exclusivo, de todo el campo de la dogmática [teología]. Todas las doctrinas tratadas en la dogmática (se refieran al universo, a la humanidad, a Cristo, etc.) constituyen la explicación del dogma central del conocimiento de Dios. Todas las cosas son consideradas, sometidas y devueltas a Él. La dogmática siempre está llamada a ponderar y describir a Dios y solo a Dios […] esto es lo único que la dogmática debe exponer.9

8 Joel R. Beeke y Paul M. Smalley, Reformed Systematic Theology, 3 vols. (Wheaton, IL: Crossway, 2019-2021), 1:42.

9 Herman Bavinck, Reformed Dogmatics, ed. John Bolt, trad. John Vriend, 4 vols. (Grand Rapids: Baker Academic, 2003-2008), 2:29.

El supuesto en el que se basa esta visión de la teología consiste en considerarla una disciplina o ciencia objetiva, basada en el Dios trino que existe realmente y que se nos ha dado a conocer. Esta concepción de la teología contrasta con la teología «liberal», que la considera en general como el estudio de la «religión» o la «fe», una idea «subjetivista». La comprensión de la teología de Friedrich Schleiermacher es un buen ejemplo de ello. Para Schleiermacher, la teología es el análisis de la conciencia religiosa, el sentimiento de dependencia absoluta.10 Como observaremos en los capítulos 2–3, el problema de tal punto de vista es que la teología se hace independiente de la Escritura, y su fuente no se fundamenta directamente en el discurso divino de Dios, sino en la experiencia personal mediada a través de la comunión de los santos. No obstante, la experiencia personal, incluso mediada a través de la iglesia, nunca es la autoridad final para el teólogo. De hecho, esta visión de la teología suspende la cuestión de la verdad objetiva. La «religión» trata más bien de nuestra experiencia y búsqueda de lo divino. Dios se convierte en un aspecto de la experiencia humana, una visión contraria a la teología cristiana histórica. La teología no consiste en que encontremos una forma de hablar de Dios a partir de la experiencia humana, sino en que el Dios trino decida darse a conocer a las personas.

Además, John Frame define la teología sistemática como «la aplicación de la Palabra de Dios por las personas a todos los ámbitos de la vida».11 El énfasis en la «aplicación» es importante porque reitera lo que la gente suele olvidar sobre la teología, a saber, que la teología se aplica a todos los ámbitos de nuestra vida. Si combinamos las definiciones de Webster y Frame, podemos decir que la teología sistemática es el estudio del Dios trino y de todas las cosas en relación con Él, lo cual implica la aplicación de la Palabra de Dios a todos los ámbitos de la vida.12 Además, la introducción por parte de Frame de la «aplicación» en la definición de teología no solo nos ayuda a pensar qué es la teología sino también cómo se hace. Aunque hablaremos más sobre el método teológico en el capítulo 4, en este momento, trabajando con nuestra definición de teología, podemos decir que el hacer teología sistemática implica mínimamente dos pasos.

10 Friedrich Schleiermacher, The Christian Faith, ed. H. R. Mackintosh y J. S. Stewart (1830; Nueva York: T&T Clark, 1999), 3-128.

11 John Frame, The Doctrine of the Knowledge of God (Phillipsburg: P&R, 1987), 76.

12 Ver Frame, 81-88.

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En primer lugar, la teología requiere que apliquemos la Palabra de Dios. Esto no solo supone que la Escritura, como Palabra de Dios escrita, es de primer orden y, por tanto, fundacional para nuestra teología, sino también que una lectura correcta de la Escritura es fundamental para hacer teología. La Biblia es más que una colección de textos aislados de la historia antigua. Por el contrario, la Escritura es la revelación progresiva de Dios de Su plan eterno que va de la creación a la nueva creación, centrada en la venida de Cristo. Así pues, una lectura correcta de Su Palabra requiere que los textos individuales se sitúen en relación con la continuación de la historia del pacto bíblico y, en última instancia, a la luz de todo el canon cumplido en Cristo. Debe prestarse cuidadosa atención a la presentación que la propia Biblia hace de su contenido, sus categorías y sus enseñanzas, lo que, como señalaremos más adelante, implica hacer teología bíblica.

En este sentido, la conocida definición de teología de Charles Hodge requiere modificaciones, al igual que la definición de Wayne Grudem que depende de Hodge. Por ejemplo, Hodge define la teología como «la exposición de los hechos de la Escritura en su orden y relación adecuados, con los principios o verdades generales implicados en los hechos mismos, y que impregnan y armonizan todo».13 Del mismo modo, Wayne Grudem define la teología como el estudio que responde a la pregunta «¿Qué nos enseña hoy toda la Biblia?» sobre cualquier tema dado, lo que implica «recopilar y comprender todos los pasajes relevantes de la Biblia sobre diversos temas y luego resumir sus enseñanzas con claridad para que sepamos qué creer sobre cada tema».14

Sin duda hay verdad en lo que dicen Hodge y Grudem. La teología sistemática sí busca saber lo que enseña la totalidad de la Escritura sobre un tema determinado, de ahí el término «sistemática». Sin embargo, el problema de tales definiciones es que no hacen justicia a lo que la Escritura es en realidad. La Escritura no es un diccionario teológico ni un almacén de proposiciones y hechos, aunque sea completamente proposicional. Por el contrario, la Escritura es un lenguaje esencial dado por Dios que se compone de muchas formas literarias que requieren una interpretación cuidadosa, y es una revelación que se desarrolla y nos es dada a lo largo del tiempo, un punto que trataremos en el capítulo 4.

13 Charles Hodge, Systematic Theology, 3 vols. (1852; repr., Grand Rapids: Eerdmans, 1982), 1:19.

14 Wayne Grudem, Systematic Theology, 2ª ed. (Grand Rapids: Zondervan, 2020), 1 (énfasis eliminado).

Por lo tanto, la teología no se limita a recopilar textos y ordenarlos adecuadamente como si pudiéramos sacar los textos de su contexto canónico inmediato y general. Al contrario, la Escritura, como revelación de Dios que se manifiesta a lo largo del tiempo, nos llega en un orden específico y dentro de su propio marco interpretativo. Los textos deben interpretarse y tener sentido a la luz de su contexto redentor-histórico y, en última instancia, en términos de un canon completo. Nuestra tarea consiste en comprender los textos individuales a la luz de la totalidad de la Escritura y luego «juntar» la Escritura y todo lo que enseña «en sus propios términos».15

Otra forma de afirmarlo es que la Escritura es una revelación de palabra-acto. No solo relata las poderosas acciones de Dios en la historia; también es la interpretación de Dios de Sus actos redentores a través de autores humanos y, por tanto, verdadera, objetiva y autorizada. Por esta razón, las propias interpretaciones y descripciones de la Escritura son infalibles y nos sirven de «marco interpretativo» o «gafas» para pensar sobre Dios, el mundo y nosotros mismos.16 Así pues, aplicar la Escritura implica en primer lugar que la interpretemos correctamente como un canon completo.

En segundo lugar, la teología exige que apliquemos la Escritura a todos los ámbitos de la vida. Esto implica que la teología es algo más que repetir la Escritura; por el contrario, la teología tiene un elemento «constructivo». Este elemento no solo «reúne» todo lo que enseña la Escritura, sino que también implica su aplicación a todos los ámbitos de la vida. Por esta razón, la teología es fundamental para la formación de la visión del mundo, ya que trata de integrar la revelación de Dios en la naturaleza y en la Escritura como un ejercicio de «fe que busca la comprensión». Al tomar la descripción de primer orden de la Biblia, buscamos comprender la Escritura en términos de aplicación, implicaciones lógicas y vinculaciones metafísicas. Sin duda, lo hacemos con ayuda del pasado, pero también buscamos aplicar la Escritura a los problemas de nuestros días para enseñar a la iglesia la sana doctrina y refutar los errores tanto de la época pasada como de la actual. Dios no nos ha dado Su Palabra para un solo aspecto de nuestras vidas; la Palabra de Dios se aplica a todos los ámbitos de la vida, del mismo modo que el señorío de Cristo está por encima de todo. Abraham Kuyper

15 Para una crítica similar del uso que hace Charles Hodge de la Escritura y del método teológico, ver Bavinck, Reformed Dogmatics, 1:93-94.

16 Ver Calvino, Institutes, 1.6.1-4 (1:69-74).

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captó bien este punto con sus famosas palabras: «No hay un centímetro cuadrado en todo el dominio de nuestra existencia humana sobre el que Cristo, que es Soberano sobre todo, no clame: “¡Mío!”».17

Volveremos sobre este punto en capítulos posteriores, pero permítame ilustrar brevemente cómo es este segundo paso en el quehacer cristológico. Para responder a la pregunta de quién es Jesús, primero recurrimos a todo el canon de la Escritura. Al hacerlo, descubrimos que el Jesús de la Biblia es totalmente único; es Dios el Hijo desde la eternidad que, en la encarnación, se añadió a sí mismo una naturaleza humana (Jn. 1:1,14). Sin embargo, esta presentación bíblica plantea algunas cuestiones teológicas legítimas que requieren comprensión y construcción doctrinal, incluso el uso de lenguaje, conceptos y juicios extrabíblicos. Por ejemplo, ¿cómo debemos pensar en la relación entre Jesús como Hijo y el Padre y el Espíritu? O ¿cómo debemos entender la relación entre la deidad del Hijo y la humanidad dada la distinción Creador-criatura (Fil. 2:6-11)? O ¿cómo se explica la afirmación de Jesús de que no sabe ciertas cosas si es Dios Hijo y, por tanto, omnisciente (Mr. 13:32)? Para responder a estas preguntas, se recurre al elemento «constructivo» de la teología, que trata de «comprender» la Escritura y «poner toda unida» la enseñanza bíblica de manera que dé cuenta de todos los datos bíblicos. No basta con repetir la Escritura, también debemos «darle sentido» para discipular a los creyentes en la verdad y obedecer la exhortación de la Biblia de estar siempre dispuestos a defender razonadamente lo que creemos. En definitiva, el propósito de la teología es ayudar al pueblo de Dios a comprender mejor la Escritura para que podamos conocer correctamente la Palabra de Dios, aplicarla a nuestras vidas y cumplir nuestra vocación como iglesia de conocer a Dios y darlo a conocer.18 Como cristianos, somos llamados a ajustar toda nuestra vida, lenguaje y pensamiento a la Palabra de Dios. Al hacerlo, también formulamos una cosmovisión bíblica bien pensada para que obedezcamos el mandato de la Escritura: «No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento» (Ro. 12:2).

17 Abraham Kuyper, «Sphere Sovereignty», en Abraham Kuyper: A Centennial Reader, ed. James D. Bratt (Grand Rapids: Eerdmans, 1998), 488.

18 Ver Frame, Doctrine of the Knowledge of God, 76-85.

Teología en las Escrituras

Una vez establecida esta idea básica de lo que es la teología sistemática, veamos ahora un ejemplo bíblico de cómo se hace y se practica la teología. A veces es más fácil comprender qué es la teología viendo cómo se practica, y esto tiene también la ventaja añadida de permitir que la Escritura sirva de paradigma para nuestra reflexión sobre qué es en realidad la teología y cómo debe hacerse. Sin duda, en la Escritura hay muchos ejemplos de cómo se hace tal cosa, pero el discurso de Pablo en Atenas es el más instructivo para nosotros hoy por diversas razones (Hch. 17:16-32).19

En primer lugar, el razonamiento de Pablo ilustra que la teología es bíblica en el sentido de que se fundamenta en el relato bíblico que se desarrolla desde la creación hasta Cristo. Aún más: el contenido, las categorías y el marco teológico de la Biblia sirven de matriz interpretativa mediante la cual explica el evangelio, interpreta el mundo, diagnostica el problema humano, da su solución en Cristo y aplica la verdad de la Escritura a sus oyentes. En segundo lugar, basándose en el primer punto, el razonamiento de Pablo ilustra que la teología presenta una cosmovisión o filosofía bien pensada, es decir, una perspectiva total de la vida, o una gran metanarrativa, que le permite interpretar y criticar todas las demás teologías o cosmovisiones. La propia descripción de la realidad que hace la Escritura proporciona las «gafas» con las que Pablo piensa y actúa. La teología, por tanto, no solo es «constructiva» al describir y explicar el mensaje de la Biblia; también es «apologética» en el sentido de que llama a los no cristianos a arrepentirse de su forma de pensar y de suprimir la verdad y a volverse a la única fuente de verdad, el Dios trino de la Escritura y Su Palabra. En tercer lugar, el razonamiento de Pablo ilustra que la teología es contextual; es decir, se dirige a un contexto y a unas personas concretas, y se aplica a ese contexto con precisión y poder. La teología no está meramente interesada en darnos una lista de proposiciones intemporales; está interesada en aplicar la Palabra autorizada de Dios a personas concretas y en hacer que la verdad de Él influya en todos los ámbitos de la vida.

Cada uno de estos puntos es importante para comprender qué es la teología y cómo debe hacerse. Sin embargo, el tercer punto une lo que Pablo hace en su época con la nuestra y

19 Mi análisis de Hechos 17 tiene una deuda de gratitud con D. A. Carson, «Athens Revisited», en Telling the Truth: Evangelizing Postmoderns, ed. D. A. Carson (Grand Rapids: Zondervan, 2000), 384-98.

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nos anima a hacer lo mismo. ¿Por qué? Por esta razón: en muchos aspectos, nuestro contexto cultural actual es paralelo al que Pablo afrontó en Atenas en el siglo i, y la forma en que aborda la tarea teológica es ilustrativa para nosotros. Como analizaremos en el capítulo 2, nuestro contexto actual es pluralista, posmoderno, secular y poscristiano. Un elemento central del pensamiento de nuestra época es la negación de la verdad objetiva, debido en gran medida a la adopción de puntos de vista que no tienen fundamentos sólidos, en contraste con la teología cristiana. Concretamente en Occidente, esto ha dado lugar a la aceptación de una multiplicidad de cosmovisiones distintas del cristianismo y a un correspondiente analfabetismo bíblico y teológico junto con un creciente sincretismo. Nuestro contexto es similar al que Pablo afrontó en Atenas, salvo por el aspecto poscristiano. Por eso el discurso ateniense de Pablo y su razonamiento bíblico son tan instructivos para nosotros; nos enseñan cómo presentar la verdad del evangelio en términos de todo un marco bíblico-teológico enraizado en la historia de la Biblia, lo que nos ilustra sobre la tarea teológica.

Para subrayar este punto, piense en cómo Pablo en el libro de los Hechos proclama la verdad del evangelio (incluida toda una teología) en función de su audiencia. Normalmente, cuando Pablo iba a una ciudad, primero iba a la sinagoga donde razonaba con los judíos y los temerosos de Dios, y su proclamación del evangelio seguía un patrón básico: argumentaba a partir del A. T. que Jesús es el Mesías prometido y que, en Su vida, muerte, resurrección, ascensión y en Su envío del Espíritu Santo en Pentecostés había inaugurado el tan esperado reino de Dios y la era del nuevo pacto (ver Hch. 13:5,14-41,44-45; 14:1; 17:2,10,17). Pablo comenzó así porque él y su audiencia judía tenían una teología común. Ambos creían en el A. T. y, por tanto, cuando Pablo hablaba de «Dios», «Mesías», «pactos», «pecado», etc., se dirigía a personas con una cosmovisión común.

En Atenas, sin embargo, el público y el contexto de Pablo eran muy diferentes. Los atenienses no aceptaban el A. T.; estaban impregnados de idolatría, eran pluralistas en su perspectiva e ignoraban la enseñanza bíblica y la cosmovisión necesarias para comprender incluso las verdades más rudimentarias que Pablo necesitaba comunicar. Por lo tanto, la predicación de Pablo sobre Cristo y toda la cosmovisión bíblica en medio del Areópago tenía un punto de partida y una estructura diferentes a las de su predicación en las sinagogas.

En Atenas, el razonamiento evangélico de Pablo no comenzó inmediatamente con Jesús como el Mesías. Por el contrario, primero construyó un marco de referencia bíblico y teológico para que su proclamación de Cristo tuviera sentido en los propios términos de la Biblia y dentro

de sus propias categorías. No se trata de negar que Pablo y los atenienses tenían en común la revelación natural (un punto que Pablo deja claro en Ro. 1). Sin embargo, la cuestión es que los atenienses, al suprimir la verdad, no podían comprender plenamente el mensaje de Pablo si no lo situaban dentro del marco conceptual de las Escrituras.20 Más adelante, identificaremos este enfoque como intratextual, o «teología desde lo alto»; es decir, el punto de partida de la teología es desde el punto de vista de la revelación de Dios a nosotros. Pablo sabe que su presentación de Cristo solo tiene sentido dentro de la perspectiva bíblica de la realidad (metafísica) fundamentada en una teoría específica del conocimiento (epistemología), que se traduce en una visión específica de la obligación moral (ética). Los atenienses interpretan y explican el mundo y a sí mismos mediante un marco de cosmovisión ajeno debido a una supresión de la verdad de la revelación natural, o lo que identificaremos como un marco conceptual extratextual. Pablo no parte de un terreno neutral en el que tanto él como los atenienses tengan un acuerdo epistemológico común. Sin duda, los atenienses son portadores de la imagen de Dios como Pablo y comparten el orden creado, pero su interpretación del mundo depende de su filosofía general. Esta es la razón por la que el apóstol Pablo establece primero toda la posición cristiana como verdadera frente a los puntos de vista no cristianos opuestos; solo en y dentro de la cosmovisión bíblica regida por los «lentes» de la Escritura, Pablo proclama a Jesús como Señor y Salvador.

Esto es instructivo para nosotros, sobre todo a la hora de pensar qué es la teología. De hecho, en la presentación del evangelio, Pablo desarrolla los dos pasos interrelacionados mencionados anteriormente. En primer lugar, Pablo establece seis bloques de construcción que son fundamentales para la cosmovisión bíblica y esenciales para la correcta exposición y defensa de la identidad de Jesús como el Cristo. Al establecer estos bloques de construcción, erige el marco interpretativo propio de la Biblia, mediante el cual interpreta el mundo. Y es desde dentro de este marco teológico donde el apóstol proclama el mensaje del evangelio. Él también da el segundo paso: aplica la Escritura contrastando el punto de vista bíblico con el de sus rivales y, en este caso, lo hace llamando a su audiencia al arrepentimiento y a la

20 Sobre este punto, ver la interacción entre C. Kavin Rowe y Matthew Levering en Rowe, «God, Greek Philosophy, and the Bible: A Response to Matthew Levering», Journal of Theological Interpretation 5 (2011): 69-80; y Levering, «God and Greek Philosophy in Contemporary Scholarship», Journal of Theological Interpretation 4 (2010): 169-85; y la útil discusión en Steven J. Duby, God in Himself: Scripture, Metaphysics, and the Task of Christian Theology (Downers Grove: IVP Academic, 2019), 63-72.

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fe en Cristo como único Señor y Salvador. Antes de aplicar lo que hace el apóstol a nuestra reflexión sobre la naturaleza de la tarea teológica, veamos brevemente estos seis elementos básicos, los cuales son esenciales para dar sentido a la visión bíblica del mundo y dentro de los cuales se formula la teología.

En primer lugar, Pablo comienza con el Dios trino de la creación, donde debe empezar toda la teología cristiana (v. 24). Enmarca toda su discusión sobre Cristo y el evangelio dentro de un universo teísta, e inmediatamente establece el hecho más fundamental de la realidad, la distinción Creador-criatura. Como explica a los atenienses, este mundo no es el resultado de una casualidad ciega (en contraste con los epicúreos y el naturalismo) ni la evolución de un espíritu del mundo (en contraste con el estoicismo y el panteísmo), sino que es la creación de un Dios soberano y personal, que es el único que reina como Señor del cielo y de la tierra.

En segundo lugar, Pablo establece la naturaleza del Dios de la creación como el que es independiente y autosuficiente (aseidad divina). Dios es uno (singularidad y simplicidad) y, por tanto, por definición, de una categoría diferente a todo lo demás. Solo Dios es la fuente de toda existencia, la norma de la verdad y el criterio de la bondad. Como tal, Dios da a los humanos todas las cosas, pero no recibe nada de nosotros que le ayude a gobernar como Señor de toda la historia y providencia (vv. 25-26). Por esta razón, a Dios no se le puede sobornar ni engañar; juzga con objetividad y rectitud, con Su propia voluntad y carácter como criterio de justicia, moralidad y bondad. Si recibimos algo de Él, no es porque lo merezcamos, sino que se debe únicamente a Su elección soberana de actuar en gracia.

En tercer lugar, Pablo explica que Dios es un Dios que habla, y toma la iniciativa de darse a conocer a nosotros, creándonos a Su imagen («descendencia») para situarnos soberanamente en nuestros lugares exactos y que le conozcamos como Señor del cielo y de la tierra (vv. 26-29). Los atenienses habían construido un ídolo al «dios desconocido», pero Pablo deja claro que Dios es conocido y debe ser adorado como tal. Que no conozcamos a Dios es culpa nuestra, no suya, lo que plantea la cuestión del problema humano como pecado ante el Creador y Señor conocido. Él no se aleja de este mundo y lo desconoce, sino que actúa en él para revelarse en la verdad (vv. 25,28). De hecho, debido a la creación, que todos los hombres tienen en común, Dios es universalmente conocido. Como tal, no hay ignorancia real de Él. Además, Dios es conocido por el pueblo de Su pacto por la revelación específica de sí mismo en palabra y obra, que Pablo proclama ahora.

En cuarto lugar, Pablo establece la base de la responsabilidad humana al no conocer a Dios en verdad. Empieza por la doctrina de Dios y luego coloca al ser humano en su marco de referencia adecuado. El apóstol demuestra que por naturaleza y por elección estamos alejados de Dios y condenados justamente porque nos hemos apartado de la verdad sobre nuestro Creador y Señor y Su universo. Por eso los humanos son culpables bajo el juicio divino y necesitan redención (vv. 30-31). Como portadores de la imagen de Dios, descendientes de un solo hombre (v. 26), no tenemos solamente una creación común, sino también un problema común: todos nos hemos rebelado voluntariamente contra el único Dios, el único que nos da la vida y el aliento. No tenemos excusa, pero aparte de este marco, es difícil discernir tales verdades. Ya sea en el siglo i o en el xxi, uno de los grandes retos a los que nos enfrentamos al presentar la verdad de la Escritura, quién es Jesús y por qué le necesitamos es comunicar un sentido bíblico de la depravación humana ante este Dios.

En quinto lugar, dada la naturaleza teocéntrica del universo y la rebelión de la humanidad, Pablo declara que se ordena a todas las personas que se arrepientan antes de que llegue el día del juicio final de Dios (vv. 29-31). Observe cómo la discusión sobre el juicio final se sitúa en un contexto general que le da sentido en los propios términos de la Biblia. En ese día, todos los humanos, dada su creación y su problema comunes, se presentarán ante el único Dios vivo y verdadero, ya sea en arrepentimiento o en rebelión. Si hay esperanza en absoluto, no se encontrará en nosotros, ni individual ni corporativamente; solo se encuentra en Dios el justo, que debe actuar en gracia soberana para proporcionarnos la salvación. Puesto que Dios es uno, el único Creador y Señor, solo Él puede redimir y tomar la iniciativa. Al final, y de acuerdo con Su carácter, Dios actuará tanto en juicio sobre los rebeldes como en gracia hacia los arrepentidos.

En sexto lugar, tras construir el marco teológico básico de la Biblia unido a su argumento general, Pablo llega finalmente a un punto en el que es capaz de proclamar a Jesús como un hombre (aunque es más que un simple hombre) al que Dios resucitó de entre los muertos para juzgar al mundo con justicia (v. 31).

Para nuestro propósito, al reflexionar sobre cómo nos instruye el discurso de Pablo respecto a la naturaleza de la tarea teológica, es crucial observar cuánto tiempo dedica el apóstol a construir primero las propias categorías teológicas de la Biblia antes de predicar a Cristo. ¿Por qué? Porque el Jesús de la Biblia solo puede entenderse como el único e incomparable Señor y Salvador situándolo primero dentro de la teología y la cosmovisión de la Escritura, no en el

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marco extratextual de los atenienses. Por ejemplo, piense en el énfasis que pone Pablo en la resurrección corporal de Cristo. Para los griegos, las resurrecciones corporales eran imposibles e indeseables.21 No obstante, dentro del marco conceptual bíblico y la cosmovisión en la que Pablo ha situado a Jesús, una resurrección corporal no solo es posible, sino también totalmente plausible y deseable. Después de todo, dado quién es Dios, es totalmente razonable pensar que el Creador y Señor está activamente implicado en la historia y es capaz de provocar la resurrección corporal de Cristo. De hecho, dado quién es Él y la elección que hace de salvar a una humanidad caída, tiene todo el sentido que el único que puede redimirnos sea completamente único. Al edificar primero la cosmovisión bíblica de Dios, el yo y el mundo, Pablo es capaz de comunicar la verdadera identidad de Cristo dentro de la teología y la Escritura. Por el contrario, aparte de la cosmovisión bíblica, la identidad de Jesús será inevitablemente malinterpretada, distorsionada y rechazada como inverosímil. D. A. Carson capta este punto crucial:

La buena nueva de Jesucristo —quién es y lo que logró con Su muerte, resurrección y exaltación— es sencillamente incoherente a menos que ya se disponga de ciertas estructuras. No se puede jugar a lanzar una moneda y ver si cae cara o cruz con el verdadero Jesús a menos que se tengan categorías para el Dios personal/trascendente de la Biblia; la naturaleza de los seres humanos hechos a imagen de Dios; el puro odio de la rebelión contra Él; la maldición que nuestra rebelión ha atraído; los efectos espirituales, personales, familiares y sociales de nuestra transgresión; la naturaleza de la salvación; la santidad y la ira y el amor de Dios. No se puede dar sentido a la línea argumental de la Biblia sin esos ingredientes básicos; no se puede dar sentido al retrato bíblico de Jesús sin tales elementos en su lugar.22

El argumento de Carson es importante. Sin embargo, no solo es digno de mención para comprender la identidad de Jesús o para hacer cristología; también es crítico en la construcción de todas las doctrinas cristianas. La verdad bíblica no nos llega en el vacío; nos llega incrustada dentro de la teología específica de la Escritura. O, como nos recordaba J. I. Packer: «La teología es una telaraña sin costuras, un círculo dentro del cual todo se une con

21 Ver David G. Peterson, The Acts of the Apostles, PNTC (Grand Rapids: Eerdmans, 2009), 486-505.

22 Carson, «Athens Revisited», 386.

todo lo demás a través de su fundamento común en Dios». 23 Como una telaraña, las verdades bíblicas están interrelacionadas y, para comprender la doctrina cristiana, hay que ubicarlas dentro del contenido, las categorías y el marco de la Escritura. Por eso el discurso de Pablo en Atenas es una importante ilustración de la teología sistemática en la práctica. Concretamente, demuestra que la práctica de la teología consiste en los dos pasos interrelacionados comentados anteriormente.

En primer lugar, la teología comienza construyendo la cosmovisión bíblica, o lo que hemos denominado el «marco bíblico-teológico», arraigado en el despliegue de la historia del pacto de la Biblia. Al hacerlo, comienza donde comienza la Escritura: primero, el Dios trino dentro de sí mismo (ad intra) y luego el Dios trino en acción fuera de sí mismo (ad extra) en la creación, la providencia, la redención y la consumación. Al trazar el relato bíblico del pacto desde la creación hasta la nueva creación, centrada en Cristo, la teología presenta la visión bíblica de la realidad, el conocimiento y la ética. Y es a partir de todo el canon que se formulan las doctrinas según la Escritura las presenta. En este primer paso, el papel de la teología bíblica es vital ya que nos permite «interpretar los textos bíblicos “en sus propios términos”» y garantizar que nuestra doctrina procede de toda la Escritura.24

En segundo lugar, la teología aplica la Escritura a todos los ámbitos de la vida. Como ejercicio de «fe que busca comprensión», la teología trata de «dar sentido» a la enseñanza bíblica sobre puntos concretos en los propios términos de la Biblia. Al hacerlo, la teología también nos proporciona una visión del mundo bien pensada y fundamentada en la metanarrativa global de la Biblia, mediante la cual interpretamos y criticamos todos los demás puntos de vista. Así pues, la teología nos proporciona la verdad al aplicar la Escritura a todos los ámbitos de la vida: la salvación, la ciencia, la psicología, el matrimonio, los hijos, la ética, etc. En definitiva, la teología sistemática es la profunda vocación de todo cristiano y la sagrada responsabilidad de la iglesia de aprender de nuevo a «pensar los pensamientos de Dios según Él» y a ser tanto «oidores» como «hacedores» de la Palabra (Stg. 1:22-25).

23 J. I. Packer, «Encountering Present-Day Views of Scripture», en The Foundation of Biblical Authority, ed. James Montgomery Boice (Grand Rapids: Zondervan, 1978), 61.

24 Kevin J. Vanhoozer, «Exegesis and Hermeneutics», en New Dictionary of Biblical Theology (en adelante, NDBT), ed. T. Desmond Alexander y Brian S. Rosner (Downers Grove: InterVarsity, 2000), 52.

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La disciplina de la teología sistemática

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Hemos descrito la teología sistemática como la disciplina que la iglesia emprende para aplicar una razón renovada al estudio del Dios trino y de todas las cosas en relación con Él. En esta sección, queremos desarrollar más la naturaleza de la teología sistemática al describir, en primer lugar, cuatro elementos que constituyen la disciplina y, en segundo lugar, su relación con las demás disciplinas teológicas; y por qué la teología sistemática es la piedra angular y la culminación de esas disciplinas.

Los elementos de la teología sistemática

Como disciplina, la teología sistemática se somete a la autoridad magisterial de la Escritura, atiende a la autoridad ministerial del testimonio histórico de la iglesia y, a continuación, aborda cuestiones imperecederas y contemporáneas. Como tal, al menos cuatro elementos constituyen la disciplina.

En primer lugar, la teología sistemática está fundamentada y garantizada únicamente por la Escritura (sola Scriptura). Dado que la Escritura es la Palabra de Dios escrita, solo ella es de primer orden, la garantía epistemológica y el fundamento de nuestra teología.

Todas nuestras conclusiones teológicas, lo que decimos sobre Dios, sobre nosotros mismos y sobre el mundo, deben ser fieles a la Escritura. Ser «bíblico» no consiste en «probar el texto» de la Escritura, es decir, en interpretar los textos fuera de contexto. Por el contrario, es interpretar los textos primero en su contexto inmediato, luego en términos del despliegue de la historia del pacto de la Biblia y, por último, a la luz de todo el canon cumplido en Cristo. Además, sola Scriptura significa que la Escritura es nuestra autoridad final y suficiente, no nuestra única autoridad («sola»).25 Existen otras autoridades «ministeriales», como la teología histórica y filosófica, que desempeñan un papel vital. Sin embargo, por muy importantes que sean estas autoridades, nunca son suficientes: únicamente la Escritura es la autoridad final, «magisterial», la «regla rectora» (norma normans) para todas nuestras formulaciones teológicas.

25 Sobre este punto, ver Matthew Barrett, God’s Word Alone: The Authority of Scripture (Grand Rapids: Zondervan, 2016).

En segundo lugar, la teología sistemática está informada históricamente. Como nos recordó sabiamente Winston Churchill: «Los que no aprenden de la historia están condenados a repetirla». Esto no solo es cierto en el ámbito político, sino también en el estudio de la teología. Nuestro contexto actual es pluralista, posmoderno y secular. Con la pérdida de una metanarrativa consensuada y el rechazo de las tradiciones culturales, estamos comprometidos con lo que C. S. Lewis apodó «esnobismo cronológico». Estamos empeñados en la autodestrucción; cualquier cosa del pasado se rechaza por tendenciosa y opresiva, incluida la sabiduría del pasado.26 Esta mentalidad se ha colado tristemente en la iglesia, en contra de cómo esta ha considerado la importancia de la tradición. Los reformadores, por ejemplo, no estaban comprometidos con la iconoclasia teológica, sino con la recuperación teológica; no rechazaban la tradición, sino que buscaban reformarla a la luz de la Escritura. Como señala Carl Trueman: «El texto sagrado y la historia eclesiástica eran autoridades consensuadas para ambos [católicos y protestantes]. La cuestión no era si debían rechazarse, sino cómo debían entenderse».27

La teología histórica y la tradición confesional de la iglesia desempeñan un papel «ministerial» fundamental en nuestra forma de hacer teología; las ignoramos por nuestra cuenta y riesgo. No abordamos la teología cristiana de novo, sino que nos subimos a hombros de gigantes y aprendemos de los errores del pasado y de sus edificantes formulaciones dogmáticas. La teología debe escuchar a sus antepasados y no pensar simplemente que su único credo es la Biblia. Nos mantenemos dentro de la tradición de la iglesia y de la «fe que de una vez para siempre fue entregada a los santos» (Jud. 3, NBLA).

Con respecto a esto, debemos distinguir entre distintos tipos de tradición. Por un lado, está la Iglesia Católica Romana que defiende dos fuentes de revelación divina: la Escritura y la tradición (Tradición II).28 Según este punto de vista, la Escritura no es suficiente para determinar la interpretación correcta ni para establecer la doctrina; Cristo ha establecido el magisterio de la iglesia para ese fin.29 En el otro extremo se encuentra el «biblicismo» o «solo»

26 Ver Carl R. Trueman, The Rise and Triumph of the Modern Self: Cultural Amnesia, Expressive Individualism, and the Road to Sexual Revolution (Wheaton: Crossway, 2020), 73-102.

27 Trueman, 91.

28 Ver Heiko A. Oberman, Forerunners of the Reformation: The Shape of Late Medieval Thought, trad. Paul L. Nyhus (Londres: Lutterworth, 1967), 58.

29 Ver Gregg R. Allison, Roman Catholic Theology and Practice: An Evangelical Assessment (Wheaton: Crossway, 2014), 71-116.

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Scriptura. Este punto de vista sostiene que podemos interpretar la Biblia y establecer la doctrina sin el beneficio de la tradición: «No hay más credo que la Biblia» (Tradición 0).30 Sin embargo, el punto de vista más coherente, sostenido por los Padres de la iglesia y los reformadores, es la Tradición I. Únicamente hay una fuente de revelación, a saber, la Escritura; pero la tradición, tal como se recoge en las «reglas de la fe», proporciona una «única tradición exegética de la Escritura interpretada».31 En otras palabras, la Biblia es la autoridad final; pero la tradición a menudo interpreta correctamente la Escritura y emite juicios teológicos fieles a ella. En el laboratorio de la historia, las ideas teológicas se ponen a prueba para comprobar su fidelidad a la Escritura, y las formulaciones doctrinales que han recibido el consentimiento «católico» (universal) se consideran con razón «reglas de fe» para la iglesia.

Por eso los reformadores no rechazaron los concilios de la iglesia primitiva, dada su «catolicidad».32 Nicea, Calcedonia y las conclusiones cristológicas de Constantinopla II y III se consideraron fieles a la totalidad de la Escritura, aunque en lenguaje teológico, ya que la iglesia trataba de conceptualizar («la fe busca la comprensión») y defender (apologética) lo que enseña la Escritura. Estos primeros concilios establecieron los parámetros de la ortodoxia trinitaria y cristológica como «reglas reguladoras» (norma normata) para la iglesia.

Dentro de la teología evangélica actual, hay un saludable énfasis en la «teología de la recuperación».33 La teología de la recuperación es un «discernimiento teológico que mira al pasado para avanzar».34 Hace algo más que repetir; reforma mediante la Escritura y la tradición. Este renovado énfasis de la teología evangélica en el papel de la tradición es muy alentador. Sin embargo, también es cierto que la «recuperación» funciona mejor en las áreas doctrinales

30 Ver Alister McGrath, Reformation Thought: An Introduction, 2ª ed. (Oxford: Blackwell, 1993), 144-45.

31 Ver Heiko A. Oberman, The Dawn of the Reformation: Essays in Late Medieval and Early Modern Thought (Grand Rapids: Eerdmans, 1992), 280.

32 Los concilios eclesiásticos primitivos incluyen Nicea (325), Constantinopla (381), Éfeso (431), Calcedonia (451), Constantinopla II (553) y Constantinopla III (680-81).

33 Ver Gavin Ortlund, Theological Retrieval for Evangelicals (Wheaton: Crossway, 2019); Scott R. Swain y Michael Allen, Reformed Catholicity: The Promise of Retrieval for Theology and Biblical Interpretation (Grand Rapids: Baker Academic, 2015); John Webster, «Theologies of Retrieval», en The Oxford Handbook of Systematic Theology, ed. John Webster, et al. (Oxford: Oxford University Press, 2008).

34 Kevin J. Vanhoozer, Biblical Authority after Babel: Retrieving the Solas in the Spirit of Mere Protestant Christianity (Grand Rapids: Brazos Press, 2016), 23.

de acuerdo «católico» (por ejemplo, la Trinidad, la cristología) asociadas con Nicea y Calcedonia, dado que reflejan con exactitud la enseñanza de la Escritura. Sin embargo, en otras áreas doctrinales donde aún reside el desacuerdo (por ejemplo, la naturaleza del pecado, la expiación, la soteriología, la eclesiología y algunos aspectos de la escatología), la tradición es instructiva, pero no suficiente. En estas últimas áreas, en las que nuestras confesiones difieren materialmente, se nos recuerda que la tradición es «ministerial», pero la Escritura es «magisterial». De hecho, incluso en las áreas de acuerdo «católico» (Trinidad y cristología), todavía existen áreas de desacuerdo que solo pueden resolverse poniendo a prueba nuestra exégesis y nuestras formulaciones teológicas con la Escritura. Por esta razón, la teología sistemática está informada por la tradición, pero solo la Escritura es nuestra autoridad final.

En tercer lugar, la teología sistemática es contextual, ya que aborda cuestiones perennes y contemporáneas. Dado que la teología implica la aplicación de la Escritura a todos los ámbitos de la vida, debe aportar la verdad de Dios a las batallas de nuestro tiempo actual al tiempo que aprende del pasado. Es cierto que «no hay nada nuevo bajo el sol», pero las viejas batallas adoptan nuevas formas, y la teología trata de aplicar la verdad inmutable de Dios a un mundo cambiante. Por ejemplo, piense en los debates actuales sobre lo que es un ser humano, dada la adopción por parte de nuestra cultura del pensamiento posmoderno y secular, y nuestra capacidad para «fabricar» seres humanos, o considere cómo nuestra cultura ha adoptado ideas cambiantes sobre la sexualidad humana. Aunque la Reforma ciertamente conocía la homosexualidad y la condenaba, el transgenerismo, junto con el intento de nuestra cultura de redefinir la masculinidad, la feminidad y el matrimonio no fueron debates cruciales en su época. Sin embargo, dado nuestro contexto cultural, la teología no puede eludir estas cuestiones. Por eso conocer la «cultura» es importante para la teología, pero contrariamente al pensamiento de algunos, la «cultura» no sirve como fuente para nuestra teología.35 En su lugar, como nos enseñó Pablo en Hechos 17, la teología aborda nuestro contexto actual contraponiendo la propia descripción de la realidad que hace la Escritura a los puntos de vista no cristianos, e interpretamos y criticamos la cultura desde dentro de la cosmovisión bíblica. Esto no significa negar que, debido a la revelación natural y a la gracia común, los no cristianos

35 A diferencia de muchos en el campo posconservador, como Stanley J. Grenz y John R. Franke, Beyond Foundationalism: Shaping Theology in a Postmodern Context (Louisville: Westminster John Knox Press, 2001).

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conozcan diversas verdades, pero sí que los no cristianos coherentes con su cosmovisión entiendan e interpreten de manera correcta el mundo, especialmente cuando se trata de diagnosticar el problema humano y ofrecer alguna solución al mismo.

En cuarto lugar, la teología sistemática es práctica; debe ser vivida por la iglesia. Debemos «predicar con el ejemplo». Puesto que la teología es una respuesta de toda la persona a la Palabra de Dios, no basta con confesar lo que creemos; también debemos aplicar la Palabra de Dios a cada área de nuestro pensamiento y de nuestra vida. Cuando nuestro Señor Jesús diagnosticó la condición de la iglesia de Éfeso, se alegró de su ortodoxia y aplicación coherente de la verdad, pero les reprendió por la pérdida de su «primer amor» (Ap. 2:2-5). Dios llama a Su pueblo tanto a conocer la verdad como a vivir la verdad ante un mundo que observa, a exhibir simultáneamente la santidad y el amor de Dios mientras se enfrentan al «espíritu de nuestro tiempo», y a hacer que todo su pensamiento sea cautivo de Cristo para Su gloria, el bien de la iglesia y su testimonio en el mundo.36

La teología sistemática en relación con las demás disciplinas teológicas

La teología sistemática es la «reina de las ciencias», la piedra angular y culminación de todas las disciplinas, especialmente las teológicas. Como tal, los estudios bíblicos, históricos y filosóficos contribuyen a la tarea teológica general de aplicar una razón renovada al estudio del Dios trino y de todas las cosas en relación con Él. Analicemos brevemente las distintas disciplinas teológicas para descubrir por qué son necesarias para hacer teología sistemática.

Teología exegética

Esta disciplina se identifica con los estudios bíblicos, que tratan de interpretar libros específicos de la Escritura. El objetivo de la exégesis es descubrir la intención de Dios a través de los autores humanos captando la intención de los autores en su texto mediante la exégesis gramatical/literaria-histórica. Esto implica comprender las reglas de la lengua original empleada por el autor, analizar la estructura literaria del libro, incluido su género, y situar el libro en

36 Ver Francis A. Schaeffer, The Mark of the Christian, en The Complete Works of Francis A. Schaeffer: A Christian Worldview, 5 vols. (Wheaton: Crossway, 1982), 4:183-204.

su marco histórico. Un comentario es el fruto de ese trabajo exegético. Dado que la teología implica la aplicación de la Palabra de Dios, la teología exegética es fundamental para saber lo que dice la Escritura.

Teología bíblica

En los últimos tiempos, el término teología bíblica se ha convertido en una especie de palabra de moda; sin embargo, hay poco acuerdo sobre qué es exactamente y cómo hacerla. Sin embargo, es de vital importancia para hacer teología, ya que es la disciplina teológica que trata de comprender todo el canon como «todo el consejo de Dios» (Hch. 20:27). No se pueden extraer conclusiones teológicas legítimas de la Escritura al margen del hacer de la teología bíblica; esta proporciona la garantía bíblica para la teología. Dada su importancia para la teología, y dado que la gente entiende cosas diferentes por ella, me permito explicar qué es la teología bíblica y cómo funciona en este trabajo.37

La teología bíblica es la disciplina teológica que trata de comprender el canon de la Escritura «en sus propios términos». O, como afirma Brian Rosner, la teología bíblica es «la interpretación teológica de la Escritura en y para la iglesia. Procede con sensibilidad histórica y literaria, y trata de analizar y sintetizar la enseñanza bíblica sobre Dios y Sus relaciones con el mundo en Sus propios términos, sin perder de vista la narrativa global de la Biblia y su enfoque cristocéntrico».38

Como disciplina, la teología bíblica no carece de presupuestos. Se acerca a la Escritura según su propia afirmación; a saber, la Escritura es la Palabra de Dios escrita. Además,

37 Para una útil visión general de la historia de la teología bíblica, ver C. H. H. Scobie, «History of Biblical Theology», en NDBT, 11-20. Para discusiones útiles sobre las diversas concepciones de la teología bíblica, ver Edward W. Klink III y Darian R. Lockett, Understanding Biblical Theology: A Comparison of Theory and Practice (Grand Rapids: Zondervan, 2012); y Graeme Goldsworthy, Christ-Centered Biblical Theology: Hermeneutical Foundations and Principles (Downers Grove: IVP Academic, 2012).

38 Brian Rosner, «Biblical Theology», en NDBT, 10 (la cursiva se ha eliminado del original). De forma similar a Rosner, Jeremy Treat ofrece la siguiente definición: «La teología bíblica es la fe que busca la comprensión de la unidad redentora-histórica y literaria de la Biblia en sus propios términos, conceptos y contextos» (cursiva en el original). Treat, The Crucified King: Atonement and Kingdom in Biblical and Systematic Theology (Grand Rapids: Zondervan, 2014), 35; Ver D. A. Carson, «Systematic Theology and Biblical Theology», en NDBT, 89-104.

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la teología bíblica presupone las verdades centrales del cristianismo histórico; de ahí que sea una disciplina teológica . Puesto que la Escritura es la Palabra de Dios , asume que, a pesar de su diversidad, la Escritura es una revelación unificada. Y dado que la Escritura ha llegado hasta nosotros a lo largo del tiempo, la Escritura es un despliegue progresivo del plan de Dios a través de una línea argumental redentora-histórica específica demarcada por los pactos bíblicos. Como método exegético, es sensible a las dimensiones literarias, históricas y teológicas de diversos corpus, así como a las interrelaciones entre los textos anteriores y posteriores de la Escritura, relacionando así las «partes» de la Escritura con el «todo». Al hacerlo, nos permite discernir la intención de Dios, que se da más plenamente en términos del canon. Además, la teología bíblica está interesada en leer la Escritura en sus propios términos (intratextual), es decir, a la luz de su propio contenido, categorías y estructura, y no superponiéndole categorías «exteriores» (extratextuales). Por esta razón, la teología bíblica proporciona la garantía bíblica de la Biblia completa para nuestras conclusiones teológicas.

Al pensar en la teología bíblica, es vital distinguir una «teología bíblica evangélica» de una de la Ilustración o una «teología bíblica liberal clásica», a menudo identificada con Johann Philipp Gabler (1753–1826).39 Como analizaremos con más detalle en el capítulo 2, durante la Ilustración se produjo una tendencia creciente a abordar la Escritura de forma crítica, desvinculada de la teología cristiana histórica. El resultado: la Escritura se consideraba «como cualquier otro libro», abierto a la crítica, y no la revelación unificada y verdadera de Dios.

Así, cuando Gabler definió la teología bíblica como una disciplina inductiva, histórica y descriptiva, utilizó el término «histórico» en un sentido histórico-crítico. Para él, «histórico» no significaba que leyéramos la Escritura como la Palabra de Dios, que describe con precisión el plan de Dios en desarrollo en la historia redentora. Por el contrario, la Escritura debe leerse en virtud de los presupuestos de la Ilustración que, desde el principio, negaron la autoridad y la fiabilidad de la Escritura.

39 A Gabler se le considera el «padre de la teología bíblica» por su conferencia inaugural en la Universidad de Altdorf el 30 de marzo de 1787, «An Oration on the Proper Distinction between Biblical and Dogmatic Theology and the Specific Objectives of Each». Sin embargo, Gabler es mejor identificado como el «padre de la teología bíblica liberal clásica». Sobre este punto, ver J. V. Fesko, «On the Antiquity of Biblical Theology», en Resurrection and Eschatology: Theology in Service of the Church, ed. L. G. Tipton y J. C. Waddington (Phillipsburg: P&R, 2008), 443-77.

A medida que esta visión de la teología bíblica se desarrolló en el siglo siguiente, sus practicantes recurrieron cada vez más al método histórico-crítico, que asumía el naturalismo metodológico 40 Con el tiempo, el resultado final de este enfoque fue la fragmentación de la Escritura y una teología bíblica regida por metodologías críticas y puntos de vista teológicos ajenos a la teología cristiana histórica. En consecuencia, esta visión de la teología bíblica enfatizaba más la «diversidad» que la «unidad» en la Escritura y, en última instancia, llegó a su fin. 41

En el siglo xx, hubo intentos de superar las restricciones de la Ilustración sobre la Escritura. En teología, destaca la obra de Karl Barth. A menudo se le considera como el precursor de la escuela posliberal, una escuela que intenta leer la Escritura como un canon unificado, pero que no abraza plenamente la fiabilidad de la Escritura y, por tanto, hace problemática la tarea teológica. En los estudios bíblicos también existió el «Movimiento de Teología Bíblica». 42

Aunque su objetivo era superar los resultados negativos de la crítica histórica, también fracasó porque no volvió a la teología del cristianismo histórico.43

Hoy en día, en la teología no evangélica, hay una variedad de opciones que intentan leer la Escritura como un todo unificado, pero la mayoría de ellas son débiles y rechazan los presupuestos cristianos coherentes.44 Por ello, a menudo se considera imposible una «teología

40 El «naturalismo metodológico» es el punto de vista que aborda nuestro estudio de la historia (incluido nuestro estudio de la Biblia) y de la ciencia sin tener en cuenta la implicación de Dios en el mundo y la acción divina representada por la revelación divina y los milagros. El naturalismo metodológico no requiere necesariamente un compromiso con el ateísmo, aunque es coherente con él. El deísmo y el panenteísmo también asumen el naturalismo metodológico dada su negación de la acción divina en un sentido efectivo y sobrenatural.

41 Ver Hans Frei, The Eclipse of Biblical Narrative: A Study in Eighteenth and Nineteenth Century Hermeneutics (New Haven: Yale University Press, 1980). En el siglo xix, la «teología bíblica» acabó por identificarse con el «liberalismo clásico», representado por diversas escuelas de pensamiento asociadas a personas como F. C. Baur, J. Wellhausen, la escuela de historia de las religiones, etcétera.

42 Para un estudio de este movimiento, ver Gerhard F. Hasel, «The Nature of Biblical Theology: Recent Trends and Issues», AUSS 32, no. 3 (1994): 211-14; y James Barr, «Biblical Theology», en Interpreter’s Dictionary of the Bible: Supplementary Volume, ed. K. Crim (Nashville: Abingdon, 1976), 104-6.

43 Sobre este punto, ver Langdon Gilkey, «Cosmology, Ontology, and the Travail of Biblical Language», JR 41 (1961): 194-205.

44 Uno piensa en el movimiento conocido como «Interpretación Teológica de las Escrituras» (TIS por sus siglas en inglés). Este movimiento es bastante diverso y engloba tanto a evangélicos como a no evangélicos. Para los no evangélicos, en general, el compromiso con la unidad de la Biblia no se debe a la autoatribución de la Escritura, sino a la decisión de la iglesia de elegir esos textos como Palabra

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bíblica evangélica», dada la negación de los evangélicos de la unidad de la Escritura y su aceptación de la crítica histórica. De hecho, Geerhardus Vos, el pionero de una «teología bíblica evangélica», nos advirtió que tal teología bíblica es imposible al margen de la teología cristiana histórica, sobre la que se apoya.45

Sin embargo, en esta obra, no solo estamos convencidos de que una «teología bíblica evangélica» es posible, sino que también proporciona la garantía bíblica para nuestro quehacer teológico. Al trabajar a partir de convicciones teológicas cristianas históricas, especialmente en lo que respecta a las doctrinas de Dios y la Escritura, creeremos que la teología bíblica y sistemática son posibles porque el Dios trino está ahí, ha hablado y, en Su discurso, nos ha dado una palabra autorizada y unificada que es el fundamento de nuestro razonamiento correcto sobre Él y todo lo relacionado a lo divino (He. 1:1-2)

Teología histórica, filosofía, y apologética

Ya hemos hablado del papel «ministerial» que la teología histórica y las normas confesionales desempeñan en el quehacer de la teología. No abordamos la teología cristiana como

de Dios. Pensemos, por ejemplo, en el enfoque canónico de Brevard Childs, que opta por leer los textos en su forma definitiva y canónica. Sin embargo, como argumenta astutamente Paul Noble, a menos que Childs fundamente su preferencia por la forma final y la forma canónica en la doctrina de la inspiración y la autoría divina, se trata de un punto de vista frágil. Noble, The Canonical Approach: A Critical Reconstruction of the Hermeneutics of Brevard S. Childs (Leiden: Brill Academic, 1995). Para una crítica del posliberalismo y su visión y uso de la Escritura, ver Kevin J. Vanhoozer, The Drama of Doctrine: A Canonical Linguistic Approach to Christian Doctrine (Louisville: Westminster John Knox, 2005). Por muy útil que sea la TIS en su intento de recuperar la voz de la Escritura para la iglesia, dado que está compuesta por un número tan diverso de personas con puntos de vista tan divergentes sobre esta misma, uno se pregunta cuánto tiempo podrá mantenerse sin un retorno a las convicciones teológicas ortodoxas. Sobre este punto, ver D. A. Carson, «Theological Interpretation of Scripture: Yes, But…», en Theological Commentary: Evangelical Perspectives, ed. R. Michael Allen (Londres: T&T Clark, 2011), 187-207.

45 Ver Geerhardus Vos, Biblical Theology: Old and New Testaments (Grand Rapids: Eerdmans, 1948); Geerhardus Vos, Pauline Eschatology (Phillipsburg: P&R, 1979); Geerhardus Vos, Redemptive History and Biblical Interpretation: The Shorter Writings of Geerhardus Vos, ed. Richard B. Gaffin Jr. (Phillipsburg: P&R, 2001). Sobre la contribución de Vos a la teología bíblica, ver Fesko, «On the Antiquity of Biblical Theology», 449-53.

cuadernos en blanco, sino que nos situamos en una tradición recibida que es crucial para nuestras formulaciones dogmáticas. No obstante, la teología histórica no es la única disciplina que sirve de ayudante a la teología. Lo mismo ocurre con la filosofía, la apologética y, por extensión, la disciplina de la ciencia, que se centra en la revelación de Dios en la naturaleza.46

La filosofía es la disciplina que intenta responder a las preguntas más fundamentales a las que nos enfrentamos. Históricamente, los filósofos han buscado los «principios básicos» mediante los cuales explicar e interpretar el relato total de la realidad (metafísica), un criterio final de verdad (epistemología) y una regla moral normativa (ética).47 Estos principios básicos son tales que no se necesita ninguna otra explicación o prueba para ellos; son lógicamente fundamentales y funcionan como presupuestos mediante los cuales interpretamos el mundo y nuestro lugar en él. De hecho, cualquiera que piense sobre este mundo, la realidad última, el significado, la verdad, la naturaleza humana, los valores morales, etc., está haciendo filosofía y, como tal, tiene una cosmovisión. La cuestión importante es si estamos haciendo filosofía correctamente y sobre qué bases epistemológicas.48

Desde un punto de vista cristiano, la filosofía no es una disciplina neutral. Al reflexionar sobre nuestros compromisos más básicos y últimos, el filósofo razona o bien sobre el fundamento de Dios y Su Palabra, o piensa que la razón humana es autosuficiente y tiene la capacidad de interpretar la experiencia al margen de la revelación divina (Ro. 1:18-21; Col. 2:6-8). Para hacer filosofía como cristiano, uno lo hace bajo la autoridad de la revelación de Dios en la Escritura y la creación, aunque el énfasis se pone más en la revelación natural. Es difícil establecer una distinción tajante entre la teología cristiana y la filosofía; en última instancia, se trata de una cuestión de énfasis y terminología.49

El estudio de la filosofía es importante para la teología. Aunque toda filosofía asume una cosmovisión específica y debe ser evaluada como tal, debido a la revelación natural y a la gracia común, los filósofos han desarrollado, por ejemplo, sistemas de lógica, distinciones críticas en el análisis de la causalidad, el lenguaje, etc. que son útiles para la teología si se

46 La revelación de Dios en la creación se tratará en el capítulo 6.

47 Ver Frame, Doctrine of the Knowledge of God, 85.

48 Ver Bahnsen, Van Til’s Apologetic, 51.

49 Ver Cornelius Van Til, A Survey of Christian Epistemology (Filadelfia: P&R, 1969), xiv-xv.

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sitúan dentro de una teología cristiana global. La filosofía ayuda a la teología a analizar críticamente los argumentos, evitar confusiones conceptuales y comprender constructivamente la Escritura, al ofrecer definiciones de términos y conceptos (por ejemplo, qué es una naturaleza y una persona, análisis de diversas definiciones de libertad, etc.).50 Los filósofos han defendido bien la necesidad de universales en metafísica, epistemología y ética, todas ellas importantes para la teología. Pero la historia de la filosofía también ha revelado la antítesis básica entre el pensamiento cristiano y el no cristiano, que «las ideas tienen consecuencias», y que el intento de fundamentar el conocimiento humano aparte de Dios y Su revelación es inútil.51

Esta es la razón de la necesidad de la apologética. Como la define Frame, la apologética es la disciplina que aplica «la Escritura a la incredulidad»,52 y como tal funciona como un importante subconjunto de la teología. La teología suministra a la apologética sus presupuestos y la verdad que defiende. Forma parte de la tarea teológica llevar «cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo» (2 Co. 10:5), defender la verdad del evangelio y llamar a todas las personas a someter su pensamiento y su vida a Cristo.

El objetivo de la teología sistemática

¿Cuál es el objetivo de la teología? En definitiva, capacitar a la iglesia para que conozca y adore correctamente a nuestro trino Creador y Señor del Pacto, para que viva obediente y fielmente bajo el señorío de Cristo, y para que testifique y defienda sin vergüenza la verdad del evangelio que transforma la vida.

50 En este punto, el papel de la «teología analítica» es importante. Ver Oliver D. Crisp, Analyzing Doctrine: Toward a Systematic Theology (Waco: Baylor University Press, 2019).

51 Bavinck tiene algunos comentarios útiles sobre el papel de la filosofía en la teología: La cuestión aquí no es si la teología debe hacer uso de un sistema filosófico específico. La teología cristiana nunca se ha apropiado sin crítica de ningún sistema filosófico y le ha dado el sello de aprobación […]. [La teología] no es hostil per se a ningún sistema filosófico y no da prioridad, a priori y sin crítica, a la filosofía de Platón o de Kant, o viceversa. Sin embargo, aporta sus propios criterios y pone a prueba toda la filosofía en general. En otras palabras, llega al conocimiento científico únicamente pensando. El único principio interno del conocimiento, por tanto, no es la fe como tal, sino el pensamiento creyente, la racionalidad cristiana. (Reformed Dogmatics, 1:608-9)

52 Frame, Reformed Dogmatics, 87.

En primer lugar, la tarea de la teología es conocer y amar a Dios según Su Palabra (Mt. 22:37-38). Como afirma claramente Bavinck: «Dios, y solo Dios, es el bien supremo del hombre».53 Sin embargo, no se puede conocer plenamente a Dios sin hacer teología, lo que requiere un razonamiento bíblico cuidadoso y renovado. A medida que crecemos en nuestra comprensión de la Escritura y la teología, lo hacemos también en nuestro conocimiento de Dios. Realmente este es el fin del verdadero conocimiento. Charles Spurgeon captó bien esta verdad en contraste con el pensamiento no cristiano:

Alguien ha dicho que «el estudio apropiado de la humanidad es el hombre». No me opondré a la idea, pero creo que es igualmente cierto que el estudio apropiado de los elegidos de Dios es Dios; el estudio apropiado de un cristiano es la Deidad. La ciencia más elevada, la especulación más grande, la filosofía más poderosa, que jamás pueda ocupar la atención del hijo de Dios, es el nombre, la naturaleza, la persona, la obra, los hechos y la existencia del gran Dios a quien él llama su Padre. 54

En primer lugar, el objetivo y el propósito de la teología son conocer a Dios; de hecho, razonar con Pablo sobre la «¡[…] profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios!» y cómo todas las cosas son «de él, y por él, y para él […]. A él sea la gloria por los siglos. Amén» (Ro. 11:33,36).

En segundo lugar, la tarea de la teología es capacitar a la iglesia para comprender y aplicar correctamente la Escritura con el fin de vivir una vida fiel y obediente bajo el señorío de Cristo. Sin embargo, no se puede cumplir este objetivo al margen de la práctica de la teología. En la predicación y la enseñanza de la iglesia aplicamos la verdad del evangelio a la vida de las personas y equipamos «a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo; hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del pleno conocimiento del Hijo de Dios» (Ef. 4:12-13, NBLA). Pero incluso para saber qué es el evangelio, quién es Jesús y qué ha hecho por nosotros se requiere una teología sólida. De hecho, la predicación y la enseñanza fieles son teología en la práctica.

53 Herman Bavinck, The Wonderful Works of God (Filadelfia: Westminster Seminary Press, 2019), 1. 54 Citado en J. I. Packer, Knowing God, 20th anniversary ed. (Downers Grove: InterVarsity, 1993), 17.

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Para edificar correctamente a los creyentes de modo que dejen de ser sacudidos «por las olas y llevados de aquí para allá por todo viento de doctrina» (Ef. 4:14, NBLA) se requiere una exposición bíblica cuidadosa y una aplicación canónica constructiva (2 Ti. 4:1-5). Sin la teología, no tenemos mensaje que predicar ni evangelio que aplicar. Incluso al pensar en la aplicación de la Escritura a nuestras vidas, somos muy conscientes de que no podemos aplicar textos al azar sin pensar cuidadosamente cómo aplican a nosotros dado el lugar en el que vivimos en la historia redentora. Dado que Dios ha revelado Su plan a lo largo del tiempo, la teología debe luchar con el modo en que las partes encajan con el todo y cómo eso mismo aplica a nosotros actualmente a la luz de la obra de Cristo. Así, por ejemplo, aconsejar a la gente a partir de la Escritura sobre la providencia de Dios en sus vidas y por qué hay sufrimiento y maldad en el mundo, o ayudar a la gente en sus preguntas sobre sus matrimonios, la seguridad de la salvación o cómo vivir como pueblo del nuevo pacto de Dios en relación con el Estado, todo ello requiere teología. Y a menos que en verdad la hagamos, el objetivo de capacitar a las personas de la iglesia para vivir vidas piadosas se verá frustrado, con consecuencias potencialmente desastrosas, como demuestran algunas de las falsas enseñanzas a las que los apóstoles tuvieron que enfrentarse en la época del N. T. y a las que la iglesia tuvo que responder a lo largo de su historia.

En tercer lugar, la tarea de la teología es capacitar a la iglesia para dar testimonio de la verdad del evangelio y defenderla. El Señor de la iglesia ha llamado a Su pueblo a proclamar las inescrutables riquezas de Cristo a las naciones (Mt. 28:18-20; Col. 1:28-29). No obstante, proclamar quién es Jesús como Dios Hijo encarnado, el significado de Su muerte «por nuestros pecados» (1 Co. 15:1-3), etc., requiere una teología sistemática. En la historia de la iglesia, la gente ha discrepado sobre estos puntos centrales del evangelio, por lo que para saber lo que la Escritura enseña correctamente, tenemos que dedicarnos a la formulación teológica fiel y a la refutación cuidadosa de los puntos de vista falsos que amenazan la verdad (Gá. 1:6-10; 1 Jn. 4:2-3; 5:5-10). El hecho de que alguien afirme ser «bíblico» no significa que lo sea. Todas las herejías apelan a la Escritura, pero no correctamente. Corresponde a la iglesia conocer la verdad y defenderla (Tit. 1:9; 1 P. 3:15-16).

El apóstol Pablo consideraba el ministerio evangélico como la proclamación positiva de Cristo y la demolición de los «argumentos» que se oponen a Cristo (2 Co. 10:5). La tarea de la teología es capacitar a la iglesia de cada generación para hacer lo mismo y exhortarla para que diga con Pablo: «Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios

para salvación a todo aquel que cree» (Ro. 1:16). Lo que se necesita, pues, no es una teología minimalista, sino una teología exhaustiva y completamente bíblica. Ahora bien, a menos que tengamos una teología así, la historia de la iglesia nos ha enseñado que nos dejaremos arrastrar fácilmente por la «sabiduría» de nuestra época. Dada nuestra tendencia a abrazar el error más rápidamente que la verdad, la iglesia debe permanecer vigilante. El objetivo de la teología es capacitar a esta última para exponer la verdad y rechazar el error. Si no se hace, se enseña y se adopta una teología cuidadosa, el cuerpo de Cristo se alejará sin rumbo de la verdad de Dios.

A fin de cuentas, el objetivo de la teología es que el pueblo redimido de Dios conozca, contemple y se deleite en la pura gloria de Dios. Como escribió John Owen hace muchos años: «La teología evangélica ha sido instituida por Dios para que los pecadores puedan volver a disfrutar de la comunión con Él, el Todo-Santo […]. El fin último de la verdadera teología es la celebración de la alabanza a Dios, Su gloria y gracia en la salvación eterna de los pecadores». 55

Reflexión final

La teología sistemática no es una opción para la iglesia; es necesaria para su salud y bienestar espirituales. En este capítulo hemos descrito qué es la teología y por qué es esencial para que pensemos correctamente sobre Dios, nosotros mismos y el mundo. En definitiva, estamos llamados a la fidelidad bajo el señorío de Cristo. Nuestro Dios trino nos llama a amarlo con la mente y el corazón, lo que constituye la verdadera vida para nosotros. La teología importa para lograr estos fines.

Sin embargo, uno de los retos a los que nos enfrentamos hoy en día es que la visión histórica de la teología como ciencia objetiva que proporciona un conocimiento verdadero de Dios se considera imposible. En el próximo capítulo analizaremos algunas de las razones por las que esto es así para que podamos comprender nuestro contexto. La teología nunca se hace en el vacío, y es importante reconocer que no hay mayor desafío para la teología que la batalla por la verdad.

55 John Owen, Biblical Theology: The History of Theology from Adam to Christ, trad. Stephen P. Westcott (Orlando: Soli Deo Gloria, 1994), 6.4 (618-19).

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