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Cómo encont rar a Dios en medio del dolor y la desesperanza
Buenas nuevas cuando tocas fondo: Cómo encontrar a Dios en medio del dolor y la desesperanza Good New at Rock Bottom: Finding God When the Pain Goes Deep and Hope Seems Lost @2025 por Ray Ortlund Publicado por Crossway, un ministerio de la Good News Publishing Wheaton, Illinois 60187, U.S.A.
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Esta edición se publica gracias a un acuerdo con Crossway. Todos los derechos reservados.
B&H Publishing Group Brentwood TN, 37027 Diseño de portada: Crossway
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Copyright © 2026 por Ray Ortlund Todos los derechos reservados. Derechos internacionales registrados.
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Clasificación decimal Dewey: 231.7 Clasifíquese: DIOS\ SUFRIMIENTO \ ESPERANZA
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Ninguna parte de esta publicación puede ser reproducida ni distribuida de manera alguna ni por ningún medio electrónico o mecánico, incluidos el fotocopiado, la grabación y cualquier otro sistema de archivo y recuperación de datos, sin el consentimiento escrito del autor.
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A menos que se indique de otra manera, las citas bíblicas marcadas NBLA se tomaron de la Nueva Biblia de las Américas (NBLA), Copyright © 2005 por The Lockman Foundation. Usadas con permiso.
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Las citas bíblicas marcadas NTV se tomaron de la Santa Biblia, Nueva Traducción Viviente, © Tyndale House Foundation, 2010. Usado con permiso de Tyndale House Publishers, Inc., 351 Executive Dr., Carol Stream, IL 60188, Estados Unidos de América. Todos los derechos reservados. Las citas bíblicas marcadas JBS se tomaron de la versión de la Biblia del Jubileo (Jubilee Bible) ©2000, 2001, 2010, 2013 por Life Sentence Publishing, Inc.® Usadas con el permiso de por Life Sentence Publishing, Inc., Abbotsford, Wisconsin. Todos los derechos reservados. ISBN: 979‑8‑3845‑2938‑5 Impreso en EE. UU. 1 2 3 4 5 * 30 29 28 27 26
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A la Iglesia Immanuel y a la Iglesia Anglicana San Patricio, mis queridos amigos en Cristo
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Índice general
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gracias por tomar este libro. Mi plan aquí es pedirte lo menos que pueda y darte todo lo que pueda. Tienes una vida muy ocupada. Pero ahora que estamos juntos, literalmente en la misma página, aprovechémoslo al máximo. Te prometo lo siguiente: Intentaré explicar el evangelio de Jesús de forma franca y útil para tus necesidades. No te mentiré. Y tra‑ taré de creer en el evangelio de forma franca y útil para mis propias necesidades. Te pido lo siguiente: dale una oportunidad a Jesús. Ábrete a la posibilidad de que las buenas nuevas sobre Él sean relevantes para lo que realmente te importa, quizás más relevantes de lo que nunca te has atrevido a creer. Por lo tanto, mis pensamientos sinceros, junto con tu valiente actitud receptiva… vamos a ver qué pasa. Este libro comenzó como una serie de charlas los miércoles por la noche en la Iglesia Immanuel, en Nashville, en septiembre de 2023. Immanuel es una iglesia donde la gente puede sanar. Allí es donde yo me sané… ¡y era el pastor! Así que quería que esas charlas sirvieran para ese propósito noble. Pero aun así, me sorprendió la respuesta de la gente. Algo especial estaba sucediendo allí en esa habitación, y xi
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no era yo. Era más que todos nosotros juntos. Era el Señor mismo, con el toque sanador que solo Él puede dar. Ahora, espero que este libro te traiga algo de esa sanidad a ti también, por Su gracia, no importa dónde estés ni lo que estés enfrentando. Y ojalá pudiera darte un abrazo ahora mismo.
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Porque así dice el Alto y Sublime Que vive para siempre, cuyo nombre es Santo: «Yo habito en lo alto y santo, Y también con el contrito y humilde de espíritu, Para vivificar el espíritu de los humildes Y para vivificar el corazón de los contritos».
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no es necesario que lo busques. Tarde o temprano, llega y te encuentra: algo horrible, alguna experiencia imprevisible e incluso inimaginable. Se te viene encima. Se apodera de ti. Te cambia. Y la realidad que siempre entendiste que era tu vida… de repente, esa vida desaparece para siempre. Ahora estás atascado en una realidad diferente, y no una que hayas elegido. Te la impusieron. Y como sea que haya sucedido, las cosas son diferentes para ti ahora. Y no para mejor. Lamento desenterrar malos recuerdos para ti. Pero si nos senta‑ mos en silencio ante el Señor durante un rato, creo que nuestros corazones pueden abrirse a algo nuevo: una esperanza fuerte, una sanidad profunda, para vivificar el espíritu de los humildes, y para vivificar el corazón de los contritos.
Así que, por favor, no cierres este libro. Tendré cuidado con todo lo que diga. Yo también tengo malos recuerdos. 1
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¿Qué fue lo que te sobrevino? Tal vez fue una traición. Alguien se ganó tu corazón. Confiaste en esa persona y le entregaste tu corazón. Pero, al final, descubriste que no era genuina en sus inten‑ ciones. Tú sí lo fuiste… y te entregaste por completo. Pero el otro no lo hizo. Entonces lo viste, y te conmocionó. Hasta el día de hoy, el recuerdo, la sola idea, aún te resulta difícil de soportar. Y esa persona no va a volver para disculparse… nunca. Pero tu corazón sigue roto. O tal vez fue una traición propia. Quizás fuiste tú quien cruzó una línea, sabiendo que estaba mal. Buscabas una emoción, escapar de tu aburrida vida. Sentías que te merecías algo emocionante para variar. Querías averiguar si aún tenías lo necesario. Pero ese pecado que tomaste en tus manos para jugar con él, solo por un rato… ahora te posee. Estás atrapado. O quizás no sea culpa de nadie. Tal vez es solo la forma en que tu vida se ha desarrollado. Es como si nunca hubieras encontrado ese lugar al que realmente perteneces, o esa persona con la que quieres estar para siempre. Vayas donde vayas, te sientes como un extraño mirando hacia dentro. No detestas tu vida. Tienes mucho que agra‑ decer. Pero te sientes solo, todos los días. O tal vez se trate de una pérdida. Por ejemplo, a medida que enve‑ jeces. No solo pierdes tu trabajo. Pierdes tu vigor juvenil, tu propia salud. Ya no eres maravilloso. Te cansas solo de subir las escaleras. Y mañana habrá más pérdidas, quizás catastróficas. Te miras al espejo y piensas: «¿En serio? ¿Ese soy yo?». Y en cualquier momento, tu vida habrá terminado. Podríamos seguir y seguir. Hay muchas formas de tocar fondo. Pero todo el mundo lo hace. Y eso significa que tú y yo tenemos mucho en común. Nuestros corazones rotos pueden unirnos. Eso es lo que espero que suceda cuando leas este libro. 2
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Estamos juntos en esto
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Ninguno de los dos quiere caer en la autocompasión. Eso no nos ayuda ni honra a Cristo. Lo que tú y yo queremos es tener la espe‑ ranza suficiente para seguir adelante con dignidad. Queremos afron‑ tar la vida tal como es, sostenidos por Cristo. Sí, sufrimos angustia en el camino. Pero queremos sentirnos amados por Él, como solo pueden hacerlo los sobrevivientes. Aceptamos —profundamente— que no hay un camino fácil en este mundo. Pero queremos recorrer Su camino, todo el camino. Él mismo es la prueba viviente de que la cruz conduce a la resurrección. El suyo es el único camino hacia la vida que es verdaderamente vida, incluso en el fondo del abismo… especialmente en el fondo del abismo. Nuestro dolor se ha vuelto demasiado real para conformar‑ nos con cualquier «salvación» teórica. Ahora apostamos todo a que Jesús sea real para aquello que somos en verdad. ¿Y si seguimos juntos a Jesús, tú allí y yo aquí? Podemos descubrir, para nuestra sorpresa, que es en el fondo del abismo donde Él nos encuentra. De hecho, en el abismo de la pérdida y el desconcierto y los remordimientos y las lágrimas… Él ya está ahí abajo. Es donde habita, donde nos espera y nos acoge. No es tan malo estar en el fondo del abismo con Jesús allí. Y también hay gente estupenda ahí, las mejores personas que he cono‑ cido. ¡Bienvenido a la fiesta! En esta fiesta, lloramos, pero también reímos. Nos reímos mucho. Y no necesitamos fingir alegría. Es más, no volveríamos a nuestras vidas por encima de la media por nada del mundo. Sentimos lo mismo que Martín Lutero. ¡Que Dios misericordioso me preserve de una iglesia cristiana en la que todos son santos! Quiero estar y permanecer en la iglesia y el pequeño rebaño de los pusilánimes, los débiles y los enfermos, 3
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que sienten y reconocen la miseria de sus pecados, que suspiran y claman a Dios incesantemente pidiendo consuelo y ayuda, que creen en el perdón de los pecados.1
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Hay una razón por la cual hablamos de ir a «un lugar más pro‑ fundo» con Cristo. Él sale a nuestro encuentro en nuestros peores momentos y en nuestras derrotas más bajas. Incluso nos lleva más profundo de lo que creíamos que necesitábamos ir. Si hubiéramos encontrado una manera más fácil, ¡nos habríamos conformado! Pero, como lo que queremos es una realidad sincera con Jesús, entonces la única manera de conocer quiénes somos en verdad es en las profundidades. Nuestras identidades falsas quedan expuestas como fraudes. Es doloroso. Pero cuando nuestros sueños egoístas se desvanecen hasta convertirse en nada, ahí es donde Jesús nos sorprende con todo lo que realmente queríamos desde el principio. Sin duda, no está celebrando a los ganadores triunfantes. Es «varón de dolores y experimentado en aflicción» (Isa. 53:3). Conoce el fondo del abismo de primera mano. Él es nuestra buena noticia cuando tocamos fondo. Aquel que habita entre nosotros
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Lo que más nos ayuda cuando necesitamos ayuda urgentemente es descubrir quién es Jesús para personas como nosotros. Su sabiduría es mejor que nuestro escapismo. Lo que queremos en lo profundo de nuestro ser es a Jesús mismo con nosotros, aun siendo lo que somos. Por ejemplo, Anselmo, un teólogo del siglo xi, tuvo una conver‑ sación consigo mismo un día. Se desafió a «cambiar de tema» en
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Martín Lutero, Luther's Works, vol. 22, Sermons on the Gospel of St. John, Chapters 1‑4 (St. Louis, MO: Concordia, 1957), 55, citado en 1 Corinthians, ed., Scott M. Manetsch, Reformation Commentary on Scripture (Downers Grove, IL: InterVarsity Press, 2017), 29.
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sus pensamientos, desde sus propias turbulencias a Dios. Anselmo se dijo sin rodeos:
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Vamos, hombrecito, huye por un momento de tus preocupaciones, escapa por un rato de tus agitados pensamientos. Deja ahora a un lado tus agobiantes preocupaciones, y aplaza tus fatigosos trabajos. Ríndete por un tiempo a Dios, y descansa un poco en Él. Entra en el lugar de descanso de tu alma; excluye todo menos a Dios y lo que te ayude a buscarlo. Y después de cerrar la puerta, búscalo. Di ahora, oh, todo mi corazón, dile ahora a Dios: «Busco tu rostro. Tu rostro, Señor, es lo que necesito».2
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No sé qué habrá pasado después, ¡pero supongo que Anselmo tuvo un buen día! En nuestras ajetreadas vidas de hoy, puede ser aún más difícil acercarse a Dios. Pero tocar fondo abre esa puerta. Por fin estamos lo bastante desesperados como para apagar el ruido y acudir a Él. No llegamos a ese punto tan profundo mientras tomamos una limonada fría en una soleada playa, ¿verdad? Pero cuando nuestros corazones claman: «Tu rostro, Señor, es lo que necesito», es porque tenemos problemas. Así que gracias, Señor, por los problemas. C. S. Lewis lo expresó muy bien en uno de sus relatos. Solo este fragmento del diálogo lo demuestra: «¿Y cómo se llama este valle?». «Ahora lo llamamos simplemente Valle de la Sabiduría; pero los mapas más antiguos lo señalan como Valle de la Humillación».3
Anselmo, St. Anselm’s Proslogion, trad. al inglés: M. J. Charlesworth (Oxford: Clarendon, 1965), 110‑11. He cambiado ligeramente la traducción. 3 C. S. Lewis, The Pilgrim's Regress (Grand Rapids, MI: Eerdmans, 1958), 125. 2
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La Biblia es un mapa antiguo. Es franca y esperanzadora. Está pensada para verdaderos sufrientes a los que no les importaría recu‑ perar su vida y volver a tener un futuro. Entonces, ¿qué tiene para decir la Biblia a personas como nosotros? Donde Dios se encuentra con nosotros
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Porque así dice el Alto y Sublime que vive para siempre, cuyo nombre es Santo: «Yo habito en lo alto y santo, Y también con el contrito y humilde de espíritu, Para vivificar el espíritu de los humildes Y para vivificar el corazón de los contritos». (Isa. 57:15)
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Hagamos lo siguiente: tomemos ese versículo en nuestras manos, démosle la vuelta una y otra vez como a una joya de valor incalcula‑ ble, y veamos sus facetas de sabiduría antigua desde distintos ángulos. También podemos pensar que es como un caramelo duro. Nos lo metemos en la boca, le damos vueltas con la lengua y disfrutamos de todos los sabores. Los poderes curativos de este versículo pueden llegar hasta las grie‑ tas más profundas de nuestra angustia. Mi plan, entonces, es mirar fijamente Isaías 57:15 durante un rato en cada capítulo de este libro. Seguiremos adquiriendo nuevos conocimientos a lo largo del camino. Se ha citado al gran predicador Charles Spurgeon diciendo: «Es una locura pensar que el Señor proporciona gracia para todos los problemas menos para el que tienes hoy».4 Nunca nos ayuda mirar a otra persona y pensar: «Ojalá tuviera su vida. La mía es una tre‑ menda decepción». La verdad es que no puedes soportar la carga de esa vida deseada que cambiarías con gusto por la tuya. Sí, se ve bien. 4
No he podido confirmar la fuente.
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Pero no fue hecha para adaptarse a ti. Acabarías odiándola. Y por la gracia de Dios, tú puedes soportar la carga de la vida que en realidad estás viviendo. Él te está elevando a tu verdadera dignidad y destino. Y en el camino, te animarán tus compañeros sufrientes mientras caminan contigo. Quiero que este libro sea una de esas palabras de ánimo. Si saboreamos Isaías 57:15 durante el resto de nuestras vidas, nos mantendrá en marcha. Entonces, ¿qué podemos esperar que suceda, cuando el Alto y Sublime habita con nosotros en el fondo del abismo? Primero, fijémonos en lo evidente: Isaías 57:15 se refiere a Dios. Y con razón. Nuestras experiencias dolorosas plantean enormes pregun‑ tas sobre Dios. Como por ejemplo: «¿Dónde estaba cuando más lo necesitaba?». Y la Biblia no siempre responde a nuestras preguntas. Lo que ofrece es una nueva forma de esperanza y de adoración, justo donde estamos.5 Por ejemplo, lo primero por lo que oramos en el Padrenuestro es «Santificado sea Tu nombre» (Mat. 6:9). ¿Ves esa prioridad de poner a Dios primero? Pero «santificado sea Tu nombre» no significa que el Señor esté diciendo: «Ya me ocuparé de tus problemas cuando me dé la gana». Nos está diciendo: «Te ayudaré más en tu dolor de hoy si me miras a mí primero. Aquí estoy, todo lo que soy. Tengo verdadera gracia para quien eres en verdad, como nadie más la tiene. Pero no subestimes la ayuda que te ofrezco subestimándome a mí». Si Dios no es tan importante, nosotros tampoco. Nada lo es. Pero Isaías 57:15 nos ayuda a ver a Dios y a nosotros mismos y a todo lo que odiamos —sí, odiamos— con ojos nuevos. Analicemos nuestro versículo línea por línea:
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C. H. Spurgeon, «Job's Resignation», en The Metropolitan Tabernacle Pulpit Sermons, vol. 42 (Londres: Passmore and Alabaster, 1896), n.º 2457: «¡Oh querido amigo, cuando tu pena te aplaste hasta el mismo polvo, adora allí!».
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Porque así dice el Alto y Sublime.
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Dios no se queda en silencio. Tiene algo grande que decirnos, algo de lo que quiere que estemos seguros. Isaías lo escribió, porque quiere que todos, hasta el final de los tiempos, sepan lo que el Dios de arriba tiene que decir a gente como nosotros. ¡Gracias, Isaías! En verdad «hay algo magnífico en estos profetas soñadores que están tan seguros de Dios».6 Isaías está declarando esto como un heraldo, un portavoz del Rey. Nos llama a prestar toda nuestra atención a una proclamación real. Como punto de comparación, cuando el brutal rey de Asiria atacó Jeru‑ salén, su emisario gritó: «Así dice el gran rey, el rey de Asiria» (Isa. 36:4). Luego, prosiguió con su bla‑bla‑bla que hacía repiquetear los sables. Pero aquí, nuestro bondadoso Rey se abre paso entre el ruido airado de este mundo para hablarnos. ¿Cuál es ese mensaje? Podemos pensar en Isaías 57:15 como la política interior del Rey. No se trata de su estado de ánimo en ese momento —no está para nada malhumorado—, sino de su postura firme hacia nosotros mien‑ tras nos abrimos paso, heridos y exhaustos, hacia Su reino. Dios ha llegado a un acuerdo que hace dos cosas hermosas a la vez: hace jus‑ ticia a lo que Dios es, y trae misericordia al lugar donde estamos. El que es alto y sublime tiene misericordias para nosotros que estamos muy abajo. Y quiere que estemos seguros de eso. En nuestro mundo de mentiras y manipulaciones, se destaca este pronunciamiento de nuestro fiel Rey. Todos los días, los anunciantes, los gobiernos e incluso los amigos pueden mentirnos. Pero ¡qué alivio es escuchar al que está muy por encima de toda la desgarradora frau‑ dulencia de este mundo! Solo Él es «Fiel y Verdadero» (Apoc. 19:11). 6
Ralph S. Cushman, Practicing the Presence: A Quest for God (Nashville: Abingdon, 1936), 108.
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No adhiere a esa norma. Él es la norma. El universo mismo tendría que implosionar antes de que el Santo nos mienta. Así que estamos sentados en el borde de nuestros asientos, ansiosos por escuchar. Pero, un momento. Isaías tiene más que decir sobre nuestro Rey. Si es «alto y sublime», ¿qué significa eso? ¿Y cómo nos ayuda Su grandeza allá arriba en nuestros problemas aquí abajo? «Alto y sublime» no significa que Dios esté situado espacialmente por encima de nosotros, como si tuviéramos que estirar el cuello para verlo. Dios es espíritu (Juan 4:24). No tiene límites ni aristas.7 La Biblia dice: «los cielos y los cielos de los cielos no te pueden contener» (1 Rey. 8:27). En otras palabras, la imponente majestad de Dios trasciende todas nuestras medidas: pulgadas, millas, años luz. Los patéticos dioses paganos eran los que estaban limitados y confinados. «Baal de Peor» (Núm. 25:3), por ejemplo, era como un jefe de la mafia en el barrio de Peor. No caigamos hoy en la misma mentalidad. Si reducimos a Jesús a la medida de nuestra «visión» particular de Dios, estamos negando Su grandeza. ¡No es un Jesús de juguete! Al decir que es «alto y sublime», la Biblia está estirando la correa del lenguaje para descri‑ birlo. Palabras fuertes como majestad, esplendor, gloria y magnificen‑ cia8 empujan nuestros pensamientos hacia arriba, hacia Su grandeza real. Él excede lo que esperamos, incluso lo que necesitamos. Es, y
Juan Calvino, Institutes of the Christian Religion, ed. John T. McNeill, trad. Ford Lewis Battles (Filadelfia: Westminster, 1960), 3.20.40: «No está confinado a ninguna región en particular, sino que está difundido [expansivo] a través de todas las cosas [diffundi per omnia]. […] Dios está más allá de todo lugar, de modo que cuando queremos buscarlo, debemos elevarnos por encima de toda percepción del cuerpo y del alma. [… Él es] de infinita grandeza o majestuosidad, de esencia incomprensible, de poder ilimitado y de inmortalidad eterna». 8 Por ejemplo: «el Señor […] vestido está de majestad» (Sal. 93:1); «En el glorioso esplendor de Tu majestad […] meditaré» (Sal. 145:5); Jesús es «el resplandor de [la] gloria [de Dios]» (Heb. 1:3); «Alábenlo según la excelencia de Su grandeza» (Sal. 150:2). 7
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merece ser, nuestro Rey. Su «dignidad majestuosa»9 es el punto de Isaías. Podemos alegrarnos de que Dios sea nuestro «Padre […] en los cielos» (Mat. 6:9). Significa que es trascendente. Dondequiera que nos lleve la vida, arriba o abajo, a lo maravilloso o lo horrible, Dios ya está ahí, listo para nosotros en toda nuestra necesidad. Mejoremos nuestros pensamientos sobre Dios. El gentil J. I. Pac‑ ker lo dijo sin rodeos: «Si te has resignado a pensar que Dios te ha dejado tirado, busca la gracia para avergonzarte de ti mismo. Tal pesimismo incrédulo deshonra profundamente a nuestro gran Dios y Salvador».10 Él es «de infinito poder, sabiduría y bondad; el Hace‑ dor y Preservador de todas las cosas visibles e invisibles».11 Seguro que no necesita nuestra ayuda, ¿verdad? Solo Él tiene «gracia sobre gracia» (Juan 1:16) para nuestra necesidad sobre necesidad. Hace años, J. B. Phillips, el brillante traductor de la Biblia, escri‑ bió un libro titulado Your God Is Too Small [Tu Dios es demasiado pequeño]. En él, comienza con esta idea: A medida que pasamos de la infancia a la edad adulta, nuestros conceptos sobre la realidad se amplían: nuestros conocimientos históricos, nuestra conciencia psicológica, nuestras sensibilidades culturales y mucho más. Nues‑ tros horizontes mentales se ensanchan en todas las direcciones. Pero si nuestros pensamientos sobre Dios no se desarrollan también, empieza a parecer más pequeño. Incluso puede encogerse hasta el punto de fuga. ¿Y cómo puede un adulto adorar a un Dios que parece superado por todo lo demás, especialmente por todo lo terro‑ rífico? Phillips escribe sobre cada uno de nosotros: «Si, por un gran John M. Frame, The Doctrine of God (Phillipsburg, NJ: P&R, 2002), 105. J. I. Packer, Knowing God (Downers Grove, IL: InterVarsity Press, 1973), 79. 11 Los treinta y nueve artículos, 1, «Of Faith in the Holy Trinity», en Creeds, Confessions, and Catechisms: A Reader’s Edition, ed. Chad Van DixHoorn (Wheaton, IL: Crossway, 2022), 115. 9
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esfuerzo de voluntad, lo hace [seguir creyendo en Dios], siempre estará secretamente temeroso de que alguna nueva verdad pueda exponer la ingenuidad de su fe».12 No podemos sobrevivir, y mucho menos florecer, con pensamien‑ tos pequeños de Dios. Y Dios mismo comprende nuestra necesidad. Por eso nos dio Isaías 57:15. El que es «alto y sublime» se eleva por encima de todo lo que nos hace sentir pequeños y derrotados. Pero nada en Él puede ser contrarrestado por algo que haya en este mundo. No está esperando el permiso de nadie. No está empujando ninguna puerta que no se abre. Como nos enseñó a cantar Martín Lutero, nuestro Rey reina y «cual Él no hay en la tierra».13 Nos gusta estar bajo las estrellas en una noche despejada, mirar hacia arriba y maravillarnos ante la inmensidad del universo. Nos sentimos diminutos, pero también tranquilos. ¿Y si miramos aún más alto y vemos a Dios muy por encima del universo mismo? Empezamos a sentirnos más pequeños y más tranquilos todavía. No importa lo que enfrentemos, ver a Dios más claramente nos ayuda a respirar aliviados. Ahora, la segunda línea:
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Que vive para siempre, cuyo nombre es Santo.
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Tú y yo experimentamos la realidad en pequeños incrementos, un momento tras otro, a medida que se desarrolla el tiempo. Pero Dios, en Su majestuosa eternidad, está igualmente presente en todos los puntos del tiempo a la vez. Para nosotros, el tiempo significa que tenemos que esperar… y detestamos esperar. ¡Amazon Prime basó
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J. B. Phillips, Your God Is Too Small (Nueva York: Macmillan, 1953), v–vii. «Castillo fuerte es nuestro Dios», Hymnary.org. https://hymnary.org/text/castillo_fuerte _es_nuestro_dios
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su éxito en nuestra impaciencia! Pero Dios nunca se ve obligado a esperar. No está atrapado en el tiempo. Es quien lo inventó y está por encima de él. El tiempo está a Su servicio. Así que ahí va el viejo Sr. Tiempo, dando vueltas, haciendo la voluntad de Dios, lento como la melaza, y a Dios le parece bien. Lo bueno es que Dios siempre está presente en el momento con nosotros. Él está siempre aquí y ahora. Y cuando cada nuevo segundo se abate sobre nosotros, a veces con una desagradable sorpresa, Dios nos ofrece la esperanza eterna. Dios «habita la eternidad», dice Isaías (RVR1960). Él vive allí. Dios es quien es, donde está… lo que significa que puede prestarnos atención sin necesidades propias. Él es libre para estar completamente dedicado a nosotros todo el tiempo. Más aún: «… cuyo nombre es Santo». Su «nombre» es la forma correcta de pensar en Él y de orar a Él. Su «nombre» lo hace acce‑ sible. Y sorprendentemente, Su nombre «Santo» es una categoría negativa. No quiero decir que sea una categoría mala. Pero «santo» significa que Dios no es como nosotros.
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… Porque Yo soy Dios y no hombre, el Santo en medio de ti… (Os. 11:9)
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Por ejemplo, la Biblia describe a Dios con muchas imágenes mara‑ villosas: un león, una roca, un pastor, etcétera. Pero Su nombre «Santo» significa que todas estas metáforas, aunque nos dan una visión real de Dios, también se quedan cortas. ¿Es acaso como una roca? Sí. ¿En qué sentido? Es firme y sólido. Pero Dios tam‑ bién es tierno. Y ninguna roca de este mundo es tierna. Y todo sobre Dios es «santo» en este sentido: diferente, y mejor. Su santidad no es un rasgo más junto a otros: Su soberanía, bon‑ dad, poder, etc. Todo sobre Dios es santo: soberanía santa, bondad 12
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Yo habito en lo alto y santo,
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santa, poder santo, y todo el resto de Él. Por eso Su nombre, Su identidad misma, es Santo: diferente, y mejor. Dejemos siempre espacio para que Dios supere nuestros pensa‑ mientos más elevados sobre Él. Pensar en Dios es lo más noble que podemos hacer. Pero nunca llegaremos a comprenderlo del todo. Él siempre seguirá sorprendiéndonos. Esas son las dos primeras líneas de Isaías 57:15. Hasta ahora, sabemos que Dios está por encima de toda la creación, eternamente inmutable, y que es mejor que nuestros pensamientos más sublimes sobre Él. Ahora, en las líneas tres y cuatro, habla el propio Rey:
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Y también con el contrito y humilde de espíritu.
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Esas dos líneas responden a una pregunta personal urgente: Cuando todo está en juego para nosotros, ¿dónde podemos encontrar a Dios? Y la respuesta es que se puede encontrar a Dios en dos lugares opuestos: muy arriba, donde no podemos ir, y muy abajo, donde sí podemos ir. El lugar «alto y santo» es Su palacio real en el cielo. Es un lugar real. Los ángeles también viven allí. Y el lugar opuesto donde se puede encontrar a Dios es abajo, con todo aquel que es «contrito y humilde de espíritu»: la gente devastada y que ha tocado fondo. He aquí, pues, las dos direcciones de Dios: arriba y abajo. Pero Dios no establece Su morada en el medio, en el espacio social que yo llamo «el medio blando». Todos entendemos ese lugar. Es donde a la gente le va bastante bien. Los hijos están por encima de la media, la carrera va por buen camino y la vida básicamente funciona. Y la «iglesia» es una opción de fin de semana para mejorar una vida ya de por sí agradable y hacerla aún más agradable, subiendo quizás 13
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de 6 a 7 en una escala del 1 al 10. Ese es el mundo que yo llamo «el medio blando». Muchos viven allí. Muchos más quieren vivir allí. Es donde por fin conseguimos el prestigio que queremos, la superioridad, el control, el distanciamiento seguro. Es donde se reúnen «los chicos populares». ¿Y a quién no le gustaría ser invitado a sus fiestas? Algunas iglesias se dedican al medio blando. Su «Jesús» es el cape‑ llán de su statu quo. Nunca juzga, siempre aprueba, y se cuela sin chistar en el margen de sus ajetreadas rutinas. Conoce Su lugar. De hecho, se siente afortunado de contar con la atención de la iglesia durante una hora entera un domingo por la mañana. Pero Isaías ve ahí un problema. El que es Alto y Sublime, que vive para siempre, cuyo nombre es Santo… el medio blando no es Su morada.14 Por supuesto, Dios puede llegar a cualquier persona en cualquier lugar. Algunas personas de ese mundo lo aman. Pero la vida aún no las ha obligado a descubrir cuán real es Él. Incluso podrían mirar a alguien que es «contrito y humilde de espíritu» y sentir lástima por él. Es fácil ir a la iglesia en el medio blando, pero es difícil sentirse abrumado ante Dios allí. El objetivo de ese mundo es apuntalar un paraíso terrenal hecho por el hombre. He aquí la tragedia de ese ideal de ensueño:
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Porque el Señor es excelso, y atiende al humilde, pero al altivo conoce de lejos. (Sal. 138:6) Porque grandes cosas me ha hecho el Poderoso; y santo es Su nombre. […]
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Louis Berkhof, Systematic Theology (Grand Rapids, MI: Eerdmans, 1972), 134: «[Dios está] presente en todas Sus criaturas, pero no está presente en cada una de ellas de la misma manera». Cursiva añadida.
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Ha quitado a los poderosos de sus tronos; y ha exaltado a los humildes; A los hambrientos ha colmado de bienes y ha despedido a los ricos con las manos vacías. (Luc. 1:49, 52‑53)
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¿Qué pasa con eso de «contrito y humilde», entonces? Nuestro futuro depende de esas palabras. Esto es lo que significan. La pala‑ bra «contrito» equivale a aplastado, devastado, abatido. Y la palabra «humilde» significa humillado, degradado, disminuido en valor.15 Esos sufrimientos nos llevan al fondo del abismo, justo donde habita el Alto y Sublime.16 ¿Qué hace el sublime y santo Dios con un puñado de perdedores? ¿Qué sucede en el fondo del abismo? Nos lo dice en las dos últimas líneas de nuestro versículo: … para vivificar el espíritu de los humildes y para vivificar el corazón de los contritos.
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Piensen lo que piensen los demás de ti, el Cristo resucitado no te desprecia. No se pregunta cuándo por fin «lo entenderás» y te uni‑ rás a los peces gordos de este mundo. El Cristo sublime y santo se acerca con ternura al herido, al desesperado: «Ofrece vida a aquellos a quienes la vida les ha sido casi aplastada; ofrece vida a aquellos cuyo espíritu ha sido reducido a la nada».17 J. Alec Motyer, Isaiah: An Introduction and Commentary (Downers Grove, IL: InterVarsity Press, 1999), 358. 16 Herman Bavinck, The Wonderful Works of God (Glenside, PA: Westminster Seminary Press, 2019), 117: «Precisamente porque Dios es el Alto y Sublime, y vive en la eternidad, también habita con aquellos que son de espíritu contrito y humilde (Isaías 57:15)». Cursiva añadida. 17 John N. Oswalt, The Book of Isaiah: Chapters 40–66 (Grand Rapids, MI: Eerdmans, 1998), 488. 15
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Lo que le encanta hacer es devolvernos suavemente la esperanza… no la ambición de volver al medio blando, sino la felicidad de vivir cerca de Él, dondequiera que Él habite. Nos revive, pone un corazón renovado en nosotros, ayudándonos a creer de nuevo que tenemos una vida que vale la pena vivir, mejor que cualquier cosa en una escala mundana del 1 al 10. Nos revive al darse a sí mismo más vívidamente de lo que nunca antes habíamos conocido… y al darnos los unos a los otros. Estoy añadiendo «los unos a los otros» a la imagen ahora por una razón. Los «humildes» y los «contritos» en estas dos líneas están en plural, tanto en español como en el texto hebreo. Dios comenzó hablando de un individuo: «Y también con el contrito y humilde de espíritu». Pero ahora, «los humildes» y «los contritos» son un grupo de personas, una comunidad unida en el fondo del abismo. Atraídos por Él, nos unimos. Empezamos a experimentar la verdadera comu‑ nidad, quizás por primera vez. ¿Qué está haciendo Dios entre nosotros? Nos está envolviendo con Sus brazos, amándonos a nosotros, los que ya no somos los de antes, los exiliados, en Su propia querida familia. Somos un desastre, pero somos Su desastre. Esa hermosa comunidad es la que podemos experimentar cada domingo en una iglesia sana. ¡Así que nos encanta el fondo del abismo! Jesús está aquí. Nosotros estamos aquí. Aquí están las personas más sinceras, amables y rela‑ jadas que puedas conocer. ¡No volveríamos al medio blando ni por todo el dinero del mundo! Seguiremos volviendo a Isaías 57:15. Hay mucho más para disfrutar. Dos reflexiones para cerrar En primer lugar, si tu corazón roto está empezando a sentirse un poco menos aislado y más incluido, entonces tal vez Charles Spur‑ geon pueda hablar por ti. Al recordar su conversión a Cristo, dijo: 16
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Sentía que no podía ser feliz sin la comunión con el pueblo de Dios. Quería estar donde ellos estuvieran. Y si alguien los ridicu‑ lizaba, yo deseaba ser ridiculizado con ellos. Y si la gente les ponía algún apodo feo, yo quería que me llamaran por ese apodo feo. Porque sentía que, a menos que sufriera con Cristo en Su humi‑ llación, no podía esperar reinar con Él en Su gloria.18
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Espero que tu corazón también diga lo mismo. El mío sin duda lo dice. Estoy harto de buscar la aprobación de la gente equivocada. En segundo lugar, si tu corazón aún está destrozado por heri‑ das profundas que tardan en cicatrizar, he aquí un pensamiento del mismísimo Jesús. Declaró: «No se turbe su corazón; crean en Dios, crean también en Mí» (Juan 14:1). En Isaías 57:15, Dios nos dijo que habita muy arriba y muy abajo. No podemos merecer a alguien así. Lo único que nos pide es que creamos en Él. Y cuando nuestra fe se abre, Su presencia aparece. Este Dios alto y santo, que habita entre los humildes, Él mismo es humilde. Jesús dijo que era «manso y humilde de corazón» (Mat. 11:29). No es de extrañar, entonces, que le guste habitar entre los humildes. Y te invita a creerlo: «Crean en Dios, crean también en Mí». ¿Lo harás? Él te guiará desde ahí. Así que tal vez ya haya comenzado una conversación entre tu alma herida y el Cristo vivo. Podría ser algo como lo siguiente:19 ALMA: Estoy tan triste, tan confundido. Ya no sé qué pensar. CRISTO: No se turbe tu corazón. Cree en Dios, cree también en mí. ALMA: Pero no entiendes. Soy débil, inestable. Te decepcionaré.
C. H. Spurgeon, Autobiografía, vol. 1, The Early Years (Edimburgo: Banner of Truth, 1985), 145. 19 Tomo prestada esta línea de pensamiento de John Bunyan, Come and Welcome to Jesus Christ (Edimburgo: Johnstone and Hunter, 1855), 147. 18
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CRISTO: No se turbe tu corazón. Cree en Dios, cree también en mí. ALMA: Pero, ¿y si encuentras en mí pensamientos y sentimientos descabellados? En un mal día, puedo llegar a ser ridículo. CRISTO: No se turbe tu corazón. Cree en Dios, cree también en mí. ALMA: Mira, es difícil para mí admitir esto. Pero resulta que tengo algunos hábitos inmundos que ni te imaginarías.
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CRISTO: No se turbe tu corazón. Cree en Dios, cree también en mí. ALMA: ¡Lo entiendo! ¡Lo entiendo! Pero si acepto, si empiezo a creer en ti, ¿serás paciente conmigo mientras tropiezo en el camino?
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CRISTO: Dame una oportunidad. Te demostraré quién soy. ALMA: De acuerdo. Bueno. Creo.
CRISTO: Estoy completamente comprometido. Y nunca te dejaré
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ni te abandonaré.
Preguntas para la reflexión y el debate
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1. Es difícil pensar en eso, lo sé. Pero, hasta ahora, ¿cuál ha sido tu peor experiencia de tocar fondo en la vida? ¿Y qué hizo que fuera horrible para ti?
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2. Dos perspectivas sorprendentes nos ayudan a afrontar nues‑ tra vida con nuevo valor: (1) quién es Jesús; (2) dónde está Jesús. Isaías 57:15 explica ambas cosas. ¿Qué aspectos de este versículo te dan más energía? ¿Y por qué te parecen convincentes?
3. La gente tiene razones para querer vivir en «el medio blando». Quizás hubo un tiempo en que tú también lo quisiste. En caso afirmativo, ¿qué era lo que más deseabas para ti de ese mundo? ¿Y qué has perdido hasta ahora? 18
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4. ¡«Contrito y humilde» no suele figurar en nuestras listas de objetivos vitales o ambiciones profesionales! Pero a medida que lo piensas, ¿cómo se van haciendo más esperanzadoras e incluso deseables esas dos categorías?
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5. En un principio, la palabra «vivificar» podría sugerir un extraño y anticuado fervor religioso. Pero Isaías tenía mejores cosas en mente. ¿Cómo describirías el cuadro que está pintando con esta palabra «vivificar»?
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6. Considerando Isaías 57:15 en su conjunto, y teniendo en mente tu sufrimiento más profundo, si Dios te ofreciera solo una parte de este escenario vivificante que Isaías describe, ¿qué aspecto le pedirías? ¿Y por qué ese regalo?
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7. Tal vez en este punto te gustaría escribir una oración. Pue‑ des elevar tu deseo a Dios ahora mismo. Utiliza tus propias palabras. Él entiende. De hecho, ¡arregla nuestras oraciones mientras se dirigen hacia arriba!
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Porque así dice el Alto y Sublime Que vive para siempre, cuyo nombre es Santo: «Yo habito en lo alto y santo, Y también con el contrito y humilde de espíritu, Para vivificar el espíritu de los humildes Y para vivificar el corazón de los contritos».
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