LA BRÚJULA REVISTA CULTURAL

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Los humedales, ¿son realmente importantes?

LILIANA ORTIZ SERRATO, P. 4

Una canción sobre lo que sea ALBERTO VILLAESCUSA, P. 3

¿Cuál es la forma en que vemos a los demás?... ¿como medios?

HÉCTOR LECUANDA, P. 14

Gandhi, King, Ikeda: Su labor por la paz

ADRIANA CARRILLO, P. 15

CARLOS HUSSONG Y LA ISLA DE LA PASIÓN

JOATAM DE BASABE P. 8

DIRECCIÓN

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Joatam de Basabe Coordinador editorial El Vigía Digital

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DEL DIRECTOR:

En los próximos días, un velero zarpará desde Ensenada rumbo a uno de los puntos más olvidados —y más simbólicos— de la historia marítima de México. No se trata de una travesía turística ni de una hazaña diseñada para titulares rápidos. La embarcación Valentina, capitaneada por Carlos Hussong, se dirige a la Isla de la Pasión —Clipperton— como quien navega hacia una pregunta pendiente: ¿qué lugar ocupa hoy el mar en nuestra memoria y en nuestro proyecto de país?

La ruta no es menor. Cerca de tres mil millas náuticas de ida y vuelta, más de 30 días de navegación a vela en mar abierto, sin puertos cercanos ni margen para la improvisación. Es, en términos náuticos, una prueba exigente de técnica, resistencia y concentración. Pero reducir esta regata a un reto deportivo sería quedarse corto. El viaje tiene una carga simbólica profunda: volver a mirar un territorio que México perdió en el papel, pero que sigue latiendo en la historia.

La Isla de la Pasión es apenas un atolón coralino de seis kilómetros cuadrados, perdido en el Pacífico, a más de mil kilómetros de la costa mexicana. Sin embargo, su importancia no radica en la tierra emergida, sino en el vasto mar que la rodea: una zona económica exclusiva de enorme valor estratégico. Ahí confluyen intereses pesqueros, energéticos y geopolíticos que durante décadas han sido ignorados o administrados desde el olvido.

Pero hay una historia aún más incómoda. A principios del siglo XX, soldados mexicanos fueron enviados

a Clipperton para defender la soberanía nacional frente a potencias extranjeras. Cuando estalló la Revolución, el país se olvidó de ellos. Murieron abandonados, uno a uno, resistiendo hasta el final. No figuran en los grandes relatos patrios. No hay monumentos ni ceremonias oficiales que los recuerden. Esta travesía busca, de manera sobria y sin estridencias, devolverles un lugar en la memoria.

El gesto es sencillo: llegar, desembarcar si los permisos lo permiten, izar la bandera, guardar silencio. No es una provocación diplomática ni una reivindicación jurídica. Es un acto de memoria. Recordar que esa isla existió para México. Y que hubo quienes murieron defendiéndola.

La figura de Carlos Hussong resulta clave en este contexto. Con más de cuatro décadas vinculadas al mar —desde la pesca de altura hasta la navegación a vela— su mirada no es romántica ni nostálgica. Es la de alguien que entiende el océano como espacio vital, como ruta, como oportunidad desperdiciada. Su diagnóstico es claro: México ha vivido de espaldas al mar, pese a tener miles de kilómetros de litoral y una posición geográfica privilegiada. Esta regata no cambiará tratados ni fronteras. No modificará mapas oficiales. Pero sí puede cambiar algo más sutil y quizá más importante: la manera en que miramos el mar. Recordarnos que no es un límite, sino un horizonte. Que no es paisaje, sino territorio. Y que, a veces, basta con zarpar para volver a preguntarnos quiénes somos y hacia dónde navegamos.

UNA CANCIÓN SOBRE LO QUE SEA

Pegado a la Butaca

Película mexicana de José Luis Isoard Arrubarrena con Ca mila Acosta, Lucía Tinajero (2026). No sé si Elena, la protagonis ta de Una canción sobre lo que sea me cae bien o me cae mal, pero sien to que eso habla bien de la película. Los personajes complejos son algo que solemos atesorar en el cine. Si nos vemos reflejados en alguien que al inicio nos desagrada es quizá porque éste fue imaginado con las bondades y asperezas de una persona de carne y hueso. En Elena veo a una joven que puede ser abrasiva, cortante y egoísta. Pero también a alguien con preocupaciones más profundas y universales: las de una persona a la que le cuesta conectar con otras y las de una artista insegura a punto de tirar la toalla.

Elena (Camila Acosta) es actriz y músico. Ansía con grabar una canción, la primera que ha compuesto, pero la abruman el costo del estudio, los músicos y el productor para grabarla y mezclarla como quiere. Tampoco sabe si la canción es suficientemente buena. Amigos y conocidos le dicen que quieren escucharla, pero ella no siempre quiere tocarla. Su trabajo actual, grabando audiolibros de autoayuda, le parece humillante. Quizá el único beneficio es que tiene una línea directa a un estudio de sonido. Pero nadie ahí, sean el productor o el dueño Paco (Fernando Villa Proal), se animan a darle una oportunidad, aunque Elena tampoco se atreve a decir con asertividad lo que quiere. El carácter de Elena sale a la luz en una serie de incómodos y divertidos

sobre lo que sea observa el compor tamiento humano con una atención que muchos dramas envidiarían, pero es determinadamente una comedia. Decidida a por fin hablar con Paco, Elena finge un encuentro casual y gasta sus últimos doscientos pesos en la entrada a un local de escalada interior, sólo para darse cuenta de que él ya se iba. La escena también nos da una señal de que Elena menosprecia su propia tenacidad y talento. Paco, quien parece frecuentar el lugar, se cae en los primeros metros; Elena, en su primer intento, logra trepar a la cima, pero después no sabe cómo bajar.

Una interacción posterior nos muestra que Elena también puede ser grosera y ensimismada. Cuando Javier (Jatzke Fainsod), su amigo y compañero actor, le comparte una buena noticia sobre un casting suyo, ella solo puede hablar de su canción. Pero momentos posteriores, como los chistes bobos de Elena, uno sobre Roma de Alfonso Cuarón, otro sobre el origen de la expresión S.O.S., se sienten como intentos desesperados pero honestos de conectar con otras personas.

La pieza central de la película es una visita que Elena hace a Carla (Lucía Tinajero), una amiga de la se-

hablar. Elena va con ella con el pre texto de reconectar, pero podemos intuir que su verdadera intención es pedirle el dinero para grabar su canción. Carla seguramente lo tiene. Su vida parece la definición de una burbuja de privilegio: vive en un departamento que sus papás, quienes ahora viven en Suiza, le ayudaron a comprar.

Toda esta secuencia se desarrolla con una prolongada incomodidad. Carla trata de mantener la conversaciónn recordando anécdotas de su adolescencia. Elena se encoje en su silla, quizá intimidada por el lujoso minimalismo del departamento de Carla, o pensando en el momento adecuado para pedirle el dinero. La cámara se mantiene fija y distante, tanto que esos momentos cuando no tienen nada que decirse se sienten eternos.

Carla tiene los prejuicios típicos de una joven de familia rica. Tiene una empleada doméstica, Sofi (Mary Sol Cruz) a la que se dirige con condescendencia y en otro momento se refiere a un compañero de ambas con un término discriminatorio. Con Elena podemos simpatizar por su precariedad y dificultades. Pero Carla parece una persona con intenciones

fundamentalmente buenas, una actitud atenta y una sonrisa simpática. Es quizá la encarnación de ese diálogo de Parásitos de Bong Joon-ho que descubre a la rica familia Park: “Son simpáticos porque son ricos”. Cuando Carla le muestra a Elena sus tesoros personales, una colección de mapas con siglos de antigüedad, no es para presumir, sino para rescatar una conversación que no parecía ir a ningún lado. Carla acaba de pasar por una ruptura y, Elena descubre, no recibe muchas visitas. Parece guardarle verdadero cariño a ella y sinceramente interesada en restaurar su relación. Toda esta secuencia, que comprende básicamente todo el segundo acto de la trama, demuestra la capacidad de la película para hacer más con menos. Como Padre Pablo, el largometraje anterior de su director José Luis Isoard Arrubarrena, la mayor parte de Una canción sobre lo transcurre en un par de locaciones. En cuestión de estilo, es una película más atrevida y juguetona, pero en ambos casos, su forma de contarse parece una extensión natural de las personalidades de sus protagonistas. Padre Pablo, la historia de un sacerdote serio y con poco carisma que se debe reconciliar con su padre gravemente enfermo, se contaba con un estilo más distante y observacional. Una canción sobre lo que sea experimenta con constantes zooms, transiciones abruptas y una desviación a la boba fantasía para llevarnos más cerca del sentir de alguien que no hace tan buen trabajo al reprimir sus frustraciones. Puedo aceptar los gestos más agresivos de Elena porque me parecen una reacción humana y, hasta cierto grado, comprensible a su situación. Si parece que solo piensa en sí misma es quizá por las dudas que los artistas se hacen todo el tiempo: si se es suficientemente bueno, si se está en el camino correcto, si el talento y el esfuerzo bastan en un medio que se maneja por las conexiones y el dinero. Una canción sobre lo que sea es una mirada poco romántica pero tampoco cruel a la vida de una artista que no trata de hacerla en grande, sólo salir adelante. Quizá la canción de Elena no cambie el mundo, pero cuando por fin la canta frente a Carla, el rostro de ella nos sugiere que hay una emoción sincera ahí. Pensándolo bien, creo que sí, Elena me cae bien. alberto.villaescusa19@gmail.com X: @betovillaescusa

Alberto Villaescusa Rico

LOS HUMEDALES, ¿SON REALMENTE IMPORTANTES?

Caracol, Un Museo

EPara Ti

l 2 de febrero, como cada año, se celebra en todo el mundo el Día Mundial de los Humedales. Esta fecha sin duda es para conmemorar a estos maravillosos ecosistemas, dar a conocer su importancia y ponerlos en la mira ante todo el mundo.

Para estar en contexto, los humedales son ecosistemas donde se une el agua y la tierra, puede ser de agua dulce o agua salada y son tan variados como los ríos, arroyos, esteros, pantanos, presas, ciénegas, manglares, marismas o los arrecifes de coral.

Los humedales continentales y costeros a escala mundial, si los juntáramos todos, cubrirían una superficie casi tan grande como Groenlandia. Sin embargo, los humedales naturales

están disminuyendo a largo plazo en todo el mundo, porque se cree que son focos de infecciones y malos olores.

Por ejemplo, entre 1970 y 2015, los humedales disminuyeron en aproximadamente un 35 por ciento de su superficie, una tasa tres veces mayor a la de la pérdida de los bosques. Esto los pone entre los ecosistemas más amenazados del mundo, sobre todo a causa de la continua desecación, contaminación y sobreexplotación de sus recursos.

Aunque en estos momentos, las principales acciones que afectan a los humedales tienen que ver con el aumento de la población a nivel mundial y un ejemplo es el cambio de usos de suelo, generalmente para “desarrollo” urbano, construyendo sobre ellos fraccionamientos, centros comerciales, carreteras, campos de cultivo, entre otras acciones humanas, generando con ello una pérdida de hábitat para muchas especies de plantas y animales que dependen de ellos.

A pesar de que hay una Convención dedicada a dar a conocer y conservar lo humedales a nivel mundial (Convención de Ramsar) y que hay muchas asociaciones civiles como Pro Esteros que desde hace más de 30 años ha trabajado

en lograr la conservación y uso racional de los humedales a nivel local y difundir la importancia de estos ecosistemas.

Aun así, seguimos sin respetar y cuidar estos sitios, porque lamentablemente pueden más los intereses económicos que la naturaleza. Alguna vez nos hemos puesto a pensar ¿qué

pasará si destruimos todos los ecosistemas de nuestro planeta? ¿Qué pasará con el aire que respiramos?, ¿de dónde conseguiremos el agua que tomamos?, ¿de dónde obtendremos nuestro alimento? La respuesta es sencilla: sin la naturaleza simplemente no podremos vivir.

Liliana Ortiz Serrato*
Laguna Hanson Crédito: Liliana Oriz.
Corredor Costero San Francisquito. Crédito: Liliana Ortiz.
Bahia San Quintín. Crédito: Liliana Ortiz.

En Baja California tenemos siete humedales Ramsar relativamente bien conservados, pero esto no los libra de todos los impactos negativos que enfrentan todos los días a causa de las actividades humanas.

Por otro lado, debemos saber que los humedales continentales favorecen la recarga de los acuíferos y de ahí obtenemos el agua para uso humano y para cultivo de los alimentos.

Los humedales costeros son una barrera contra tormentas y que favorecen la captura de carbono, dándonos a cambio oxígeno. También obtenemos alimento de sus aguas por medio de la pesca y acuacultura.

Además, gracias a ellos obtienen sustento las familias aledañas mediante el turismo y favorece la salud emocional, ya que son sitios ideales para la recreación, donde se pueden llevar a cabo el senderismo, la observación de aves y la fotografía de naturaleza. No hay que olvidar que son laboratorios naturales y que la investigación de estos sitios es de suma importancia para conocer sus funciones ecológicas y su estado de conservación. Por último, son reservorios de biodiversidad, ya que en ellos habitan una gran cantidad de plantas y animales en perfecto equilibrio.

Sin duda alguna los humedales son de suma importancia tanto para los humanos como para las plantas y animales que los habitan. ¿No son estas razones suficientes para seguir trabajando por los humedales? Es tiempo de voltear a verlos con otros ojos, dependemos de ellos y de nosotros depende su conservación.

* Bióloga. Representante de Pro Esteros.

El anticristo ya está aquí

Naveguemos

odos los ciudadanos (y sobre todo aquellos que tienen una responsabilidad de gobierno) deben escuchar, leer, meditar el discurso del Primer Ministro de Canadá, Mark Carney, en la reunión de Davos, Suiza. Con educación, elegancia y diplomacia, expone verdades inobjetables en torno al “poder de los poderosos” y “y al deber de los menos poderosos”. Opina que se ha roto el orden mundial y que es el deber de los líderes de las naciones “menos poderosas” encontrar nuevas reglas que permitan la convivencia en el mundo.

Repito, es una pieza de la retórica humana que todos debemos conocerla.

Esta introducción me ha servido de forma estupenda como marco conceptual para el tema que hoy quiero “dialogar” con mis multitudinarios lectores (hasta hace poco eran cuatro…). Está rondando en varios medios de comunicación, la versión poco confirmada de que el magnate (un pobre ser humano que sólo tiene dinero) que hoy ocupa la silla presidencial de Estados Unidos, está ya al borde de la insania mental. Y que ello traerá como consecuencia su remoción

del cargo, con lo que quedaría resuelto el grave problema que está ocasionando con sus atropellos, prepotencias, violaciones y demás “exquisiteces” de su administración.

Aceptar lo anterior, es aceptar que Trump es el único responsable de todas las barbaridades que actualmente están sucediendo. Es decir, “muerto el perro, se acabó la rabia”. Creo que ello no es acertado. Y para argumentar mi comentario, presentaré los datos que Oxfam (organismo internacional que se ocupa de observar y comunicar los sucesos que en materia de política, economía y sociedad acontecen en el mundo) ha ofrecido en su informe 2025. Para ello extraigo un resumen que se encuentra en la página de Oxfam (https://www.oxfam.org/ es/el-saqueo-continua-pobreza-y-desigualdad-extrema-la-herencia-del-colonialismo):

“En 2024, la riqueza conjunta de los milmillonarios creció tres veces más rápido que en 2023. Según las previsiones actuales, dentro de una década habrá cinco billonarios. Mientras tanto, el número de personas que viven en la pobreza apenas ha variado desde 1990. La desigualdad está fuera de control. Nuestro último informe anual sobre desigualdad, El saqueo continúa, analiza por qué la mayor parte de la riqueza de los milmillonarios no es fruto del esfuerzo, sino del saqueo: 60 por ciento es heredada, o bien está marcada por el clientelismo y corrupción, o vinculada al poder de monopolio.

“Estamos en medio de una ruptura, no de una transición”, dijo el primer ministro de Canadá, Mark Carney, en su mensaje en Davos.

Además, vivimos en un mundo profundamente desigual donde el colonialismo continúa estando presente de diversas maneras. Existe una larga historia de dominación colonial que ha beneficiado, principalmente, a las personas más ricas. El sistema actual sigue extrayendo la riqueza del sur global en beneficio del uno por ciento más rico de la población, que reside mayoritariamente en el norte global, a un ritmo de 30 millones de dólares por hora”.

El escenario es claro.

Independientemente de tipos de gobierno, de ideología subyacente, de principios morales o de lo que pudiera identificar a grupos humanos y comunidades, la realidad indica que el poder de los medios de producción, de las cadenas de suministros, de las fuentes de riquezas materiales, de la propiedad de los organismos de finanzas, se están concentrado, a pasos agigantados, en pocas manos.

Y en pocas manos estará, en el futuro, las decisiones económicas, políticas, financieras, etc. que tengan que ver con el buen vivir de la humanidad.

¿Se pueden imaginar a Apple, Microsoft, Meta, Samsung, JPMorgan Chase, Goldman Sachs. Bank of America, Nestlé, Procter & Gamble, Unilever, Coca-Cola, PepsiCo, Pfizer, Johnson & Johnson, Roche, Novartis, Merck, etc. —sin contemplar, además que sus propietarios coinciden en muchos de esos organismos— tomando decisiones sobre cuál es el salario mínimo, cuántas horas diarias debe trabajar un empleado, quiénes tienen derecho a un seguro de salud, quiénes han de ser los candidatos a ocupar una posición de gobierno?

Detrás del bípedo mamífero que ocupa la silla ejecutiva de la Casa Blanca están estas corporaciones, diseñando estrategias de gobierno, sistemas fiscales, cuerpos legales para administrar la cosa pública, haciendo todos los lobbies posibles. No. Si alguna vez se acaba la gestión de esta administración, no está resuelto el problema. La concentración del poder económico está creando un poder fáctico que se convertirá en el anticristo del planeta.

Atardecer en el Estero.
Crédito: Liliana Ortiz.

OBSIDIANA

Columna INAH BC

La obsidiana es un vidrio natural de origen volcánico, también considerada como una roca de origen extrusivo. Prácticamente en todos los continentes del planeta existen yacimientos que fueron explotados por sociedades humanas a lo largo de la historia para extraer materia prima para la fabricación de herramientas cortantes y, en algunos casos, como los mexica, para elaborar también objetos suntuarios como urnas funerarias, dijes, orejeras, cetros y espejos.

Los colores de este vidrio volcánico son negro y gris — opacos y traslúcidos— con tonalidades verdes, doradas, iridiscentes y marrones, estas dependen de la cantidad de minerales que contenga como hierro y magnesio principalmente. Los yacimientos primarios de obsidiana se localizan únicamente en los al -

rededores de ciertos volcanes con domos o flujos de lava asociados, para la formación de este vidrio natural es fundamental que el magma sea rico en sílice y que el proceso de enfriamiento sea relativamente rápido, este magma altamente viscoso al enfriarse se convierte en un material duro y quebradizo y su formación se da en la superficie terrestre —o muy cerca de ésta— en la fase final de un ciclo volcánico.

Las características físicas del vidrio volcánico como su fractura concoidea–laminar, que produce astillas y bordes filosos al golpearse con un objeto más duro, fueron aprovechadas por las culturas antiguas para fabricar objetos cortantes —como navajas y cuchillos— y punzo cortantes como puntas de dardos y flechas para armamentos de cacería y guerra. La calidad de la obsidiana para la talla depende de las impurezas presentes, a menor cantidad de impurezas mejor su fractura concoidea, por lo que estas características hacen de este vidrio ideal para la manufactura de artefactos filosos mediante su fractura controlada.

En México la gran mayoría de los yacimientos de obsidiana se encuentran en la faja

volcánica transmexicana que atraviesa el territorio nacional de oeste a este, desde los estados de Nayarit y Jalisco hacia el centro de Veracruz, implicando los estados de Michoacán, México, Hidalgo, Puebla y Tlaxcala. Es en la Sierra de Pachuca en donde se encuentran los yacimientos con obsidianas de mejor calidad, además de esto los colores verdes traslúcidos y dorados fueron altamente valorados en época prehispánica. En el mundo mesoamericano, y en las sociedades del paleolítico y neolítico de todo el mundo, la carencia de tecnología para la fabricación de herramientas de metal se suplió con la tecnología de piedra tallada, y ante la disponibilidad de explotar la obsidiana ésta se prefería por encima de otras rocas.

Los cazadores recolectores del arcaico en Norteamérica

usaron obsidiana para fabricar puntas de proyectil cuando había fuentes disponibles, en tanto existen registros de su uso en las sociedades aldeanas del preclásico mesoamericano cuando se extiende la fabricación y empleo de las delgadas y finas navajillas prismáticas, sin embargo, es a partir de los inicios del primer milenio cuando surge el estado teotihuacano e impone el monopolio y control de la explotación, fabricación de herramientas y comercio del vidrio volcánico en gran parte de Mesoamérica, los ricos yacimientos de obsidiana fina de la sierra de Pachuca fueron el punto neurálgico de su aprovechamiento a gran escala. En el posclásico temprano los toltecas ocupan el lugar de Teotihuacán en cuanto a su explotación y posteriormente los mexicas hacen lo mismo.

Rubén F. García Lozano*
Navajas prismáticas mesoamericanas.
Puntas de proyectil de obsidiana, costa noroeste de Baja California.
Serpiente de obsidiana mexica.

Las herramientas cortantes de obsidiana se utilizaban para la elaboración artesanal de objetos de madera, plumería, textiles, cestería, etc., el uso de raspadores de obsidiana para capar o ahuecar los magueyes en la producción de aguamiel y pulque estuvo muy extendido en lo alto del eje Neovolcánico, a su vez aguzadas navajillas de obsidiana se usaban en rituales de autosacrificio en donde se ofrendaban gotas de sangre a las deidades. Objetos de obsidiana pulida como recipientes, dijes, orejeras y cuentas de collares implicaron un alto grado de especialización en su manufactura, la materia prima era desgastada mediante fricción utilizando piedras duras y ásperas, así como arenas finas como abrasivos.

En Baja California existen contados yacimientos de obsidiana, prácticamente todos se encuentran en la vertiente oriental de la cordillera peninsular, los trabajos de los arqueólogos Antonio Porcayo y Lee Panich han documentado que algunos de estos yacimientos en el norte de la península son secundarios y están constituidos por fragmentos rodados o semi rodados de tamaños que no rebasan los siete centímetros, a estos pequeños nódulos se les denomina Marekanitas o lágrimas de apache. Dados los tamaños de la materia prima es obvio que su aprovechamiento se redujo a la manufactura de pequeños artefactos, esto se ha confirmado con el registro y recuperación de puntas de proyectil de tamaños pequeños en muchos sitios arqueológicos del estado, los estudios químicos de algunas muestras sugieren que aún no se han identificado todos los yacimientos aprovechados en época prehispánica, en este sentido aún hay interesantes historias por contar sobre este singular material vítreo.

* Arqueólogo e investigador del Centro INAH–BC.

POLEMIZAN POR HALLAZGO ARQUEOLÓGICO

Las piezas de la tumba mixteca que pobladores de San Pedro Jaltepetongo, Oaxaca, descubrieron y dieron a conocer el 10 de enero a través del influencer “Señor Blue” se trasladaron al Palacio Municipal de la localidad sin la presencia del INAH.

En un video transmitido el 12 de enero en YouTube, el creador de contenido mostró la zona del hallazgo, la entrada de la tumba, la restricción del área y el resguardo de piezas — alguna supuestamente de oro— ante la ausencia de representantes del organismo, que se integraron después.

“Ahorita que terminemos de poner la cerca aquí, vamos a trasladarnos para que sean testigos de cómo se entrega de parte del comisariado de bienes comunales a la presidencia de aquí de la comunidad; van a quedar todas las piezas en resguardo, y se esperaba la llegada del INAH para que ellos tomaran también conocimiento de estos hechos y sobre eso proceder, sin embargo, como no han venido, todas las piezas van a quedar resguardadas en el Palacio Municipal”, señala en el video.

Estas acciones contravienen la Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicos Artísticos e Históricos, cuyos artículos 29 y 30 indican que “los monumentos arqueológicos muebles no podrán ser transportados, exhibidos o reproducidos sin permiso del Instituto competente”.

“El que encuentre bienes arqueológicos deberá dar aviso a la autoridad civil más cercana. La autoridad correspondiente expedirá la constancia oficial del aviso, o entrega en su caso, y deberá informar al Instituto Nacional de Antropología e Historia, dentro de las 24 horas

probó el proceder del influencias y pobladores. No obstante, el 12 de enero, Nelly Robles, representante del Instituto en Oaxaca, adoptó un tono conciliador, a diferencia de su comunicado anterior que advertía sobre posibles delitos, la especialista optó por reconocer la participación de los pobladores.

“Vamos a hacer un inventario, van a tomar fotografías de cada uno y se van a poner bolsas con su etiqueta —cada una identi-

ficada—, y se van a colocar en contenedores donde ustedes nos digan para que queden a resguardo del Municipio. Ese es el procedimiento”, señaló. El “Señor Blue” insistió en el interés de la población por instalar en el lugar un museo en la comunidad.

El INAH indicó que el hallazgo suma 60 bienes arqueológicos parte de un contexto funerario prehispánico correspondiente al periodo Posclásico Tardío (13001521 d.C.) y cuenta con características distintivas de la tradición cultural mixteca.

LCARLOS HUSSONG Y LA ISLA DE LA PASIÓN

a entrevista con Carlos Hussong no ocurrió en un despacho, ni en una oficina institucional, ni frente a una grabadora colocada con rigidez sobre una mesa. Ocurrió donde, con el paso de las horas, entendí que él pertenece de manera natural: a bordo de su velero Valentina. Subimos después de desayunar juntos, con el café todavía tibio y una conversación que empezó sin prisas, saltando de temas cotidianos a recuerdos lejanos, de anécdotas personales a reflexiones profundas sobre el mar, el país y el paso del tiempo. Fue ahí, en ese espacio flotante, donde la entrevista dejó de sentirse como un ejercicio periodístico y se transformó en una charla larga, íntima y reveladora. Hablar con Carlos Hussong es encontrarse con un hombre ampliamente conocido y, sobre todo, apreciado. No es una apreciación gratuita ni construida a partir de cargos o posiciones: es el respeto que se le tiene a quien ha hecho del trabajo constante y del conocimiento profundo su carta de presentación. Su trato es amable, cercano, sin poses. Desde el primer momento te hace sentir bienvenido, como si subir a su barco fuera una extensión natural de una relación que no acaba de empezar, sino que ya existe desde antes.

Ahí, dentro del Valentina, Carlos me habló primero del barco. No como quien presume un objeto, sino como quien presenta a un viejo compañero de ruta. El velero —explicó— es una embarcación de regata, delgada, con poca manga, pensada para cortar el agua con eficiencia más que para ofrecer comodidades. “Es un barco nervioso”, dijo, “pero muy marinero”. Mientras lo escuchaba, comprendí que esa descripción también podía aplicarse a su propia relación con el mar: exigente, atenta, basada en el respeto absoluto a los elementos.

Carlos Hussong es, antes que nada, un hombre del mar. Su trayectoria en

la pesca es larga y sólida: más de 45 años vinculado al sector, como armador, impulsor de proyectos, promotor de nuevas rutas y mercados. Ha estado involucrado en la pesca de altura, en la apertura de zonas en el Pacífico, en África, en Asia. Ha visto cambiar las reglas del juego, ha enfrentado embargos, disputas internacionales, tratados y negociaciones. Todo eso aparece en su discurso sin estridencias, como parte de una experiencia que se ha ido sedimentando con los años.

Pero si algo se enciende en su mirada es cuando habla del mar no como industria, sino como espacio vital. Carlos tiene una pasión evidente al hablar de navegación, de viento, de corrientes, de velas. No lo hace desde la nostalgia ni desde la grandilocuencia, sino desde el conocimiento profundo. Escucharlo es darse cuenta de que hay personas que no sólo trabajan en torno al mar, sino que piensan desde el mar.

LA REGATA

La razón central de nuestra conversación fue la regata que está por emprender hacia la Isla de la Pasión, también conocida como Clipperton. Una travesía que, en términos estrictamente náuticos, representa un reto

mayor: cerca de 3 mil millas náuticas [más de 5 mil 500 kilómetros] de ida y vuelta, en el Pacífico abierto, a vela, durante aproximadamente 30 días. No es una ruta turística ni una navegación de recreo. Es una prueba de resistencia física, técnica y mental. Carlos me explicó que esta regata no tiene precedentes en México. No porque sea imposible, sino porque pocos se atreven a navegar tan lejos, costa afuera, sin la certeza de un puerto cercano. “Es navegación de alta mar”, insistió. Y en ese punto entendí que no hablaba solo de distancia, sino de una forma distinta de relacionarse con el océano: sin atajos, sin motores encendidos, sin margen para la improvisación irresponsable.

Sin embargo, el viaje no es sólo deportivo. De hecho, el componente simbólico es quizá el más importante. La Isla de la Pasión es un punto casi invisible en el mapa, un pequeño atolón en medio del Pacífico, pero con una historia que condensa episodios de soberanía, olvido y sacrificio. Carlos la conoce bien. No solo por lecturas, sino por experiencias directas vinculadas a su actividad pesquera. Me relató cómo, hace años, una embarcación mexicana fue detenida por un buque francés en las inmediaciones de la isla. Los tripulantes fueron retenidos, el barco incautado, y el incidente derivó en una disputa diplomática que obligó a revisar los derechos históricos de México en la zona. A partir de ese episodio, Carlos se involucró de lleno en la investigación del caso Clipperton y en las gestiones que derivaron, años después, en un tratado de pesca con Francia.

La Isla de la Pasión —me explicó— no es relevante sólo por su superficie terrestre, mínima, casi simbólica, sino por la enorme zona económica exclusiva que la rodea: más de 400 mil kilómetros cuadrados de mar con potencial pesquero, energético y mineral. Un espacio estratégico que México perdió tras un arbitraje internacional que, desde su perspectiva, fue profundamente injusto.

JOATAM DE BASABE* Ensenada, B.

Pero la historia más dura es otra. A principios del siglo XX, soldados mexicanos fueron enviados a la isla para defenderla ante las pretensiones de Estados Unidos y Francia. Cuando estalló la Revolución Mexicana, el país se olvidó de ellos. Durante años no recibieron víveres ni relevo. Murieron uno a uno. Resistieron hasta el final. Solo sobrevivieron dos mujeres y seis niños, rescatados años después.

Mientras Carlos hablaba de esos hechos, su voz no se cargaba de dramatismo, pero sí de una emoción contenida. Para él, esos soldados son héroes silenciosos, borrados de la memoria colectiva. Y la regata a Clipperton busca, en parte, eso: recordar que existieron, que murieron defendiendo un pedazo de México que hoy casi nadie menciona.

La idea es llegar a la isla, desembarcar —si los permisos lo permiten— y realizar una ceremonia modesta: colocar una placa, izar la bandera, guardar silencio. No como acto de provocación ni como gesto político, sino como ejercicio de memoria histórica. “Que se sepa que esa isla existe”, me dijo. “Y que fue mexicana”.

LA RIQUEZA DEL MAR

La conversación derivó entonces hacia un tema recurrente en el pensamiento de Carlos: el abandono del mar en México. A su juicio, el océano es el recurso natural más olvidado del país. Más incluso que el petróleo. Habla de carreteras invisibles, de rutas marítimas desaprovechadas, de una cultura naval que nunca terminó de consolidarse pese a que México tiene miles de kilómetros de litoral.

Propone, incluso, la creación de una Secretaría del Mar, una instancia que concentre la pesca, la acuacultura, la construcción naval, el transporte marítimo y el aprovechamiento energético. Hoy —dice— todo está disperso,

diluido entre dependencias que no alcanzan a ver el panorama completo. Y mientras eso ocurre, se pierde una oportunidad histórica de desarrollo.

Carlos no habla desde la queja fácil. Habla desde la experiencia. Desde haber construido barcos en Europa, desde haber pescado en Micronesia, Indonesia, África. Desde haber visto cómo otros países entienden el mar como un eje estratégico y no como un paisaje decorativo. Su discurso no es ideológico: es práctico.

También hablamos de la navegación a vela como una forma de vida. De la exigencia mental que implica estar días enteros ajustando velas, corrigiendo rumbos, interpretando señales casi imperceptibles del entorno. “No es monótono”, explicó. “Es intenso”. Cada cambio de viento, cada corriente, obliga a pensar, a decidir. Navegar a vela es, en muchos sentidos, un ejercicio permanente de atención.

Carlos reconoce que esta regata será también un reto personal. Aunque ha pasado semanas en el mar, nunca ha estado 30 días continuos navegando únicamente a vela. Lo dice sin alarde, con la serenidad de quien sabe a lo que se enfrenta. “Es

una prueba de resistencia”, admite. Física, pero sobre todo mental.

Mientras lo escuchaba, observaba cómo se movía dentro del barco con naturalidad. Cada objeto tenía una función, cada espacio, una lógica. No había improvisación. Pensé entonces que esa misma disciplina atraviesa su vida profesional: nada parece casual, aunque todo fluya con aparente sencillez.

Al final de la entrevista seguimos conversando un rato más. De libros, de historias marítimas, de Clipperton como herida abierta en la historia nacional. Me recomendó lecturas, documentales, novelas. Se notaba que el tema le importa, que lo lleva cerca del ánimo, como él mismo dijo.

Cuando bajé del Valentina, con el sonido del agua golpeando suavemente el casco, tuve la certeza de haber conocido a un personaje fundamental para entender la relación de Ensenada —y de México— con el mar. Carlos Hussong no es sólo un navegante ni un empresario ni un promotor de una regata extrema. Es un testigo de una historia marítima que pocas veces se cuenta y un recordatorio de que el océano sigue ahí, esperando ser mirado con la seriedad que merece.

LA ISLA DE LA PASIÓN

• Atolón coralino de seis kilómetros cuadrados, ubicado a mil poco más de mil kilómetros frente a las costas de Michoacán.

• Debido a la forma anular de la isla, su laguna interior se encuentra cerrada desde hace aproximadamente un siglo.

• La isla lleva el nombre del pirata inglés John Clipperton, quien en febrero de 1705 la visitó, y fue el primero en hacerlo.

• Nombre de la novela de la escritora colombiana Laura Restrepo, en la que narra el viaje y llegada del capitán mexicano Ramón Arnaud a la isla que da nombre a la novela. Él y su joven esposa llegan a la isla en 1908 junto a once soldados y su familia. A comienzos de la Primera Guerra Mundial son abandonados y uno a uno van cayendo víctimas del escorbuto.

Esta regata a la Isla de la Pasión no cambiará tratados ni fronteras. Pero sí puede cambiar miradas. Puede devolverle un lugar en la memoria a una isla olvidada y a unos soldados que resistieron hasta morir. Y, sobre todo, puede recordarnos que el mar no es un límite, sino un horizonte.

*Periodista y catedrático. jbasabe@elvigia.net

TIEMPO ACELERADO

Reflexiones de un Abuelo

Conservo la curiosidad de la infancia, las aspiraciones de la adolescencia, las responsabilidades del adulto y, ya anciano, trato de nutrirm de la experiencia de las edades que he atravesado. Edgar Morín (104 años de edad)

Cada vez sentimos que los días y los años pa san a mayor velocidad. Amanecemos el lu nes cuando debo entregar esta columna y ya es sábado cuando me llega La Brújula que incluye mis reflexiones. Soy un adulto que al igual que mis compañeros del café, percibe el tiempo acelerado. Inicia el año y planeo la visita a los nietos para el verano, pero cuando me detengo a revisar las fotos en mi teléfono móvil, veo la imagen del árbol navi deño luciendo la estrella brillante en su cúspide que la más pequeña de la familia colocó. Caray, ¡sí que pasa rápido el tiempo! ¿más rápido que en décadas pasadas? Pero ¿rápido? ¿en qué sentido? Soy un humano de dos siglos. La tercera parte de mi vida, hasta hoy, la pasé en el siglo XX. Esa centuria la atravesé en lentos recuerdos de familia: en la infancia, en mis intensos atardeceres adolescentes y en mi edad adulta donde las discusiones bizantinas con mis compañeros etarios eran intensas y duraban muchos días, incluso meses. En mi vida del siglo XX, analizábamos la partición del planeta (¿o división del humano?) en dos mundos irreconciliables, a lo que llamamos la Guerra Fría; experimentamos la caída del comunismo en manos de la Perestroika y nuestros padres la caída de los nacionalismos. Declaramos el triunfo del liberalismo, pero observamos a principios del siglo XXI la llegada del populismo sin apellido. Esos temas, entre otros acontecimientos sociales, ambientales, políticos o sociales, eran un debate continuo y profundo dentro de esa sociedad del siglo XX, pero donde los datos y la información fluían de manera lenta a través de los medios de comunicación tradicional (radio, prensa escrita o televisión), de tal forma que podíamos documentar nuestras opiniones y sostener nuestros argumentos con datos (no necesariamente correctos y verificables, eso

sí) y principalmente, con argumentos sopesados. Al llegar al ocaso de ese convulso siglo algo cambio. Lo experimentamos en la última década de finales del siglo XX y principios del siguiente en todo su esplendor. Mi generación, llamada los baby boomers, que dominamos unos treinta años la opinión pública - tal vez hasta la última década del siglo pasado -; le dimos paso a la llamada generación X (tal vez nuestros sobrinos de los hermanos mayores); y de allí vimos nacer a las generaciones de millenials y la Zeta (los hijos que nacieron en los noventas y primera década del siglo XXI); y, más aún, ahora entretenemos (todavía) a los miembros de la generación Alpha. ¿Qué tienen que ver esos cambios generacionales con la medición del tiempo? ¿Y desde que punto de vista? Veamos.

Mi generación (los baby boomers), vivimos un periodo de relativa estabilidad económica y social, que permitió a nuestros padres contribuir con muchos Homo sapiens al acelerado incremento de

la población, pero también al incremento de una mayor demanda de espacios, alimentos y sobre todo energía. Como una generación privilegiada, vivimos en un auge de crecimiento en la tecnología y el aumento en las comunicaciones. Ese incremento permitía gozar de ciertas holguras, con una población mundial de 3 mil 964 millones de personas —dos décadas anteriores el número de personas era de 2 mil 600 millones. El orgullo nacional era tener más descendencia; crecían las clases medias. Pero ese crecimiento acelerado, trajo mayor demanda de energía, un acelerado deterioro ambiental, una mayor desigualdad social (dentro y entre países), un flujo intenso de información (y de desinformación) y una serie de problemáticas que en su gran mayoría carecían de respuesta, pero seguimos creciendo.

Posteriormente, la generación equis, la millenials y la zeta crecieron en un contexto de transformación tecnológica, ambiental y social, y experimentando carencias – límites planetarios -. No solo por la cantidad de personas, sino por el incremento en la demanda energética para la vida cotidiana. Por ejemplo, a los millenials se les reconoce como los primeros nativos digitales (requiere de mucha energía). Y que decir de los de la generación zeta, jóvenes no mayores a los 30 años, marcados por la digitalización y las redes sociales (más energía demandada). Y con ese auge, las generaciones equis, millenials y zetas, tienen a la mano una gran cantidad de proveeduría relativamente fácil y acelerada. Ese fenómeno se masificó; es decir, todos tienen acceso de algún modo, principalmente de datos e información (o desinformación).

Ese sería, en resumen, el entorno generacional de los últimos cincuenta años. Ahora regresemos a la cuestión sobre la aceleración del tiempo. Esa sensación de vértigo la sentimos muchos adultos mayores del día de hoy; tal vez sea un síntoma de la edad. Sin embargo, platicando con jóvenes veinteañeros, extrañamente ellos sienten lo mismo. En una plática con un amigo y una sobrina en común, los dos abuelos coincidimos sobre lo acuoso del tiempo, pero también lo expresó del mismo modo la sobrina y lo cual me llamó la atención. Y al cuestionarle porque sentía que el tiempo se había (según su perspectiva) acelerado, ella mencionó que era consecuencia de un reacomodo del eje planetario y un acercamiento de La Tierra al Sol; o al menos eso fue lo que entendí. Aunque su argumentación no estaba sustentada, la cantidad de datos que proporcionó (extraídos, seguramente de su móvil de manera instantánea) confirmaban su afirmación. La información, según sus fuentes, partía de la astronomía, el cambio climático y la Física cuántica; un galimatías. Pero, ¿qué tan creíbles son esos datos y la información? Al parecer adolecen de verificabilidad y por tanto son muy cuestionables. Yo diría que esos datos provienen de fuentes no confiables.

Rafael

Pero no es de interés rebatir los argumentos de la sobrina, sino de como de manera acelerada puede obtenerse datos o información a través de las redes sociales o incluso construir un argumento usando la Inteligencia Artificial. Esto tiene que ver precisamente con la supuesta aceleración del tiempo. Tenemos entonces material para una somera reflexión. La pregunta con la que iniciamos la podemos replantear como sigue: ¿La percepción del aceleramiento del tiempo es física (experimental o teórica), filosófica, histórica o social (cambios generacionales)? Veamos

El humano moderno se ha preocupado de pensar en el tiempo bajo diversos puntos de vista. Etimológicamente el término tiempo proviene del latín tempus, que significa extensión o medida. Se piensa al tiempo como la duración de los estados de las cosas que se encuentran sujetas al cambio. Se mide a través de diversas unidades y dispositivos. Las principales unidades de tiempo son el segundo, el minuto, la hora, el día, la semana, el mes y el año. Se mide, actualmente hasta con relojes digitales e inteligentes, así como cronómetros. Estos dispositivos permiten cuantificar y organizar eventos en el transcurso de un lapso de tiempo, facilitando la planificación y el seguimiento de las actividades cotidianas.

En la Grecia antigua el tiempo era venerado profundamente por sus ciudadanos. Los griegos lo representaban a través del titan Kronos (Cronos), hijo de Gaia (la tierra) y Urano (el cielo); era padre del dios Zeus. A Kronos se le representaba portando una guadaña la cual simbolizaba el corte de cualquier evento o de la vida (https://es.wikipedia.org/wiki/). Con la guadaña Kronos castró a su padre y lo reemplazo; era el más temido de todos los titanes. El tiempo es el principio, pero también el final que a todos alcanza: al final nos castra.

La Física define al tiempo como la separación de los acontecimientos que son so-

metidos al cambio y se comprende como un flujo de sucesos. Así, en la mecánica clásica se considera al tiempo como una magnitud absoluta, idéntica para todos los observadores. Sin embargo, para la mecánica relativista el tiempo es relativo; esto significa que sus valores pueden variar según quién sea el observador, el sistema de referencia que se utilice y el punto en el que se encuentre. Todo un debate. En Filosofía el debate es todavía más intenso. Los puntos de discusión abarcan: la autonomía ontológica del tiempo con respecto a la mente; la posibilidad de que el tiempo exista independientemente al espacio; la no linealidad del tiempo; la existencia de dimensiones del tiempo distintas al presente (pasado y futuro) y el cambio de estado de un objeto dado en el espacio-tiempo, entre otras cosas. Estas tesis las han tratado diversos pensadores a lo largo de la historia: Aristóteles (el tiempo es el movimiento de los objetos – materiales e inmateriales – en relación a lo precedido y lo sucedido), San Agustín (relación del tiempo y alma: el pasado es algo que ya no existe, el futuro algo que vendrá y el presente se escurre, transformándose en un recuerdo, que al ser parte de la memoria, se ubica en el alma) e Immanuel Kant (el espacio y el tiempo son formas de la sensibilidad: recibimos la in-

formación que los objetos nos dan; el tiempo y el espacio son solo canales y filtros), son algunos de ellos. Actualmente hay otros muchos filósofos que dedican su trabajo a reflexionar sobre el tiempo y tienen diferentes posturas filosóficas. Todos tienen razón.

Ahora, nosotros somos entidades sociales que nos comunicamos, y hoy más intensamente a través de las redes sociales. Por ello, en cuanto a la pregunta que nos hacemos, creo que la implicación de la percepción es lo que nos lleva a pensar la aceleración del tiempo, por allí debe estar la respuesta. La sociología considera que el tiempo es una dimensión fundamental que se manifiesta en la forma en la que los individuos y las sociedades se organizan e interpretan su experiencia temporal. Es una construcción social que se adapta a las necesidades y contextos de la historia. Es decir, sociológicamente el tiempo no es estático, sino que se transforma y se adapta a lo largo del tiempo y en diferentes contextos sociales. Es un concepto complejo que abarca tanto la naturaleza temporal de los eventos como la forma en que los individuos y las sociedades organizan e interpretan su experiencia histórica. En palabras de Edgar Moran: “El tiempo es un concepto complejo que no puede ser reducido a una sola visión simplificada”. Mo-

rin propone un pensamiento complejo, que busca entender la realidad como un todo interconectado, donde cada parte influye en el todo y viceversa. Bajo este enfoque, el tiempo se considera un fenómeno subjetivo y dinámico, que se transforma y se adapta continuamente a las circunstancias. Este autor enfatiza la importancia de la incertidumbre y la ambigüedad en la comprensión del tiempo, sugiriendo que es necesario abrazar la complejidad de la realidad para tener una visión más profunda y reflexiva. De lo comentado arriba contamos con ejemplos de muchas actividades humanas relativas al tiempo, bajo enfoques estéticos y éticos. Por ejemplo, en la música, el tiempo es la organización rítmica y la velocidad de ejecución de una obra, siendo fundamental para la interpretación y la estructura de las composiciones. Sin en el tiempo no hay sonido y menos melodía. Pero también el tiempo puede ser el mediador entre el ocio y el trabajo. Trabajo-Tiempo-Ocio es la trilogía que domina la percepción en las sociedades modernas. La relación entre esos tres conceptos es compleja, dinámica y cambiante. En la antigua Grecia el ocio era muy preciado y solamente algunos privilegiados lo podían ejercer y era lo trascendente (Scavino, 2022);

hoy un humano ocioso es cercano a la escoria para gran parte de los sapiens. Luego vino la revolución industrial, donde el tiempo obrero era lo más preciado. Ahora, la relación del trabajo en el siglo XXI es diferente. La manufactura ya se hace por medios digitales y existe el trabajo desde casa (intensificado desde la pandemia del Covid): se acelera la producción y supone mayor tiempo para el ocio. La inteligencia artificial es una prótesis que apoya en acelerar respuestas a preguntas complejas, que la mayoría de los sapiens las dan como buenas, aunque no necesariamente sean respuestas correctas. Las redes sociales nos saturan de información (y desinformación), pero no nos permiten analizarla ya que al momento nos remiten otros datos con otro acontecimiento.

La aceleración del tiempo es solo una percepción de nuestras aceleradas vidas. Hoy no nos permitimos pensar, solo transmitir y aceptar lo que nos llega del entorno (sea falso o verdadero); total no hay tiempo para implementarlas y se olvida rápido. Al error, ya no lo tomamos como aprendizaje y solamente lo vemos como el final del camino, con el resultado del abandono de la empresa que iniciamos. Estamos ante un ataque epidémico del virus de información y datos.

Un antídoto contra ese virus es recuperar esos espacios de reflexión, haciendo acopio de un pensamiento complejo y crítico a través de la educación, la ciencia y la cultura. Estos elementos de la vacuna nos permiten mitigar esa epidemia informática. La vacuna nos apoyará a aprovechar y a disfrutar ese efímero recurso que es el tiempo. No es que este acelerado, es que no lo usamos de manera adecuada. Y como ya es tiempo de enviar esta colaboración y de ir a desayunar, por lo pronto aquí lo dejo.

*Consultor ambiental. rsolana@biig-consultores.com

LITERACIDAD DIGITAL EN TIEMPOS DE HIPERREALIDAD

Sociedad y Tecnología

Entrar a redes sociales hoy es entrar a un mundo que se siente más real que la rea lidad. No porque sea verdadero, sino por que está diseñado para ser convincente: el encua dre perfecto, la luz cálida, la música correcta, la frase breve que clausura cualquier duda; como didad. Vemos reels de mañanas lentas, de cafés humeantes sobre mesas de madera, de manos que abren un libro como si el día entero cupie ra en una estética. Y, sin advertirlo, aprendemos una regla silenciosa: que la vida vale por su apa riencia, que lo importante es lo que parece haber ocurrido.

Jean Baudrillard ofrece un lente útil para leer este fenómeno: simulacro e hiperrealidad. El si mulacro no es una mentira burda; es una repre sentación que ya no necesita un “original” verifi cable para funcionar. Circula con autoridad por la fuerza de su forma: se ve auténtico, se siente plausible, verosímil, se consume sin fricción. La hiperrealidad es el paso siguiente: cuando las re presentaciones dejan de referir al mundo y, en cambio, lo reemplazan como criterio de verdad. La pregunta deja de ser “¿fue así?” y se convierte en “¿se ve así?”. En ese desplazamiento, lo editado puede imponerse sobre lo vivido.

Sigamos con el ejemplo: una taza de café. En la experiencia tangible, ese café pudo haber sido imperfecto. Tal vez llegaste con sueño, con prisa, con una preocupación clavada en la cabeza. El lugar era bonito, sí, pero entraba viento por una rendija y te morías de frío. La silla era incómoda (el hueso de tu pubis seguramente chocaba con la madera), el café estaba tibio, el cuerpo no terminaba de acomodarse. La vida real tiene fricción: ruido, incomodidad, ambivalencia. No siempre se deja narrar como cozy.

na de “vida bonita”. El acontecimiento es menos importante que su versión publicable.

En ese punto, un concepto que suele permanecer invisible se vuelve imprescindible: literacidad digital. Paul Gilster, quien diseñó este concepto, la pensó no como habilidad técnica (“saber usar apps”), sino como una competencia cognitiva para comprender y evaluar información en entornos digitales. Es decir: no basta con llegar a un contenido; importa saber por qué llegaste ahí, qué te está mostrando el sistema, cómo reconocer calidad y qué decisiones estás delegando. Esa es la diferencia entre navegar y ser llevado.

Desde Baudrillard, la literacidad digital se vuelve una forma de defensa frente al simulacro: la capacidad de distinguir entre una representación atractiva y una experiencia real; entre una estética convincente y una evidencia sustentada; entre lo que circula bien y lo que ocurre de verdad. No se trata de “odiar las redes” ni de despreciar la belleza. Se trata de recuperar criterio para no confundir forma con realidad.

¿Qué exige esa literacidad, en la práctica? Primero, entrenar la pregunta por el encuadre: ¿qué quedó fuera?, ¿qué se seleccionó para que esto funcione?, ¿qué se omitió para producir esta sensación? Segundo, sostener una verificación mínima de lo público: no asumir que lo viral es cierto, ni que lo emotivo es prueba. Tercero, cuidar el propio juicio: reconocer cuándo una representación empieza a sustituir la experiencia y devolverle autoridad al cuerpo y al contexto. Si te morías de frío, esa verdad no desaparece porque el video se vea cálido.

Pero en redes sucede algo distinto. Grabas unos segundos: el vapor sube, la mano envuelve la taza, el suéter se ve suave, la mesa parece cálida. Cortas justo antes de que el frío vuelva a atravesarte. El reel no miente del todo: la taza existió. Lo que hace es más fino y más influyente: selecciona. La selección convierte una experiencia compleja en

una imagen cerrada; transforma un momento en “evidencia” de una identidad. No es “así fue”, sino “así se ve”. Y ese “se ve” empieza a pesar como si fuera verdad.

Entonces aparece la lógica de la hiperrealidad: la representación no solo muestra, también enseña qué cuenta como vida deseable. Lo incómodo queda fuera del encuadre; la prisa queda fuera; el frío queda fuera. Entra el vapor. Entra la promesa de calma. Entra una vida que parece habitable para otros. Poco a poco, no vivimos para experimentar; vivimos para producir experiencias que puedan circular. El café deja de ser café: se vuelve prueba de bienestar, símbolo de estabilidad, esce-

La ironía es que vivimos rodeados de pantallas y, aun así, podemos ser vulnerables ante ellas. La hiperrealidad no se impone por fuerza, sino por comodidad: nos ofrece versiones ordenadas, bonitas, digeribles. La literacidad digital, en cambio, exige tolerar lo complejo: aceptar que una taza de café puede verse preciosa y, al mismo tiempo, haber sido incómoda; que la vida no cabe completa en un clip. En tiempos de simulacro, ser competente no es producir imágenes más perfectas: es pensar mejor, mirar el encuadre y decidir con más conciencia qué realidad estamos habitando. En otros términos, lo relevante es saber vivir en todos lados, porque lo digital también es real.

REFERENCIAS

Gilster, P. (1997). Digital literacy. John Wiley & Sons.

* Docente de la FHyCS, campus Tijuana, UABC. ruiz.karla32@uabc.edu.mx

Imagen desarrollada por ChatGPT(OpenaAI, 2025).
Karla Ruiz*

JAN VAN EICK

La Turicata

Jan van Eyck es el pintor que reinventó la mirada.

En el panorama artístico del siglo XV, pocos nombres resuenan con tanta fuerza como el de Jan van Eyck (Maaseik, hacia 1390 – Brujas, 1441). Reconocido como el inventor del óleo, considerado uno de los grandes maestros del Renacimiento del Norte, Van Eyck transformó la pintura flamenca y dejó un legado que aún hoy sigue deslumbrando por su precisión técnica, su riqueza simbólica y su capacidad para capturar la dignidad humana.

Su obra se sitúa en un momento de transición: del gótico internacional hacia una nueva sensibilidad que algunos llaman Prerrenacimiento.

Van Eyck no solo perfeccionó el uso del óleo —hasta entonces empleado de manera rudimentaria—, sino que lo convirtió en un medio capaz de reproducir la luz, las texturas y los detalles con una fidelidad nunca antes vista.

Entre sus creaciones más célebres se encuentra el Políptico de la Adoración del Cordero Místico, conocido como el Retablo de Gante (1426–1432). Esta monumental obra, realizada junto a su hermano Hubert, es considerada una de las piezas más influyentes de la historia del arte. En ella, Van Eyck despliega un universo teológico y simbólico: desde la majestuosa figura de Dios

Padre hasta la procesión de santos y mártires que se congregan en torno al Cordero.

El retablo no solo impresiona por su tamaño y complejidad, sino por la minuciosidad con que cada detalle está trabajado: las joyas que parecen palpitar con luz propia, los paisajes que se extienden hasta el horizonte, los rostros que transmiten una individualidad inédita en la pintura medieval. Es, en muchos sentidos, una **catedral pintada**, un espacio donde lo humano y lo divino se encuentran. Van Eyck también fue pionero en el arte del retrato. Obras como el Retrato de Giovanni Arnolfini y su esposa (1434), conocido popularmente como “Los Arnolfini”, muestran su capacidad para conjugar realismo y simbolismo. La escena, aparentemente doméstica, está cargada de significados: el espejo que refleja a los personajes, el perro como símbolo de fidelidad, la minuciosa representación de telas y objetos que hablan de estatus y espiritualidad.

Otros retratos, como el Hombre con turbante rojo (probable autorretrato), revelan la intensidad psicológica que Van Eyck supo captar. Sus modelos no son figuras idealizadas, sino seres concretos, con arrugas, miradas inquisitivas y gestos que transmiten carácter. En este sentido, Van Eyck anticipa la modernidad del retrato como ventana al mundo interior.

Gracias a capas finas y transparentes, con el óleo, logró efectos de luz y profundidad imposibles con la témpera. Esta técnica permitió representar con realismo el brillo del metal, la suavidad de la piel, la transparencia del vidrio o la densidad de un paisaje. Su obsesión por el detalle convirtió cada obra en un mi -

crocosmos donde lo visible se abre a lo invisible.

Su influencia fue inmediata: artistas posteriores como Rogier van der Weyden o Hans Memling heredaron su precisión y su capacidad narrativa. Incluso en Italia, donde florecía el Renacimiento, se reconoció la maestría flamenca como un referente indispensable. Hoy, más de cinco siglos después, la obra de Jan van Eyck continúa fascinando. No solo por su virtuosismo técnico, sino porque nos recuerda que el arte puede ser al mismo

tiempo **testimonio de lo humano y revelación de lo trascendente**. Sus cuadros son espejos donde se refleja la vida cotidiana, pero también ventanas hacia un mundo simbólico que invita a la contemplación. Van Eyck no fue simplemente un pintor de su tiempo: fue un “visionario” que supo ver más allá de lo inmediato, que convirtió el óleo en un lenguaje universal y que nos enseñó a mirar con otros ojos. Su obra, vasta y luminosa, sigue siendo un faro en la historia del arte. Notas de Wikipedia.

José Carrillo Cedillo

REFLEXIONES SOBRE LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA

¿CUÁL

ES LA FORMA EN QUE VEMOS A LOS DEMÁS?... ¿COMO MEDIOS?

Valores, Sociedad…

Hnuestro alcance para vivir el respeto a la dignidad humana, reconocién dolo como principio fundamental de la Doctrina Social de la Iglesia.

Recordemos que en primer lugar nos referimos al espíritu de servi cio… que nos lleva a esforzarnos por ayudar a los demás, de buena gana, de preferencia con una sonrisa, conscientes de que estamos ayudando a otra persona igual de importante que nosotros mismos.

fin”. Como un imperativo categórico ¿Qué implica esto?

Después comentamos algunos aspectos de la justicia, considerando que los bienes que tenemos sean materiales o intangibles, (habilidades, educación, formación, etc.) están destinados al servicio de los demás, como una alternativa para generar condiciones que promuevan el bien común.

Pero ¿cuál es el motivo por el que debemos de ayudar y destinar nuestros bienes al servicio de los demás? Creo que si analizamos las formas en que vemos a los demás podemos encontrar esos motivos y darnos una idea de la forma en que ayudarían al bien común.

Una de las sugerencias mas importantes que podemos encontrar es la expresada por Immanuel Kant, (filósofo del siglo XVIII), quien reflexionando sobre el tema de ¿Qué es lo que debemos hacer? Hizo la siguiente afirmación: “Actúa de modo tal que los demás, y tú mismo, nunca sean tratados solo como un medio, sino siempre como un

La distinción es ésta: Un medio algo desechable o intercambiable, por ejemplo, un martillo, un lápiz, un teléfono nos sirven para algo, si el lápiz no sirve…lo tiras, si el teléfono se rompe …lo cambias… no tienen sentimientos, son desechables; en cambio Un fin, no sirve ¨para algo¨ es el objetivo en sí mismo, es algo único que vale la pena conservar. Veamos algunos ejemplos de conducta:

Tratamos a otras personas como “medios para…”, cuando nos acercamos a ellas con amistad falsa cuando ha sido nombrado funcionario que autoriza permisos que me interesan; o hacemos burla o crítica de alguien para quedar bien con otros, o pedimos a un amigo que haga algo que puedes tu hacer, pero que no te quieres exponer a que salga mal … si hacemos examen de nuestras intenciones, tan vez encontraríamos ocasiones en que hemos actuado considerando a otras personas como medios no como fines.

En cambio, escuchar a alguien porque te importa lo que siente, lo que piensa, sus expectativas y no porque esperes algo a cambio; ayudar a un compañero o amigo solo porque entiendes que es tan valioso como lo eres tú; es considerarlo como fin. En cuanto a ti mismo vale la pena …. respetarte o darte a respetar no dejando que otros te ¨usen o manipulen¨.

Creo que, si nos examinamos en estos temas, tal vez encontraríamos algunas formas de orientar nuestra conducta con respecto a la dignidad de los demás.

Ahora, continuando con los motivos quiero considerar que muchos siglos antes de qie Immanuel Kant estableciera su imperativo categórico en el siglo XVIII, (1770), en el Evangelio de San Mateo, encontramos una de las enseñanzas más valiosas para la convivencia humana, conocida como la Regla de Oro desde luego refiriéndose a la conducta que dice:

“Todo lo que quieran que hagan

los hombres con ustedes, háganlo también ustedes con ellos: esta es la Ley y los Profetas” (Mt 7; 12). Quiero resaltar que el consejo está en sentido positivo (haz esto…) no en sentido prohibitivo (no hagas esto…) con lo que se nos presenta en una categoría mayor.

En resumen, ¿cómo podemos vivir respetando la dignidad humana? Ayudando a los demás. Sirviendo a los demás, y dándoles lo que en justicia les corresponde… nuestra generosidad. El asunto es de amor.

Para aclararlo transcribo una historia tal y como la leí:

Una joven china llevaba, de acuerdo con las costumbres del país, una criatura a la espalda: ojos rasgados, sonrisa enigmática, actitud paciente … alguien le preguntó:

—Muchacha, ¿pesa mucho? Y ella respondió:

—No, es mi hermano

Porque lo quería, el hermano a la espalda no le pesaba…

Por cariño a su esposa un hombre hace a un lado, con alegría, sus gustos personales; por amor… una madre pasa noches ininterrumpidas al lado de la cama de su hijo enfermo… y no de mala gana

Agustín de Hipona comenta que “todo lo que puede haber de pesado… se torna leve por amor. Ved cómo trabajan los que se aman: no sienten lo que padecen, redoblando sus esfuerzos al ritmo de las dificultades… Las grandes figuras humanas fueron siempre grandes servidores, porque con su existencia estuvieron siempre al servicio de la misión que les correspondió realizar. Quiero recordar en este aspecto a personajes como Nelson Mandela, Martin Luhter King… Madre Teresa de Calcuta, y otros que se sacrificaron mucho… por contribuir…sirviendo a una mejor sociedad.

¿Qué es lo que nos corresponde hacer para mejorar nuestra sociedad?

* Ingeniero. Miembro de Odeco. i@lecuanda.com

GANDHI, KING, IKEDA. SU LABOR POR LA PAZ

Enero debería ser el mes por antonomasia dedicado a la toma de conciencia hacia la paz. De manera natural, sólo para desear la paz; es que confrontamos algún tipo de guerra. Y no, no hablemos de armamentos y países en contra; bien lo dijo Tolstoi en La guerra y la paz: “La guerra surge en el corazón del hombre, y es ahí donde debe combatirse”.

Gandhi nació en India en 1869 bajo un gobierno conquistado por la Corona británica. En esa época la esclavitud, nulos derechos humanos y dignidad al respeto de la vida eran el común denominador. Tras su regreso de Sudáfrica, organizó movimientos de resistencia no violenta en contra de todas esas leyes injustas.

En 1930 llevó a cabo la Marcha de la Sal, ahí logro en cada uno de esos 300 kilómetros caminados, un manifiesto pacífico en pro del valor de la vida, principal elemento que se pierde cuando se afrontan los nulos derechos humanos. Diecisiete años después su país natal logró la independencia del imperio británico y él se convirtió en símbolo global de lucha pacífica. En enero de 1948 fue asesinado, pero eso no detiene su influencia; al contrario, la multiplica. Dos años antes de la Marcha que encabezara Gandhi, nació en Estados Unidos Martin Luther King Jr. El 15 de enero. A los 16 años participó liderando el boicot de autobuses de Montgomery; su primera gran protesta tras el arresto de Rosa Parks, aplicando directamente la filosofía de Gandhi: No violencia y resistencia organizada. Como dato interesante,

en 1959 King viajó a la India y decla ró: “Cristo me dio el espíritu y Gand hi me dio el método”.

en 1963 cuando en Washington da su discurso lo catapulta como candidato para recibir el Premio Nobel de la Paz al año siguiente, por su lucha no violen ta contra la segregación racial. Sólo cuatro años después tuvo la misma suerte que Gandhi y fue privado de la vida, pero su mensaje se convirtió en un legado universal.

A la par del desarrollo de estas ideologías, en Japón nació el 2 de enero de 1928, Daisaku Ikeda, quien muy joven conoce a su maestro de vida: Josei Toda, en una reunión de budismo. Siendo un muchacho enfermo y de familia muy humilde, quien además había perdido a un hermano durante la Segunda Guerra Mundial, estaba en búsqueda de algo que le diera

rumbo a su vida y lo halló dentro de lo que sería el establecimiento de la Soka Gakkai Internacional. Bajo la tutela de Toda, quien era maestro de escuela, se convirtió en filósofo budista, escritor, constructor de la paz, educador y poeta laureado; con más de 300 Doctorados Honoris Causa por las universidades más importantes del mundo. En 1960, pués de fallecer su maestro, asumió la presidencia de la organización local qué él convirtió en internacional, con más de 12 millones de practicantes en 196 países y regiones del mundo, creando sistemas educativos, y centros de estudio para la paz.

Durante los años setenta y hasta principios de este siglo, impulsó el diálogo como herramienta política y espiritual; se reunió con líderes mundiales, educadores y pensadores, promovió el desarme nuclear y la educación humanista, todo a través de un

movimiento pacifista que impulsa la educación y la cultura.

El pensamiento de Daisaku Ikeda se basaba en los principios humanistas de la filosofía budista que proclama el valor supremo de la vida, esenciales para crear la paz duradera y la felicidad humana. Consideraba que la paz global se construye no solamente mediante cambios estructurales en la sociedad, sino también a través de la transformación interior de los individuos.

Ikeda expresa dicha convicción en el prefacio de su novela  La revolución humana, en la cual describe la historia y los ideales propugnados por la Soka Gakkai: “La gran revolución humana de un solo individuo propiciará un cambio en el destino de una nación, y más aún, permitirá cambiar el destino de toda la humanidad”. Falleció serenamente a los 95 años en 2023.

De manera transversa, Gandhi fue un líder de acción moral colectiva, King se desarrolló en movimientos sociales no violentos e Ikeda promovió el diálogo global a través de la acción interior. Son tres épocas con un mismo pulso ético; transformar el mundo sin perder de vista el valor humano.

Gandhi nos enseñó que la verdad puede caminar descalza y aun así sacudir imperios. Martin Luther King Jr. demostró que la no violencia no es pasividad, sino una fuerza organizada capaz de cambiar la ley y la conciencia. Y Daisaku Ikeda fue muy contundente al demostrar que ninguna transformación social es duradera sino comienza en el interior del ser humano.

Tres vidas con tres contextos, pero con una misma certeza: la paz no es la ausencia de conflicto, sino la presencia activa de la dignidad, coraje y compasión.

* Periodista. Apasionada por el café a cargo de una barra de especialidad en el Valle de Guadalupe. FB & IG: espresso.an4n4

Adriana Carrillo*
Cero Quejas

III DOMINGO TIEMPO ORDINARIO

Jesús les dijo: ‘Síganme y los haré pescadores de hombres (MT 4, 12-23)

Día del Señor

El Evangelio de este domingo, nos narra la invitación de los primeros discípulos: Pedro, Andrés, Santiago y Juan. También tengamos en cuenta hoy que el Señor nos escoge y nos llama a todos para ser sus discípulos y seguidores. El Señor llama de muchas maneras y en diferentes circunstancias a lo largo de toda nuestra vida. Hemos sido escogidos por El para seguirle. Les dijo a sus primeros discípulos. “Ven y sígueme”.

Seguirle a Cristo implica muchas veces ir contra la corriente, ir contra lo que el mundo nos pro- pone. Seguirle a Él es ser como Él y es hacer como Él. Seguirlo a Él es, buscar la Voluntad de Dios y no la propia. Es hacer y ser lo que Dios quiere y no lo que yo quiero. La vocación es la respuesta a una llamada que el hombre recibe de Dios. Quien toma la iniciativa es el Señor. Muchos seguían a Jesús de forma interesada: porque hacía milagros, porque pensaban que les iba a ofrecer poder u otros beneficios. Jesús, en cambio, busca hombres que se dejen seducir por su palabra y su fuego, que se apasionen con sus proyectos y su estilo de vida. Hay dificultades que hacen, a veces, difícil el seguimiento de Jesús. La primera es la radicalidad, la entrega total que El propone: hay que estar dispuesto a dejarlo todo para seguirlo. Así

lo hicieron aquellos pescadores que, dejando las redes, la barca y hasta a su padre (los hijos de Zebedeo), y lo siguieron. Los apóstoles estaban trabajando cuando Jesús los llamó y también ellos respondieron con prontitud y generosidad. De ese modo iniciaron la más bella y audaz aventura que jamás pudieron soñar. Nunca olvidarían aquel encuentro, nunca abandonarían el camino emprendido en aquellos momentos. Camino de luchas y renuncias, pero camino de luz y de gloria.

También ahora Jesús pasa a nuestro lado. Nos ve quizá entretenidos en nuestra tarea diaria, distraídos en nuestro trabajo. Nos mira como miró a Pedro y nos dice que le sigamos, que quiere hacernos pescadores de hombres, que quiere encendernos para que seamos anunciadores de la Luz. Las “barcas” y “las redes”, nos retraen quizá, lo mismo que

les ocurriría a los primeros discípulos. Pero como ellos hemos de mirar hacia delante y no hacia atrás, fijarnos en la Luz que está al fin del camino y ser valientes para recorrerlo.

A cada uno de nosotros nos invita Jesús a seguirlo. ¿Cómo podemos responder a ese llamado que Jesús nos hace aquí y ahora? La respuesta a esta pregunta depende de nuestra disposición radical a dejar las redes.

Partiendo de Galilea, Jesús nos enseña que nadie está excluido de la salvación de Dios, es más, que Dios prefiere partir de la periferia, de los últimos, para alcanzar a todos. Nos enseña un método, su método, que expresa el contenido, es decir, la misericordia del Padre. “Cada cristiano y cada comunidad discernirá cuál es el camino que el Señor le pide, pero todos somos invitados a aceptar este llamado: salir de la propia comodidad y atreverse a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio” Jesús comienza su misión no sólo desde un sitio descentrado, sino también con hombres que se catalogarían, así se puede decir, “de bajo perfil”. Para elegir a sus primeros discípulos y futuros apóstoles, no se dirige a las escuelas de los escribas y doctores de la Ley, sino a las personas humildes y a las personas sencillas, que se preparan con diligencia para la venida del reino de Dios. Jesús va a llamarles allí donde trabajan, a orillas del lago: son pescadores. Les llama, y ellos le siguen, inmediatamen- te. Dejan las redes y van con Él: su vida se convertirá en una aventura extraordinaria y fascinante. Queridos amigos, el Señor llama también hoy. El Señor pasa por los caminos de nuestra vida cotidiana. Incluso hoy, en este momento, aquí, el Señor pasa cerca de nosotros. Nos llama a ir con Él, a trabajar con Él por el reino de Dios, en las “Galileas” de nuestros tiempos. Cada uno de ustedes piense: el Señor pasa hoy, el Señor me mira, me está mirando. ¿Qué me dice el Señor? Y si alguno de ustedes percibe que el Señor le dice “sígueme” sea valiente, vaya con el Señor. El Señor jamás decepciona. Escuchad en vuestro corazón si el Señor os llama a seguirle.

Que Dios Tosopoderoso los bendiga hoy acompañe proteja siempre.

* Presbítero. cpomah@yahoo.com

Carlos Poma Henostroza*

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