PALABRA REVISTA CULTURAL

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SLAVOJ ŽIŽEK Y ADORNO: VICISITUDES DEL PROGRESO

Por Fernando Mancillas Treviño

Foto:
Archivo Palabra/ Edición: Ruth Gámez

Tripulación de documentos

En esta marejada de páginas, los documentos se explayan notificando urgencias: es una especie de oleaje purificador, sustancia viva que arrasa, fuego acuático que ilumina lo recóndito de las temáticas.

Cada giro, una danza con el lenguaje; cada enunciado, una tutela descrita; cada pensamiento, una dimensión entrevista.

La reseña filosófica sobre Slavoj Žižek y Theodor W. Adorno, realizada por el profesor Fernando Mancillas Treviño, nos señala la importancia de “reconocer que el progreso nunca es una aproximación lineal a alguna meta preexistente”, ya que la vida misma puede quedar expuesta, como La balsa de la Medusa, a un enfrentamiento con sus propios demonios.

Los escritos dilucidan lo imprescindible de las temáticas: Iliana Hernández rinde merecido tributo a Mónica Maristain; Arnulfo Estrada refiere el Pozo Alemán; el licenciado Alfonso García Quiñones nos lleva a la mar de la poesía y la amistad; Gabriel Trujillo Muñoz nos acerca a Bill Nericcio, editor responsable de la casa editorial de la Universidad Estatal de San Diego (SDSU Press); Eduardo Cruz Vázquez rememora, en la figura de Sergio Gómez Montero (fallecido en febrero de 2025), la saga de un legado familiar; Daniel Salinas Basave, entre el placer de las palabras, se confronta con la belleza emérita de Eduardo Galeano; la escritora Jazmín Félix nos relata el sendero dorado de un perfume; y Atsumi Ruelas Takayasu, con la lucidez crítica que la caracteriza, nos hace observar la existencia de espinas clavadas en la memoria, así como respuestas atoradas en los vicios de interpretación.

Esta es la conformación de Palabra, en su número 50, con la que abrimos página el mes de febrero. ¡Enhorabuena!

Slavoj Žižek y Adorno: vicisitudes del progreso / Fernando Mancillas Treviño págs. 3 a 5

Me gusta Žižek / Rael Salvador pág. 5

Fuera de toda norma: Mónica Maristain / Iliana Hernández

págs. 6 y 7

Pozo Alemán: Antiguo pueblo fantasma / Arnulfo Estrada R. pág. 7

El mar, la amistad y la poesía… / Alfonso García Quiñones págs. 8 y 9

Entrevista a Bill Nericcio, el buhonero intelectual de la frontera / Gabriel Trujillo Muñoz págs. 10 y 11

Compadre, hace 45 años; ya falta menos / Eduardo Cruz Vázquez pág. 12

Galeano, poeta bolivariano / Daniel Salinas Basave pág. 13

Dior: La ficción compartida / Jazmín Félix págs. 14 y 15

La Madre indecorosa / Atsumi Ruelas Takayasu pág. 16

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SLAVOJ ŽIŽEK Y ADORNO: VICISITUDES DEL PROGRESO

No serán vencidos, ni perecerán ante las circunstancias desfavorables, aquellos individuos que lejos de hacerse ilusiones, logren superar el abatimiento, al conservar la fuerza vital y la agilidad organizativa para volver a emprender desde el inicio las tareas complejas

C“La atención contemplativa profunda nos orienta hacia lo duradero, hacia lo perdurable y permanente”

Solo la desesperación puede salvarnos.

Theodor W. Adorno

uando vivimos en un mundo administrado y sumido en constantes guerras —que amenazan con escalar hacia una hecatombe nuclear—, catástrofes del medio ambiente y crisis climáticas, pandemias, el auge de la ultraderecha y la desintegración de los cimientos del régimen democrático liberal del Estado de Bienestar, así como recurrentes y cíclicas crisis socioeconómicas, el concepto de progreso en la Modernidad aparece como sumamente cuestionable.

En ese sentido, el filósofo, sociólogo y psicoanalista esloveno Slavoj Žižek (1949, Liubliana, Eslovenia) señala la importancia de “reconocer que el progreso nunca es una aproximación lineal a alguna meta preexistente, ya que cada paso adelante que merezca el nombre de progreso implica una redefinición radical de la propia noción de progreso; necesitamos redefinir constantemente el progreso y esta redefinición es una parte crucial de este”.

Para Žižek no existe el progreso en general, ya que el progreso es el desarrollo de un sistema social determinado y la actualización de sus objetivos y proyecciones responde a cuál sistema establece sus requerimientos. De esta manera, se observa cómo la extrema explotación de la naturaleza por el sistema capitalista, con el afán desmesurado de la ganancia, ha desembocado a través de múltiples desastres ecológicos y el armamentismo nuclear, en la amenaza de una autosocavación de la propia sobrevivencia de la humanidad entera.

Ecomarxismo y progreso

La noción de progreso debe integrar espacios sociales que posibiliten una autocrítica y una crítica interna. Sustentada en la filosofía de la historia de Hegel, la concepción de progreso no se finca en una perspectiva lineal ascendente con alguna meta preexistente, ya que

requiere una redefinición radical de la interpretación misma de progreso. Desde la perspectiva ecomarxista del filósofo Kohei Saito (1987, Tokio, Japón), el único medio para encontrar el progreso real actualmente es el de problematizar la percepción misma de progreso que domina la ideología prevaleciente y también la materialidad de nuestras vidas.

En contraposición de los objetivos del desarrollo sostenible (ODS), Saito propone “la transición a la economía del valor de uso contra la sociedad de la opulencia; la descarbonización mediante la reducción de la jornada laboral en favor de una mejor calidad de vida; la apertura del proceso productivo hacia una mayor creatividad y significatividad; la democratización del proceso de trabajo con el fin de que las decisiones queden en manos de los clientes que realmente necesitan un producto; la reevaluación del trabajo esencial frente a los trabajos de mierda, para que tareas como los cuidados lleguen a compensarse conforme a su importancia”.

Slavoj Žižek, filósofo.

Gran parte del problema que vivimos estriba en la carencia de confiabilidad de nuestro propio sentido común, habituado a las rutinas de nuestro mundo inercial de la vida cotidiana, que genera un profundo escepticismo hacia la posibilidad de un cambio en nuestra vida social. Ante ello, el autor recupera el imperativo epistemológico leninista del análisis concreto de una situación concreta, frente al dogmatismo y el oportunismo negligente: “En una situación específica, localizada y cambiante, la única manera de ser verdaderamente fiel a un principio (de seguir siendo ortodoxo en el sentido positivo del término) es modificar despiadadamente nuestra propia posición en una nueva situación”.

Es decir, no serán vencidos, ni perecerán ante las circunstancias desfavorables, aquellos individuos que lejos de hacerse ilusiones, logren superar el abatimiento, al conservar la fuerza vital y la agilidad organizativa para volver a emprender desde el inicio las tareas complejas. En ese mismo sentido, apunta el filósofo danés Søren Kierkegaard (1813-1855) cuando concibe un proceso revolucionario, no como un progreso gradual, sino como un movimiento reiterativo, un movimiento de repetir el comienzo una y otra vez.

El uno contra el otro

so no se agota en la sociedad. No se identifica con esta. A veces es su contrario. Por lo general, la filosofía cuando valió para algo, fue a la par también teoría de la sociedad; una vez entregada sin reservas a ella debe separarse de la sociedad autoafirmándose. […] El concepto de progreso es filosófico, en cuanto que, mientras articula el movimiento social, al mismo tiempo lo contradice. Surgido so cialmente, reclama una confrontación críti ca con la sociedad real”.

“para comprender cómo algo surge en nuestra realidad con una forma particular, hemos de entender que adoptó todas las formas posibles, y que estas formas ‘superpuestas’ continúan resonando en la forma final; al igual que un holograma, está indisolublemente perseguido por las posibilidades no realizadas que hace visibles, las cosas en las que podría haberse convertido, pero no lo hizo”. […] “La historia auténtica no es un desarrollo gradual de las partes, sino una serie de cambios en la manera en que se estructura su propio ‘todo’. No alteramos los hechos pasados, simplemente los ubicamos en un contexto simbólico diferente, transformamos su significado. Por consiguiente, no tenemos un todo que comprende sus partes: cada parte comprende múltiples universalidades entre las cuales elegiremos de forma inevitable, sin ser necesariamente conscientes de hacerlo”.

Por otro lado, la premisa fundamental de una ecología radical atraviesa la proyección emancipatoria, en el surgimiento de la subjetividad moderna, contra la destrucción sistemática de la naturaleza por el ser humano, considerando la noción de biomasa como aquella nivelación ontológica de ámbitos disímiles que interaccionan dentro de un mismo espacio, en un pluriverso constituido de heterogeneidades en constante acción.

“La conformación de los momentos de la noción de progreso, son en parte filosóficos, en partes sociales”

Con una prudencia subalterna, Theodor W. Adorno se muestra reacio a discurrir sobre progreso “antes de poder distinguir: progreso en qué, hacia qué, con respecto a qué, distorsiona la unidad de los momentos — que en el concepto se consuman el uno en el otro—, en un mero estar del uno junto al otro”.

La conformación de los momentos de la noción de progreso, son en parte filosóficos, en partes sociales. Sin sociedad, su interpretación sería enteramente hueca, de ella extrae todos sus elementos. No obstante, “el progre-

La paradoja de que exista el progreso, y no obstante no exista, se debe desde “siempre, y no sólo desde que empezó la apropiación capitalista de la plusvalía en el cambio de la mercancía fuerza de trabajo por sus costos de reproducción, uno de los contratantes, el más poderoso socialmente, recibe más que el otro. Por medio de esta injusticia sobrevive en el cambio algo nuevo: el proceso, que reclama su propia estática, se vuelve dinámico. La verdad del acrecimiento se nutre de la mentira de la igualdad. […] Cuando la sociedad burguesa satisface el concepto que ella misma nutre, no conoce el progreso; cuando lo conoce, infringe su ley, en la cual está contenido ya ese delito, y perpetua con la desigualdad, la injusticia, sobre la que debe alzarse el progreso. Pero la injusticia es al mismo la condición de una posible justicia”. Desde el inicio de la historia de la humanidad fue conocido el progreso material pero no acompañado de su equivalente progreso espiritual. Una parte considerable de la sociedad jamás lo conoció mientras otra lo usufructuó, se aprovechó de ella.

Futuro contingente

Ante la continua contingencia histórica, Slavoj Žižek sugiere una historia holográfica cuántica, donde supone que

Asumir la responsabilidad por un futuro contingente es tarea del pensamiento holográfico, con una conciencia plena y penosa de nuestras propias limitaciones, manteniendo una esperanza que convive íntimamente con la derrota.

Slavoj Žižek, nacido el 21 de marzo de 1949 en Liubliana, República de Eslovenia, es un filósofo, psicoanalista y crítico cultural. Director internacional del Instituto Birkbeck de Humanidades de la Universidad de Londres. Estudió Filosofía y Sociología en la Universidad de Liubliana y psicoanálisis en la Universidad de París VIII Vincennes-Saint-Denis, donde obtuvo su doctorado. Ha sido profesor invitado en la Universidad de Columbia, la Universidad de Princeton, New School for Social Research de Nueva York y la Universidad de Míchigan. Es autor de más de 50 obras traducidas a distintos idiomas, entre ellas: Menos que nada. Hegel y la sombra del materialismo dialéctico (2015), 1104 pp, Demasiado tarde para despertar (2024).

Slavoj Žižek, Contra el progreso, México, Ed. Paidós, 2025, 207 páginas.

Theodor W. Adorno, Progreso, en Consignas, Buenos Aires, Ed. Amorrortu, 1993.

Kohei Saito, filósofo japonés.
T. W. Adorno.

ME GUSTA ŽIŽEK

No se puede ser perfecto y adulto al mismotiempo

Para Danahe Vargas Grijalva

n términos lacanianos, la ternura de soñar con Stalin podría interpretarse como el deseo de poder que, erigido en bandera erótica, amortigua la pulsión de muerte bajo sabanas de colores.

La Guerra Fría, ¿necesitada de calor humano?

No estoy seguro. Quizá sólo sea la excesiva animosidad — comercialización de un idilio— de los estudios culturales en la época de los años 70, centrados en la herencia del totalitarismo soviético señalado por Occidente.

En las alegrías de Žižek —con ese póster en la recámara (que bien pudo ser el de El Che, Hitchcock o Farrah Fawcett)—, se le da muy bien asustarnos. Muchos, en las visitas al autor de El espinoso sujeto y El acoso de las fantasías, se preguntaron sorprendidos —a la vez que removían sus traseros en el piso—, qué demonios sacarían en claro con un nostálgico fanático de líder soviético.

La broma funcionaba, se imponía por su franca visibilidad: exaltaba el prejuicio idiota —un poco picado por el interlocutor— y había más tiempo para la entrega a la feliz lectura y su infernal reflexión.

Para avalar lo anterior, hay que reconocer que no existe evidencia de un espíritu más libre que los aspavientos de una infancia sana que remarca su felicidad rotunda en el desafío de existir, sobre todo en aquella edad en la que, por los fracasos acumulados, el resto de los vivientes nos considera adultos.

“La felicidad nunca fue importante”, nos dice el filósofo esloveno Slavoj Žižek, acotando que “la felicidad es para los oportunistas. Si quieres seguir siendo feliz sólo sigue siendo estúpido. Los maestros auténticos nunca son felices”.

Y dejando ir un tropo nietzscheano — como aquello sin voz que habla a Zaratustra en la soledad—, anticristianamente agrega: “La felicidad es una categoría de esclavos”.

Lo anterior me recuerda el comentario de Jan H. Weissenbruch a Vincent van Gogh, cuando este último le solicita apoyo económico: “La felicidad es animal: es buena para las vacas y los comerciantes —esgrime el amigo y próspero galerista—. Los artistas florecen en el dolor. Dios es misericordioso contigo si te da pobreza, disgustos y penas...” Lo de las vacas y los comerciantes es lindo, lo demás deja ver una exageración tacaña.

En total acuerdo estaría Žižek conmigo, sobre todo porque hay cosas que desde la cama —como ese tierno retrato de Stalin— se perciben sólo cuando uno es existencialmente niño.

“La broma funcionaba, se imponía por su franca visibilidad: exaltaba el prejuicio idiota”

Ya lo sé: no se puede ser perfecto y adulto al mismo tiempo.

En La batalla de Argel (producción ítalo-argelina de 1966, dirigida por Gillo Pontecorvo y merecedora del León de Oro en el Festival de Cine de Venecia) podemos observar aquello que Frantz Fanon ofrecía como un derecho legítimo a los pueblos colonizados: la utilización de la violencia para lograr su independencia. La película recrea la lucha por la liberación de Argelia y, a la vez, expone la crueldad de la tortura en manos de los militares franceses. En una de sus escenas —un lindo guiño existencialista del director—, el coronel Mathieu (Jean Martin), saltando escalones hacia la guarida, ofrece el ambulantaje de una rueda de prensa:

En el supuesto informativo —porque es más un desenfado—, el interrogado coronel se pregunta: “¿Qué se decía ayer en París?”, a lo que un osado periodista contesta: “Nada. Ha salido otro artículo de Sartre”.

—Me pueden explicar por qué “los Sartre” nacen siempre del lado opuesto.

—¿Le gusta Sartre, coronel? —cuestiona el mismo periodista.

—No. Pero me gusta todavía menos como adversario. “Me gusta todavía menos como adversario”, exclama en el umbral de su oficina —con una cara de aprensión soñadora—, como queriendo decir “me gustaría tenerlo de mi lado”. De igual forma —ojos al cielo, pipa en la comisura de los labios—, exhalando un poco del ángel lacaniano que aún toca su arpa en mi espíritu, me complace proferir que…

¡Sí, me gusta Žižek tanto como Sartre!

Fuera de toda norma: Mónica Maristain

Somos pellejos de vidas trashumantes. No sabemos para qué estamos ni por qué nos vamos a ir al pozo de la nada. M. Maristain

La única vez que la vi fue en una van que nos llevó de un hotel de Mexicali a la UABC. Mónica iba sentada al frente, del lado derecho y concentrada en la ventana; al llegar, su melena rubia se encaminó al salón donde serían las presentaciones de los autores programados para el evento Tiempo de Literatura en 2019.

La editora y poeta Rosa Espinoza y yo nos sentamos en una hilera con otras personas, platicábamos en lo que iniciaba la lectura. En algún silencio de todos, Rosa se levantó y fue a sentarse al lado de Mónica que era la única persona en esa serie de sillas frías. El gesto de Rosa me conmovió, siempre atenta a acompañar. El resto de la lectura las vi comentar, fue esa la última y única vez que la conocí de espaldas.

Por alguna razón fuimos amigas en Facebook, en pandemia seguí sus bitácoras de esos días espesos, y alguna de esas noches interminables del encierro, Mónica escribió con tristeza y desaliento; como respuesta a esa breve publicación le escribí un poema: Inminente pérdida (publicado en la edición anterior de Palabra). Recuerdo que se lo envié y me agradeció. Eso fue todo.

Hace unos pocos días llegó a mi casa su último libro con un título provocativo y premonitorio: Leeré hasta mi muerte (Lince, 2025); en la portada circulan alrededor del título los temas tratados en esta recopilación de lecturas de libros y personas: Suicidio, gays, fútbol, nazis, Milei, Žižek. A pesar de que el apellido Bolaño no se encuentra en la portada, estos pensamientos de Mónica van y vienen dejando entrar por diferentes puertas al escritor con quien mantuvo una amistad intelectual, curiosa y entrañable:

“Cada vez que pienso en Roberto Bolaño, me viene a la memoria un poema que sé, precisamente de memoria: Definiciones para esperar mi muerte, del gran letrista de tango y poeta argentino, Homero Manzi: Sé que mi nombre resonará en oídos queridos/ con la perfección de una imagen. / Y también sé que a veces dejará de ser un nombre/ y será un par de palabras sin sentido”. (El hijo de míster playa, una semblanza de Roberto Bolaño. Almadía, 2012)

“En (…) Leeré hasta mi muerte, la periodista arma una estructura de textos que se siguen unos a otros de manera que el libro es una conversación con Mónica”

En la colección de ensayos Leeré hasta mi muerte, la periodista arma una estructura de textos que se siguen unos a otros de manera que el libro es una conversación con Mónica, en la que uno se imagina que ella avienta aquí y allá su opinión sobre los temas y autores que nos propone sin aceptar réplica, porque lo hace desde su firme convicción, quizá con sesgo debido a su crianza, a la nostalgia por un país donde nació, a su apego con México y su gente, a sus obsesiones literarias, al amor por el fútbol y la admiración casi espiritual por Maradona.

Hay en Leeré hasta mi muerte una bruma mortal, es recurrente en la mayoría de los ensayos algún comen-

tario sobre la propia muerte de Maristain o su vejez, no como lamentación sino como la niña que se pregunta cómo será aquello tan mencionado en el mundo, pero tan poco entendido.

Hay un texto que se titula La muerte de Diego Maradona e inicia así: “No voy a hablar mal de Diego Armando Maradona. Creo que diré como el escritor Eduardo Galeano que era “el más humano de los dioses” (…) Recuerdo todavía el día que murió. Yo iba en un taxi. Me llamó Erika, mi amiga de Escandón, y me avisó de la noticia: murió ese futbolista que tanto querías. Lloré varios días, y trataba de decirme que la vida es un poco eso: vas perdiendo a la gente que te importa, hasta que te pierdes a ti mismo. Así es todo”.

Desde Novo, Villaurrutia, Perlongher, Lemebel, Desnos, Spinetta y Enrigue, Mónica teje relaciones de vida o literarias entre autores aparentemente diferentes, hace como toda buena lectora (una que cumplió con la sentencia autoimpuesta de leer hasta su muerte), correlacionar las vidas y obra de los escritores/escritoras que amamos hasta el punto de entender lo cotidiano a partir de las epifanías de los creadores. La vida está en la literatura.

Entre la correspondencia que llevó por varios años con Bolaño destaco este mensaje:

La escritora, editora y periodista Mónica Maristain (1957-2025).

“Querida Mónica: Mira que te advertí que estaba triste. En fin. No triste, exactamente, sino cansado y decaído (¿se acentúa?). Joder. Empiezo a olvidarlo todo. Dentro de unos meses me hacen un trasplante de hígado y yo no sé si es la nariz de la pelona o mi pobre víscera la que me orilla a esta especie de amnesia y de semivigilia que únicamente se suspende con la presencia de mis hijos, Lautaro y Alexandra, que son maravillosos. Te escribo otro día con la mente más clara. Por ahora recibe mi más afectuoso abrazo.

Roberto.

PD: Me llegaron las Playboy. Gracias por tus seis o siete o cinco razones para leerme. Si de mí dependiera solo hubiera puesto una: por caridad”.

A partir de la admiración y apego literario que Maristain manifestó hacia Bolaño, se entiende también cierta influencia en el ritmo de su escritura y pensamiento; la velocidad, las muchas referencias a esas vidas en conflicto: como la de ella, estirando el tiempo y las letras para cumplir con la cuota de la escritura, pero también el interminable deseo de leerlo todo, leer lo que se ama y se odia. Entender el secreto detrás de lo que descifran los ojos.

Le escribe Bolaño:

“Querida Maristain: En efecto, me acuesto tarde y mis horarios son más bien los horarios de un alpinista joven y sano. Un alpinista gótico, claro está. Lector de Machen, Lovecraft, Stoker. En otra vida probablemente fui un deportista de alto riesgo. No sé cómo me las voy a arreglar cuando me cambien el hígado. Se supone que entonces tendré que tomar más de treinta pastillas diarias. ¿Cómo me acordaré? En fin, ya veremos. Tú no dejes de escribirme y de contarme de vez en cuando cosas de México. Y hazme caso: menos fumar y menos beber. Y hablando de música, hay una especie de rockero brasileño que me gusta, se llama Lenine, ¿lo conoces?

Recibe todos los besos. Bolaño”.

De Bolaño se acompañó Mónica, del amor por sus gatos, su hermana Laura y su sobrina Sabrina, de su constancia en la crítica, de su decir sin filtros cómodos, de la insistente deliberación cuando se pregunta y nos obliga a preguntarnos:

“¿Qué haré para estar todos los días bien, más allá de esos golpes a la mandíbula que te da la vida y no puedes hacer nada para defenderte?”

POZO ALEMÁN:

ANTIGUO PUEBLO FANTASMA

EPor Arnulfo Estrada Ramírez Oceanólogo, historiador e investigador. Ex Cronista Oficial del municipio de Ensenada, B.C. Es autor de Lengua y cultura Kiliwa y Cuentos y mitos Yumanos kumeey@yahoo.com.mx

l mineral conocido como Pozo Alemán —o Campo Alemán , se encuentra entre 60 y 70 kilómetros al este de Guerrero Negro, dependiendo del camino que se tome. La mitad del camino está pavimentada y el resto son brechas de terracería.

Es un antiguo pueblo minero que se encuentra muy cercano al Paralelo 28 que divide a los estados de Baja California y Baja California Sur. De acuerdo a testimonios de personas que nacieron ahí, el nombre del pueblo es debido a habitantes de origen alemán que trabajaron las minas

Alrededor de 1890, se descubrieron yacimientos de oro y plata que fueron explotados artesanalmente y con mayor intensidad hasta la década de 1910 a 1920. El pueblo llegó a tener más de 100 habitantes. El agotamiento de los minerales y las condiciones extremas del lugar, aceleraron el despoblamiento, hasta abandonarlo por completo. Aparte del oro y la plata, hubo algunos intentos por trabajar el mineral rico en cobre, pero se sabe que esa actividad no prosperó. En el sitio, se pueden ver esparcidas varias muestras de malaquita, mineral que contiene el cobre.

El asentamiento actual es de algunas casas de adobe en ruinas y varias cuevas hechas con herramientas rudimentarias en donde vivían los mineros de más bajos recursos. Sólo una vivienda se ve completa y, al parecer, es habitada esporádicamente por alguien relacionado con la familia Villavicencio, actuales propietarios del lugar.

“El agotamiento de los minerales y las condiciones extremas del lugar, aceleraron el despoblamiento, hasta abandonarlo por completo”

ron en el lugar (muchos de ellos se mudaron cuando el pueblo minero estaba en plena decadencia, y al morir, sus cuerpos fueron sepultados en el sitio de origen). Estas tumbas son relativamente recientes y tienen inscritos los datos del fallecido. Destacan apellidos como Villavicencio, Aguilar, Urías, Rico, Robles, Ramos y Osuna, entre otros.

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Hay un panteón con menos de un centenar de tumbas en donde descansan los restos de los primeros pobladores, la mayoría de ellas sin descripción alguna. En otras, descansan personajes que nacie-

Fuentes principales: Modest Fortunes. Mining in Northern Baja California, 1992. Donald Chaput; William M. Mason y David Zárate Loperena. Natural History Museum of Los Angeles County. 245 páginas. Entrevista con María de Jesús Villa Poblano de 84 años, descendiente de Cochimí. Reconocimiento en 2024 como Tesoro Humano Vivo. Guerrero Negro.

Cementerio de Pozo Alemán (Cortesía).

EL MAR, LA AMISTAD Y LA POESÍA…

Nací en Torreón, a más de 500 kilómetros del mar. Vi el mar por primera vez a los 15 años en Ciudad Madero, Tamaulipas, con motivo de una asamblea estudiantil. Una noche, varios seguimos a don Joaquín Antonio Peñaloza a caminar en la arena bajo la Luna. Las olas apenas se movían, dando motivo a que don Joaquín recitara versos de Alfonso Junco:

Sé firme diáfanamente, indomeñable con suavidad, no la ceñuda playa de rocas agria y soberbia, brusca y rival, sino la playa de arena humilde en donde muere, rendido, el mar.

Fue en Veracruz cuando por segunda vez tuve contacto con el mar. Estudiaba la preparatoria en Orizaba y fui al puerto a participar en un concurso de oratoria. El agua del mar me salpicó al escuchar al concursante por Los Tuxtlas quien, en la habitación contigua, practicaba su discurso en voz alta:

¡Veracruz, ciudad maraca! Al llegar a ti siento que mi pensamiento se torna en ideal hamaca. Después de tan larga ausencia ya no es salobre tu / mar, tiene dulzura de novia que nos besa al regresar.

Un baile cerró el concurso y a la mañana siguiente todos disfrutamos las aguas tranquilas de la playa de Mocambo.

Volví al mar cuando fui a Acapulco ya siendo estudiante de Derecho en la UNAM. Mis compañeros y yo nadamos y revoloteamos en las playas de Caleta mientras uno de ellos cantaba sin parar canciones de Agustín Lara, abundantes en diminutivos:

Con tus manitas las estrellitas

las enjuagabas.

La luna que nos miraba ya hacía ratito se hizo un poquito desentendida. Te dije muchas palabras de esas bonitas…

El destino me trajo a vivir junto al mar. A Ensenada. Si bien mi lugar es Ensenada, mi refugio está en El Socorro, la playa de El Socorro, a mitad de camino entre San Quintín y El Rosario.

Hace 25 años mi amigo de la infancia, Felipe Guerrero, veterinario de profesión, fue por primera vez a El Socorro. Salimos a pescar un par de veces en la Bahía San Quintín, con resultados regulares porque mi amigo se mareó, así que dejé de considerarlo como acompañante de mis siguientes salidas a pescar.

A cambio, Felipe me enseñó a caminar a la orilla del mar hablando de poesía. Primero hablábamos de poesía lírica, patriótica, erótica, etc. La erudición de mi paisano en cuestiones poéticas era impresio-

nante, lo mismo divagaba con Nervo y Juan de Dios Peza que con Walt Whitman, Robert Frost o Nicolás Guillén, Borges y Benedetti:

Hacer algo querían a la costa cercana, que el mar jamás ha hecho a la tierra su hermana... (Robert Frost)

…antes que el tiempo se acuñara en días, el mar, siempre el mar, ya estaba y era.

¿Quién es el mar? ¿Quién es aquel violento y antiguo ser que roe los pilares de la tierra y es uno y muchos mares y abismo y resplandor y azar y viento?

(Jorge Luis Borges)

¿Qué es en definitiva el mar? ¿por qué seduce? ¿por qué tienta? suele invadirnos como un dogma y nos obliga a ser orilla.

(Mario Benedetti)

A Carlos Felipe Guerrero In memoriam

Nunca nos preocupamos por responder las preguntas de Borges y Benedetti, nos bastaba con compartirlos caminando junto al mar, repitiendo versos ajenos.

Pasado un tiempo, comenzamos a caminar de La Casa de la Loma a la playa, de ida y vuelta. Para entonces, mi querido veterinario había dejado atrás los poemas con preguntas filosóficas y citaba a poetas que lo mismo admiraban el mar que lo buscaban, o lo exaltaban, con Guillermo Prieto, Alfonsina Storni y Xavier Villaurrutia:

Tu nombre, oh mar, en mi interior resuena; despierta mi cansada fantasía, conmueve, engrandece al alma mía y de entusiasmo férvido la llena.

(Guillermo Prieto)

Quisiera esta tarde pasear a la orilla del mar, que la arena de oro y las aguas verdes y los cielos puros me vieran pasar. Ser alta, soberbia, perfecta quisiera, como una romana para concordar.

(Alfonsina Storni)

....nocturno mar sin cólera, conforme con lamer las paredes que lo mantienen preso, esclavo que no rompe sus riberas, ciego que no busca la luz que le robaron y amante que no quiere sino su desamor.

(Xavier Villaurrutia)

En alguna ocasión le pregunté a Felipe si además de leer poesía también leía novelas u otra forma de literatura. Me respondió que “No”, con palabras de Rosario Castellanos: “Después de leer páginas y páginas de narraciones más o menos interesantes sentí una vaga e inconcreta sensación de que algo se me había escamoteado, de que llamé a la puerta errónea, de que pedí pan y me dieron piedras”.

Meses después, una noche Felipe notó que resplandecía el mar y se maravilló. Yo exclamé: “¡Los gronions*, llegaron los gronions! Bajamos corriendo a la playa que desprendía una intensa luz fosforescente, color verde limón, emanada de la espuma de las olas. Recorrimos la playa de un lado a otro en un intento por no perdernos de la totalidad del espectáculo. Mientras, los lugareños capturaban gronions que, asados a la disca, son una delicia.

Mi amigo se ausentó de El Socorro por un tiempo. Cuando reapareció había perdido su energía, por lo que ya no realizábamos las caminatas, pero platicábamos largamente en la banca afuera de la casa. En el nuevo repertorio de Felipe se hablaba menos del mar y más de la vida que se extingue:

Quiero morir cuando decline el día, en alta mar y con la cara al cielo; donde parezca un sueño la agonía y el alma un ave que remonta el vuelo

No moriré del todo, amiga mía. De mi ondulante espíritu disperso algo en la urna diáfana del verso piadosa guardará la poesía.

(Manuel Gutiérrez Nájera)

También citaba Felipe La Tempestad, de Shakespeare, deteniéndose en:

Somos de la misma sustancia que los sueños, y nuestra breve vida culmina en su dormir…

Los recuerdos de su viaje a Argentina y Uruguay estuvieron presentes. Dijo que la desembocadura del Río de la Plata tiene 220 kilómetros de ancho, la distancia que hay de Ensenada a El Socorro y que, embelesado al admirar la desembocadura, pensó que el mar se oponía a que las aguas del río descargaran en él.

En sus últimas visitas nos dio por recitar las Coplas a la muerte del maestre Don Rodrigo, de Jorge Manrique, repitiendo estos versos más de una vez:

Recuerde el alma dormida, avive el seso e despierte contemplando cómo se passa la vida, cómo se viene la muerte tan callando;

Nuestras vidas son los ríos que van a dar en la mar, qu´e es el morir: allí van los señoríos, derechos a se acabar e se consumir;

¿Qué se fizo el rey Don Juan?

¿Los infantes de Aragón qué se ficieron?

Felipe me explicó que Las Coplas fueron escritas hace más de 500 años subrayando que el transcurso del tiempo no les ha quitado frescura ni actualidad. También comentó que en Las Coplas la palabra recuerde significa despierte (recuerde el alma dormida, / avive el seso y despierte), y yo mencioné que cuando tenía 14 años pasé unas vacaciones de verano en Río Bravo, Tamaulipas, donde escuché a una mujer decir: “yo ya estaba recuerda”, lo que significaba que ya estaba despierta. Concluimos que actualmente la palabra recuerde con el sentido de despierte ya es un hermoso arcaísmo.

Hace años que Felipe ya no está. Lo extraño. En la infancia y en la adolescencia compartimos aventuras que se pueden calificar de interesantes. No sólo me heredó su gusto por la poesía sino también por espectáculo marítimo. Ahora, cuando salgo por la mañana a caminar en El Socorro, le agradezco a las plantas, a los arbustos y a los árboles por haber venido, y al hermano Sol por su presencia y, claro, por influencia de Felipe, agrego un saludo al padre mar; a medio camino rumbo al cerro, me siento en el tronco de Felipe… veo la bahía y pienso que el mar es una más de las formas en que Dios se manifiesta, y que nuestras vidas son los ríos que van a dar en la mar qu´es el morir.

Ensenada, enero de 2026

*Los gronions son peces de alrededor de 10 centímetros de largo, que de mayo al mes de agosto desovan en la playa, entre Santa Bárbara, California, y Punta Canoas, en Baja California. Apenas entierran sus huevos, regresan al mar. De su alto contenido en fósforo, emana una enorme cantidad de luz que hace que las olas resplandezcan con un color verde limón fosforescente.

Imágenes: Archivo Palabra

Entrevista a Bill Nericcio, el buhonero intelectual de la frontera

Gabriel Trujillo Muñoz

Escritor y poeta, autor de Espantapájaros y Tijuana city, tres novelas cortas.

angel.gabriel.trujillo.munoz@uabc.edu.mx

ill Nericcio es el editor responsable de la casa editorial de la Universidad Estatal de San Diego, cuyas siglas en inglés son SDSU Press. Según la ineludible Wikipedia, más los datos que yo he podido recabar, William Anthony Nericcio, conocido entre sus amigos como el Memo Nericcio, nació en Laredo, Texas, en 1961, pero es de ascendencia mexicana, descendiente de un fecundo mestizaje cultural, cuyas raíces provienen de Sicilia e Inglaterra, lo que ofrece una sopa bien condimentada de raíces europeas y americanas. Nuestro editor es licenciado en inglés por la Universidad de Texas en Austin y doctorado en literatura comparada por la Universidad de Cornell. Sus intereses mayores han estado centrados en el post-movimiento chicano, en la literatura latinoamericana y en la cultura fronteriza entre México y los Estados Unidos.

Tras completar su doctorado, Nericcio llegó al puesto de profesor asistente en la Universidad de Connecticut, para luego formar parte del Departamento de Inglés y Literatura Comparada en la Universidad Estatal de San Diego, California. Actualmente es director del programa de Maestría en Artes en Artes Liberales y Ciencias. También es miembro del profesorado del departamento de Estudios Chicanos, la maestría en Artes en Artes Liberales y Ciencias (MALAS) y el Centro de Estudios Latinoamericanos. Promotor cultural infatigable, Nericcio es un investigador, curador, ensayista, crítico literario, profesor y editor universitario que es autor de los libros Text (t)-Mex: Seductive Hallucinations of the “Mexican” in America, The Hurt Business: Oliver Mayer’s Early Works Plus y Homer From Salinas: John Steinbeck’s Enduring Voice for the Californias. Su blog Text-Mex Gallery se adentra en temas mexicanos, latinos, chicanos, “hispanos”, mexicoamericanos y latinoamericanos.

tes, establecer diálogos entre lo mexicano y lo estadounidense, entre su país, tan dado a mirarse solo el ombligo, y el mundo entero. Es un vocero de lo comunitario, lo experimental, lo utópico desde una perspectiva cotidiana, de vida en marcha, de juego lúdico, de abran paso que allá voy. Dice lo que piensa y piensa bien y a profundidad lo que dice. Es un anfitrión de primera en la mesa redonda de los discursos académicos y las creaciones independientes.

Por eso me interesó entrevistarlo, saber cómo ha logrado sobrevivir en un medio desértico en lo literal y en lo figurado, cómo ha establecido zonas de convivencia entre los alambres de púas y los muros ideológicos. Nericcio es como esas criaturas que ven la tempestad, pero no se hincan, que en el caos prosperan. Lo suyo es la defensa irrestricta de la libertad que es un libro, un performance, una pintura. Lo suyo es la fiesta en paz. Y la paz que entre todos hacemos propia. La que nos une. La que nos hermana.

“Ser editor en SDSU Press, es vivir en la contradicción: mitad monje, mitad punk, con un pie en la academia y otro en una bodega”

¿Desde cuándo y cómo surge la SDSU Press? Nuestras investigaciones más antiguas —arqueología editorial de andar por casa— sugieren que la editorial nació entre finales de los años 50 y principios de los 60. Puedes consultar sus publicaciones en: https://sdsupress.sdsu. edu/general.html y verás que es la editorial universitaria más antigua del sistema de la Universidad Estatal de California. Con 23 campus, cerca de 484,300 estudiantes, 26,858 profesores y 23,505 trabajadores, la CSU es el sistema universitario más grande, diverso y accesible del país, y SDSU es una de sus instituciones emblemáticas. Además, en 2025, SDSU Press inició spLAB (San Diego State University Press Library Advisory Board), señalando nuestro compromiso a largo plazo con la colaboración bibliotecaria a escala planetaria.

¿Cuál era su propósito inicial y cuál es ahora en cuanto a la publicación de libros?

ricanas, estudios culturales binacionales, historia del arte, y las vanguardias—tanto europeas como latinoamericanas.

Bill Nericcio es un escritor con un gran sentido del humor, una presencia vital en el escenario de la cultura de frontera, la cual conoce al dedillo. Su trabajo es crear puen-

Por lo que he podido averiguar, la vida temprana de la editorial fue bastante errática y dispersa. Sospecho que los profesores traían propuestas y estas se evaluaban caso por caso. Algo de eso sigue ocurriendo hoy, pues recibimos todo tipo de manuscritos cada semana. En general, nuestras áreas de experiencia (es decir, campos en los que hemos publicado cinco o más títulos) incluyen: antropología cultural, estudios fronterizos, literatura e historia latinoame-

En 1987 la SDSU Press se unió a la UABC con un proyecto editorial binacional, Binational Press. Desde tu punto de vista, ¿qué buscaban lograr y qué resonancia tuvo el sacar libros sobre las artes fronterizas? ¿Qué han dicho los lectores sobre estos tomos?

Sin duda, Harry Polkinhorn —exdirector y profesor de literatura comparada (hoy retirado y dedicado al psicoanálisis)— tuvo mucho que ver con Binational Press. Tenía su base en el campus de SDSU en el Valle Imperial y era originario de Calexico. Es decir, tenía conexiones literarias y académicas a ambos lados del

Memo Nericcio, editor.

muro. La intención era clara: publicar libros que reflejaran la riqueza y dinamismo de la colaboración que habita y trasciende la frontera México/Estados Unidos. Los libros aún se venden y gozan de popularidad entre críticos literarios y sabuesos de los estudios culturales en ambos lados del río Bravo.

Bill, ¿en qué etapa entras a ser editor de SDSU Press? ¿Qué has aportado a este proyecto editorial desde tu filiación fronteriza?

Empecé como diseñador de libros y asistente del profesor Harry Polkinhorn por allá del ’93 o ’94. Llegué a SDSU después de una estancia en la Universidad de Connecticut —mi primer trabajo como profe— y antes de eso, Cornell, donde terminé mi doctorado. Harry fue lo suficientemente generoso como para dejarme “jugar” a ser diseñador editorial. Con el tiempo me uní al consejo editorial y aprendí lo que implica realmente llevar un libro a la imprenta. Mi mayor contribución ha sido elevar el nivel en cuanto a diseño y presencia en redes sociales. Me horrorizó ver el escaso apoyo que SDSU brindaba a la editorial —y me espanté aún más cuando todo apoyo institucional desapareció durante una de esas crisis presupuestales cíclicas. Pero al final, eso resultó una bendición: ahora somos una editorial verdaderamente independiente. La universidad nos da un espacio (literal) y me exime de dar una clase... y eso es todo.

En cuanto a tu otra pregunta: mi filiación chicana-estadounidense-californiana-fronteriza infecta todo lo que hago. Como editor y director, estoy comprometido a profundizar los lazos entre dos de mis tres patrias. (La otra es Sicilia —aún no he publicado nada en ese frente... ¡pero tiempo al tiempo!)

En los años en que has dirigido SDSU Press, ¿cuáles son tus libros publicados favoritos y por qué? ¿Disfrutas el ser editor de una editorial universitaria?

Mis favoritos: Cataract Blues de Roger Rosenblatt, Fluxus: The History of an Attitude, y Things We Do Not Talk About de Daniel Olivas. Como editor independiente, soy una especie de buhonero intelectual, y estos tres títulos no solo se venden bien, sino que encarnan nuestra visión del mundo editorial. Amo ser director de una editorial universitaria, y al mismo tiempo lo detesto. Amo el hecho de que llevamos nuevo conocimiento a las masas; lo detesto porque los pasos para publicar un libro parecen infinitos. Voy a terminar como Milton, Borges o Joyce: con el cerebro intacto, pero ciego como topo.

Acaban de sacar a la luz Steinway on the Beach de Roger Rosenblatt y Call Me Border de Gabriel Trujillo Muñoz, dos libros que son mezcladores de textos para crear retratos personales de sus respectivos autores. ¿Qué ofrecen este par de obras literarias a la literatura de ambos lados de la frontera?

de correos. Todos los días. Ser editor en la frontera es parir lo indecible. El teléfono vibra en spanglish, los manuscritos sangran con la migración, y en algún momento entre las fallas de InDesign y las solicitudes de subvención, recuerdas esto: que la edición, en el mejor de los casos, es una especie de exorcismo. Estás despejando la estática entre el pensamiento y la palabra, ayudando al pulso de un autor a sobrevivir a la traducción del cuerpo al libro. Y ese pulso vital, el latido mundial de la frontera, está bajo asedio estos días, literalmente. El alambre de púas reemplaza la conversación en los intersticios de la frontera. Baldwin dijo una vez que ser escritor en este país es estar en guerra con él. Como editor, añadiría, eres el cirujano de campo. Curas las heridas de la cultura, cauterizas los clichés y, con suerte, devuelves una o dos voces a la contienda, un poco más peligrosas que antes.

¿Cómo defines ser editor: un trabajo de promotor cultural, de transformador de la realidad, de catalizador de las emociones y experiencias vitales de tu tiempo?

Editar es conspirar —silenciosa y deliciosamente— con el futuro. Sí, promovemos la cultura, pero solo en el sentido en que Rolando Hinojosa promovió el fuego y Elena Poniatowska la curiosidad. Editar es seducción, no administración. Se trata menos de «transformar la realidad», que de amplificar sus alucinaciones, destilando la materia prima del caos humano en algo que pueda sobrevivir a la siguiente purga algorítmica.

“Editar es seducción, no administración”

Las dos obras son a la vez opuestas y gemelas. Ambas trafican con los elementos más deliciosos y conmovedores de la memoria; ambas buscan saldar cuentas con el pasado, mientras tejen meditaciones filosóficas y afectivas sobre seres queridos, familia, amigos, pérdidas. Y ambas —aunque los autores y sus mundos son tan distintos: uno del East Coast y Nueva York, el otro de las fronteras del norte de México— nacieron para escribir. Ustedes dos, si les corto el dedo, no sangran sangre: sangran tinta y cintas de máquina de escribir.

¿Cuál es tu día a día como editor fronterizo universitario?

Mis días comienzan como cualquier ritual fronterizo: con un fallo técnico. Algún temblor matutino entre idiomas, un cruce de fronteras mental. Ser editor fronterizo significa hacer malabarismos con fantasmas: respondo correos de poetas al amanecer, traduzco lo intraducible al mediodía y me paso la tarde discutiendo con los dioses del PDF. El trabajo se trata menos de páginas que de portales. Y plazos: siempre los molestos plazos. Revisión de pruebas. Cartas de rechazo. Lucha por el dinero. Todos los días. Y viajes a la oficina

Veo al editor no como un curador, sino como un contrabandista: moviendo ideas peligrosas a través de las fronteras del género, el idioma y la institución. El momento más conmovedor de mi carrera fue cuando mi difunto amigo y mentor Carlos Fuentes metió mi nombre en una cartera de ensayos que un literato que cruza la frontera arroja a las aguas de esa misma frontera. Claro que deletreó mi nombre como Nericio, pero así es como lo pronuncian todos mis amigos mexicanos y ratas de frontera. Pero volviendo a mi metáfora, tomada de Fuentes: A veces eres un contrabandista de almas, otras veces un terapeuta de sintaxis. Siempre crees en la página como una especie de resistencia: contra el ruido, contra el olvido, contra la mentira fácil de la simplicidad.

Ser editor en la actualidad, especialmente en un lugar como SDSU Press, es vivir en la contradicción: mitad monje, mitad punk, con un pie en la academia y otro en una bodega. No se trata de perfeccionar el texto; se trata de mantener viva la conversación cultural el tiempo suficiente para que la siguiente generación la reavive. Lo único garantizado es que el cambio vendrá.

Fotos: Cortesía

Compadre, hace 45 años; ya falta menos

MPor Eduardo Cruz Vázquez Periodista, gestor cultural, ex diplomático cultural, formador de emprendedores culturales y ante todo arqueólogo del sector cultural angol97@yahoo.com.mx

uy querido compadre Sergio: Febrero te vio morir, hace un año, el sábado 15. Febrero me vio nacer, se me olvidó si un martes o un sábado, el día 22. Casi nadie sabe que compartimos un terruño, Morelia. Tú por nacimiento. En mi caso, por ser mi matria. Madre mía, Luz María: empoderaste tu ciudad a punta de visitas a la parentela que, con los años, se extinguió. Del arrebato por viajar de noche en tren y por las estampas coloniales de las calles. A punta de arroz con charales y de pescado blanco en Pátzcuaro. De enchiladas en los portales, de corundas con queso en el mercado de San Juan.

Poquito nos faltó, Sergio Gómez Montero, para que celebráramos tus 80 años en carne y hueso. Siempre generoso, fiel consejero, te agradezco que hayas dejado dinero en mi cuenta bancaria para comer en San Cristóbal de Las Casas rememorándote con motivo de mis 65 años de vida. Tan pronto nos conocimos en Mexicali, en 1986, te puse al tanto de una decisión que juzgaste precipitada ya que, recuerdo nítidamente, con tu risa de viejo lobo de mar, era una tontería anidar esos pensamientos a mis 25 años.

Si Michoacán edificó mi niñez, Chiapas habrá de ser el resto. El matiz lo conversamos en distintas ocasiones, compadre, con motivo de mis reportes sobre el excelente estado de conservación de mi tumba. Di con ella por encargo de mi padre. Aquí me tienes, Manuel Humberto, acudiendo sin falta desde 1980, año en el que al cursar mi primer trimestre en la UAM Xochimilco, la querida maestra Mirna nos instruyó a una labor de campo en San Cristóbal.

a la pariente nos dejara hacernos responsables del cuidado del mausoleo.

“Así es, compadre, si en tantas cosas he sido un ser inconsistente, en esta decisión sigo inalterable desde 1980, acudiendo a San Cristóbal cada mes de febrero…”

Para ese entonces el único referente de papá era una prima, Jovita Cancino, a la que jamás había visto, y la certeza de que en el panteón mi abuelo Manuel Encarnación dio sepultura a sus padres. La tarea encomendada fue pedirle

La emoción perdura, me enaltece, la honro cotidianamente. A bordo de una Combi el combo de estudiantes, después de 18 horas de haber dejado el Distrito Federal, conforme nos alejábamos de Tuxtla Gutiérrez, vi el paraíso. No era solamente el acudir a mis raíces y a una singular historia de la familia de mi padre en un estado de alma guatemalteca y centroamericana. Fue también sentir el país revelado, con su diversidad de gente, su traza conflictiva por siempre y su naturaleza cautivadora. Surgió así una pasión desenfrenada por el historial Cruz y por los Altos de Chiapas.

El trámite fue expedito y el sepulcro de mis bisabuelos quedó a mi nombre. A más de cien años de los entie-

rros sigue siendo una pieza de excepcional belleza en el conjunto del panteón. Elaborado en mármol de carrara por un escultor italiano de la calle de Tacuba en Centro de la Ciudad de México en plena Revolución, cuya firma se ve al pie de la estructura, corona al monumento un Sagrado Corazón. Imaginemos por un momento las complicaciones del traslado. Cuando lo vi por primera vez era presa de las huellas de la humedad, que fue distintivo del clima de San Cristóbal, las cuales resultó imposible quitar.

Así es, compadre, si en tantas cosas he sido un ser inconsistente, en esta decisión sigo inalterable desde 1980, acudiendo a San Cristóbal cada mes de febrero, salvo las excepciones que sabes. Suman ya 45 años. Avanzamos hacia el momento en que mi hija Mariana tendrá a bien cumplir mi dicha de ser enterrado, con algunos de mis papeles, al lado de mis bisabuelos.

GALEANO, POETA BOLIVARIANO

Eduardo Galeano tiene mucha razón cuando habla de la hijoeputez del gringo, pero se ve ridículo cuando proclama la santidad de los dictadores comunistas con la cursilería propia de una rola de Silvio Rodríguez

DPor Daniel Salinas Basave Ensayista y periodista. Reside en Tijuana desde 1999. Autor de Juglares del bordo, El lobo en su hora y Bajo la luz de una estrella muerta danibasave@hotmail.com

e repente pude recitar, como si los estuviera leyendo en este instante, los sentidos párrafos que Eduardo Galeano habría dedicado a la caída de Nicolás Maduro.

Sería un texto tan predecible, tan estereotípico, tan poco objetivo y, aun así, sería un texto entrañable. Galeano es un vicio atípico en mi vida. Casi nunca coincido con él y, no obstante, me deleito leyéndolo.

Fue un escritor militante y panfletario hasta la indigestión y, sin embargo, construyó una prosa poética con una cadencia tan rítmica e imágenes tan bellas, que consiguió atraparme y hacerme leer su obra completa. Galeano es un extraño placer, la prueba de que en literatura a menudo me puede más la forma que el fondo.

Nunca he leído a Galeano con el ánimo de quien lee a un ensayista o a un historiador. Al uruguayo lo leo —ante todo— como un poeta y en esa dimensión ha sido por años uno de mis placeres irrenunciables.

Se supone que Galeano escribe prosa, pero no hay párrafo en donde no se le escape una ráfaga de poesía. Me imagino perfectamente, línea por línea, su apasionada y ridícula defensa del indefendible régimen bolivariano en Venezuela. Me parece estar leyendo el retrato heroico de Maduro y los soldados cubanos que murieron custodiándolo.

A ver, intentemos un Galeano style:

por desobediente. Que nadie más se atreva nunca a creer que el petróleo puede ser del pueblo y no del mercado.

“Me imagino perfectamente, línea por línea, su apasionada y ridícula defensa del indefendible régimen bolivariano en Venezuela”

Maduro cayó como caen los herejes que se atreven a cuestionar los dogmas de fe del capitalismo. Porque la Casa Blanca no perdona a quien se atreve a hablar de soberanía con acento caribeño ni a quien se envuelve en una digna bandera que no cotiza en Wall Street. Lo juzgan los mismos que jamás serán juzgados, los que bombardean y masacran pueblos con aviones humanitarios en nombre de la libertad y la democracia…bla, bla”

Bueno, sin duda Galeano lo habría hecho mucho mejor, pero el intento se hizo.

putez del gringo, pero se ve ridículo cuando proclama la santidad de los dictadores comunistas con la cursilería propia de una rola de Silvio Rodríguez.

Galeano no vivió para ver el ascenso de personajes esperpénticos como Trumpas o Millei y, sin duda, estaría aterrado con el viraje a la derecha que experimenta Latinoamérica.

“A Maduro no lo esposaron por dictador. Lo esposaron

Galeano tiene mucha razón cuando habla de la hijoe-

En fin, colegas. Yo en literatura no busco nunca verdades absolutas ni mucho menos convicciones políticas. Borges podría cenar mil veces con Videla y llenar de loas a Pinochet y yo lo seguiré considerando, por siempre, uno de los acontecimientos literarios más extraordinarios que han ocurrido en mi vida. Algo similar aplico en el otro extremo de la cuerda con Eduardo Galeano. Es el perfecto idiota resentido latinoamericano y sin embargo disfruto taaaanto leerlo.

El escritor Eduardo Galeano, autor de Las venas abiertas de América Latina
Foto:
Héctor García Mejía

DIOR: La ficción compartida

Deseo. Lujo. Ser único. Sentirnos especiales

—HuelePor Jazmín Félix

Escritora y editora, estudió Ciencias de la Comunicación la UABC giselle.felix@uabc.edu.mx

delicioso tu perfume.

Un compañero de trabajo fue la primera persona en percibir mi nuevo perfume. Sonrío, levanto la barbilla como si fuera un pavorreal. Siento el aroma de cítricos y flores blancas emanar de mis poros e inundar toda la oficina.

—Gracias, es Mademoiselle, de Chanel

—Sí, sí, se percibe como algo fino, sutil.

—Fue mi autorregalo navideño.

—Yo quiero comprar uno de Dior, sale este famoso actor de Piratas del Caribe.

—¿Johnny Depp?

—Sí, ¿conoces el perfume?

—Sí, Sauvage… huele rico.

El perfume lo deseé antes de olerlo, cuando vi el comercial de Johnny Depp: atardecer de fondo, tierra fragmentada, él viste una camisa negra entreabierta del pecho y toca una guitarra. En la toma siguiente camina hacia enfrente, unos lobos siguen su paso de macho alfa.

incluso de la ley. Todos recordamos el mediático juicio por difamación ocurrido entre 2019 y 2022, donde él acusó a Amber Heard de mentirosa y ella contrademandó.

La bonita actriz que me enamoró en Diario de un seductor (2011), y cuya pantalla compartió con Depp —por cierto—, terminó exiliada en España, con la carrera arruinada.

Johnny Depp salió victorioso, incluso Dior le renovó el contrato para seguir como la imagen de una de sus más populares fragancias masculinas. Al final, el juez no le creyó a ninguno, tampoco yo. Jamás sabré si Depp es inocente, pero quizá la posibilidad de que no lo sea es lo que hace latir el centro de mi cuerpo cuando pienso o huelo Sauvage. El deseo no es malo ni bueno, solo llega y nos sacude. Quizá por eso somos tan adictos a él.

El perfume quise comprarlo para mi novio en su cumpleaños. Él es un hombre sencillo, usa Cool Water, de Davidoff, cuyo precio no llega a los mil pesos. Acudí a un local de saldos de perfumes originales para volverlo a oler: nada que ver con mi chico. Pensé en él, en Johnny Depp, y mejor devolví la botella a su repisa, con las huellas dactilares convulsionadas.

¿Será que siempre deseamos lo que no podemos tener? ¿Será que aspiro a que mi novio sea más como Johnny Depp, y me maltrate, aunque sea un poquito?

“El deseo no es malo ni bueno, solo llega y nos sacude. Quizá por eso somos tan adictos a él”

Pienso en la botella azul, el aroma a poder que sedujo mi mente cuando olí el perfume tiempo después. ¿Huele realmente a poder? ¿O es el marketing detrás del producto? Claro que conozco la respuesta.

Johnny Depp es una sombra hecha de poder, masculinidad y rebeldía: el personaje tatuado y desinhibido que actúa a su gusto y siempre la libra,

En lugar de comprar Sauvage para él, me llevé dos botellas para mí: Mademoiselle, para los días especiales; La vie est bella, para la cotidianeidad, ambas fragancias por 3 mil pesos. A pesar de que los perfumes resultaron baratos (en Pierre o Sears, rondan en los 3 mil 800 pesos cada uno), causaron un descalabro en mi frágil economía.

No compré el perfume para obsequiar a mi novio aguamarino, respetuoso y sin tatuajes, pero sí la satisfacción de rociarme lujo cada mañana, aunque el techo de mi casa —y vida goteen—. ¿Cuántas botellas de Mademoiselle hacen falta para sentirme Julia Roberts

interpretando a una puta cuya ruina termina gracias a un millonario? ¿Cuántas de Chanel para ser una mademoiselle?

Deseo y fantasía. Supongo que de eso se alimenta la vida. Siempre me han dicho que debo conformarme con lo que tengo y lo que soy, pero yo sueño con ser un perfume de Chanel en su caja, comprando en la tienda oficial.

Tal vez el deseo no sea más que eso: una grieta por donde todavía se cuela la idea de una vida distinta.

—Te envié el enlace del perfume, lo venden en una página que se llama Shein —me dice mi compañero.

El actor Johnny Deep.

Abro el enlace y salta a mis ojos la versión pirata del perfume francés: 500 pesos.

—No es original —alerto.

—Ah, ¿no?

—No, el problema será que el aroma no durará mucho, seguramente.

—Oh…

—Quizá puedas comprar la inspiración, pero la buena.

—¿Dónde puedo conseguirla?

Envío direcciones y enlaces en donde mi compañero puedo encontrar la “inspiración” de Sauvage.

“Inspiración”. Reflexiono sobre la palabra. Cuando tuve que decidir sobre si adquirir Mademoiselle original o la versión adaptada a mi realidad material (china), decidí que quería el producto real, aunque viniera sin caja y tuviera que pagar mucho más. Nunca me han gustado las inspiraciones. Suelo relacionar la intensidad por lo genuino, deseo lo lleno de aroma e intensidad: el color negro y no el gris, la pasión en lugar de la calma, el vino tinto y no el blanco. Quizá por eso tiendo a la infelicidad.

Mi compañero y yo hablamos sobre perfumes de 3 mil pesos, mientras nuestras cuentas bancarias están vacías y la franja de la pobreza se nota en la emoción con que nos vemos mutuamente al hablar sobre un producto que para cualquier adinerado es lo común.

Ambos somos escritores en la precariedad laboral y personas “inteligentes”, y de todas formas caemos en el deseo de tener objetos banales. Pero el consumo no anula el pensamiento crítico, simplemente encuentra una grieta donde seguir operando. Los grandes filósofos podrán haber escrito en contra del consumismo, pero lo hicieron con su pluma Montblanc, en un escritorio de sándalo heredado.

“Deseamos el lujo, no por ostentación, sino como supervivencia simbólica. Una forma de resistencia que alivia la hostilidad de la crisis económica”

Deseamos el lujo, no por ostentación, sino como supervivencia simbólica. Una forma de resistencia que alivia la hostilidad de la crisis económica. El lujo ayuda a sentirnos dignos de algo, funciona como una ficción acordada: todos sabemos que no somos eso que el perfume promete, pero aceptamos ser parte de una simulación que nos llena.

Deseo. Lujo. Ser único. Sentirnos especiales.

Cuando me rocío alguno de mis dos perfumes nuevos, lo hago con la cara recién lavada, ataviada con mi batita roja de Victoria’s Secret adquirida en un bazar, y por lo regular, con las piernas depiladas. Empiezo a

oler rico, y siento que la perspectiva de mi existencia es otra. Dormir con la nariz clavada en la muñeca perfumada es suficiente para despertar de buen humor.

—Compré el perfume —horas después de la conversación con mi compañero, él entró en la oficina, con el aura reinventada. Sonreía distinto.

Me entregó una bolsita negra de plástico, dentro había una botellita de vidrio sin marca. Olí el perfume.

—Es el de Dior, ¿qué te parece? —me preguntó, emocionado.

—Woow, huele delicioso, igualito —mentí.

Pero no mentí porque oliera mal, o nada parecido a Sauvage. En realidad, no recordaba el aroma del perfume en cuestión.

Entonces me dije a mí misma que quizá la inspiración de Mademoiselle hubiera sido suficiente. Quizá uno del Avon hubiera bastado para sentirme especial.

Igual que mi novio aguamarino, respetuoso y sin tatuajes, con su perfume Cool Water. Igual que mi vida llena de goteras y la inspiración de algo más.

Y el deseo.

HLa Madre indecorosa

Soy vándala, violenta, sin cultura y con alma impositiva

Por Atsumi Ruelas Takayasu

Es maestra en Etnomusicología y Antropología Social.

Músico de formación y estudiante de Derecho, dedica su trayectoria a la investigación cultural y a la defensa de los derechos de las mujeres atsumi.ruelas@uabc.edu.mx

e leído con detenimiento la reflexión sobre la escultura de La Madre Baja California en el número 49 de Palabra. Comprendo y, en cierto sentido, me conmueve la nostalgia de la estampa familiar que describen: el puerto, el linaje, la mano de la hija señalando lo que considera una belleza universal. Sin embargo, me veo en la necesidad política de dar réplica al texto, no desde la estética del recuerdo individual, sino desde la cruda materialidad de las relaciones sociales que nos atraviesan en este rincón del norte mexicano.

La postura, cargada de una sensibilidad que apela a la “paz” y al “derecho al arte”, incurre en lo que desde el materialismo histórico identificamos como una mistificación de la realidad. Presenta al arte como un territorio neutro, una “zona de paz” ajena a las tensiones de clase y de género, cuando en realidad el espacio público es el escenario principal donde se materializa la ideología dominante. Esa figura de Enrique Avilez, que para algunos es un símbolo de identidad y comunión, para muchas de nosotras es la representación de una feminidad mutilada y pasiva, funcional a un sistema que nos prefiere sin brazos para defendernos y sin rostro para ser nombradas. No hay universalidad en un torso sin extremidades; hay, por el contrario, una reducción biológica de la mujer a la función reproductora y nutricia, una visión que el patriarcado ha canonizado para mantenernos en la esfera de lo privado y lo simbólico, mientras en lo público se nos sigue violentando.

legítima defensa simbólica. No se trata de “vandalismo” ni de una “renuncia a la coexistencia”, sino de una exigencia de justicia que no cabe en los moldes de cortesía ciudadana.

He leído cómo empiezan a citar artículos del Código Civil Penal, al respecto, es fundamental que hablemos con claridad jurídica para desmitificar la criminalización de la protesta. En México, la discusión sobre la iconoclasia ha llegado ya a los tribunales. Diversos criterios de la Suprema Corte de Justicia de la Nación han comenzado a trazar una distinción clara entre el daño a la propiedad con fines delictivos y la intervención de monumentos en el contexto de la protesta social. La Primera Sala ha señalado que el derecho a la libre manifestación y a la libertad de expresión posee una dimensión colectiva que, en casos de graves violaciones a derechos humanos, puede justificar la afectación simbólica de bienes públicos. No es graffiti, es una denuncia de la inoperancia del Estado; no es odio al arte, es la exigencia de que el arte deje de ser un cómplice silencioso de nuestra deshumanización. El valor de la vida y la integridad de las mujeres está, por ordenamiento constitucional y convencional, por encima del valor material o estético de cualquier piedra tallada.

“Esa figura de Enrique Avilez, que para algunos es un símbolo de identidad y comunión, para muchas de nosotras es la representación de una feminidad mutilada y pasiva, funcional a un sistema que nos prefiere sin brazos para defendernos y sin rostro para ser nombradas”

Me resulta contradictorio que hablen de un “derecho al arte libertario” mientras exigen la inamovilidad de una pieza que hoy representa el hartazgo de quienes no gozamos de esa “paz” que describen. La experiencia como mujer de letras y de linaje fundacional en Ensenada es una posición de privilegio que le permite ver belleza donde otras vemos una advertencia. Para una madre que busca a su hija desaparecida o para las mujeres que acompañamos a víctimas y violencias en las periferias de este puerto, esa estatua erigida en un centro oficial no es un punto de encuentro, es un recordatorio de la jerarquía que decide qué cuerpos importan y qué memorias deben ser preservadas.

“La Madre”, están rompiendo la hegemonía de una narrativa que nos ha mantenido subordinadas bajo el mito de la abnegación maternal.

Afirman que la iconoclasia —lo que ustedes llaman “derribar obras” o “apelar contra estatuas”— hace que los movimientos pierdan sus causas. Me permito disentir profundamente. La intervención de los monumentos no es un extravío del camino, es el camino mismo. En un país donde la impunidad es la norma y la violencia contra las mujeres es estructural, la apropiación de los símbolos estatales y artísticos es un acto de

Dicen que quitar o intervenir un monumento no resuelve un conflicto de clase. Tienen razón en parte: la lucha es mucho más profunda. Pero la batalla por los símbolos es parte esencial de la lucha de clases. El sistema capitalista y patriarcal necesita de estos monumentos para legitimar su orden; necesita que creamos que el arte es sagrado para que no nos atrevamos a cuestionar las instituciones que lo sostienen. Cuando las compañeras pintan, intervienen o cuestionan esa figura de

El arte que ustedes defienden como “zona de paz” es, en realidad, el arte legitimado por el poder. El arte que a mí me interesa, y el que defendemos desde la trinchera feminista y marxista, es aquel que no teme mancharse con el conflicto, el que se sitúa en la lógica del genocidio que nos atraviesa y decide tomar partido. Preferimos una estatua intervenida que hable de la rabia de las vivas, a una escultura impecable que guarde silencio sobre nuestras muertas.

Al final, la historia no la escriben quienes contemplan el cielo esperando una sonrisa de bronce, sino quienes, con los pies en la tierra y el puño en alto, deciden que ningún objeto tiene más valor que la dignidad humana. Si sus hijos crecieron admirando esa obra, los nuestros están creciendo aprendiendo que nada es intocable cuando la justicia está pendiente.

Foto: Archivo Enrique Avilez

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