

Luna
EDUARDO POLO
DIBUJOS: CARLOS DEL OLMO GARCÍA
En una noche de luna llena, nació
Luna, un ballenato blanco y negro con una sonrisa enorme.

Su madre, Alba, nacida una mañana limpia de noviembre, nadaba despacio a su alrededor, observando cómo su pequeña se desenvolvía en el agua.
Cuando Luna abrió los ojos solo vio oscuridad y una sombra enorme que se le acercaba.

Estaba aterrorizada. Sin embargo, la sombra tan solo le rozó el costado con suavidad y, entonces, una sensación maravillosa de protección la envolvió. ¿Qué era aquella sombra?

—Luna, mírame, soy mamá. Sube conmigo; quiero que veas algo.
Luna se calmó y siguió a su madre hasta la superficie. ¿Qué era esa luz tan maravillosa?
—Esa luz es la luna. Te llamas así en su honor —le explicó su madre.

Luna nadaba tranquila mientras su madre le enseñaba los secretos del mar.
—Mamá, me duele el estómago —le dijo Luna poco después.
—Acércate a mí y pon tu boca en mi vientre —susurró Alba mientras le enseñaba a alimentarse.
—Mmmmm… ¡Qué cosa más rica!
Pasaron los meses y Luna creció. Ya no se alimentaba del vientre de su madre. Alba le había enseñado que, a partir de ese momento, para que el dolor de estómago desapareciera, solo tenía que abrir la boca cuando viera unas pequeñas luces de colores.

Había cientos, miles, millones de luces, y Luna jugaba a pasearse entre ellas
mientras mantenía la boca abierta y saciaba su hambre.

Días después, mientras remoloneaban entre las olas, Luna gritó:
¡Mamá, mamá! ¡Entran y salen, saltan y vuelan! Yo también quiero…

Alba reía sin parar.
—Son peces voladores, y sus pequeñas alas les permiten flotar en el aire. Pero nosotras podemos hacer otras cosas.
—¿Cómo qué? —le interrogó Luna con la mirada.
—Por ejemplo, podemos hacer competiciones de penachos de agua.
— ¿ C ómo? ¡ Enséñame, por favor! —respondió Luna.
—Haz como que estás enfadada: hincha los mofletes y ahora… suelta el aire por el orificio que tienes en tu cabeza —dijo Alba—. ¡Mira! Mira c ó mo sube el agua. —¡Te voy a ganar, mamá! —rio Luna.
Tras varias rondas divertidas de penachos, Luna se retiró del juego, fascinada por un movimiento inesperado. De pronto, una voz rápida y desconocida la abordó:

¿Tú
quién eres? ¿Eres nueva? No te conozco —preguntaba sin parar un pez al que solo se le veían los ojos y un pico.
—Soy
Luna. Y tú, ¿cómo te llamas?


Luna, una joven ballena, aprende los secretos del mar junto a su madre, Alba. Su infancia tranquila se ve interrumpida por las temidas «sombras» de la superficie, obligándola a separarse de su manada y a buscar refugio entre unos divertidos delfines.
Sola, pero con una nueva valentía, Luna emprende un viaje hacia el sur, explorando paisajes desconocidos. Mientras intenta encontrar su destino, oirá una llamada que la llevará de vuelta a las canciones y a un encuentro inesperado.
Acompaña a Luna en esta conmovedora historia sobre la amistad, el valor y el descubrimiento de su propio lugar en el vasto océano.
Valores implícitos
Esta historia celebra la solidez de la familia y la importancia del compañerismo para superar la adversidad. Luna aprende el valor de la amistad incondicional con Beep y los delfines, experimenta la solidaridad cuando más la necesita y encuentra la alegría incluso en los momentos más oscuros.
En cada ola, el relato subraya cómo crecer en experiencias y valores es la verdadera clave para encontrar nuestro lugar en el inmenso y misterioso océano.
