En la Parroquia de Mater Dolorosa – erigida canónicamente el 9 de noviembre de 1987 – Entre las calles Grosella e Ixcóatl #5613 del Infonavit Aeropuerto C.P 32690 – Tel/Fax. 619-29-22 – facebook.com/ParroquiaDeMaterDolorosa – Año XXXV Número 411
Palabras de Nuestro Párroco: Una obra en tres actos Toda obra teatral tiene una introducción que nos hace prepararnos para entender y disfrutarla mejor. La Semana Mayor tiene también su introducción que es el Domingo de Ramos. Jesús se presenta en Jerusalén para dar inicio a su misión: redimir a la humanidad. Con su entrada triunfal reta y acelera a las autoridades judías a llevar a cabo su decisión de matar a Jesús de Nazareth porque su presencia les era cada día más incómoda, desenmascarándolos como falsos e hipócritas en el desempeño de sus funciones al servicio del pueblo. 1er Acto: Jesús se reúne con sus discípulos para celebrar la Cena Pascual. Se olvida del cordero, que era esencial en la celebración judía, porque Él sería el Cordero de Dios que quitaría el pecado del mundo. Jesús se centra en el pan y en el vino refiriéndose a ellos como su cuerpo y como su sangre, separados el uno del otro significando con esto la muerte que sucedería al día siguiente. 2do Acto: Jesús es tomado preso y torturado hasta hacerlo cargar con la cruz y crucificarlo en el Calvario. Jesús, al estar muriendo, está cumpliendo con su misión de redimir al mundo entero. Es en la cruz donde Jesús cumple con su vocación de Redentor. Muriendo purificó a la humanidad de su pecado, y así cumplió con el encargo que de su Padre había recibido. Fue el día más grandioso de la historia de la humanidad. Es el parte aguas de la evolución del género humano. Antes de este día la humanidad entera estaba sometida al pecado. A partir de este día: Viernes santo, la humanidad quedó bendecida por la gracia salvífica que Jesucristo Nuestro Señor nos alcanzó con su morir en la cruz. 3er Acto: Al tercer día Jesús resucita. Si Jesús no hubiera resucitado, no sabríamos de Él ni siquiera de que había existido, menos de su muerte en la cruz. Su resurrección fue la certificación de que su muerte nos redimió de todo pecado. Que no fue un hombre más que muriera injustamente como tantos que han muerto gratuitamente. Que su muerte nos purificó de la maldad que siempre ha imperado en la historia de la humanidad. Que su muerte nos ofrece la gracia suficiente para vencer toda tentación y vivir como hijos de Dios y alcanzar con nuestra muerte la felicidad verdadera en la vida eterna. Que esta Semana Santa la vivamos intensamente. Amén.
Padre Lozoya