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Cosecha

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Barismo

Barismo

tiva de éxito a través de acumulación de recursos materiales principalmente económicos y de reconocimiento social, han llevado a las nuevas generaciones al desconocimiento total de los recursos naturales que los jóvenes locales pueden asistir y aprovechar. Tal es el caso de los cafetales orgánicos que son mantenidos por los padres o los abuelos de dichos jóvenes. Para mi fue impresionante saber que en Urecho se producía a pequeña escala y con agricultores independientes el café. Aún mayor el impacto en mí fue poder concientizar que en la mayoría de los hogares mexicanos el liquido de color negro que nos incentiva a despertar en la mañana y nos proporciona energía era cultivado ahí, en un lugar no tan lejano de la ciudad, por personas con una visión diferente a las industrias; que optaron por aprovechamiento no por explotación, hacerlo de manera amigable con el ambiente, sin químicos para acelerar el proceso y respetando el ciclo productivo de las plantas.

Tuve la dicha de compartir con los agricultores cafeteros pláticas, comida, experiencia y ser parte del corte de la cereza del café, así como de conocer el proceso que lleva a un fruto a convertirse en una bebida y es parte de nuestro día a día.

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Con esa experiencia se amplió el panorama de mi mente, no solo es tener café en un recipiente de vidrio etiquetado; es beber parte de una planta, sentir la acidez o dulzura de los nutrientes que la alimentan, la cantidad de agua que absorbió durante su desarrollo, sentir todo aquello en su olor, su sabor, en la consistencia de ese precioso líquido. La obtención de un producto tan cotidiano como el café, es tan maravilloso y tan poco valorado en las ciudades, es tan común que no alcanzamos a ver el esfuerzo humano para llevar a cabo su producción, no vemos el trabajo del agricultor, ni las condiciones de vida que lleva. Tampoco apreciamos los nutrientes de los suelos que permiten el crecimiento de la planta, fruto y semilla, no apreciamos a los otros árboles que no tienen un uso comercial, pero a los cafetos les brindan protección ante las condiciones adversas del ambiente, frente a los fuerte vientos, la lluvia, la radiación solar o la erosión. No alcanzamos a percibir como algunos animales como las aves o los mamíferos se alimentan del fruto y distribuyen la semilla ayudando a que las plantas lleguen a otros sitios; como a su vez las plantas de café ayudan a retener el agua de la lluvia y llevarla a los mantos acuíferos, de los cuales obtenemos nuestra agua potable, cómo esta maravillosa planta atrapa en sus raíces los gases de efecto invernadero que calientan nuestra tierra y nos ayudan a disminuir la temperatura en ese sitio. Cómo una planta ayuda a mejorar la calidad de vida de las personas, de forma económica y en el consumo de muchas familias.

Después de sentirlo y vivirlo así, una taza de café nunca será igual para mí, porque por más industrializado que se empeñen las empresas en hacer el proceso de producción de café, siempre habrá tierra, agua, plantas y esfuerzo humano que traten de transmitir un mensaje en ese líquido amargo y cotidiano que conforma nuestras mañanas. Ahora, después de todo eso, quisiera dedicarle unas palabras al café de Nuevo Urecho:

“A ti que permitiste que tus raíces bailaran en los suelos de Urecho, a ti que con las verdes tonalidades de tus hojas atrapas los incandescentes rayos del sol y los transformas en energía y en tu comida.

A ti que alimentas al mundo y a los animales con tus preciosas cerezas guindas, a ti te dedico este homenaje pues has crecido naturalmente entre los cerros en la adversidad y el desconocimiento, de forma inesperada entre la sombra de grandes árboles. A ti que aumentas la diversidad y con tus desechos nutres el suelo, a ti que me has motivado en mis mañanas con tus semillas molidas, que me permitiste ver tus hermosas flores blancas.

A ti que me ayudas en mis desvelos en las interminables noches llenas de trabajo, a ti gracias, por una taza de ti y otro trago. No sufras pues, aunque no todos te conozcan por los que te disfrutamos jamás serás olvidado, vivirás en nosotros, formando parte de nuestro cuerpo y tu aroma en nuestros recuerdos.”

Barbara Michel Vargas González

Un

sorbo a la vidaElcafétieneunahistoriaquecontar, ha recorrido el mundo como si esa misión ha de tener, nunca olvida suorigennisuraíz,ysilohiciera,perderíasuesencia.Sucálido sabor,teconectaalatierraqueessu hogar.Siendomuysimilaraloque los humanos vivimos, andamos sin conectarconlatierra,nuestrohogar, alesosucederperdemoslaesencia, perdemoslaternuraenelandar.El cuidadodelatierraesloquenosalimenta,nosrecuerdanuestrasraícesy vamos viendo la verdad. El café tiene sumagiaycontansolounsorbotelo hará recordar.

Leini

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