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Siembra Tierra, agua y semillas
Creemos en el cuestionamientos de la posibilidad de supervivencia, por lo tanto su calidad de vida y la de los otrxs. Lo cual nos abre interrogantes sobre el sentido del trabajo y el sentido de la relación con la tierra, con los demás seres y con el sí mismo.
Esto implica asumir una posición política ante la tierra que habitamos, ante el agua que nos posibilita la subsistencia como condición humana y las cuales atraviesan las semillas que nos otorgan de energía, para continuar, siendo la semilla del café, transformada en bebida, la segunda más consumida en todo el mundo, la que nos hace transitar la existencia desde otros modos, que no implican la explotación de la tierra, agua y semillas, lo cual en simultaneidad sabemos evita la explotación del ser.
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Esto compone una desviación fundamental, la de no asumir, la de no normalizar las condiciones precarias ante la vida en el campo, sino de implicación en el mismo sentido de la vida misma.
Creemos que frente a una dictadura alimentaria insensata, que decreta sin cesar sentencias de muertes, se requiere de pensar la libertad alimentaria que busque establecer nuevas relaciones o mejor dicho recordar las relaciones propuestas por la sabiduría ancestral de nuestros pueblos originarios entre lxs sujetos, capaces de sostenerse junto a la tierra, el agua y su semilla. La biodiversidad y su valor debe de permanecer en disposición de las comunidades productoras de alimentos, de la semilla del café.
Ante tal panorama, es fundamental inspirarnos y acompañarnos entre jóvenes, como lo hemos experimentado ya en el Valle de Urecho, Michoa- cán, para retomar esa sabiduría ancestral, que nos permite viajar por nuestra autonomía personal y recuperar nuestros territorios geográficos, lo que implica sabernos pertenecientes a un lugar, que esos toca hacerlo hogar y que nos permita disfrutar y no solo explotar. La semilla del café nos ha llevado a pensar estos tres ejes fundamentales para seguir cultivando y cosechando este fruto que ha sido heredado por al menos tres generaciones y que ahora tenemos el reto de seguirlo compartiendo. Cuando decimos “Sin campo no hay café” debemos recordar, que somos nosotrxs esos jóvenes, a lxs que nos han llamado generaciones de cristal, de consumo, los que tenemos no solo el deber sino la oportunidad de transformar el presente y volcar para el futuro, libertad para la semilla del café.
Janis Velázquez