




Bettina Obrecht
Julie Völk
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Bettina Obrecht
Julie Völk

Lóguez


Era domingo por la tarde y allí estaba el Tiempo, sentado cómodamente junto a la ventana, sonriendo.
Al ver entrar a Lara, la saludó tímidamente.
Lara le devolvió el saludo.
El Tiempo y ella eran amigos.
El abuelo estaba sentado a la mesa, leyendo el periódico.
En realidad, estaba haciendo un sudoku.
De vez en cuando resoplaba, porque era muy difícil.
–Y entonces, ¿por qué lo haces? –preguntó Lara, comprensiva.
–Pues para pasar el tiempo.
El Tiempo arrugó la frente.


Mamá y papá salieron de la cocina, se sentaron en el sofá del salón y encendieron la televisión.
–¿Hoy qué ponen? –preguntó Lara. –Un partido de tenis –respondió su madre.
–¿Y es importante?
–No mucho –contestó su padre–, un simple pasatiempo.
El Tiempo, nervioso, empezó a revolverse en la silla.
Lara salió a la terraza, donde estaban sus dos hermanos mayores tomando una coca cola y jugando con los móviles.
–¿Qué hacéis? –les preguntó.
–Aquí, matando el tiempo –respondió su hermana.
–No es más que un domingo aburrido –añadió el hermano sin levantar la vista.

Entonces el Tiempo se levantó y miró a Lara.
–Aquí no me puedo quedar –susurró.
Lara lo entendió perfectamente. ¡Allí todos querían que el Tiempo pasara e incluso matarlo!
El Tiempo miró a su alrededor.
–Entonces me voy –dijo en voz alta.
Nadie le prestó atención, excepto Lara.
Y el Tiempo salió sigilosamente.