La Gualdra 702

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Proyecto Altiplano es una muestra colectiva que reúne tres miradas contemporáneas sobre el paisaje, abordado desde la memoria, la tradición y la experiencia sensible del territorio y estará en exhibición durante la Semana del Arte en Clavo, del 5 al 8 de febrero, en la CDMX. En la obra que presentarán Joaquin Trujillo, Gustavo Villagrana y Juan Carlos Villegas los elementos culturales y los signos tradicionales no responden a una motivación exclusivamente estética sino a sus componentes semióticos, lo que le permitirá al espectador abordar el poder, la comunidad y la memoria desde una perspectiva visual que cuestiona las realidades socioculturales del Altiplano como metáfora de contextos más amplios.

Más sobre “Proyecto Altiplano [Trujillo, Villagrana y Villegas en Clavo Ocho]”, en esta edición.

Francisca Palma. Foto de Alejandra Fuenzalida.
SUPLEMENTO CULTURAL NO. 702 / 3 DE FEBRERO DE 2026 / AÑO 15 DIR. JÁNEA ESTRADA LAZARÍN

702 La Gualdra No.

Hace 22 años que ZSONAMACO -Fundada por Zélika García (México)-inició con sus actividades en la Ciudad de México; durante la Semana del Arte nuevamente articulará la participación de museos, 228 galerías provenientes de 3 continentes, fundaciones y espacios independientes. Esta edición 2026, presenta un programa que reúne arte contemporáneo, moderno, diseño, antigüedades, fotografía y publicaciones, bajo la dirección artística de Direlia Lazo (Cuba); y se celebrará del 4 al 8 de febrero de 2026 en el Centro Banamex. Aquí compartimos la información más destacada que nos envían desde el área de prensa: “Más de 25 exposiciones y actividades se inauguran en museos y galerías, entre ellas destacan intervención coreográfica COLOSOS por Diego Vega en el Museo del Palacio de Bellas Artes; recorrido por las exposiciones Gunther Gerzso: algo en común con el pasado, Botánica de asfalto, Ni origen ni torbellino, Bloque II, Nadie creerá el incendio si el humo no da señales, El aire en forma de huésped, Memorias sonoras de la literatura latinoamericana e Informes aquí y Aproximaciones a un museo metafísico en el Museo Universitario de Arte Contemporáneo (MUAC); exposiciones Mesa de Centro de Cristina Umaña y Cristalización Especular de María Naidich, ambas curadas por Andrea Bustillos, así como Sísifo dichoso de Bosco Sodi, curada por Alberto Ríos de la Rosa en Fundación Casa Wabi Sabino, además de una exposición temática de Gabriel de la Mora en el Museo Tamayo. Esta agenda se complementa con 24 presentaciones dentro del Programa de Conversaciones, entre las que destacan Arte e instituciones: prácticas desde la gestión y la curaduría con la participación de Stefano Collicelli, Simone Krug, Donna De Salvo y Tatiana Cuevas, que abordará los desafíos actuales que enfrentan las instituciones de arte contemporáneo; Intercambios con la participación de Magnolia de la Garza, Gilberto González y Lucía Sanromán, moderada por Aimé Iglesias Lukin, curadora de ZSONAMACO EJES, en donde los ponentes compartirán sus experiencias como agentes y observadores de las escenas del arte contemporáneo global de hoy; Sic itur ad astra. 90 años de la GAM con Daniel Garza Usabiaga, Christian Camacho y Juan Pérez Figueroa,quienes presentarán el catálogo de la exposición que inauguró la celebración de los 90 años de la Galería de

Arte Mexicano, GAM; entre otras conversaciones que reflexionan en torno a distintas disciplinas dentro del medio artístico y creativo. La programación se extiende al espacio público mediante talleres y conferencias con artistas, curadores y especialistas, y propone recorridos guiados independientes que conectan sedes clave de la semana. A ello se suman eventos nocturnos y experiencias especiales que amplían la actividad cultural en la ciudad”.1

Durante la Semana del Arte, que da inicio este miércoles 4, hay otras ferias que también podrán visitarse, como la edición 12 del la Feria Material, enfocada al arte emergente y con sede en Maravilla Studios; Salón ACME, una feria que busca también impulsar a los artistas participantes, con sede en la colonia Juárez; Clavo Movimiento -Clavo Ocho-, que este año celebra su octava edición, con sede en Clavel 54, Col. Atlampa, CDMX; BADA, en Campo Marte; y además un circuito muy amplio de galerías que se suman a la semana de exhibiciones más grande en nuestro país. En estos días se contará con la participación de artistas de prácticamente todos los continentes; y los artistas zacatecanos también tendrán un espacio. En esta edición hablamos de el Proyecto Altiplano, conformado por Joaquin Trujillo, Gustavo Villagrana y Juan Carlos Villegas, quienes participarán en Clavo Ocho; también se presentarán Jorge Ismael Rodríguez -representado por la Galería Ana Tejeda, en el Booth EJ26- y Luis Carrera-Maul -con su proyecto Lagos Plataform, que exhibirá el trabajo de Riley Strom, Jerry McLaughlin y Olga Hilgers en el Booth EJ28- en ZSONAMACO; por su parte, Isis Vargas estará también presente en Salón ACME, en Calle General Prim 30-32, Col. Juárez, CDMX. La próxima semana estaremos compartiendo la información de lo que acontecerá durante esta Semana del Arte. Mientras tanto, deseamos mucho éxito a todos los participantes. Que disfrute su lectura.

Contenido

3 4 5 7 8 6 1 Más información sobre ZSONAMACO: https://zsonamaco.com

y

Jánea Estrada Lazarín lagualdra@hotmail.com

Directorio

Proyecto Altiplano [Trujillo, Villagrana y Villegas en Clavo Ocho] Por Jánea Estrada Lazarín
Las emociones
el cuerpo en la Novela Histórica Por Elsa Leticia García Argüelles
Dr. Atl: el "Médico partero” y biógrafo del Paricutín Por Juan José Romero Martínez
No other choice, de Park Chan-wook Por Adolfo Nuñez J.
La narrativa de ideas de Naguib Mahfuz Por Miguel Cansino Assens

La narrativa de ideas de Naguib Mahfuz

Estuve cavilando inaugurar una lectura en honor de mi ciudad. Sabía que no debía ser una elección al azar. Tenía que reunir indirectamente una mirada a la ciudad y recordar que existen justamente obras literarias que reúnen en sus páginas algo excepcional. Para el 20 de enero de 2026, recuerdo que es la fecha que León cumple 450 años de su fundación, y ese día estuve en el centro histórico y uno de mis recorridos fue sentir la ciudad, con lluvia y frío; quería apreciar su presencia y, para celebrarla, elegí caminar por la tarde sus calles como escenario de miradas por sus edificios y por las plazas llenas de gente y los que curioseaban por los portales o estaban degustando en alguno de los cafés semi vacíos desde donde contemplé su cotidianidad.

Llega un momento en que, como parte de mis lecturas para una biblioteca infinita, pensé que leer una novela es el primer punto de encuentro con la historia y las sociedades que la conforman. Se me vino a la memoria que la ciudad está integrada por barrios, algunos con historia, y pensé en una obra sobre su historia, sus barrios; al poco desistí. Quería más bien que fuera una lectura desde lo literario. Entendía que no hay una novela local que sobresalga. Pero deduje que hay poemas y algunos poetas la han celebrado. Prueba de ello son los versos en el Arco de la Calzada, otros en algún monumento y, para el resto de la ciudad, es silencio. Aunque en el terreno de la poesía tengo indirectamente presente la monumental antología poética de Vicente Quirarte dedicada a la Ciudad de México, y entiendo que algo similar le falta a León. Así que también pensé en una novela, como La vida breve, de Onetti; cualquier otra, La vida inútil de Pito Pérez, de Rubén Romero; una como Rayuela, de Cortázar, etc., escritores que no son de esta ciudad, sino que su novelística es resultado de esa escritura fantástica, que envuelve a las ciudades como expresión viva de sus metáforas.

Pero recordé bajo la tranquilidad de mi mesa en el café, que platicando con Guillermo Sordelo, de forma por demás elogiosa me encargó que un día no muy lejano leyera Hijos de nuestro barrio. Me aseguró que era una de las novelas que más ha disfrutado, junto con la de Proust: En busca del tiempo perdido, y El cuarteto de Alejandría, de Durrell. Aseguró que la lectura del escritor egipcio Naguib Mahfuz iba a dejar sentir esa oportunidad de disfrute, reconocer su maestría, gozar el lenguaje y

sus metáforas.

Y más tarde fui en busca de un ejemplar. Azar o destino. Pasé a visitar la mítica librería Alexandría que atiende la poeta Vianey Pilar, autora de Visitaciones (Ibis Tipografía, 2026). Encontré en uno de sus estantes la edición de 1989, que publicó Alcor en su colección de narrativa “Las otras culturas”, la misma que salió un año después de que su autor recibiera el Premio Nobel de Literatura. Observé sus detalles: la portada, contraportada, las solapas que incluyen una breve reseña y los datos sobre su autor, que siempre son carta de presentación. Al instante leía: “Quien desee leer una novela árabe encontrará en Mahfuz el mejor representante de los escritores de este mundo. Sus obras son sociológicas, realistas, en definitiva, clásicas”, de Tahar Ben Jelloum, quien reflejaba con precisión sus palabras y quien ya fuera merecedor del Premio Goncourt; continuó la exploración con P. Stewart: “Apenas existen en la literatura mundial novelas con que paragonar esta obra notable, que guarda reminiscencias con Vuelta a Matusalén de G. B. Shaw, Cristo de nuevo crucificado de N. Kazantzakis o Rebelión en la granja, de G. Orwell”. Así como las palabras claves para la lectura del mismo autor: “Prohibieron este libro acusándome de haber escarnecido al Profeta. Me impidieron la más mínima reacción. Y, a pesar de que Egipto goza hoy de una formal libertad de expresión, oficialmente la prohibición no se ha levantado”. Al mismo tiempo, definitorias, estas palabras me re-

velaron que había dado el primer paso decisivo: leer por lo menos con esta antesala la obra ya clásica del escritor egipcio que, prohibida, fue la revelación entre lectores exigentes; prueba de ello era que bien podría reflexionar con más precisión sobre su título, el nombre de su autor y redondear el tema con estas palabras. Pero falta otro dato: leer y sentir sus páginas, terminar por confirmar o atinar en la elección con estos juicios redondos y perfectos. Así como explorar esas palabras: la reseña continúa alrededor de la novela, su contenido y los temas que encierra la pluma de su autor en un asunto tan demoledor como lo religioso y los sentimientos de vida trágica en un país que, es verdad, tiene su fuente en las tradiciones del mundo árabe y el radicalismo islámico y la aspiración de estos países de donde es su autor por preservar su ortodoxia religiosa. Aseguran que su autor había lanzado un desafío e inmediatamente Mahfuz vio prohibida su novela en su país, y se asegura que 30 años después (1989), aun cuando había merecido el Nobel, la prohibición seguía vigente. Pero la apariencia de su obra histórica no podía ser más sencilla: un padre longevo, quizás eterno, que se ha aislado en su Casa Grande tras dejar unas tierras para el común beneficio de todos sus descendientes, a quienes expulsó un día de su jardín espléndido. Pero hay que dar el salto en la genealogía de la familia y los descendientes entre hijos malos y buenos: “El lector deja muy pronto de hacer una lectura rasa y se entrega al juego

de la alegoría”. Precisa indicios, que ya más o menos se habían logrado clarificar: “Gábal es Moisés, Rifaa es Jesucristo, Qásim es Mahoma, Arafa el cientificismo… y el conjunto, la historia de la humanidad, planteada con una forma especial de simbolismo y el característico sentido crítico de Mahfuz, que en 1963 declaraba haber hecho en Hijos de nuestro barrio al revés que Jonathan Swift en sus famosos Viajes de Gulliver: ‘Él criticó la realidad por medio de un cuento y yo he criticado los cuentos al revés de la realidad'”. No obstante, esta breve síntesis refleja que hay que compartir algo más: beber la belleza literaria de sus páginas.

Ya se vislumbra qué depara la lectura: se intuye muy interesante; lo que sí es que me llegan como en cascada los datos sobre el autor, el nombre de la colección y su significado y, al lado de ésta, las demás colecciones de la editorial Arcor. El resumen sobre el autor es que nació en 1911 y mereció el Nobel de Literatura en 1988. Entonces tiene 77 años. Murió en agosto de 2006, a los 94 años. En lengua española, al año siguiente, en 1989, el Nobel recae en un escritor de lengua española, Camilo José Cela, y hay que recordar que en 1990 el español de Cervantes es premiado con la designación un tanto inédita al reconocer a la obra del poeta y ensayista mexicano Octavio Paz. Dos autores del mismo idioma en un mismo periodo: inédito. Pero para un lector alejado de la cultura árabe y de los temas que escriben sus novelistas, es precisa la nota preliminar que al frente pone la editorial y hace notar que su autor en 1952 había dejado de escribir, un lustro más tarde la retoma y publica en 1959 por entregas esta novela, “donde, bajo la apariencia de un ingenuo relato sobre la pequeña historia de un barrio en El Cairo, a finales del siglo pasado, plantea el gran problema, también cotidiano y aún sin resolver, de la jerarquización social, del poder y el orden en el mundo, sujeto a intermitentes propuestas idealistas de mejora, acosadas por la degradación, una tras otra”. Se asegura que era esta novela una crítica “excesiva” para el ambiente de entonces, pero la obra iba apareciendo por entregas en un periódico semioficial, y sólo logró publicarse como libro en Beirut, en 1967. Para rematar que “esta novela es una pieza clave dentro de la interesante producción mahfuziana, como gozne entre su anterior ‘narrativa de vida’ y su siguiente ‘narrativa de ideas’”.

León, 26 de enero de 2026.

Proyecto Altiplano [Trujillo, Villagrana y Villegas en Clavo Ocho]

Joaquin Trujillo, Gustavo Villagrana y Juan Carlos Villegas conforman el Proyecto Altiplano con el que participarán en la edición 8 de la feria de arte Clavo Movimiento -mejor conocida como Clavo Ocho-, una plataforma constituida colectivamente con el objetivo de reunir propuestas con narrativas estéticas que aborden diferentes manifestaciones artísticas y conceptuales.

Altiplano participa en la convocatoria de Clavo con un proyecto que reúne el trabajo de estos tres artistas zacatecanos. El nombre fue tomado por este colectivo porque Zacatecas está justamente ubicado en el Altiplano Mexicano, junto con otros estados como Coahuila, Durango, San Luis Potosí, Guanajuato, con los que Zacatecas comparte similitudes climáticas, geográficas y culturales. En la obra de los tres hay coincidencias sobre todo en cómo han abordado en sus distintas colecciones la semiótica del paisaje.

Trujillo es originario de la Ermita de Guadalupe; Villegas de Potrero de Gallegos; y Villagrana de Calerilla, comunidades que pertenecen a los municipios de Jerez, Valparaíso y Zacatecas, respectiva-

mente. Los artistas partieron de esta primera coincidencia y desarrollaron un proyecto en el que la tradición, la memoria y el paisaje se articulan para estructurar, además de los múltiples significados visuales, una serie de conexiones entre la identidad individual y colectiva.

Joaquín Trujillo ha explorado en sus exposiciones temas como la tradición y el poder simbólico de los elementos culturales donde el cuerpo, la figura y la memoria ritual se convierten en signos potentes; recrea imágenes derivadas de tradiciones y fiestas populares para interrogar jerarquías culturales y narrativas de identidad en co-

munidades de esta región geográfica, confrontando las estructuras de poder. En su trabajo el paisaje es símbolo de tránsito y transformación.

La obra de Gustavo Villagrana se enfoca en propiciar la reflexión sobre la existencia humana en diferentes contextos. En su trabajo también hay un interés por representar grietas conceptuales, cuestionar las estructuras sociales, explorar las tensiones del poder, la vulnerabilidad y la experiencia humana; en su propuesta combina simbología, objetos y materiales para analizar también las relaciones entre jerarquía y deseo. El paisaje y los objetos simbólicos en la obra de Villagrana cuestionan lo establecido.

Por su parte, Juan Carlos Villegas ha recurrido al paisaje como un dispositivo para que sus personajes -reales y ficticios- funcionen como símbolos de memoria, migración y nostalgia; hay en su trabajo plástico la tendencia a evocar la melancolía, soledad e incluso la fractura social de las comunidades rurales a causa de la migración o la violencia; en este sentido, el paisaje funciona como esce-

Gustavo Villagrana
Juan Carlos Villegas
Joaquin Trujillo

nario en el que se sostiene y cuestiona la presencia humana y las huellas que va dejando.

En la obra que presentarán en Clavo, el paisaje, los elementos culturales y los signos tradicionales no responden a una motivación exclusivamente estética sino a sus componentes semióticos, lo que le permitirá al espectador abordar el poder, la comunidad y la memoria desde una perspectiva y narrativa visual que cuestiona las realidades socioculturales del Altiplano como metáfora de contextos más amplios.

Proyecto Altiplano es una muestra colectiva que reúne tres miradas contemporáneas sobre el paisaje, abordado desde la memoria, la tradición y la experiencia sensible del territorio y estará en exhibición durante la Semana del Arte en Clavo, del 5 al 8 de febrero, en Clavel 54, Col. Atlampa, Ciudad de México.

Arte

Las emociones y el cuerpo en la Novela Histórica

Las autoras trazan mapas, geografías humanas y ficcionales para dar vida a imágenes vivas en torno al cuerpo y las emociones. Encuentro una veta prolífica desde las escritoras en el siglo XIX, las teorizaciones sobre la novela histórica, la construcción de la memoria, las identidades, la perspectiva de género, y las corporalidades, conceptos que he revisado a lo largo de varios trabajos en torno a figuras como La Malinche, Leona Vicario, Sor Juana Inés de la Cruz, Isabel de Moctezuma, Frida Khalo; así también, autoras como Gertrudis de Avellaneda, Carmen Boullosa, Laura Esquivel, Mónica Lavín, Laura Martínez Belli, entre muchas otras.

Las figuras de mujeres de la Historia de México que han sido nombradas, valoradas, y rescatadas por otras mujeres que escriben desde la historia, la ficción literaria, y los estudios de crítica. Las narrativas literarias seducen al lector/a y crean

un puente entre “la verdad” de los hechos y la “verdad” de los afectos y las emociones (sentir miedo, sentir dolor, sentir tristeza, sentir vergüenza), pues la subjetividad de las protagonistas crea fisuras en su transformación y en sus agenciamientos entre lo oficial y su propia libertad. Begoña Barrera y María Sierra comentan que hay emociones permitidas culturalmente, y hay otras sancionadas, es decir, hay un trasfondo social, cultural, e histórico que legitima o desestima las formas de sentir, en este caso, para dar vida y libertad a una protagonista ficcional:

En esta búsqueda de libertad, los individuos pueden encontrar eventualmente lo que Reddy denomina “refugios emocionales”, una relación, ritual u organización formal o informal que proporciona cierta libertad a los individuos, porque supone la relajación de las exigencias emocionales de un ré-

gimen/sistema emocional. En oposición a la libertad emocional, el “sufrimiento emocional” sería el resultado de la imposición de un estilo sentimental restrictivo, que impide a los individuos que viven bajo su normativa transitar hacia otros o maniobrar entre varias opciones afectivas, por quedar siempre sujetos a un patrón que no les permite el autoconocimiento y que coarta sus opciones de construirse más allá de lo que pudiera considerarse –no sin problema–, el “repertorio emocional oficial”.1

Escribir sobre mujeres conlleva a reflexionar sobre el lugar que han tenido en la historia y en la historiografía literaria, pues en ambos han estado a la saga; no obstante, desde la segunda mitad del XX, no se puede hablar de una marginalidad. Las editoriales reciben y promueven libros que suscriben lo “femenino”, a veces con claras subversiones, y en otras, con un acento conservador y oficial, tanto en formas literarias como ideológicas.

En la literatura y en la historia se han edificado figuras célebres reconocidas, rescatadas, o mediatizadas por alguien más para ser vistas y leídas, al igual que sus imágenes y sus biografías. En las últimas décadas, se aprecia la lectura crítica de sus biografías y de sus transformaciones como sujetos históricos para humanizarlos/as y desacralizar la mitificación, ya sea negativa o positiva, en medio de estructuras de poder y del discurso patriarcal.

Es importante registrar que los gestos, las emociones, y los afectos posibilitan humanizar su experiencia, pero también pueden generar representaciones estereotipadas, tanto en lo literario como en lo histórico. En el plano de las emociones y la historia, advertimos cómo han permeado diferentes disciplinas y cómo han aportado a los estudios de la Historia y el género, lo que ha provocado reflexiones vitales entre ambos discursos: el literario y el histórico.

*Doctorado en Estudios Novohispanos. Universidad Autónoma de Zacatecas. México.

Mujer joven leyendo, 1840, grabado por Dubule. Biblioteca de Artes Decorativas, París, Francia

Cómo nace y crece un volcán. El Paricutín 1943-México-1950.

Gerardo Murillo nació en 1875 en Guadalajara. Adoptó el nombre artístico de "Atl", una palabra náhuatl que significa agua y, a nivel simbólico, vida y nacimiento. El poeta Leopoldo Lugones, al enterarse de que Murillo se había doctorado en filosofía, le sugirió que "Atl" era muy simple y que debía llamarse "Dr. Atl". Este nombre artístico, resaltaría su labor como pintor, escritor y vulcanólogo.

El impulso de creación en el Dr. Atl lo llevó a desarrollar los Atl-color, una técnica innovadora compuesta por tintes secos de resinas y pigmentos aplicables sobre tela, papel o roca. Esta

Dr. Atl: el "Médico partero” y biógrafo del Paricutín

versatilidad le permitía trabajar con intensidades cromáticas vibrantes y contrastes dramáticos, la solución perfecta para capturar los caprichos topográficos del paisaje.

El testigo del parto geológico

En la tarde del 20 de febrero de 1943, en los campos de Michoacán, el suelo de un sembradío de maíz comenzó a temblar. De una grieta brotó humo gris, luego ceniza caliente, y finalmente rocas incandescentes. Para la medianoche, donde antes había un campo plano, ahora se erguía un cono de más de diez metros de altura.

Si bien muchos periodistas y científicos, tanto nacionales como extranjeros, llegaron a atestiguar este evento, las crónicas y documentación científica-artística del Dr. Atl es una de las más destacadas por su nivel de detalle y profundidad simbólica.

Atl no observó el volcán a distancia, decidió cambiar de residencia para atestiguar este fenómeno y se mudó a Pantzingo, muy cerca del volcán Paricutín y del poblado de Nuevo San Juan Parangaricutiro (antiguamente San Juan Parangaricutiro, afectado por la lava). Cabe destacar que la formación

del Paricutín fue lenta, no hubo víctimas humanas directamente, y el pueblo de San Juan Parangaricutiro pudo ser desalojado.

Al cumplir su primer año, el Paricutín había alcanzado 336 metros de altura. A veces explotaba con furia; otras, la lava fluía pausadamente, metro a metro se estaba transformando el paisaje y la vida de la región. Luego de nueve años, en 1952, el volcán entró finalmente en reposo, su cono alcanzaba los 424 metros. Atl había presenciado el ciclo completo: nacimiento, crecimiento, y el silencio final. Dr. Atl publicó Cómo nace y crece un volcán: El Paricutín (1950), dejando un testimonio único y profundo sobre un fenómeno natural que rara vez se concede al ojo humano. En ese entonces era el volcán más joven del mundo y a lo largo del libro, Atl describe con precisión y sensibilidad el surgimiento del Paricutín, desde sus primeras grietas en la tierra hasta la consolidación del cono volcánico, registrando no sólo datos geológicos, sino también la violencia, el asombro y la transformación del paisaje. Su escritura combina observación científica, experiencia directa y mirada

artística, convirtiendo la erupción en un relato vivo.

El Dr. Atl tenía una larga experiencia siendo paisajista, pero ver nacer del Paricutín fue un parteaguas en su carrera como pintor. El nacimiento de un volcán es violento y luminoso al mismo tiempo. No es un acto silencioso ni ordenado. Precisamente usando los Atl-color pudo representar esa dualidad que busca la intensidad emocional del fenómeno. Gracias a esto, sus textos y cuadros se convirtieron en una de las primeras formas de divulgación científica sensible en México.

Hoy, el Paricutín duerme. Sigue siendo uno de los volcanes más jóvenes de la Tierra y su memoria quedó fijada en la obra del Dr. Atl, que puede admirarse en el Museo Nacional de Arte (MUNAL), pero también permanece viva en el territorio: en Michoacán es posible caminar sobre la lava solidificada, observar el cono volcánico y ver las ruinas de la iglesia de San Juan Parangaricutiro emerger entre las rocas, una oportunidad para vivenciar lo que en algún momento inspiró al partero y biógrafo del Paricutín.

Gerardo Murillo (Dr. Atl) realizando una de sus pinturas en plena actividad del volcán Paricutín, en 1943
Gerardo Murillo, Dr. Atl. Fumarola del Paricutín. 1943. Colección MUNAL

No other choice, de Park Chan-wook

En el año de 1997, el escritor norteamericano Donald Westlake publicó la novela El Hacha (The Ax), que presenta la encrucijada de un hombre quien, después de perder su trabajo, y ante la incapacidad de conseguir uno nuevo que le planteé la misma estabilidad económica, toma la decisión extrema de eliminar a su competencia con tal de alcanzar el puesto soñado.

Las características de este relato se han vuelto tan atemporales, así como universales, que casi treinta años después de su publicación, el legendario cineasta Park Chan-wook (Oldboy, 2003; The Handmaiden, 2016) adapta la novela de Westlake, situándola en el contexto socioeconómico de Corea del Sur durante la actualidad, donde el trabajo tiene una fuerte carga tanto de estatus como de identidad. Dicho de otra manera, dentro de la cultura surcoreana, si no tienes un trabajo, no eres nadie.

No other choice / La última opción (2025) sigue la historia de Yoo Mansu (Lee Byung-hun), un hombre de mediana edad quien, luego de trabajar durante veinticinco años en una fábrica de papel, es despedido cuando dicha empresa es adquirida por nuevos dueños, originarios de Estados Unidos.

Luego de tres meses sin conseguir un trabajo igual

de estable, el desempleo del protagonista empieza a generar estragos no sólo en su persona, también en el resto de los integrantes de su familia. Así, cada día que avanza esa fortaleza que es su hogar empieza a mostrar más y más grietas. Y aunque es un hecho que ninguno de sus familiares terminará en la calle, sí tendrán que adaptarse a vivir sin algunas de las comodidades que antes habían adquirido.

Mansu no está dispuesto a darse por vencido y, tras varias entrevistas fallidas en otras compañías de papel, resolverá que la única opción viable con la que cuenta es llevar el sistema de eliminación de personal a un plano mucho más literal, asesinando al resto de los candidatos que le puedan ganar en la carrera.

Fiel a su estilo particular, el surcoreano utiliza diversos recursos cinematográficos a lo largo de la narración, que van desde suntuosos juegos de cámara, planos detalles alucinantes, un sinnúmero de planos imposibles, hasta transiciones aceleradas y abruptos cortes de escena. Todos estos elementos convergen bajo una edición de ritmo trepidante que subvierte las expectativas de la audiencia de manera continua.

En un punto medio entre el drama criminal y la comedia negra, entre lo absurdo y lo brutal, el realizador reflexiona en torno al concepto del capitalismo salva-

je y cuáles son los límites que dicho sistema les obliga a traspasar a aquellos individuos que se han quedado fuera de él, así como lo que están dispuestos a hacer para volver a reintegrarse dentro del mismo.

De igual manera, No other choice medita respecto a la despersonalización del individuo dentro del ámbito laboral y el modo en el que está diseñada para extenderse hacia los pares o iguales. Mientras se embarca en su extraña y violenta odisea, Mansu descubre, a manera de reflejo que, como él, sus competidores también son víctimas de las mismas fallas del sistema y que experimentan las mismas angustias y dolencias, productos de su fracaso como principales proveedores y jefes de familia. El filme de Park logra ser, a la vez, tan gracioso como abrumador, y nunca es cruel con sus personajes en un sentido gratuito. No hay una gran revelación ni un triunfo en las acciones de Mansu, quien sólo trata de sobrevivir como una pieza más dentro de la enorme maquinaria de la que forma parte. Esa destrucción de la moral y de la autonomía en un sistema cada vez más automatizado no es una verdad fácil de digerir, pero Park Chan-wook es capaz de enfrentarla con entereza, provocación y libertad, demostrando una vez más porqué es uno de los mejores cineastas del mundo.

Fotogramas de No Other Choice de Park Chan-wook.

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