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Primer domingo de cuaresma

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C. Permanente

Orar en el mundo obrero

1ª Semana de Cuaresma C 2013

ORAR EN EL MUNDO OBRERO 1ª SEMANA DE CUARESMA (17 de febrero 2013)

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La tentación de renegar de Dios se plantea en el terreno del poder temporal (política), y luego en el del dinero (economía). Pero Jesús no es alguien que cambie de bando o que juegue a dos cartas. Jesús vomita a aquellos que se sirven de la política o la economía en beneficio propio. VER Miremos una vez más nuestro querido mundo. ¿Qué vemos? Una „indecente‟ desigualdad global, una infame distancia cada vez mayor entre las rentas y las riquezas de una minoría y la de las mayorías sociales. ¡Qué nauseabundo es todo esto! Consideremos a 100 personas, que están colocadas en una escalera con cien peldaños. En el peldaño de abajo se coloca a la persona más pobre; en el segundo a la que es menos pobre que la última pero más que la tercera, etc. El peldaño superior es para la persona más rica de la escalera. Y consideremos una renta de 1000 euros. Pues bien, si lo he entendido bien, cosa que no es segura, para alcanzar el 20% de esa renta, es decir, 200 euros, tengo 5 maneras de conseguirlo: coger la renta de las 77 personas que ocupan los peldaños que van del más bajo en el suelo hasta el que hace 77 precisamente. O bien coger la renta de las 12 personas que van del peldaño 78 al 89. O bien a las 5 personas y media que van del peldaño 95 y medio. O bien, a las 3 personas y media que van del peldaño 95 y medio al 98. O bien a la persona y ¾ de persona que ocupa el escalón 99 y 100. Se trata de una aproximación tosca, como tosca es la sociología funcional que trata de estos temas. Pero podemos hacernos una idea. El numerosísimo grupo de las 77 personas conforman lo que llamamos pobres y trabajadores precarios mal retribuidos. El siguiente grupo de los 12 no son pobres, pero están por debajo de la renta media. El grupo de las 5 personas y media son las que están al medio. El grupito de la 3 personas y media constituye la típica clase media-alta. Y el grupúsculo “insano” de la escalera que está arriba de todo, es lo que se llama de modo rimbombante, la elite mundial. No hay una clase media global. Existe una tremenda capa pobre, baja o trabajadora precaria de más de las tres cuartas partes de la población mundial (77%), una minoritaria clase trabajadora medio-baja (15%), una clase media-media y mediaalta de apenas el 6,2%, y las capas altas, las élites poderosas y ricas son el 1,75%. Aterricemos: ¿Cómo se da esta desigualdad en tu geografía cercana? Si no lo conoces, ¿a qué se debe? Otra reflexión pertinente para nosotros: los integrantes de la rimbombante elite mundial se llevan a


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casa la riqueza, pero al hacerlo ¡no le han aportado nada más que angustia e inseguridad al resto, es decir, a esa cantidad de pellejo prescindible que formamos los otros individuos de la tierra! Sencillamente, la mayoría de los ciudadanos no se ha beneficiado del crecimiento del país. ¿Qué te parece? ¿Vamos a dejar que continúe la farsa neoliberal? ¿Vamos a quejarnos simplemente? El buen “rollo” de la posición liberal sobre la justicia dice así: “hay que admitir la desigualdad social siempre que ésta lleve aparejada una mejora de los sectores más desfavorecidos, aunque pueda dar lugar a una desigualdad creciente y muy amplia, en la que las ganancias adicionales recaigan desproporcionadamente sobre los ricos, siempre, −eso sí, repetimos−, que se produzca alguna ganancia, aunque sea muy modesta, en la 2 renta de los pobres”. En „román paladino‟, “ante la abundancia y el crecimiento de la tarta a repartir (época de bonanza económica o vacas gordas) siempre se deja algo para los pobres, que mejoran respecto a su situación anterior, mientras la distribución principal y cada vez más acumulativa y distanciada respecto de las capas bajas, se realiza en la cúpula económica y, parcialmente, entre las clases medias ascendentes”. Esa „justificación‟ hacía que en la etapa anterior de crecimiento económico, al mejorar la situación de las personas pobres, la desigualdad se pudiese ver como un mal menor y transitorio justificable. ¿Nada que decir ante ello? No sé, pero este «fariseísmo del „corbán‟» (Mc 7), no le hubiese gustado a Jesús. Y tú, ¿qué piensas? (Para saber lo del Corbán lee, por favor a Mc 7, 1-13) Lo anterior se puede decir con lenguaje políticamente correcto así: “Con la actual crisis, amplios sectores sociales, incluidas capas medias, han visto descender sus condiciones de vida y sus derechos sociales y laborales, y rebajar su estatus, con menos inclusión y participación democrática y con deterioro de su capacidad de influencia en la representación política y las grandes instituciones. Todo ello agrava la situación de desamparo, la conciencia ciudadana de injusticia y la deslegitimación social de los grandes poderes económicos y políticos”. Mirándonos sin contemplaciones a nosotros mismos: ¿Cómo se percibe en tu mundo cercano este “descenso” y a qué reacciones está llevando?

AHORA I Este tiempo presente es maravilloso don de Dios. Y puedo emplearlo en OBRAR bien o mal. En labrar mi justificación o mi maldición. También puedo emplearlo estúpidamente extasiándome ante las grandes cosas que hubiera podido hacer en tiempos pasados si… las hubiera hecho cuando era tiempo; o planeando las maravillas que haré en tiempos futuros si todos me comprenden y me ayudan. Y mientras tanto… el tiempo presente −el único del que se me pedirá cuenta− pasa absurdamente en la inacción y la esterilidad… Ahora bien, si trabajo –o quiero trabajar−


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para la gloria de Dios únicamente, tengo que poner grandísimo cuidado en una sola cosa: hacer su voluntad y no la mía. Si hago en VERDAD la voluntad de Dios… ¿qué preocupaciones puedo tener? ¿Qué incertidumbre me puede embargar? Nunca puedo fracasar, pase lo que pase.

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II AHORA es el tiempo de ACTUAR. AHORA es el tiempo de los TESTIMONIOS, y no de las apologías. AHORA es el tiempo de mirar, no lo que hago, sino CÓMO lo hago. AHORA es más importante estar en los Sectores para el servicio de Dios, que hacer cosas muy destacadas por mi capricho. AHORA es el tiempo que me da Dios –con su gracia− para santificarme. Nadie pudo ni podrá santificarse en pasados ni futuros. AHORA los obreros incrédulos necesitan ver brillar en otros obreros la antorcha de la fe. AHORA conviene que realice buenas obras, para que sea alabado el Padre que está en los cielos. AHORA es uno de los dos momentos fundamentales de la vida; el otro es el de la muerte… …y AHORA soy responsable de la HOAC. (Boletín Marzo 1948)

EVANGELIO (Lc 4,1-13) Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán y el Espíritu lo fue llevando 2 durante cuarenta días por el desierto, mientras era tentado por el diablo. En todos aquellos días estuvo sin comer y, al final, sintió hambre 3 Entonces el diablo le dijo: «Si eres Hijo de Dios, di a esta piedra que se convierta en pan». 4 Jesús le contestó: «Está escrito: "No solo de pan vive el hombre"». 5 Después llevándole a lo alto, el diablo le mostró en un instante todos los reinos del mundo 6 y le dijo: «Te daré el poder y la gloria de todo eso, porque a mí me ha sido dado, y yo lo doy a quien quiero. 7 Si tú te arrodillas delante de mí, todo será tuyo». 8 Respondiendo Jesús, le dijo: «Está escrito: "Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto"». 9 Entonces lo llevó a Jerusalén y lo puso en el alero del templo y le dijo: «Si eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo, 10 porque está escrito: "Dará órdenes a sus ángeles acerca de ti, para que te cuiden", 11 y también: "Te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece contra ninguna piedra"». 12 Respondiendo Jesús, le dijo: «Está escrito: "No tentarás al Señor, tu Dios"». 13 Acabada toda tentación, el demonio se marchó hasta otra ocasión.


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Explicación en dos círculos

I. Los cuarenta años en el desierto fueron para el pueblo un tiempo de castigo y de prueba (Dt 8,2). En este mismo sentido, Lucas comprendió los cuarenta días de Jesús en el desierto como un tiempo de prueba según la tradición, pero además como un tiempo de toma de conciencia existencial concedida por el Espíritu y por el testimonio de las Escrituras. (Hay aquí una llamada a un conocimiento profundo de la Biblia) La tentación no consiste tanto en una falta moral como en una infidelidad a Dios. Es una “realidad oscura” con la que hemos de contar. ¡Cuanto antes nos despojemos de un optimismo fácil, tanto mejor! En el Padrenuestro aprendemos a pedir: “no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal”. 4 El hambre de Jesús. El «pueblo de Dios» (con miedo aún a la libertad) sucumbió a la tentación en el desierto al pie de la montaña; Jesús permaneció en la fe. Leer Dt 8,2-5. Al contrario que el pueblo de Israel, Jesús sale victorioso de la prueba y no echa de menos el pan (de la esclavitud) de Egipto. El maná (pan del milagro) que aquí rechaza será un día su cuerpo triturado en sacrificio por el Reino (¿no es este el significado de ser “hijo de Dios”?). Con su entrega hará posible que el pan sea compartido y repartido para todos los pobres de la tierra. ¡Bendita eucaristía que nos convoca y provoca al hambre y la sed de justica! Para un cristiano, la propia hambre es una cuestión material; incluso puede ser, en cierto modo, un bien entre tanta comida basura. Pero el hambre que padecen los otros, es una cuestión espiritual. Que mueran de hambre tantas personas cada día ¿no pone en entredicho nuestra supuesta fidelidad a Dios? Sólo un compromiso radical en contra de este sistema miserable podrá quitarnos el sonrojo que pesa sobre nosotros, habitantes del Norte. El poder de Jesús. El diablo, −de acuerdo con el pesimismo de Lucas− revela que el poder político sobre los reinos de la tierra está en sus manos. Es decir, los príncipes no reciben su poder ni de Dios ni del pueblo, sino del diablo. Se inclinan por tanto ante el diablo y no ante Dios. O, por decirlo en términos no mitológicos, ejercen su poder en su propio interés y no como un servicio a los demás. De todas maneras, sabiendo que el diablo es un mentiroso, no todo está perdido… El diablo le pide a Jesús que lo adore, es decir, que lo considere, frente a Dios, como un poder alternativo. La tentación de renegar de Dios se plantea en el terreno del poder temporal (política), y luego en el del dinero (economía). Pero Jesús no es alguien que cambie de bando o que juegue a dos cartas. Jesús vomita a aquellos que se sirven de la política o la economía en beneficio propio. La propaganda de Jesús. En el recinto del templo, en lo más alto, acaece Interpretación diabólica de la Escritura: se usa la Escritura sin comprenderla, se la manipula en beneficio propio. La interpretación auténtica de la Escritura pasa por la cruz, por el propio sufrimiento en el seguimiento fiel de Jesús. Pasa por cumplir la voluntad de Dios que quiere que el pobre viva, aunque me cueste la muerte, como a Jesús. II. El episodio de las tentaciones intenta corregir una idea equivocada de la misión de Jesús como “Hijo”. Durante su ministerio público la gente le “tentó”, le pidió a Jesús que hiciera una obra prodigiosa (¿el mesías como una especie de Superman? ¡Qué difícil nos es un


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Dios que se hizo humano con todas las consecuencias!). El único signo que Jesús les ofreció fue su fidelidad absoluta al Padre. Jesús fue tentado. “Porque no tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que ha sido tentado en todo de la misma manera que nosotros, excluido el pecado” (Heb 4,15). “Puede tratar con paciencia a los ignorantes y extraviados, ya que él mismo está sujeto a las debilidades humanas.” (Heb 5,2). “Por haber sufrido él mismo la*tentación, puede socorrer a los que son tentados.” (Heb 2,18). ¿Podemos considerar las tentaciones de Jesús como símbolo de la seducción que encerraba la hostilidad, la oposición e incluso el rechazo que él mismo tuvo que afrontar continuamente durante su ministerio público? La oposición era tan fuerte, que Jesús se vería continuamente tentado a usar su “exousía” (poder) para vencerla. ¿Tentación de Jesús o tentación concebida 5 los discípulos, poniéndose en la piel de mesías? por El marco que unifica las tres escenas lo forman tres citas del Deuteronomio (Dt 8,3; 6,13; 6,16). Concretamente los pasajes donde se recuerdan los tres momentos del éxodo, en que Israel, durante su peregrinación por el desierto, fue puesto a prueba y falló. La 1ª tentación: el maná que Israel recibió en el desierto, cuando pasó hambre, fue signo de su desconfianza en Dios (pan sin justicia). La respuesta de Jesús es la del hombre fiel a Dios desde su libre humanidad (pan y justicia para todos). La 2ª tentación: Moisés pone en guardia al pueblo de Dios sobre la seducción que van a ejercer sobre él los cultos cananeos, y le intima que no se deje arrastrar por dioses extraños o ponga su confianza en poderes extranjeros. Pero Israel se postró ante los ídolos de los pueblos (como nosotros ante el ídolo dinero). Jesús sólo adora y solo obedece a Dios, y es su Reino al que va a entregar su vida para que se implante en esta bendita tierra (primer mandamiento y mandamiento nuevo). 3ª tentación: Israel se careó con Dios, le exigió, lo tentó con sus exigencias insolentes. Jesús jamás obligará a Dios a que haga su voluntad (“¡hágase tu voluntad, y no la mía!”), pues el verdadero creyente es el que hace siempre la voluntad de Dios, en la salud y en la enfermedad, en el éxito y en el fracaso… El verdadero creyente no es una persona de caprichos e impertinencias. En cada una de las escenas Jesús vence las tentaciones con una cita de las Escrituras. La figura de Jesús es la de un vencedor, porque va “armado” con la “espada del Espíritu, es decir, la Palabra de Dios” (cf. Ef 6,17). Atención, sin embargo, a la utilización “diabólica” de la Escritura, es decir, su utilización para defender una vida opuesta al evangelio del Reino. LA VERDAD DE LOS QUE SOBRAN No se ve la prosperidad de una familia por las apariencias desplegadas en la fachada de la casa. El frente se decora con la rapidez de un espectáculo que cambia de escenario. El basurero despreciado, en la puerta del servicio, es mucho más veraz. Él te dirá cómo viven: si solo tiran cáscaras de papas o colas de langosta, revistas de lujo o el diario vespertino; si desechan ropa todavía nueva cuando cambia la estación o si rehacen la vieja para cuidar el qué dirán. No se ve la injusticia de una gran ciudad por los grandes monumentos, los discursos oficiales y las altas torres de cristal que bordean las grandes avenidas.


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Los marginados sin letras conocen más verdad. El chófer del ministro te contará sus aventuras, y el albañil de su mansión sabe del camión oficial con material de contrabando. Escucha las historias que cuentan los que sobran: sus cuerpos exprimidos han pagado el precio de las grandes construcciones, y su grito ha quedado disuelto en el asfalto de las calles. Para conocer la verdad y la mentira que esconden las apariencias oficiales, hay que buscar en el revés de la ciudad, en el basurero de la historia. 6 EL CAPITALISMO Y LA RELIGIÓN Stalin, ese siniestro personaje, en un aspecto ha sido consecuente. Nunca dejó dudas sobre su ateísmo. Esto le honra. Lo terrible y catastrófico hubiera sido si su comunismo impuesto hubiera seguido en esto las huellas de su padre y progenitor: el Capitalismo. Si hubiera afirmado que respetaba la religión y las creencias religiosas. No fuiste tú el causante de la apostasía obrera, sino el miserable capitalismo, que allanó tu camino. La injusticia capitalista, al aparecer como aliada de la iglesia, apartó de ella a los oprimidos, −¡precisamente los oprimidos, su porción predilecta!−. Como el capitalismo no atacaba “directamente” a la iglesia (y esta es su obra maestra), ésta no sentía la necesidad inmediata de defenderse, y así pudo crear a “la gente de orden” (sic) la mentalidad de que una cosa es la religión y otra el negocio, sin conexión alguna entre ambas. La miseria integral de la humanidad de hoy deriva de esta insidiosa concepción materialista que nunca atacó abiertamente la religión, pero que ha sido para ella la “abominación de la desolación”. (Boletín de dirigentes, enero 1948, 7) ¿Es posible el cristianismo en una sociedad capitalista? ¿Es comprensible que la doctrina de Cristo permita la irritante miseria (de aquí y de allá) que la injusticia y la rapiña capitalista originan estructuralmente? No, no es comprensible de ningún modo. ¿Por qué entonces el actual –en general− acomodo de los cristianos? Sí, acomodo, salvadas todas las excepciones que queráis. Cuaresma es tiempo de conversión. Manos a la obra.


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Primer domingo de cuaresma by Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC) - Issuu