11º Domingo del Tiempo Ordinario A • 18 junio 2023 • www.hoac.es
Me dispongo a la oración con estos textos
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Estamos en los primeros tiempos de la HOAC. En los balbuceos. Su plenitud (la «plenitud de los tiempos») no sabemos para cuándo la tiene Dios dispuesta. A Él corresponde el mandar la lluvia temprana y la tardía, así como el mandar operarios a su mies proletaria... –Guillermo Rovirosa, O.C. T. III. 437
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Siempre debemos orar al «dueño de la mies», que es Dios Padre, para que envíe obreros a trabajar en su campo, que es el mundo. Y cada uno de nosotros lo debe hacer con un corazón abierto, con una actitud misionera; nuestra oración no debe limitarse solo a nuestras peticiones, a nuestras necesidades: una oración es verdaderamente cristiana si también tiene una dimensión universal. –Francisco, Ángelus, 7/7/2019
Acojo la presencia de Dios y me sitúo en la vida Necesitamos obreros de la mies. Mujeres y hombres capaces de ser testigos, apóstoles, discípulos. Necesitamos –el Reino necesita– hombres y mujeres dispuestos a entregar su vida por amor, gratuitamente, acompañando y cuidando la vida, sirviendo a las personas empobrecidas. Mujeres y hombres cuya vida sea anuncio del encuentro con el resucitado en medio de la vida para construir fraternidad y amistad social. Y necesitamos pedirlo en nuestra oración a quien corresponde mandar operarios a su mies.
Coloquio con el Señor Señor, estamos aquí en tu presencia, a tu alrededor, como tus discípulos, para escuchar tus enseñanzas y tus consejos, para una charla íntima contigo, como los apóstoles, cuando con toda confianza te decían: «Señor, enséñanos a orar... Señor, explícanos la parábola» Con la confianza que nos inspiran tus palabras: «Vosotros sois mis amigos... No os llamo ya siervos, a vosotros os he llamado amigos», tenemos tantas cosas que decirte, tenemos necesidad de escuchar tantas cosas de ti: «Habla, Señor, que tu siervo escucha... Porque hablas como jamás un hombre ha hablado... Señor, ¿a quién vamos a ir? Tú tienes palabras de vida eterna». Estamos ciertos, Señor, de que tus promesas son sinceras y no engañan: «Pedid y se os dará, llamad y se os abrirá». Animados con estas palabras, queremos hoy pedirte muchas cosas, que en definitiva se reducen a una sola: «Venga tu Reino. Hágase tu voluntad». En esto se resume todo lo que te pedimos. 1