C. Permanente
Orar en el mundo obrero
23º Domingo T.O.
ORAR EN EL MUNDO OBRERO 23 SEMANA DEL T.O. (9 de septiembre de 2012)
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Un educación que te deja sordo (para lo que no sea su propaganda) y mudo (para no poder denunciar sus injusticias) es la que el sistema fariseo-capitalista nos ofrece al módico precio de no dejar de consumir y consumirnos. Jesús, al contrario, nos ofrece su educación liberadora, que toca, besa y ora.
I. El agente de compras afloja el regulador de la báscula mientras el abultado saco
de algodón de Raphael Ngurime cuelga del gancho de la balanza. Este campesino de 69 años mira cómo pesan su cosecha y no alcanza a entender qué hace el comprador ni por qué razón según la aguja, de repente, se han perdido 50 kilos de su producción. A primera hora de la mañana, cuando Ngurime pesó el algodón en la báscula de la alcaldía, la aguja marcaba 550 kg. Ahora, sólo llega a 500. Eso, −dice este granjero tanzano−, es habitual. Ser engañado por los agentes de compras intermediarios que compran el algodón de los campesinos y que lo venden a las hilaturas, donde se procesa y se transforma en hilo para la exportación es uno de los muchos problemas a los que se enfrentan los cultivadores de algodón de Tanzania. De regreso a su choza de barro y caña, en la aldea de Sanungi, donde vive con su hija y cuatro nietos, Ngurime confiesa que su vida podría ser mejor "si me pagaran realmente por lo que cosecho". "Nos engañan de muchas maneras: en la báscula, pagando la mitad, posponiendo los pagos, manipulando los precios", se lamenta Ngurime."Cuando venimos a vender nuestro algodón en los centros de las aldeas, los agentes lo pesan y después lo cargan en camiones, entonces nos dicen que ya no tienen efectivo y que ya pagarán más adelante," explica Francis Mangu, un campesino de la aldea de Nyangukolwa, en Bariadi, uno de los ocho distritos de la región de Shinyanga, en la WCGA, junto al Lago Victoria. Denis Kulwa, un campesino del vecino distrito de Meatu, se lamenta de que a veces los agentes les pagan en cuotas irrisorias 50.000 chelines (21,70 euros) a 100.000 (43,40 euros), lo que significa que apenas puedan ahorrar. "A veces cuando nos dicen que no hay dinero, nos vemos obligados a darles una comisión para que nos paguen", dice. La familia de Masingia Madoho ha dependido del cultivo del algodón