Hermandad Obrera de Acción Católica de córdoba Córdoba. 4 de marzo de 2011
¿Lo mató el andamio o la falta de prevención? Antonio Jurado Carrasco era pintor. El viernes 19 de febrero se subió a un andamio. Sufrió un accidente y se cayó al suelo. Dos días después, el pasado domingo 21 de febrero, fue enterrado en su Pozoblanco natal. Otra vez es un trabajador de una pequeña empresa, subcontrata de otra más “importante”, el que sufre un accidente mortal en el trabajo. Otra vez un fallo en un andamio, fácilmente previsible, condena a muerte a un compañero. En tiempos difíciles como éstos, donde la crisis golpea la arquitectura social de nuestro Estado; cuando tener trabajo parece un privilegio, el miedo al paro predispone a evitar situaciones conflictivas en nuestras empresas. Y eso incluye la exigencia de medidas de seguridad e higiene. Estamos convencidos de que el poder económico está aprovechando todo esto para “alumbrar” un nuevo mercado laboral donde todo lo que frene la tasa de beneficio sea apartado. La salud laboral genera costes a corto plazo. Es obvio: Hay que “tumbar” todo avance en esta materia. La consecuencia: en muchas empresas la salud laboral sólo es un puñado de trámites. Papeles guardados en una carpeta, esperando la llegada, improbable, de un inspector de trabajo. Junto con esto, (está claro) la ideología neoliberal ha conseguido que percibamos el fracaso, el sufrimiento, como un problema individual. Nunca social o colectivo. Así es como nos presentan lo socio-laboral: los salarios son bajos por nuestra escasa competitividad; la pérdida del empleo porque no trabajamos duro para que nos renueven el contrato o por nuestra falta de formación; los accidentes de trabajo por error humano, distracción o incluso por nuestra negligencia (nunca la de la empresa). Incluso se niega la enfermedad laboral, adelgazando artificialmente la lista de enfermedades profesionales en nuestro país. Pero el sufrimiento, por más que lo nieguen, no tiene culpables personales. Es consecuencia de unas prácticas de gestión de la mano de obra que anulan al ser humano y sus derechos. ¡Es un problema social! ¿Hasta cuando vamos a permanecer sentados, comprando sus “milongas” y sin reclamar la justicia que nos deben? Antonio Jurado y muchos más lo están pagando con sus vidas. Los obreros cristianos sabemos que cuando el Evangelio dice... “tuve hambre y me disteis de comer; sed y me disteis de beber,...” también habla de: “tuve unas condiciones laborales injustas, y luchásteis junto a mi”... Y cuando aclara que... “...cuando lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos pequeños, conmigo lo hicisteis”... el propio Jesús de Nazaret se refiere a Antonio Jurado y a muchos otros por los que estamos hoy aquí, otra vez, gritando: