

El
valor de evaluar.
Agua
potable
y
decisiones
públicas en la Ciudad de México
El Estado mexicano y la prioridad del agua. Kamel Athie Flores | Breve historia del agua en México. Luis Francisco Robledo Cabello | La planeación del recurso hídrico en México. Entrevista a Esteban Figueroa Palacios | Importancia de la actualización de las avenidas de diseño de las obras de excedencias de las grandes presas de México. Maritza Liliana Arganis Juárez | El ambiente como motor de cambio de la gestión del agua en México. J. Eugenio Barrios Ordóñez | Agua de papel. Obsolescencia y normalización de la sobreexplotación en acuíferos de México. Carmen Julia Navarro Gómez


Planta de tratamiento de aguas residuales de Valle de Bravo, Estado de México.
La planta de tratamiento de Valle de Bravo, que fue ampliada y modernizada por Fypasa Construcciones, alcanza ya una capacidad de procesamiento de 150 litros por segundo, satisfaciendo la actual norma NOM-001-SEMARNAT-2021, así como la norma NOM-003-Semarnat-1996, ya que su efluente descarga en el vaso de la presa de Valle de Bravo, que forma parte del sistema de regulación de los afluentes del río Cutzmala, el cual es usado como fuente de abastecimiento de agua potable.
La modernización de esta planta se implementó en tres módulos de 50 litros por segundo de capacidad cada uno, habiéndose aprovechado parcialmente los dos módulos existentes, integrándose con las unidades de tratamiento siguientes:
Pre-tratamiento.- Se compone de unidades de desbaste y desarenación. Las primeras tienen por objeto retener basura, objetos, y materia flotante, y fueron resueltas en tres módulos que incluyen primeramente cribas de desbaste mecánico medio con apertura de barras de 15 milímetros, y en seguida cribas mecánicas de desbaste fino con apertura de barras de 6 milímetros, dos en operación y una en reserva, todas ellas de acero inoxidable.
Complementariamente para retener arena y material granular se incluyeron nuevas unidades de desarenación en lugar

de los dos canales de desarenación gravimétrica, implementadas con dos unidades mecanizadas de flujo helicoidal tipo Vortex de 2 metros de diámetro.
Tratamiento primario simplificado:- Se incluyeron 3 módulos de hidrotamices estáticos en acero inoxidable autolimpiables de barras, de 3 metros de ancho cada uno con apertura de 1.5 milímetros.
Tratamiento secundario.- Se conforma con un proceso biológico en modalidad de nitrificación, desnitrificación, y remoción de fósforo. Para el caso se tienen 3 módulos de reactores anaeróbicos, anóxicos, y aeróbicos de lodos activados en serie, para remover sólidos suspendidos, materia orgánica, nitrógeno y fósforo.
Tanto los reactores anaeróbicos como los anóxicos han sido equipados con mezcladores mecánicos, para mantener la biomasa activa homogénea y en suspensión. Así mismo los reactores anaeróbicos recibirán además del agua residual cruda, una recirculación de lodo activado de los sedimentadores secundarios, en tanto que a los anóxicos les llegará una recirculación interna de licor mezclado procedente de los reactores aeróbicos.
Los 3 reactores aeróbicos son de 2,600 m3 de capacidad cada uno, y estarán equipados con un sistema de aeración con 2,610


difusores de aire de poro fino cada uno, alimentados por un sistema de sopladores de aire comprimido del tipo centrífugo.
El licor mezclado de los reactores biológicos pasa a una operación de sedimentación final, para separar el lodo activado del agua tratada. Esta operación se realiza por medio de 3 unidades de sedimentación de 14.50 metros de diámetro, que están equipadas con mecanismos de rastras de tracción central y rastras espirales de alta eficiencia.
Finalmente, el agua tratada biológicamente, antes de su descarga al lago, es sometida a desinfección por medio de un proceso dual integrado en una primera etapa por cloración con dióxido de cloro, y en una segunda con luz ultravioleta.
Tratamiento del lodo residual.- Se ha conformado con unidades de espesamiento, estabilización, y desaguado.
Espesamiento.- Se han integrado 2 mesas de banda de 1.0 metro de ancho de banda, una en operación y otra en reserva. Para lograr un espesado eficiente se han instalado dosificadores de polielectrolitos para flocular adecuadamente los lodos.
Estabilización.- Se realiza mediante un proceso biológico aeróbico en dos digestores de 585 m3 cada uno, los que

cuentan con un sistema de aeración de 550 difusores de aire alimentado por sopladores de aire comprimido.
Los lodos estabilizados son conducidos a un tanque de lodos digeridos de 60 metros cúbicos de capacidad, de donde se bombean a la operación subsecuente de desaguado. Para mantener los sólidos en suspensión esta unidad está equipada con mezclado mecánico.
Desaguado del lodo estabilizado.- Se realiza en dos filtros prensa de banda de 1 metro de ancho de banda, uno en operación y otro en reserva. Para un desaguado eficiente se han instalado dosificadores de polielectrolitos para flocular adecuadamente los lodos.
El lodo estabilizado y desaguado efluente está en condiciones de manejarse como desecho sólido (biosólido), el cual eventualmente, por su calidad y contenido de nutrientes, puede aplicarse en suelos agrícolas, forestales, ó bien usarse como mejorador de suelos.
De este modo Fypasa Construcciones colabora con el saneamiento de los cuerpos de agua del país, coadyuvando para conservar su calidad, mantener su aprovechamiento, y solucionar los problemas de contaminación que los afectan.
AL LECTOR
H2OGestióndel agua, un instrumento informativo de opinión y de debate respetuoso, fundamentado y sustantivo, está abierta a la participación de quienes deseen poner a consideración del Consejo Editorial sus puntos de vista. Puede hacernos llegar sus contribuciones a helios@heliosmx.org
Contenido
TEMA DE PORTADA
El valor de evaluar. Agua potable y decisiones públicas en la Ciudad de México
JudithDomínguezSerrano
POLÍTICAS DE ESTADO
El Estado mexicano y la prioridad del agua. Análisis y propuestas
KamelAthieFlores
EL AGUA EN LA HISTORIA
Breve historia del agua en México
LuisFranciscoRobledoCabello

ENTREVISTA
La planeación del recurso hídrico en México
EstebanFigueroaPalacios
HIDRÁULICA
Importancia de la actualización de las avenidas de diseño de las obras de excedencias de las grandes presas de México
MaritzaLilianaArganisJuárez yMargaritaElizabethPreciado Jiménez
PLANEACIÓN
El ambiente como motor de cambio de la gestión del agua en México
J.EugenioBarriosOrdóñez

AGUAS SUBTERRÁNEAS
Agua de papel. Obsolescencia y normalización de la sobreexplotación en acuíferos de México
CarmenJuliaNavarroGómez
PREVENCIÓN
Reconciliar la ciudad y la naturaleza: el agua como hilo conductor MarceloCanteiro
ABASTECIMIENTO
Acceso al agua y riesgo sanitario GloriaSotoMontesdeOca

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Enero 2026
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La disponibilidad futura del agua para todos los usos en México
La Ley de Aguas Nacionales de nuestro país establece que el agua superficial y subterránea se asigna a los municipios para usos urbanos y se concesiona a los particulares para cualquier otro tipo de uso, como el agrícola, pecuario, pesquero, ecológico e industrial, en función de la disponibilidad media de cada río y acuífero.
En términos generales, los acuíferos más importantes del país, sobre todo los del norte y los del altiplano, se encuentran sobreexplotados y no existe disponibilidad para cubrir las importantes necesidades futuras para todos los usos, especialmente en épocas de sequías extremas. Por ello es muy probable que se aplique la prioridad jurídica y social que tiene el abastecimiento de las ciudades, otorgándoles las asignaciones que resulten necesarias y restringiendo las concesiones a los particulares para cualquier otro tipo de uso.
Existen grandes esperanzas de que a través de la modernización y tecnificación del riego puedan ahorrarse importantes volúmenes de agua tanto superficial como subterránea, los cuales podrían reasignarse para satisfacer las necesidades urbanas. Estas medidas no arrojarán resultados en el corto plazo, por lo que es indispensable que el gobierno federal, a través de la Conagua, las inicie e intensifique a la mayor brevedad posible.
Usos menos prioritarios, como el industrial, quedarán supeditados a la disponibilidad de aguas superficiales y subterráneas, y se prevé que solo puedan establecerse siempre y cuando tengan la posibilidad técnica de utilizar en sus procesos únicamente aguas residuales tratadas, o ubicarse en regiones del país con disponibilidad suficiente, como el sur y el sureste, y algunas regiones litorales del Golfo de México y del océano Pacífico, siendo muy probable que las autoridades municipales condicionen su establecimiento al uso de agua potable solamente para los servicios personales de los trabajadores, y no para la producción industrial.
Luis Francisco Robledo Cabello


El valor de evaluar
Agua potable
y
decisiones públicas en la Ciudad de México
¿Para qué sirve evaluar una política pública? Aun cuando no siempre es bien recibida una evaluación, debido a que se pone la mira en las acciones que realiza la autoridad encargada de ejecutar un programa, estrategias o acciones enmarcadas en una política pública, lo cierto es que permite hacer una pausa para mirar qué logros se han obtenido, cuáles desafíos están pendientes e identificar las limitantes que no han permitido que la política se implemente como se había diseñado.

JUDITH DOMÍNGUEZ SERRANO
Profesora-investigadora,
El Colegio de México.
La evaluación es una acción estratégica para mejorar la gobernanza y las decisiones y para retroalimentarse sobre aquellos aspectos que pueden mejorarse (Navarro, 2016). Con la evaluación se puede saber qué se hizo, cómo se hizo y cuáles fueron los resultados de esa decisión pública. Pero también es un ejercicio de transparencia y rendición de cuentas que permite la mejora continua y el cuestionamiento social, y abre espacios para el diálogo y la participación.
Si las políticas públicas son el principal instrumento para atender los problemas públicos, es conveniente revisar periódicamente si las soluciones propuestas están dando los resultados esperados. Como acciones estructuradas y sistemáticas derivadas de un proceso racional (Parsons, 2012), se espera que con las intervenciones propuestas se modifique positivamente la problemática a la que atienden, pero esto no siempre es así. Las políticas públicas tienen un componente técnico y uno político (Aguilar, 2013); el primero las hace viables y el segundo se encuentra en la arena discursiva (Habermas, 1998), y a través de la deliberación se busca incorporar las voces que tienen propuestas diferentes, llegar a consensos para mejores decisiones –si no las más viables, sí las óptimas– teniendo en cuenta todas las variables y las voces intervinientes.
La evaluación de la política de agua potable
Recientemente se presentó en El Colegio de México la “Evaluación integral de la política de agua potable de la Ciudad de México”, en la que se analizó el periodo 2018-2024 en tres fases: su diseño, su implementación y los resultados que se alcanzaron a finales del gobierno pasado, con el propósito de “producir evidencia empírica válida y fiable que permita valorar y perfeccionar los programas públicos” (Navarro, 2008); en esta valoración se analizó la eficacia, la eficiencia, la coherencia de las decisiones, el costo de las acciones, el presupuesto ejercido y el cumplimiento de las metas.
La evaluación se desarrolló con dos enfoques: el enfoque basado en derechos humanos (EBDH), especialmente el derecho humano al agua (DHA) en seis dimensiones: suficiencia, calidad, accesibilidad económica, no discriminación e igualdad, sostenibilidad y participación y transparencia; por otro lado, siete dimensiones de seguridad hídrica (SH): disponibilidad de agua, demanda de agua, calidad del agua, acceso y distribución, riesgos y resiliencia, gobernanza y gestión, y financiamiento. A partir de ellas se propuso un índice sintético de derecho humano al agua y otro para la seguridad hídrica.
Los hallazgos de esta evaluación revelan una situación difícil y crítica para la ciudad, pues muestran su altísima vulnerabilidad ante los eventos climáticos y las decisiones políticas. Durante el periodo evaluado se presentaron situaciones excepcionales como la pandemia de COVID-19, en la cual, contar con hospitales con acceso al agua era fundamental; se evidenció que los hogares no tenían acceso continuo al agua las 24 horas del día, durante toda la semana o, incluso, no contaban con agua en el hogar. En este periodo, además, se vivió una sequía prolongada
El valor de evaluar:
Agua potable y decisiones públicas en la Ciudad de México

que alcanzó el grado de severa (de acuerdo con el Monitor de la Sequía de México, en el grado de sequía severa, D2, la escasez de agua se vuelve común, con mayores pérdidas agrícolas y la necesidad de restricciones obligatorias en todo el territorio de la ciudad) en 2024. En estas circunstancias, el entonces Sistema de Aguas de la Ciudad de México (Sacmex) gestionó el riesgo de quedarse sin agua con innumerables acciones como la dotación a través de pipas, la reducción de la presión en la red y acuerdos con otros usuarios del agua, como el agrícola o el industrial, para que cedieran agua a cambio de compensaciones económicas para no llegar al anunciado “día cero”, que se esperaba para el 26 de junio de 2024.
En 2018 se estimaba que la dotación diaria por persona era de 266 l/día, y para finales de 2024 se estimó en 147 l/hab/día (la población flotante utiliza en promedio 60 l/hab/día), aun cuando en promedio la dotación fue superior, pues la producción total de agua potable fue de 28.87 m3/s –lo que significaría un suministro promedio en la red per cápita de 244 l/hab/día–, pero deben tenerse en cuenta las fugas, estimadas en un 42%.
Según el Censo de Población y Vivienda de 2020, la cobertura formal del servicio alcanzaba el 98.9% (Inegi, 2020); no obstante, esta cifra no ha reflejado ni refleja la continuidad del suministro: para el Sacmex, la cobertura en 2020 era menor, 95.1%. Durante 2023 y 2024, toda la ciudad estuvo abastecida de forma intermitente, es decir, por tandeo; en los tiempos más críticos se redujo la presión en la red de tal manera que llegara el agua, pero en menor cantidad. Así es como se logró abastecer a la población, alternando las zonas a las que se reducía el suministro.
La desigualdad en el acceso al agua es un gran pendiente. Mientras las mayores dotaciones y la mejor calidad se localizaron en el poniente y centro de la ciudad, las mayores carencias en cantidad y calidad están al oriente y en el área que invade el suelo de conservación; cuando en alcaldías centrales como Benito Juárez el suministro llega a 168 horas semanales, en Iztapalapa o Xochimilco puede caer a 0-16 horas.
La calidad del agua también fue un tema crucial en este periodo; en 2020, cerca de 1.6 millones de personas recibieron agua con problemas de calidad, y en 2024 se presentó un incidente grave de contaminación en la alcaldía Benito Juárez, ante la cual tuvo que intervenir incluso la Secretaría de la Defensa Nacional para instalar potabilizadoras que abastecieran a la población en tanto se identificaba el origen de la contaminación y las acciones que se implementarían.
El costo ambiental ha sido muy alto: se triplicó la sobreexplotación del acuífero de la Ciudad de México hasta alcanzar un 215% (Cershi et al. , 2024) o, en el mejor de los casos, un 193% (Conagua, 2024); hay que tener presente que la sobreexplotación del acuífero no es una situación producida en este periodo, sino el resultado de una extracción excesiva continuada por décadas, sin las medidas correspondientes para su recarga artificial; más aun, fue necesario abrir o relocalizar nuevos pozos para atender a una ciudad sedienta de casi 9 millones de habitantes, pero que aumenta a 12 millones diariamente por la población flotante que acude de los municipios conurbados a trabajar.
También es necesario destacar los logros del Sacmex durante este periodo: implementó la sectorización de la red; creó un sistema de información en tiempo real; instauró medidas para garantizar el agua durante la pandemia de COVID y la sequía severa, que se complementaron con programas como Cosecha de Lluvia de la Secretaría de Marina, que han mitigado parcialmente la situación. Y aunque los recursos asignados –más de 4,700 millones de pesos invertidos entre 2019 y 2022– son insuficientes frente a la magnitud del reto, hay que decir que el presupuesto aumentó un 13% en promedio.
Respecto al diseño de la evaluación, se puede afirmar que sí existe una política pública de agua potable orientada a prestar un servicio público de agua y alcantarillado; el problema es que esto representa una visión limitada, pues hay zonas como los asentamientos irregulares, donde no es posible brindar este servicio
Figura 1. Cumplimiento del derecho humano al agua y riesgos de inseguridad hídrica.
Derecho Humano al Agua (DHA) Seguridad hídrica
legalmente, por lo que se recurre a alternativas como la dotación a través de pipas gratuitas –que aumentó en este periodo– o la condonación total de pago en aquellas colonias adonde no llega continuamente el agua a través de la red. Si bien es una forma de garantizar el agua y, por ende, de cumplir con el DHA, la política de agua potable está dispersa en varios documentos, al menos dos rectores para este periodo: el Programa de Gestión Integral de Recursos Hídricos Visión 20 años y el Plan Maestro de Agua Potable para la Ciudad de México 2021-2040, no siempre conocidos por todas las áreas. Pero también durante este periodo se presentaron públicamente otros, como el Plan Maestro para Garantizar el DHA, sobre el cual no se pudo obtener evidencia. En cuanto a la implementación, se identificaron acciones muy importantes, como la creación del Sistema Unificado de Información, que permitió conocer en tiempo real la entrada y flujo de agua, las quejas, las reparaciones de fugas o el funcionamiento de las plantas potabilizadoras, y que continúa desarrollándose. De igual manera se avanzó en la sectorización, lo que permitió una atención más puntual de la infraestructura, como la detección de fugas. La cercanía con la ciudadanía a través de las redes sociales aumentó más del 300%. La instalación de sistemas unitarios de captación de agua de lluvia –un programa de la Secretaría de Medio Ambiente– es de destacarse: 62,756 sistemas SCALL principalmente en las alcaldías Tlalpan, Iztapalapa, Tláhuac, Milpa Alta y Xochimilco, además de los instalados por el gobierno de la ciudad en las escuelas. Otras acciones importantes son el retorno al Sacmex de las concesiones de la gestión parcial del sistema, la creación de la Mesa del Agua al interior del Sacmex y con las alcaldías para coordinar acciones en el territorio, o la modificación de la estructura administrativa en la cual el área de Planeación cobró relevancia.
En cuanto a los resultados de la política pública, se puede decir que se cumplieron parcialmente, debido a factores como las circunstancias excepcionales presentadas en el periodo evaluado, pero también por limitantes estructurales como el presupuesto insuficiente que ha tenido históricamente el agua en la Ciudad de México –aun con el incremento del 13% en el periodo– y por factores externos como la politización que ha rodeado a la dotación de agua.
En la evaluación se proponen dos índices sintéticos para medir el cumplimiento del DHA y la SH, que permiten comunicar
El valor de evaluar: Agua potable y decisiones públicas en la Ciudad de México
los avances (o desafíos) de forma sencilla y clara, como instrumentos de transparencia y rendición de cuentas. Los resultados obtenidos no son tan buenos; en la gráfica de la figura 1 se muestran las calificaciones obtenidas, en una escala de 1 a 10.
Significa que, si bien el suministro se mantiene, la seguridad hídrica está comprometida, lo cual constituye un llamado de atención urgente a la Secretaría de Gestión Integral del Agua de la ciudad; y si bien el DHA tiene una calificación mayor, la gestión apenas aprueba.
Conclusión
El cambio climático está teniendo efectos extremos y contrastantes en la Ciudad de México. Los años 2023 y 2024 fueron críticos por la escasez de agua, agravada por la sequía, y en 2025 se padecen inundaciones provocadas por lluvias cada vez más intensas. Es preciso transitar hacia una gestión adaptativa y transformadora con base en una planificación integral que incorpore datos climáticos, soluciones verdes –más allá de la infraestructura gris– y mayor participación social, pues es un problema de todos, no solo de la autoridad. La recuperación del acuífero es urgente; en ello participan, además de la Segiagua, las autoridades del agua del Estado de México y la Comisión Nacional del Agua. Deben abordarse temas críticos como la modificación de la estructura tarifaria, orientada a la sostenibilidad financiera del sistema, que oriente subsidios focalizados a quien de verdad lo necesita o presenta situación de vulnerabilidad. Una cuestión importante es disminuir o, mejor aun, evitar la politización del agua.
Finalmente, la evaluación completa, con la metodología utilizada, puede consultarse en: https://www.evalua.cdmx.gob.mx/
Referencias
Aguilar, L. (2013). El estudio de las políticas públicas. México: Porrúa. Centro Regional de Seguridad Hídrica, Cershi, et al. (2024). Perspectivas del agua en el Valle de México. Propuestas hacia la seguridad hídrica. México. Comisión Nacional del Agua, Conagua (2024). Disponibilidad de agua en el acuífero 0901 Ciudad de México. Disponible en: sigagis.conagua.gob.mx/gas1/Edos_Acuiferos_18/cmdx/DR_0901.
Consejo de Evaluación de la Ciudad de México (2025). Evaluación integral de la política de agua potable de la Ciudad de México. Habermas, J. (1998). Facticidad y validez. Sobre el derecho y el Estado democrático de derecho en términos de teoría del discurso. Madrid: Trotta. Instituto Nacional de Estadística y Geografía, Inegi (2020). Censo de Población y Vivienda 2020 [Base de datos]. Disponible en: https://www.inegi.org.mx Navarro, C. (2016). El estudio de las políticas públicas. Revista Jurídica Universidad Autónoma De Madrid 17. Parsons, W. (2012). Políticas públicas. Una introducción a la teoría y la práctica del análisis de políticas públicas. México: Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales.

El Estado mexicano y la prioridad del agua
Análisis y propuestas
El objetivo de este artículo es crear conciencia en el Poder Ejecutivo federal, entre los integrantes del Poder Legislativo, en los gobernadores y alcaldes del país así como en los diversos usuarios del agua sobre su cada vez menor disponibilidad, debido al inexorable crecimiento poblacional, los efectos del cambio climático, el desperdicio y derroche en que se incurre en todos los usos, la creciente contaminación y al marco institucional vigente, que es obsoleto, inadecuado y no permite una eficiente gestión de los recursos hídricos.

KAMEL ATHIE FLORES
Rector de la Universidad Tecnológica de Chihuahua.
El gobierno federal ha reiterado una y otra vez que el agua es un tema de seguridad nacional y bajo la rectoría del Estado, por lo cual, como ente jurídico superior, tiene la responsabilidad de garantizar a la población el cumplimiento de los siguientes cinco aspectos fundamentales vinculados con el agua: 1) la prestación de los servicios de agua potable y saneamiento; 2) la salud; 3) la producción de alimentos; 4) el desarrollo económico y social; y 5) la estabilidad política y social. En congruencia con los pronunciamientos anteriores, el agua debe ser un tema prioritario para el Estado mexicano (actualmente no lo es), ya que su cada vez menor disponibilidad exige la formulación de planes, programas y proyectos para el corto, mediano y largo plazo; igualmente, demanda el reforzamiento a fondo de la institución que funge como autoridad del agua, así como presupuestos suficientes para conservar lo construido, formular estudios e iniciar nuevos proyectos para el abastecimiento de agua potable, saneamiento y riego.
Elementos generales de diagnóstico
El tema del agua y la construcción de infraestructura hidráulica han venido perdiendo relevancia progresivamente en los planes, programas y proyectos del gobierno desde que se extinguió la Secretaría de Recursos Hidráulicos en 1976, y sus funciones y programas operativos fueron adheridos a la entonces nueva Secretaría de Agricultura y Recursos Hidráulicos en calidad de subsecretaría.
En 1989 se creó la Comisión Nacional del Agua (Conagua) como organismo desconcentrado de la ahora Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat); a pesar de haber sido una valiosa institución constituida por destacados profesionales y técnicos que construyeron las obras hidráulicas más grandes del país, por su figura jurídica carece de patrimonio y presupuesto propios, lo cual explica en parte el rezago en las inversiones del sector hídrico, que actualmente están afectando el abastecimiento de agua potable y su saneamiento en ciudades de todos los tamaños y en cientos de comunidades rurales que hoy en día sufren de desabasto y mala calidad del agua. Además, la insuficiencia de inversiones no ha permitido la conservación y mantenimiento de los distritos de riego y la apertura de nuevas áreas de riego.
Los presupuestos e inversiones en los últimos 30 años han caído en picada, lo que ha arrojado como resultados: un marco institucional que ya no responde a las realidades actuales; debi-
Figura 1. Tendencia descendente de la disponibilidad de agua por habitante por año en México.
Fuente: Serie elaborada con datos del Plan Nacional Hídrico 2014-2018 y CNA Estadísticas 2000, 2014.
Políticas de Estado
litamiento progresivo de la autoridad del agua –y, por lo mismo, rezagos crónicos en la gestión y administración del agua–. A su vez, esa falta de prioridad ha incidido en la cada vez menor disponibilidad por habitante por año, en virtud de la ineficiencia con que se aprovecha en todos los usos (figura 1). Es evidente el descenso del indicador de “disponibilidad habitante/año”, lo cual es muy preocupante, en virtud de que la cantidad mínima estimada por la FAO para que la población de una región o país pueda subsistir sin los efectos del estrés hídrico es de 5,000 m 3/ hab/año, y México en 2025 registró sólo 2,500 metros cúbicos.
En materia de abastecimiento de agua potable, dos de las tres megalópolis del país, la Ciudad de México y Monterrey, han abatido sus acuíferos subterráneos y no han construido nuevas fuentes alternas seguras. Otras ciudades importantes como Puebla, León, Querétaro, San Luis Potosí y Tijuana están en graves problemas de suministro a su población y para darle sostenibilidad a su creciente desarrollo industrial.
La infraestructura de riego del país se encuentra muy deteriorada y es la misma desde hace 40 años (6.5 millones de hectáreas), por lo cual no se riega la totalidad de la superficie dominada. Las eficiencias en los distritos de riego son del 50% en promedio; en las unidades de riego que se benefician con agua subterránea es aún menor.
La mayoría de las presas ya han cumplido su vida útil y requieren revisión de estructuras, estudios sobre la estabilidad de las cortinas y mantenimiento electromecánico mayor; en algunas regiones representan serios riegos a la población. Los cauces de ríos y arroyos no han recibido mantenimiento desde hace 30 años, por lo que frecuentemente inundan centros de población y áreas de cultivo.
De acuerdo con el Sistema Nacional de Información del Agua (Sina), de los 653 acuíferos que existen en el país,114 se encuentran en franca sobreexplotación; sin embargo, si se consideran aquellos en los cuales la extracción es 10% superior a la recarga, estos llegan a 157, en tanto que en 286 ya no existe disponibilidad y por lo tanto ya no se otorgarán nuevas concesiones.
Desde hace más de 10 años, por falta de presupuesto, la Conagua no ha realizado los estudios para definir el estado de las fuentes de agua superficial y subterránea de nuestro país. Tales estudios son interdisciplinarios –requieren la participación de
especialistas en hidrología e hidrogeología, así como otras especialidades afines– y son fundamentales para cuantificar la recarga, la extracción, la disponibilidad de agua y el balance hídrico, elementos básicos para formular planes de manejo sostenible del agua, limitar el otorgamiento de concesiones y asignaciones de agua, prevenir o reducir la sobreexplotación y sobreconcesión de los recursos hídricos y propiciar el desarrollo armónico de los diferentes sectores, priorizando la preservación del medio ambiente y cumpliendo el derecho humano al agua. Las reformas realizadas recientemente al marco legal en materia de aguas nacionales dará lugar a incertidumbre en los derechos de los concesionarios y en la seguridad jurídica que reclaman las nuevas inversiones (Chávez, 2025). El agua subterránea en México sí se está acabando.
Marco legal del agua
Ley General de Aguas
Este mandato recién aprobado por el Congreso de la Unión tenía 13 años de retraso; además, la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) había dictaminado que, para garantizar el uso personal y doméstico del agua al que se refiere el artículo 4°constitucional, debía reglamentarse por una ley específica, ya que, de lo contrario, la instrumentación y cumplimiento al derecho humano, con sus atributos de ser suficiente, saludable, aceptable, accesible y asequible, no quedarían garantizados. ¡Qué bueno que ya se aprobó esta ley!
Con la aprobación de la Ley General de Aguas, es recomendable modificar el artículo 115, que establece la obligación absoluta de los municipios de suministrar a la población agua potable, drenaje, alcantarillado, tratamiento y disposición de sus aguas residuales; sin embargo, es obvio que la gran mayoría de ellos no podrán por sí solos cumplir con los ordenamientos y responsabilidades que implica el cumplimiento del citado artículo 4º, por lo que deberán involucrarse y responsabilizarse la federación y los estados efectuando las adiciones y modificaciones conducentes al artículo 115.
Comentarios a las reformas, derogaciones y adiciones a la Ley de Aguas Nacionales
En virtud de que el objetivo de este artículo es abordar la prioridad que el Estado mexicano debe otorgarle al agua, no se
profundizará en los pros y contras que se originaron con la aprobación de las controvertidas reformas a la Ley de Aguas Nacionales (LAN), que, por no haberse consensuado suficientemente, se politizó y generó desconcierto e incertidumbre entre los usuarios del agua, los políticos y las propias autoridades.
A partir de ahora, lo que le corresponde a la Conagua es cumplir y hacer cumplir la LAN en su nueva versión, lo que permitirá ir evaluando los resultados en materia de disponibilidad del agua, los impactos que se tendrán en la producción agropecuaria y los ingresos de los productores y sus familias, así como la eficacia en la administración y gestión de los recursos hídricos en todos los usos. Como se verá más adelante, no existen recursos presupuestales suficientes tanto para darle vigencia a la Ley General de Aguas –que reglamenta el cumplimiento del derecho humano al agua– como para cumplir con los cambios realizados a la LAN.
Con la aprobación de las reformas, derogaciones y adiciones a la LAN, resulta recomendable revisar su impacto y probables modificaciones a otras nueve leyes nacionales vinculadas directamente con el agua: Ley de Desarrollo Rural Sustentable, Ley General de Cambio Climático, Ley General de Desarrollo Forestal Sustentable, Ley de Energía para el Campo, Ley General de Pesca y Acuacultura Sustentable, Ley General de Salud, Ley Federal de Derechos, Ley General del Equilibrio Ecológico y Protección al Medio Ambiente, y Ley General de Bienes Nacionales.
Conclusiones y propuestas
Corto plazo
El Estado Mexicano, con sus tres poderes y esferas de gobierno, está obligado a efectuar profundas reflexiones sobre lo que puede ocurrir si no se le otorga la máxima prioridad al tema del agua, mediante la aplicación del marco legal recién aprobado que incluye la LGA y la reformas, derogaciones y adiciones a la LAN; que dicha prioridad se refleje en sus planes de desarrollo, programas y proyectos, pero sobre todo en sus presupuestos anuales, así como en la formulación de políticas públicas, para garantizar la sustentabilidad del recurso y el desarrollo económico y social de estados y municipios.
Es impostergable incrementar las inversiones anuales para abatir los rezagos en conservación y mantenimiento a la infraestructura hidráulica existente, formular estudios y construir
Políticas de Estado
El Estado mexicano y la prioridad del agua
Tabla 1. Presupuesto ejercido por la Conagua 1995-2025 (miles de millones de pesos a precios constantes de 2025)
Políticas de Estado
El Estado mexicano y la prioridad del agua

Figura 2. Presupuestos anuales en agua en los últimos 30 años (miles de millones de pesos).
Tabla 2. Conformación del Ramo XXXIII del Presupuesto de Egresos
1. Fondo de Aportaciones para la Nómina Educativa y Gasto Operativo
2. Fondo de Aportaciones para los Servicios de Salud
3. Fondo de Aportaciones para la Infraestructura Social
Ramo XXXIII
4. Fondo de Aportaciones para el Fortalecimiento de los municipios y Demarcaciones Territoriales de la Ciudad de México
5. Fondo de Aportaciones Múltiples
6. Fondo para la Educación Tecnológica y de Adultos
7. Fondo de Aportaciones para la Seguridad Pública de los Estados y de la Ciudad de México
8. Fondo de Aportaciones para el Fortalecimiento de las Entidades Federativas
obras nuevas de agua potable y saneamiento e incorporar de nuevas áreas al riego. Urge también la conservación del ciclo hidrológico y el cuidado del medio ambiente.
Debe destacarse que, con el presupuesto aprobado para 2026 a la Conagua, no será posible cumplir con lo que mandata la Ley General de Aguas, y mucho menos con todo lo que significa aplicar los cambios efectuados a la Ley de Aguas Nacionales, ya que el presupuesto asignado para 2026 es de solo 36,700 millones de pesos (mdp), es decir, 400 mdp menos que el de 2025, que fue de 37,100 mdp. Si se analiza en el marco de las asignaciones en los últimos 20 años, el monto de 2026 es
equivalente, en términos reales, al de 2008 a precios constantes (tabla 1 y figura 2).
Nadie ignora la crisis operativa que experimenta la Conagua actualmente, por el raquítico presupuesto que le han venido asignando, lo cual le imposibilita resolver los enormes rezagos que tiene, con decenas de miles de trámites pendientes de resolver.
En virtud de lo anterior, y de la forma en que se aprueba el presupuesto a estados y municipios, no se garantiza el cumplimiento del derecho humano al agua porque los titulares generalmente atienden programas y proyectos menos prioritarios, debido a lo cual se propone que, aun cuando ya se haya apro-
de la Federación
Fuente: Conagua.
bado el Presupuesto de Egresos de la Federación 2026, se cree un nuevo fondo en el Ramo XXXIII que se llame “Aportaciones para cumplir con el derecho humano al agua”. Actualmente, dicho ramo se constituye por ocho fondos, cuyos recursos se ejercen estrictamente para el fin para el que fueron aprobados, y son sujetos de ser auditados por la Auditoría Superior de la Federación (tabla 2).
En la Ley General de Aguas, nada se dice sobre la participación del sector privado en el financiamiento, construcción y operación de acueductos y plantas de tratamiento. Ya quedó claro que el gobierno federal por sí solo no tiene recursos para abatir rezagos y construir obras nuevas destinadas a cumplir con el derecho humano al agua, por lo cual resulta recomendable que incluyan esta opción en la actualización del reglamento correspondiente.
Para el caso de México, el BID recomendó dedicarle al agua potable y saneamiento el 0.52% del PIB durante 10 años, lo cual equivale a unos 135,000 mdp anuales a precios constantes de 2021. Para los proyectos de riego existentes, algunos analistas hemos estimado que se requieren alrededor de 65,000 mdp anuales durante 10 años, a precios constantes de 2021. En total, 200,000 mdp durante 10 años. Huelga decir que, ante las circunstancias financieras prevalecientes en el gobierno federal, y dado el marco de prioridades actuales en los grandes proyectos de inversión, se visualiza poco probable que se le otorgue mayor presupuesto al sector hídrico y de infraestructura hidráulica; sin embargo, el Colegio de Ingenieros Civiles de México (CICM) mediante su Comité del Agua siempre estará siendo propositivo para incrementar las inversiones al agua.
Finalmente, se recomienda que la Secretaría de Hacienda y Crédito Público realice desde ya un esfuerzo de carácter presupuestal efectuando ajustes en otros sectores de menor prioridad para fortalecer a la Conagua en sus áreas técnica, jurídica, operativa y de supervisión, ya que su debilitamiento progresivo puede ocasionar que sea omisa al no poder cumplir con lo que las leyes recién aprobadas le mandatan.
Mediano plazo
Se propone que, de conformidad con las realidades del siglo XXI y con los grandes objetivos propuestos por los países en los foros internacionales del agua, se establezca una clara redefi-
Políticas de Estado
El Estado mexicano y la prioridad del agua
nición del papel de los distintos actores, tales como el Estado, empresas privadas, usuarios y organizaciones económicas y sociales que conforman la gobernanza del agua.
Es conveniente que el sector privado pueda y deba cumplir un papel de complementariedad con el Estado para afrontar los retos del futuro, sobre todo en el financiamiento y construcción de obras. El gobierno por sí mismo no podrá hacer las cuantiosas inversiones que se requerirán en las próximas décadas para satisfacer las necesidades de agua potable, saneamiento y modernización de sistemas de riego. Esto no significa que el Estado se retraiga completamente de intervenir y se deje únicamente a las fuerzas del mercado y a las empresas privadas su control, pues el tema del agua deberá seguir bajo su conducción y rectoría.
En este orden de ideas, se recomienda construir un nuevo andamiaje institucional en el cual la Conagua se transforme en la Secretaría del Agua, Ecología y Medio Ambiente, aprovechando que ya tiene una estructura central y oficinas en todo el territorio nacional. Esta opción no es nueva: muchos expertos la han planteado; no estaría sometida a la coordinación sectorial, tendría presupuesto propio y por lo tanto autonomía para instrumentar una política hídrica que enfrente los problemas de este milenio, entre los que destacan los efectos del cambio climático y la cada vez menor disponibilidad de agua.
La opción de crear la Secretaría del Agua permitiría un funcionamiento institucional coordinado, pues el Instituto Mexicano de Tecnología del Agua, el Servicio Meteorológico Nacional, la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente y demás organismos auxiliares que tienen la Conagua y la Semarnat estarían trabajando en la prevención de desastres naturales o ecológicos, en la protección de vidas humanas y en la prevención de riesgos hidrometeorológicos, para lograr un alto impacto en la conservación del agua y medio ambiente.
Con una propuesta como la que se expone, se ratificaría que el Estado mexicano es el único y mejor garante del interés público para lograr el aprovechamiento sustentable, racional y equitativo del agua, en virtud de que es un bien que forma parte del patrimonio nacional y que está regulado por la Constitución, los tratados internacionales y numerosas leyes y reglamentos que intervienen en su gestión
Referencias
Chávez, R. (2025). Comunicación personal.
EL AGUA EN LA HISTORIA
Breve historia del agua en México

LLUIS FRANCISCO ROBLEDO CABELLO
Coordinador del Comité de Infraestructura, Colegio de Ingenieros Civiles de México.
a vida económica de los habitantes de los pueblos originarios de México se basaba principalmente en la agricultura de temporal y de riego, la pesca lagunaria y marítima, el aprovechamiento de las aves y animales de corral, la caza de especies animales salvajes y en menor medida la minería de oro para fines rituales y sociales. Los pueblos se ubicaban en las riberas de lagos, ríos, zonas marítimas y zonas con aguas subterráneas de manantiales, en donde desarrollaban sus labores agrícolas y se abastecían de agua potable.
Los pobladores originales del Valle de México desarrollaron una sorprendente habilidad para aprovechar los niveles

cambiantes del agua en los cinco lagos que existían: Chalco y Xochimilco en la zona sur, Zumpango y Xaltocan en el norte y en el centro Texcoco, que, al dividirse por el albarradón de Nezahualcóyotl, formó dos lagos: al oriente el salado, que se siguió llamando Texcoco, y al poniente el de agua dulce, en el cual se desarrolló la gran urbe de Tenochtitlan.
Los ríos y arroyos tributaban al sistema de lagos; algunos de ellos tenían un caudal permanente y otros se secaban en la época de estiaje. Al ser una cuenca cerrada, el agua de las lluvias se perdía sólo por evaporación y evapotranspiración de la cubierta vegetal natural y de riego, además de la que se infiltraba al subsuelo formando un gran acuífero subterráneo que en algunos

En este artículo se ofrece un breve repaso de los usos del agua desde antes de la invasión española, pasando por las diversas formas y usos que se adoptaron en los casi 300 años en que el actual México fue conocido como reino y colonia de España, hasta los cambios acaecidos en el siglo XIX y los procesos de modernización del siglo XX y el primer cuarto del siglo XXI.
sitios descargaba a la superficie a través de manantiales, de los cuales se abastecían todos los pueblos ribereños.
El agua potable de Tenochtitlan y los pueblos ribereños a los lagos
La azteca o mexica fue la civilización más poderosa en Mesoamérica. Se estableció en la región central del actual México entre los siglos XIV y XV fundando el imperio azteca al derrotar
al imperio tepaneca en Azcapotzalco. Durante dos siglos fue la entidad más poderosa de la región hasta la llegada de los invasores españoles que, aliados con los tlaxcaltecas, derrotaron al ejército azteca. Su área de influencia cubrió una superficie aproximada de 300,000 km2 y cubría desde el actual centro de México hasta Guatemala.
Los mexicas establecieron la ciudad de Tenochtitlan alrededor de un islote ubicado en el Lago de México. La ciudad
El agua en la historia
Breve historia del agua en México
se abastecía de agua potable a través de manantiales que se encontraban en varios lugares del valle, en la zona sur en Coyoacán, en la zona poniente en Chapultepec y en la zona norte en Tlatelolco.
El captar y conducir el agua de los manantiales hacia la gran urbe requirió la construcción de importantes acueductos, que en su conjunto tenían una longitud de varias decenas de kilómetros, lo cual significó una hazaña de la ingeniería para cruzar por el lago hacia Tenochtitlan.
El agua se entregaba a los habitantes en diversos sitios de la ciudad, adonde acudían los pobladores a pie para llevar el agua en recipientes de barro hasta sus viviendas.
Los pueblos ribereños del sistema lagunar, donde se ubicaban los manantiales, se opusieron a la construcción de los acueductos, pero la fuerza militar de los aztecas impuso dichos trasvases. La oposición se debía a que los pueblos ribereños utilizaban el agua de los manantiales para uso doméstico y riego agrícola, por lo que, al conducirse a Tenochtitlan, se reducía la producción agrícola destinada a alimentar a sus habitantes.
Otra civilización dentro del valle fue la de Teotihuacan, una gran cultura que desarrolló grandes estructuras como las pirámides del Sol y de la Luna y un avanzado sistema de abastecimiento de agua potable, la cual se captaba en diversos manantiales y se conducía a través de una extensa red de canales y tuberías de barro para hacerla llegar a los centros ceremoniales, los mercados y las viviendas para uso doméstico y para riego. No se conocen las razones de la desaparición de esta gran civilización.
Las inundaciones del Valle de México
Los pueblos ribereños del sistema lagunar del Valle de México estuvieron sujetos a importantes y periódicas inundaciones, producto de grandes precipitaciones pluviales y por ser una cuenca cerrada que no tenía conductos para desalojar el agua hacia fuera del valle. Para entender la complejidad del control de inundaciones, es conveniente tener presente que el Lago de México, ubicado en el centro del sistema de cinco lagos, era el más bajo de ellos; con varios metros de altura sobre ese lago, se encontraban al sur los lagos de Tláhuac y Xochimilco y al norte los de Zumpango y Xaltocan.
Los lagos del sur y los del norte estaban separados del Lago de México por una serie de diques artificiales que en época de
sequía retenían el agua en los lagos altos, por lo cual no llegaba en cantidad suficiente a dicho lago. El pueblo azteca rompía esos diques para que el nivel del agua subiera en el Lago de México; esto era imprescindible para el funcionamiento de una extensa red de canales de navegación, que tenían una longitud de varias decenas de kilómetros, por la cual circulaba una gran flota de canoas de las que dependía el abastecimiento de todo tipo de mercancías para el consumo de la población de Tenochtitlan.
Una situación radicalmente diferente se presentaba con el agua en las épocas de grandes precipitaciones pluviales, durante las cuales los lagos del sur y del norte subían de nivel e inundaban las poblaciones ribereñas, por lo que esos pueblos rompían los diques para enviar el agua al Lago de México; este, al subir de nivel, provocaba inundaciones en Tenochtitlan, cuyo ejército tenía que reconstruir los bordos y todo ello daba lugar a enfrentamientos armados entre los pueblos ribereños y el azteca.
Una gran obra hidráulica en el Valle de México fue la división del lago de Texcoco en dos partes a través del denominado Albarradón de Nezahualcóyotl, que tenía una longitud del orden de 14 o 15 kilómetros e iba desde Tlatelolco en el norte hasta Iztapalapa en el sur.
Nezahualcóyotl fue quien se encargó de la ingeniería y construcción de ese gigantesco dique de varios metros de altura sobre el nivel del agua. Estaba formado por dos hileras paralelas de troncos de madera hincados en el fondo del lago, cuyo espacio interior se rellenó con capas de material compactado; el objetivo principal del dique fue separar las aguas saladas del oriente –es decir, de la zona de Texcoco– de las aguas dulces del Lago de México en el entorno de Tenochtitlan.
El dique tenía compuertas a lo largo de toda su extensión, que se abrían y cerraban dependiendo de la diferencia de altura del agua en ambos lados del dique, para mantener el agua dulce del lado de Tenochtitlan y la salada del lado de Texcoco.
Las obras hidráulicas en el México antiguo
En el México antiguo, mucho antes de los aztecas, se construyeron obras hidráulicas de gran relevancia. En el valle de Oaxaca existen vestigios de una importante presa, de 20 m de altura y 400 m de corona, con un volumen de tierra de más de un millón de metros cúbicos, colocados y compactados solo con fuerza
humana ya que no existían bestias de carga ni se conocía la rueda; también con una zona de riego que puede considerarse una obra monumental de escala mundial para su época. Estos hallazgos tienen una antigüedad de casi 3,000 años.
Otro ejemplo son las obras de captación y conducción de agua del manantial denominado Hierve el Agua, cerca de Tehuacán, Puebla; una red de canales de más de 300 km de longitud que operaban por gravedad, con una pendiente del orden del 2%, los cuales se impermeabilizaban naturalmente por la sedimentación de los carbonatos del agua que sellaba las grietas. Estos canales funcionaban principalmente en época de estiaje y suspendían su operación durante la temporada de lluvias, ya que con las lluvias se lavaban las sales del manantial que se depositaban en los suelos durante la época de estiaje; de esa manera mantenían la productividad de los suelos, los cuales eran mejorados mediante la colocación de materia orgánica de todo tipo.
En el sureste de México, en la región de Campeche, existen vestigios de una red de canales de riego a partir de las aguas superficiales captadas mediante bordos de derivación y pequeñas presas de almacenamiento sobre el río Palizadas y sus afluentes; es probable que la actividad económica preponderante en esos pueblos fuera la agricultura de riego y que el abastecimiento de agua potable se obtuviera del subsuelo mediante pozos de poca profundidad, que tenían agua de calidad adecuada para el consumo humano; ésta se extraía con cántaros en forma manual a través de sistemas de palancas para su elevación a la superficie.
En la Península de Yucatán, al no existir corrientes superficiales, los mayas almacenaban el agua potable y para riego en pozos excavados en la roca firme, llamados cheltunes, de 5 m de profundidad y 10 m de diámetro, de los cuales la extraían también en forma manual.
En varios cenotes existen vestigios de canales labrados en la roca caliza de la región, o con paredes laterales y piso formados por ese tipo de piedra, cementada con la cal producto de las mismas rocas, cuya trayectoria llegaba hasta suelos con mayor espesor para facilitar el crecimiento radicular de plantas como el maíz, que era la base de la alimentación de sus habitantes.
En resumen, todos los pueblos originarios de México se asentaron en las inmediaciones de sistemas de aguas superficiales o subterráneas cuyo aprovechamiento para la producción de
El agua en la historia
Breve historia del agua en México

alimentos y para el abastecimiento de agua potable se lograba a través de tecnologías propias que, en ocasiones, condujeron a megaproyectos de ingeniería para su captación y conducción, para la navegación con fines comerciales y pesqueros y para mitigar las inundaciones provocadas por las grandes y periódicas precipitaciones pluviales.
El agua durante la dominación española
El desarrollo de la minería
Los españoles le dieron una gran importancia a la explotación de minas de oro y plata en diversas regiones de la Nueva España; la producción se enviaba a España y en nada contribuía al desarrollo de los pueblos de donde se extraía el mineral; el proceso de producción de oro y plata demandaba agua que se obtenía de ríos y arroyos cercanos a las minas. Con esa sangría de oro y plata, la situación económica del reino de España se fortaleció temporalmente en el escenario europeo, con lo cual se afianzó su posición económica y militar.
El desarrollo de la agricultura y la ganadería
Podría pensarse que con la presencia de los invasores españoles y su tecnología se incorporaron actividades económicas diferentes a las agrícolas y pesqueras que tenían los pueblos originarios, pero eso no ocurrió en forma significativa.
Fuera de la explotación minera, el resto de la economía de México siguió desarrollándose con base en la producción agrícola, sustentada en la explotación de la población indígena, en
El agua en la historia
Breve historia del agua en México

el reparto de las tierras agrícolas entre los migrantes españoles para convertirlas en “haciendas” cuya propiedad les era asignada junto con una fuerza humana de trabajo mediante el sistema de “encomiendas”, semejante a un sistema de esclavitud. Las haciendas generalmente estaban ubicadas en las riberas de los lagos y de los ríos que tenían agua continua o temporal y donde ya desarrollaban la agricultura los pueblos originarios.
Los españoles introdujeron el trigo, el cual compitió con el maíz por las superficies agrícolas, con la diferencia de que el maíz era de temporal y de riego y el trigo generalmente de riego. Se instalaron molinos de trigo para la producción de harina destinada a la fabricación de pan y pastas, pero con mayores requerimientos de agua. También se aplicó la fuerza hidráulica en las corrientes de agua para el movimiento de los molinos de trigo, los cuales no consumían agua pero obligaban a dejar pasar hacia aguas abajo un caudal importante.
Un avance tecnológico vinculado a la producción agrícola y minera fue la utilización de animales de carga y tracción para las labores agrícolas, y de la rueda, concretamente para la fabricación de carretas, para el transporte de todo tipo de productos agrícolas, lo que llevó a la construcción de caminos de herradura entre las diversas regiones productivas y los centros de consumo ubicados en las ciudades mexicanas y los puertos marítimos de ambos litorales.
Los españoles construyeron en sus haciendas pequeñas presas de almacenamiento a base de tierra y mampostería, con lo cual se logró mejorar la disponibilidad de agua para el
riego durante los meses de estiaje, cuando se reducen en forma importante o desaparecen los escurrimientos.
Las haciendas agrícolas y ganaderas propiciaron la concentración de riqueza en pocas familias, generalmente españolas, mientras que los peones encomendados permanecían explotados por los hacendados en niveles de pobreza extrema. Este tipo de explotación prevaleció por casi 300 años, desde el inicio del virreinato hasta después de la guerra de independencia en el siglo XIX, periodo durante el cual la economía siguió dependiendo de la agricultura, la ganadería y la minería, con un desarrollo incipiente de la industria, lo que obligó a la importación de una gran parte de los productos industriales necesarios.
Durante esos cuatro siglos se presentaron importantes inundaciones en la Ciudad de México –similares a las que se presentaban en Tenochtitlan desde antes de la invasión española– que resultaron catastróficas, algunas con duración de varios años, al grado de que llegó a considerarse cambiar la capital a otra zona del país. Para reducir las inundaciones, durante el virreinato se abrió un tajo en la sierra norte del valle, conocido como Tajo de Nochistongo, hacia el cual se derivaron los ríos del norte que tributaban a las lagunas de Zumpango y Xaltocan, con lo cual se redujo la magnitud de las inundaciones, pero no desaparecieron.
En la segunda mitad del siglo XIX se inició la construcción del Gran Canal del Desagüe, que requirió varias décadas hasta su terminación, obra encomendada por el gobierno mexicano a una empresa inglesa que solamente construyó una parte y que fue terminada por empresas locales con ingeniería mexicana.
El Gran Canal fue inaugurado en 1910 y con él se redujeron en forma importante las inundaciones; tampoco desaparecieron, pues el canal estaba perdiendo pendiente gradualmente, y esto, aunado a la consolidación de las arcillas subyacentes al gran sistema lagunario del valle, se atribuyó originalmente a un proyecto deficiente del Gran Canal, lo que carece de fundamento. La sobreexplotación de los acuíferos para abastecimiento de agua potable de la ciudad fue la causa de la consolidación de las arcillas, aunque la causa de este fenómeno se conoció muchos años después, en la década de 1930.
Las aguas del Gran Canal se extrajeron del valle a través de un primer túnel llamado Tequixquiac, al cual se sumó algunos años después un segundo túnel; ambos descargan fuera del Valle de México al río Tula, en el estado de Hidalgo.
Proporcionada por el autor

El agua en la historia
Breve historia del agua en México
Abastecimiento de agua potable, drenaje sanitario y pluvial al inicio de la época independiente
Hasta finales del siglo XIX, el abastecimiento de agua potable de las ciudades de México dependía en general de manantiales, norias poco profundas y captación de aguas superficiales derivadas por gravedad hacia canales y acueductos.
Esta situación cambió radicalmente con la revolución industrial en el panorama mundial y con la aparición, en primer lugar, de las máquinas de vapor, seguidas de las de combustión interna y finalmente de las máquinas eléctricas. La utilización de plantas de bombeo para la captación en los ríos y de bombas para equipar pozos verticales para extraer el agua subterránea de diversas profundidades en muchas ciudades del país ocasionó la desecación de manantiales y la sobreexplotación de los acuíferos, con el consecuente abatimiento de los niveles del agua en los pozos y en algunos casos el hundimiento y agrietamiento de los suelos.
Las plantas de bombeo facilitaron el manejo de las aguas residuales, de las aguas combinadas y de las aguas pluviales, y esto llevó al desarrollo del riego agrícola en zonas aledañas a las ciudades; sin embargo, a menudo se utilizaban las aguas residuales o mixtas sin control sanitario en cultivos destinados al consumo humano, y ello tuvo impactos en la salud de los agricultores y los consumidores de productos agrícolas provenientes de esas zonas.
A principios del siglo XX, la situación de pobreza extrema de los pueblos originarios, vinculada con la explotación humana y la concentración de la tierra en haciendas para la producción agrícola y ganadera, condujo a la Revolución Mexicana a partir de 1910, que culminó con la promulgación de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos en 1917 y con el reparto de la tierra y el agua, principalmente a los que habían participado como soldados en los diversos ejércitos revolucionarios.
A partir del decenio de 1930 se inició la construcción de grandes presas para irrigación, control de avenidas y generación hidroeléctrica en muchos ríos de todo el país, inicialmente con la participación de empresas estadounidenses y posteriormente con el desarrollo de empresas mexicanas de estudios, proyectos y construcción; se creó entonces la Comisión Nacional de Irrigación, que se transformó posteriormente en la Secretaría de Recursos Hidráulicos, así como la Comisión Federal de Electricidad, con lo que se inició un acelerado proceso de urbanización e industrialización del país.
El agua durante la segunda mitad del siglo XX y el primer cuarto del siglo XXI
A mediados del siglo XX, México inició una estrategia económica para impulsar el desarrollo industrial, con el objetivo principal de lograr paulatinamente la sustitución de importaciones de productos de todo tipo, industrias que se ubicaron principalmente alrededor de varias de las principales ciudades del país, lo cual, en algunos casos, condujo a un acelerado desarrollo urbano, con el consecuente incremento de las necesidades de agua para uso doméstico y para la producción industrial.

Con la creación en 1947 de la Secretaría de Recursos Hidráulicos, se inició un fuerte impulso a la construcción de grandes presas de almacenamiento de agua y de control de avenidas; se desarrollaron distritos de riego de cientos de miles de hectáreas, con lo que la superficie agrícola creció, en menos de 25 años, en aproximadamente 3 millones de hectáreas.
Simultáneamente a las grandes presas, se construyeron cientos de presas de pequeña irrigación y millares de pozos, ubicados en las zonas de mayor pobreza en el país, con el objetivo de reducir el fenómeno migratorio hacia las ciudades generando fuentes de empleo locales; se sumaron del orden de 2 millones de hectáreas para llegar a una superficie de riego
Proporcionada por el autor
El agua en la historia

total superior a 6 millones de hectáreas, y con ello México se convirtió en un importante exportador de productos agrícolas básicos y de media y alta densidad económica.
Este rápido crecimiento de las superficies agrícolas de riego demandó importantes volúmenes de agua superficial y subterránea, especialmente para cultivos como la alfalfa para fines de alimentación de la ganadería nacional y para la exportación. Otros factores que influyeron en una gran aplicación de agua para riego fueron: a) el revestimiento parcial de los canales de riego, con la consecuente pérdida de agua por filtración hacia el subsuelo y b) el diseño del riego por inundación de las parcelas, que produce grandes pérdidas por evaporación y por infiltración del agua de riego, situación que prevalece hasta el presente: llega a utilizarse del orden del 76% del agua superficial y subterránea del país.
Siempre se ha tenido presente que el problema de pérdida de agua debe enfrentarse mediante dos medidas ampliamente conocidas pero no aplicadas: a)el revestimiento de canales en los distritos y unidades de riego para reducir las pérdidas por infiltración hacia el subsuelo, lo cual es conocido como “modernización del riego”, y b) modificación del riego parcelario eliminando el riego por inundación, para hacerlo mediante la entrega del agua medida a las parcelas y su distribución dentro de ella a través de sistemas de aspersión y goteo, la cual es denominada “tecnificación del riego”.
La modernización del riego requiere inversiones relativamente pequeñas por hectárea beneficiada con el revestimiento de los canales y la entrega del agua medida a las parcelas, pero los presupuestos federales para este fin durante los últimos 50 años
han sido muy reducidos; con ello se ha logrado un ahorro pequeño de agua, y puede afirmarse que los distritos y unidades de riego fueron entregados a los usuarios para su operación y conservación en forma que podría calificarse de “incompleta”.
La tecnificación del riego parcelario requiere inversiones de entre 125,000 y 300,000 pesos por hectárea, por lo que, con excepción del pequeño Distrito de Riego 01 en Aguascalientes, con el agua de la presa Pabellón, solamente se han tecnificado unas 10,000 hectáreas; en el resto de los distritos y unidades de riego de México continúa regándose por inundación la casi totalidad de los más de 6 millones de hectáreas, lo que constituye un uso muy ineficiente del agua.
Mediante la tecnificación del riego, los volúmenes de agua aplicados a nivel parcelario podrían reducirse entre 30 y 40%, y se liberaría agua para otros usos como el urbano e industrial donde la cercanía presa-ciudad lo permita; esto demandaría importantes inversiones, por lo que se considera conveniente analizar la posibilidad de que en el financiamiento participen la federación, los gobiernos estatales y los usuarios del riego con mejor capacidad económica, estos últimos a través de créditos de la banca de desarrollo, amortizables con los recursos provenientes de la venta de sus productos agrícolas.
Un primer y loable esfuerzo presupuestal del gobierno federal entre 2025 y 2030 será el de tecnificar unas 200,000 hectáreas distribuidas en distritos de riego de todo el país; sin embargo, esa superficie es solamente un poco más del 3% de los más de 6 millones de hectáreas de riego, lo que da una idea de la gran magnitud del esfuerzo presupuestal requerido para lograr un uso eficiente del agua en el riego a nivel nacional
Breve historia del agua en México
Proporcionada por el autor
La planeación del recurso hídrico en México
Entrevista a ESTEBAN FIGUEROA PALACIOS. Director general de AFH Consultores y Asociados S. C

El agua debe volver a ser considerada el eje del desarrollo urbano y regional; se requiere una planeación que contemple todos los sistemas en los que se involucra el recurso: el desarrollo urbano, la localización y demanda de la industria, la tecnología de riego agrícola, la planeación del desalojo y tratamiento de las aguas servidas y el manejo de los escurrimientos pluviales mediante el diseño de un proceso de planeación holístico.
¿Cómo califica el estado actual de la planeación en el sector hídrico?
S e ha escrito mucho sobre la necesidad de planear mejor y con suficiente anticipación el aprovechamiento hidráulico en México, pero el énfasis se ha puesto en la administración de la dotación doméstica e industrial y en la organización para la distribución en el campo para uso agropecuario. Por otro lado se planea la disposición del agua servida, de manera hasta cierto punto independiente de la dotación, lo que resulta incongruente pues esta más las aportaciones pluviales definen la magnitud del problema de drenajes urbanos.
¿Cómo considera apropiado afrontar los desafíos actuales y qué propuestas puntuales puede comentar?
En la planeación del uso y disposición del agua el enfoque debe ser holístico, sobre todo en zonas urbanas, donde
el agua es indispensable para la vida pero también puede ser causa de desastres.
Sin duda el caso de Tabasco, en particular Villahermosa, representa un desafío mayor. ¿Cómo lo describe y qué propone al respecto?
La historia muestra las consecuencias de este enfoque limitado. En la década de 1960 se construyó la presa Malpaso o Nezahualcóyotl, que además de generar energía eléctrica operó como regulador de las avenidas del río Grijalva; antes de esta obra había zonas aledañas a la ciudad de Villahermosa que eran inundables en periodos de lluvia, por el gasto que transitaba por los ríos Grijalva, Usumacinta y los escurrimientos serranos y, en casos excepcionales, como en el 2010, por huracanes y fenómenos en la desembocadura que propiciaron el fenómeno llamado “marea de tormenta”, la cual actúa como tapón marítimo en la des-

La planeación del recurso hídrico en México
embocadura; ello sumado a la falta de estudios y la avaricia de desarrolladores que, en contubernio con autoridades locales, construyeron conjuntos habitacionales en zonas expuestas a estos riesgos hidrológicos. Posteriormente, 20 años después y como parte del Plan de Aprovechamiento de la Cuenca del Río Grijalva, se construyó la presa de Peñitas, con el mismo propósito de generar energía eléctrica. Esta presa constituyó también un regulador de avenidas, aunque con menor capacidad que Malpaso, pero con el control que esta le daba, se hizo suponer que el río estaba más controlado. Sin embargo, el régimen de lluvias se ha alterado y en ciertos años el aporte de la cuenca propia de Peñitas ha obligado a abrir las obras de alivio, evento que en 2010 coincidió con el fenómeno de “marea de tormenta”, inundándose por el desborde de los ríos zonas urbanizadas de Villahermosa. Esa área de la ciudad históricamente le ha pertenecido al agua y el ser humano se la arrebató; la población y las autoridades locales culparon a la operación de Peñitas, sin entender el fenómeno hidrológico atípico y sin reconocer que la corrupción y la falta de visión y planeación habían expuesto a los residentes al riesgo de inundaciones.

Descrita la situación, ¿qué medidas concretas deberían tomarse en materia de infraestructura y legislación para generar condiciones estrictas orientadas a garantizar su cumplimiento (por ejemplo, sanciones de diverso tipo a quienes la incumplan)?
La ley debería prever medidas para incorporar en el proceso de planeación los impactos negativos de las obras de infraestructura y del manejo del agua en particular; en el caso del agua, sobre todo los efectos sobre la población más vulnerable, cuya calidad de vida depende del uso de este recurso.
En tal sentido, conviene recordar el caso de un proyecto hidráulico de severas consecuencias sociales. En la misma cuenca del río Grijalva se construyó en los años setenta la presa La Angostura o Belisario Domínguez, que inundó una extensión muy grande de tierras de gran fertilidad, por ser la vega del río productora muy importante de maíz a nivel nacionaly –algo poco analizado– era fuente de empleo para los habitantes de los asentamientos originarios de los altos del estado, a cuál más marginado y, en ese entonces, con tasas de crecimiento demográfico tres veces mayor que la media nacional. El embalse canceló para siempre la producción agrícola y condenó al desempleo a miles de personas que vivían en un régimen de subsistencia. Esta población buscó emplearse en la pizca del café, pero años después una crisis del precio del grano ocasionó la pérdida de esta fuente de trabajo; algunos sociólogos atribuyen a estos hechos la demanda desesperada de esa población, manifestada con el alzamiento del EZLN.
¿Qué otros casos, en distintos lugares del país, considera que deben ser analizados y atendidos con la planificación oportuna?
En general, el problema del drenaje urbano que se manifiesta en inundaciones –sobre todo en los barrios más pobres de muchas ciudades del país, y muy destacadamente en zonas costeras y serranas con regímenes de lluvia intensos– surge de la planeación independiente de la infraestructura hidráulica y del desarrollo urbano. La planeación de las ciudades no puede hacerse al margen de la planeación de la infraestructura, pues es esta la que le da viabilidad a la actividad humana; de nada sirve planear desarrollos con trazos arquitectónicos creativos
si se hallan expuestos al desbordamiento de los sistemas hidráulicos, por ejemplo.
En el ámbito del sector hidráulico, ¿cuáles considera requisitos imprescindibles en materia de desarrollo urbano?
Para planear el desarrollo urbano se debe contemplar a la ciudad como una cuenca cerrada que debe captar el agua servida y la proveniente de las lluvias. En este sentido, la planeación integral debe contemplar, por ejemplo, la reducción de áreas de infiltración por la pavimentación de vialidades y la edificación, el menor tiempo de concentración de los escurrimientos pluviales debido al menor coeficiente de resistencia que ofrece una superficie homogénea en las vialidades, y la invasión, en muchos casos, de cañadas que actuaban como drenes naturales.
La planeación de las ciudades alrededor del agua debe ser vista como un organismo vivo que todo el tiempo está generando flujos de agua potable y agua servida que debe manejarse de manera compatible con el desarrollo urbano; debe planearse oportuna e integralmente, aplicando las restricciones a áreas no aptas para actividades urbanas y respetando el espacio natural e histórico del agua. Es decir, el manejo del agua se debe planear en armonía con la planeación de vialidades y desarrollos comerciales y habitacionales.
El agua debe volver a ser considerada el eje del desarrollo urbano y regional, como se experimentó en los programas de cuencas de mediados del siglo pasado, con buenos resultados en las cuencas del Tepalcatepec y del Balsas copiando la experiencia del valle del Tennesee. Se ha abandonado esta visión de planeación regional a partir de un recurso eje, en este caso el agua. Tal vez se intentó con el petróleo como recurso de desarrollo, con resultados desastrosos en Poza Rica, Coatzacoalcos y, en menor medida, Ciudad del Carmen.
¿Considera necesarias modificaciones en materia legislativa para aportar a una mejor planeación en materia del recurso agua? Pienso, por ejemplo, en las prerrogativas y obligaciones a los municipios, que no están en condiciones técnicas y económicas de atender la enorme mayoría de los poblados.
La planeación del recurso hídrico en México
El agua para uso doméstico es un recurso muy valioso, tanto por ser indispensable para la vida humana como por la dificultad creciente para llevarla a los hogares. La urbanización acelerada del país ha ejercido una formidable presión a la administración del agua, confiada por mandato constitucional a las autoridades municipales. Esto ha creado un enorme problema de administración, pues en aras de otorgarle autonomía a los municipios, en una muestra de federalización, han propiciado un manejo ineficiente del agua. Salvo las grandes ciudades y algunas ciudades medias, que cuentan con capacidad técnica y administrativa para manejar a los organismos responsables del agua, la mayoría de los municipios lo hacen de manera improvisada. El aspecto financiero de estos organismos es el otro elemento que, aunado a la debilidad técnica, impide ofrecer un servicio eficiente; las finanzas débiles de los organismos no distinguen el tamaño de los municipios en su debida proporción. Existen problemas de fugas por redes antiguas y carentes de mantenimiento, de ampliación de las redes a zonas nuevas que surgen a una velocidad mayor a la que pueden responder los organismos, de medición del consumo, de facturación y cobranza, entre otros menos detectables. El resultado son organismos que actúan reactivamente, sin recursos suficientes y, en consecuencia, sin un proceso de planeación adecuado y articulado con la planeación del crecimiento urbano. Por las razones expuestas, si no es posible deslindar de la administración de los organismos de agua a los municipios, sí es necesario al menos crear instancias estatales de apoyo técnico y administrativo a los municipios.
En conclusión, en el manejo del agua potable, industrial, agrícola y el agua servida, se requiere una planeación que contemple todos los sistemas en los que se involucra el recurso: el desarrollo urbano, la localización y demanda de la industria, la tecnología de riego agrícola, la planeación del desalojo y tratamiento de las aguas servidas y el manejo de los escurrimientos pluviales a través no de planes puntuales e independientes, sino mediante el diseño de un proceso de planeación holístico
Entrevista de Daniel N. Moser
Importancia de la actualización de las avenidas de diseño de las obras de excedencias de las grandes presas de México

En este estudio se presenta la evolución de las avenidas de diseño en la presa La Angostura, Chiapas, México, mediante actualizaciones realizadas entre 2000 y 2019 con el método desarrollado por el Instituto de Ingeniería de la UNAM. Este enfoque, basado en análisis bivariados de gasto pico y volumen, ha demostrado reproducir con precisión el comportamiento de las avenidas históricas máximas. Los resultados evidencian una tendencia creciente en los caudales máximos y en la duración crítica de los eventos extremos, lo que subraya la necesidad de fortalecer las obras de excedencia y los modelos de tránsito.


MARITZA LILIANA ARGANIS JUÁREZ
Profesora investigadora, UNAM.
Las grandes presas construidas en México durante el siglo XX fueron diseñadas con información hidrometeorológica limitada, empleando métodos empíricos y series cortas de datos de precipitación.
Aunque muchas han superado su vida útil, continúan operando en un contexto climático cada vez más extremo, marcado por lluvias intensas, escurrimientos súbitos y sequías prolongadas. Estos cambios, vinculados al cambio climático y a la transformación del uso del suelo, exigen revisar periódicamente las avenidas de diseño que determinan la capacidad de las obras de excedencia.

MARGARITA ELIZABETH PRECIADO JIMÉNEZ
Tecnóloga del agua, IMTA.
Actualizar las avenidas de diseño no es solo una mejora técnica: es una medida esencial para la seguridad hídrica, la protección de vidas humanas y la prevención de daños económicos. Se recomienda institucionalizar revisiones al menos cada cinco años o luego de eventos extremos relevantes, como parte de una gestión hidráulica responsable, resiliente y adaptativa.
Introducción
Como se señala en el sitio de la Comisión Internacional de Grandes Presas (ICOLD, 2026), muchas de las grandes presas (de más de 15 m de elevación de cortina o entre 5 y 15 m, pero con ca-
Jaime Hernández / X
Importancia de la actualización de las avenidas de diseño de las obras de excedencias de las grandes presas de México
racterísticas de volumen o de dimensiones de su obra de excedencias considerables) construidas en el país durante el siglo XX fueron diseñadas para satisfacer necesidades agrícolas, industriales y energéticas utilizando los conocimientos y datos disponibles en ese momento. Sin embargo, con el paso del tiempo se han evidenciado limitaciones en su capacidad de respuesta ante fenómenos extremos, lo que ha resaltado la necesidad de enfoques más responsables y actualizados en su diseño y operación. La construcción de presas en México ha estado históricamente vinculada al desarrollo agrícola, energético y urbano. Sin embargo, Domínguez (2019) revela que muchas de estas obras fueron planeadas sin una evaluación integral de sus impactos sociales, ambientales y económicos. A través de una revisión de más de mil publicaciones, se identificó que el 66% de los estudios se enfocan en aspectos técnicos, mientras que los temas sociales, históricos y políticos han sido marginales.
En particular, la definición de las avenidas de diseño –los caudales máximos que una presa debe poder manejar sin fallar– tradicionalmente se ha basado en enfoques univariados, con análisis estacionario de los eventos hidrológicos extremos (Domínguez et al. , 2000; Domínguez y Arganis, 2012; Osnaya etal. , 2020) y también se llegan a utilizar análisis bivariados (De Michele y Salvadori, 2003; Gómez etal. , 2025).
Hoy, con el cambio climático intensificando lluvias torrenciales y modificando patrones de escurrimiento, se vuelve urgente revisar estos parámetros. El Grupo Intergubernamental de Ex-

0Antes1901-19101911-19201921-19301931-19401941-19501951-19601961-19701971-19801981-19901991-20002001-2010
Fuente: Domínguez, 2019.
pertos sobre el Cambio Climático (IPCC, 2021) advierte que “los eventos extremos relacionados con el agua, como lluvias intensas y sequías prolongadas, se han vuelto más frecuentes y severos en muchas regiones del mundo, incluyendo Mesoamérica”. Esta tendencia se refleja en estudios internos y realizados para la Comisión Federal de Electricidad (CFE) por parte del Instituto de Ingeniería para el sistema de presas del río Grijalva (Carrizosa et al. , 2009), específicamente destacando el caso de la presa La Angostura, donde se documenta un incremento en los gastos pico de los hidrogramas de diseño entre el año 2000 y el año 2019, lo que sugiere una mayor exposición al riesgo hidrológico. Domínguez (2019) destaca que muchas presas mexicanas han superado su vida útil (más de 57 años en promedio) y enfrentan problemas de mantenimiento, filtraciones y azolvamiento. Además, señala que no existe un inventario actualizado ni una política clara sobre rehabilitación y seguridad estructural.
Actualizar las avenidas de diseño no es solo una mejora técnica: es una medida de seguridad hídrica, prevención de desastres y adaptación institucional. Si no se actualizan los modelos de tránsito y los hidrogramas de diseño, se corre el riesgo de subdimensionar las obras de excedencia y comprometer la seguridad de las comunidades aguas abajo. Por ello, se recomienda ampliamente “revisar las avenidas de diseño al menos cada cinco años o tras eventos extremos relevantes, como parte de una gestión responsable y resiliente”. Aunado a esto, la falla de una presa representa uno de los escenarios más críticos en la gestión de infraestructura hidráulica. Más allá del colapso estructural, implica la liberación súbita de grandes volúmenes de agua que pueden arrasar comunidades enteras aguas abajo. En México, donde muchas presas están ubicadas cerca de zonas rurales y urbanas vulnerables, este tipo de evento pondría en riesgo directo la vida de miles de personas.
Según la Comisión Nacional del Agua (Conagua) y el Instituto Mexicano de Tecnología del Agua (IMTA) (2018), “la seguridad estructural de las presas debe garantizarse no solo por criterios técnicos, sino por su papel en la protección de vidas humanas”. En la figura 1 se muestra el porcentaje de las presas construidas desde 1900 hasta la década de 2010; obsérvese el auge en las décadas de 1960 y 1970.
Los daños económicos también serían devastadores: pérdida de cultivos, infraestructura vial, viviendas, redes eléctricas,
Figura 1. Porcentaje de presas por año de terminación de construcción.
GOLFO DE MÉXICO
Importancia de la actualización de las avenidas de diseño de las obras de excedencias de las grandes presas de México

Río Samaria
Samaria Gaviotas
Río Grijalva
RíoUsumacinta RíoGrijalva RíoChilapa
RíoSanPedroySanPablo
CÁRDENAS
Río Mezcalapa
C. H. Peñitas
Presa Malpaso
TUXTLA GUTIÉRREZ
Fuente: Modificada de Domínguez etal. , 2000.
González VILLA HERMOSA
Platanar
RíoPlatanar RíoGrijalva
Río CarrizalRíoPichucalcoRíoTeapa
Pichucalco Teapa Puyacatengo
Río
Puyacatengo
Río La Sierra RíoMacuspana RíoTulija
Río Usumacinta
Macuspana
Salto del Agua
Tapijulapa
C. H. Chicoasén
C. H. La Angostura
Río Alto Grijalva
Río Yayahuita
Figura 2. Ubicación de las presas del río Grijalva y estaciones hidrométricas asociadas.
sistemas de riego y activos productivos. A esto se suma el costo de reconstrucción, indemnizaciones, desplazamiento de poblaciones y afectaciones a largo plazo en la economía local. Estudios internacionales estiman que una falla mayor puede generar pérdidas superiores a los 1,000 millones de dólares, dependiendo del tamaño de la presa y la densidad poblacional aguas abajo (IPCC, 2021).
Además, el impacto social y psicológico en las comunidades afectadas puede perdurar por generaciones. Por ello, actualizar las avenidas de diseño y fortalecer los modelos de tránsito de avenidas no es solo una medida técnica: es una inversión en resiliencia, prevención y justicia hídrica.
También es de destacar como riesgos potenciales que pueden alterar la operación de las presas los deslizamientos de tierra
Boca del Cerro San Pedro
Río Usumacinta
Estación hidrométrica
Río San Pedro
que pueden obstruir el flujo del agua; tal fue el caso desafortunado y lamentable del caído de San Juan de Grijalva, ocurrido el 4 de noviembre de 2007, que impactó y alteró a la cuenca del río Grijalva, entre las presas Malpaso y Peñitas (Hinojosa et al. , 2011; Marengo, 2011). El enorme esfuerzo por parte de grupos de ingenieros expertos de México por restablecer las condiciones del flujo del río para disminuir lo más posible los efectos hacia la presa Peñitas, Tabasco, fue un ejemplo claro de que la capacidad de reacción y de adaptación a fenómenos naturales es de importancia para apoyar un manejo sustentable de las obras de ingeniería.
En este documento se ejemplifica el caso del sistema de presas Grijalva. En la figura 2 se muestra la ubicación de las principales presas del río Grijalva en los estados de Chiapas y
Importancia de la actualización de las avenidas de diseño de las obras de excedencias de las grandes presas de México
Tabla 1. Generalidades sobre las hidroeléctricas en el río Grijalva, México
Presa Año de construcción Capacidad (hm³) Función principal Riesgo potencial aguas abajo
La Angostura 1974
18,000
Chicoasén 1980 11,500
Malpaso 1964 9,000
Generación hidroeléctrica Alto (zonas rurales y urbanas)
Generación hidroeléctrica Alto
Regulación y generación Medio
Peñitas 1987 1,500 Control de avenidas Alto (proximidad a Villahermosa)
Tabasco, así como las estaciones hidrométricas asociadas. Esta figura, modificada de Domínguez etal.(2000), permite visualizar la configuración espacial del sistema hidráulico en una de las cuencas más importantes del sureste mexicano. Las presas La Angostura, Chicoasén, Malpaso y Peñitas forman parte de un esquema escalonado de regulación y generación hidroeléctrica, pero también representan puntos críticos en términos de seguridad hídrica y manejo de avenidas.
La disposición de las estaciones hidrométricas aguas arriba y aguas abajo de cada presa es clave para calibrar los modelos de tránsito de avenidas y validar los hidrogramas de diseño. En este sentido, la figura no solo aporta una referencia geográfica, sino que sustenta el análisis técnico sobre la necesidad de actualizar los parámetros de diseño ante escenarios hidrológicos más extremos y no estacionarios.
En la tabla 1 se indican algunos datos generales de las presas del sistema del río Grijalva, incluyendo sus usos principales y los potenciales riesgos aguas abajo debidos a su operación.
Metodología de análisis: hacia avenidas de diseño más robustas
El análisis hidrológico realizado se basa en una combinación de métodos estadísticos, hidráulicos y numéricos que permiten actualizar las avenidas de diseño con mayor precisión y resiliencia. Se empleó el método desarrollado por el Instituto de Ingeniería de la UNAM (Domínguez etal. , 2000; Domínguez y Arganis, 2012; Osnaya et al. , 2020), el cual parte del análisis de gastos medios diarios históricos registrados en estaciones hidrométricas clave. Este enfoque incluye: análisis de frecuencias para identificar la recurrencia de eventos extremos; estimación de gastos medios
máximos, que representan los caudales más críticos por periodo; desagregación temporal, para reconstruir hidrogramas detallados a partir de datos agregados, y un ordenamiento con bloques alternos, técnica que permite simular escenarios de escurrimiento sin perder la estructura estadística de los datos.
Los hidrogramas de diseño se transitan por el embalse de las presas; para ello se utilizan métodos de tránsito de avenidas, también conocidos como laminación, que simulan el paso del caudal por la presa y sus obras de excedencia. Dichos métodos se basan en la ecuación de continuidad que, expresada en caudales, tiene la siguiente forma (Osnaya et al., 2020):
I - O = ∆S ∆t (1)
donde:
I es el ingreso
O es la salida
∆ S el cambio en almacenamiento
∆t es el intervalo de tiempo, usualmente menor o igual a un día
Debido a que se busca obtener tanto el gasto de salida por obra de excedencia y tomas, como el volumen de almacenamiento, se requiere el apoyo de la curva elevación-capacidad-descarga (E-S-O), que relaciona el nivel del embalse con su volumen y capacidad de desalojo. Para resolver esta relación, en este estudio se aplicó el método numérico, desarrollado por la CFE, que permite simulaciones detalladas.
Esta metodología integrada permite evaluar la capacidad real de las presas ante eventos extremos, y fundamenta la necesidad de actualizar periódicamente las avenidas de diseño.
Fuente: Domínguez, 2000.
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Importancia de la actualización de las avenidas de diseño de las obras de excedencias de las grandes presas de México
Estudio 2009
Estudio año 2000

Fuente: Instituto de Ingeniería, UNAM, 2000-2019.
Figura 3. Evolución de la avenida de diseño de la presa La Angostura de Tr=50 y Tr=10,000 años entre el año 2000 y el año 2019.
Resultados
En la figura 3 se observa una comparación entre las avenidas de diseño calculadas para periodos de retorno de 50 y 10,000 años, mostrando un incremento sustancial en los caudales máximos. Las simulaciones más recientes indican que los gastos pico pueden superar los 2,700 m³/s, con duraciones de 3 a 4 días, lo que representa un desafío para las obras de excedencia existentes.
Discusión
Los resultados obtenidos a lo largo de casi dos décadas de actualización hidrológica en la presa La Angostura revelan una tendencia clara: los gastos pico de los hidrogramas de diseño han aumentado de manera significativa, especialmente al considerar periodos de retorno más largos. Esta evolución se ha documentado mediante simulaciones aplicadas en distintos años desde 2000 hasta 2019; conforme se ha ampliado y depurado la base de datos hidrométrica, también se refleja una mayor exposición al riesgo hidráulico derivado de fenómenos meteorológicos más intensos y frecuentes. La aplicación del método del II UNAM ha permitido representar la variabilidad conjunta de los eventos extremos.
Estos hallazgos refuerzan la necesidad de institucionalizar la revisión periódica de las avenidas de diseño, especialmente en presas que han superado su vida útil o que operan en cuencas con alta vulnerabilidad social y económica. La experiencia en La Angostura puede servir como referencia metodológica para otras presas del sistema Grijalva y del país.
Conclusiones
La actualización periódica de las avenidas de diseño es indispensable para garantizar la seguridad estructural y operativa de las presas mexicanas, especialmente aquellas que han superado su vida útil. Los métodos aplicados permiten representar con mayor precisión la variabilidad conjunta de los eventos extremos, lo que mejora la capacidad de respuesta ante escenarios hidrológicos no estacionarios. La falla hidrológica de una presa representa un riesgo severo para la vida humana, el patrimonio económico y la estabilidad social de las comunidades aguas abajo.
Se recomienda establecer como norma técnica la revisión de avenidas de diseño al menos cada cinco años o luego de eventos extremos, como parte de una política nacional de seguridad hídrica. La experiencia en La Angostura puede servir como referencia metodológica para otras presas del sistema Grijalva y del país, y contribuir a una gestión más robusta, preventiva y centrada en la protección de vidas y bienes
Referencias
Carrizosa, E., et al. (2009). Estudio integral de la cuenca alta del río Grijalva. Actualización de avenidas de diseño. Informe final para la CFE. Comisión Nacional del Agua, Conagua, e Instituto Mexicano de Tecnología del Agua, IMTA (2018). Programa Nacional de Seguridad de Presas. Disponible en: repositorio. imta.mx/bitstream/handle/20.500.12013/1846/HC-1628.3_SAP2.pdf?sequence=2 De Michele, C., y G. Salvadori (2003). A generalized Pareto distribution for multivariate extreme value analysis. Water Resources Research 39(11): 1273.
Domínguez, J. (2019). La construcción de presas en México. Evolución, situación actual y nuevos enfoques para dar viabilidad a la infraestructura hídrica. Gestión y Política Pública 28(1).
Domínguez, M., y J. Arganis (2012). Validation of methods to estimate design discharge flow rates for dam spillways with large regulating capacity. Hydrological Sciences Journal 57(3): 1-19.
Domínguez, M., et al. (2000). Estudio de diferentes aspectos sobre el funcionamiento de la obra de excedencias del Proyecto Hidroeléctrico La Angostura, Chiapas y actualización de la hidrología para el sistema de presas del río Grijalva. Informe final para la CFE.
Gómez, D. et al. (2025). Compound flooding in the Santoña Estuary: Bivariate thresholds and their application in early warnings. Ingeniería del Agua 29(2): 73-89.
Hinojosa, A., et al. (2011). El deslizamiento de ladera de noviembre 2007 y generación de una presa natural en el río Grijalva, Chiapas, México. Boletín de la Sociedad Geológica Mexicana 63(1): 15-38. ICOLD (2026). Dams in Mexico. Comité Mexicano de Grandes Presas. Intergovernmental Panel on Climate Change, IPCC (2021). Cambio climático 2021: Bases físicas. Contribución del Grupo de Trabajo I al Sexto Informe de Evaluación. Marengo, H. (2011). Deslizamiento de tierra y roca que obstruyó el Grijalva. Presentación para la Academia de Ingeniería. Osnaya, J., et al. (2020). Programa IIHIDRODIS. Manual. Investigación y Desarrollo. Serie Azul.


El ambiente como motor de cambio de la gestión del agua en México


La alteración del ciclo hidrológico tiene consecuencias que superan lo local. La circulación de humedad atmosférica va más allá de estados, regiones o países, por lo que su disrupción global tendría un impacto económico estimado del 8% del producto interno bruto global para el 2050. El presente artículo recupera las experiencias desarrolladas en México para integrar este componente ecológico en la gestión del agua y expone cómo estas son la vía para contar con una planificación de la administración del agua equitativa, transparente, que conserve la biodiversidad y resiliente ante el cambio climático.
La consideración del ambiente en la gestión integrada de recursos hídricos (GIRH) siempre ha sido parte de la intención de sustentabilidad; sin embargo, ha predominado como una condición limitante, más que coadyuvante: un usuario más, un requisito que cumplir, un obstáculo que salvar o la inevitable degradación ambiental con la cual acostumbrarse a vivir. Considerar al ambiente como la fuente de agua y entender al ciclo hidrológico en sus dimensiones sociales, ambientales y económicas es el punto de partida para adoptar políticas públicas que fortalezcan la gestión del agua y garanticen su sustentabilidad, equidad y resiliencia ante las incertidumbres de diferentes tipos que se viven en la actualidad, principalmente la climática. México dio un gran paso para fortalecer la gestión del agua en este sentido, protegiendo el agua para el ambiente con fines ecológicos y sociales en cerca de la mitad de las cuencas del país. Las reservas de agua para el ambiente y las personas son el instrumento que garantiza no solo la sustentabilidad de cuencas y acuíferos, también la total
Adobestock
J. EUGENIO BARRIOS ORDÓÑEZ
Fundación Gonzalo Río Arronte
Planeación
El ambiente como motor de cambio de la gestión del agua en México
transparencia y rendición de cuentas en el otorgamiento de concesiones a particulares y el cumplimiento de sus condiciones. Ecosistemas sanos con agua en cantidad y calidad son la evidencia de una adecuada gestión del agua.
Introducción
Al hablar de agua, los problemas se reducen a tenerla o no tenerla. Atrás de esta situación se presentan obstáculos de orden natural: se tiene o no agua porque llueve o no, o el agua inunda o es escasa; y otros de orden social, relacionados con aspectos culturales, legales, económicos, de infraestructura, tecnológicos.
La identificación de problemas de agua y el planteamiento de soluciones, ya sea en procesos de planificación hídrica o en soluciones locales, es incorrecta sin el entendimiento del agua como parte del ambiente: el régimen hidrológico actualmente entendido en sus dimensiones ecológicas y sociales, y con profundas implicaciones económicas asociadas a su dinamismo. Esto implica un cambio fundamental en la gestión del agua imperante, basada en extracciones ilimitadas, a una gestión del ciclo hidrológico, variable, funcional y renovable.
La naturaleza ecológica del ciclo hidrológico
El punto de partida para abordar la rectificación de la planificación hídrica es entender la naturaleza ecológica del ciclo hidrológico. La integridad ecológica de los ríos o humedales superficiales depende de su dinámica, la cual está determinada por el régimen de flujo o hidrológico, es decir, la cantidad de agua que llueve en el año y que se define en términos de su magnitud, frecuencia, duración, temporalidad y tasa de cambio, componentes que regulan procesos ecológicos. El régimen de flujo natural es un proceso físico producto del fluir de agua y sedimentos y que conforma hábitats en el canal principal y las planicies de inundación de los cuerpos de agua superficiales (Poff etal. , 1997).
A partir de este entendimiento, es evidente que cualquier alteración de este régimen, que implica cantidad y calidad del agua, afecta la integridad de los ecosistemas y por lo tanto a la biodiversidad, pero también a la continuidad del ciclo hidrológico. Una conclusión contundente de esta realidad es que el acceso al agua tiene límites y que estos no son el agotamiento de una fuente de agua, sino aquel que permite mantener su
condición cíclica, dinámica, renovable y a partir de la cual se debe manejar su extracción.
El gradiente de la condición biológica es un marco conceptual para interpretar la respuesta de los ecosistemas acuáticos a las presiones antropogénicas (Davies y Jackson, 2006). Con base en este marco, es posible establecer niveles de aprovechamiento de las fuentes de agua, partiendo de la condición natural, hasta un límite máximo de extracción, que mantenga el dinamismo del régimen hidrológico. Una gestión del agua que desconoce esta realidad representará altos costos a la sociedad en términos de impactos y el agotamiento de fuentes de agua.
El país en su conjunto es un ejemplo claro de esta situación. El Plan Nacional Hídrico 2020-2024 presentó la programación hídrica del país, en apego al artículo 15 de la Ley de Aguas Nacionales (LAN) para todas las cuencas y acuíferos del país. Esta programación considera la disponibilidad oficial de agua, el volumen para garantizar el derecho humano al agua, las necesidades de caudal ecológico, los requerimientos de proyectos del gobierno federal y el agua para atender solicitudes de concesiones no emitidas. De este balance resultaron, de un total de 757 cuencas, 177 en déficit y 580 con disponibilidad; y de 653 acuíferos, 380 resultaron en déficit y 273 con disponibilidad (DOF, 2020). Este análisis muestra que, en términos de gestión del agua, hay dos países, uno sobrexplotado y otro sin sobrexplotar en donde se tiene la gran oportunidad de establecer una gestión diferente.
La norma mexicana de caudal ecológico En México, las experiencias para la estimación de caudales ecológicos iniciaron en el decenio de 1990, pero no fue hasta la discusión y publicación de la norma mexicana de caudales ecológicos (NMX-AA-159-SCFI-2012 que establece el procedimiento para la determinación del caudal ecológico en cuencas hidrológicas) que se da un paso muy relevante para su adopción como política pública en la gestión de los recursos hídricos (la revisión detallada de este proceso se puede consultar en Barrios etal. , 2015).
Los campos de aplicación de la norma son los estudios para solicitar asignaciones, construir infraestructura, realizar trasvases entre cuencas y evaluaciones de impacto ambiental, así como los acuerdos de disponibilidad del agua (DOF, 2012).
La norma mexicana de caudales ecológicos ha sido un hito, no solo en México sino también en otros países, ya que cambió el enfoque de este tipo de instrumentos: de describir metodologías de estimación a establecer los principios científicos válidos para su estimación y los lineamientos para ello. El principio es que cualquier metodología será válida si se apega a dos principios científicos: el paradigma del régimen natural (Poff et al. , 1997) y el del gradiente de la condición biológica (Davies y Jackson, 2006).
Con base en estos principios, se desarrollaron estudios detallados en seis cuencas del país, con la participación de grupos académicos de cada región, autoridades y organizaciones de la sociedad civil, que permitieron establecer un marco de referencia para la estimación de caudales en México, el cual parte de determinar un balance entre la extracción de agua y su permanencia en los ecosistemas. A mayor extracción o presión de uso del agua, menores requerimientos ambientales, con la consecuente disminución de condiciones biológicas; y a mayor importancia ecológica, mayor restricción de extracción. La norma establece cuatro objetivos ambientales a partir del cruce de cuatro categorías de importancia ecológica del río y cuatro de presión de uso en términos de extracción de agua (tabla 1).
De esta manera, el objetivo ambiental de una cuenca es el criterio para orientar la magnitud de los caudales ecológicos; en otras palabras, la disponibilidad de agua “real” que podría ser extraída considerando la relación con el régimen natural y los niveles de conservación biológica esperados. En objetivos “A” se privilegia la conservación, y en los “D”, la extracción para el uso del agua; “B” y “C” son niveles de transición, ya sea en las necesidades de agua o en su recuperación con fines de restauración.
Reservas de agua para el ambiente y la gente
Las bases ambientales para la administración del agua como bien de la nación están claramente estipuladas en el artículo 27 de la Constitución, que establece:
…la facultad de la nación para regular, en beneficio social, el aprovechamiento de los elementos naturales susceptibles de apropiación, con objeto de hacer una distribución equitativa delariquezapública,cuidardesuconservación,lograreldesarrolloequilibradodelpaísyelmejoramientodelascondicionesde
El ambiente como motor de cambio de la gestión del agua en México
Tabla 1. Objetivos ambientales para cuencas (NMX-AA159-SCFI-2012)
Importancia ecológica
Criterios
Presión de uso del agua
vidadelapoblaciónruralyurbana.Enconsecuencia,sedictarán lasmedidasnecesariasparaordenarlosasentamientoshumanos yestableceradecuadasprovisiones,usos,reservasydestinosde tierras,aguasybosques,aefectodeejecutarobraspúblicasyde planear y regular la fundación, conservación, mejoramiento y crecimientodeloscentrosdepoblación;parapreservaryrestaurar elequilibrioecológico.
La LAN establece, en su artículo 41, la creación de reservas de agua para la protección ecológica, incluyendo la conservación o restauración de ecosistemas vitales.
El principal obstáculo para la adopción de un régimen de caudales ecológicos es que exista agua disponible. Como parte del proceso de desarrollo de la norma, se realizó un análisis de factibilidad para identificar aquellas cuencas con agua suficiente e importancia ecológica (Conagua, 2011). De este análisis, se identificaron 189 unidades de gestión o cuencas con disponibilidad para establecer caudales ecológicos, a las que se denominó “reservas potenciales de agua para el ambiente”. De estas 189 unidades de gestión se identificaron 295 cuencas que pasaron a ser la meta para establecer caudales ecológicos del Programa Nacional Hídrico (PNH) 2014-2018. Para dar continuidad a esta política, el PNH 2020-2024 estableció como meta 448 cuencas con caudales ecológicos.
Este proceso, que se inició en 2005 y que incluyó la participación de un amplio grupo de profesionales, académicos, autoridades, usuarios de agua y comunidades, propuso la adopción de reservas de agua para el ambiente y la gente en 295 cuencas
El ambiente como motor de cambio de la gestión del agua en México
Tabla 2. Volúmenes de reservas de agua para protección ecológica
Nota: valores en Mm3
del país. La primera reserva, en el río San Pedro Mezquital, se decretó en 2014 y mostró que las reservas de agua no solo benefician al ambiente, sino también a las comunidades locales, especialmente a las indígenas, que mantienen tradiciones y actividades económicas ligadas al agua. Gracias a esta reserva, las comunidades pueden continuar con actividades tradicionales como la pesca, el cultivo en planicies inundables y el turismo ecológico, que dependen de la salud del río y de su régimen hidrológico natural. Además, la reserva ayuda a amortiguar los efectos de sequías y variaciones climáticas, lo que resulta fundamental para la seguridad hídrica y alimentaria de la región.
En la tabla 2 se muestran las reservas de agua para el ambiente decretadas en la actualidad por región hidrológica y cuenca; los volúmenes reservados para uso doméstico y público urbano y protección ecológica, así como la disponibilidad final para otros usos.
En cuanto a la protección de agua, los casi 170,000 millones de metros cúbicos (Mm3) corresponden al 38% de la disponibilidad de agua superficial en el país, protegen 82 áreas naturales protegidas y 64 humedales Ramsar, y los 1,366 Mm3 para uso doméstico y público urbano representan el consumo de agua de 45 millones de mexicanos al año 2070.
Las reservas de agua sustituyeron vedas que fueron emitidas hace más de 50 años y que no tenían ningún sustento ecoló-
gico. El volumen protegido con reservas pasó a ser siete veces superior al originalmente vedado.
Conclusión
La gestión del agua basada en reservas ecológicas es un nuevo paradigma que permite a México evitar la sobreexplotación y conservar la biodiversidad, al tiempo que garantiza el abasto para millones de personas. Los beneficios van más allá de lo ambiental: fortalecen la resiliencia ante el cambio climático, favorecen la equidad social y la transparencia en la gestión, además de proteger territorios indígenas. El reto ahora es mantener y ampliar estas reservas, mejorar su manejo y seguir siendo ejemplo para América Latina, asegurando que el agua siga siendo fuente de vida y bienestar para todos
Referencias
Barrios, E., et al. (2015). Programa Nacional de Reservas de Agua en México: Experiencias de caudal ecológico y la asignación de agua al ambiente. Banco Interamericano de Desarrollo.
Comisión Nacional del Agua, Conagua (2011). Identificación de reservas potenciales de agua para el ambiente en México. Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales.
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AGUAS SUBTERRÁNEAS


CARMEN JULIA NAVARRO-GÓMEZ
Universidad Autónoma de Chihuahua
Gowtham
Agm/Unsplash
Coautores: David Humberto Sánchez, Manuel Altes y Rubén Sánchez
Agua de papel Obsolescencia y normalización de la sobreexplotación en acuíferos de México
Entre 2013 y 2023, la situación de los acuíferos en México se volvió más crítica. Según datos del Sistema Nacional de Información del Agua de la Comisión Nacional del Agua (Sina Conagua), los acuíferos sin disponibilidad aumentaron de 193 a 283, y 114 se encuentran en sobreexplotación. De ellos, 107 coinciden en ambas categorías, mientras que siete mantienen disponibilidad administrativa pese a estar sobreexplotados, lo que evidencia un desacoplamiento entre la gestión y la realidad física del sistema.
En promedio, la recarga disminuyó alrededor de 23% en la última década, mientras que el volumen de extracción de aguas subterráneas (VEAS) creció en varios acuíferos, con lo que se amplió el déficit operativo y se aceleró el agotamiento del almacenamiento. La mayor presión se concentra en el arco Noroeste-Altiplano-Occidente-Centro, mientras que el sureste y la Península de Yucatán mantienen disponibilidad, aunque enfrentan problemas de calidad e intrusión salina. El estudio del Sina demuestra que asumir la recarga como un porcentaje fijo de la precipitación genera “agua de papel” y errores de planificación. Se propone migrar del enfoque de safe yield –definido como “la cantidad que puede extraerse
anualmente sin menoscabo del suministro”– a la sostenibilidad hidrogeológica mediante un índice operativo que integre piezometría, extracción/recarga (anual y plurianual) y permita alinear la gestión con la realidad hidrológica.
Introducción
A diferencia de los embalses superficiales, que permiten relacionar los niveles con la precipitación, los escurrimientos y la evaporación, los acuíferos operan en un medio heterogéneo y anisótropo, con fronteras hidráulicas difusas y propiedades de almacenamiento variables (Freeze y Cherry, 1979). Aunque su gestión es compleja, suele asignarse agua entre usos con base en balances anuales; sin embargo, se subestima la variabilidad
Aguas subterráneas
Agua de papel: obsolescencia y normalización de la sobreexplotación en acuíferos de México
interanual precipitación-escurrimiento, determinante para la sostenibilidad, sobre todo en agricultura, donde la evapotranspiración regula la demanda.
En los acuíferos, los tiempos de tránsito son largos y variables, la recarga es heterogénea y difícil de medir, y la respuesta a las extracciones ocurre con retardos que complican la gestión tipo presupuesto. La planificación sostenible requiere métodos complementarios como la fluctuación del nivel freático y la estimación de tasas medias de recarga, que representan una fracción mínima de la precipitación (Alley et al. , 1999; Healy y Cook, 2002; Scanlon etal.,2002).
En México, el término “sobreexplotación” se ha normalizado y ha perdido valor operativo como indicador de sostenibilidad. Por ello, este estudio contrasta la realidad hidrogeológica, recarga, almacenamiento, tiempos de tránsito y captura, con la variabilidad interanual de la precipitación (2013-2023), y propone indicadores que superen la lógica del “agua de papel”.
La sobreexplotación compromete la sustentabilidad, eleva los costos de bombeo, deteriora la calidad y genera impactos sociales y ambientales. El Balance Nacional 2020 (Conagua, 2020) indica que 61% del volumen consuntivo proviene de fuentes superficiales y 39%, de subterráneas. La oferta superficial se concentra en seis entidades: Sinaloa, Veracruz, Michoacán, Guerrero, Sonora y Tamaulipas, que aportan 54% del total, mientras que la extracción subterránea se concentra en Sonora,
Guanajuato, Jalisco, Yucatán, Estado de México y Chihuahua, que representan 45%.
Por uso, el patrón se invierte: en el sector público-urbano predomina el abastecimiento subterráneo (70-75%) (figura 1) frente al agrícola, que depende del agua superficial, y el industrial, que privilegia el uso subterráneo por confiabilidad y calidad. Esta situación evidencia la asimetría entre la contabilidad administrativa y la dinámica física del recurso. La “determinación de disponibilidad” descansa en dos aspectos inciertos:
• Incertidumbre de la recarga: la precipitación presenta alta variabilidad interanual y regional, sin relación lineal con la recarga efectiva. Basar disponibilidades en promedios históricos puede sobrestimar la oferta durante sequías o cambios de régimen.
• “Minado” del acuífero: los sistemas subterráneos cubren la demanda mediante descensos piezométricos y profundización de pozos sin evaluar la sostenibilidad. La respuesta retardada oculta el deterioro acumulado y convierte los títulos en “agua de papel” cuando no se vinculan a indicadores físicos.
La recarga de acuíferos no es lineal
En los diagnósticos locales suele asumirse que la recarga representa un porcentaje fijo de la precipitación, omitiendo que responde de manera no lineal a la interacción entre clima, suelos, geología, relieve, uso del suelo, profundidad del nivel freático y

Figura 1. Uso público urbano por tipo de fuente en el periodo de 2015 a 2020.
Fuente: Sina Conagua, 2020.
Subterránea
Colima Chihuahua Guanajuato Hidalgo México Nayarit Oaxaca Querétaro Sinaloa Tabasco Tlaxcala Zacatecas
Tabla 1. Conceptualización de categorías de sequía (MSM/USDM)
Código Nominación Definición breve
D0
Anormalmente seco (no es sequía)
D1 Sequía moderada
D2 Sequía severa
D3 Sequía extrema
Condiciones más secas de lo normal; puede anteceder a sequía o indicar recuperación incipiente.
Déficits persistentes de lluvia y humedad del suelo.
Déficit marcado que afecta producción y abastecimientos locales.
Condiciones ampliamente deficitarias con impactos regionales.
D4 Sequía excepcional Sequía histórica; déficits muy raros y generalizados.
Agua de papel: obsolescencia y normalización de la sobreexplotación en acuíferos de México
Percentil de precipitación SPI (referencial)
≤ 30 −0.5 a −0.7
≤ 20 −0.8 a −1.2
≤ 10 −1.3 a −1.5
≤ 5 −1.6 a −1.9
≤ 2 ≤ −2.0
régimen de lluvias. Debe estimarse en horizontes acordes con el tiempo medio de tránsito, considerando solo la lluvia efectiva (Poeter etal. , 2020).
La recarga puede estimarse con varios enfoques: balances clima-suelo (Thornthwaite/Visual BALAN) calibrados con observables (nivel freático, caudal base, humedad), análisis de fluctuación del nivel freático en acuíferos libres con series continuas y porosidad efectiva fiable, trazadores ambientales y perfiles en la zona no saturada, y métodos hidráulicos o SIG para identificar zonas prioritarias y evaluar cambios de uso.
Evidencia de la no linealidad
Existen dos comportamientos que rompen la relación precipitación-recarga. El primero distingue recarga difusa y focalizada, donde pequeñas variaciones de conectividad superficie-subsuelo generan respuestas desproporcionadas (Cook y Brunner, 2023). El segundo es el tránsito vertical, que puede presentarse como flujo pistón o preferencial a través de fracturas, macroporos o raíces, alterando la distribución espacial y temporal (Healy y Cook, 2002; Poeter etal. , 2020).
Impactos típicos
Retraso en siembras; pastos estresados; aumento de incendios; caudales por debajo de lo normal.
Estrés agrícola inicial; riegos adicionales; bajos incrementos en almacenamiento; restricciones voluntarias.
Pérdida de cultivos sensibles; forraje escaso; recortes en dotaciones; niveles bajos en presas y pozos someros.
Pérdidas agrícolas generalizadas; racionamientos; caudal base muy reducido; estrés ecosistémico.
Fallas extensas de cultivos; severos déficits en almacenamiento; restricciones obligatorias; impactos ambientales severos.
De la precipitación a la recarga efectiva
Entre 2013 y 2023, México presentó una alta variabilidad en la ocurrencia e intensidad de sequías. La superficie nacional afectada fluctuó entre 10 y 15% del territorio (categorías D1-D4), alcanzando un máximo del 76% en 2021, con una persistencia media a alta durante 2022 y 2023 (superior al 53%). En los años más secos, predominó la expansión de las sequías moderadas a severas (D1-D2), coexistiendo con núcleos localizados de sequía extrema o excepcional (D3-D4) (tabla 1).
De la “disponibilidad” administrativa a la sostenibilidad hidrogeológica
En México coexisten acuíferos clasificados como “sobreexplotados” que, paradójicamente, aún presentan disponibilidad para nuevas asignaciones. Esta contradicción es muestra de un desacoplamiento entre el conocimiento hidrogeológico y la toma de decisiones (Alley etal. , 1999). Las resoluciones administrativas suelen basarse en balances anualizados sustentados en supuestos inciertos sobre la recarga (Healy y Cook, 2002; Scanlon etal. , 2002), agravados por la falta de confiabilidad en
Fuente: Adecuación de US Drought Monitor. Drought Classification. National Drought Mitigation Center. USDA y NOAA.
Aguas subterráneas
Agua de papel: obsolescencia y normalización de la sobreexplotación en acuíferos de México
Tabla 2. Ejemplo del panorama estatal de estrés hídrico subterráneo: 2013 vs. 2023
Estado Variable 2013 2023
Sobreexplotado s.d. 5
Sin disponibilidad 5 5
Aguascalientes
Baja California
Baja California
Sur
Coahuila
Chihuahua
Cambio en VEAS mayor al 17%
Cambio en recarga igual o menor al 2%
Sobreexplotado s.d. 11
Sin disponibilidad 18 16
Cambio en VEAS mayor al 10%
Cambio en recarga igual o menor al 10%
Sobreexplotado s.d. 45
Sin disponibilidad 17 22
Cambio en VEAS mayor al 14%
Cambio en recarga igual o menor al 14%
Sobreexplotado s.d. 7
Sin disponibilidad 19 16
Cambio en VEAS mayor al 120%
Cambio en recarga igual o menor al 10%
Sobreexplotado 16 s.d.
Sin disponibilidad 19 39
Cambio en VEAS mayor al 349%
Cambio en recarga igual o menor al 7%
Fuente: Elaboración propia con base en Sina Conagua. s.d.: sin datos; VEAS: volumen de extracción de agua subterránea (para este y la recarga se consideró el promedio de todos los acuíferos del estado referido).
los volúmenes de extracción reportados y por la combinación de series temporales no comparables. En consecuencia, las categorías de “sobreexplotación” o “disponibilidad” terminan con frecuencia como instrumentos burocráticos, más que como indicadores operativos de sostenibilidad (Konikow y Leake, 2014).
Las omisiones administrativas, como la exclusión de extracciones dentro de zonas vedadas, han promovido el desplazamiento de aprovechamientos hacia vacíos normativos sin evaluar su impacto, provocando el minado del almacenamiento subterráneo y la captura de descargas naturales, normalmente invisibles en los registros oficiales. Además, las publicaciones de disponibilidad se basan en “fotografías históricas” elaboradas con datos desactualizados o incongruentes con los periodos de recarga, lo que impide estimar correctamente el almacenamiento y su tendencia. Al igual que una presa, el acuífero debería tratarse como un almacenamiento medible, donde los
descensos piezométricos reflejen el volumen perdido y orienten decisiones sobre su recuperabilidad, incluso bajo esquemas de recarga gestionada de efecto lento y heterogéneo.
El enfoque tradicional del safeyield se basó en una visión anualizada del balance recarga/descarga/almacenamiento (Todd y Mays, 2004). Sus limitaciones son evidentes en sistemas con alta variabilidad interanual y respuesta retardada, donde puede ocultar la captura (reducción de descargas naturales y consumo del almacenamiento) y generar “agua de papel” (Sophocleous, 2000). Desde los trabajos de Theis (1940), se reconoce que el agua bombeada proviene en parte del almacenamiento y la captura, por lo que un balance anual por sí solo no determina un volumen sostenible.
Resultados
El análisis del Sistema de Información Geográfica de Acuíferos y Cuencas revela una tendencia crítica entre 2013 y 2023. El número de acuíferos sin disponibilidad aumentó de 193 a 283, mientras que 114 fueron clasificados en condición de sobreexplotación en 2023. De los 283 sin disponibilidad, 107 coinciden con sobreexplotación, aunque siete acuíferos mantienen disponibilidad administrativa pese a estar sobreexplotados: Alfredo V. Bonfil, Las Delicias, Laguna de Palomas, Silao-Romita, Valle de Acámbaro, Huichapan-Tecozautla y Agualeguas-Ramones, lo que confirma un desacoplamiento entre el conocimiento hidrogeológico y la decisión administrativa, ampliamente documentado en la bibliografía (Alley et al. , 1999; Konikow y Leake, 2014). En promedio, la recarga de los acuíferos del país disminuyó alrededor de 23% entre 2013 y 2023. Este descenso, combinado con el aumento del volumen de extracción anual en numerosos sistemas, ha ampliado el déficit operativo y ha acelerado el agotamiento del almacenamiento subterráneo (Poeter etal. , 2020; Cook y Brunner, 2025; Theis, 1940).
Las causas de la divergencia entre disponibilidad y condición son:
1. Ventanas temporales y métricas no equivalentes: la disponibilidad se estima a partir de balances anualizados con supuestos de recarga altamente inciertos (Healy y Cook, 2002; Scanlon etal. , 2002).
2. Calidad y compatibilidad de las series: es frecuente mezclar recargas derivadas de climatologías multianuales con
extracciones correspondientes a un solo año fiscal, lo que produce diagnósticos administrativos poco operativos o “trámites de papel” (Theis, 1940; Konikow y Leake, 2014).
La gestión actual descansa, explícita o implícitamente, en la suposición de que la recarga equivale a un porcentaje constante de la precipitación anual. La evidencia empírica desmiente esta linealidad: la recarga responde de manera no lineal a procesos difusos, heterogéneos y con tiempos de tránsito variables en la zona no saturada (Poeter etal. , 2020; Cook y Brunner, 2023). En sistemas con captura y respuesta retardada, una reducción de 23% en la recarga puede traducirse en abatimientos piezométricos mucho mayores, sin un ajuste proporcional en el bombeo (Theis, 1940; Konikow y Leake, 2014).
Los patrones estatales refuerzan la tendencia nacional. En el arco Noroeste-Altiplano-Occidente-Centro se observa una pérdida generalizada de disponibilidad y una alta coincidencia con sobreexplotación, destacando Baja California, Sonora, Sinaloa, Chihuahua, Coahuila-Durango (la Laguna), Zacatecas, San Luis Potosí, Aguascalientes, Guanajuato, Jalisco, Michoacán, Querétaro y la megalópolis Ciudad de México-Estado de México-Puebla-Tlaxcala. En contraste, en el Golfo y Pacífico sur (Veracruz, Guerrero, Oaxaca, Nayarit, Morelos y partes de Tamaulipas) se observan desajustes puntuales, acuíferos sin disponibilidad pero no sobreexplotados, o viceversa, atribuibles a cortes de serie y criterios metodológicos heterogéneos. En la Península de Yucatán y Tabasco-Chiapas predomina la disponibilidad, aunque con problemas de calidad e intrusión salina asociados a medios kársticos (tabla 2).
México debe transitar del concepto de safeyield hacia un enfoque de sostenibilidad hidrogeológica. Si bien el safeyield representó un hito histórico en la gestión del agua subterránea, hoy resulta insuficiente para describir sistemas con alta variabilidad temporal y respuesta retardada. En su lugar, se propone un marco operativo basado en métricas observables que incluya:
• Tendencia piezométrica y almacenamiento
• Relación extracción/recarga evaluada en múltiples escalas temporales
• Cuantificación de la captura, considerando la reducción de descargas naturales y la recarga inducida
Aguas subterráneas
Agua de papel: obsolescencia y normalización de la sobreexplotación en acuíferos de México
Con este enfoque, puede implementarse un índice operativo de sostenibilidad de acuíferos que condicione las concesiones y las “disponibilidades” a umbrales físicos y disparadores de sequía, activando medidas automáticas como recortes escalonados, sustitución por agua superficial, reúso y recarga gestionada focalizada en cauces efímeros o zonas de pie de monte (Scanlon etal. , 2002; Alley etal. , 1999).
Dado que la recarga promedio nacional disminuyó alrededor de 23% entre 2013 y 2023, los umbrales de gestión deben recalibrarse para reflejar el menor ingreso al sistema y evitar que la administración permanezca desfasada respecto a la realidad física del acuífero.
Conclusiones
El periodo 2013-2023 evidencia un mayor estrés en los acuíferos y un desajuste creciente entre la gestión administrativa y la realidad física del sistema subterráneo. La persistencia de supuestos lineales y series no comparables genera diagnósticos erróneos que sobreasignan o bloquean decisiones racionales, con lo que se agravan problemas como hundimientos, sobrecostos de bombeo y conflictos sociales. Superar este escenario exige una gestión integrada y adaptativa, basada en conocimiento actualizado, eficiencia técnica, participación social y gobernanza sólida. Urge pasar de la etiqueta de “sobreexplotación” al control operativo, midiendo dH/dt, cuantificando la captura, recalibrando la recarga y aplicando reglas dinámicas alineadas con la física del acuífero
Referencias
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Reconciliar la ciudad y la naturaleza: el agua como hilo conductor


El crecimiento urbano ha alterado profundamente los ciclos del agua y generado problemas como escasez e inundaciones, especialmente en ciudades con alta densificación y pérdida de zonas de infiltración. La dependencia de soluciones tecnológicas intensivas en energía y recursos ha incrementado los costos económicos, sociales y ambientales del manejo hídrico. Frente a esta crisis, cobra relevancia una visión que integre el agua como componente central del sistema urbano.
MARCELO CANTEIRO
Escuela Nacional de Estudios Superiores, UNAM, Unidad Morelia.

Algunas experiencias muestran la importancia de restaurar espacios naturales y recuperar sus servicios ecosistémicos, como la recarga de acuíferos y la mejora de la calidad del agua; zonas conservadas dentro de grandes urbes aportan beneficios concretos, como abastecimiento de agua limpia y control de inundaciones. Las ciudades medianas con dinámicas ecosistémicas conservadas representan una oportunidad clave para avanzar hacia una gestión del agua más sustentable. La combinación de restauración ecológica, involucramiento social, normativa actualizada y el uso de tecnologías apropiadas puede reducir costos, fortalecer la resiliencia climática y mejorar la calidad de vida urbana. Apostar por modelos urbanos que reconecten
con la naturaleza es urgente y posible, especialmente en estos territorios intermedios donde aún se puede prevenir en lugar de corregir.
El precio de crecer: asfalto, pérdida de infiltración y desbordes urbanos
La expansión y densificación urbana promueve la concentración del consumo de agua, el impacto sobre los ciclos hidrológicos y la alteración de la calidad del agua. Estas afectaciones plantean desafíos socioambientales relacionados con una disminución en la calidad de vida de las personas. Entre estos desafíos, destaca la aparición de problemas relacionados con el agua, como la escasez y la presencia de inundaciones (Zambrano etal. , 2017). La intensidad de estos problemas en las ciudades depende del
Prevención
Reconciliar la ciudad y la naturaleza: el agua como hilo conductor
grado de alteración del espacio promovido por la urbanización. Dicha modificación del espacio implica un impacto sobre los ecosistemas y su funcionamiento y, por lo tanto, una disminución o pérdida de los beneficios obtenidos por nuestra relación con la naturaleza (McPhearson etal. , 2014).
Una importante consecuencia del impacto de la urbanización en los ecosistemas y sus procesos es nuestra dependencia continua de inversión tecnológica y energética para realizar este tipo de procesos. Sin embargo, cada vez parece estar más claro que dentro del territorio urbano no todo lo debemos y podemos solucionar a través del uso de la tecnología (Maass, 2019). Aunque en algún momento fue rentable este enfoque del manejo, las características de las ciudades modernas y la crisis climática en la que nos encontramos (Murray, 2021; Ürge-Vorsatz et al. , 2018) hacen que esta visión implique costos económicos, sociales y ambientales cada vez más elevados para las ciudades y sus habitantes. Esto nos solo atenta contra la calidad de vida urbana, sino que también va en contra de la búsqueda de futuros más sostenibles.
El agua en el centro de la política urbana
Para avanzar en esta visión futura de la urbanización, es necesario entender al agua no solo como un recurso, sino como un componente vital del paisaje y de los procesos ecológicos (Maass, 2015). En este sentido, las modificaciones propuestas por la urbanización, particularmente las relativas al cambio de uso de suelo, la reducción de espacios naturales y la subsecuente impermeabilización de las urbes provocan la modificación o eliminación de cauces y la reducción de la infiltración de agua. Estas modificaciones no solo afectan la disponibilidad de agua; también impactan procesos y dinámicas naturales que promueven la resiliencia del ecosistema urbano frente a fenómenos naturales como tormentas, sequías u otros eventos extremos asociados al cambio climático (Estrada etal. , 2023). Esto a su vez deriva en una intensificación de problemáticas urbanas tales como inundaciones y escasez de agua, las cuales pueden desembocar en conflictos sociales y afectar con mayor intensidad a grupos sociales en situación de vulnerabilidad.
Algunas ciudades han tomado acciones para mejorar y facilitar su manejo del agua a través de la consideración de las dinámicas naturales en territorio urbano. Respecto a esto, las

principales acciones reportadas se basan en la restauración de espacios naturales terrestres y acuáticos. En este sentido, se encontró que el 76% de los casos estudiados presentaron acciones relacionadas con el cambio de infraestructura urbana gris por espacios verdes o azules, e integrando al agua como prioridad en el diseño urbano. Lo anterior, a través de soluciones basadas en la naturaleza, estrategias de desarrollo de bajo impacto y la integración de la planificación del uso del suelo con la gestión de recursos hídricos. Sin embargo, en el 71% de los casos también se reportaron acciones relacionadas con la rehabilitación o conservación de aguas superficiales y sus ecosistemas asociados como estrategias para el manejo de agua urbano. Por otra parte, en el 41% de los casos se realizaron también acciones relacionadas con la búsqueda de fuentes alternativas para aumentar la disponibilidad de agua, como la reutilización de aguas residuales o la recolección de agua de lluvia.
Estos cambios fueron impulsados en esas ciudades debido a varios motores e incentivos, tanto económicos como sociales y políticos. Una primera motivación para avanzar en este tipo de iniciativas que consideran los procesos naturales relacionados
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con el agua en las estrategias de planeación y gestión urbana e hídrica fue el costo del manejo urbano del agua tradicional, centrado en el uso de tecnología, el cual comienza a elevarse y a dificultar el manejo. Cambios en la legislación o en las políticas públicas existentes, así como reclamos sociales para mejorar el manejo del agua también promovieron el avance de este tipo de iniciativas. Existen asimismo otros motivos que derivan de la gravedad de los problemas experimentados por las ciudades, como sequías e inundaciones. Más allá de la diversidad de motivos para incluir una visión más sensible en el manejo del agua, los objetivos finales eran los mismos: recuperar esos beneficios que la naturaleza otorgaba para la gestión del agua, sin intervención humana, que fueron afectados por la urbanización y que resulta valioso recuperar y aprovechar. Un ejemplo que permite ilustrar este tipo de iniciativas es la Ciudad de México, la cual presenta muchos de los problemas relacionados con el agua que tienen las ciudades. Sin embargo, en la parte sur de la ciudad existe la Reserva Ecológica del Pedregal de San Ángel, REPSA, que brinda diversos beneficios a la sociedad, algunos de estos relacionados con el agua. Con estudios recientes se ha comprobado que la conservación de este espacio natural está beneficiando a la ciudad en términos de cantidad y calidad de agua. Esto se explica porque el agua de lluvia que se infiltra en la reserva y recarga el acuífero somero puede abastecer hasta a 39,400 habitantes al año. A su vez, la lluvia infiltrada desaparece rápidamente de la superficie, lo que contribuye al control de inundaciones. Además, al llegar al acuífero somero, dicho volumen de agua es capaz de diluir los contaminantes que el acuífero ha recibido a lo largo de su paso por debajo del suelo urbano, y mejora así la calidad del agua. Esto ilustra cómo hasta en una megaciudad con alta presencia de problemas relacionados con el agua se puede obtener un beneficio de conservar o restaurar espacios naturales que contribuyan y faciliten el manejo urbano del agua.
Ciudades medianas: construyendo un futuro más sostenible
Las ciudades pequeñas y medianas, muchas veces olvidadas en los debates urbanos, presentan oportunidades relevantes para transitar hacia la sustentabilidad urbana. A diferencia de las grandes metrópolis, donde la urbanización ha modificado
profundamente el territorio, las ciudades chicas y medias conservan ecosistemas y mantienen dinámicas naturales funcionales, tanto dentro del territorio urbano como en el periurbano. Estas dinámicas pueden aprovecharse para contribuir al manejo del agua y a la conservación de servicios naturales vitales para las sociedades y los ecosistemas. A su vez, la consideración de las dinámicas naturales en la urbanización posibilita la búsqueda de soluciones alternativas a los problemas urbanos relacionados con el agua, reduciendo costos en el manejo y fomentando el bienestar de los habitantes urbanos.
Para que las ciudades pequeñas y medianas transiten de manera efectiva hacia una gestión hídrica sustentable, resulta indispensable combinar iniciativas ecológicas, normativas, institucionales, sociales y tecnológicas en su planificación urbana. En este contexto, entre las iniciativas ecológicas destacan la conservación y restauración de ecosistemas, considerando la recuperación de cauces fluviales y sus ecosistemas asociados, humedales periurbanos y áreas de recarga de acuíferos. Este tipo de acciones se orientan a considerar en las políticas urbanas los ciclos naturales del agua, lo cual mejora la infiltración y contribuye a prevenir inundaciones a través de la regulación de caudales ante eventos extremos. Lo anterior no se contradice con la implementación de iniciativas tecnológicas en el manejo del agua, sino que esta visión busca que la tecnología sea complementaria y aproveche las dinámicas naturales en la ciudad. En este sentido, existen innovaciones tecnológicas que pueden cumplir este papel, como los captadores de lluvia y las plantas de tratamiento para el reúso de agua, que aumentan la disponibilidad del líquido. Sin embargo, debido a la magnitud de los problemas urbanos relacionados con el agua, estas iniciativas no son capaces de atenderlos por sí solas, además de que implican altos costos económicos, de instalación y operación, así como impactos socioambientales por su intenso uso de energía. Es necesario tener claro que este tipo de iniciativas deberían ser consideradas un complemento de las iniciativas ecológicas, y no ser el centro de las políticas de manejo urbano del agua. Respecto a las iniciativas regulatorias, políticas o institucionales, algunas experiencias resaltan los incentivos para realizar nuevos diseños de urbanización con base en dinámicas naturales como la precipitación, la infiltración y la escorrentía. A su vez, en algunos casos, son las normativas locales o regionales las
Prevención
Reconciliar la ciudad y la naturaleza: el agua como hilo conductor
que incentivan, promueven u obligan a la realización de algunos procesos como la recuperación de agua de lluvia o la instalación de drenaje pluvial, para evitar la mezcla de agua limpia y sucia, así como el tratamiento y reúso del agua tratada. Estas iniciativas generan incentivos para que tanto actores públicos como privados vinculados con la urbanización transiten hacia mecanismos que respeten los procesos naturales vinculados con el agua y promuevan una gestión hídrica más eficiente y sostenible en las urbes.
Las diferentes iniciativas planteadas deberían combinarse y reflejarse en políticas públicas que incentiven la realización de proyectos urbanos que incorporen las dinámicas naturales; estos proyectos deben ser claros y transparentes para la sociedad, ya que se sabe que una barrera para poder ejecutarlos es justamente la falta de apropiación o incluso la oposición social al cambio en el manejo, o la falta de entendimiento de la población de los beneficios a mediano y largo plazo. Lo anterior puede deberse a la falta de confianza en los proyectos o en la gestión, o a los inconvenientes a corto plazo que pueden generar este tipo de proyectos, como la construcción de grandes obras y la falta de soluciones inmediatas, entre otros. Para superar estas barreras se han visto experiencias a través de la participación, la transparencia y la educación socioambiental, que promueven la sensibilización de los habitantes de las urbes sobre el valor del agua y de una adecuada gestión. Por ejemplo, una barrera social para el uso de agua tratada se fundamenta en la falta de confianza de la población sobre el tratamiento del agua por parte de los encargados del proceso y, por lo tanto, de su calidad final. En consecuencia, la ejecución de este tipo de iniciativas tecnológicas solo será viable si se construye la confianza ciudadana a través del involucramiento de la sociedad en todas las etapas, desde el diagnóstico y el diseño de los proyectos hasta su operación y mantenimiento. Esto fortalece el sentido de pertenencia, fomenta la corresponsabilidad y permite avanzar en superar resistencias sociales, lo que promueve la apropiación social de estas soluciones y la viabilidad de los proyectos.
Conclusiones: el futuro del agua urbana
Los problemas urbanos relacionados con el agua necesitan soluciones integrales, entre las que se encuentra el replantearse el modelo de urbanización en cuanto a crecimiento y expansión
de la ciudad en términos cuantitativos y cualitativos. Solucionar estos problemas es cada vez más urgente, por sus impactos socioambientales actuales, pero también por el contexto de crisis climática que indica que se irán intensificando en el futuro. Optar por modelos urbanos que reconecten con la naturaleza parece ser una alternativa urgente y posible. Así, las ciudades pequeñas y medianas tienen ante sí una oportunidad única para evitar los errores de las grandes urbes y aprovechar su escala para integrar al agua como hilo conductor en su modelo de urbanización. Para ello resulta clave generar marcos normativos, institucionales y programáticos que alineen la urbanización y el manejo del agua con los procesos naturales y permitan conservar y restaurar los beneficios de dichos procesos para la sociedad y para los ecosistemas. Además, es necesario generar información, indicadores e incentivos financieros que apalanquen el desarrollo de iniciativas tanto gubernamentales como no gubernamentales orientadas a este mismo objetivo. Finalmente, se requiere promover procesos de comunicación, educación y aprendizaje sociales vinculados al valor del agua en las ciudades, los retos que se enfrentan y la importancia de poner al agua como eje central de los procesos de urbanización. Con base en estos pasos, se podría avanzar hacia un modelo urbano resiliente, sustentable y justo para las ciudades pequeñas y medianas, que permita fortalecer sus capacidades para enfrentar los desafíos del cambio climático y la crisis hídrica Referencias
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Murray, G. (2021). Seven decades of climate change across Mexico. Atmósfera Ürge-Vorsatz, D., et al. (2018). Locking in positive climate responses in cities. Nature Climate Change 8(3): 174-177.
Zambrano, L., et al. (2017). A spatial model for evaluating the vulnerability of water management in Mexico City, Sao Paulo and Buenos Aires considering climate change. Anthropocene 17: 1-12.
Bibliografía
Canteiro, M., et al. (2019). Relationships between urban aquifers and preserved areas south of Mexico City. Groundwater for Sustainable Development 8: 373-380. Canteiro, M., et al. (2023). Urban green spaces and their relationship with groundwater quality: The case of a shallow aquifer in the south of Mexico City. Sustainable Water Resources Management 9(5): 156.
Canteiro, M., et al. (2024). Natural dynamics and watershed approach incorporation in urban water management: A scoping review. PLOS ONE
Canteiro, M., et al. (2025). The relation between urban green spaces, shallow aquifers and water availability for cities: A case study in Mexico City. PLOS Water 4(4).
Actualización profesional
Retos de la investigación del agua en México
Úrsula Oswald Spring (coordinadora)
Cuernavaca, UNAM, Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias, 2011.

Este extenso estudio es un diagnóstico interinstitucional, interdisciplinario e intersectorial que expone la complejidad socioambiental del agua superficial y subterránea en diversos ecosistemas, y que analiza las políticas hidráulicas del Estado, así como las megaobras y las tecnologías sustentables que coadyuvan a la mitigación y a la adaptación de condiciones cada vez más adversas
La calidad del agua
y sus diversas implicaciones sobre las poblacionales asentadas en las zonas costeras de América Latina. El caso de Ecuador y México
Rubén de Jesús Solís Mercado, coordinador
Ecosur 2016

Estelibro es un llamado de atención vigente para la sociedad y gobiernos contemporáneos, ya que evidencia una serie de problemáticas
relacionadas con el recurso agua que, lejos de resolverse, se agravan en América Latina. El contenido es resultado de un esfuerzo internacional de investigadoras de Ecuador y colaboradores de Ecosur en México, quienes proponen reflexiones y presentan datos de utilidad para el debate alrededor de la calidad del agua y sus implicaciones
Ética hídrica
Una nueva orientación para las decisiones relativas al agua
Adrián Pedrozo Acuña y Juana Amalia Salgado López, coordinadores
IMTA, Semarnat, 2021
aterriza en cinco casos de estudio en México, los cuales nos brindan evidencia de que es posible orientar la política ambiental hacia el cuidado de la vida y las personas
Agua para la vida
Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo 2023


ELsta obra hace un llamado a la reflexión y nos invita a buscar posibles respuestas a preguntas incómodas, como: ¿qué hay detrás de las decisiones gubernamentales respecto al uso, manejo y acceso al agua? ¿Qué principios rigen a la gestión hídrica? ¿Quiénes participan en el diseño e implementación de proyectos hídricos?
Encontrar una respuesta a estas interrogantes no es fácil; por ello, el libro nos guía a partir de la contextualización de la problemática del agua a nivel mundial, los principales conflictos hídricos y las causas que los originaron, poniendo especial interés en la sobreexplotación y la degradación del entorno. Es este solo el punto de partida de un análisis más profundo que
os estudios y métodos de investigación han avanzado de manera contundente hacia una comprensión integral de la vida, en todos sus aspectos y en un mayor grado de complejidad. Hoy en día es posible comprender las maneras en que la administración y uso del agua incide en diversas aristas de la realidad; somos capaces de analizar de manera multidisciplinaria los retos a los que nos enfrentamos y las posibles soluciones para atender la urgente situación del líquido vital.
Este libro es una aportación de la Universidad de Hidalgo a esta discusión.
Se conforma por diversas indagaciones académicas, opiniones e ideas, desarrolladas por personas que han dedicado su vocación al estudio del agua y las implicaciones de su uso a lo largo de la historia, así como en el contexto actual. Se fomentó la colaboración desde diversas ramas del conocimiento, a fin de enarbolar un diálogo abierto y hacer conciencia respecto a las problemáticas ambientales y sociales que atañen al agua, el líquido esencial para la supervivencia de los seres vivos que habitamos el planeta


Acceso al agua y riesgo sanitario

La pandemia de COVID-19 declarada en 2020 llevó a muchos países a poner a prueba sus capacidades para afrontar emergencias. La gestión del agua resultó ser un sector estratégico para afrontar la pandemia, según fuentes internacionales. En términos de abasto del servicio, el acceso al agua mejoró las capacidades de la población para reducir los contagios, mientras que había incertidumbre sobre el comportamiento del virus tanto en aguas residuales como en las fuentes de abasto.

La mayoría de los casos de contagio durante la pandemia de COVID-19 se concentraron en las ciudades, y dentro de sus territorios fueron más numerosos en hogares con marginación. La emergencia sanitaria requería mantener distanciamiento y seguir múltiples medidas sanitarias para reducir el riesgo. Sin embargo, las personas en condición de pobreza difícilmente podían permanecer aisladas, mientras que sus medios para seguir las medidas sanitarias eran limitados debido a los escasos servicios públicos provistos en las zonas donde habitan.
Respecto al agua, la pregunta es si el acceso al servicio de agua tenía una influencia significativa en el riesgo de contagios. En teoría, se sabe que el servicio de agua provee un medio asequible y seguro de sanitización. La falta del servicio reduce las posibilidades de lavarse las manos, lavar la ropa o asear cualquier superficie que pudiera tener el virus. Por ende, la carencia de
GLORIA SOTO MONTES DE OCA
Universidad Autónoma Metropolitana Cuajimalpa.
Abastecimiento
Acceso al agua y riesgo sanitario
este servicio se consideró un factor de vulnerabilidad de los hogares frente a la propagación de la enfermedad, sobre todo en contextos de alta exposición (Ortega et al. , 2020). Además, en las zonas con marginación existe una mayor probabilidad de sufrir problemas con el servicio de agua.
Para confirmar la relación entre el acceso al servicio del agua y el número de contagios, se hizo un estudio con datos de la Ciudad de México (Soto et al. , 2024). En el tema del agua, se utilizaron datos de fuentes oficiales del Sistema de Aguas de la Ciudad de México (Sacmex) sobre las colonias con servicio de tandeo y con condonación, mientras que en el tema de salud se procesó información de la Base del Sistema Nacional de Vigilancia Epidemiológica en la Ciudad de México sobre el número de contagios de COVID-19 en escala de colonia.
A partir de estos datos se ubicaron las colonias con servicio provisto a través de tandeo y con condonaciones, con lo que se sabe que 2.6 millones de personas tienen problemas con el servicio de agua, equivalentes al 29% del total de la población (Soto et al. , 2024). Lo ideal habría sido contar con información más precisa sobre las condiciones del servicio, como el número de horas y la frecuencia de los recortes. Por ejemplo, según la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares, el 70.2% de los hogares reciben agua diariamente, mientras que en el 16% la reciben cada tercer día; 13.8% la reciben dos veces por semana, una vez por semana o de vez en cuando; en tanto que en 6.6%

de los hogares no la reciben y la consiguen acarreándola de otra vivienda, de una llave pública, de pozos, ríos, arroyos, lagos o lagunas, o la obtienen mediante pipas (Inegi, 2021). Estos datos coinciden con una encuesta nacional de hogares urbanos que encontró que cerca del 30% de estos enfrentan problemas de tandeo, pero además agrega que reciben agua solamente siete horas a la semana en promedio (CIDE-Conagua, 2012). Es decir, aquellos hogares que reciben agua pocas horas a la semana son altamente vulnerables ante el COVID-19. Sin embargo, estas dos últimas fuentes solo proveen información en escala de localidad, demasiado agregada para conocer las diferencias en términos de influencia del servicio de abasto de agua.
El análisis contempló los casos de COVID-19 entre el 29 de junio de 2020 y el 7 de febrero de 2021, periodo de alrededor de siete meses (Soto et al. , 2024). Según los resultados, en la Ciudad de México los contagios de COVID-19 aumentaron en las colonias con problemas de tandeo o condonadas. En términos agregados, se encontró una media de 271 casos de contagio por cada 10,000 habitantes en colonias sin problemas con el servicio, y de 319 casos en aquellas con problemas de servicio. Es decir, en promedio aumentan 48 casos por cada 10,000 habitantes en colonias con deficiencias del servicio.
A nivel espacial, los casos de contagio de COVID-19 por cada 10,000 habitantes fueron proporcionalmente mayores en las colonias del sur de la ciudad (color naranja en la figura 2), muchas clasificadas con problemas de servicio de agua. La mayoría de estas colonias se ubican en alcaldías que tienen suelo de conservación, siendo zonas periurbanas donde existe mayor abundancia de fuentes de agua naturales que seguramente en la actualidad se llevan a otras zonas de la ciudad. Probablemente este problema de acceso al servicio en las zonas periféricas sea común en otras ciudades del país. En contraposición, los casos de contagio de COVID-19 por cada 10,000 habitantes fueron considerablemente menores en las colonias con servicio de agua eficiente (color azul), lo que muestra que las personas en estas colonias estuvieron mejor preparadas y fueron más resilientes a los efectos adversos de la pandemia.
Por otro lado, el mismo estudio utilizó un modelo de regresión para conocer la proporción de casos de contagio de COVID-19 explicados por problemas del servicio de agua, y se estimó que el 17.3% de los casos se derivaron del acceso inefi-
Colonias con problemas del servicio
Colonias con buen servicio
Figura 1. Casos de contagio de COVID-19 en la Ciudad de México por cada 10,000 habitantes.
Acceso al agua y riesgo sanitario
ciente al agua. En otras palabras, se podrían haber evitado 43,000 casos durante el periodo de estudio si todas las colonias de la ciudad hubieran tenido un servicio confiable. Para tener perspectiva económica de los costos de estos contagios para el sistema de salud pública, se estima que el costo promedio de la atención hospitalaria por paciente fue de 6,557 dólares, equivalentes a 137,565.8 pesos mexicanos, considerando un tipo de cambio de 20.98 pesos por dólar utilizado en el estudio para 2021 (Torres et al. , 2023).
Tomando en cuenta que en la Ciudad de México el 5.23% de los casos requirieron hospitalización, los costos para el sistema de salud fueron casi 289 millones de pesos para los siete meses incluidos en el estudio. En otras palabras, el sistema de salud pública pudo haber evitado estos costos si el servicio hubiera sido confiable en todas las colonias, sin considerar las muertes y el sufrimiento de esta condición.
Conclusiones
Simbología
Casos por cada 10,000 habitantes
Colonia con servicio de agua regular 2,816
0
Colonia con serivicio de agua deficiente 1,055
0
0 3 6 12 18 24 km

Delimitación de colonia
Delimitación de alcaldía
Nota: Esta tendencia es correcta, excepto en una colonia de Iztapalapa que tiene el mayor registro de casos de COVID por cada 10,000 habitantes.
Fuente: Soto etal. , 2024.
Figura 2. Promedio de casos de COVID-19 en colonias con y sin problemas de acceso al servicio de abasto de agua.
Para enfrentar crisis sanitarias como el COVID-19, queda claro que las ciudades deben implementar acciones para mejorar el acceso al servicio de las zonas con problemas de recortes. Las zonas con servicio de agua ineficiente requieren aumentar las inversiones provenientes de recursos públicos y de la recaudación de los hogares con buen nivel del servicio. También se debe pensar en redistribuir el agua para abastecer de manera más homogénea a la población de toda la ciudad.
Los indicadores que manejan los organismos operadores de agua deberían contemplar información sobre la eficiencia del servicio desagregada por regiones o colonias, y particularmente sobre las zonas marginadas. Esto permitiría desarrollar investigación que alimente los procesos de toma de decisiones y perfeccione la respuesta de las políticas públicas en materia de agua en otras partes del país.
Priorizar las inversiones públicas para mejorar la eficiencia del servicio de abasto de agua en las zonas con servicio inefi-
ciente es claramente una política que incide en el establecimiento de condiciones favorables para mejorar las capacidades de las personas frente a eventos catastróficos, tales como la pandemia de COVID-19. Deben considerarse las crisis futuras que, sin lugar a dudas, aumentarán por el proceso de cambio climático que está viviendo el planeta. Las emergencias sanitarias o de otra naturaleza requieren que las ciudades diseñen políticas que inviertan en reducir la vulnerabilidad humana ante enfermedades y los efectos de un clima menos estable. Una conclusión innegable es que mejorar la resiliencia y estabilidad futura de las ciudades incluye lograr la equidad social en el acceso al agua
Referencias
Centro de Investigación y Docencia Económicas, CIDE, y Comisión Nacional del Agua, Conagua (2012). Estudio para estimación de los factores y funciones de la demanda de agua potable en el sector doméstico en México. Disponible en: www. researchgate.net/publication/274053633_Estimacion_de_los_factores_y_funciones_de_la_demanda_de_agua_potable_en_el_sector_domestico_en_Mexico Instituto Nacional de Estadística y Geografía, Inegi (2021). Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares. Tabulados de hogares y viviendas. México. Ortega, A., et al. (2020). Índice de vulnerabilidad en la infraestructura de la vivienda ante el COVID-19 en México. Notas de Población 111.
Soto, G., et al. (2024). El acceso al servicio de agua y la vulnerabilidad al COVID-19: el caso de la Ciudad de México. Tecnología y Ciencias del Agua 15(1): 189-232. Torres, M., et al. (2023). Costos directos de atención médica por COVID-19 durante el primer año de pandemia en un hospital reconvertido. Gaceta Médica de México 159(3): 175-183.
Azcapotzalco
Miguel Hidalgo Cuauhtémoc
Coyoacán
Á. Obregón Cuajimalpa
M. Contreras
Tlalpan
Gustavo A. Madero
V. Carranza
Iztapalapa
Tláhuac
Xochimilco
Milpa Alta
Calendario
Febrero 3-5
2026 SPE Hydraulic Fracturing Technology Conference and Exhibition Solutions. People. Energy International The Woodlands, EUA www.spe-events.org/ hydraulicfracturing
Febrero 25-28
1er Encuentro de Humedales Urbanos Latinomericanos y del Caribe
Fundación Humedales Bogotá Bogotá y Antioquia, Colombia www.humedalesbogota.com
Marzo 17-19
Congreso ACADES 2026
Asociación Chilena de Desalación y Reúso, A. G. Santiago, Chile www.congresoacades.cl
Abril 28-30
WQA 2026 Convention & Expo
Water Quality Association Miami, EUA wqa.org/events/2026-wqaconvention-expo
Mayo 4 al 7
IFAT Múnich
Soluciones para el agua, el reciclaje y la circularidad IFAT
Múnich, Alemania www.ifat.de/en
Mayo 18-20
Global Water Summit 2026
Global Water Intelligence Madrid, España www.watermeetsmoney.com
Mayo 23-29
ICOLD México 2026
Comité Internacional de Grandes Presas Guadalajara, México www.icoldmexico2026.com/es
Junio 15-19
Singapore International Water Week & Expo SIWW+ Singapur www.siww.com.sg
Septiembre 1-3
Aquatech México Aquatech
Ciudad de México www.aquatechtrade.com
Octubre 4-8
Congreso y exposición mundial del agua de la IWA IWA
Glasgow, Reino Unido https://worldwatercongress.org/
Octubre 19-23
XXXII Congreso Latinoamericano de Hidráulica
Asociación Internacional de Ingeniería e Investigación Hidro-ambiental Valparaíso-Viña del Mar, Chile www.iahr-chile2026.com
Global Water Summit 2026
Los extremos climáticos, el aumento de la demanda energética y las presiones sobre el capital significan que los sistemas en los que confiamos deben adaptarse rápidamente. Las nuevas tecnologías y la IA harán frente a estos desafíos, aun cuando planteen nuevas demandas al agua. ¿Cómo podemos encontrar un equilibrio? La Cumbre Mundial del Agua de este año trata de convertir esa cuestión en acción mediante la adaptación más rápido, de manera más inteligente y a escala.
La Cumbre Mundial sobre el Agua es el evento emblemático del sector del agua. Reconocido por una agenda líder en la industria y una alta concentración de ejecutivos del sector hídrico, es una oportunidad inigualable para el desarrollo de redes y estrategias. La Cumbre Mundial del Agua es un evento internacional que busca ser impactante e indispensable para el futuro del sector hídrico. Lugar de encuentro de los principales actores internacionales de la industria del agua: finanzas, desalación, innovación tecnológica, regulación y más. Tres días de conocimiento e impacto en un programa dinámico organizado por los analistas de Global Water Intelligence. Más de 200 voces que definen la industria y más de 1,200 líderes del agua de todo el mundo.

Madrid, España
Global Water Intelligence www.watermeetsmoney.com
Breves
Acuerdo Nacional por el Derecho Humano al Agua
Hace ya casi un año se presentó en México el Plan Nacional Hídrico.
Su objetivo central es garantizar el acceso equitativo al agua promoviendo un uso sostenible de los recursos hídricos y fortaleciendo la gestión responsable del agua en todo el país.
Unos días después se firmó el Acuerdo Nacional por el Derecho al Agua y la Sustentabilidad en el Parque Ecológico de Xochimilco. Este acuerdo, derivado del Plan Nacional Hídrico, busca garantizar el acceso equitativo al agua, reconocer su valor como un derecho humano y promover prácticas sostenibles para hacer
frente a la creciente crisis hídrica. Luego se llevó a cabo el Encuentro Nacional Municipal en enero de 2025, que se propuso la creación de un Plan Maestro de Infraestructura Hídrica, con la participación de los tres niveles de gobierno, para garantizar el acceso universal al agua potable.
En este cierre de 2025 se está en la etapa de firmar acuerdos en cada estado con autoridades estatales y municipales, coordinados a través de las direcciones locales de la Conagua.
En busca de garantizar el acceso al agua, promover el uso eficiente, invertir en infraestructura y gestionar de ma-
nera sustentable el recurso hídrico, se está llegando al campo con empresas que participan en la iniciativa –cámaras estatales e incluso comerciantes del sector ubicados en el territorio estatal y municipal.
En ese contexto, la presidenta de la República designó una comitiva para llevar a cabo el saneamiento de los tres ríos más contaminados: Atoyac, Tula y Lerma.
Ha habido una coordinación exitosa y un trabajo fundamental en el río Lerma para tener una gobernanza de hecho con el Estado de México y los municipios conurbados al Lerma
Emergencia en la CDMX por las inundaciones
El sábado 27 de septiembre se emitió una alerta temprana de fuertes lluvias en la Ciudad de México, sobre todo para la zona oriente, y después se fue acrecentando la alerta, hasta llegar a la alerta púrpura.
La lluvia rebasó los 91 milímetros de precipitación pluvial, fenómeno que no se había presentado en la Ciudad de México desde hace 34 años: 91 milímetros de precipitación pluvial, que en volumen son 31 millones de metros cúbicos o 31 millones de toneladas de agua. Inmediatamente se activó el programa Tlaloque y en 24 horas se logró desfogar el 90% de las inundaciones, tanto en Iztapalapa como en Tláhuac, con los nuevos equipos hidroneumáticos y de bombeo.
Hubo miles de servidores públicos trabajando en actividades desde el desfogue de agua hasta la atención de emergencias. Se instalaron 16 centros de mando para apoyar a la población en las zonas más difíciles; allí, las tareas de atención a la emergencia consisten, entre otras, en la limpieza de las casas y las calles, el desazolve y el establecimiento de comedores. Se levantó un censo de personas afectadas
En la zona oriente, donde hubo afectación permanente, se desarrollan las obras de un gran colector, en coordinación con el Estado de México y la Conagua.
Durante la atención de la emergencia, la Secretaría de Gestión Integral del Agua desplegó más de 160 elementos, entre ingenieros, cuadrillas y equipo operativo; unos 164 equipos móviles, entre hidroneumáticos, equipos Hércules de bombeo y equipos móviles de desfogue, que estuvieron distribuidos en las principales colonias afectadas. La Subsecretaría de Planeación y Proyectos está enfocada en la actualización de la infraestructura, porque hay algunos colectores que han perdido su capacidad de conducción; se hace la actualización la topografía y la videoinspección al interior de los colectores con el fin de desarrollar nuevos proyectos ejecutivos para la rehabilitación y actualización de la red; se intervendrán algunos vasos reguladores y mediante el programa de Acupuntura Hídrica se busca agregar más sitios de infiltración para recargar el acuífero
Arte/Cultura
Oscar D’León Música
“El sonero del mundo” es sin duda un hombre que a lo largo de su carrera se ha hecho un nombre como pocos en el mundo de la música, es un verdadero artista global, multifacético y sobre todo un venezolano de corazón universal, un latino por excelencia que se ha convertido por su talento, acciones y ejemplos en un embajador latino por excelencia en el mundo.
El músico ofrecerá un recorrido apasionante por la obra que lo ha consagrado como uno de los máximos
Exposiciones
Cuando el río no suena · Víctor Solís
El humor gráfico como catarsis, para expresar lo que le preocupa y despertar la reflexión en la ciudadanía: así define el artista mexicano Víctor Solís los 35 años trazando viñetas ambientales, que lo celebra compartiendo su universo visual a través de una exposición de 67 ilustraciones y el lanzamiento de un libro con más de 210 cartones ecológicos.
exponentes de la música afrocaribeña. A lo largo de más de cinco décadas de carrera, Óscar D’León se ha convertido en sinónimo de fiesta, sabor y resistencia cultural. Nacido en Caracas en 1943, este ícono comenzó su vida laboral como mecánico y taxista antes de consagrarse en los escenarios. Su historia es la de un hombre que, con el bajo eléctrico como estandarte y una voz capaz de incendiar las pistas de baile, transformó la salsa en un lenguaje universal

Auditorio Nacional. Av. Paseo de la Reforma 50, Polanco, V Sección, Ciudad de México 7 de enero, 20:30 h

El título hace alusión a la sabiduría popular contenida en los dichos, aunque esta vez plantea una hipótesis contraria y un escenario inquietante: ¿qué va a pasar cuando los recursos del planeta se hayan agotado?
Centro Cultural Universitario Tlatelolco
Av. Ricardo Flores Magón 1 , Nonoalco Tlatelolco, Cuauhtémoc 06900, Ciudad de México Hasta enero de 2026









