Cultura

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Cultura elCaribe, SÁBADO 11 DE AGOSTO DE 2018

elcaribe.com.do

“Al diablo con Picasso”, una crítica bestial

Negro Veras Walter Otero valora a Yeni valora el papel Berenice Reynoso del galerista

Pedro Delgado Malagón reproduce un artículo del historiador inglés Paul Johnson donde vuelve a lanzar ácido quemante contra Pablo Picasso . P.5

El jurista Ramón Antonio Veras le dirige una carta a la fiscal del Distrito Nacional Yeni Berenice Reynoso en la que destaca sus virtudes. P.8

La Casa de Caoba y el Castillo del Cerro Ambos edificios, ubicados en San Cristóbal, fueron construidos para el dictador Rafael Leónidas Trujillo

La Casa de Caoba se encuentra arrabalizada. HENRY SANTIAGO.

El director de Walter Otero Contemporary habla de la naturaleza del trabajo de quien se dedica a mercadear una obra de arte P.12

MARCOS RODRÍGUEZ mrodriguez@elcaribe.com.do

A

escasa distancia de lo que era la Hacienda Fundación, en la comunidad de La Suiza, en San Cristóbal, se encuentra, al final de un empedrado camino de una colina, el vestigio de la Casa de Caoba del dictador Rafael Leónidas Trujillo. Esta construcción de hormigón armado, que data del 1940, fue levantada en

una superficie de 3,162 metros, repartidos en tres niveles. Fue construida, en principio, por el agrimensor Emilio Espino, y luego ampliada por el ingeniero Félix Benítez Rexach, siendo retocada en otro momento por el ingeniero Bonet Báez, con su ayudante Ramón Velázquez. La madera preciosa empleada para su decoración interior, especialmente del segundo y tercer piso, fue la caoba, motivo por el cual lleva ese nombre. Sin embargo, los decoradores también utilizaron roble y otras maderas, que procedían de las proximidades de las comunidades de Boruga y San Francisco de la provincia. De acuerdo con el escritor Guaroa Ubiñas Renville, cerca de la casa había una especie de edificio de dos pisos donde dormía parte del personal fijo. La primera planta, que fungía como garaje, daba paso a las otras dos que estaban protegidas del mundo exterior por unas ventanas anchas, de vidrio opaco. Desde su altura se dominaba todo el llano y se alcanzaba a ver San Cristóbal, como también desde esta ciudad, quienes tenían conocimiento, podían saber cuándo “El Jefe” estaba en la casa. Lo determinaban, con solo observar si las luces de arriba estaban encendidas. Para acceder a la zona elevada que conducía hasta la casa, había que pasar por una puerta cuidada por una patrulla militar que, al principio, estaba al mando de un sargento y luego, por un teniente, refiere Renville en “La Hacienda Fundación”. Pocos metros antes de esta puerta había una vivienda llamada la Casa Redonda, que era donde pernoctaba y vivía Trujillo mientras estaba allí, a finales de la década de los años 30, que fue cuando comenzó la construcción de la Casa de Caoba. Luego, la Casa Redonda quedó como la zona donde almacenaban artículos de la Casa de Caoba; en esta área existía una de las dos vías que daban acceso a la Casa de Caoba. “Unos pocos metros más adelante, pero del lado frontal, había una pequeña fortaleza militar, que luego fue habitada por varias familias. Es de conocimiento público que detrás de esta fortaleza, de la cual quedan las ruinas, existía un hoyo en el cual lanzaban los cadáveres de asesinados”, cuenta Renville. l


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