Cultura 07 febrero 2026

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Cultura

elCaribe, SÁBADO 7 DE FEBRERO DE 2026 elcaribe.com.do

Basquiat, el niño rey del garabato

José Mercader presenta una visión crítica de la obra de este artista estadounidense de ascendencia haitiana, también conocido como Samo . P.8

El desembarco guerrillero en Playa Caracoles

La página de OGM rememora las acusaciones y reacciones acerca de este hecho que ocurrió en el mes de febrero de 1973 . P.7

“El arte pemite concetar a las personas”

La ilustradora dominicana Doris Rodríguez, ganadora la medalla de plata en los premios ILBA 2025, comparte inquietudes y experiencias. P.15

Los Gavilleros frente a la intervención de los Estados Unidos en 1916

El rol de las mujeres, quienes no solo gestionaron la logística y municiones, sino que también combatieron cuerpo a cuerpo

MANUEL ANTONIO VEGA atacando10@gmail.com

La ocupación militar de los Estados Unidos en la República Dominicana enfrentó una resistencia feroz en las zonas rurales del Este: los Gavilleros, un movimiento compuesto por campesinos y trabajadores sin formación militar que se alzó en armas motivado por el despojo de tierras tras el au-

ge azucarero, el nacionalismo y los abusos de los “marines”.

Mientras en las ciudades la resistencia era principalmente intelectual y política, en las zonas rurales, especialmente en el Este del país, surgió este movimiento armado que mantuvo en vilo a las tropas extranjeras por años.

El término “gavillero” (de gavilla, banda de delincuentes) fue usado por los ocupantes para criminalizar la resistencia y restarle al apoyo popular que venían recibiendo tanto en la zona rural como en

Dato

Mientras las élites urbanas negociaban o bajaban la cabeza, los campos de Hato Mayor, El Seibo y San Pedro de Macorís se convertían en el epicentro de la dignidad nacional”.

pueblos como San José de Los Llanos, Hato Mayor del Rey, El Seibo, La Romana y Ramón Santana.

Sin embargo, estos “bandidos” operaban bajo una sofisticada guerra de guerrillas, aprovechando el conocimiento del terreno y el apoyo de la población local que les proveía de refugio, comida e información.

La historia oficial, escrita a menudo con la tinta del vencedor o del extraño, intentó durante décadas colgarles el cartel de “bandidos”.

Pero el tiempo, que es el mejor juez de la memoria, ha limpiado el fango de los uniformes de aquellos hombres que, en las montañas del Este prefirieron la intemperie del monte antes que la paz de los esclavos.

Hablar de Ramón Natera, de Vicente Evangelista y de los llamados “Gavilleros” no es hablar de delincuencia; es hablar de la reserva moral de un campesinado que, con sables y caracoles, enfrentó al imperio más poderoso del siglo XX.

Mientras las élites urbanas negociaban o bajaban la cabeza, los campos de Hato Mayor, El Seibo y San Pedro de Macorís se convertían en el epicentro de la dignidad nacional. l

Los Gavilleros fue un movimiento compuesto por campesinos y trabajadores sin formación militar. FUENTE EXTERNA

historia de la medicina

La medicina en el Caribe del siglo XIX

EDomingo hasta nuestra independencia en 1844, la regulación de la práctica médica recaía en el Real Tribunal del Protomedicato. Esta institución, de origen medieval, tenía la potestad exclusiva de examinar y licenciar a médicos, cirujanos, farmacéuticos y parteras, actuando como garante de la ortodoxia profesional y religiosa. En Cuba, el Protomedicato mantuvo una estructura rígida durante la primera mitad del siglo. Sin embargo, la presión demográfica y el auge de la economía azucarera forzaron su modernización. Hacia 1842, con la secularización de la Real y Pontificia Universidad de La Habana, el Protomedicato comenzó a ceder funciones a nuevas entidades como las Juntas Superiores Gubernativas de Medicina, Cirugía y Farmacia. Esta fragmentación respondió a la necesidad de una especialización técnica que el antiguo tribunal colegiado no podía ofrecer. La estructura sanitaria cubana era, con diferencia, la más compleja de la región, con una red de Juntas de Sanidad locales subordinadas a una autoridad central en La Habana. No obstante, su eficacia era desigual: mientras La Habana contaba con instituciones avanzadas y una élite médica formada en Europa y Estados Unidos, las zonas rurales permanecían en un vacío legal donde operaban curanderos y “cirujanos”, sin ninguna formación formal.

Barbados, Trinidad, Guyana), no existió una institución centralizada equivalente al Protomedicato. La regulación médica se basaba en leyes específicas aprobadas por las asambleas locales de plantadores y gobernadores. Antes de la emancipación en 1834, la atención sanitaria se organizaba bajo el sistema de “Slave Medicine” (medicina de esclavos), donde cada plantación estaba legalmente obligada a contratar un médico viproductividad

salón de la fauna

A diferencia de Cuba, Puerto Rico careció de una universidad médica durante el siglo XIX. Esto generó una dependencia estructural de médicos formados en el extranjero (principalmente en Barcelona, París o La Habana) o de la validación de títulos por el Protomedicato local, que a menudo operaba con recursos limitados. La falta de una escuela de medicina local retrasó la profesionalización y obligó a las autoridades a tolerar, e incluso regular, a practicantes con formación empírica bajo la categoría de “ministrantes” o cirujanos menores para cubrir las necesidades básicas de la población. En el Caribe británico (Jamaica,

Tras la abolición de la esclavitud, este sistema privado colapsó parcialmente. La administración colonial británica tuvo que intervenir, creando sistemas de oficiales médicos de distrito (District Medical Officers) financiados públicamente para atender a la población indigente y a los nuevos trabajadores contratados (indentured laborers). En Jamaica y Barbados, se establecieron hospitales públicos generales a mediados de siglo, como el Barbados General Hospital (1844), marcando el inicio de la responsabilidad estatal en la salud pública, aunque siempre con un enfoque utilitario dirigido a la preservación de la mano de obra. En Martinica y Guadalupe, la administración sanitaria estuvo fuertemente vinculada al Ministerio de Marina y Colonias. La figura central no era siempre el doctor en medicina, sino el Oficial de Sanidad. Esta categoría profesional, creada en la Francia revolucionaria y abolida en la metrópoli en 1892, persistió en las colonias como una solución práctica a la escasez de médicos titulados. Los oficiales de salud tenían una formación más breve y práctica, y estaban autorizados para ejercer la medicina general y la cirugía menor, pero no las operaciones mayores. El sistema francés se caracterizó también por la presencia de Consejos de Salud (Conseils de Santé) dominados por médicos militares navales, quienes gestionaban las cuarentenas y los hospitales coloniales. Esta militarización de la salud pública permitió una respuesta rápida, aunque autoritaria, ante las epidemias, priorizando la salud de las tropas y la administración colonial sobre la población civil. l DR. HERBERT STERN

Greg Bovino

(DÉCIMA CIBAEÑA)

La piña a Trump se le agrió

En Miniápoli compay

Ai que proteta, matai

Como a Pretti le ocurrió

La patrulla diparó

A un infelí enfeimero

Laj bala eran de acero

Bovino solo se rió

Éi fue quien allí mandó

Para que usen loj jierro.

Bovino, su nombre lo indica

Tiene la sangre de toro

A Trump le hace buen coro

No lo aprendió en botica

Tampoco con Mamá Belica

Su maña ej atropellai

Y su fueiza demotrai

Puej en la frontera e terroi

El ICE e lo ma mejoi

Pa’ a la gente congelai.

l JOSÉ MERCADER

elCaribe, SÁBADO 7 DE FEBRERO DE 2026 elcaribe.com.do

Tácticas y liderazgo de Los Gavilleros

una guerra de guerrillas rural adaptada a la geografía del

Tácticas y liderazgo

Ramón Natera, “El General de los Campos del Este”, no solo fue un estratega escurridizo; fue el símbolo de un pueblo que se negaba a ser extranjero en su propia tierra.

Su capacidad para articular redes de espionaje en los ingenios y su maestría en la emboscada no nacían de un manual de West Point, sino del amor al suelo que le vio nacer y del conocimiento profundo de cada vereda de El Jagual o Las Tunas. Natera no era el “jefe de bandidos” que describían los partes militares estadounidenses, fue junto a otros constitucionalistas, quienes le dijeron a los invasores que la dignidad no se Mansilla, si los hombres y mujeres deciden luchar.

Incluso los ingenios azucareros terminaban pagándoles “impuestos de guerra” por protección a sus campos agrícolas.

El movimiento destacó por figuras legendarias como Vicente Evangelista, Ramón Natera, Gregorio Urbano Gilbert y Cayo Báez (símbolo de la resistencia tras sobrevivir a torturas), Ramón Batía, Martín Peguero, y otros.

Cabe resaltar el rol de las mujeres, quienes no solo gestionaron la logística y municiones, sino que también combatieron cuerpo a cuerpo.

Pese a la desigualdad de fuerzas frente a ametralladoras y aviones, la lucha persistió hasta 1922, cuando una amnistía general llevó a los líderes a deponer las armas.

Hoy, la historia los reivindica como patriotas rústicos que defendieron la soberanía nacional frente a una potencia extranjera.

La resistencia de los gavilleros (19161924) no fue un caos desorganizado, sino una guerra de guerrillas rural adaptada a la geografía del Este dominicano.

En su estrategia de combate, los rebeldes usaron como táctica principal las emboscadas, pues aprovechando su profundo conocimiento de las zonas montañosas y boscosas, realizaban ataques sopresa contra las patrullas estadounidenses, logrando mermar sus tropas antes de desaparecer en el terreno.

Su supervivencia dependía de un sistema de inteligencia popular: los campesinos locales actuaban como una red de informantes y logística.

Además, establecieron “impuestos de guerra” a los ingenios azucareros, obteniendo recursos de los mismos emporios que habían provocado su desplazamiento.

Perfiles

Vicente Evangelista: El símbolo del arrojo físico; legendario por su habilidad en el combate cuerpo a cuerpo, donde enfrentaba a los invasores usando armas blancas (sables).

Ramón Natera: Representaba la audacia armada; conocido por su rapidez y por portar siempre dos revólveres, siendo uno de los líderes más temidos por las tropas extranjeras.

Gregorio Urbano Gilbert: El puente entre la lucha urbana y rural, encarnando el sentimiento patriótico en San Pedro de Macorís.

Cayo Báez: El rostro del sacrificio; se convirtió en una leyenda por su estoicismo al sobrevivir a brutales torturas con

bayonetas sin delatar a sus compañeros.

Las Mujeres Gavilleras: Estas fueron piezas clave en la logística que, en momentos críticos también empuñaron armas en el “monte” para defender la soberanía del país. l

Opinión

Ramón Natera, ‘El General de los Campos del Este’ no solo fue un estratega escurridizo, sino el símbolo de un pueblo que se negaba a ser extranjero en su propia tierra”.

Los cuchillos, sables y bayonetas usados en combates. F. E.
Martín Peguero junto a un compañero.
En su estrategia de combate, usaron como táctica principal las emboscadas . F. E.
Armas utilizadas por los Marines. F. E.
La resistencia de los gavilleros no fue un caos desorganizado, sino
Este. F. E.
Uno de los gavilleros.
Rifles utilizados en combates. F. E.
<VIENE DE LA PORTADA

4 Cultura

¡Por favor, diles que no me maten!

PEDRO CONDE STURLA pinchepedro65@yahoo.es

El papá de Justino no quería que lo mataran. Le pedía al hijo, a Justino, que les dijera que por caridad no lo mataran.

El hijo se muestra reacio.

“-No puedo. Hay allí un sargento que no quiere oír hablar nada de ti».

El papá insiste, ruega cada vez con mayor vehemencia.

«-Anda otra vez. Solamente otra vez, a ver qué consigues.

»”-No. No tengo ganas de eso, yo soy tu hijo. Y si voy mucho con ellos, acabarán por saber quién soy y les dará por afusilarme a mí también. Es mejor dejar las cosas de este tamaño.

Pero el papá insistirá, no se cansaría de insistir y finalmente lo convenció al hijo de ir a suplicar por su vida. No se resignaba a dejar las cosas ese tamaño.

«Justino se levantó de la pila de piedras en que estaba sentado y caminó hasta la puerta del corral. Luego se dio vuelta para decir:

»-Voy, pues. Pero si de perdida me afusilan a mí también, ¿quién cuidará de mi mujer y de los hijos?

»-La Providencia, Justino. Ella se encargará de ellos. Ocúpate de ir allá y ver qué cosas haces por mí. Eso es lo que urge».

Ahora sabemos que Juvencio Nava, el papa de Justino, no valora la vida de su hijo tanto como valora la suya. Lo que urge es que el hijo se ocupe de él, que lo salve. Es cobarde y egoísta. Pone la vida de su hijo en juego para salvar la suya. El hijo está atemorizado, pero también parece un poco indiferente.

Todo esto ocurre en un cuento, «¡Diles que no me maten!», uno de los cuentos más emblemáticos y reveladores de Juan Rulfo. Uno de los más duros y desesperanzados, sin duda el más autobiográfico.

«Lo habían traído de madrugada. Y ahora era ya entrada la mañana y él seguía todavía allí, amarrado a un horcón, esperando. No se podía estar quieto. Había hecho el intento de dormir un rato para apaciguarse, pero el sueño se le había ido. También se le había ido el hambre. No tenía ganas de nada. Sólo de vivir. Ahora que sabía bien a bien que lo iban a matar, le habían entrado unas ganas tan grandes de vivir como solo las puede sentir un recién resucitado. Quién le iba a decir que volvería aquel asunto tan viejo, tan rancio, tan enterrado como creía que estaba. Aquel asunto de cuando tuvo que matar a don Lupe. No nada más por nomás, como quisieron hacerle ver los de Alima, sino porque tuvo sus razones. Él se acordaba:

»Don Lupe Terreros, el dueño de la Puerta de Piedra, por más señas su compadre. Al que él, Juvencio Nava, tuvo que matar por eso; por ser el dueño de la Puerta de Piedra y que, siendo también su compadre, le negó el pasto para sus animales».

Se había escondido, había huido, se había mudado mil veces de lugar, pero el pasado lo había alcanzado. Aquel asunto tan viejo de cuando tuvo que matar a don Lupe había tocado a su puerta y por ese asunto ahora tenía que pagar.

«“Esto pasó hace treinta y cinco años, por marzo, porque ya en abril andaba yo en el monte, corriendo del exhorto. No me valieron ni las diez vacas que le di al juez, ni el embargo de mi casa para pagarle la salida de la cárcel. Todavía después, se pagaron con lo que quedaba nomás por no perseguirme, aunque de todos modos me perseguían. Por eso me vine a vivir junto con mi hijo a este otro terrenito que yo tenía y que se nombra Palo de Venado. Y mi hijo creció y se casó con la nuera Ignacia y tuvo ya ocho hijos. Así que la cosa ya va para viejo, y según eso debería estar olvidada. Pero, según eso, no lo está».

Efectivamente no lo estaba. El hijo del muerto no lo había perdonado ni lo perdonaría nunca. Y además era coronel. »Y ahora habían ido por él, cuando no esperaba ya a nadie, confiado en el olvido en que lo tenía la gente; creyendo que al menos sus últimos días los pasaría tranquilos. “Al menos esto -pensó- conseguiré con estar viejo. Me dejarán en paz”.

»Se había dado a esta esperanza por entero. Por eso era que le costaba trabajo imaginar morir así, de repente, a estas alturas de su vida, después de tanto pelear para librarse de la muerte; de haberse pasado su mejor tiempo tirando de un lado para otro arrastrado por los sobresaltos y cuando su cuerpo había acabado por ser

un puro pellejo correoso curtido por los malos días en que tuvo que andar escondiéndose de todos».

El coronel ni siquiera quiso verlo cuando le fueron a decir que lo habían apresado. Se limitó a hacer unas preguntas para asegurarse de que tenían al verdadero culpable.

«-Mi coronel, aquí está el hombre.

»Se habían detenido delante del boquete de la puerta. Él, con el sombrero en la mano, por respeto, esperando ver salir a alguien. Pero solo salió la voz:

»-¿Cuál hombre? -preguntaron.

»-El de Palo de Venado, mi coronel. El que usted nos mandó a traer.

»-Pregúntale que si ha vivido alguna vez en Alima -volvió a decir la voz de allá adentro.

»-¡Ey, tú! ¿Que si has habitado en Alima? -repitió la pregunta el sargento que estaba frente a él.

»-Sí. Dile al coronel que de allá mismo soy. Y que allí he vivido hasta hace poco.

»-Pregúntale que si conoció a Guadalupe Terreros.

»-Que dizque si conociste a Guadalupe Terreros.

»-¿A don Lupe? Sí. Dile que sí lo conocí. Ya murió.

»Entonces la voz de allá adentro cambió de tono:

»-Ya sé que murió -dijo.

Y siguió hablando como si platicara con alguien allá, al otro lado de la pared de carrizos».

Juvencio Nava pensaba ingenuamente que sus años de sufrimientos, su vida azarosa al salto de la mata entre los montes lo redimían, debían contar para algo, pero el hijo del muerto no pensaba así. Expone parsimoniosamente sus razones, como sin odio o sin ira aparentes, pero sus razones son demoledoras. El más for-

midable argumento a favor de la venganza…O del ajusticiamiento del culpable:

«-Guadalupe Terreros era mi padre. Cuando crecí y lo busqué me dijeron que estaba muerto. Es algo difícil crecer sabiendo que la cosa de donde podemos agarrarnos para enraizar está muerta. Con nosotros, eso pasó.

»“Luego supe que lo habían matado a machetazos, clavándole después una pica de buey en el estómago. Me contaron que duró más de dos días perdido y que, cuando lo encontraron tirado en un arroyo, todavía estaba agonizando y pidiendo el encargo de que le cuidaran a su familia.

»“Esto, con el tiempo, parece olvidarse. Uno trata de olvidarlo. Lo que no se olvida es llegar a saber que el que hizo aquello está aún vivo, alimentando su alma podrida con la ilusión de la vida eterna. No podría perdonar a ese, aunque no lo conozco; pero el hecho de que se haya puesto en el lugar donde yo sé que está, me da ánimos para acabar con él. No puedo perdonarle que siga viviendo. No debía haber nacido nunca”».

Desde acá, desde fuera, se oyó bien claro cuanto dijo. Después ordenó:

-¡Llévenselo y amárrenlo un rato, para que padezca, y luego fusílenlo!

-¡Mírame, coronel! -pidió él-. Ya no valgo nada. No tardaré en morirme solito, derrengado de viejo. ¡No me mates…!

-¡Llévenselo! -volvió a decir la voz de adentro.

-…Ya he pagado, coronel. He pagado muchas veces. Todo me lo quitaron. Me castigaron de muchos modos. Me he pasado cosa de cuarenta años escondido como un apestado, siempre con el pálpito de que en cualquier rato me matarían. No merezco morir así, coronel. Déjame que, al menos, el Señor me perdone. ¡No me mates! ¡Diles que no me maten!

Estaba allí, como si lo hubieran golpeado, sacudiendo su sombrero contra la tierra. Gritando.

En seguida la voz de allá adentro dijo: -Amárrenlo y denle algo de beber hasta que se emborrache para que no le duelan los tiros.

Si los tiros le dolieron nadie lo sabe. Tantos tiros le dieron que le desfiguraron el rostro. El hijo piensa que la nuera y los nietos no lo reconocerán:

«Se les afigurará que te ha comido el coyote cuando te vean con esa cara tan llena de boquetes por tanto tiro de gracia como te dieron».}

La venganza, o el ajusticiamiento se había consumado. Y se consumó la catarsis. El padre de Juan Rulfo había sido asesinado por los mismos motivos que don Lupe, por negarse a dejar entrar animales ajenos a sus tierras. Juan Rulfo también, como se acaba de ver, se vengaría. Metafóricamente. Magistralmente se vengaría…

O quizás, tal vez quizás, sólo le puso fin a la zozobra del fugitivo.

(¡Diles que no me maten! - Juan Rulfo - Ciudad Seva - Luis López Nieves, https://ciudadseva.com/texto/dilesque-no-me-maten/) FIN. l

¿Qué está premiando realmente el Soberano cuando habla de “clásico”?

ANDRÉS TOVAR

Especial para elCaribe

Cada vez que los Premios Soberano anuncian sus nominaciones en el renglón clásico, ocurre un fenómeno curioso: el debate no se centra tanto en quién ganará, sino en qué entiende el premio por música clásica. No es una discusión nueva, pero sí cada vez más urgente, porque la escena dominicana ha madurado lo suficiente como para exigir algo más que categorías amplias y gestos honoríficos.

Hablar hoy de música clásica en este país ya no es hablar de una rareza cultural ni de un nicho elitista. Es hablar de cantantes líricos con carreras internacionales, de instrumentistas insertados en circuitos exigentes, de producciones escénicas ambiciosas que dialogan con nuevos públicos y de un país que apuesta y viene construyendo, con mucho esfuerzo y no pocos altibajos y escollos por sortear, un ecosistema académico y artístico más sólido de lo que a veces se reconoce desde los premios.

Por eso, la pregunta es inevitable: ¿qué está premiando realmente el Soberano cuando habla de “clásico”?

Clásico no es “música seria”

Uno de los errores más persistentes en la comprensión popular -y a veces institucional- de la música clásica es asumirla como sinónimo de “música seria”, “música de prestigio” o, peor aún, “música difícil”. Bajo esa lógica, todo lo que huela a excelencia artística, virtuosismo o reconocimiento internacional puede terminar, cómodamente, dentro del mismo saco.

El problema es que la música clásica no es una etiqueta de calidad moral ni un escalón jerárquico. Es una tradición específica, con lenguajes, prácticas, repertorios, sistemas de formación y circuitos propios. No mejor ni peor que otros géneros, pero sí distinta. Y cuando esa diferencia se diluye, el premio deja de describir una realidad para convertirse en una cortesía.

El caso de Michel Camilo -un artista monumental, indiscutible y universalilustra esta confusión. Camilo pertenece con pleno derecho a la historia del jazz contemporáneo, un lenguaje con reglas, genealogías y circuitos propios. Incluirlo en un renglón clásico no lo engrandece más; por el contrario, debilita la especificidad de la categoría y desdibuja a quienes sí desarrollan su carrera dentro del ámbito académico. No se trata de excluir, sino de nombrar correctamente. Y nombrar bien es una forma de respeto.

Las voces de una escena Frente a esa confusión conceptual, las nominaciones de Nathalie Peña Comas y Stephany Ortega en Cantante Lírico resultan ejemplares. No solo porque ambas poseen formación sólida y trayectoria verificable, sino porque representan dos momentos complementarios de una misma generación vocal.

Peña Comas ha asumido, con inteligencia, el rol de soprano embajadora: recitales, proyectos pedagógicos, presencia internacional y una vocación clara de divulgación. Ortega, por su parte, encarna la consolidación progresiva en escenarios y repertorios que exigen rigor técnico y madurez artística. No compiten entre sí: dialogan. Y ese diálogo es exactamente lo que debería reflejar un premio que aspire a entender su propia escena.

Aquí el Soberano acierta no por favoritismo, sino por pertinencia. Porque premiar lo clásico no es premiar nombres conocidos, sino trayectorias coherentes con el lenguaje que se dice reconocer.

Producción escénica: cuando el clásico se expande

El renglón de Producción Escénica es, quizás, donde mejor se percibe la evolución del concepto de música clásica en el país. Propuestas como Todo Hollywood y Todo Mozart, lideradas por Amaury Sánchez, o proyectos como Molina & Veitía: Música en Movimiento y Molina y sus amigos, asociados al universo creativo de José Antonio Molina, demuestran que lo clásico no está reñido con lo popular, lo visual o lo narrativo.

Pero atención: estas producciones funcionan no porque “simplifican” la música clásica, sino porque la entienden. Hay orquestación real, criterios estilísticos, respeto por el repertorio y una clara intención pedagógica. Son espectáculos que amplían públicos sin traicionar el lenguaje, algo que no siempre ocurre cuando se busca el aplauso fácil.

Premiar estas producciones tiene sentido porque reconocen una verdad incómoda: la música clásica sobrevive no cuando se encierra, sino cuando dialoga con su tiempo sin perder identidad.

¿Qué mide el Soberano cuando mira hacia el extranjero?

El renglón Artista Clásico Destacado en el Extranjero plantea otra pregunta clave:

¿se premia la mera presencia fuera del país o el impacto real en circuitos internacionales? No es lo mismo cantar ocasionalmente en el exterior que insertarse en redes profesionales exigentes, construir reputación y sostener una carrera. En ese sentido, figuras como Aisha Syed representan con claridad lo que este renglón debería medir: integración, continuidad y reconocimiento dentro de un sistema que no concede espacios por cortesía nacional. Aquí, más que nunca, el premio debería funcionar como termómetro de inserción real, no como medalla simbólica.

Una escena que ya no pide permiso Este debate no es menor ni técnico. Tiene consecuencias concretas en cómo se forma el público, cómo se orientan los jóvenes músicos y cómo se construye memoria cultural. Cuando un premio nacional confunde lenguajes, envía señales ambiguas a quienes están en proceso de formación, todo parece valer lo mismo, todo parece intercambiable. Y la música clásica, precisamente, se construye sobre la noción de diferencia, de estilo, de contexto y de tradición. Defender esa especificidad no es nostalgia ni purismo; es una forma de responsabilidad cultural.

Quizás la conclusión más importante de estas nominaciones es que la música clásica dominicana ya no está en fase de legitimación. No está pidiendo ser tomada en serio. Está exigiendo ser comprendida con precisión.

Los Premios Soberano tienen ante sí una oportunidad: afinar sus categorías, clarificar sus criterios y acompañar el crecimiento de una escena que ha hecho su tarea. Porque cuando todo es clásico, nada lo es. Y cuando se nombra bien, se premia mejor.

La pregunta queda abierta, no como reproche, sino como invitación: ¿está el Soberano dispuesto a evolucionar al mismo ritmo que la música clásica dominicana que dice reconocer?l

Dudamel, Ortiz y el poder coral en los Grammy ConCierto Sentido

Hay obras que no se limitan a sonar: respiran historia. Ortiz: Yanga es una de ellas. La compositora mexicana Gabriela Ortiz convierte la figura de Gaspar Yanga -símbolo de la primera comunidad libre de esclavos en América- en un fresco coral-orquestal donde el ritmo no adorna: empuja. Desde el primer compás se escucha un pulso que no es académico sino corporal, una música que avanza como una marcha interior, hecha de memoria, resistencia y celebración.

La escritura coral exige precisión quirúrgica y, al mismo tiempo, una entrega casi tribal. No hay complacencia: el coro es tratado como un organismo vivo, capaz de murmurar, gritar, respirar y golpear el tiempo. Aquí entra Gustavo Dudamel, cuya dirección entiende que esta música no se “dirige” desde arriba, sino que se convoca. Dudamel no pule el conflicto: lo organiza.

Anécdota reveladora: en un ensayo especialmente rítmico, tras varios intentos fallidos, Dudamel pidió al coro que dejara de contar y empezara a bailar con la respiración. Hubo risas. Al repetir, todo encajó. No era matemática: era cuerpo.

El resultado, plasmado en el álbum que puedes escuchar en YouTube, Spotify o Apple Music, obtuvo dos Grammy la semana pasada (Mejor Presentación Coral y Mejor Compendio de Álbum). Premios justos, pero secundarios. Lo esencial es que Yanga demuestra que la música coral contemporánea puede ser política sin panfleto, virtuosa sin frialdad y profundamente americana sin clichés. Los Grammy lo confirmaron. El oído atento ya lo sabía.. l

Aisha Syed.
Stephanie Ortega.
Nathalie Peña Comas.
ANDRÉS TOVAR

WILSON ENRIQUE GENAO NÚÑEZ

PROFESOR INVESTIGADOR DEL CENTRO DE ESTUDIOS CARIBEÑOS WilsonGenao@pucmm.edu.do

El pasado sábado 31 de enero la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra celebró en el campus de Santiago la CXIII graduación en la que acorde a su visión de ser una institución de educación superior de excelencia, referente en formación integral e innovación, apegada al humanismo cristiano y comprometida con el desarrollo sostenible entregó a la sociedad 1,273 profesionales.

La solemne ceremonia de graduación inició con el desfile de las autoridades académicas, las notas del himno nacional dominicano y el canto a la Universidad. El acto estuvo encabezado por monseñor Héctor Rafael Rodríguez, Arzobispo Metropolitano de Santiago, Gran Canciller de la Junta de Directores de la Madre y Maestra y presidente de la Conferencia del Episcopado Dominicano; monseñor Julio César Corniel Amaro, obispo de Puerto Plata; monseñor Gregorio Nicanor Peña, obispo emérito de Higüey; el reverendo padre Dr. Secilio Espinal, Rector Magnífico; Fernando Rosario, orador invitado; Prof. Julio Ferreira Tavera vicerrector Académico; Prof. Evelissy Rodríguez, vicerrectora de Administración y Finanzas y la Dra.Virginia Flores Sasso, vicerrectora de Investigación e Innovación. También, acompañaron en la mesa de honor la presidenta de la Fundación Madre y Maestra, Mercedes Carmen Capellán; el ministro de Obras Públicas y Comunicaciones, Eduardo Estrella; así como los decanos de la Universidad. De igual forma, como invitados especiales, asistieron el senador por Santiago, Daniel Rivera; el alcalde, Ulises Rodríguez; la gobernadora Rosa Santos, Víctor de Aza, presidente de la Liga Municipal Dominicana, y destacados empresarios de la ciudad de Santiago de los Caballeros.

Bitácora de la CXIII graduación de la PUCMM: Excelencia académica, formación

integral y compromiso social

La invocación al Señor y la bendición de la ceremonia estuvo a cargo de monseñor Héctor Rafael Rodríguez en la que agradeció por el momento significativo de los graduandos y presentó al Señor a los nuevos profesionales pidiendo para ellos “sabiduría para actuar con rectitud, honestidad para ejercer su profesión con ética y un corazón sensible a las necesidades de los demás”. De igual forma pidió a Dios que ilumine “sus decisiones, fortalezca su compromiso social y lo haga constructores de una sociedad más humana, solidaria y fraterna, promoviendo la dignidad y trabajando siempre por la verdad”.

Las palabras introductorias estuvieron a cargo del Rvdo. P. Dr. Secilio Espinal, Rector Magnífico, en la que resaltó los logros institucionales incluyendo el diseño y envío a fabricación de un microprocesador usado en la industria de semiconductores, constituyendo un aporte concreto a la base tecnológica del país. Destacó la apuesta que ha realizado la PUCMM por la calidad, aspecto que se tradujo en la entrega de manera simultánea de las certificaciones ISO 9001, sobre la gestión administrativa y de procesos y la ISO 21001, para organizaciones educativas. Resaltó el fortalecimiento de la Universidad en los posicionamientos de los principales rankings internacionales como el Times Higher Education y QS World University Rankings de Latinoamérica y el Caribe 2026. Finalizó haciendo alusión a la carta apostólica del Papa León XIV “Diseñar nuevos mapas de esperanza” (escrita con motivo del 60.º aniversario de la declaración conciliar Gravissimum Educationis) invitando a los graduandos a ser diseñadores y

constructores de mapas de esperanzas en la sociedad.

El discurso de orden estuvo a cargo del ingeniero Fernando Rosario presidente de Cecomsa y egresado de la PUCMM. En su disertación invitó a los graduandos a poner en “práctica lo que aprendieron, porque no hay mayor satisfacción que trabajar para lo que nos formamos”. Destacó que “fueron formados para perseverar, para levantarse y continuar. Lo que hagan, háganlo bien. No por reconocimiento, sino por convicción. Porque el verdadero éxito no es llegar, es llegar con mérito”. Consideró que “La mayor satisfacción no está en el aplauso, sino en el respeto que se gana con integridad y en el abrazo de quienes se sienten orgullosos de ustedes”. Cerró su reflexión deseando “una vida plena y el comienzo de sus mayores logros”.

En nombre de los graduados, la egresada de la carrera de Estomatología Dominique Jiménez Benoit dio un discurso cargado de agradecimientos a la Universidad, a la familia, profesores, empleados y compañeros “que facilitaron este camino académico, quienes hicieron del esfuerzo una experiencia compartida”. Les exhortó a elegir ser “excelentes profesionales y aun mejores seres humanos”.

Concebida desde su fundación como una institución al servicio del desarrollo económico y social dominicano, la PUCMM hasta la fecha ha entregado a la sociedad 104,606 profesionales, de los cuales un alto porcentaje, están trabajando en el país en el campo de sus especializaciones. En esta ceremonia, 620 de los graduados son de grado (48.70 %) y 653 de Postgrado (51.30 %). De la Facultad de Ciencias Sociales, Humanidades

y Artes salen 698 profesionales (54.83 %), seguido de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas, con 328 (25.77 %), la Facultad de Ciencias e Ingeniería, con 153 (12.02 %) y la Facultad de Ciencias de la Salud, con 94 (7.38 %). Las mujeres lideraron la cantidad de egresados con 841 profesionales (66.06%) y los hombres 432 equivalente a un 33.94%. Del total de los graduados, 1216 son dominicanos (95.52%) y 57 extranjeros (4.48%) de países como Italia, Haití, Brasil, Ecuador, Estados Unidos, España, Chile, Puerto Rico, Curazao, El Salvador, Venezuela, Colombia, Perú y Paquistán que refleja la internacionalización que ha ido desarrollando la Universidad.

El doctorado es el nivel máximo de formación académica y esencial para las universidades porque genera conocimiento original y constituye un punto central para la investigación y nuevos desarrollos en la sociedad. En ese sentido, la PUCMM en sintonía con su visión y misión ha ido consolidando su oferta de postgrado creando diversos programas de doctorado para fomentar la investigación y la excelencia académica y que se refleja en esta graduación con la entrega de nueve profesionales que recibieron su título de doctorado de los cuales, cinco son doctores en Derecho; tres doctores en Estudios del Español y una doctora en Historia del Caribe.

Cierro con las palabras del señor Rector señalando que para la PUCMM “estos logros renuevan el compromiso de seguir aportando al progreso material y espiritual de República Dominicana”. ¡Felicidades a los graduados! l Centro estudios caribeños. PUCMM.

El palco de honor de la ceremonia de graduación de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra en Santiago de los Caballeros: FUENTE: PRENSA PUCMM

elCaribe, SÁBADO 7 DE FEBRERO DE 2026 elcaribe.com.do

Playa de Caracoles: entre la polémica política y el desembarco guerrillero

A raíz de las acusaciones de las Fuerzas Armadas sobre la supuesta implicación de los dirigentes del PRD en el desembarco guerrillero en Playa de Caracoles, el presidente del partido, profesor Juan Bosch, respondió con una carta manuscrita al diario, que desmiente por completo lo difundido por la institución

Frente al apartamento que ocupa en Santo Domingo, se desplegaron agentes policiales para vigilar al expresidente Juan Bosch. OGM

LENIN RAMOS lramos@elcaribe.com.do

El sábado 3 de febrero de 1973, el arribo de nueve guerrilleros, incluido el coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó, a la costa sur del país, en la provincia de Azua, dio origen a lo que se conoce como el “desembarco en Playa de Caracoles”, un intento fallido de derrocar al gobierno de entonces que terminó en tragedia nacional y afectó la credibilidad de figuras e instituciones políticas. En esta ocasión, Zona Retro rememora, a través de publicaciones de la época en las distintas portadas del periódico El Caribe, las acusaciones y reacciones surgidas a raíz de la llegada de los insurgentes al territorio nacional.

Informes

Los periódicos de febrero de 1973 consignan declaraciones oficiales de las instituciones del gobierno, implicando en el hecho, los principales líderes del Partido Revolucionario Dominicano (PRD), profesor Juan Bosch, presidente y José Francisco Peña Gómez, secretario general. Luego de un día de rumores conflictivos, la Secretaría de las Fuerzas Armadas emitió un comunicado oficial en el que acusaba al presidente del PRD de involucrarse en una supuesta “trama contra la paz pública”. En el documento también se detalló información sobre los expedicionarios y se señaló que entre los objetos dejados por los guerrilleros en el lugar del desembarco había pruebas que implicaban a Bosch.

De este modo, Bosch y ciertos políticos no identificados fueron acusados de ser los

Un agente permanece de guardia en la residencia del expresidente Juan Bosch, tras el allanamiento, mientras el dirigente no se encontraba en el lugar. OGM

“inspiradores” de la trama, y se indicó que, al completarse el expediente, se daría inicio a la acción judicial correspondiente.

El expresidente Bosch desmiente las afirmaciones de las Fuerzas Armadas

El presidente del PRD, profesor Juan Bosch, negó el comunicado de las Fuerzas Armadas que afirmaba que se habían hallado documentos que lo implicaban como uno de los “inspiradores de una trama contra la paz pública”.

En su comunicado, las Fuerzas Armadas aseguraron que en la playa de Caracoles, Azua, se encontraron numerosos papeles y documentos que involucraban seriamente a Bosch y a otros líderes políticos como los responsables de la trama contra.

Aunque la información se difundió públicamente, asegurando que los documentos pertenecían a los guerrilleros que habían desembarcado, no se precisaron los nombres de los otros “líderes políticos”.

Por su parte, el expresidente Bosch rechazó el comunicado, calificándolo de totalmente falso y asegurando que mentía por completo al relacionar su nombre con el real o supuesto desembarco de guerrilleros en la costa sur del país.

Las declaraciones del profesor Bosch, plasmadas en una carta de su puño y letra, llegaron a la redacción del diario El Caribe aproximadamente una hora después de que la radio local difundiera el comunicado emitido por las Fuerzas Armadas.

En su escrito, también enfatizó que ni él ni ningún dirigente del PRD tenían conocimiento del hecho, y que es falso todo lo que diga lo contrario, sin importar quién lo diga ni cómo se llame.

Finalmente, Bosch denunció que el

El diputado reformista William Tejada habló con los periodistas en San José de Ocoa. Recopilaba información sobre un grupo armado. OGM

comunicado de las Fuerzas Armadas encubre “un plan macabro, un plan criminal”, sin ofrecer más explicaciones sobre en qué consistía dicho plan.

Bosch reclama la publicación inmediata de los documentos

El profesor Bosch reclamó que se hicieran públicos sin demora los documentos que, según el comunicado de las Fuerzas Armadas, lo vinculaban a él y a otros líderes políticos como supuestos “inspiradores” de la trama contra la paz pública.

En esta línea, Bosch exigió la publicación inmediata de los documentos, asegurando con total seguridad que estos no existen ni han existido jamás.

Según declaraciones de Bosch, el presidente Joaquín Balaguer habría estado, desde hace semanas, promoviendo acusaciones de conspiración contra él y el doctor José Francisco Peña Gómez con el propósito de obligarlos a salir del país.

Por su parte, fuerzas de Operaciones Especiales de la Policía allanaron y ocuparon la residencia de Bosch, quien, al igual que el secretario general del partido, doctor José Francisco Peña Gómez, se encontraba escondido en ese momento.

Amenazas de asesinato y exilio contra líderes del PRD

Según el Comité Ejecutivo Permanente del PRD, agentes del gobierno tenían como objetivo al secretario general, doctor José Francisco Peña Gómez, para asesinarlo, y al expresidente Juan Bosch, para deportarlo.

Peña Gómez envió una carta al periódico El Caribe, fechada en Santiago la noche anterior, en la que reiteraba la de-

En El Cercado, dentro de un campamento, dos rasos del Ejército hojean el periódico con calma, mientras sus compañeros peinan las lomas cercanas. OGM

nuncia y relataba que días antes había logrado escapar de un intento de asesinato.

En la misma carta, denunció que un supuesto amigo suyo, llamado Manuel, quien en realidad era un oficial de la Policía Nacional, tenía órdenes de recopilar información para localizar a los líderes del PRD. Aclara que los supuestos planes criminales dirigidos contra la alta dirigencia del PRD se habían urdido con anterioridad a la expedición denunciada y que, desde unas dos semanas antes, el presidente de la República había intentado que los líderes de la oposición conservaran relaciones con su gobierno.

Reacción firme de la oposición En tal contexto, tres partidos políticos denunciaron que el gobierno estaba sacando provecho de la supuesta invasión del territorio nacional “para amedrentar y tratar de desarticular a la oposición democrática”.

En un documento conjunto, los partidos Revolucionario Social Cristiano (PRSC), Quisqueyano Demócrata (PQD) y Movimiento de Integración Democrática (MIDA) sostuvieron que el gobierno de Balaguer actuaba de esta manera debido a la resistencia de la oposición a sus planes continuistas, así como a la violación persistente de los derechos humanos y a la corrupción que predominaba en la administración pública.

Las organizaciones políticas fundamentaron su crítica en las acusaciones infundadas contra dirigentes y personalidades de la oposición, así como en la peligrosa e insidiosa denuncia realizada mediante un comunicado. l

Basquiat, el niño rey del garabato

JOSÉ MERCADER

666mercader@gmail.com

Los pleitos continuos de Gerard contra Matilda, delante de sus hijos, el pequeñín Jean-Michel y sus dos hermanas, provocaron que ambos se separaran y que él, joven, se fuera a las calles a deambular y entrar al bajo mundo de New York cargado de delincuentes y drogadictos. Muchos de estos se la lucían demarcando sus territorios y hasta se entretenían pintando paredes gigantescas y trenes, con un “arte” nuevo, diferente, que escondía mensajes codificados, entre las pandillas dedicadas a la venta de drogas: El graffiti.

Los trazos parecían sacados del cuadro “mujer bajando la escalera” de Duchamp, y muy cercano a un “cubismo abstracto” colorido y violento.

Esa es la primera escuela “artística” de Basquiat que andaba pa’rriba y pa’bajo, con un moño de sus trenzas rastafaris en babonuco, y una cara de inocencia marchita, tratando de vender sus dibujos para comer, como Enmanuel en el parque Colón de Santo Domingo.

El día que Basquiat se coló en un restaurante, de “high light”, junto a Warhol, el camarero, “sacaborracho”, lo agarró por el cuello de la chaqueta Lee de vaquero, y no lo pateó rumbo a la calle porque Andy le dijo “… he’s with me” en un inglés de Palacio Buckingham. Sentados, comieron y bebieron a su antojo, mientras Basquiat se apuraba a mostrarle sus dibujos y trataba de venderle un par. La panza primero. Andy, con su sonrisa seca y malintencionada, lo veía sin verlo desde su peluca de cabuya blanca, calculando “como joder al negrito”.

En la medida que lo estudiaba, de pie a cabeza, preparaba el plan para el jovencito “que ya, después de cinco copas de vino”, le caía en gracia.

Ese día fue el primero de la “gran vida” que se dio Basquiat y el inicio de su breve calvario sobre el Planeta Tierra. - Esos dibujitos no sirven de nadale dijo. Ven a mi taller y escoge 50 telas de gran formato y píntalas como te dé la gana, que ya tiene fecha tu exposición.

Warhol, gran publicista y conocedor

de todos los “críticos”, coleccionistas, dueños de galería y ya pago por el Congress Cultural for Freedom, tenía luz verde para captar “talentos” que se sumaran al proyecto de “artistas libres”, muy diferente a los artistas sometidos a pintar bien, obligados por Stalin y sus herederos, en una Guerra Fría sin sentido.

Basquiat fue vendido y colocado en lo mas alto del ranking mundial de las cotizaciones, era, sin duda, EL REY DEL GARABATO, con dinero por rumba y con posibilidad de darse la droga mas cara y la cantante más famosa: Madonna… con el permiso de Andy.

Ese alto-bajo mundo, en el que cayó como paracaidista de avioneta ametrallá, le permitió trasladar todos los disparates de graffiti que había hecho en las calles como SAMO, y venderlos a los “grandes coleccionistas” que tenían que incluirlo, por “sugerencia” de Andy. Y eso no se puede confundir con el movimiento que encabezó Jean Dubuffet en Francia cuando descubrió las pinturas de los pacientes de los hospitales psiquiátricos. Para él, ese arte espontáneo, sin referencias, sin formación académica, sin compromiso, era un arte despreciado y desconocido.

Dubuffet consiguió reunir una colección de más de 5,000 obras en “la Compagnie d’Art Brut” que se expuso en el Chateau de Beaulieu de Lausana en Francia. Art Brut no es bruto de brutalidad, ni rústico, es más el “bruto” cuando se define un diamante sin talla, ni pulidos. Algunos escritores de arte hablaban de “privitivismo” y otros de “arte infantil” o “naïf”. También cualquier manifestación artística fuera de la cultura oficial se le conoció como “arte marginal”.

Aquí conocimos a Carlos Goico clasificado, sin encaje, en un supuesto “expresionismo figurativo” y a Nadal Walcott, como “naïf”, sin perspectiva ni proporciones académicas en sus dibujos.

Basquiat cayó en la trampa de Warhol atraído por la fama y el dinero fácil de la “factoría”, nombre perfecto a la fábrica de basura por un equipo armado por él como si fuese un pacto diabólico de alguna secta para producir mucho dinero, y él como el gurú.

De ese grupo se salva Francesco Clemente, con una obra de valores estéticos marcados.

Los jóvenes artistas que no entendieron la existencia de ese engranaje que Andy construyó, muy inteligentemente, no pueden entender por qué sus basuras, “que son mejores”, no se venden igual que las de él, si acaso se venden.

Porque Andy, que era un experto en publicidad, aprendió lo que es el engaño publicitario, cómo se crea una campaña de algo para que el público lo perciba como “el mejor producto”, el más necesario, aunque no lo necesiten; el imprescindible en nuestras vidas. Esa especialidad de publicista, Warhol la aplicó, conociendo a la perfección, las características de la sociedad de consumo, sus leyes, sus mecanismos de promoción y, lo más importante, las cabezas de las instituciones y el modo de relacionarse con ellas.

Su “obra” fue un producto para ser consumido al igual que todos los que formaron parte de su Factoría, que no atelier.

El producto creado no tiene que ser bueno, y no lo era, de eso se encarga su talento de vendedor de cosas y sus relaciones construidas con el ingenio y el objetivo de que todos ganen: coleccionistas, dueños de museos, directores de casas de subastas y el “artista” de marras.

El producto de Basquiat fue envuelto en papel exótico con fragancia de millones a la vista. Y así fue. Basquiat pertenece al segundo mundo del arte, sin valor estético. Voilá! (Escrito sin chatGPT ni IA). l

Basquiat, pintura. F.E.
Basquiat, pintura. F.E.
Basquiat, garabato. F.E.
Basquiat, pintura. F.E.
Basquiat, pintura. F.E.
Basquiat por Mercader.
Basquiat, pintura. F.E.
Basquiat, pintura. F.E.

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CERTIFICO Y DOY FE

La Virgen de la Altagracia y un poco de mi vida

Introducción

Hay devociones que se aprenden y hay otras que se heredan; pero existen algunas que, más que heredarse o aprenderse, se viven desde el comienzo mismo de la vida. Así ha sido, para mí, la relación con la Virgen de la Altagracia. No se trata solo de una advocación mariana profundamente arraigada en la historia y en la identidad del pueblo dominicano, sino de una presencia que ha acompañado mi existencia desde la cuna hasta el día de hoy. Hablar de la Virgen de la Altagracia y de mí es, en realidad, hablar de una historia unida por la Providencia de Dios: nacer en Higüey, crecer a la sombra del Santuario Viejo, recibir allí los sacramentos, caminar bajo su mirada maternal y descubrir, con el paso de los años, que su cercanía ha sido sostén en la vocación y refugio en los momentos decisivos. Este escrito no pretende ser un ejercicio de memoria nostálgica, sino un testimonio agradecido de cómo María, Madre de Jesús y Madre nuestra, ha sabido conducir mi vida hacia su Hijo.

Deseo compartir esta experiencia personal, que es también reflejo de la fe de todo un pueblo. Porque al contar mi historia con la Virgen de la Altagracia, reconozco que no es solo mía, es la historia de muchos dominicanos que han aprendido a caminar, a creer y a esperar bajo su mirada amorosa.

Les cuento:

Nací en Higüey en el año 1939, y no puedo comprender mi vida, mi fe ni mi vocación sacerdotal sin mencionar, desde el primer momento, a la Virgen de la Altagracia. Mi historia personal está profundamente entrelazada con la suya, porque Dios, en su Providencia amorosa, quiso que viera la luz en el mismo lugar donde, según la tradición, se manifestó el amor maternal de María para este pueblo dominicano.

Pertenezco al entorno del Santuario Viejo, la iglesia de San Dionisio, ese espacio sagrado donde la memoria viva de la aparición del cuadro milagroso de la Virgen de la Altagracia sigue palpitando en el corazón de la gente. En aquel tiempo aún no existía la Basílica que hoy conocemos; era allí, en ese templo sencillo y venerable, donde convergían las pere-

grinaciones, donde el pueblo acudía con fe, cargando promesas, lágrimas, súplicas y agradecimientos. Ese fue el escenario de mi infancia, de mis primeros pasos en la fe y de mis encuentros iniciales con Dios.

En esa misma iglesia recibí los sacramentos fundamentales de la vida cristiana: el Bautismo, la Primera Comunión, la Confirmación, la Primera Confesión. Y allí mismo, muchos años después, fui ordenado sacerdote. No es un dato menor. Es una confesión de fe. Desde siempre he estado vinculado a la Virgen de la Altagracia, no por decisión propia, sino porque Dios quiso sembrar mi vida en esa tierra bendita, bajo su mirada maternal.

El amor a la Virgen de la Altagracia lo heredé, de manera muy concreta, de mi padre. En nuestro hogar, junto al cuadro del Corazón de Jesús, había siempre un lugar especial para la imagen de la Altagracia. Crecí viendo la devoción sencilla y profunda de mi familia, y al mismo tiempo fui testigo del ardor de toda una nación que se volcaba hacia mi pueblo, Higüey, para venerar a su Madre espiritual. Desde niño comprendí que la Virgen no pertenecía a este templo, sino al corazón de un pueblo entero.

Guardo recuerdos muy vivos de aquellas procesiones multitudinarias, de los cantos, de las oraciones, del caminar cansado pero esperanzado de los peregrinos. Pero hay una escena que nunca he podido borrar de mi memoria. Fue un 21 de enero. Yo era apenas un niño y mi padre me llevó a la procesión. En medio del recorrido comenzó a llover intensamente. Para protegerme, mi padre me introdujo debajo de las andas que sostenían el cuadro de la Virgen de la Altagracia. Allí, resguardado bajo su imagen, sentí, aunque entonces no pudiera expresarlo con palabras, que María me cubría, que me

La tradición nos recuerda que la imagen apareció en la copa de un naranjo florecido, en el lugar donde hoy se levanta el Santuario Viejo. Han pasado más de cinco siglos, y sin embargo la devoción permanece viva, firme, creciente. Escritos antiguos lo confirman. Ya en 1650, fray Jerónimo de Alcocer afirmaba: “Son tantos los milagros y prodigios que se están haciendo por la intercesión de la Virgen de la Altagracia que ya ni se escriben”. Y hoy, en pleno siglo XXI, seguimos siendo testigos de cómo el Señor, por medio de María, continúa derramando favores sobre quienes acuden a ella con fe.

La consideramos nuestra protectora porque así la hemos experimentado. Toda madre protege a sus hijos, y ella ha querido ser la cuidadora de este pueblo. Su imagen es única en el mundo y de una riqueza teológica extraordinaria: contiene más de cincuenta símbolos que nos remiten al misterio de la Encarnación, como una verdadera catequesis visual inspirada en el evangelio de Lucas 2. Nuestra historia nacional también ha estado marcada por su presencia. Recordemos, por ejemplo, la Batalla de la Limonade, donde el pueblo experimentó su intercesión. O la coronación canónica de 1922, que fue un acto profundamente simbólico: decirle al mundo, y en particular a fuerzas extranjeras, que en esta tierra no hay otro poder supremo que el amor maternal de la Virgen de la Altagracia.

protegía. Desde ese día tengo la certeza interior de que la Virgen me ha acompañado a lo largo de toda mi vida, cubriéndome con su manto maternal. Cuando, siendo joven, sentí con claridad la llamada de Dios a seguirlo en el camino del sacerdocio, acudí nuevamente a ella. En el mes de enero ofrecí una novena a la Virgen de la Altagracia, poniendo en sus manos mi vocación sacerdotal. Desde entonces hasta hoy, la he sentido cercana, firme, sosteniendo mi vocación, como buena mujer y como buena madre. Cada vez que la Iglesia me ha confiado una nueva misión, un nuevo servicio, un nuevo desafío pastoral, he vuelto a ponerme bajo su protección. Cada día, conscientemente, me ofrezco a ella. Porque he aprendido que María no sustituye a Cristo, sino que nos conduce a Él; no se coloca en el centro, sino que nos enseña a mirar al centro verdadero.

La Virgen de la Altagracia ocupa un lugar principal en la fe y en la identidad del pueblo dominicano. Ella es un punto de encuentro nacional. Las peregrinaciones multitudinarias que llegan a la Basílica en enero, y durante todo el año, son una expresión de esa fe viva. Nuestro pueblo ha acudido a ella en tiempos de abundancia y también en momentos de crisis; en horas de salud y en horas de enfermedad; en alegrías y en dolores. Por eso decimos, con toda propiedad, que es nuestra Madre espiritual.

Basta contemplar el cuadro de la Altagracia para comprender su mensaje. María aparece con los ojos fijos en el Niño Jesús. No se mira a sí misma; no reclama atención para ella. Nos invita a mirar a su Hijo, a seguirlo, a escucharlo. Esa es la esencia de una auténtica y sana veneración mariana: que María nos conduzca a Jesucristo, único Salvador del género humano.

En momentos de amenaza, como ante grandes ciclones y tormentas, el pueblo dominicano vuelve sus ojos a ella y le pide protección. Y muchas veces hemos sentido que su mano nos ha guardado.

La imagen de la Altagracia es también una imagen de familia: María, José y el Niño. Los tres unidos. Nos hablan de comunión, de unidad, de amor compartido. ¡Cuánta falta hace hoy esa unidad en nuestras familias! Cuántas heridas, divisiones y rupturas. A ella debemos pedirle que renueve el corazón de nuestras familias dominicanas.

María nos enseña, además, a decir “sí”. Su sí generoso al plan de Dios sigue siendo una escuela de fe. Mirándola, aprendemos a responder con valentía cuando el Señor nos llama a una misión.

La Virgen de la Altagracia es ejemplo de solidaridad, de vida y de justicia. Solidaria, porque nos dio al Salvador del mundo. Dadora de vida, porque acogió el plan de Dios sin reservas. Justa, porque escucha el clamor de sus hijos y lo presenta ante Jesús.

Acudamos a ella como lo hemos hecho durante siglos. Pongamos en sus manos los problemas que hoy nos afligen como nación: la violencia, la inseguridad, la pobreza, el alto costo de la vida. Ella es nuestra Madre. Y una madre siempre intercede por sus hijos. Estoy seguro de que, si se lo pedimos con fe, ella se lo pedirá a Jesucristo.

Conclusión

CERTIFICO que la Virgen de Altagracia, así como ha acompañado al pueblo dominicano, me ha acompañado a lo largo de mi vida.

DOY FE en Santiago de los Caballeros a los treinta (30) días del mes de enero del año del Señor dos mil veintiséis (2026). l

RAMÓN DE LA ROSA Y CARPIO ARZOBISPO DE SANTIAGO

crítica arte

LILIAN CARRASCO lilycarrascor@hotmail.com

“Las

Meninas”

en la calle Las Damas

Hay obras que pertenecen a los museos, y otras que, por su potencial simbólico, se convierten en patrimonio para la humanidad. “Las Meninas” de Diego Velázquez —pintada en 1656— es una de esas piezas inagotables que, siglo tras siglo, siguen interrogándonos. No solo por su virtuosismo técnico, sino por la pregunta silenciosa que instala en el centro de la escena: ¿quién mira a quién? Velázquez se retrata pintando dentro del cuadro, incorpora al espectador como parte del acontecimiento y convierte la pintura en un espacio de reflexión sobre el poder, la representación y la intimidad de la corte. La infanta Margarita y su séquito aparecen detenidos en un instante cotidiano que, sin embargo, se vuelve eterno. “Las Meninas” es, en muchos sentidos, una obra sobre el arte y la vida misma.

Por eso resulta especialmente significativo que hoy esta imagen dialogue con Santo Domingo. Gracias al proyecto “El Prado en las Calles / El Prado en el Centro”, coordinado por el Centro León con la colaboración de AECID y el auspicio de instituciones dominicanas, una reproducción de esta obra maestra se encuentra en un lugar cargado de historia como es la esquina de la calle Padre Billini No. 1 con la calle Las Damas, el primer trazado urbano del Santo Domingo Colonial.

Allí, en la fachada de la oficina legal del Dr. Jottin Cury, “Las Meninas” se presenta al transeúnte sin solemnidad excesiva, como un regalo inesperado. Me produce una satisfacción plena pensar que una obra tan emblemática del Museo Nacional del Prado pueda acompañar la vida cotidiana de nuestra Ciudad Colonial, integrándose con respeto a su memoria urbana.

El próximo 18 de febrero, a partir de las 5:00 p.m., tendré el honor de guiar un recorrido por esta y otras cuatro piezas seleccionadas, como miembro de la Asociación Dominicana de Historiadores del Arte. Será una invitación a mirar de cerca, a detenernos, y a permitir que el arte —cuando sale a la calle— nos devuelva también otra forma de vernos. l

crítica cine

ETZEL BÁEZ etzelbaez@gmail.com

Cien años de soledad (1 de 3)

Dicen que de una excelente novela no siempre se saca una magnífica adaptación cinematográfica. Virginia Woolf manifestó sus inquietudes acerca de la habilidad del cine para reflejar la intensidad de la literatura. En su obra “De la literatura al cine: teoría y análisis de la adaptación” (Paidós, Barcelona, 2000, 238 pp.), J. L. Sánchez Noriega analiza las adaptaciones al cine enfocándose en las diferencias y desafíos de transformar novelas en cine y examina diversas adaptaciones tales como “La colmena” de Camilo José Cela, “El túnel” de Ernesto Sábato, “Los santos inocentes” de Miguel Delibes, y “Crónica de una muerte anunciada” de Gabriel García Márquez, de donde podríamos conjeturar (por esta última) que los creadores de la serie, adaptada de la novela homónima, se llevaron al pie de la letra del análisis que aborda las coordenadas teóricas de la adaptación, analizando la conexión entre literatura y cine y la influencia recíproca entre ambas artes; de su definición y justificación de la adaptación, subrayando la conversión de un texto a un nuevo lenguaje y mencionan las razones para adaptarlo, así como las dificultades que surgen según las carac-

el libro vive

terísticas del original. Lo mejor, desde mi perspectiva, es la exaltación de personajes femeninos fuertes como Úrsula Iguarán, por su expresiva fortaleza y sabiduría. Y presumo que mucho tuvo que ver la formidable interpretación de la actriz Marleyda Soto, que la encarnó ya adulta a partir del episodio 3. Coincido con que su actuación es destacada por su capacidad para capturar la fuerza y la resiliencia del personaje, una matriarca que enfrenta numerosas adversidades para mantener unida a su familia. Su trabajo actoral es creíble, impactante y memorable. Para el logro de Úrsula de Marleyda, es obvio que captó la psicología del personaje junto a las motivaciones y la trama de García Márquez. Para quien conoce el método Stanislavski o la técnica de Chejov, las “vimos” en esta creación, pues logra conectarnos emocionalmente… su expresión corporal, pero sobre todo su formidable mirar, y es un logro que corrobora lo que John Ford, el genio de la “regla de los tercios” en el cine, aconsejaba: que solo lo más substancial eran los ojos y la mirada. Gesto por gesto, diálogo por diálogo, logra transmitirnos empatía, la misma que se siente por un personaje, para poseer la precisión del sentir del personaje y el adjetivo que le dio el autor al escribirlo. En Netflix como One Hundred Years of Solitude. l

HHHHH GÉNERO: Drama, realismo mágico DURACIÓN: : 8 episodios de 60 min. c/u

Tragedia novelada de Pedro Pablo García

Desgracias en el seno de muchas familias dominicanas como las que destacan a diario las redes sociales y la prensa convencional sirven de argumento al escritor y cineasta francomacorisano Pedro Pablo García para la creación de Sara, novela realista en la que las muertes trágicas y la cárcel es el final de los protagonistas, estampa funesta de la sociedad dominicana en este enfermo siglo XXI.

Una realidad evidente en el impresionante relato de García es la crisis de la familia nuclear, inducida por las llamadas organizaciones progresistas, como parte de agendas internacionales. Sara es concebida por la relación de Soraya, de 17 años, con el estudiante universitario Elvis Fadul, quien trata de convencerla infructuosamente para que aborte el embarazo.

Fiel a sus convicciones cristianas, Soraya trae al mundo a Sara y la cría a espaldas de su padre biológico como hija única, con todos los privilegios de una familia de clase media establecida en Santiago de los Caballeros. Por su lado, Elvis también hace una vida de éxitos, se convierte en rector donde estudia Sara, quien despierta una obsesiva administración en Marlon, hijo del ejecutivo académico.

La provincia Duarte, de donde es oriundo García, es una de las que han tenido con más frecuencia dantescos sucesos intrafamiliares, como los narrados en Sara, con destreza estética digna de ser reconocida. Marlon junto a dos amigos, droga con pastillas de Éxtasis a la irresistible joven en ausencia de Soraya, la violan bajo los efectos de la misma droga psicodélica, y la dejan embarazada de trillizos.

Todo lo ocurrido con Sara fue subido a las redes sociales, la convirtieron en objeto de burla colectiva.

La censura mayor surge de la madre, quien contempló completa en un video la sádica acción de los jóvenes.

Tanta presión encima de la inocente Sara se torna insoportable y pone fin a su vida. Sus progenitores, como si despertaran de un sueño, corren la misma suerte, mientras Marlon, en estado de locura va a purgar treinta años de cárcel.

La novela de García plasma una tendencia que la sociedad dominicana pensante debe tratar de revertir. Estamos a tiempo. l

SANTIAGO ALMADA salmada@elcaribe.com.do

franknunez463@gmail.com o

Libros sobrevalorados

na autora muy leída por la clase alta argentina entre los años 80 y 90, Silvina Bullrich, se quejó en cierta ocasión de que, pese a ser la que más libros vendía, nunca le dieron el premio nacional. Una revista le respondió con una humorada: “En Europa hacen lo mismo; porque a Corín Tellado, que vende millones de ejemplares, nadie le da un premio, en cambio a Vicente Aleixandre, que vende mucho menos, le dan un premio Nobel”. Que la cantidad de ejemplares vendidos no tiene nada que ver con la calidad literaria es una vieja polémica que jamás ha de zanjarse, los que prefieren libros que traten los grandes problemas del hombre, de la sociedad, del tiempo histórico en el que fueron escritos, no se deslumbran por las modas ni por las ventas, los que buscan entretenimiento con historias conspiranoicas, míticas y plagiadas, preferirán siempre los fenómenos que la publicidad eleva a los altares, como Paulo Coelho, Dan Brown, Ken Follet y otros.

El problema es que la publicidad tiene la “virtud” de disfrazar de bueno lo que no siempre lo es, y en el tema de los libros, como vivimos una época en la que se publica mucho y las grandes editoriales necesitan vender no importa qué ni cómo, se forman cadenas que empiezan con los premios, se premia una obra, el periódico que es dueño de la editorial que otorga el premio publica una crítica elogiosa escrita por un periodista que es empleado de la misma empresa que distinguió a la obra ganadora y así todos contentos. Gana el distinguido, gana el crítico que hizo su trabajo y gana la editorial que decidió que esa es la mejor novela del año. De los concursos nos ocuparemos en otra ocasión, porque ahí también hay mucha tela para cortar. Ocurre que en definitiva es el público lector el que decide cuándo una obra es buena y merece trascender, de ahí que, pese a los millones invertidos en publicidad y recuperados con creces en la venta y posteriores películas de las obras de Dan Brown, ya casi nadie las recuerda, porque no tienen nada que amerite pasar a la posteridad. Los buenos libros son los que interrogan al hombre de una época determinada para ponerlo a conversar con los hombres de todas las épocas. l

elCaribe, SÁBADO 7 DE FEBRERO DE 2026 elcaribe.com.do

Esther Borja canta a dos, tres y cuatro voces

ANTONIO GÓMEZ SOTOLONGO

Especial para elCaribe

Clásicos populares en discos increíbles

DDurante la primera mitad del siglo XX, cuando en Cuba florecía la cultura republicana y la música se había convertido en uno de los productos de consumo masivo, colocar un disco en el tope de la popularidad no era nada fácil, porque la competencia era recia y el mercado volátil, lo que hoy era una novedad mañana era viejo; sin embargo, algunos fonogramas, como el que da título a este artículo, salió al mercado hace más de setenta años, y se puede escuchar hoy como si fuera nuevo. En su género, ha podido romper las barreras del tiempo porque contiene hermosas criollas, danzas y canciones cubanas, interpretadas con arreglos y voces excepcionales. En realidad una sola voz, que gracias a la magia y el talento se multiplica hasta cuatro veces, con bellos timbres y una afinación perfecta.

El fonograma lo produjo en 1955 el disquero cubano Mateo San Martín (19302014) y se grabó en los estudios de Radio

Progreso en La Habana. Según cuenta Mateo en su libro Disquero, la idea de que Esther Borja grabara un disco a dos, tres y cuatro voces se le ocurrió a Luis Carbonell. El acompañamiento sería a dos pianos, uno ejecutado por Numidia Vaillant y el segundo por él mismo; además, se incluiría un contrabajo y la percusión correspondiente. Como San Martín en ese entonces aún no tenía las licencias para comercializar sus producciones, le presentó la idea a Fernando Montilla, quien la aprobó, aunque consideró que, por lo complejo de la grabación, ésta debería ser realizada en New York, lo cual requeriría el viaje de Esther Borja y Luis Carbonell a dicha ciudad. En cuanto a los honorarios Montilla estaba dispuesto a pagar a Esther Borja quinientos dólares y a Luis Carbonell doscientos. Además, el pasaje aéreo y el pago del hotel para ambos. En lo referente a las dietas, la cifra de diez dólares diarios para Esther y cinco dólares diarios para Luis. Pero sucedió, que cuando Mateo le informó a Carbonell sobre los pagos que haría Montilla, este le dijo que en esas condiciones no iría a New York y que prefería hacerlo con Mateo en La Habana. Y así se hizo. La primera sesión se terminó a las seis de la mañana, grabándose en un solo canal de un cuarto de pulgada. Era una grabación directa, en las que se

grababa por partes y luego se efectuaba el mezclado, diferente a como se realizan en la actualidad. En tres sesiones terminaron el disco, y con esas matrices Mateo viajó a New York para realizar los cortes en los estudios de la RCA, y cuando los tuvo le pidió a Montilla que, usando su crédito, le mandara fabricar cinco mil álbumes y que se los enviara a Cuba . De regreso en La Habana, Mateo presentó el disco en La Feria del Sonido, y la reacción fue tan positiva que los pedidos cubrieron casi la totalidad de lo ordenado a Montilla en aquellos momentos. Finalmente, los discos llegaron a principios de diciembre de aquel año 1955, y para el 6 de enero ya se habían vendido los cinco mil discos bajo la marca «Antilla Records» que ya para esa fecha Mateo había establecido su propio sello, lo que sirvió para que Esther Borja, Luis Carbonell y el propio Mateo lograran su primer éxito.

Los créditos

Productor: Mateo San Martín; Autor del proyecto: Luis Carbonell; Lugar de grabación: Radio Progreso, La Habana, Cuba; Fecha de las grabaciones: Octubre 1955; Cortes y edición: Estudios de la RCA, New York; Impresión de los Lps.: New York: Cantidad de discos impresos en la primera tirada: 5,000: Intérpretes de las grabaciones: Esther Borja, voces;

Numidia Vaillant y Luis Carbonell, piano; Bol, contrabajo; Rolando Laserie, percusión; Grabador: Medardo Montero: Sello que lo introdujo en el mercado: Antilla Record; Año de salida al mercado: 1956

El contenido

TE ODIO. Criollas. (Dos voces), de Félix B. Caignet y ¿ME ODIAS? (cuatro voces), de Ernestina Lecuona.

EN EL SENDERO DE MI VIDA. Bolero (Dos voces), de Oscar Hernández. DANZA CUBANA. (Dos pianos: Numidia Vaillant y Luis Carbonell), de Ignacio Cervantes Kawanagh.

NOCHE AZUL. Danza (Tres voces), de Ernesto Lecuona.

ES EL AMOR LA MITAD DE LA VIDA. Canción. (Dos voces), música de José Marín Varona y versos de J. R. Barreiro. AUSENCIA. Bolero, (Dos voces), de Jaime Prats.

LA TARDE. Bolero (Tres voces), de Sindo Garay.

LA HIJA DE ORIENTE Contradanza para piano, de J. Marín Varona. Arreglo para dos pianos de Numidia Vaillant. OJOS BRUJOS. Criolla capricho. (Tres voces), de Gonzalo Roig. LONGINA. Canción romántica, (Tres voces), de Manuel Corona E

Poemas de Sandra Margarita Fernández

Esta semana en “Espejo de tinta”, nuestra invitada es Sandra Margarita Fernández Martínez, destacada escritora oriunda de Sabaneta, Santiago Rodríguez, República Dominicana, que ha logrado articular con éxito una doble vocación: el ejercicio del derecho y la creación literaria. Actualmente se desempeña como Magistrada del Tribunal de Tierras en Santiago Rodríguez, donde ha construido una sólida trayectoria en el ámbito del derecho inmobiliario. En el campo literario, es reconocida como “La Dama de la Poesía” o “Maestrilla”. Su producción bibliográfica abarca poesía, narrativa y ensayo, con obras como Destilando Letras, Amalgama Poética, la novela Amor en tierra ajena y diversos textos técnicos sobre el proceso de saneamiento. Su escritura, marcada por la introspección y la emotividad, adquirió una profundidad particular tras la muerte de su hermano, Elvis Fernández, experiencia que se convirtió en un motor creativo decisivo. Ha sido merecedora de importantes reconocimientos nacionales e internacionales, entre ellos el premio “Estrella del Sur” en Uruguay y el premio “El Colino” en 2025. Su compromiso social y cultural se expresa también en la iniciativa “Ecos de personajes Poéticos”, un espacio de entrevistas dedicado a la promoción del arte y la lectura, mientras continúa trabajando en nuevos proyectos narrativos.

HAIKU 1

Frío en la piedra, un gorrión espera migaja de sol.

HAIKU 2

Alba invernal, la senda se ilumina sin dejar huella.

SONETO AL DIOS DE LA MONTAÑA

Señor, en esta altura donde el viento susurra tu presencia entre la flora, mi alma ante ti se arrodilla y te implora, bendice nuestro canto y sentimiento. Eres la luz, la voz y el fundamento, la fuente de la gracia que decora la vida, que, sin Ti, se descolora, pues todo ante Ti, respira y halla aliento. Aquí, Señor, tu templo es la espesura, el río tu palabra, clara y viva, y el sol, tu amor que todo lo procura. Permite que la voz que aquí se aviva en versos, te celebre con ternura, es la fe, que mi espíritu cultiva.

DÉCIMAS REALES

Cruza mi voz la bruma que te nombra, Un leve resplandor besa el paisaje, Alza su luz y acuna mi lenguaje, Nace el temblor del alba entre la sombra. Dicta tu paso un pulso que me asombra, Obra en mi pecho un eco sostenido, Traza la noche un rayo florecido,

Eleva el aire un canto que te advierte; Antes de huir te guardo como suerte, Llama que arde y jamás llega el olvido. En mi memoria vibras, fiel presencia, Junto a mi paso un sueño que renace, Extiende al alma un soplo que me place, Sella mi ruta en íntima adherencia. Dejo que el tiempo torne su cadencia, En cada duelo emerge tu latido, Abro el silencio y vuelve lo vivido, Quiebro en tu nombre el miedo que me hiere; Un halo el corazón dulce prefiere, Íntimo faro en cauce bendecido.

SONETO

A LAS MIRABAL

Ya nacieron en tiempos de tiranos, tres mujeres con voz y rebeldía desnudaron sus pasos la falsía y de aquél se libraron, sus paisanos Candorosos sus rostros, y en sus manos libertad, desbordaron valentía; y ninguna perdió su profecía al abrir los senderos soberanos. Las quisieron quebrar… y tras su vuelo trascendieron su ser igual que fuego; las quisieron doblar… se hicieron cielo. En el mundo tan fértil sortilegio: mariposas que cruzan nuestro anhelo, es servirme en su fuente un privilegio.

RESPIRA

¡Cuánto ruido, cuánto ruido! Por favor un poco de silencio, respira, respira profundo... antes de opinar, analiza, no juzgues lo que no conoces, mira, mira bien, y luego calla, busca el sentido del silencio, asómbrate y déjalo pasar. Piensa, piensa lentamente, no te quedes sin perdones, olvida el dolor de tus ayeres, y carga en tu alma todo el bien, todo el bien posible... y sigue adelante, siente el sol sobre tus hombros, enfrena la fiera que hay dentro de ti. Ríe en medio de la espesura, sin fronteras ni límites, entre el follaje y las flores, siente la luz, el sentido y la emoción, piérdete entre la locura y la cordura, la grandeza de la vida, se encuentra entre las cosas pequeñas, aprende en esta vida a hilar y deshilar. Aprende que la vida es un viaje, un espejo, que se rompe, al no mirarnos hacia adentro, y ver lo que hemos germinado. Es un viaje de autodescubrimiento, no te pierdas en el camino, descubre que el mundo es pequeño, y que el amor, el amor es inmenso.

ES LA VIDA

Es la vida a veces, más injusta y dolorosa que la misma muerte, bien lo sabe el sufrimiento. Es la vida a veces, solo un recipiente donde solemos verter los sentimientos. Un deseo continúo de existencia,

un sueño en el corazón una ilusión en el alma. ¡Oh! ¿Dónde están esos días felices de la niñez? Cuando la muerte, sólo era una palabra. Es la vida a veces tan injusta, ver morir una flor de sed, y justo cuando expira, cae lluvia. Es la vida a veces tan injusta, y dolorosa o más que la misma muerte, ¡Es la vida!...

NACIMIENTO

La brisa se vestía de ternura, los campos despertaban somnolientos, un coro de arroyuelos transparentes soltaba su murmullo en los senderos. El aire se impregnaba de azucenas, y un pulso verde abría los silencios, las ramas esqueléticas de enero ya daban brotes tímidos, pequeños. El sol, en su ascensión de madrugada, templaba los cristales del invierno,

y el ave que partió hacia lo lejano volvía con canciones en el pecho. Entonces comprendí que la alborada, con tanto resplandor recién deshecho, no era sino la vida renacida: la primavera que venía naciendo. La nieve se rendía en los tejados, dejando claros ríos en la tierra; el viento ya no hería con cuchillos, traía voces dulces de la hierba. Se abrieron las ventanas del paisaje, un rayo desató sus manos tiernas, y en coro las campanas invisibles alzaban resonancias en la sierra. Los nidos recobraron sus latidos, las flores se miraban en las huertas, y un soplo recorrió las viejas ramas pintándolas de júbilo y de perlas. Entonces lo entendí: nacía el tiempo que viste de colores a la pena, el tiempo en que la vida se despierta: simplemente nació la primavera.l

Esta página es una colaboración especial para este suplemento.

elCaribe, SÁBADO 7 DE FEBRERO DE 2026 elcaribe.com.do

Relectura: “Rabiaca del haitiano que espanta mosquitos”, de Rubén Suro

El poema “Rabiaca del haitiano que espanta mosquitos”, de Rubén Suro construye un retrato vivo y humorístico de un personaje haitiano que intenta defenderse de un mosquito persistente. Aunque el poema parece, a primera vista, un simple episodio cómico, su trasfondo es profundamente social y cultural. El hablante, mediante un lenguaje popular y fonéticamente transcrito, evidencia la presencia haitiana en el Caribe hispano y, al mismo tiempo, la precariedad que acompaña a los sectores marginados.

El poema utiliza el criollismo lingüístico como recurso literario. La pronunciación modificada -”moquite”, “fuñie”, “sunbie”, “quema oja seque” no solo aporta color local, sino que sitúa al lector en un espacio donde la identidad del hablante es inseparable de su forma de hablar. Suro recoge la musicalidad del habla haitiana en territorio dominicano, celebrando su expresividad y destacando su presencia social. La oralidad, las repeticiones y los modismos convierten el poema en una escena teatral casi cómica, donde la voz del personaje tiene más peso que el mosquito mismo.

La lucha contra el mosquito funciona como metáfora de los problemas pequeños pero constantes que enfrentan los más desfavorecidos: molestias que parecen insignificantes pero que, acumuladas, generan irritación, cansancio y deseos de escapar (“me bua di p’Haiti”). Sin embargo, el tono humorístico transforma la queja en una afirmación de resistencia. El haitiano del poema no se rinde; enfrenta su incomodidad con palabras, amenazas, ingenio y rabia juguetona. A pesar de la pobreza sugerida por “yo quema oja seque” o “yo quema papel”, su actitud revela dignidad y carácter.

Asimismo, el poema expone la mirada intercultural dominico-haitiana. El personaje menciona que el mosquito debería “buscar gente blanque pa que te dé gute”, reflejando tensiones raciales históricas, pero también revelando una conciencia irónica de su propia posición dentro de la sociedad. Su afirmación de que el mosquito se puede “enbenená” si pica a un “negre” alude en tono jocoso al estereotipo de dureza y resistencia corporal, reivindicando la fortaleza del hablante ante las adversidades.

Rubén Suro convierte una anécdota mínima en una representación literaria de la identidad haitiana en el Caribe. A través del humor, la exageración y el lenguaje popular, el poema revela la humanidad, la lucha y la capacidad de resistencia de quienes viven en los márgenes. Más que un poema sobre un mosquito, es un poema sobre el orgullo, la dignidad y la resiliencia cultural.

Uno de los rasgos más llamativos del

poema es la representación de la vida cotidiana del haitiano. El acto de espantar mosquitos, repetitivo y aparentemente insignificante, es elevado a la categoría de motivo poético. En la tradición literaria caribeña, la cotidianidad ha sido un espacio privilegiado para exponer la dignidad de los cuerpos históricamente marginados: trabajadores cañeros, campesinos empobrecidos, mujeres que cargan con múltiples formas de opresión.

El poema convierte ese gesto de espantar mosquitos en una especie de danza nerviosa, tensa, ligada a la supervivencia. En este sentido, la rabiaca no es solo un enojo, sino la descarga física de un cuerpo agotado, acosado por plagas, por el clima y por las condiciones laborales adversas. Como señala Benítez Rojo (1998), la literatura del Caribe tiende a “ritualizar lo cotidiano”, otorgándole una significación estética y política. En el poema, el ritmo del lenguaje refleja el movimiento inquieto del trabajador, y el lector percibe la intensidad corporal de la escena.

La rabiaca se expresa mediante un lenguaje cercano, casi performático, que recuerda a la forma en que los campesinos o trabajadores conversan, bromean o se desahogan entre sí. Hall (1990) indica que la oralidad en contextos afrocaribeños funciona como un “espacio de reconstrucción identitaria”, especialmente para grupos desplazados o racializados. En este caso, la voz del haitiano es recuperada no como objeto folclórico, sino como sujeto de experiencia.

La musicalidad del poema refuerza la carga emocional de la rabiaca. El ritmo acelerado imita el movimiento con que espanta los mosquitos, creando una correspondencia entre forma y contenido. Así, el poema se vuelve casi corporal: se lee y se sien-

te al mismo tiempo. Esto lo relaciona con tradiciones afroantillanas donde el cuerpo es vehículo de sentido como el son, la salve, la danza vodú y donde gesto y palabra se entrelazan.

En el poema, la rabiaca es más que una reacción impulsiva: se convierte en un gesto simbólico de resistencia. El haitiano no solo se enfrenta a los mosquitos; se enfrenta a la pobreza, al cansancio, al estigma social y a la precariedad. La rabiaca expresa una rabia contenida que no puede dirigirse contra las estructuras opresivas, pero que aparece en forma de estallido físico.

Autores como Dash (2001) han subrayado que la literatura haitiana y la que representa personajes haitianos en el Caribe suele mostrar la dignidad en medio del sufrimiento, y que emociones como la ira o la frustración funcionan como respuestas humanas ante un sistema deshumanizante. En este poema, la rabiaca es una afirmación del yo: el haitiano aparece como un ser que siente, que expresa, que se defiende dentro de sus posibilidades. La rabiaca también revela el conflicto entre el cuerpo y su entorno. La figura del mosquito, con su insistencia y su picadura constante, simboliza el acoso del entorno hostil. La reacción del haitiano es un acto de insistencia vital: “estoy aquí, sigo luchando, sigo moviéndome”. En una lectura metafórica, el poema critica las condiciones laborales de los trabajadores haitianos en República Dominicana, especialmente en zonas agrícolas y cañeras, donde históricamente han sido explotados y marginados (Wooding & Moseley-Williams, 2004).figura del haitiano en la literatura dominicana ha sido objeto de múltiples interpretaciones. En ocasiones, aparece estigmatizada; en otras, humanizada; en otras, convertida en símbolo de alteridad.

El poema “Rabiaca del haitiano que espanta mosquitos” se inclina por una representación empática, centrada en la experiencia corporal y emocional del personaje. La frontera, más que dividida por líneas políticas, aparece como un espacio humano compartido.

La rabiaca puede interpretarse como una respuesta al sentimiento de no pertenencia, al desplazamiento y a la discriminación. La persistencia del protagonista frente a los mosquitos puede leerse como la persistencia del inmigrante frente a los prejuicios. Como sostiene Martínez (2013), la literatura de la frontera en el Caribe suele “mostrar el choque y la mezcla de culturas” a través de escenas sencillas que revelan tensiones profundas.

El poema logra, sin caer en paternalismos, mostrar la humanidad de un sujeto que frecuentemente ha sido reducido al estereotipo del trabajador anónimo. Su rabiaca rompe el silencio.

La rabiaca no es solo enojo: es impulso de vida. Es la energía que permite seguir trabajando, seguir moviéndose, seguir sintiendo. En la tradición literaria caribeña Como muestran Césaire, Guillén o Hernández Franco la dignidad del ser negro y del ser trabajador se expresa muchas veces en la corporalidad: en el baile, en la voz, en el gesto, en la risa, en el enojo. Este poema forma parte de esa genealogía.

Finalmente “Rabiaca del haitiano que espanta mosquitos” es un poema breve pero profundamente significativo. A través de la oralidad, el ritmo y la representación de un gesto cotidiano, se construye una figura humana compleja: un trabajador haitiano que encarna la resistencia, la frustración y la dignidad. Su rabiaca no es un simple estallido emocional: es un acto de afirmación ante un entorno adverso. l

NOVELA POR ENTREGAS

El Manuscrito de Santo Domingo

Crónica periodística entre

Especial para elCaribe

Capítulo 5. El tesoro maldito de La Isabela

La ruta hacia La Isabela me llevó por carreteras bordeadas de mar y cañaverales interminables. El azul del Atlántico brillaba a un lado, y a lo lejos las montañas verdes recordaban que en este país el paisaje nunca se repite dos veces.

Había leído sobre el lugar en un viejo libro: la primera ciudad construida por los españoles en el Nuevo Mundo. Allí se levantaron iglesias, almacenes, casas… pero el hambre, las enfermedades y las luchas internas acabaron con ella. Hoy no quedaban más que ruinas y un silencio extraño.

Mi interés no era solo histórico. Un arqueólogo dominicano me había susurrado en Santo Domingo que las ruinas escondían un mito persistente: el de un tesoro maldito, enterrado por soldados de Colón que murieron protegiéndolo.

Llegué al sitio arqueológico bajo un sol inclemente. Caminé entre las piedras derruidas, tratando de imaginar cómo había sido aquella ciudad hace cinco siglos. Había restos de muros, cimientos de casas, una iglesia en ruinas. Todo parecía abandonado, como si el tiempo se hubiera detenido en un instante de fracaso.

Mientras tomaba notas, un guardia del lugar se me acercó. Era un hombre mayor, de piel curtida y ojos cansados.

—¿Buscando historia, periodista?

—Buscando historias —corregí.

Él me miró con una seriedad que me incomodó.

—Aquí no hay historias. Hay advertencias. Lo que quedó enterrado no quiere ser desenterrado.

Nos sentamos a la sombra de una ceiba. El guardia comenzó a hablar en voz baja:

—Dicen que cuando Colón tuvo que abandonar la Isabela, algunos soldados escondieron cofres de oro y reliquias que iban a mandar a España. Los enterraron cerca de la iglesia. Pero murieron antes de revelarlo. Desde entonces, cualquiera que intenta buscarlos encuentra otra cosa: visiones, gritos, muerte.

Me contó que en los años setenta un grupo de buscadores de tesoros vino con detectores de metales. Uno de ellos cavó cerca del altar. Al abrir el hueco, un gas invisible lo envolvió. Cayó al suelo, muerto en segundos.

—Yo lo vi —susurró el guardia, con los ojos húmedos—. El cuerpo quedó rígido, con la boca abierta como gritando. Desde entonces nadie vuelve a excavar.

Me quedé helado. Anoté cada palabra. Al caer la tarde, los visitantes se habían marchado. Solo quedábamos el guardia y yo. Caminé hasta las ruinas de la iglesia. El sol se hundía en el mar, tiñendo las piedras de rojo. Fue entonces cuando vi algo: una losa removida, un hueco oscuro entre los

las

leyendas y las sombras

cimientos. La curiosidad me arrastró.

Saqué la linterna y me asomé. El aire que salió de allí era frío, antinatural. El haz de luz iluminó lo que parecía un cofre de hierro, medio enterrado en la arena.

Mi corazón latió como un tambor. Una parte de mí sabía que debía alejarme. Pero otra parte, la que me había traído hasta aquí, me empujaba a acercarme.

Extendí la mano hacia el cofre. Antes de tocarlo, una figura se materializó a mi lado: la anciana del rosario negro.

—No lo abras —ordenó con voz seca—. Ese oro no alimenta, solo condena.

Quise preguntarle cómo había llegado allí, pero no me dio tiempo. El aire se llenó de gritos. Voces masculinas, desgarradas, clamando en castellano antiguo: “¡Protegedlo! ¡Morid antes que entregarlo!”.

Las sombras de hombres con armaduras aparecieron en torno al cofre. Sus espadas brillaban, aunque eran de humo. Todos me miraban con odio.

Retrocedí aterrado. La anciana levantó el rosario.

—No es para ti. Márchate.

Y en un parpadeo, las sombras y el cofre desaparecieron. Solo quedaba el hueco vacío, lleno de arena.

Regresé al hotel esa noche sin fuerzas. Abrí mi libreta para anotar lo ocurrido. Y allí estaba la frase inevitable, escrita con aquella caligrafía que no era mía: “El tesoro no es oro. Es memoria. Y te reclama.”

Cerré los ojos, sintiendo un peso en el pecho. Cada lugar me daba la misma lección: lo que buscaba no era simple material para un artículo. Eran puertas abiertas hacia otra dimensión, y yo estaba empujándolas cada vez más.

Esa noche soñé con cofres abiertos que no contenían oro, sino huesos humanos, mirándome con ojos vacíos.

Capítulo 6. El Bacá de los campos de San Juan

La carretera hacia San Juan de la Maguana parecía interminable, con lomas secas y campos de maíz que se perdían en el horizonte. Allí, en esa región agrícola, me ha-

bían dicho que todavía se hablaba en voz baja de algo que nunca debía nombrarse en público: el Bacá.

Una criatura, un espíritu, un demonio — nadie parecía ponerse de acuerdo—, pero todos coincidían en que el Bacá era la fuente de riquezas inexplicables. El rumor decía: “Si ves a un campesino pobre hacerse rico de la noche a la mañana, no preguntes. Él tiene un Bacá.”

Me hospedé en una posada humilde en las afueras de la ciudad. La dueña, doña Mercedes, me atendió con amabilidad, pero al saber que yo investigaba leyendas, bajó la voz:

—Aquí la gente tiene miedo de hablar. El Bacá no se menciona a la ligera. Mire, hay fincas que crecieron demasiado rápido. Y la gente se persigna cuando pasa cerca.

Insistí en que me dije dónde estaban esas fincas, y ella, con un suspiro, me señaló hacia los campos al sur.

—La familia Díaz. Nadie sabe de dónde sacaron tanto ganado. De un día para otro. Pero dicen que por las noches se escuchan cadenas y chillidos en la finca.

Me acerqué a la finca al atardecer. Era imponente: centenares de vacas, un molino moderno, almacenes llenos. El patriarca, don Raimundo Díaz, me recibió con una sonrisa amplia, demasiado amplia.

—¡Un periodista! —exclamó—. Bienvenido, pase, vea la prosperidad de nuestra tierra.

Me mostró los establos con orgullo. Todo brillaba, todo estaba limpio en exceso. Pero lo que más me llamó la atención fue un corral cerrado, con cadenas gruesas y candados. De allí provenía un hedor nauseabundo.

—¿Y qué guardan allí? —pregunté con inocencia.

Los ojos de don Raimundo se enturbiaron.

—Nada que le importe. Mejor venga a cenar.

Esa noche, de regreso a la posada, un muchacho me alcanzó en el camino. Era peón de la finca, apenas un adolescente.

—Señor periodista… —me dijo con voz temblorosa—. No se quede cerca de los Díaz.

Lo que tienen no es de Dios.

—¿El Bacá? —aventuré. El muchacho palideció y asintió. —Lo alimentan en el corral. Cada viernes. Con sangre. Yo lo vi.

Me relató que la criatura no tenía forma fija: a veces perro negro, otras toro de ojos rojos, o también sombra que reptaba por las paredes. “Lo único seguro —me dijo— es que siempre cobra lo suyo”.

No podía irme sin comprobarlo. Esa medianoche regresé a la finca, escondido entre matorrales. El silencio del campo era absoluto, hasta que comenzaron los sonidos: cadenas arrastrándose, un bramido grave que no era de vaca ni de toro. Luego, un alarido humano.

A la luz de la luna, vi a dos hombres arrastrando un animal degollado hacia el corral encadenado. La tierra tembló cuando lo lanzaron adentro. Lo que se oyó a continuación fue indescriptible: un desgarrar de carne, gruñidos, un chillido agudo que me heló la sangre.

Un destello rojo iluminó la rendija del corral. Yo retrocedí de golpe, tropezando con las piedras. Corrí de regreso al pueblo con el corazón desbocado. Cerré la puerta de mi habitación y abrí la libreta. Allí, como siempre, me esperaba la frase escrita en esa caligrafía ajena: “El Bacá cobra con oro primero. Luego con sangre. Al final, con el alma.”

Temblé al leerla. Pensé en don Raimundo, en sus riquezas y en su sonrisa demasiado amplia. Comprendí que todo lo que había visto era solo la superficie de un pacto oscuro, uno que aún seguía vigente en esas tierras.

La madrugada me sorprendió despierto. Afuera, en la penumbra, escuché pasos arrastrados frente a la ventana. Me asomé: un perro negro enorme, con ojos rojos como carbones encendidos, me observaba en silencio. No ladró. No se movió. Solo me miró.

Y entonces, con un sonido de cadenas arrastrándose, desapareció entre la niebla. Me quedé temblando, convencido de que, de algún modo, el Bacá sabía que yo lo había visto. l

elCaribe, SÁBADO 7 DE FEBRERO DE 2026

elcaribe.com.do

La ilustradora nacida y criada en República Dominicana, Doris Rodríguez, actualmente trabaja en Nueva York y Miami. Asistió a la Escuela de Diseño Altos de Chavón y tiene licenciatura y maestría en diseño. La artista ha trabajado creando imágenes para portadas de libros e ilustraciones de textos para niños, uno de sus

“El

más destacados es “Gloriana Presente: una historia del primer día de clases”, reconocido con medalla de plata en los Premios Internacionales del Libro Latino (ILBA) en 2025. “Crear un libro es un proceso colaborativo que involucra a creadores, editores, diseñadores y otros profesionales detrás de escena. Para ese libro, de la autora

15 Cultura

Alyssa Reynoso-Morris e ilustrado por mí, fue una experiencia muy especial”, destacó Rodríguez, y afirmó que en un libro, primero se realizan ilustraciones iniciales, luego se hacen ajustes y correcciones hasta llegar a las ilustraciones finales y, finalmente, a la carátula. “Es un proceso arduo y meticuloso”, indica.

arte tiene el poder de conectar personas, abrir mentes y corazones”

l ¿Cómo fue tu experiencia ilustrando “Gloriana Presente”?

l Crear un libro es un proceso colaborativo que involucra a creadores, editores, diseñadores y otros profesionales detrás de escena. Para ese libro, de la autora Alyssa Reynoso-Morris e ilustrado por mí, fue una experiencia muy especial. En un libro, primero se realizan ilustraciones iniciales, luego se hacen ajustes y correcciones hasta llegar a las ilustraciones finales y, finalmente, a la carátula. Es un proceso arduo y meticuloso. Ilustrar este libro fue profundamente personal. Me permitió celebrar la cultura en la que crecí mientras reflexionaba sobre la adaptación que he visto en mis estudiantes, quienes equilibran múltiples identidades culturales. Para mí, ilustrar esta historia fue honrar experiencias vividas: las mías y las de los niños a quienes enseño. Espero que los lectores se sientan vistos y orgullosos de quiénes son y de dónde vienen al leer este libro.

l ¿Qué elementos visuales consideraste importantes para representar la historia de Gloriana?

l Para representar la historia de Gloriana escogí elementos visuales directamente ligados a mis memorias. Las escenas en las que Gloriana sueña despierta con República Dominicana evocan la esencia de mi infancia: el jardín del patio, las flores que cuidaba mi madre, los colores y la calidez de esos espacios que siempre llevé conmigo. Quise que estas imágenes transmitieran nostalgia, arraigo y cariño por mis raíces. En contraste, las ilustraciones del Bronx reflejan mi recorrido como adulta: el camino hacia la escuela donde trabajaba, las calles que recorría a diario y la gente trabajadora, alegre y vibrante que encontré allí. Quise mostrar estas áreas con dignidad, resaltando su vitalidad y carácter único, y transmitir cómo estos escenarios, aunque diferentes, forman parte de una misma identidad y de un mismo viaje. l ¿Hubo algún momento del libro que te conectó emocionalmente durante el proceso creativo?

l Hay una parte en la que el personaje respira profundamente y encuentra el coraje para enfrentar su miedo, busca en las raíces culturales que su abuela le enseñó. En esa página utilicé una paleta de azules mezclados con movimientos suaves, porque también me identifiqué con ese momento.

En mi propio viaje de transculturación y adaptación, fueron mis raíces y mis lazos familiares los que me dieron la fuerza para seguir adelante.

l ¿Cómo lograste captar la emoción del primer día de clases a través de las ilustraciones?

l Trabajé con colores y composiciones que reflejaran tanto la ansiedad como la expectativa que muchos niños sienten ante algo nuevo. El libro fue un proceso colaborativo, y las ilustraciones evolucionaron con la retroalimentación del equipo creativo, siempre con la intención de que Gloriana encontrara su voz. Utilicé colores más sutiles y suaves para representar sus pensamientos y la imaginación, y colores más vibrantes y cálidos cuando finalmente encuentra seguridad y confianza. Este contraste ayuda a transmitir las emociones del personaje y permite que los lectores conecten con sus experiencias.

l ¿Qué técnicas o estilos utilizaste en este proyecto y por qué los elegiste?

l Todas las ilustraciones fueron realizadas con pintura acrílica. Una parte desafiante

fue crear pinturas que mostraran dos aspectos simultáneamente: la realidad y la imaginación. Parte de la narrativa visual consistía en representar los recuerdos evocadores del personaje de la abuela, que se superponen a la realidad. Estos recuerdos se plasman con dibujo en líneas negras sobre las pinturas, creando un diálogo entre la memoria y lo real y enriqueciendo la historia de manera única.

l ¿Qué significó para ti recibir este reconocimiento en los ILBA 2025?

l Fue un gran honor, especialmente valioso en un momento en que el clima político afecta directamente a las comunidades latinoamericanas y sus historias, y cuando cientos de libros están siendo desafiados o retirados de escuelas y bibliotecas públicas por su contenido educativo, especialmente aquellos que promueven equidad, justicia social y la representación de comunidades diversas.

l ¿Qué ha sido lo más difícil de este camino de la ilustración?

l Ser ilustradora de libros infantiles es una carrera gratificante pero desafiante, que

combina creatividad, colaboración y paciencia. Los ilustradores enfrentan procesos de producción largos, oportunidades competitivas, incertidumbre financiera y la necesidad de proteger su trabajo mientras dan vida a historias y personajes. En mi caso, he manejado múltiples disciplinas creativas, combinando enseñanza y práctica profesional a lo largo de todo este tiempo. Al comienzo de mi carrera como ilustradora, gané el premio por mi primer libro, Diego Quiere Ser, en el Multicultural Publisher Exchange, lo que me impulsó a seguir ilustrando. En ese entonces, visitaba personalmente las casas editoriales y pedía cita con diseñadores o art buyers. Cuando mostraban interés, ¡era maravilloso! Pero muchas veces me sentaba frente a ellos y recibía críticas de arte duras. Aun así, nunca dejé de intentarlo. Hoy en día, este proceso es virtual, y puede ser difícil mantener la motivación frente a los múltiples rechazos, pero la pasión por crear y contar historias sigue siendo la fuerza que impulsa a seguir adelante.

l ¿Has colaborado en otros libros?

l A lo largo de mi carrera, he tenido el privilegio de colaborar con una amplia variedad de clientes, incluyendo Target, Lee & Low Books, Scholastic, Highsmith Press y Christy Ottaviano Books/Little, Brown Books for Young Readers.

l ¿Algún mensaje para jóvenes artistas o ilustradores que sueñan con publicar libros?

l Mi consejo es proteger siempre su trabajo. Esto incluye registrar sus obras para asegurar los derechos de autor, marcar digitalmente sus ilustraciones, y tener cuidado al compartir archivos finales. También es importante conocer los riesgos relacionados con la inteligencia artificial, ya que algunas herramientas pueden copiar o modificar imágenes sin permiso. Guardar bocetos, correos y contratos ayuda a demostrar la autoría si surge algún problema. Mi mensaje para quienes sueñan con crear arte es simple: sigan creando todo lo que puedan, todos los días. Cada dibujo, pintura o ilustración es un paso más en el camino de encontrar tu voz y compartir tu historia. No tengan miedo de experimentar, de equivocarse o de enfrentar rechazos: todo eso forma parte del aprendizaje y del crecimiento como artista. El arte tiene el poder de conectar personas, de abrir mentes y corazones, y cada obra que creas es una manera de dejar tu huella en el mundo. Así que sigan creando con pasión y alegría, y nunca dejen de explorar su creatividad. l

Doris Rodríguez, actualmente trabaja en Nueva York y Miami.

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