Cultura elCaribe, SÁBADO 7 DE FEBRERO DE 2026
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Basquiat, el niño rey del garabato
El desembarco “El arte pemite guerrillero en concetar a las Playa Caracoles personas”
José Mercader presenta una visión crítica de la obra de este artista estadounidense de ascendencia haitiana, también conocido como Samo . P.8
La página de OGM rememora las acusaciones y reacciones acerca de este hecho que ocurrió en el mes de febrero de 1973 . P.7
La ilustradora dominicana Doris Rodríguez, ganadora la medalla de plata en los premios ILBA 2025, comparte inquietudes y experiencias. P.15
Los Gavilleros fue un movimiento compuesto por campesinos y trabajadores sin formación militar. FUENTE EXTERNA
Los Gavilleros frente a la intervención de los Estados Unidos en 1916 El rol de las mujeres, quienes no solo gestionaron la logística y municiones, sino que también combatieron cuerpo a cuerpo MANUEL ANTONIO VEGA atacando10@gmail.com
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a ocupación militar de los Estados Unidos en la República Dominicana enfrentó una resistencia feroz en las zonas rurales del Este: los Gavilleros, un movimiento compuesto por campesinos y trabajadores sin formación militar que se alzó en armas motivado por el despojo de tierras tras el au-
ge azucarero, el nacionalismo y los abusos de los “marines”. Mientras en las ciudades la resistencia era principalmente intelectual y política, en las zonas rurales, especialmente en el Este del país, surgió este movimiento armado que mantuvo en vilo a las tropas extranjeras por años. El término “gavillero” (de gavilla, banda de delincuentes) fue usado por los ocupantes para criminalizar la resistencia y restarle al apoyo popular que venían recibiendo tanto en la zona rural como en
Dato Mientras las élites urbanas negociaban o bajaban la cabeza, los campos de Hato Mayor, El Seibo y San Pedro de Macorís se convertían en el epicentro de la dignidad nacional”.
pueblos como San José de Los Llanos, Hato Mayor del Rey, El Seibo, La Romana y Ramón Santana. Sin embargo, estos “bandidos” operaban bajo una sofisticada guerra de guerrillas, aprovechando el conocimiento del terreno y el apoyo de la población local que les proveía de refugio, comida e información. La historia oficial, escrita a menudo con la tinta del vencedor o del extraño, intentó durante décadas colgarles el cartel de “bandidos”. Pero el tiempo, que es el mejor juez de la memoria, ha limpiado el fango de los uniformes de aquellos hombres que, en las montañas del Este prefirieron la intemperie del monte antes que la paz de los esclavos. Hablar de Ramón Natera, de Vicente Evangelista y de los llamados “Gavilleros” no es hablar de delincuencia; es hablar de la reserva moral de un campesinado que, con sables y caracoles, enfrentó al imperio más poderoso del siglo XX. Mientras las élites urbanas negociaban o bajaban la cabeza, los campos de Hato Mayor, El Seibo y San Pedro de Macorís se convertían en el epicentro de la dignidad nacional. l
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