Cultura elCaribe, SÁBADO 29 DE NOVIEMBRE DE 2025
elcaribe.com.do
Alabanzas al sancocho de siete carnes
Polémica por las elecciones en el año 62
El diseñador que fundó su propia librería
Pedro Delgado Malagón festeja esta receta, la más representativa de la gastronomía dominicana, mientras cuenta su historia. P.5
OGM trae al presente la discusión entre los partidos y sus dirigentes antes de las primeras elecciones tras la caída de la tiranía trujillista. P.7
Víctor Vidal Pérez, diseñador, editor y artista visual, habla de su trayectoria y de su distribuidora bibliográfica Tus libros en casa. P.15
LAS VAINAS DE MERCADER
Los tres malos de Sergio Leone Siempre han sido héroes y villanos que sirvieron para consolidar la doctrina Monroe por todo el continente JOSÉ MERCADER 666mercader@gmail.com
E
l “Spaghetti Western” tuvo en Sergio Leone el mayor exponente. Es él quien usó el vaquero para hacer buen cine, ese personaje que ya tanto había acostumbrado al público. Como moda, sirvió para “la artesanía” cinematográfica que lo siguió, no para hacer arte, más por dinero, una chorrera de películas sin ton ni son, para llenar el espacio y saciar el mal gusto del rebaño. El nuevo vaquero de Leone es sucio, mal afeitao, más real que el que nos presentó Hollywood desde Tom Mix, Ken Maynard, Gene Autry, John Wayne, Gregory Peck, Randolph Scott y tantos que, fajao a trompá limpia y revolcaos en el lodo, una vez terminada la pelea, aparecían en la escena siguiente limpiecitos, para fingir un romanticismo visual engañoso y falso. Y siempre con héroes y villanos que sirvieron a consolidar la Doc-
Vaqueros Leone corre por las huellas del buen cine italiano de Fellini con sus personajes grotescos. Él los supera a todos con Eli Wallach que hace de Tuco”
Sergio Leone por Mercader.
trina Monroe por todo el continente. Con Leone no, porque todos son malos, desde El Bueno, hasta El Feo. La psicología del ser humano dispara, con un Colt o un Remington robado en la tienda, a la falsa amistad, a la falsa aso-
ciación que tiene como seguro el interés monetario, para darnos una lección quijotesca, sin que nos demos cuenta… que estamos demasiados concentrados en los tiros y cañonazos de aquella guerra absurda, como lo son todas, del Norte azul
contra los grises del Sur, racistas, del General Lee, en los Estados Unidos de los años 60 decimonónicos. El caza-recompensas no busca bandidos fichados para hacer justicia, tiene una sed insaciable de riqueza que destruye todo a su paso, que mata al exsocio, ya padre, ya con familia. Es un oficial corrupto, implacable y cruel, como tantos que cabalgaron en las páginas de la Historia Universal y, que hoy, no se han desmontado de ese caballo de hierro. Leone corre por las huellas del buen cine italiano de Fellini con sus personajes grotescos. Él los supera a todos con Eli Wallach que hace de Tuco. Tuco es puro teatro y de una falsedad más que ensayada, es creíble desde el Yin hasta el Yan. Es, sin duda, el personaje central con la mejor actuación. Eastwood sería el perfecto protagonista de “Soso y Siso”, haciendo el papel del primero. Pero nos gusta forzando su accionar, empujándolo para que nos parezca el héroe , con su autosuficiencia, su supremacía, su infalibilidad y su machismo de “hombre Marlboro” de aparente calma o la única forma que conoce para pararse frente a la cámara para no convencer y mucho menos, su perfecta puntería. Es el celo de Clint, acostumbrado a sus peliculitas de “apaga y vámonos” para la TV de USA, que lo incomoda con cada repetición que Leone le exige para asegurar la calidad. Rechazó el papel que ocupó Bronson y, es recordado por ese film por más pálido e imperdonable que parezca. Lee van Cleef, que al igual que Jack Palance, no requiere de gran esfuerzo para ser malo. La naturaleza lo dotó de su mirada mefistofélica como de carnet y su sonrisa sarcástica que no la tiene que actuar porque va con él, para caérsenos del altar de héroes, desde el principio, con la muerte del hijo de su excompinche. Esta película, “El Bueno, el Malo y el Feo”, que vimos poco después de la Guerra de Abril, cogió fama por ser en sí una crítica a las mismas vaqueradas a las que nuestros ojos estaban acostumbrados, con sus guiones simplones, la demostración de buenos jinetes al galope por los mismos caminos, con la misma diligencia que nos hipnotizaba con el giro al revés de sus ruedas , en una ilusión óptica que resume todo el sentido del cine y de la vida.l CONTINÚA EN LA PÁGINA 3