Cultura 29 noviembre 2025

Page 1


elCaribe, SÁBADO 29 DE NOVIEMBRE DE 2025 elcaribe.com.do

Alabanzas al sancocho de siete carnes

Pedro Delgado Malagón festeja esta receta, la más representativa de la gastronomía dominicana, mientras cuenta su historia. P.5

Polémica por las elecciones en el año 62

OGM trae al presente la discusión entre los partidos y sus dirigentes antes de las primeras elecciones tras la caída de la tiranía trujillista. P.7

LAS VAINAS DE MERCADER

Los tres malos de Sergio Leone Cultura

Siempre han sido héroes y villanos que sirvieron para consolidar la doctrina Monroe por todo el continente

JOSÉ MERCADER

666mercader@gmail.com

El “Spaghetti Western” tuvo en Sergio Leone el mayor exponente. Es él quien usó el vaquero para hacer buen cine, ese personaje que ya tanto había acostumbrado al público. Como moda, sirvió para “la artesanía” cinematográfica que lo siguió, no para hacer arte, más por dinero, una chorrera de películas sin ton ni son, para llenar el espacio y saciar el mal gusto del rebaño.

El nuevo vaquero de Leone es sucio, mal afeitao, más real que el que nos presentó Hollywood desde Tom Mix, Ken Maynard, Gene Autry, John Wayne, Gregory Peck, Randolph Scott y tantos que, fajao a trompá limpia y revolcaos en el lodo, una vez terminada la pelea, aparecían en la escena siguiente limpiecitos, para fingir un romanticismo visual engañoso y falso. Y siempre con héroes y villanos que sirvieron a consolidar la Doc-

Vaqueros

Leone corre por las huellas del buen cine italiano de Fellini con sus personajes grotescos. Él los supera a todos con Eli Wallach que hace de Tuco”

El diseñador que fundó su propia librería

Víctor Vidal Pérez, diseñador, editor y artista visual, habla de su trayectoria y de su distribuidora bibliográfica Tus libros en casa. P.15

contra los grises del Sur, racistas, del General Lee, en los Estados Unidos de los años 60 decimonónicos.

El caza-recompensas no busca bandidos fichados para hacer justicia, tiene una sed insaciable de riqueza que destruye todo a su paso, que mata al exsocio, ya padre, ya con familia. Es un oficial corrupto, implacable y cruel, como tantos que cabalgaron en las páginas de la Historia Universal y, que hoy, no se han desmontado de ese caballo de hierro.

Leone corre por las huellas del buen cine italiano de Fellini con sus personajes grotescos. Él los supera a todos con Eli Wallach que hace de Tuco.

trina Monroe por todo el continente.

Con Leone no, porque todos son malos, desde El Bueno, hasta El Feo.

La psicología del ser humano dispara, con un Colt o un Remington robado en la tienda, a la falsa amistad, a la falsa aso-

ciación que tiene como seguro el interés monetario, para darnos una lección quijotesca, sin que nos demos cuenta… que estamos demasiados concentrados en los tiros y cañonazos de aquella guerra absurda, como lo son todas, del Norte azul

Tuco es puro teatro y de una falsedad más que ensayada, es creíble desde el Yin hasta el Yan. Es, sin duda, el personaje central con la mejor actuación. Eastwood sería el perfecto protagonista de “Soso y Siso”, haciendo el papel del primero. Pero nos gusta forzando su accionar, empujándolo para que nos parezca el héroe , con su autosuficiencia, su supremacía, su infalibilidad y su machismo de “hombre Marlboro” de aparente calma o la única forma que conoce para pararse frente a la cámara para no convencer y mucho menos, su perfecta puntería.

Es el celo de Clint, acostumbrado a sus peliculitas de “apaga y vámonos” para la TV de USA, que lo incomoda con cada repetición que Leone le exige para asegurar la calidad. Rechazó el papel que ocupó Bronson y, es recordado por ese film por más pálido e imperdonable que parezca. Lee van Cleef, que al igual que Jack Palance, no requiere de gran esfuerzo para ser malo. La naturaleza lo dotó de su mirada mefistofélica como de carnet y su sonrisa sarcástica que no la tiene que actuar porque va con él, para caérsenos del altar de héroes, desde el principio, con la muerte del hijo de su excompinche.

Esta película, “El Bueno, el Malo y el Feo”, que vimos poco después de la Guerra de Abril, cogió fama por ser en sí una crítica a las mismas vaqueradas a las que nuestros ojos estaban acostumbrados, con sus guiones simplones, la demostración de buenos jinetes al galope por los mismos caminos, con la misma diligencia que nos hipnotizaba con el giro al revés de sus ruedas , en una ilusión óptica que resume todo el sentido del cine y de la vida.l

Sergio Leone por Mercader.

historia de la medicina

Francisco Henriquez y Carvajal en París ( I )

salón de la fauna

diera en la mañana ser más útil

En agosto embarca para Europa, con beca oficial, con

rante este viaje hizo escalas en Puerto Rico, la Guadalupe, por

bido a que fue uno de los más prominentes médicos de París, como se conoció aquella generación.

De acuerdo con el relato de Max Henríquez en 1887: Al enterarse de que en los círculos oficiales está en estudio el aumento del número de becas para estudiantes dominicanos que aspiren a cursar estudios profesionales en el extranjero, inicia gestiones para obtener una de las reservadas para estudios de medicina. Su deseo era obtener en la Universidad de París el doctorado en medicina, pues ya tenía aprobada en Santo Domingo la licenciatura en la materia. En un momento dado llegó a temer que le fuera imposible completar sus estudios, pues fue informado oficialmente de que el Estado solo abonaba al becado sesenta pesos al mes, con más diez pesos en atención a que tenía familia, y esa raquítica suma era a todas luces insuficiente para cubrir los gastos de matrícula, libros, prácticas de laboratorio, alojamiento y alimentación. Su esposa lo hizo reaccionar satisfactoriamente haciéndole ver que las cuotas del alumnado del Instituto de Señoritas, que ella dirigía, podrían cubrir las deficiencias de la mesada que daba el Estado. Henríquez acató el consejo de aquella mujer fuerte, dispuesta a imponerse serias privaciones a fin de que el esposo enriqueciera el caudal de sus conocimientos y pu-

El 20 de agosto llegó a Paris y se inscribio como alumno de primer año de la Facultad de Medicina de ció la equivalencia de doce materias a su título de Licenciado en Medicina y Cirugía, lo que abrevia en dos años los estudios que tiene que rendir. Y ya sobre 1888 su hijo escribió: En París. Vive en el número seis de la rue Jacob, en la pensión que regenteaba una anciana fuerte y activa, con quien conservó siempre buena amistad: Mademoiselle Fatet. Asiste en esta fecha, con otros dominicanos, a una reunión en casa de Eugenio Generoso de Marchena. Varios estudiantes de Medicina se encuentran al mismo tiempo en París, entre ellos Pedro Emilio de Marchena y Heriberto de Castro, además de Salvador B. Gautier, que llegó conjuntamente con él y con Ulises Heureaux hijo, que va a cursar el bachillerato. Como estudiante de pintura estaba Arturo Grullón, que después cursó también medicina. Otros se dedicaban a estudios diversos: Lucas Tomás Gibbes, Julio Ernesto Lyon, Wenceslao Figuereo hijo, Ulises Espaillat, Horacio Lamarche y Aníbal de Moya. Entre los compañeros de Universidad con quienes traba estrecha amistad durante su permanencia en París figuran el que después fue eminente clínico francés, Fernand Widal, el guatemalteco Juan Ignacio Toledo y el cubano Eusebio Hernández. También cultiva la amistad del prócer puertorriqueño Ramón Emeterio Betances. l DR. HERBERT STERN

Roberto Cassá

(DÉCIMA CIBAEÑA)

Ya Robeito celebró

Una feria en el Aichivo

La Hitoria fue ei motivo

Y en ei paí se centró

Ei Generai galopó

En la pluma de ecritore

Uno son hitoriadore

Y otro son literato

No impoita, siempre e grato

Leei héroes y traidore.

Robeito ta encojonao Poique la juventú no conoce

A Camaño y a loj doce Y meno ai cura de Mao

A loj héroe lo han plantao Aquí en ei Panteón

¿Conocerán a Colón

Y su gran “decubrimiento”?

Ta en epañol no en papiamento Iguai que la Retauración. l JOSÉ MERCADER

elCaribe,

Western con espaguetis, traición y maldad

cine

La vimos en el Cine Independencia que se instaló en la Estación Tamboril que había construido Horacio cuando Mon siguió rodando aquel tren que Lilís había inaugurado pomposamente el 16 de agosto de 1897 en Santiago.

El cine que se fue con el viento de los nuevos tiempos, soplado con celulares y plasmas personales, vuelve a proyectarse sin aquellos aparatos aparatosos, iluminados por el choque de dos carbones que le daban un temblor al telón como de penumbra esclarecida con velas. En la misma pantalla de la Biblioteca que no fue, aparecen los mismo bandidos, malos todos, se oyen las pisadas con sus espuelas de cascabeles, el eco de los sonidos inventados por Ennio Morricone, el trote de herraduras de caballos y hasta se huele la pólvora de los cañones, en este noviembre lluvioso.

<VIENE DE LA PORTADA to” en otras ciudades y que volvieron sin rostros como zombies, ayudados por la IA para resaltar un talento que no tienen y para encubrir ambiciones y orgullos. Vinieron con una ciudadanía sin identidad, pero con el mismo olor del bacalao a cuestas. Se quedaron tres viejitas que siguen yendo a la Iglesia a oír el mismo cuento mal contado. Nos quedó el hueco de los que se fueron y volvieron ostentando riquezas y gentilicios ajenos con sus limosnas de “caridad” y sus prisas por regresar, “que aquí no hay pastillas para la vejez… como allá”. Nos dejaron una juventud perdida entre el humo de hooka y la ilusión de riqueza al vapor sin haber leído una sola línea de Tomás Hernández Franco. Nos dejaron un pueblo de esclavos modernos perdidos en sus horarios de sobrevivencia fabricando “lo que sea y poi baisa” para llenar miles de contenedores que van a saciar el consumo mundial de porquerías y vanidades, en nombre del Progreso.

Cuando se fue el cine, como el Cinema Paradiso, los ventarrones de la modernidad no se llevaron solamente aquellas imágenes que nos cortaban de la realidad, se apoderaron de la esencia, del roce humano, del contacto social que aquellos espacios nos daban.

El cine, en ese tornado, se fue junto a las retretas del Parque, junto al caminar se llevó el lado humano para dejarnos encerrados en nuestras yipetas de vidrios ahumados, para no tener que saludar a nadie; nos dejó un parque vacío y sin sombra, sin yunyuneros, unas calles sin peatones repletas de motoristas ruidosos e irrespetuosos, nos dejaron el hoyo de los que buscaron “el éxi-

El cine volvió enredado en una nostalgia que se hunde en una vorágine de esperanza, oyendo en la lejanía, el son, que no pudo retornar.

(Este escrito no está redactado con IA. Se usó IN, inteligencia natural).l

Ausencia

El cine, en ese tornado, se fue junto a las retretas del Parque... se llevó el lado humano para dejarnos encerrados en nuestras yipetas de vidrios ahumados...”

Lee van Cleef por Mercader. F. E.
Clint Eastwood. F. E.
Eli Wallach. F. E.
Clint Eastwood, Eli Wallach y Lee Van Cliff, íconos de un
fuera de Hollywood. F. E.

4 Cultura

Un gran escritor llamado Richard Wright

Una mujer blanca —del sur, para la que Richard Wright trabajaba haciendo labores domésticas, le preguntó que por qué iba a la escuela. Richard Wright, que era apenas un adolescente y sólo tenía un día trabajando con ella (el primero y el único), le respondió que quería ser escritor. La mujer, un vivo ejemplo de ignorancia y prejuicios raciales, le dijo en tono despectivo, indignado, que nunca sería escritor. Para ella el muchacho negro era apenas una cosa, un animalito al que trataba como a un gatito o un perro, pero con menos consideración. Resultaba impensable para ella que un negro pudiera ser escritor.

Este episodio lo cuenta Richard Wright en el capítulo VI de «Muchacho negro». Lo cuenta con amargura, con palabras lacerantes que definen a un tiempo su estado de ánimo y la forma de pensar de una racista en estado casi virginalmente puro:

«A la mañana siguiente corté leña para la cocina, cargué cubos de carbón para las rejillas, lavé el porche delantero y barrí el trasero, barrí la cocina, ayudé a servir la mesa y lavé los platos. Estaba sudando. Barrí el camino de entrada y corrí a la tienda a comprar. Al regresar, la mujer me dijo:

»—Tu desayuno está en la cocina.

»—Gracias, señora.

»Vi un plato de melaza espesa y negra y un trozo de pan blanco sobre la mesa.

¿Me darían más? Habían comido huevos, tocino, café... Tomé el pan e intenté partirlo; estaba duro y rancio. Bueno, me bebería la melaza. Levanté el plato, me lo llevé a los labios y vi flotando en la superficie del líquido negro trocitos de moho verde y blanco. Maldita sea... No puedo comer esto, me dije. La comida ni siquiera estaba limpia. La mujer entró en la cocina mientras me ponía el abrigo.

»—No comiste —dijo ella.

»—No, señora —dije—. No tengo hambre.

»—¿Comerás en casa? —preguntó esperanzada.

»—Bueno, simplemente no tenía hambre esta mañana, señora —mentí.

»—No te gusta la melaza y el pan —dijo dramáticamente.

»—Sí, señora, lo hago —me defendí rápidamente, no queriendo que pensara que me atrevía a criticar lo que me había dado.

»—No sé qué les pasa a ustedes, los negros, hoy en día —suspiró, meneando la cabeza. Observó atentamente la melaza— Es un pecado tirar melaza así. Te la pondré esta noche.

»—Sí, señora —dije cordialmente.

»Cuidadosamente, tapó el plato de melaza con otro plato, luego palpó el pan y lo tiró a la basura. Se giró hacia mí, con el rostro iluminado por una idea.

»—¿En qué grado estás en la escuela?

»—Séptimo, señora.

»—Entonces, ¿por qué vas a la escuela? —preguntó sorprendida.

»—Bueno, quiero ser escritor —murmuré, inseguro de mí mismo; no había planeado decirle eso, pero me había hecho sentir tan completamente equivocado e inútil que necesitaba animarme.

»—¿Un qué? —preguntó ella.

»—Un escritor —murmuré.

»—¿Para qué?

»—Escribir historias —murmuré a la defensiva.

»—Nunca serás escritor —dijo—. ¿Quién te metió esas ideas en la cabeza, negro?

»—Nadie —dije.

»—No pensé que alguien lo haría jamás —declaró indignada.

»Al rodear su casa y salir a la calle, supe que no volvería. La mujer había atacado mi ego; había asumido que conocía mi lugar en la vida, lo que sentía, lo que debía ser, y me ofendía profundamente. Quizás tenía razón; quizás nunca sería escritor; pero no quería que lo dijera».

Las palabras de la racista sureña, como tantas otras cosas del sur, hirieron profundamente a Richard Wright, pero el muchacho negro al que despreciaba no sólo sería escritor, sino un gran escritor. Se convertiría en el primer gran escritor negro de los Estados Unidos y en uno de los mejores escritores estadounidenses. No digo afroestadounidense, sino estadunidense a secas. Un escritor de raza, que sorprendería al mundo con narraciones desgarradoras que enganchan al lector desde la primera línea y que cautivan por su gran riqueza expresiva, su rico vocabulario y la intensidad y el ritmo explosivo y provocativo del estilo. Fue además el primer escritor negro usamericano que vivió de lo que escribía y el más influyente de todos.

Richard Wright —como se ha dicho— había nacido en el opresivo estado de Misssippi, había nacido y se había criado bajo las leyes de Jim Crow que imponían la separación de negros y blancos en casi todos los aspectos de la vida diaria y perpetraban la desigualdad y el abuso, y a pesar de eso se hizo escritor. Es decir, como él mismo afirma, había nacido y se había criado bajo un «régimen absolutista racista», bajo el terror del Ku Klux Klan, y contra viento y marea se convirtió en un gran escritor. Su historia es la de un rebelde, un justiciero, alguien que desafiaba al sistema, que sobrevivió al racismo, a la extrema pobreza y las leyes más impla-

cables hasta que pudo abrirse camino como escritor y ser humano. Uno que dejaría, mejor que ningún otro, un crudo testimonio de la situación política y social que padecían los hombres de color en los Estados Unidos en la primera mitad del siglo XX.

Como dice Bruno Reichert, «El talento artístico puede ser innato pero Wright parece haber logrado algo que solo atribuimos a superhéroes intelectuales: la capacidad de sistematizar el conocimiento sin instrucción formal. Se puede ser el más vivo del barrio pero dejar una obra implica otras cosas».

Su obra, en conjunto, es como un gran lienzo histórico de la violencia racista que padecían —no sólo en sur— los hombres de color en los Estados Estados. Puso a su país ante un espejo en el que se reflejaban sus iniquidades, confrontó la ficción con la más cruda realidad. Enseñó a pensar.

“Ser negro iba más allá de la falta de derechos civiles y prerrogativas colectivas. El racismo imperante había logrado apartar a los negros de procesos que completan al ser humano como un sujeto experiencial. Sin caer en nacionalismo alguno, Wright entendía que, si hay algo que podemos llamar el american way, el estilo de vida estadounidense, le estaba vedado al afroamericano. Generación tras generación el negro debía crecer con una vista obstruida por la incapacidad de crecer en vivencias». (Bruno Reichert, «Richard Wright y el comunismo estepario», https://share.google/TIrZcfDAoLnAcHYR4).

Nada de lo que le deparaba el futuro sabía, sin embargo, Richard Wright cuando escapó hacia el norte y se instaló en Chicago: «Al día siguiente, ya en plena huida —a bordo de un tren rumbo al norte—, no habría podido explicar, aunque me lo hubieran exigido, todas las fuerzas que me impulsaban a rechazar la cultura que me había moldeado.

»Me marchaba sin remordimientos, sin mirar atrás. El Sur que había conocido era hostil e inhóspito, y sin embargo, entre todos los conflictos y las maldiciones, los golpes y la ira, la tensión y el terror, de algún modo había llegado a la conclusión de que la vida podía ser diferente, podía vivirse de una manera más plena y enriquecedora. Como cuando escapé del orfanato, ahora huía más que de algo hacia algo. Pero eso no me importaba. Mi estado de ánimo era: tengo que irme; no puedo quedarme aquí».

La vida, su corta vida, le tenia reservado otras muchas amarguras y grandes realizaciones, y finalmente escaparía de nuevo, esta vez de los Estados Unidos, y se instalaría en Francia. La Francia que le «permitió ser negro y ser escritor» y que lo vio morir en 1960 con apenas cincuenta y dos años.

Su legado e influencia son invaluables. El de un autor que, como dijo Bruno Reichert, «decidió escribir sin darle tregua al lector porque la vida no se la había dado a él».l

https://nuevotallerdeletras.blogspot.com/ Amazon.com: Pedro Conde Sturla: Books, Biography, Blog, Audiobooks, Kindle http://www.amazon.com/-/e/B01E60S6Z0.

elCaribe, SÁBADO 29 DE NOVIEMBRE DE 2025 elcaribe.com.do

Apuntes de infraestructura

PEDRO DELGADO MALAGÓN pedrodelgado8@gmail.com

A la memoria de mis amigos, fidedignos epicúreos: Guillo Carías, Hugo Tolentino Dipp, Tomasín López Ramos, Ique Pichardo y Anisito Vidal Dauhajre.

El rico come; el pobre se alimenta. FRANCISCO DE QUEVEDO

Cada sabor, cada sapidez, cada regusto es flecha que atraviesa la carne flaca de la reminiscencia colectiva; que se clava y desgarra la masa inerme del instinto y del destino. Comer es, tanto así, un acto de clarividencia y un trance de utopía. Concurren, al ingerir, estética y poética y devoción insondables. Saborear es siempre formular un discurso recóndito acerca de uno mismo. Todo plato es una imagen y una crítica sobre lo imaginario y lo real, sobre lo pasado y lo futuro, sobre lo simbólico y lo tentadoramente concreto.

Alimentarse es, ni más ni menos, embuchar, tragar lo indispensable para subsistir. Se alimenta el mendigo, se alimenta la bestia. Comer es suerte distinta: acaso una destreza más cercana a la

Ditirambo al Sancocho de Siete Carnes

retórica que a la fisiología. Se escribe un libro de comida como se escribe un libro de sonetos. En tanto el alimento es siempre el mismo, la comida es tenazmente otra. Comer es deseo, voluntad, imaginación que se saborea y se palpa; ilusión persistente que invade la nariz y los ojos y se deshace con ecos de erotismo. Alimentarse es biología; comer es cultura. La comida es un tropo, una metáfora de la alimentación.

Siempre pensé que la cocina dominicana no era la ‘cocina de palacio’, sino un producto de la etnología, o de una mezcla de biología y etnología. Comíamos tan sólo aquello que nuestra intuición y nuestras carencias habían depositado en el triste caldero campesino. Pedazos y vísceras de animales, cecina, víveres, especias, frutas, azúcar, sal, agua. Todo aquello encerrado encima de la llama purificante. Pero había otros asuntos.

Al sobrarle algunas míseras esencias, al engullir un poco más de lo preciso para sostenerse, nuestra gente, quede claro, aportaba a la olla no sólo astucia y morbidez, sino sensualidad urgente, ar-

timaña nebulosa, rumorosa sapiencia. Entonces, en el puchero hervían el atavismo y la intuición, el arrebato y la escasez, la impudicia y el azar. Se calentaba allí todo cuanto teníamos de inocultable, de irrebatible, de inmanente. Borboteo perfecto: al lado de las costillas y el cilantro, junto al tocino y la yautía, entre los muslos de pollo y las auyamas, hervíamos, claro que sí, nosotros mismos.

Ahora lo creo con firmeza: la culinaria dominicana no se eleva más allá de las cimas repentinas y fragantes del Sancocho de Siete Carnes. En este caldo solemne hay el conjuro que nos devuelve a un empíreo de plomizas confidencias, de tonalidades ardorosas, de vetustas providencias. En este plato radican los cimientos de nuestra religión gastronómica, las bases robustas de nuestro credo coquinario. Acaso la mitología remota de nuestro politeísmo alimenticio.

El Sancocho de Siete Carnes representa el conjuro sacramental, el Padre Nuestro de la fe gastrológica nacional.

El Puerco Chilindrón es llano, exageradamente obvio y carece de la sacralidad y el misterio ineludibles para concitar un rito, una solemnidad o, siquiera, una etiqueta. Ocurre lo mismo con el Chivo Guisado con Chenchén y el Asopa’o de Pollo. Comida deliciosa, no cabe duda, pero unívoca, palmaria, sin trasfondos ni secretas notaciones.

Fabricar el nobilísimo mejunje de las Siete Carnes constituye un acto de liturgia que reclama iniciación conventual (sagacidad de secretos sombríos, de colores quemantes, de temblores añosos). Para su rigurosa preparación es indispensable el tributo, en porciones generosas, de longaniza, tocino, pollo, res, chuletas ahumadas, chuletas frescas y ‘carne de chivo con huesos de sopa’. Será necesaria, asimismo, la adición de cebollas, dientes de ajo, malagueta, ajíes, cilantro, pimienta negra, apio, orégano, sal, alcaparras, naranja agria y azúcar prieta. No habrá de faltar, por supuesto, la obligatoria ración de ñame, batata, yuca, yautía, maíz, plátano y auyama. Y luego, en el aquelarre —vislumbre de impudicia: rotundo oficio de saberes oscuros, de ardides movedizos, de ondulantes astucias—, todo aquello que bailotea, brinca y retoza largas horas en el regazo de la marmita efervescente. Ars culinaria alucinante, el Sancocho de Siete Carnes convoca un puñado de certezas que, amalgamadas, fundidas, transmutadas en tan venerable potingue, expresan más acerca de nuestra existencia y nuestro origen que todos los libros de historia. Y más, mucho más, que todas las patrañas sobre nuestra aciaga suerte de insulanos. l

25 de noviembre: cuando

Minerva vuelve a hablarnos

PROF. GINA ESTHER DÍAZ GÓMEZ, M.A. CENTRO DE ESTUDIOS CARIBEÑOS, PUCMM GinaDiaz@pucmm.edu.do

“¡Yo soy Minerva! Confesiones más allá de la vida y la muerte” es un monólogo escrito por la destacada historiadora Dra. Mukien Adriana Sang Ben y publicado en el año 2003. Más que una biografía, el texto es un testimonio en primera persona. Minerva, ya muerta, se levanta desde la memoria colectiva para hablar con nosotros. No hay intermediarios: no es el narrador académico, ni el profesor, ni el político. Es ella. Nos mira de frente y comienza a contarnos su historia con la naturalidad de quien habla en la sala de su casa, pero con la fuerza de quien sabe que su vida se convirtió en símbolo.

En vez de enumerar fechas y datos, la autora le da a Minerva un espacio íntimo para recordar su infancia en Ojo de Agua, la complicidad con sus hermanas, las risas y los secretos que precedieron a la tragedia. La Minerva que habla no es un monumento de mármol: es una joven curiosa, rebelde, que se enamora, que sueña con estudiar Derecho y que descubre, poco a poco, la oscuridad de la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo Molina. Esa mezcla de humanidad y heroísmo es, quizás, uno de los mayores logros del libro.

A través de la voz de Minerva, Sang Ben reconstruye la atmósfera asfixiante del trujillato: el miedo, la vigilancia,

la sensación de que el poder del dictador se metía en las casas, en las escuelas, en las miradas. Minerva cuenta cómo pasa de la indignación íntima a la militancia política; cómo una joven de provincia decide enfrentarse a un régimen que se presentaba como invencible. Habla del acoso de Trujillo, de su rotundo rechazo y de las consecuencias que eso tuvo para su familia. Y lo hace sin victimismo, con una serenidad que golpea más que cualquier grito.

Pero el monólogo no se queda en el pasado. Hay un diálogo constante entre la Minerva de los años cincuenta y el presente del lector. Desde el “más allá”, ella observa la República Dominicana actual: las escuelas que llevan su nombre, los monumentos, el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, establecido el 17 de diciembre de 1999 mediante la resolución 54/134, por la Asamblea General de las Naciones Unidas. Plantea una pregunta incómoda: ¿hemos entendido realmente el sentido de su lucha o la hemos reducido a un ritual cada 25 de noviembre? La obra sugiere que recordar a Minerva no puede limitarse a flores y actos protocolares; tiene que ver con asumir su ética de la coherencia, de no callar frente a la injusticia y con promover políticas públicas sostenibles que ayuden a disminuir los indicadores de violencia contra la mujer y los feminicidios.

El libro también ilumina una dimensión que a menudo se simplifica: el costo humano de la resistencia. Nos habla

del sacrificio de dejar a sus hijos, porque Minerva vislumbraba un futuro mejor para ellos, aunque eso significara un presente sin ella. Minerva habla del miedo, de las noches en vela, de la angustia por sus padres, por su hija, por su esposo Manolo. La lucha contra la dictadura no aparece como una aventura romántica, sino como un camino lleno de dudas y riesgos que, sin embargo, ella elige conscientemente. “Pude quedarme callada –parece decir–, pero ¿a qué precio?”. La obra recuerda que la libertad no fue un regalo: fue una apuesta que muchos pagaron con su vida. Mukien Sang Ben, reconocida por sus investigaciones históricas, se permite aquí un giro literario que, en lugar de restar rigor, lo potencia. Gracias al formato de monólogo teatral, la historia se vuelve cercana, casi cotidiana y, por eso, más pedagógica. No es un texto pensado solo para especialistas, sino para jóvenes, estudiantes y público general. Es fácil imaginar fragmentos de “¡Yo soy Minerva!” leídos en aulas, clubes de lectura y actos escolares como una forma viva de enseñar la historia reciente del país. En una sociedad donde la violencia contra las mujeres sigue siendo una realidad dolorosa, la figura de Minerva adquiere nuevas capas de sentido. No fue solo una opositora política: fue una mujer que se negó a ser objeto de poder, que rechazó el abuso disfrazado de “favor” del dictador y que pagó caro ese “no”. Al recuperar su voz en primera persona, el libro de Sang Ben conecta la lucha con-

tra la dictadura con la lucha contemporánea por la dignidad y los derechos de las mujeres. Minerva deja de ser solamente un símbolo nacional para dialogar con debates globales sobre patriarcado, poder y resistencia.

“¡Yo soy Minerva!” también nos interpela sobre el uso de la memoria. ¿Qué hacemos hoy con las historias de las Hermanas Mirabal? ¿Las repetimos de forma automática o las dejamos cuestionar nuestras prácticas políticas, educativas y culturales? El libro sugiere que la verdadera memoria es incómoda: obliga a revisar complicidades, silencios y olvidos. Si Minerva volviera de verdad y se sentara frente a nosotros, probablemente preguntaría qué hemos hecho con la democracia ganada a tanta sangre y si el país que hemos construido honra realmente el sacrificio de su generación.

Al final, la obra de Mukien Sang Ben funciona como un puente entre tiempos. Desde ese “más allá de la vida y la muerte” del subtítulo, Minerva nos habla, no para que la admiremos desde lejos, sino para que continuemos lo que ella empezó: la defensa de la libertad, la justicia y la dignidad humana. En una época saturada de noticias fugaces y memorias cortas, libros como este recuerdan que hay historias que no pueden olvidarse ni reducirse a una efeméride.

Ver o leer “¡Yo soy Minerva!” es, en el fondo, aceptar una invitación: mirar de nuevo a Minerva Mirabal, no solo como heroína de un pasado ya clausurado, sino como un ser humano que padeció y se transformó en memoria colectiva dominicana. Una voz que, desde el escenario, desde la página y desde la memoria, sigue repitiendo: “Yo soy Minerva” … y nos pide, casi en susurro, preguntarnos quiénes somos nosotros frente a la injusticia hoy. l

Centro estudios caribeños. PUCMM.

elCaribe, SÁBADO 29 DE NOVIEMBRE DE 2025 elcaribe.com.do

Central de Datos

República Dominicana en vilo: noviembre de 1962 y la polémica electoral

En vísperas de las primeras elecciones tras la dictadura de Trujillo, las exigencias de los partidos y la presión para aplicar la Ley Electoral del 8 de mayo de 1962 generaron un clima de inestabilidad política.

De izquierda a derecha: Lic. Emilio de los Santos y el profesor Juan Bosch. OGM

LENIN RAMOS

Lramos@elcaribe.com

En esta edición de la Zona

Retro se evocan los sucesos ocurridos en la última semana de noviembre de 1962, acontecimientos que amenazaron la realización de las elecciones programadas para el 20 diciembre de ese año y que intensificaron la expectativa política.

La boleta

Entre los asuntos más polémicos, y que ocuparon numerosas portadas de la prensa dominicana, estuvo la selección de la boleta que se emplearía en las elecciones extraordinarias programadas para el 20 de diciembre de 1962.

La Junta Central Electoral decidió que las boletas destinadas a las elecciones generales extraordinarias serían impresas en papel blanco. Argumentó que, debido a la participación de ocho partidos, resultaría muy complicado asignar un color distinto a cada organización para diferenciar sus boletas, por lo que el uso de un único color evitaría confusiones.

En este contexto, la decisión se adoptó a menos de un mes de los comicios y, en un primer momento, el Partido Revolucionario Dominicano (PRD), anunció que no participaría, si no es con voto de color. Al mismo tiempo, otras organizaciones políticas buscaban realizar convenciones para definir la postura que asumirían frente a la resolución de la Junta.

El director nacional del Partido Revolucionario Social Cristiano autorizó al comité nacional de la organización a convocar una convención que debía decidir si el partido se retiraría o no de las elecciones.

Por otro lado, el doctor Manuel A. Tavárez Justo, del partido 14 de junio, reafirmó su postura respecto a las eleccio-

nes, al dirigirse a miles de militantes ante los que promovió la consigna nacional “en diciembre no votar”.

En ese contexto, la multitud respondió de inmediato con una de las muchas muestras de aprobación. De hecho, la consigna proclamada por el doctor Tavárez Justo reafirmaba lo que los asistentes ya venían coreando antes de iniciarse la concentración, que reunió contingentes procedentes del Cibao, el Sur y el Este del país, así como una numerosa delegación de Santo Domingo.

Bosch se pronuncia

El aspirante presidencial del PRD, el profesor Juan Bosch, declaró que su organización no participaría en los comicios si no se utilizaba el voto por colores, afirmando que “ninguna fuerza humana nos arrastrará a servir de comparsa en una farsa electoral”.

Además, sostuvo que, debido al elevado número de personas analfabetas en el

El primer vicepresidente del Consejo de Estado, doctor Nicolás E. Pichardo, mientras se dirigía, desde el Palacio, a sus conciudadanos. OGM

país, solo podría garantizarse un voto verdaderamente democrático si las boletas fueran diferenciadas por colores.

Así, tras el anuncio de la Junta de que las boletas serían impresas en papel blanco, Bosch ofreció declaraciones a la prensa en las que sostuvo que los comicios de diciembre debían convertirse en las primeras elecciones verdaderamente democráticas de la República Dominicana. Advirtió que, si la vida democrática del país iniciaba con una farsa electoral, se comprometerían seriamente las posibilidades de instaurar una verdadera democracia. Añadió que “un árbol que nace torcido nunca endereza sus ramas”, por lo que dijo el país debía sembrar un árbol recto desde el principio o no sembrarlo.

Ley Electoral

El conflicto surgió porque ya existía una ley aprobada el 8 de mayo de 1962 que, en su artículo 101, establecía que debían usarse boletas de colores, o combinaciones de colores, asignadas a cada partido para las candidaturas que presentaran, de modo que cada postu-

lación contara con su propia boleta diferenciada.

No obstante, dicho artículo fue modificado por la Ley 6068 del 4 de octubre de ese mismo año, disponiendo que se emplearían boletas de color o combinaciones de colores asignadas a cada partido para sus candidaturas, salvo que la Junta Central Electoral, debido al número de postulaciones u otras circunstancias, decidiera que todas las boletas debían imprimirse en papel blanco o de un solo color.

Exigencias de partidos

El presidente de la República, licenciado Rafael F. Bonelly, junto al primer vicepresidente del Consejo de Estado, doctor Nicolás E. Pichardo, se reunió con los dirigentes de siete partidos políticos en un encuentro privado realizado en el salón habitual del Consejo de Estado.

En esta reunión, que tuvo lugar en el Palacio Nacional entre las 6:15 y las 8:45, se trataron asuntos como el color de las boletas electorales y la numeración que se emplearía en los próximos comicios. Un asistente señaló que “se debatió ampliamente sobre el proceso electoral, pero aún no se habían tomado decisiones”.

Arreglos y puntos finales

Tras varios días de reuniones, debates y convenciones, los partidos acordaron que las elecciones generales se realizarían con boletas a colores, fraccionadas de manera que cada partido pudiera identificarse mediante un color específico. De esta forma, seis partidos políticos llegaron a un acuerdo y eligieron sus colores: Unión Cívica Nacional usaría azul claro; el Partido Revolucionario Social Cristiano, verde claro; la Alianza Social Demócrata, mamey claro; el Partido Revolucionario Dominicano, blanco; el Partido Nacionalista Revolucionario Democrático, rosado; y la Vanguardia Revolucionaria Dominicana, blanco con franjas verde y roja.l

Juan Bosch. OGM
Vista general de la multitud en la plaza Valerio, de Santiago, en la concentración del 14 de Junio. OGM

crítica arte

LILIAN CARRASCO lilycarrascor@hotmail.com

“Iván Tovar Masterpieces”

La presentación de “Iván Tovar Masterpieces” en Assouline París (24 de noviembre) y en la Maison Assouline de Londres (26 de noviembre) invita a reconsiderar la inserción del artista Iván Tovar en el entramado del surrealismo internacional. Su obra —con frecuencia interpretada desde signos puramente formales— revela, al observarse en conjunto, una arquitectura conceptual que amplía los márgenes tradicionales del movimiento y propone, desde el Caribe, nuevas articulaciones entre cuerpo, espacio y memoria. Concebido como una propuesta editorial rigurosa, el libro publicado por el sello Assouline, es el resultado de un esfuerzo intelectual y material en coordinación con la Fundación Iván Tovar. En este sentido, es indispensable subrayar el papel decisivo de los mecenas dominicanos Héctor José Rizek y Bethania Guerrero de Rizek. Su visión y compromiso con la promoción de la cultura han sido esenciales. No solo por

la financiación, sino también por su gran sensibilidad para entender la urgencia de preservar y difundir el arte dominicano en el ámbito internacional.

El texto de Daniela Tovar, presidenta de la Fundación Iván Tovar, promueve una reflexión precisa y sensible que articula con claridad la misión institucional de resguardar y proyectar el legado del artista.

La obra se enriquece además con los aportes fundamentales del ensayo principal de Julie Belcove, el colofón de María Castillo y las colaboraciones de Yuri Ruiz Villalona y Mariella Acebal Rizek, quienes han sido parte activa del equipo gestor del proyecto en coordinación con Aaron y Melissa Sigmond.

Tras casi cuatro años de investigación sobre la trayectoria de Tovar, colaborar en el cuidado de la edición y la construcción de su línea de tiempo, ha sido un reto que se traduce en la satisfacción de articular un relato histórico que da cuenta de la lógica interna de su obra. La revisión de archivos, reseñas y cronologías que permiten constatar que la vida del artista está atravesada por una coherencia que no siempre fue advertida. Sus desplazamientos, su minuciosidad y disciplina, contribuyeron a un proyecto estético que, desde muy temprano, se definió por la fidelidad hacia una poética muy personal.l

crítica cine

ETZEL

BÁEZ etzelbaez@gmail.com

Society of the Snow

El filme relata una historia de sobrevivencia. En 1972, el vuelo 571 de la Fuerza Aérea Uruguaya, fletado para llevar a un equipo de rugby a Chile, se estrella en un glaciar en la cordillera de los Andes, a 3500 metros de altitud. De 45 pasajeros sobreviven algunos de inmediato en la caída y luego van muriendo otros a consecuencia de diferentes motivos, principalmente al estar atrapados en uno de los entornos más inaccesibles y hostiles del planeta, viéndose obligados a recurrir al canibalismo para mantenerse con vida. En la primera mitad del filme surge la disputa de si deben o no comer porciones del cuerpo de los fallecidos: -“¿Y yo no tengo derecho a hacer todo lo que pueda para poder vivir?” Dice uno de ellos ante la negativa de algunos a proceder por una cuestión de moral religiosa. Ante las circunstancias, la posición que se va tomando es de resistencia a morir de inanición por lo que gana esa idea de actuar y comerse a los demás hasta los huesos. Obviamente, nos enteramos de que los sobrevivientes son deportistas y con edades no mayores de 25 años, con fuerza, salud y ganas de vivir, por lo que salvarse no fue un milagro, como lo dice uno de ellos… (El

el libro vive

FRANK NÚÑEZ

franknunez463@gmail.com

Defensa de Gómez

Marín a los emprendedores

Con su ensayo Los laberintos de los emprendedores y las relaciones laborales, el empresario y escritor Lorenzo Gómez Marín expone de manera coherente la posición de un creador de riquezas y plazas de trabajo que no se avergüenza de defender el derecho de los que dedican sus vidas a esas actividades a disfrutar del producto de sus esfuerzos, poniendo en riesgo sus inversiones.

Una serie de ideologías fracasadas, hijas de la envidia y el resentimiento, han creado una leyenda satánica del empresario que con sus recursos, creatividad y dedicación construye fortunas que le permiten elevar su calidad de vida junto a la de su familia, al tiempo que fomenta empleos donde se ganan la vida muchas personas, contribuye con impuestos al Estado, los cuales pueden invertirse en salud, educación y obras de desarrollo social.

SANTIAGO

ALMADA

salmada@elcaribe.com.do o

Cómo limpiar una camisa

Primero habrá que retroceder en el tiempo, regresar a ese momento especial cuando en un recorrido por vidrieras olvidadas la descubrimos en un maniquí que nos miraba con la indiferencia de los muñecos que se exhiben para todos o quizás para nadie. Después, cuando la pongamos en agua con jabón ella misma, como si cobrara vida al retornar sus colores al brillo original, seguramente nos traerá antiguas memorias de otros días de fiesta y las risas de los amigos, la urgencia de un viaje o la tardanza en llegar a cualquier parte, al trabajo, a una cita, a una reunión con gente que nos esperaba con indiferencia.

Cuando haya terminado de limpiarse, tras retorcerla para quitarle toda el agua, la colgaremos de un alambre, sujeta por broches de madera que la mantendrán en su lugar mientras ella se ríe con el viento que le infla las mangas y la mueve y la agita como si jugara a convertirse en un improvisado equilibrista.

accidente ocurre en primavera, en el hemisferio sur, las estaciones se invierten: la primavera comienza en septiembre). Cuando se enteran de que se ha suspendido su búsqueda es que surge lo dominante de la narrativa, y es cuando vemos que el título no podía ser mejor pues habla de sociedad y habla de la inclemencia del tiempo y de las circunstancias. La fuerza del filme radica precisamente en montar una excelente fábula que se va pareciendo mucho a la realidad objetiva de los hechos. Logra llevarnos a una inmersión puesto que como ficción –como arte cinematográfico– se convierte en un instrumento que muestra la importancia de la organización de una colectividad: se organizan y actúan en coordinación para un objetivo estratégico. Por su significado de vida, el filme conquista trascendencia a partir de ese trágico accidente de avión, y remacha que la sobrevivencia es el común denominador de una sociedad. Y esa y no otra es la respuesta a las calamidades extremas que en el filme las vemos en los efectos del hambre, dolor, quebranto mental. De que hay resultados cuando hay colaboración y humanidad. Que la solidaridad solamente se manifiesta en circunstancias límites. En Netflix. l

HHHHH GÉNERO: drama de supervivencia . DURACIÓN: 114 minutos

Gómez Marín, sin proponerse un debate ideológico, le sale al frente a la vieja narrativa anti empresarial, derrotada ante la historia por los resultados que ha cosechado en las naciones donde surgieron regímenes que conspiraron contra la propiedad privada, sumiéndolas en la pobreza y el atraso.

“Un empresario auténtico es un creador. Así como asume la responsabilidad de crear y de arriesgar, tiene el derecho de reclamar respeto y ser favorecido con el lucro. Jamás debe permitirse el miedo de no reclamar. Mis consideraciones no confunden derecho con privilegio. El día que la sociedad asuma la responsabilidad de otorgar reconocimientos y penalizar las acciones por el valor de la obra y no por el peso del ejecutante, estaremos en pleno disfrute de la recompensa ganada y el cumplimiento de la condena merecida”, argumenta el autor tras exponer sus planteamientos sobre la cesantía en el Proyecto de Nuevo Código Laboral. En nuestro reciente viaje a Puerto Rico, comentábamos con el escritor Miguel Ángel Fornerín sobre la profundad del libro de Gómez Marín, prologado por el reconocido publicista Freddy Ortiz. La obra está dedicada a trabajadores y empleadores, con agradecimientos a familiares, colaboradores y amigos. Todo un ensayo revelador.l

Seguramente el sol, la brisa, el paso de las horas, todos ellos se llevarán los restos de humedad y quedará nada más ese aroma a detergente que nos hace pensar que todo lo que huele igual está perfectamente limpio, pero no, todavía faltan unos cuantos pasos para terminar ese ritual que completará el rescate de esa cómplice de instantes especiales y vivencias antiguas.

Como si alisáramos una vieja y amarillenta carta de amor oculta en los cajones más recónditos de la casa, como si la mano que escribió esas palabras y los ojos que miraron por primera vez aquellas letras se hicieran presentes para protestar contra el olvido, contra la devastación del tiempo, como si al releer esas líneas compuestas hace décadas estuviéramos decretando la abolición de todas las ausencias, habrá que colocarla sobre la tabla de planchar. El calor del metal le irá devolviendo su antigua lozanía, la suavidad de aquella tela que una vez fue nueva y ahora resucita con tonos que guardan demasiados detalles especiales, acaso una lágrima emotiva ante un poema recitado en voz muy queda bajo una luna enternecida, una mancha de labial que ya no está, pero persiste… Solo resta colocarla delicadamente en una percha y tratar de que conserve intactas esas viejas memorias, esos momentos que llamamos vida…l

CERTIFICO Y DOY FE

La dignidad del silencio en tiempos de estridencia

RAMÓN DE LA ROSA Y CARPIO

ARZOBISPO DE SANTIAGO

Introducción

Nuestra época, fascinada por la velocidad, la imagen y la sobreestimulación, ha convertido el ruido en un estado casi permanente de la existencia. No se trata únicamente del bullicio exterior que inunda calles, medios y dispositivos, sino de una saturación interior que coloniza el pensamiento, y llega a fragmentar y disipar la atención y la conciencia. Todo quiere ocupar, todo reclama, todo irrumpe.

En medio de esta vorágine sensorial y comunicativa, el silencio ha sido relegado a una especie de excentricidad improductiva, cuando en realidad constituye uno de los espacios más nobles de la experiencia humana. El silencio, en su sentido profundo, es ámbito de gestación interior, lugar de decantación del ser, condición indispensable para la lucidez y la madurez.

Recuperar el valor del silencio en una sociedad que lo desprecia o lo teme es una necesidad antropológica urgente. A continuación, propongo algunas consideraciones sobre su significado y su relevancia en nuestro tiempo.

1-La civilización del estruendo permanente

Vivimos inmersos en una civilización del ruido. Todo debe ser audible, visible, com-

partido, comentado. El silencio, en cambio, desconcierta, incomoda, casi atemoriza. Lo asociamos con vacío, con soledad o con improductividad, cuando en realidad podría ser interpretado como una de las pocas formas de resistencia frente a un mundo hiperestimulado.

El problema no es solo externo. La hiperconectividad ha generado una especie de ruido interior. Vemos y palpamos pensamientos muy dispersos, enredados con emociones desordenadas. La persona se convierte en un territorio ocupado, sin espacios de retiro, sin margen de distancia crítica respecto a sí misma y a su entorno.

2-El silencio como espacio de interioridad

El ser humano que nunca habita el silencio corre el riesgo de convertirse en un extraño para sí mismo. Sin espacios de recogimiento, la vida interior se empobrece y, lamentablemente, la conciencia se superficializa. Con esto entonces se vuelve vulnerable a toda presión externa.

El silencio, en este sentido, no es una huida, sino un regreso, un retorno al núcleo interior donde la persona se reconoce, se comprende y se ordena. No se trata de un ensimismamiento narcisista, sino de una reconciliación consigo mismo que permite luego una relación más auténtica con los demás.

3-Silencio y arquitectura emocional

Desde el punto de vista afectivo, el silencio actúa como un regulador interno. En una cultura dominada por lo inmediato, como dije al introducir este tema, las emociones se intensifican, pero no se elaboran. Se experimentan, se expresan, pero rara vez se comprenden.

El silencio permite que las emociones se asienten, que se interpreten con mayor claridad y que se integren en una na-

de el derecho a lo íntimo, a lo no expuesto, a lo que madura en la discreción. Hay experiencias, procesos y dolores que solo crecen y sanan en el recogimiento. Exponer todo no es signo de autenticidad, sino, muchas veces, de inseguridad y dependencia.

7-El silencio como pedagogía del dolor

El dolor auténtico no necesita exceso de palabras. Hay sufrimientos que se comprenden mejor en el silencio que en el discurso. El acompañamiento silencioso, cuando nace de la compasión y no de la indiferencia, posee una elocuencia que ninguna retórica puede sustituir.

El ruido que se impone para tapar el dolor solo lo pospone. El silencio, en cambio, permite habitarlo, atravesarlo, elaborar su sentido. Sin ese espacio, el sufrimiento se convierte en trauma no resuelto.

8-Silencio, convivencia y mesura social

En el ámbito público, el ruido se ha convertido en método. Por eso vemos comúnmente acciones como elevar el tono, imponer la voz, dominar la conversación. Pocas virtudes son hoy tan subversivas como la mesura, la reserva y el silencio oportuno.

rrativa personal más coherente. Sin esta pausa reflexiva, la vida emocional queda sometida a la tiranía del impulso, con sus consecuencias de inestabilidad, ansiedad y reactividad.

4-La pedagogía del silencio y la escucha

Quien no sabe callar, difícilmente sabe escuchar. La saturación verbal a la que estamos acostumbrados ha erosionado la capacidad de atención profunda. Hoy se responde antes de comprender, se contradice antes de escuchar, se juzga antes de acoger. Que penoso todo esto.

El silencio, en este sentido, es una pedagogía de la escucha. Enseña a recibir al otro sin interrupción, y a la vez, a comprenderlo y acogerlo antes de objetar y reaccionar. En este mundo marcado por la polarización, el silencio adquiere un valor casi terapéutico.

5-Silencio y discernimiento

Las grandes decisiones no nacen del ruido, sino del sosiego. El discernimiento auténtico exige distancia, pausa, reflexión. Sin silencio interior, la decisión se convierte en reacción. Sencillamente.

Las sociedades que no cultivan el silencio producen individuos precipitados, incapaces de evaluar con profundidad las consecuencias de sus actos. El silencio, al permitir una mirada más amplia y serena, favorece elecciones más maduras, menos impulsivas y, en consecuencia, más responsables.

6-Frente a la ideología de la sobreexposición

Vivimos en la era de la exposición permanente. Todo se publica, todo se exhibe, todo se comparte. La intimidad se ha convertido en espectáculo y la discreción en rareza.

El silencio, frente a esta lógica, defien-

Saber callar en el momento preciso es una forma superior de prudencia. El silencio no evade el conflicto, pero impide su degradación. Puede desactivar tensiones, enfriar pasiones y abrir espacios de diálogo verdadero. ¡Qué importante es callar!

9-El silencio como ejercicio de libertad interior

La persona sometida al estímulo constante pierde progresivamente su autonomía. Su atención, su tiempo y su deseo son colonizados por fuerzas de afuera. El silencio, en cambio, devuelve soberanía a la conciencia.

Quien sabe estar en silencio no necesita huir de sí mismo. No depende del ruido para existir. Ha aprendido una forma de libertad interior que lo hace menos manipulable, menos vulnerable a la presión social y más dueño de sus propias decisiones.

10-Educar para la contemplación y el recogimiento

Recuperar el silencio requiere educación. Desde la infancia habría que aprender a convivir con él, a no temerlo, a descubrirlo como aliado.

En los espacios formativos, en las familias, escuelas y todo tipo de comunidades el silencio puede convertirse en un instrumento pedagógico de primer orden, jamás visto como imposición autoritaria, sino como cultivo de la atención, del respeto y de la interioridad.

Conclusión

CERTIFICO que en una civilización marcada por la estridencia, el silencio se conveirte en una forma de resistencia ética y en uno de los mayores desafíos para comprender, discernir y hasta ser.

DOY FE en Santiago de los Caballeros a los veintiocho (28) días del mes de noviembre del año del Señor dos mil veinticinco (2025). l

Poemas de Ninoska Velázquez

Especial para elCaribe

Esta semana en “Espejo de tinta”, nos place presentar a la poeta Ninoska Velázquez, quien es bailarina, maestra y coreógrafa de ballet clásico. Directora del Ballet Clásico Nacional (1991), de la Escuela Superior de Ballet (1993-2004), de la Escuela Nacional de Danza (2004-2013) y del Ballet Metropolitano de Santo Domingo (2013-2016). Coordinadora de Ballet del Programa “Los Ángeles de la Cultura” (2013-2016). Directora del Centro de Servicios Estudiantiles y Coordinadora de las Actividades Culturales del Recinto Gaspar Hernández de la Universidad Tecnológica de Santiago (20182019). Ensayos breves y artículos de su autoría han sido publicados en el periódico Acento y la Revista Global. Autora de los textos de Educación Artística en el área de su especialidad para el Programa “Libro Abierto” del Ministerio de Educación de la República Dominicana, de los poemarios Palabras que danzan y Canciones al viento, Segundo Premio del Certamen de Poesía “Una Gárgola en mi Tejado (Madrid, 2025). Mención de Honor en el Concurso Literario Edición de Oro Revista @ Némesis (Colombia, 2025). Textos suyos figuran en las antologías Poetas contemporáneas del mundo (2024) y “En los dominios de Eros” (2025). Forma parte de la agrupación literaria Mujeres de Roca y Tinta.

La poesía de Ninoska Velázquez pro-

fundiza en la desolación del alma humana frente al dolor, la traición y la pérdida de la identidad propia. A través de metáforas muy precisas, el yo lírico describe un viaje doloroso, descendiendo hacia un vacío existencial donde la memoria y el propósito vital se desvanecen. Ante un tiempo vertiginoso y terrible, estamos frente a una voz poderosa, fresca, íntima, sincera y valiente.

SERPIENTE

Cuéntame de las distancias que soporté alma de ángel para merecer tus pasos que fueron los míos.

Cuéntame que supiste esculpir mi corazón para devorar mi voluntad y tus dedos se hundieron como el barro que moldea los cuerpos inertes sin piedad. Armaste el vuelo de mil leguas mar adentro hacia fantasías que serán las mil angustias las penas, la rabia, y la sin razón.

Cuéntame serpiente sedienta vestida ángel cómo pude confundirme yo.

Colocaste las esposas del tedio y la mentira reuniste a la confianza para que saltara al vacío y se rompiera en mil pedazos.

Cuéntame ángel venenoso cómo pude soportar tanto horror.

En tu nave misteriosa armaste una travesía

secuestrando un corazón.

Alma de psicópata entre tus agarras estu-

ve yo.

Cuéntame serpiente encubierta cómo cerré las ventanas y pude descargar mis lágrimas que se multiplicaron y un río salado salió por las rendijas de las puertas

recorrieron los paisajes, las calles las casas de los amigos los patios de los vecinos las miradas de los transeúntes mojaron almohadas salpicaron vasos y los platos simulando controlar mi gran decepción. Mi fugaz inspiración vestía mi boca de rubí y dejaste que ella te acusara de traidor embustero e impostor. Serpiente encubierta vestida de ángel para el terror.

Déjame vivir, escaparé hacia el fin del mundo hacia la vida errante que va sola y nadie domina sobre todo, hacia las estrellas que vestirán con su manto de lentejuelas el gran cuerpo del mar

para que me cuente otros viajes otras historias y otras vidas.

AMNESIA

Se me olvidó mi nombre el de mi padre el de mi madre. Me estremezco y se me olvidó de que tengo corazón. Se me olvidó mi retoño que tengo alma que pertenezco a un cuerpo pero también a un dios cualquiera y a mis fuerzas.

Cantamos palabras de siempre sufrimos verdades eternas. Nos equivocamos con las certezas de los demás.

Volver al principio es una bocanada de existencia.

Estoy tan ausente que el silencio y la nada es igual a morir. Imagino paisajes de rosas ensombrecidas por un ropaje gris cielos de tempestad. Abrazo mi intuición que ejecuta mi premonición.

Lejanos son los olores que repentinos tocan los recuerdos y activan pensamientos siniestros y es más lejana mi nostalgia que me sabe a ternura cuando saboreo que me ocurrió el amor. Un grito desde mi interior desea volver a sentarse junto al pasado y de la mano retornar.

Mi memoria y el paso de la vida cubre con capas de existencia personajes que no serán más.

Se me olvidó mi yo niña mi yo hija mi yo útero, que creó humanidad.

CANTOS INTERNOS

Mi llanto es un fuero interno que se desprende de mi alma como si en un sueño no me oyeran en el gran Sahara.

Grito y grito sin detenerme en un agudo esfuerzo por emitir sonido la angustia y desesperanza invaden mis instintos solo salen emisiones de silencios sin que nadie escuche mis adentros.

Alaridos mudos de miedos, y de intuiciones el viaje al destino que anticipo sin freno a lo desconocido.

SE HA GASTADO EL AMOR

Hoy un día de marzo soy igual, que cualquier barco fantasma.

Esos de las buenas películas de ficción. En medio del océano en medio de la nada sin rumbo acompañada de olas sin nombres y vientos que encuentran mi rostro. Toman mis arrugas alisan mi semblante de angustia y fraude brumas que me cubren con su velo de misterio

con señuelo de vergüenza para confundir edades, y pensamientos. Donde proa y popa se confunden en la inmensidad del espacio sin brújula, sin ruta. Soy ese armazón hueco sin espíritu sin carne sin tacto.

Fuerte debo ser y llegar a buen puerto un poco hecha pedazos para restos de vida que falta por vencer. ¿Y la salvación?

¿Y el perdón?

¿y el dolor?

El timón dirige este entramado a cualquier parte. Solo queda un frágil cristal no tiene espacio en el corazón quebradizo que flota y navega.

Barca y mar no lleguen nunca que se ha gastado el amor de tanto amar

ASFIXIA

Quiero elevarme y penetrar la cima. Salir del asfalto espeluznante, que violenta el alma de los citadinos. Quiero ir volando al viejo útero silencioso sucumbir en el estado grácil de antes de nacer.

Se imaginan también que los callados resurjan apabullantes y con ruidos hablen a granel. Me asfixia la mar que no me quiere llegar no acepta mi fe

entonces su horizonte apenas, puedo ver. Muero de a poco, el gris humo y el caliente mundo me convierte en silueta de cenizas. Basta un soplo, para desaparecer si no soy ave, solo partículas de mí se esfumarán.

Qué remedio tendrá la supervivencia será salir de la locura de las mentes de seres poseídos por la ufana humanidad.

SOY

Soy una escama que perdió el pez el más bello de toda la ribera. Que harás sin tu ínfima piel prenda que aún, no puedes perder. Pierdes, que pierdes belleza tal vez.

Soy parte de tu cola yo, soy de tus aletas.

Vagando solo remito al destino buscándote.

Seguir sin tu sangre, no podré. Juntos seremos amalgama

la figura eterna del mar. Mi nácar se desprende mi brillo ya no es.

Siento que mi contorno, se resquebraja ¿dónde estás mi pez?

Espero que tu búsqueda sea tan vasta que sin tu sangre no seré.

Seguirás seguro mar adentro olvidando que un trozo de tu encanto perdió el rumbo al desprenderse de tu piel.

Seré un cuerpo muerto porque me perdí, mi pez.

El coro de caracolas y sirenas son confidentes de esta escama que valiosa reclama que mi vida sin mi pez

no es.

Orondo seguirás la ruta olvidando que dejas no solo tu escama tu ruta y un poco de muerte también. l

ProPiano 2026: cantera del futuro del piano en el Caribe con sello dominicano

ANDRÉS TOVAR

Especial para elCaribe

En medio del la vorágine de la actual y anesesiante cultura del consumo hay escenas que surgen como flores de loto: un adolescente dominicano practicando estudios de Czerny; una niña tocando el inicio de un Preludio de Bach; un joven universitario improvisando sobre un estándar de jazz mientras cae la tarde. No salen en televisión. No llenan estadios. Pero ahí, en muchas salas de hogares dominicanos donde un piano vertical descansa contra la pared, se está construyendo una generación que ha decidido que la música es una forma de pertenecer al mundo.

Para ellos, y para los que vienen detrás, existe ProPiano Hispaniola, el concurso creado por Fundación Sinfonía que, desde 2022, se ha convertido en uno de los semilleros más valiosos del país. Y este 2026 llega con fuerza renovada: cinco categorías, jóvenes de toda la República Dominicana y el regreso de una línea que muchos esperaban con ansias: Jazz y Música Contemporánea.

Pero ProPiano no es solo un concurso. Quizá sin proponérselo del todo, es un mapa afectivo de la nueva pianística dominicana. Un lugar donde los jóvenes se escuchan entre sí, comparten repertorio y aprenden que la excelencia musical, el intercambio cultural y la consrucción de ciudadanía también se cultivan en comunidad.

Siempre ha estado allí Podrá en este punto ser incrédulo sobre si el piano clásico tiene cabida entre jóvenes dominicanos, pero la respuesta es que sí. El piano siempre fue un símbolo cultural en nuestras casas: el instrumento donde la abuela tocaba himnos, donde los niños aprendían villancicos, donde se ensayaba antes de un acto escolar. Pero ahora ocurre algo distinto: el piano se ha vuelto un espacio de identidad para una generación hiperconectada que busca profundidad en medio del ruido. Escuchar a un joven hablar del Concierto No. 2 de Rachmaninov o de las mazurcas de Chopin con la misma emoción con la que comenta una canción urbana es una señal de que la cultura musical do-

minicana está cambiando. En redes sociales circulan comparaciones de interpretaciones, pequeños análisis de armonía, videos caseros de práctica diaria. El piano se convirtió en narrativa personal. ProPiano alimenta ese fenómeno, y al mismo tiempo lo ordena: ofrece metas, repertorios sugeridos, estándares claros y una plataforma que da sentido al esfuerzo individual. Lo que antes se vivía en pequeños círculos ahora tiene visibilidad pública.

Fundación Sinfonía: arquitecta silenciosa

Al hablar de ProPiano, es imposible no reconocer a la institución detrás: Fundación Sinfonía, una organización que lleva décadas construyendo, con una admirable paciencia, visión y coherencia, una plataforma de oportunidades para la formación musical en República Dominicana.

Su impacto no se mide solo en eventos. Se mide en becas, conexiones con academias internacionales, participación de estudiantes dominicanos en programas de nivel superior, apoyo logístico, capacitación docente y espacios donde los jóvenes pueden ver modelos a seguir en artistas consagrados.

En un país donde la educación musical no siempre tiene el apoyo estructural necesario, Sinfonía ha funcionado como un sistema de soporte cultural: identificando talentos, generando redes y creando incentivos reales para que los músicos jóvenes se profesionalicen.

ProPiano es una de las ramas visibles de esa estructura. Pero detrás hay raíces profundas: los proyectos con orquestas juveniles, las alianzas académicas, la promoción de la música clásica en medios, los conciertos formativos y la insistencia, tan necesaria, en que la excelencia artística dominicana merece ocupar un lugar en la conversación regional.

El regreso del Jazz y la Música Contemporánea

Entre las novedades más celebradas de ProPiano 2026 está el regreso de la categoría Jazz y Música Contemporánea. No es una excentricidad ni un gesto decorativo. Es una respuesta inteligente a cómo las nuevas generaciones escuchan y se expresan.

Muchos jóvenes pianistas dominica-

ConCierto Sentido

Mao Fujita y el resurgir del preludio

nos encuentran en el jazz una libertad creativa que complementa su formación clásica. Improvisan, componen, crean versiones híbridas. Las redes sociales están llenas de clips donde pasan de Debussy a Bill Evans sin pedir permiso. Y la música contemporánea, ese territorio a veces temido, está regresando por una razón simple: los jóvenes quieren tocar música que hable su idioma emocional. Quieren ritmos irregulares, colores nuevos, tensiones armónicas que dialoguen con el siglo XXI. Incluir esta categoría no solo amplía el concurso: democratiza la experiencia musical. Si el piano clásico es el gran mapa, el jazz y la música contemporánea son los caminos alternos donde se descubren nuevas luces. ProPiano entiende que el futuro musical dominicano no será de líneas puras, sino de cruces fértiles.

La edición 2026

En su quinta edición, ProPiano llega con cinco categorías: Inicial, Elemental, Intermedio, Superior y Jazz y Música Contemporánea, estas última arriba mencionadas regresan al certamen tras su pausa en años anteriores. Los participantes podrán interpretar obras del repertorio clásico y, en el caso de la categoría de Jazz y Música Contemporánea, piezas de géneros como jazz, pop, música folklórica o composiciones propias.

El jurado estará presidido por la reconocida pianista búlgara Victoria Vassilenko, junto a la pianista dominicana Laura Pimentel, integrante de la Orquesta Sinfónica Nacional, y Michael Haentjes, musicólogo y empresario retirado de la industria musical, además de patrocinador principal del certamen. La coordinación general estará nuevamente a cargo de la maestra Jacqueline Huguet, destacada pedagoga dominicana con amplia trayectoria en la enseñanza y promoción del piano.

Los ganadores de cada categoría recibirán premios en metálico y certificados de reconocimiento, además de la oportunidad de participar en un recital de clausura y en una serie de clases magistrales impartidas por la presidenta del jurado, Victoria Vassilenko.

Las inscripciones estarán abiertas hasta al 31 de enero de 2026, a través del portal oficial www.propiano.do. La competencia se celebrará en marzo de 2026 en la Ciudad Colonial de Santo Domingo. l

El preludio se inventó hace tres siglos como una gran obertura, en gran medida improvisada, para una obra mayor. Luego pasó a un segundo plano en el período clásico, antes de que Chopin se convirtiera en uno de los primeros en volver a popularizarlo, al completar su trascendental conjunto de 24 preludios en 1839.

Desde entonces, el preludio ha evolucionado hasta convertirse en una forma para que los compositores se expresen libre y sucintamente sin restricciones formales. Y es un género que claramente fascina a Mao Fujita, cuyo EP 6 Preludes (Noviembre 2025) continúa su exploración de 2024 que inició con 72 Preludes, tres conjuntos de 24 preludios de Chopin, Scriabin y Akio Yashiro. Ahora, en este nuevo disco, exhibe obras cortas para piano de Ravel, Franck, Mompou, Rachmaninoff, Busoni y Alkan. El joven pianista japonés de 28 años sigue acumulando elogios de críticos y músicos clásicos importantes como uno de esos talentos especiales que aparecen sólo en raras ocasiones. Si usted aún no lo conoce, 6 Preludes es un buen abreboca para conocerlo, tanto a él como al Preludio como forma musical: piezas de no muy larga duración que combinan a la perfección lo familiar con lo aventurero, con la la tonalidad justa para sonar accesibles pero también con florituras atonales bien ubicadas que le suman adrenalina a la escucha. Esta lectura atenta de Fujita, junto con su intelecto artístico, resultan en una interpretación cautivadora. l

Michael Haentjes, Laura Pimentel y Victoria Vassilenko, jurado de la edición 2026. FUENTE EXTERNA
P. Ciucarelli, ganador de la edición 2025 de ProPiano. FUENTE EXTERNA
ANDRÉS TOVAR

Virgilio Piñera y el juego absurdo con el miedo en la puesta en escena de Dos viejos pánicos

ANTONIO GÓMEZ SOTOLONGO

Especial para elCaribe

Está tan descarnada la realidad, tan obvia, que Virgilio, muerto de miedo cuando es cuestionado, intenta arroparla con metáforas como quien apaga un cuerpo en llamas. Del 21 al 30 de noviembre en el Teatro Nacional Eduardo Brito de Santo Domingo, Elvira Taveras y Orestes Amador estarán presentando la obra Dos Viejos Pánicos, de Virgilio Piñera, una pieza que fue Premio de Teatro Casa de las Américas en 1968. Como tengo la intención de ir a alguna de esas funciones, estuve repasando el texto, el contexto, y mis recuerdos de aquellos años, cuando ya en Cuba todo era un secreto de estado y algunos acontecimientos se susurraban de boca a oído. De ese ejercicio previo a la experiencia de volver a enfrentar la obra en la escena, hice estas anotaciones que publico en mi blog por si le interesan a alguien.

Cuando se alcanza a ver la realidad que enfrentó Virgilio Piñera (1912-1979) mientras escribía Dos Viejos Pánicos (1967), cuando se desgarra el velo de la magia, y se muestran las flores del mal de «esa crápula invulnerable» , cuando se adelanta hacia el proscenio la prosaica existencia de quien

cargaba en su mochila todos los delitos condenados por la nueva tiranía, la metáfora se esfuma, se pierde entre el difumino de la poesía, la palabra, y la realidad. Cuando el absurdo adquiere la categoría de lógico, la metáfora se ensuelve y la realidad juega a ser metáfora.

Piñera vio sentarse a su lado al nuevo tirano y le escuchó, con sus propios oídos, barajar palabras como naipes y mostrar, con su lógica irracional, que el camino al paredón era el único posible para quienes le adversaran; entonces Virgilio, en su desatino, con la fuerza de los débiles, solamente dijo: «Yo lo que quiero decir es que yo no sé por qué, pero yo tengo mucho miedo» . «Hemos fusilado y seguiremos fusilando», había dicho el argentino Guevara en las Naciones Unidas el 11 de diciembre de 1964, cuando ya en la fortaleza bajo su mando se había visto la muerte y el miedo, el miedo y la muerte en cientos de rostros que cargaban en sus mochilas los mismos delitos que Virgilio Piñera.

La metáfora se desgarra al saber que en 1961 el tirano advirtió a los que estaban en su contra que, para seguir respirando de ahí en lo adelante, deberían lucir con orgullo una marca estampada con hierro candente sobre sus almas que rezaría: «Con la tiranía todo, contra la tiranía ningún derecho» . Con otras palabras, pero fue lo que dijo.

Virgilio Piñera temía porque vio cómo

tracismo y a no ver nunca el estreno de su obra, la que fue censurada mientras los inquisidores esperaban que perdiera el poder de generar catarsis y a que el autor muriera de miedo. Y tanto tardaron en morir él y la catarsis que no fue hasta 1990 que subió a escena por primera vez en Cuba la obra galardonada.

Está tan descarnada la realidad, tan obvia, que Virgilio, muerto de miedo cuando es cuestionado, intenta arroparla con metáforas como quien apaga un cuerpo en llamas, Piñera pretende explicar su obra -aunque sabe que el arte no se explica con palabras- y echa mano a la estética del teatro del absurdo, a teorías y dramaturgias, intenta salvarse y salvarla porque ya han sido condenados por la «crápula invulnerable». Virgilio y su obra han sido borrados, han sido condenados a morir en vida.

Según nos dice Alba Saura Clares: En Dos viejos pánicos conoceremos la historia de Tota y Tabo, dos ancianos, de unos sesenta años, que se sienten ante las puertas de la muerte. Desde su habitación, solos y desplazados del mundo, dialogan y pasan el tiempo en espera del momento en que la muerte llegue, pero aterrorizados por este hecho. En su lucha por la supervivencia, estos viejos piñerianos juegan a recrear el momento de la muerte, a representarlo, para pasar el tiempo y liberarse de sus terrores, así como planean, de forma recurrente, acabar con el miedo, matarlo; pero el miedo es más fuerte y más grande que ellos, más poderoso y agresivo, y nunca podrán vencerle .

Esa es la punta del témpano de hielo en el océano, ese es el visón en llamas con el que pretende Virgilio Piñera apagar el cuerpo que flamea, ese cuerpo, que es el suyo, el que fue a dar con sus huesos al calabozo real acusado de pederastia, que fue acosado por la muerte en vida, el cuerpo en llamas desde el que una voz en desatino atinó solamente a decir que tenía miedo.

se infunde el terror; sin embargo, un desenfreno brutal le provocaba el deseo de venganza, el deseo de burlar el miedo, de no olvidar que «había pasado años con las manos en alto frente al cañón de una pistola», y jugaba entonces a no tener miedo, y entonces escribía, ensartaba palabras como centellas en lo obscuro, y se negaba a hacer de su arte un arma de la dictadura. Se negaba a entrar por el aro y se entregaba a jugar a perder el miedo ante el paredón donde era acribillado con palabras como estas: Si uno se pregunta de dónde sale tanto miedo y trata de explicarse esta obra, teniendo en cuenta el medio social revolucionario en que se produce, no va a encontrar respuesta posible. Nada más lejos de la Revolución que esa atmósfera, sin salida posible, en que Virgilio Piñera ha volcado sus pánicos. La nueva sociedad no ha influido en la obra, no ha sido por lo menos, entendido, por un autor, que se aferró a viejas frustraciones que carecen de razón. Ni siquiera una ráfaga del mundo nuevo entra en el viejo mundo de Piñera. Su frustración se amarró de tal manera a sí misma que la obra resulta extemporánea, totalmente ajena a nosotros, extraña a esa manera de hacer cubanos que Piñera ha defendido alguna vez como característica de su teatro .

La osadía le valió el Premio de Teatro Casa de las Américas, y la condena al os-

Abilio Estévez, rememorando el fin de año de 1978 que habían celebrado juntos, nos dice que:

Hacía poco más de un año que la seguridad del Estado nos había prohibido que nos viéramos. Por su amistad conmigo, a Piñera se le había tachado de «desviar ideológicamente a la juventud, de corromperla». Asimismo, se nos había impedido regresar a Villa Manuela (Piñera la había rebautizado como «la Ciudad Celeste»), la casa del pintor Yoni Ibáñez . Y todos estos miedos aún perduran entre millones de cubanos. A esta hora, en este minuto, el pánico que sintió Virgilio aún tiene quienes lo infundan y quienes lo sufran. Así nos lo dice Dagoberto Valdés en el siguiente párrafo de un artículo publicado hace apenas unas horas: El miedo campea en Cuba. Miedo a las enfermedades y a la muerte. Miedo al hambre y a la miseria. Miedo a los ciclones y al desamparo. Miedo a la violencia. Miedo a la represión y a la cárcel. Miedo a la mentira y a la difamación. Miedo al régimen y a la corrupción. Miedo a la incertidumbre del presente y al qué pasará en el futuro . Piñera no pretendía que el público cerrara los ojos ante una escena, sino que los abriera ante la realidad aterradora de que en Cuba campeara el miedo como lo hace hoy. Y con todos estos apuntes iré a ver al TN Eduardo Brito, la puesta en escena de Dos viejos pánicos, de Virgilio Piñera. Página original l

¿Usted se mataría por medio millón de seguidores?

SANTIAGO ALMADA

Especial para elCaribe

Seguramente que no, pero como en la literatura todo, o casi todo, es posible, Esteban Tiburcio Gómez responde a esta pregunta con una novela que conjuga el humor negro con una visión ácida y desengañada de la sociedad actual, donde las redes sociales permean la cotidianidad de la gente y, en un lugar al que le cabe perfectamente eso de “pueblo chico infierno grande”, traza una serie de situaciones que se perciben cómicas pero que aparecen envueltas en una realidad desesperada o más bien desesperante.

El escritor, investigador y ensayista Esteban Tiburcio Gómez tiene entre sus características sobresalientes un fino humor y una aguda capacidad para captar los más ocultos detalles de la realidad social y política dominicana, a lo que suma un estilo de escritura que, sin rebusques retóricos ni demasiados retoques estilísticos, le permite retratar profundas realidades del alma humana.

Me mato por medio millón de seguidores es una historia terrible por la dura pobreza de sus personajes, por el hecho de que los que tienen estudios no consiguen trabajo y los que ni siquiera han estudiado y tampoco trabajan sobreviven, en la mayoría de los casos gracias a que tienen suficiente olfato como para advertir las debilidades ajenas y aprovecharlas en su propio beneficio.

Eric Peralta es hijo de madre soltera, La Pili, cuyo nombre es Maribel, que un día le cuenta a su hijo desempleado que ella en su juventud trabajó en la casa del “gobernador de la ciudad”, un señor llamado Persio Checo, que ese hombre la violó y por lo tanto es su padre biológico.

Desesperado y desolado ante esa revelación, Eric se encuentra con su primo Joshua, un típico tíguere pueblerino, un nini de pueblo pequeño (ni trabaja ni estudia) y planean una venganza: abrirán una cuenta de Instagram en la que prometen que al llegar al medio millón de seguidores Eric se suicidará en público, en un acto al que asistirá el “gobernador de la ciudad”, al que Eric identificará como su padre biológico y violador de su madre y, antes de suicidarse, lo matará frente todo el pueblo y ante las redes sociales, todo ello transmitido en tiempo real.

Pero el manejo de los hilos de la historia por parte de Esteban Tiburcio Gómez traza otros derroteros que complican la trama y aparecen imprevistos, primero, Eric se entera de que el señor Checo no es su padre biológico y en realidad nadie sabe quién fue el que violó a La Pili, después se enamora de la secretaria del gobernador, una muchacha muy bonita llamada Ariadna, “joven, hermosa, de cuerpo estilizado, una linda cara que

adornaba con gafas, y siempre iba formalmente vestida y peinada con delicadeza” nos dice el narrador.

Eric se enamora, pero mientras tanto su primo Joshua, que se ha tomado demasiado en serio lo del suicidio, ya ha vendido la historia a un canal de televi-

PERFIL

Quién es Esteban Tiburcio Gómez

Nació en Monseñor Nouel pero a los dos años su familia emigró a Cotuí, cursó en el Instituto Técnico y Tecnológico del Cibao Oriental una licenciatura en Educación. También cursó una maestría en Educación Superior en la UASD, un máster en Recursos Humanos en la Universidad Católica Nordestana, entre otros estudios. Es autor de investigaciones y docente en la PUCMM.

el final, inesperado, imprevisto y sorpresivo dejará al lector con una sonrisa de alegría o de alivio, o con ambas sensaciones a la vez…

La novela de Esteban Gómez Tiburcio es una galería de personajes miserables que pueblan una ciudad donde se cumple a la perfección el viejo adagio de “pueblo chico infierno grande”, Joshua es el más vivo ejemplo del tigueraje ventajero, un individuo totalmente vacío de valores y de principios, capaz de todo por unos pocos pesos, el típico nini del bajo fondo (ni estudia ni trabaja) pero con una enorme creatividad para aprovecharse de las necesidades y de las desgracias de los demás, hasta el punto de vender, literalmente, a su primo al que finge ayudar.

La Pili, una mujer envejecida en la indigencia, condenada a nacer pobre y a morir pobre como le sucede a un altísimo porcentaje de la población vulnerable de este país, es el ejemplo de la madre abnegada que llega a su ancianidad huérfana de familiares, sin siquiera una pensión, a merced de la caridad ajena, testimonio viviente de la enorme cantidad de viejos abandonados a su suerte, sin un seguro de salud, después de una vida miserable en la que se les han negado todas las oportunidades, la de estudiar una carrera, la de conseguir un buen trabajo, la de alcanzar una pensión que les permita al menos sobrevivir con dignidad y decoro.

Esteban Tiburcio Gómez no lo dice de manera directa, simplemente coloca a sus personajes en esa realidad aplastante donde la pobreza se siente como una presencia constante, en casuchas mal construidas, en las calles polvorientas de un pueblo a merced de políticos y comerciantes que aspiran a irse de ahí, de emigrar a la capital después de conseguir un cargo más importante en la estructura de sus partidos.

El “gobernador de la ciudad”, si bien tiene al final de la historia un poco de honradez, es también el prototipo del político de provincia, calculador, ambicioso, con especial olfato para el dinero y el poder.

sión, y no solo eso, también ha vendido el cuerpo de Eric a una red de tráfico de órganos y espera cobrar un buen dinero por esa venta, como si ese cadáver solo le importara para ganarse unos pesos y salir del paso.

Como en todas las buenas historias,

Eric y Ariadna son el símbolo de la esperanza en esta turbia historia, capaces de sobreponerse a lo grotesco de la situación y de sembrar un ejemplo de que el amor es posible aun en medio de tanta miseria moral y espiritual.

Me mato por medio millón de seguidores es un retrato de la sociedad dominicana actual, donde conviven la pobreza y la miseria con los despreciables contenidos de las redes sociales, donde la escasez de valores y la absoluta ausencia de ideales se conjugan para dar lugar a este “triller” de humor negro, donde el absurdo de un suicidio programado y vendido por internet es el punto de arranque de una historia que mantendrá al lector pegado a las páginas del libro, porque si hay otra característica que resalta en la escritura de Esteban Gómez Tiburcio es su capacidad de atrapar el interés del lector con certeros trazos de un ambiente típicamente dominicano, descripciones breves que trascienden el tono costumbrista para tejer una historia de traiciones donde la esperanza emerge al final, incólume y firme, acaso como una señal de que no todo está perdido. l

NOVELA POR ENTREGAS

El gobernador de Soconusco

BASILIO RODRÍGUEZ CAÑADA

ESPECIAL PARA elCaribe

Apartir de este número damos inicio a una nueva novela por entregas, en la que nos encontraremos con un Miguel de Cervantes convertido en gobernador de una región determinada, tal como alguna vez soñó Sancho con ocupar el mismo cargo en su ínsula Barataria.

El Soconusco del siglo XVI era una región fascinante: fértil y codiciada por su producción de cacao, con redes comerciales que unían el Pacífico y el interior mesoamericano. Ser gobernador allí habría dado a Cervantes no solo una posición económica sólida, sino también una atalaya privilegiada para observar el choque y la mezcla de mundos: indígenas, españoles, mestizos, comerciantes de paso, clérigos, aventureros. Imaginemos, entonces, un Cervantes gobernador: hombre de prestigio, con hacienda propia, rodeado de servidores y de la nobleza local. Un funcionario con cierto desahogo económico, pero también con la carga de administrar justicia y mantener la paz en un territorio vivo, rico y complejo. Desde esa posición, pudo tener acceso tanto a los círculos más elevados como a las realidades más profundas del Nuevo Mundo.

I. El nombramiento

En Madrid, en aquel año fatigoso de 1590, Miguel de Cervantes se sintió, por primera vez en mucho tiempo, tocado por la gracia de la fortuna. Sus memoriales, tantas veces ignorados o respondidos con frases corteses y vacías, habían dado fruto. El Consejo de Indias, tras deliberaciones lentas y cartas cruzadas con la Casa de Contratación de Sevilla, le otorgaba un cargo largamente deseado: Gobernador del Soconusco, esa franja verde y húmeda en el extremo sur de la Nueva España, célebre por sus riquísimos cacaotales y por ser punto de confluencia de rutas mercantiles y pueblos diversos.

El pliego sellado, que le fue entregado en mano por un secretario del Consejo, parecía arder en su bolsillo. No era la gloria de un virreinato, ni la pompa de un corregimiento capitalino, pero sí un destino de prestigio suficiente para levantar su honra y asegurarle una vida desahogada. La sombra de sus años en Argel, la mediocridad de oficios pequeños, las deudas que lo acosaban en Castilla… todo eso quedaba atrás, como una pesadilla de la que, por fin, despertaba.

Esa noche, en su aposento madrileño, se sentó a la mesa y escribió: “Hoy comienza mi verdadero camino. Si en el mar gané cicatrices y en Argel aprendí cautiverio, en las tierras de Indias encontraré, quizá, el sosiego y la sustancia que hasta ahora me han sido negados.”

La partida se preparó con diligencia.

Desde Sevilla embarcó con un séquito modesto: un escribano, dos criados fieles, algunas armas que aún conservaba de su vida de soldado y una pequeña biblioteca que consideraba indispensable. Entre sus libros llevaba a Ariosto, a Garcilaso, a Petrarca… y unos pliegos de papel doblados y cosidos, reservados para lo que el Nuevo Mundo le inspirase.

El viaje fue largo, plagado de mareos y sobresaltos de mar. Atravesó primero el Caribe, recaló en Veracruz y, tras semanas de caminos polvorientos, cruzó los altiplanos hasta llegar a las fronteras del reino guatemalteco. El aire cambió: más húmedo, fragante de cacao fermentado, atravesado por trinos de aves que nunca había escuchado.

Cuando, finalmente, divisó las tierras del Soconusco, sintió que el mundo se desplegaba en otra escala: ríos caudalosos, selvas tupidas, volcanes a lo lejos que parecían guardianes silenciosos, y pueblos indígenas que lo recibieron con curiosidad y cierta reserva.

El acta de su nombramiento se leyó en la plaza mayor de la cabecera. Los criollos y encomenderos, con sus ropas de lino y sus rostros curtidos, lo saludaron con respeto. Los caciques locales, adornados con plumas y collares de jade, se inclinaron con gesto solemne. Aquel día, Miguel de Cervantes fue investido como Gobernador del Soconusco, con bastón en mano y asiento en la primera fila de las autoridades.

En su interior, sin embargo, no había solo orgullo. También temblaba un presentimiento: que aquella tierra, exuberante y dura, le ofrecería tanto placeres como dilemas que nunca habría imaginado.

“El mar me enseñó la incertidumbre

—se dijo—; el cautiverio, la paciencia; la pluma, la esperanza. Ahora será esta tierra la que me dé su lección.”

Y así comenzó la segunda vida de Cervantes: ya no como cautivo ni soldado errante, sino en calidad de gobernador de un enclave fértil, próspero y peligroso, en el corazón del Nuevo Mundo.

II. Llegada al Soconusco

El primer amanecer en aquellas tierras sorprendió a Cervantes con una sensación que no había conocido ni en Lepanto ni en Argel: el aire húmedo y tibio del trópico, cargado de perfumes dulzones y de un rumor incesante de vida. Desde la ventana de su aposento en la casa del gobernador, veía extenderse la llanura hacia los ríos, cubierta de un verdor que parecía inagotable.

El Soconusco era un enclave privilegiado. Allí el cacao se cultivaba como en ningún otro lugar, y las mazorcas, cuidadosamente fermentadas y secadas, se convertían en moneda viva, apreciada tanto por indígenas como por españoles. El puerto cercano facilitaba la salida hacia Guatemala y México, y por sus caminos transitaban arrieros cargados de sacos, comerciantes criollos y mensajeros indígenas que mantenían vivo el pulso del territorio.

En su primer recorrido oficial, Cervantes cabalgó acompañado de encomenderos y soldados. Los pueblos indígenas lo recibieron con danzas solemnes, ofreciendo mantas finas y vasijas de cacao espumoso, que bebió con curiosidad. El sabor amargo y espeso, aderezado con chile, lo sorprendió. Sonrió, y dijo que aquello era “vino de la tierra”, una bebida capaz de dar energía a soldados y poetas.

No tardó en advertir, sin embargo, las tensiones latentes. Los encomenderos españoles se mostraban ansiosos por aumentar tributos y expandir sus haciendas, mientras los caciques indígenas reclamaban el cumplimiento de viejos acuerdos y el respeto a sus tierras comunales. Los criollos, por su parte, jugaban a dos bandas: hijos del Viejo Mundo, pero nacidos en el Nuevo, aspiraban a ascender y a hacerse un lugar en el círculo cerrado de los peninsulares.

Cervantes, atento, observaba. Había aprendido en Argel que gobernar no era solo mandar, sino escuchar, negociar, disfrazar las intenciones con palabras medidas. En cada gesto veía un teatro, en cada discusión una escena digna de pluma.

Esa misma tarde, en su nueva residencia —una casona amplia de adobe encalado y corredores de madera— reunió a las principales autoridades locales. Les habló con voz firme, prometiendo justicia y equilibrio, consciente de que debía ganarse su respeto con hechos más que con títulos.

Al caer la noche, quedó a solas en el corredor, con la brisa húmeda y los grillos como música de fondo. Se sintió dueño de una hacienda, de una región y de un destino que, por primera vez en mucho tiempo, parecía sonreírle.

“Aquí —murmuró— la vida se abre como esas mazorcas de cacao: dura por fuera, pero dentro guarda granos capaces de endulzar el mundo.”

Y con ese pensamiento, se dispuso a comenzar su gobierno, sin saber aún que el Soconusco le daría no solo prosperidad, sino también pasiones y conflictos que marcarían para siempre su memoria y su obra. l

Víctor Vidal es publicista, artista visual, diceñador gráfico y editor periodístico, su larga experiencia en medios como el periódico Hoy, donde tuvo a su cargo la edición del suplemento cultural Areíto, le permitieron

acercarse a muchos referentes de la cultura nacional, entre ellos reconocidos artistas plásticos, escritores y poetas, con los que llegó a establecer una estrecha relación y a los que sirvió como diseñador en algunos ca-

15 Cultura

sos. Actualmente es administrador de una librería muy especial y conocida por la mayoría de los escritores dominicanos, que tiene la característica de que envía las obras de los autores a la casa los clientes que lo piden.

“Creo que quise poner una librería porque debe haber mucha gente como yo”

l ¿Cuál es tu nombre completo y dónde naciste?

l Me llamo Víctor Vinicio Vidal Pérez, nací en San Juan de la Maguana, pero desde muy pequeño mis padres vinieron a vivir aquí, a Santo Domingo, así que prácticamente crecí en esta ciudad.

l ¿Dónde cursaste la primaria y el bachillerato?

l La primaria la hice en Herrera, en el colegio Núñez de Cáceres, y de ahí fui a estudiar el bachillerato a un liceo que es conocido como “La Perito”, aquí Santo Domingo, aunque su nombre real es Liceo Víctor Estrella Liz, donde me formé en un bachillerato comercial.

l ¿Y la universidad?

l Me inscribí en la carrera de publicidad, ese cambio se dio porque desde que era pequeño siempre me gustó ilustrar, dibujar y tenía un tío que trabajaba en la publicitaria Cumbre, el dueño era Freddy Ginebra. Mi tío me decía desde pequeño: “Cuando termines el bachillerato te voy a llevar a un sitio donde pagan por dibujar”. Y justo cuando terminé el bachillerato, mi tío fue ese fin de semana a la casa y me dijo: “El lunes te voy a llevar a donde yo trabajo” Me llevó a Cumbre y me emocionó tanto que elegí la carrera de publicidad y empecé a estudiar en Bellas Artes.

l ¿Y te graduaste en Bellas Artes?

l No, porque entonces tenía que elegir si seguía en Bellas Artes o entraba a la universidad. En ese tiempo Bellas Artes era solamente un técnico, fue después que lo llevaron al grado de licenciatura. Entonces me fui a la universidad, estudié publicidad y seguí viendo cómo se desarrollaba Cumbre.

l ¿Cómo surge tu primer acercamiento con todo lo que tiene que ver con la literatura, los libros y ese tipo de cosas?

l En el proceso de la universidad, cuando estaba terminando, asistí a una materia, recuerdo, que se llamaba diseño de artes gráficas, que tiene que ver con diseño editorial. Y en ese momento tenía una amiga que me acercó al periódico Hoy, y empecé a trabajar en el periódico. Eso termi-

nando los 90, 97 por ahí. Conocí a muchas personas allí, recuerdo que José Rafael Sosa me pidió que le diseñara un libro, y Marivell Contreras también, con Marivell empecé a leer y descubrí que ella escribía de una forma diferente, lo podía sentir en sus entrevistas y como yo diseñaba una sección que se llamaba se llama Areíto, empecé a sentir como que era una manera distinta de contar. De alguna manera eso me motivó a la lectura y me empezaron a llegar más libros para trabajar y revistas. Trabajé para editorial Santillana, por ejemplo, actualidad escolar, y trabajé para un periódico que se llamaba El medio y para varias revistas. l ¿Alguna vez has escrito algo más

Libro impreso

Yo pienso que no va a desaparecer, al contrario, se va a poner más porque el libro digital no ha logrado tener una identidad particular...”

que artículos periodísticos, algún libro, poemas, cuentos? l Sí, claro, uno si siempre escribe, pienso yo. Una vez me tocó ir a Guatemala, pero fue porque tenía que ver con unos libros que había expuesto una editorial que se llama Isla Negra, entonces eh faltaba un dominicano que no había ido, Pedro Valdés, y me tocó leer tres microcuentos de él. Fue muy gracioso porque al terminar la gente se me acercaba para que yo le autografiara el libro y les decía: “Yo no soy Pedro Antonio Valdés, yo solamente leí el libro y me decían, pero fírmalo. Entonces yo le ponía de Víctor Vidal, el que leyó el libro de Pedro Valdés. Pero después en una feria del libro de aquí me invitaron a leer algunos poemas, y me pidieron que leyera algunos de los míos. Después me invitaron a Funglode a la semana de la francofonía y ahí tradujeron como tres de mis poemas al francés.

l ¿Has escrito novelas o cuentos?

l No, tengo un libro en preparación sobre la cerámica artística dominicana, la cerámica de autor, pienso que va a salir el año que viene.

l ¿En qué año entraste a la a la universidad?

l Entré a la UASD en el 95 y después fui al ITLA a hacer un diplomado, luego fui a Chavón a la escuela de diseño y ahí me gradué summa cum laude en diseño digital, después empecé una maestría en marketing digital y ahora soy profesor de la universidad. No sabía que uno siendo profesor universitario podía estudiar tanto pero creo que ya llegué a donde iba y, curiosamente, también estudié un técnico en panadería, porque descubrí que amasar pan es entretenido…

l ¿Cuándo surge Tus Libros en Casa y cómo fue el proceso de de creación?

l Cuando salí de estudiar en Chavón me junté con un con un amigo que se llama Víctor Rijo y fundamos Grupo Nós, que es una empresa dedicada a la publicidad. Cuando llegó la pandemia 10 años después, estamos en la casa y de repente yo me veo leyendo muchos libros de escritura creativa, de neuromarketing, pero siento que no tengo ninguna conexión, sí tengo la información, pero cuando intento recordar, no podía sentir nada. Y me digo, seguro hay mucha gente que quiere leer libros, pero quiere tocarlos, olerlos, ver la tipografía, formarse una imagen y no puede porque es digital, y creo que quise poner una librería porque debe haber mucha gente como yo. La primera persona que llamé fue Marivell Contreras, llamé a Huchi Lora, Marino Zapete. Huchi me dijo, “yo no puedo llevarte los libros, tienes que mandarlos a buscar a mi casa”, entonces yo mismo desde casa creé la identidad, programé y diseñé la web, hice toda mi página y después simplemente empezaron a llegar libros.

l Hablemos un poco de la inteligencia artificial y su papel en el tema editorial.

l Hay mucha tela para cortar ahí, pero lo que más se ha estado discutiendo de la inteligencia artificial es sobre la ética, yo la veo más como una herramienta que sirve para perfeccionar cosas. La inteligencia artificial es una herramienta que va a ir mejorando y va a permitirnos a nosotros mejorar esas ideas que tengamos. l ¿Qué piensas de la permanencia del libro impreso?

l Yo pienso que no va a desaparecer, al contrario, se va a poner más caro porque es que el libro digital hasta ahora no ha logrado tener una identidad particular, es una fuente de información. Sin embargo, cuando la gente compra un libro, compra la portada o compra el autor, si es famoso, fíjate el caso de Paulo Coelho, antes el título de sus libros era grande y el nombre de él era pequeñito. Y al pasar el tiempo llegó un momento en que tenían visualmente la misma importancia. Con los impresos tú guardas una conexión emocional que no puedes tener con el libro digital. l

Víctor Vidal inventó un novedoso concepto de distribución de libros. F.S.

Turn static files into dynamic content formats.

Create a flipbook
Issuu converts static files into: digital portfolios, online yearbooks, online catalogs, digital photo albums and more. Sign up and create your flipbook.