elCaribe, SÁBADO 24 DE ENERO DE 2026 elcaribe.com.do
Cuatro siglos sin el creador de Alonso Quijano
Pedro Delgado Malagón reflexiona sobre la trascendencia del Quijote a cuatrocientos diez años de la muerte de su autor, Miguel de Cervantes. P.5
Mujeres en la redacción de un periódico
Zona Retro trae al presente la historia de nueve mujeres que a comienzos de los 80 desempeñaban destacadas funciones en El Caribe. P.7
LAS VAINAS DE MERCADER
Mark Twain, perdido en el paraíso Cultura
“Mi arte busca transformar sociedades”
Persio Checo, un artista plástico multifacético nacido en Río San Juan, habla de su trayectoria y de las influencias que ha recibido. P.15
JOSÉ MERCADER
666mercader@gmail.com
En el año 1847, el abogado John Marshall Clemens de Florida, en el condado Monroe del estado de Missouri, partía del mundo de los vivos y dejaba una viuda con seis hijos. De estos, Samuel contaba con 11 años y con una libertad que le permitiría hacer lo que le diera su santísima gana: escribir.
Tuvo que esperar unos años, dejar los estudios y trabajar.
Empezó, Samuel Clemens, como aprendiz de linotipista, una profesión complicada que más bien parecía un rompecabezas por tener que colocar, letra por letra, las palabras que armarían las noticias y crónicas del periódico “The Hannibal Journal” de su hermano Orion. Cuando supo de una vacante, como “piloto” de un bote en el Mississippi, no dudó un segundo en cambiar de oficio y más cuando le ofrecieron 200 dólares al mes por pasearse desde New Orleans hasta Saint Louis. En esos recorridos leyó y recogió cuentos “de pueblo” que se fueron almacenando en su memoria.
Para 1865 se decidió a escribir y logró tremendo éxito con sus cuentos cómicos y satíricos en los periódicos de entonces. Su más conocido fue “The celebrated jumping frog o Calaveras County” que se tradujo como “La célebre rana saltadora del condado de Calaveras” y que divirtió tanto a sureños como a norteños, jartos de una inútil guerra (pleonasmo) civil que pretendía parar el racismo que sigue vigente por esos lugares.
Sus propias experiencias de niño y la presencia del inmenso Mississippi, lo llevaron a escribir “Las aventuras de Tom Sawyer” y Huckleberry Finn, dos libros que se convirtieron en clásicos, de lectura obligatoria en todas las escuelas de aquel vasto país que construía su historia atravesándolo con trenes de vapor y masacrando a todos “los salvajes” opuesto “al progreso” y a “las buenas maneras cristianas”. Esos libros son tan clásicos que hasta en la Biblioteca Tomás Hernández Franco de Tamboril, aparecen en su inventario reducido.
Mark Twain por Mercader.
historia de la medicina
La Orden de Malta en República Dominicana
EFrancesco Rainieri, fundó la Asociación Dominicana de la Orden de Malta, que lleva los programas de salud de La Orden en nuestro país.
La estrategia de salud de la Orden de Malta en República Dominicana se aleja del asistencialismo esporádico para centrarse en la provisión de servicios permanentes de Atención Primaria de Salud. La institución ha erigido y opera tres centros médicos que funcionan como modelos de autogestión y eficiencia en zonas periurbanas y rurales deprimidas. Estos centros no son simples dispensarios; son clínicas polivalentes equipadas con tecnología diagnóstica que sirven como barrera de contención para descongestionar los hospitales públicos de tercer nivel.
mediante un enfoque
“Social y Espiritual”, lo que sugiere una ampliación de los programas más allá de lo puramente clínico para abordar determinantes sociales de la salud, posiblemente integrando componentes de nutrición y apoyo psicosocial más robustos, alineados con las nuevas directrices del Gran
El centro más moderno, inaugurado en 2017, se ubica en los Bajos de Haina, San Cristóbal. Zona de gran contaminación industrial, lo que genera un perfil epidemiológico complejo con alta prevalencia de enfermedades respiratorias y dermatológicas. La clínica, situada en la Calle Duarte S/N, opera en horario de 7:00 AM a 5:00 PM y se ha convertido en un activo vital para la salud laboral y comunitaria de la zona.
salón de la fauna
La Clínica Materno Infantil de Herrera, inaugurada en 1996 representa el buque insignia de la intervención urbana de la Orden. Ubicada en el sector de Herrera, en el municipio de Santo Domingo Oeste, la clínica atiende a una de las poblaciones más densas y vulnerables de la capital. La elección de Herrera no fue aleatoria; esta zona se caracteriza por un crecimiento urbano desordenado, hacinamiento y una alta demanda insatisfecha de servicios materno-infantiles. Tras casi tres décadas de operación, este centro se ha integrado en el tejido comunitario, ofreciendo servicios que van desde la odontología hasta la psicología, convirtiéndose en el punto de referencia primario para miles de familias que carecen de seguro contributivo o cuyos seguros subsidiados tienen coberturas limitadas. La expansión hacia la provincia de Monte Plata en 2003 marcó el inicio de la descentralización de los servicios de la Orden. Monte Plata, históricamente una de las provincias con mayores índices de pobreza multidimensional en el país, carecía de especialistas accesibles. La clínica de la Orden en este municipio ha suplido esa carencia, enfocándose en la pediatría y la medicina familiar. En 2024, la Orden renovó su compromiso con esta localidad
La oferta de servicios en Haina es exhaustiva y refleja un nivel de sofisticación inusual para un centro de primer nivel: El centro ofrece un ciclo completo de atención que incluye consultas prenatales (con suplementación de vitaminas), ginecología y detección precoz de cáncer. Se realizan procedimientos como colposcopías, biopsias, criocirugía y Papanicolaou, herramientas críticas para reducir la mortalidad por cáncer cérvico-uterino, una de las principales causas de muerte en mujeres dominicanas. A diferencia de muchos centros públicos periféricos que carecen de equipos funcionales, la clínica de Haina cuenta con sonografía avanzada (obstétrica, pélvica, tiroides, Doppler, mamas y próstata), lo que permite diagnósticos rápidos sin necesidad de referir al paciente a Santo Domingo. La disponibilidad de monitoreo de presión arterial (MAPA) y electrocardiogramas responde a la creciente epidemia de hipertensión y enfermedades cardiovasculares en la población adulta de Haina. Es muy importante la atención pediátrica. Más allá de la consulta de niño sano, se ofrece monitoreo de crecimiento y desarrollo, nebulizaciones (vitales en Haina por la calidad del aire) y un puesto fijo de vacunación coordinado con el Programa Ampliado de Inmunización (PAI). Continuará… l DR. HERBERT STERN
Lorenzo Ramírez
(DÉCIMA CIBAEÑA)
Lorenzo le va a dai
A tuei mundo pasapoite
Viva en ei sur o ei noite
Donde quiera va a llegai
Muy chulo para viajai
Y salí de ete paí
Pa’ Autralia o pa’ Tahití
China, Rusia o Poitugai
México o Madagacai
Cuaiquiei lao, meno Haití.
Ei documento ej azulito
Y parece americano
Qué casualidad mi heimano
Se acabó aquei rojito
Ete e mucho ma bonito
Como dijo ei direitoi
¡A quién le impoita ei coloi!
Lo impoitante sea barato
Ya no hay que rompeise ei caco
Lorenzo ej el autoi.
l JOSÉ MERCADER
Mark Twain, escritor que se educó él mismo
Con una cierta fama y suficiente dinero, se casó con una joven estudiante del Elmira College de New York. Era el año 1870 y la universidad contaba con una matrícula de 855 que serían las primeras mujeres “peligrosas” desde donde nacería el movimiento feminista pro derechos de la mujer, derecho al voto...igualdad.
La llegada de Olivia Langdon a la vida de Samuel, que ya tenía 7 años usando el seudónimo de Mark Twain, le ayudó a ver otras cosas del mundo que él desconocía. Él, que había sido un “confederado”, aunque brevemente, cambió de rumbo al casarse con Olivia quien a su vez le presentó a la escritora abolicionista Harriet Beecher Stowe, famosa por su “Cabaña del Tío Tom”.
En el círculo de mujeres lectoras, conoció a socialistas, ateos, y activistas por los derechos de la mujer.
La educación de Twain se la dio él mismo en las bibliotecas públicas de Philadephia, Saint Louis y Cincinnati y, por supuesto, nunca le pidieron su título como escritor para publicarlo. Recibió, eso sí, numerosos títulos de reconocimiento por su genialidad. Los genios no necesitan títulos.
En el silencio de Buffalo (N.Y.) escribió obras importantes las que continuó en su muy querido Hartford.
En el año 1904 el cielo se oscureció y solo una brecha escasa, por donde salía un rayo de Sol, se abrió, quizás para dejar pasar el alma de Olivia, que según el padre de la parroquia, iría al Paraíso. Y justamente ese Paraíso se convirtió en objeto de burla en Twain quien llevaba una rabia contra su propio país por los abusos en otras naciones. El maltrato a Filipina culminó su ira. Su frustración de ver a Olivia apagarse sin poder hacer nada le da a entender que “el Universo se
gobierna por leyes estrictas e inmutables, que determinan quién muere y quién no, en una catástrofe”.
Aunque ayudó a su hermano Orion a construir su Iglesia, por solidaridad, agradecimento, familiaridad y por respeto a las creencias de los demás, algo fundamental en su ética, se fue alejando de toda idea religiosa. Para él “la fe es creer lo que sabes que no es”.
Ese alejamiento y con su espíritu burlón, que era su gemelo, escribió “El Diario de Adam” y luego “El Diario de Eva”. Para 1906 los unía en “El Diario de Adam y Eva” que le costó su prohibición en la Charlton Library of Massachusetts, una biblioteca de mucho prestigio y con una dirección de fanáticos religiosos que nunca entendieron el sentido del la libertad de la Literatura y el Arte. Cuando “The Eve’s Diary” salió en la revista Harper’s Baazar, la censura se fijó más en las ilustraciones de Lester Ralph que el texto mismo. De igual manera había ocurrido con “The Adam’s Diary” con las ilustraciones de Frederick Strothmann.
A este diario, que sus hijas pretendieron ocultar por su contenido antirreligioso, se le sumaron otros textos: “The Mysterious Stranger” y “Little Bessie” que ridiculiza al cristianismo.
Denunció las atrocidades de Bélgica en el Congo con un panfleto satírico: “King Leopold’s Soliloquy” o la voz, en solitario, de un rey que masacró a todo un país, y lo saqueó; un preámbulo a lo que haría Hitler con los judíos o lo que hace Israel con los palestinos.
Clara, una de sus hijas, cambió de parecer y solo en 1962 se publicó su obra completa quizás por la presión de los soviéticos en la Guerra Fría.
Mark Twain se extravió en el paraíso por los consejos de la serpiente o por el Cometa Halley que pasó cuando nació y cuando murió en 1910.
(Nota: escrito sin IA). l
Casa de Mark Twain en Conneticut. F. E.
Tom Sawyer por E. W. Kemble. F. E.
Olivia Langdon esposa de Twain. F. E.
Susy Clemens hija de Twain. F. E.
Jean Clemens hija de Mark Twain. F. E.
Clara Clemens hija de Twain. F. E.
<
4 Cultura
Desolación de las comadres
PEDRO CONDE STURLA pinchepedro65@yahoo.es
Desolación es la palabra que preside el sombrío universo de Juan Rulfo, un escritor que es, como pocos, indisociable de su obra. Juan Rulfo nació en 1917, en el mismo lugar en el que tienen origen sus historias, en el sur de Jalisco y al norte de Colima, dos estados fronterizos castigados por la revolución y las guerras cristeras que azotaron la región entre 1910 y1929. El escenario de «El llano en llamas» es el mismo en que ocurre el traumático asesinato de su padre en el pueblo de Apulco, en 1923, cuando Rulfo apenas contaba con seis años de edad. Las llamas que esa noche iluminaron el llano eran de las teas o antorchas de los cientos de personas que vinieron de noche por el llano del pueblo de Apulco, en Jalisco, a congregarse en el sepelio. Pero no solamente el llano, sino toda la región estaba en llamas.
Aparte del padre de Rulfo (y aparte de la guerra, el despojo, la devastación de su lugar de origen, de haciendas y campos arruinados), también el abuelo había sido asesinado por la espalda. Su familia, una familia de terratenientes, cayó en desgracia, en la ruina, por causa de los largos años de conflicto. A la ruina siguió, o contribuyó, el asesinato de otros miembros de la familia y la desintegración familiar. Una vez muerto su padre, Rulfo se mudó con su madre y hermanos al pueblo de San Gabriel (que también será escenario de sus historias), pero cuatro años después, en 1927, le tocó morir a la madre y Rulfo fue a parar al orfanato de Guadalajara:
«Allí en ese orfelinato y luego de la muerte de mi mamá conocí la verdadera soledad y aprendí a deprimirme. Desde entonces una cierta tristeza me habita». Durante toda la infancia y mocedad de Juan Rulfo, la violencia ejercía su dominio, se convirtió en la fuente nutricia de su obra. Por eso el tema es siempre la violencia, la violencia evidente o solapada. La aridez del paisaje y de las ánimas, la ruina del entorno. Siempre desolación, ruina, pobreza, tierras áridas, tristes, barridas muchas veces por borrascas, las tierras de los pobres, las pobres tierras donde apenas crece el maíz y los frijoles, un viento frío o caliente, aguas severas... A veces o casi siempre el mal tiempo y las calamidades interminables.
Juan Rulfo vivió, pues, y padeció lo mismo que cuenta en sus narraciones con esa voz cansada o apagada, desencantada, melancólica, introspectiva, pesimista, poética, la voz del narrador en primera persona que predomina en la obra de Rulfo, la voz con la
que explora y escarba en los sentimientos de culpa, en los infinitos remordimientos que parecen traerse siempre sus personajes e incluso el mismo Rulfo.
Normalmente es un narrador en primera persona el que cuenta, un narrador cansado, con una voz que muchas voces parece susurrar y decir cosas muy parcas, con extraordinaria economía de palabras. Rulfo es eso, un narrador minimalista que emplea palabras precisas, contundentes y precisas, con una acentuada vena poética y un tono apenas audible en ocasiones, cómo si los personajes murmullaran o susurraran. Toda la obra está hecha de murmullos y de voces, una obra polifónica (nada más extraordinario que la polifonía y el ruido de fondo en Pedro Páramo). Agréguese a eso un estilo y vocabulario rico de regionalismos y mexicanismos, y una imaginación, un ritmo, una cadencia inconfundibles. «Una proeza lingüística», como ha dicho Octavio Paz.
La economía de palabras no le resta eficacia a la representación de los conflictos. Con pocos trazos capta la esencia del paisaje, describe o pinta de cuerpo entero una situación y un personaje:
«—De modo que fui yo? le pregunté. Y quién más? Odilón y yo éramos sinvergüenzas y lo que tú quieras, y no digo que no llegamos a matar a nadie; pero nunca lo hicimos por tan poco. Eso sí te lo digo a ti.
»La luna grande de octubre pegaba de
lleno sobre el corral y mandaba hasta la pared de mi casa la sombra larga de Remigio. Lo vi que se movía en dirección de un tejocote y que agarraba el guango que yo siempre tenía recargado allí. Luego vi que regresaba con el guango en la mano. »Pero al quitarse él de enfrente, la luz de la luna hizo brillar la aguja de arria, que yo había clavado en el costal. Y no sé por qué, pero de pronto comencé a tener una fe muy grande en aquella aguja. Por eso, al pasar Remigio Torrico por mi lado, desensarté la aguja y sin esperar otra cosa se la hundí a él cerquita del ombligo. Se la hundí hasta donde le cupo. Y allí la dejé».
Igual que las voces son los personajes, seres que a veces parecen sombras, personajes fantasmales, etéreos. Puras sombras, unas sombras rebosantes de muerte que se obstinan en no morirse, personajes brumosos de mal genio, sin sentido del humor. Casi nadie ríe o parece reír en esas historias, y cuando ríe lo hace con una risa malsana. Rulfo no ríe. Rulfo es un personaje de su obra
Rulfo es casi lo mismo que su obra, alguien que comparte con sus personajes una identidad visceral, una inmensa raigambre telúrica, una misma culpa, una misma memoria.
«Luego luego se engarruñó como cuando da el cólico y comenzó a acalambrarse hasta doblarse poco a poco sobre las cor-
vas y quedar sentado en el suelo, todo entelerido y con el susto asomándosele por el ojo.
»Por un momento pareció como que se iba a enderezar para darme un machetazo con el guango; pero seguro se arrepintió o no supo ya qué hacer, soltó el guango y volvió a engarruñarse. Nada más eso hizo.
»Entonces vi que se le iba entristeciendo la mirada como si comenzara a sentirse enfermo. Hacía mucho que no me tocaba ver una mirada así de triste y me entró la lástima. Por eso aproveché para sacarle la aguja de arria del ombligo y metérsela más arribita, allí donde pensé que tendría el corazón. Y sí, allí lo tenía, porque nomás dio dos o tres respingos como un pollo descabezado y luego se quedó quieto.
»Ya debía haber estado muerto cuando le dije:
»—Mira, Remigio, me has de dispensar, pero yo no maté a Odilón. Fueron los Alcaraces. Yo andaba por allí cuando él se murió, pero me acuerdo bien de que yo no lo maté. Fueron ellos, toda la familia entera de los Alcaraces. Se le dejaron ir encima, y cuando yo me di cuenta, Odilón estaba agonizando. Y sabes por qué? Comenzando porque Odilón no debía haber ido a Zapotlán. Eso tú lo sabes. Tarde o temprano tenía que pasarle algo en ese pueblo, donde había tantos que se acordaban mucho de él. Y tampoco los Alcaraces lo querían. Ni tú ni yo podemos saber qué fue a hacer él a meterse con ellos.
»«Fue cosa de un de repente. Yo acababa de comprar mi sarape y ya iba de salida cuando tu hermano le escupió un trago de mezcal en la cara a uno de los Alcaraces. El lo hizo por jugar. Se veía que lo había hecho por divertirse, porque los hizo reír a todos. Pero todos estaban borrachos. Odilón y los Alcaraces y todos. Y de pronto se le echaron encima. Sacaron sus cuchillos y se le apeñuscaron y lo aporrearon hasta no dejar de Odilón cosa que sirviera. De eso murió.
»»Como ves, no fui yo el que lo mató. Quisiera que te dieras cabal cuenta de que yo no me entrometí para nada.»
»Eso le dije al difunto Remigio.
»Ya la luna se había metido del otro lado de los encinos cuando yo regresé a la Cuesta de las Comadres con la canasta pizcadora vacía. Antes de volverla a guardar, le di unas cuantas zambullidas en el arroyo para que se le enjuagara la sangre. Yo la iba a necesitar muy seguido y no me hubiera gustado ver la sangre de Remigio a cada rato.
»Me acuerdo que eso pasó allá por octubre, a la altura de las fiestas de Zapotlán. Y digo que me acuerdo que fue por esos días, porque en Zapotlán estaban quemando cohetes, mientras que por el rumbo donde tiré a Remigio se levantaba una gran parvada de zopilotes a cada tronido que daban los cohetes.
»De eso me acuerdo»..
(La cuesta de las comadres - Juan Rulfo - Ciudad Seva - Luis López Nieves, https://share. google/90b4uamPT9fVrF3An)
*FIN* l
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Apuntes de infraestructura
Cuatrocientos diez años sin él…
PEDRO DELGADO MALAGÓN pedrodelgado8@gmail.com
“¡Muera Don Quijote!, ¡viva Alonso Quijano el bueno!” MIGUEL DE UNAMUNO
Uno
Parecería incontestable aquella mentira: tan sólo la vida de un hidalgo de la Mancha de unos 50 años, que tras leer muchos libros de caballería decide disfrazarse de caballero andariego y partir de ajetreos con su viejo caballo Rocinante. Tiene como propósito “irse por todo el mundo con sus armas y caballo a buscar las aventuras y a ejercitarse en todo aquello que él había leído que los caballeros andantes se ejercitaban, deshaciendo todo género de agravio y poniéndose en ocasiones y peligro donde, acabándolos, cobrase eterno nombre y fama”.
Dos
El 29 de septiembre de 1547 nace en Alcalá de Henares, Madrid, el cuarto de siete hijos de Rodrigo de Cervantes, cirujano itinerante, y Leonor de Cortinas, de una familia de hidalgos, pero de los más pobres. (Se ignora el porqué, desde joven, Miguel utilizó Saavedra como segundo apellido, originario quizás de algún familiar remoto).
En 1569 se muda a Roma para servir de camarero al futuro cardenal Giulio Acquaviva; aunque se piensa que sólo buscaba refugio, tras herir a alguien en un duelo y recibir una orden de castigo y destierro.
Es 1571 y Miguel está presente en la ofensiva de Lepanto –“la más memorable y alta ocasión que vieron los pasados siglos, ni esperan ver los venideros”– bajo el mando de un joven de su edad: Don Juan de Austria. Aunque la batalla le inhabilita la mano izquierda, pese a todo, camina él varios años en el frente de combate, y lucha en los escenarios de Túnez, Corfú y Mondón.
Luego de su rescate de las mazmorras argelinas, vuelve a España a los 33 años. En 1584 nace su hija Isabel, tras una fugaz relación con Ana Villafranca de Rojas, esposa de un tabernero. Pocos meses después, a los 37, se casa con Catalina Salazar y Palacios Vozmediano, la hija de 19 años de un hidalgo de Esquivias.
Tres
Al punto en que se extingue en El Escorial la vida de Felipe II (hace 424 años), “Rey Prudente y Católico”, “Príncipe del Renacimiento”, algunos españoles cla-
rividentes lo apuntan: la decadencia está ahí.
Fernando de Aragón, fidedigno Príncipe de Maquiavelo, ha fundado el Estado moderno y mercantilista. La Castilla de los Reyes Católicos conquista Granada, irrumpe en África y descubre el Nuevo Mundo. España tiene tesoros, tierras y una mano de obra servil. Aquella grandeza, no obstante, perdura escasamente un siglo.
En el “Guzmán de Alfarache” (de 1599), Mateo Alemán expresa: “Líbrete Dios de la enfermedad que baja de Castilla y del hambre que sube de Andalucía”. Así, la moneda castellana naufraga a partir de 1625, la unidad ibérica en 1640, y la “famosa infantería” en los bosques pantanosos del Rocroi de 1643.
Después de 1609, a la calamidad económica se añade el infortunio social: la expulsión de los “moriscos”. Residuo del moro vencido, convertido por la fuerza, mas no asimilado por la colectividad; carretero o tendero o campesino que vegeta en coto cerrado, servidumbre del gran señor de la Reconquista, el morisco deviene víctima propiciatoria en unos tiempos de tribulación. Falso cristiano, mala casta, espía, merodeador, traficante que acumula ducados: el moruno es un ser “demasiado prolífico” a quien le es posible “vivir de la nada”, relata Miguel en el “Coloquio de los perros”.
Cuatro
La novela se divide en dos tomos que narran la vida del hidalgo manchego a la usanza de los relatos caballerescos. La primera parte del libro fue publicada en 1605; la segunda, en el 1615. Se trata de una obra renacentista por su humanismo, pero con trazos barrocos: el desengaño, el ambiente declamatorio, las apariencias falsas.
Todos piensan que Don Quijote está loco, aunque, según apunta Américo Castro, se trata sólo de una locura instrumental. Esta coexistencia de cordura y demencia resalta desde un principio cuando Don Quijote afirma: “Yo sé quién soy… y sé que puedo ser…todos los doce Pares de Francia (los doce Caballeros que, en la historia medieval europea, acompañaron a Carlomagno y que han dado origen a la estructura aristocrática de Francia) y aun todos los nueve de la Fama…” (los tres hombres paradigmáticos de la historia judía: Josué, David y Judas Macabeo; los tres de la tradición clásica pagana: Héctor, Alejandro y Julio César; y los tres de la historia cristiana: el rey Arturo, el rey Carlomagno y Godofredo de Bouillon).
Cinco
Uno de los rasgos señeros de la novela moderna es la polifonía: la disolución, en una suma de voces, del único y todopoderoso narrador omnisciente de la novela decimonónica. Similar a la invención de un relator ubicuo, universal, el tiempo novelesco es asimismo un artificio, una ilusión sin lazo alguno con el decur-
so real en que acontece la narrativa. Pero mucho antes de las hazañas novelescas de siglos pasados, ya Miguel ha superpuesto y cruzado las voces, los planos y los sucesos del relato. Él, de algún modo, los revuelve, los altera, los dilata, los contrae, como quien forjara espacios y seres y palabras con un quimérico soplido que, de pronto, se deshace en el pasmoso y extático palabrerío de aquella fábula incesante.
Seis
¿Cuál será, acaso, la suerte de este libro que por más de 400 años ha permanecido en el corazón de los humanos? ¿Qué hacer, entonces, a fin de perpetuar su legado de sabiduría y de seducción, su insustituible perspicacia acerca de la índole y del sueño de todos los hombres en todos los tiempos?
Tal vez una fórmula apropiada sería la de educarnos para olvidar a Don Quijote, como propuso hace algunos años el filósofo español Fernando Savater. O, quizás, la de soñar con él, con el Quijote, como Thomas Mann en su travesía marítima. Y hablarle y notar que tiene otro aspecto distinto al de los dibujos; que lleva un bigote grueso y enmarañado, con la frente alta y huida; y bajo las cejas, asimismo enredadas, unos ojos grises, casi ciegos. Y hasta escucharle decir, con voz
templada: no soy el Caballero de los Leones: soy estrictamente Zaratustra…
Siete
De la mano de Don Quijote, España se encumbra hasta sí misma y reencuentra la fe ardiente del Campeador, unida a la numinosa certeza de Fray Luis. Desde tal punto podría mirarse a Don Quijote como el sujeto valeroso, enfermo de alma, idealista épico, sublime, fantástico, flaco y maltrecho, producto de siglos de batallas y de sueños exaltados. Y que al representar uno de los personajes eternos de la biografía humana, caracteriza el mundo ilusorio que España creó, creándose ella al mismo tiempo. Imaginemos, así, que existe el Quijote de la literatura, pero creamos que también perdura el Quijote de la existencia, el Quijote del altruismo. Cual Prometeo extraviado, fútil, que no atina en sus empeños. Justiciero instintivo, sencillo, ascético, alucinado y profético, que haría decir al Libertador Simón Bolívar: “En este mundo, los tres majaderos más grandes hemos sido Jesucristo, Don Quijote y yo”.
Ocho
Si bien la obra cervantina está impregnada de un borroso carácter laico, en los últimos trechos de la vida el escritor se torna fervoroso. Así, poco antes de morir, pronuncia los votos definitivos a la Orden Tercera de San Francisco. En 1616 se enferma de hidropesía (o de diabetes) y el 22 de abril fallece Don Miguel en su casa en la calle del León, en Madrid. Sus restos tomaron sepultura en el convento de las Trinitarias Descalzas de la actual calle de Lope de Vega.
Nueve
Yace él en su lecho de muerte durante seis días, presa de fiebres y desmayos. Su lucidez mental no merma ni siquiera con el avance del deterioro físico. Lo visitan el cura, el bachiller, el barbero, Sancho, el ama de llaves y la sobrina. Don Quijote hace testamento, se confiesa ante el cura y reniega de su alarmante vida pasada cuando era el Caballero de la Triste Figura.
Sancho le ruega que no muera así, que no se deje morir de ese modo. Don Quijote admite el error de haber creído en la existencia de los hombres de caballería. Ocurre, de esta suerte, que los personajes que le rodean se han “quijotizado” y necesitan de ese héroe, gracias al cual ya ellos no son los mismos. Sin embargo, nada le hace cambiar de opinión a Don Quijote, quien, consciente de sus locuras pasadas, no quiere abandonar este mundo con el estigma de loco.
Pero aquella escena es rigurosamente falsa. Don Quijote es irreal y tan sólo encarna un signo, un tropo. Quien muere es Alonso Quijano el bueno. Don Quijote, el incorpóreo, el metafísico, ha escapado del escenario de aquella muerte “tan cuerda y tan cristiana”, como la sollozara Marcelino Menéndez y Pelayo. l
6 Cultura
Nuestra Señora de la Altagracia y la carta pastoral
WILSON ENRIQUE GENAO NÚÑEZ
PROFESOR A TIEMPO COMPLETO
VICERRECTORÍA DE INVESTIGACIÓN E INNOVACIÓN WilsonGenao@pucmm.edu.do
El pasado miércoles 21 de enero la República Dominicana celebró con diversas actividades culturales, sociales y religiosas el día de Nuestra Señora de la Altagracia protectora del pueblo dominicano. En la Basílica Catedral de Nuestra Señora de la Altagracia (principal santuario altagraciano) el Santuario Arquidiocesano Nuestra Señora de la Altagracia en la zona colonial; la Parroquia Santuario Arquidiocesano de la Altagracia en Santiago de los Caballeros, el Santuario Diocesano de la Altagracia en Loma de Cabrera así como en diversas parroquias y capillas se realizaron misas solemnes, procesiones, novenarios, salves y actividades sociales y culturales que resaltan la devoción y la importancia de quien es considerada la madre espiritual del pueblo dominicano.
Cariñosamente llamada “Tatica” las actividades en su honor no se limitan al ámbito nacional, sino que han cruzado fronteras, consolidándose como un símbolo de fe, identidad y unidad para los dominicanos en cualquier rincón del mundo. Por ello, la devoción a la Virgen de la Altagracia permanece viva, especialmente entre las comunidades dominicanas en la diáspora. En lugares con presencia dominicana como Aruba, Curazao, Puerto Rico, México y Venezuela, así como en ciudades de Estados Unidos como Nueva York, Miami, Boston y Nueva Jersey, y países como España, Holanda, Italia entre otros, la tradición se mantiene vigente. Se celebran misas solemnes, procesiones, exposiciones y diversas actividades sociales y culturales.
Desde sus orígenes Nuestra Señora de la Altagracia ha estado vinculada a la historia, la sociedad y la cultura dominicana. Diversos historiadores consideran que Juan Pablo Duarte Padre de la Patria fue devoto de la Virgen de la Altagracia, su invocación en la lucha independentista y su coronación en el marco de la primera ocupación militar de Estados Unidos es un testimonio de su vinculación histórica con la nación dominicana.
Cada año con motivo de la festividad de Nuestra Señora de la Altagracia, los obispos de la Conferencia del Episcopado Dominicano (CED) dirigen a los fieles de todo el país una Carta Pastoral que este año la han titulado “Renovación y compromiso bautismal, desde una perspectiva sinodal”. Este documento estruc-
turado en cuatro partes y con 52 números es un valioso texto que llama a la reflexión y al compromiso desde el espíritu del Concilio Vaticano II, el Magisterio de la Iglesia, la sinodalidad y la realidad nacional.
En la carta pastoral los obispos destacan que “numerosas barreras se interponen entre los seres humanos, impidiendo las relaciones saludables de comunión y participación que emanan del bautismo”. Señalan que “basta con observar los medios informativos para constatar un mundo de relaciones heridas y fragmentadas en todos los niveles”. Resaltan como ejemplos de esa realidad “las familias desintegradas, la violencia doméstica, la prepotencia, la difamación y el descarte del otro por diversas razones. Estas relaciones distorsionadas adquieren tal poder que influyen inconscientemente en la forma de pensar, hablar y actuar”. Afirman que “en medio de este mundo de injusticia y de violencia nace Cristo y envía al Espíritu Santo para que podamos nacer de nuevo para la esperanza”.
Subrayan la necesidad del diálogo para sanar divisiones sociales, advirtiendo contra el uso negativo de medios digitales e invitan “aprovechar los nuevos medios de comunicación y el internet para la escucha, para difundir el bien, fomentar el diálogo, proteger a los débiles, promover la verdad y la buena nueva”.
Sitúan a la familia en el centro del compromiso bautismal y social. Reconocen que muchas realidades familiares desgarran el corazón del ser humano, y evocan las lágrimas de Jesús ante la tumba de Lázaro para expresar su cercanía a quienes sufren. Resaltan que las familias sufren como consecuencia de “las muertes por la violencia intrafamiliar; las muertes por la delincuencia y la inseguridad ciudadana; las muertes de tantos jóvenes involucrados en el crimen y las drogas; las muertes en los accidentes de tránsito, por la imprudencia y el irrespeto de la ley; las muertes de tantos enfermos cuya medicina les fue negada por las manos manchadas por la corrupción; las muertes de los niños y niñas abortados, a quienes no se les permitió nacer”.
Plantean que “las lágrimas de Jesús deben llevarnos a dar testimonio de nuestra fe, donde el bautizado brille siempre por su seriedad y honestidad. Y que la mano de la justicia, sin privilegios para nadie, sepa sancionar de modo ejemplar a todos según el tamaño del daño causado a la sociedad por la corrupción”.
Destacan que nos “alarmamos al observar grandes cantidades de desechos plásticos y toneladas de sargazo cubrien-
do nuestras playas, pero, al mismo tiempo, nos resulta difícil transformar esa preocupación en medidas concretas que impliquen un cambio real en nuestro estilo de vida”. Asimismo, exhortan a impulsar acuerdos internacionales para la protección del medio ambiente y resalta la importancia de comprometernos con pequeñas acciones. Proponen reflexionar sobre cómo gestionamos nuestros residuos y qué podemos hacer para reducirlos. Además, resaltan la necesidad de que prevalezca “el bien común sobre el interés económico de una explotación minera que no respete el medio ambiente y el interés superior del ser humano”. Cierran con una invitación a todo el Pueblo de Dios, a renovar el bautismo haciendo vida estas dos realidades: renuncia y compromiso. La renuncia “a toda maldad y a todo lo que rompa nuestra relación con Dios y entre nosotros” y a comprometernos “a vivir como hermanos y en unión amorosa con el Padre, el Hijo y
el Espíritu Santo”. Llama a caminar “en la fe como discípulos misioneros”, vivir “como familia” y, como familia, continuar “luchando contra toda corrupción, violencia, especialmente hacia los niños y niñas, y en actitud de servicio siendo testigos del resucitado, haciendo visible su reino y dejando el mundo mejor de como lo hemos encontrado”.
Finalmente, que, por la intercesión de nuestra protectora, la Virgen de la Altagracia, cuya devoción representa los valores del amor, la fe, la maternidad, la humildad, la esperanza, la protección, la unidad y la paz, y que constituye un símbolo y patrimonio cultural esencial para la nación dominicana, se nos conceda la gracia de renovar nuestro compromiso bautismal en una Iglesia de escucha y misión.
¡Felicidades en la fiesta de la Virgen de la Altagracia! l
Centro estudios caribeños. PUCMM.
elCaribe, SÁBADO 24 DE ENERO DE 2026 elcaribe.com.do
Central de Datos
El Caribe al inicio de los 80: nueve mujeres, una redacción
Las protagonistas de esta edición coinciden en que, pese a lo exigente de la profesión, el periodismo puede ser ejercido plenamente por las féminas, aun cuando requiere autonomía e independencia.
“Mujeres ejercen el periodismo, incluso mejor que los hombres”. OGM
LENIN RAMOS xxxx@elcaribe.com.do
Los testimonios de nueve mujeres que desempeñaban un papel destacado en la redacción del periódico El Caribe a comienzos de la década de 1980 evidencian su labor. Con determinación y firmeza, lograron ocupar incluso los puestos más altos,y demostraron que una profesión que requiere libertad e independencia puede ser ejercida eficazmente por mujeres.
La Zona Retro de esta semana evoca la memoria de estas profesionales, quienes ejercieron con valor la labor periodística en la redacción del diario.
Doña María, directora de suplemento Doña María Ugarte, licenciada en Filosofía y Letras por la Universidad Central de Madrid, recorrió todas las etapas del ejercicio periodístico, desde reportera en las calles hasta directora de suplemento. Para ella, “la mujer estaba ampliamente calificada para la profesión de periodista”.
En ese momento ocupaba uno de los tres cargos ejecutivos más altos de la redacción de El Caribe. “La mujer es muy apta para esta profesión”, afirmaba, “una labor que exige libertad e independencia y que resulta mucho más dura para las mujeres casadas y con hijos”.
Además, consideraba que la capacidad intelectual era fundamental. “La mujer posee una sensibilidad particular que el hombre no tiene y que le permite captar múltiples dimensiones de la realidad que a él podrían escapársele”.
Señalaba que un requisito indispensable para ejercer esta profesión era sentir verdadera vocación. Reconocía que no se trata de una labor sencilla y afirmaba que “el periodismo bien hecho no es fácil”. Además, destacaba que para ser un buen periodista se requiere capaci-
Doña María Ugarte, directora del Suplemento de El Caribe. OGM
dad de observación, habilidad para escribir, resumir y sintetizar, y, sobre todo, objetividad, algo que suele resultar difícil para cualquier persona.
También sostenía que la formación integral era esencial, ya que múltiples temas requieren conocimientos en disciplinas como economía, literatura, sociología e historia.
Doña María afirmaba que no percibía discriminación por género. “Siempre he trabajado en igualdad de condiciones con los hombres. La única limitación es la que proviene de la propia condición biológica de la mujer”.
Consideraba que una mujer competente no debía temer a la discriminación. “Todo depende de la capacidad de cada persona y no del sexo”, afirmaba, subrayando que quienes utilizan este argumento suelen ser quienes no cumplen plenamente con su labor.
Nora Read, redactora “Nada fácil, pero apasionante”, opinaba Nora Read mientras elaboraba el resumen de noticias semanales para el suplemento del sábado. “Creo que es una labor que se adapta muy bien a la mujer”. Doctora en Derecho, inició su carrera periodística en 1976.
“Parece una profesión sencilla, pero solo lo es en apariencia”, señalaba. Estaba tan concentrada en su trabajo que no percibía si existía hostilidad de género en la redacción.
Eunice Lluberes, redactora
“No he percibido ninguna manifestación de machismo desde que comencé a ejercer el periodismo”, comentó Eunice Lluberes, y destaca que nunca había encontrado situaciones de este tipo en ninguno de los lugares donde había trabajado.
Ganadora del Premio Shell de Periodismo en 1977, consideraba que la carrera periodística era perfectamente adecuada para la mujer. “Podemos desem-
Periodistas trabajando en la redacción de El Caribe. OGM
peñarnos en igualdad de condiciones con los hombres”, afirmaba, subrayando que estar casada y tener hijos no representaba un impedimento. En cuanto a la técnica, señaló que podía adquirirse con relativa facilidad, aunque la profesión no fuera sencilla. También destacaba la necesidad de una sólida formación cultural, capacidad de investigación e iniciativa. Opinaba que la técnica no exigía habilidades extraordinarias, pero advertía que muchos periodistas se limitaban a transcribir lo que se les decía sin profundizar en la noticia.
Fior Gil, redactora
De manera categórica afirmaba: “No existen diferencias entre hombres y mujeres. Cualquier trabajo que realice un hombre, una mujer también puede hacerlo”. Señalaba que el periodismo le había aportado mucho y subrayaba: “Para ser periodista es necesario trabajar en un periódico; los títulos académicos no bastan, el verdadero posgrado se cursa en la redacción. Y no es una profesión fácil. Se puede alcanzar mucho, siempre que uno tenga la voluntad de hacer bien su trabajo”. Por su parte, opinaba que en la redacción existía un ambiente agradable y cordial, sin manifestaciones de hostilidad entre hombres y mujeres.
Aurora Rodríguez, redactora “Las mujeres podemos ser algo lentas, pero cuando nos comprometemos a hacer algo lo hacemos bien. Esta es una profesión bastante exigente, aunque muchos no lo perciban así”, afirmaba. Según su opinión, no existía discriminación entre los redactores hombres y mujeres, y aclaraba que no había machismo en la redacción.
Soraya González Fabras, redactora Para Soraya, la mujer es perfectamente capaz de desempeñar un trabajo igual o superior al del hombre. Señaló que la la-
bor no era sencilla, pues requiere desarrollar un sentido de comunicación con los demás, y no todas las personas están dispuestas a interactuar con los periodistas.
Cándida Figuereo, redactora Graduada de la Universidad Autónoma de Santo Domingo y con dos años de experiencia en el periodismo para entonces, destacó que, además de poder desempeñar un trabajo igual o superior al de los hombres, su condición de mujer le resultaba en muchos casos una ventaja, aclarando que esto no implicaba rebajarse moralmente.
Además, indicó que, aparte de ser una profesión exigente, la presencia de discriminación de género la hacía aún más difícil. “El machismo es el factor principal que mantiene a la mujer relegada”, afirmó. No obstante, señaló que estaba tan concentrada en su trabajo que no percibía machismo en la redacción, y que, por el contrario, notaba una gran camaradería entre todos.
Clara Ornes, redactora Licenciada en Filosofía y estudiante de Derecho en ese momento, inició su carrera periodística en 1971 y, tras un tiempo alejada, regresó a la redacción de El Caribe. “Me gusta el periodismo; es una manera de proyectarme”, afirmaba.
Consideraba que la profesión le permitía participar activamente en la comunidad, ya que, al investigar los problemas de la sociedad, el periodista se involucra con ellos y los transmite al público. Según su opinión, no se trataba de una de las profesiones más difíciles, aunque sí implicaba la responsabilidad de ser útiles a la sociedad. Con respecto al machismo, comentaba que no creía que la camaradería estuviera completamente libre de cierto tinte de machismo encubierto.
Minerva Isa, redactora
También había sido ganadora del Premio Shell de Periodismo en 1976. Opinaba que, como en cualquier otro trabajo, no existían diferencias entre hombres y mujeres. “El sexo no determina el desempeño; lo que importa es la capacidad de cada persona”, afirmaba, señalando que la mujer podía destacarse tanto en el periodismo como en cualquier otra profesión. “No era fácil, sobre todo cuando se buscaba ejercer un periodismo serio y objetivo”, señalaba. Consideraba que esto se lograba priorizando siempre la verdad por encima de cualquier interés. Además, sostenía que no existía machismo ni discriminación mientras se demostrara tener las aptitudes necesarias para desempeñar un buen trabajo. l
crítica arte
LILIAN CARRASCO
lilycarrascor@hotmail.com
El pretexto llamado cuerpo
El cuerpo ha sido, a lo largo de la historia del arte, superficie, símbolo, herida y refugio. En “El pretexto llamado cuerpo”, exposición presentada recientemente en la Alianza Francesa de Santo Domingo, el cuerpo no se ofrece como representación literal ni como ejercicio formal, sino como territorio de memoria, mito y experiencia femenina. Tres creadoras —Inés Tolentino, Judith Mora y Lucía Méndez— abordan esta noción desde lenguajes distintos, pero profundamente conectados por una sensibilidad común: la necesidad de volver al cuerpo como espacio de sentido. En la obra de Inés Tolentino, el cuerpo se construye desde lo íntimo y lo cotidiano. Sus piezas, trabajadas casi siempre sobre papel y atravesadas por el bordado, se despliegan como organismos vivos. El mito de la ciguapa persiste como símbolo de lo femenino, lo oculto y lo ancestral. El bordado
se convierte en escritura; el papel, en piel. Judith Mora, por su parte, se sitúa en un registro más barroco y expansivo. El collage es su territorio natural, un medio que le permite apropiarse de fragmentos, imágenes y tiempos para construir escenarios que funcionan como portales. En su obra, lo ancestral no es nostalgia, sino una fuerza activa que irrumpe en el presente. Las figuras, los espacios y los símbolos parecen surgir de un tiempo suspendido, donde lo mítico dialoga con el presente. En contraste, la propuesta de Lucía Méndez es frontal y necesaria. Su trabajo aborda el cuerpo desde la herida, desde el uso y el abuso, desde las marcas visibles e invisibles que lo atraviesan. Aquí el cuerpo femenino aparece como espacio de conflicto, como lugar de laceración y también de resistencia. Méndez pone en evidencia los mecanismos de invisibilización y control que históricamente han operado sobre lo femenino, construyendo un discurso que incomoda y confronta. Lo que articula “El pretexto llamado cuerpo” no es la uniformidad, sino el diálogo respetuoso entre miradas diversas. La curaduría de Alescar Ortiz asume el cuerpo no como tema vedado, sino como excusa —o mejor, como punto de partida— para entrelazar relatos que se mueven entre la memoria, el mito y la experiencia contemporánea. l
crítica cine
ETZEL BÁEZ etzelbaez@gmail.com
Emilia Pérez
Zoé Saldaña, actriz dominicana, y batuta con su personaje Rita, resalta que el foco central del filme es la mujer, no el narcotráfico. Esto lo dice alguien que conoce mejor que nosotros los motivos de quienes produjeron la película. Originalmente, la historia ocurría en Francia, pero cambiaron el escenario a México. La narrativa se va al cielo al integrar el teatro musical —con ribetes de vodevil, aunque no sean lo mismo— y lo hace con soltura envidiable, otorgando una dimensión fogosamente vibrante, emotiva. Pero, además, hace un solo a lo Bergman de puro arte cinematográfico; ambas protagonistas son atrapadas en un espacio de absoluta intimidad, bañadas únicamente por un haz de luz, mientras la oscuridad circundante amplifica el drama –algo similar lo usé en mi película 339 Amín Abel Hasbún Memoria de un Crimen–. Ese tipo de composiciones subrayan la fuerza del vínculo entre los personajes al tiempo que convierte la escena en un cuadro visual de profundo impacto emocional y simbólico: ¿ellas están solas? Sí, el haz de luz resalta soledad física, convierte aquello en un símbolo de aislamiento emocional y a la vez de conexión íntima. Y toda esa oscuridad lindante enfatiza la separación del mundo exterior y deja claro que, en ese instante, están
el
libro vive
FRANK NÚÑEZ
mi ventana
absolutamente solas y expuestas a sus propias emociones. El filme entra en fuerte contradicción con nuestros prejuicios y/o ignorancia, o quizás irá de miopes intelectuales, quienes no alcanzan a ver que todo eso del narcotráfico nos expresa que es una dialéctica entre la opresión capitalista y la agenda individual dentro de estructuras violentas. Si la película centra su narrativa en 4 mujeres, ¿podría cuestionarse si su lucha trasciende la mera supervivencia en un sistema corrupto o si reproduce lógicas de mercantilización? ¿Por qué romantizan sus participaciones en redes criminales sin criticar las condiciones materiales que las obligan? Más una película que se va a las ramas, muy lejos de exponer raíces clasistas de la misma violencia, con lo que reduce cualquier conflicto a dramas individuales, diluyendo su propia esencia, boicoteando lo que le da razón de ser como cine y como ente cuestionador constante y sonante. Esa afirmación de Zoé persigue resaltar que no es el narcotráfico el foco sin la mujer. Tomando en cuenta que todo es según el cristal con que se mire, esa valoración dependerá de si humaniza a sus protagonistas dentro de un sistema deshumanizador, o si reproduce lógicas desastrosas de explotación, incluso esclavistas. ¡Aplausos para una dominicana talentosísima! En Netflix. l
Una entrada que prometía el romance bucólico entre un joven militar de San José de Ocoa y una hermosa joven de la montañosa comarca termina en un final infeliz y sangriento, en un ambiente matizado por los acontecimientos propios del fin de una dictadura y las consecuencias políticas que convirtieron en un infierno la vida del protagonista.
“Un guardia en la Era de Trujillo”, es el título de la novela del escritor Santiago de la Cruz, nacido en San José de Ocoa el 31 de diciembre del 1961, el mismo año del asesinato del dictador, hecho que puso fin a una Era, y dio inicio a otra marcada por la inestabilidad y la violencia, con golpes de Estado, levantamientos armados, revolución armada e intervención militar de los Estados Unidos.
El autor comienza el relato con “Un sueño: una ilusión”, reflejados en los ascensos militares del joven Juan Esmeraldo Pimentel, quien conquista además el amor de la bella Magdalena, pese a la radical oposición de su padre Román, quien veía como una herejía que su hija se relacionara con un simple guardia de la sección Los Quemados, de Rancho Arriba, en la fértil y fresca provincia sureña.
Vocación, voluntad y disciplina coincidieron con la realización amorosa, de manera que los reconocimientos castrenses llovieran como bendiciones, junto a las niñas, Vanessa y Melissa, quienes sumaron felicidad al hogar formado por el sargento Pimentel con su amada Magdalena.
Un análisis exhaustivo de la novela “Un guardia en la Era de Trujillo” arroja que el título podría reducir las expectativas del lector, debido a que la obra presenta un drama familiar, nacional, histórico y político, aprisiona al personaje central y lo hace víctima de una circunstancia cruel y fatal.
Figuras como el sacerdote canadiense Luis Quinn, estampa de San José de Ocoa, son recreadas por De la Cruz, que hace más verista la historia del militar ocoeño cuyos ascensos y suerte amorosa no fueron suficientes para un final feliz.
Los ocoeños podrían aclararnos dónde se dividen realidades y ficciones. l
salmada@elcaribe.com.do
Y todavía es enero
Según la teoría de la relatividad la sensación del “ahora” es ilusoria y la percepción del tiempo es relativa, y enero parece encajar perfectamente en esa perspectiva, porque se alarga, como si estirarse fuera su principal característica. Antes de las festividades de final del año estábamos teorizando acerca de que una de las razones por las que enero se hacía demasiado largo era, en primer lugar, económica, es decir, el haber gastado prácticamente todo el dinero en las celebraciones alargaba el tiempo porque se hacía muy prolongada la espera para cobrar la primera quincena, y después la segunda, ni hablar de las personas que cobran por mes. Sin embargo, aunque en ese momento sugeríamos “guardar pan para mayo”, incluso los que siguieron ese consejo terminan por descubrir que enero parece disfrutar de una longevidad a prueba de todo. Los que finalizado el día de Reyes nos aprovisionamos de libros para pasar estos días, los que se entusiasmaron con maratones de películas y series coreanas, notamos que enero goza en prolongarse… también lo sienten los que decidieron tomarse un tiempo para caminar por calles y parques, o para reflexionar antes de que comiencen los primeros síntomas de abandono de las resoluciones y propósitos para el año, dietas incluidas… Posiblemente el hecho de que hayan quedado atrás los días fiesteros de diciembre, el haber suspendido esa intensa vida social y el hecho de que ya no estemos esperando que suceda nada extraordinario contribuya también a esa sensación tediosa de que el tiempo no pasa, de que este mes tan largo es demasiado largo. Pero los criollos valientes y arremetedores, los que a pesar de conocer el miedo no se dejan asustar por sombras misteriosas ni bultos que se menean, sabemos que no hay más remedio que pelear contra esta realidad capaz de embargar los espíritus más fuertes y valientes de estas tierras. Se trata de no admitir ni mucho menos permitir que este decaimiento se apodere del ánimo, hay que buscar a los amigos, planear un sancocho aunque no llueva, jugar dominó y softbol, retomar las acaloradas charlas de café, hay que derrotar a este penoso estado de abulia, que no llega a ser angustia, con la imbatible alegría con la que el dominicano camina por la vida… l
elCaribe, SÁBADO 24 DE ENERO DE 2026 elcaribe.com.do
CERTIFICO Y DOY FE
9 Cultura
61 años de mi ordenación sacerdotal
RAMÓN DE LA ROSA Y CARPIO ARZOBISPO DE SANTIAGO
Introducción
Celebro 61 años de aquel día que marcó para siempre mi vida. El 23 de enero de 1965, por la imposición de manos de monseñor Juan Félix Pepén Soliman, fui ordenado sacerdote. Fue el momento en que el Señor me tomó definitivamente para Él y me confió su pueblo. Desde entonces, mi vida dejó de pertenecerme solo a mí.
Aquella ordenación tuvo además un significado especial para la Iglesia dominicana y para mí en lo personal: fui el primer sacerdote ordenado para la Diócesis de Nuestra Señora de la Altagracia en Higüey, creada en 1959. Una diócesis joven, nacida bajo el amparo de la Virgen, con grandes desafíos pastorales y con un pueblo profundamente creyente. Desde ese día comprendí que mi sacerdocio estaría íntimamente unido a esa tierra bendita y a la devoción altagraciana que ha marcado mi vida y nuestra identidad como nación.
Sesenta y un años después miro atrás con profunda gratitud. He vivido mucho, he visto mucho, he aprendido mucho. He conocido la alegría serena del deber cumplido y también el peso de la cruz. Pero, sobre todo, he experimentado la fidelidad de Dios, que nunca abandona a quien confía en Él.
1-El llamado, misterio que me precede
Toda vocación sacerdotal nace en el corazón de Dios antes de hacerse audible en el corazón del hombre. Mirando atrás, reconozco que el Señor me llamó mucho antes de que yo supiera responderle. Me llamó en mi familia, en la fe sencilla que recibí allí, en la devoción mariana aprendida desde niño, en el ambiente creyente de mi pueblo Higüey, donde la Virgen de la Altagracia educa el corazón, incluso antes de que uno lo sepa.
El llamado no fue una voz estruendosa, sino una atracción interior, persistente, serena, después de leer un libro de la vida de Jesús, del jesuita José Julio Martínez. No entendía entonces la magnitud de aquel sí, ni las renuncias que implicaba, ni las alegrías que traería consigo. Hoy comprendo que Dios no revela todo de una vez, porque nos asustaríamos. Él pide confianza, no cálculo. Y esa confianza ha sido, durante 61 años, el cimiento de mi caminar sacerdotal.
2-El día de la ordenación, una marca para siempre
El 23 de enero de 1965 permanece grabado en mi alma y corazón como un antes y un después. La imposición de manos de monseñor Juan Félix Pepén Soliman fue el acto sacramental mediante el cual Cristo mismo me configuró como sacerdote suyo, para siempre. Ser ordenado como primer sacerdote de la Diócesis de Nuestra Señora de la Altagracia fue una gracia que entonces no alcancé a medir del todo. Con los años he comprendido la responsabilidad que implicaba: ayudar a construir una Iglesia particular, acompañar a un pueblo creyente, sembrar donde otros habían comenzado antes con sacrificio y entrega.
Ese día entendí también que el sacerdote no se pertenece ni vive para sí mismo. Su tiempo, sus capacidades, sus planes y hasta sus límites quedan entregados. Desde entonces, mi vida quedó definitivamente unida al altar, a la Palabra y al pueblo de Dios.
3-El sacerdocio es don para ser partido y repartido
En estos 61 años he aprendido que el sacerdocio no es un privilegio, como creen muchos. Es un don para gastarse. El sacerdote está llamado a ser pan partido, vino derramado, presencia, incluso cuando no es correspondido.
Celebrar la Eucaristía ha sido siempre el centro de mi vida. Todos los días celebro la misa, y en 61 años, cada vez que
la celebro y pronuncio las palabras de consagración, experimento un santo temblor. Cristo se ha servido de mis manos pobres para darse como alimento a su pueblo. Ninguna rutina ha logrado borrar ese asombro. Cuando el sacerdote pierde el asombro, pierde el alma del ministerio.
También el sacramento de la reconciliación ha marcado profundamente mi ministerio. Escuchar confesiones es entrar en tierra sagrada. Allí el sacerdote aprende a ser humilde, a no juzgar, a ser instrumento de la misericordia de Dios.
4-Alegrías que justifican toda una vida Si hoy tuviera que responder a la pregunta de si ha valido la pena ser sacerdote, mi respuesta es clara: sí, ha valido la pena, y mil veces sí. Ha valido la pena cada obra realizada, cada sacramento celebrado, cada desvelo y cada dificultad. Las mayores alegrías han venido de la gente sencilla. Por ejemplo, cuando he visto que a través de mí una vida se reconcilia con Dios o una familia se fortalece y viven en unidad. También cuando un joven descubre su vocación por medio nuestro. Hermanos, no hay recompensa mayor que ver actuar a Dios y saber que uno fue solo un instrumento. He sido testigo de la fidelidad de Dios en medio de la fragilidad humana. Y eso llena el corazón de una alegría inmensa.
5-Las pruebas y la cruz en el camino No sería honesto hablar de estos años sin mencionar las pruebas. El sacerdocio no
está exento de sufrimientos. Ha habido momentos de incomprensión, de prueba y de dolor. Y también han venido de quienes debían comprender mejor. No lo digo con amargura, sino con realismo evangélico.
Estas experiencias, lejos de destruir y acabar la vocación, la han purificado. Me han ayudado a comprender mejor el misterio de la cruz y a unirme más a Cristo. La perseverancia en la vocación sacerdotal podría decir que se mide por la permanencia junto a la cruz, como lo hizo María Santísima.
6-El servicio episcopal como prolongación del sacerdocio
Cuando el Señor me llamó al episcopado, bien sabía que no se trataba de dejar de ser sacerdote, sino de vivir el sacerdocio de otra manera, más amplia, más exigente. El obispo sigue siendo, ante todo, un sacerdote, llamado a servir y a entregar la vida por su pueblo. He procurado ejercer este ministerio con espíritu pastoral, cercano, consciente de que la autoridad en la Iglesia es servicio. El pueblo no espera que nosotros seamos príncipes, sino pastores que huelan a ovejas, como nos dijo el recordado Papa Francisco. Nada me ha dado más satisfacción que sentirme padre, hermano y compañero de camino.
7-María de la Altagracia, madre y compañera
No puedo hablar de mi vida sacerdotal sin mencionar a Nuestra Señora de la Altagracia. Ella ha estado presente desde el inicio. A ella le consagré mi vida y vocación.
Este fin de semana vuelvo a Higüey, a presentarme ante su imagen, darle gracias y encomendarle lo que resta del camino. Hacerlo es siempre una necesidad interior. En ella he encontrado el modo más humano y evangélico de vivir el sacerdocio.
8-Mirando el futuro con paz
A los 61 años de ordenación, no hago grandes planes. Solo pido al Señor la gracia de permanecer fiel hasta el final, de servir mientras me conceda fuerzas, y de presentarme un día ante Él con las manos vacías de méritos, pero llenas de confianza. Cuando llegue ese momento de rendir cuentas, sé que me juzgará con amor y misericordia.
Si volviera a nacer, volvería a ser sacerdote. Y si hoy debo resumir estos años en una sola palabra, esa palabra es gracia. Todo ha sigo gracia. Todo sigue siendo gracia.
Conclusión
CERTIFICO que al cumplir mis sesenta y un anos de sacerdote, dejo constancia que todo ha sido gracia de Dios.
DOY FE en Salvaleón de Higüey a los veinticuatro (24) días del mes de enero del año del Señor dos mil veintiséis (2026). l
Cuando la música educa: El Sistema Punta Cana y la consolidación de un modelo país
ANDRÉS TOVAR
Especial para elCaribe
Hay proyectos que nacen como una intuición generosa y otros que, con el tiempo, se convierten en una certeza. El Sistema Punta Cana pertenece ya a este segundo grupo. Lo que comenzó como una iniciativa inspirada en la visión humanista del maestro venezolano José Antonio Abreu ha alcanzado en 2025 una madurez poco frecuente en el panorama cultural dominicano: rigor pedagógico, impacto social medible y reconocimiento institucional del Estado.
Hablar hoy de El Sistema Punta Cana no es hablar de una promesa ni de un experimento en marcha. Es hablar de un modelo educativo que funciona, que crece y que, sobre todo, forma seres humanos a través de la música. Y eso, en un país donde la educación artística suele moverse entre el entusiasmo voluntarista y la fragilidad estructural, no es un logro menor.
Este texto no busca celebrar cifras por sí solas, sino explicar por qué este proyecto marca un punto de inflexión para la música clásica dominicana, especialmente en la región Este, y por qué su habilitación sectorial oficial por parte del Ministerio de Educación debe leerse como un hito cultural de alcance nacional.
Cuando la música deja de ser actividad y se convierte en educación
Durante décadas, la formación musical en nuestros países -República Dominicana no es excepción- ha sido entendida, en muchos casos, como un complemento: una actividad extracurricular, un lujo formativo, un espacio para talentos excepcionales. El Sistema Punta Cana rompe con esa lógica desde su base conceptual. Aquí, la música no adorna el proceso educativo: lo estructura.
El año 2025 fue decisivo en ese sentido. Más de 2,178 horas de clases impartidas, un crecimiento del 45 % respecto al año anterior, la duplicación del cuerpo docente a partir de agosto y una matrícula que superó los 250 niños, niñas y jóvenes activos no son simples indicadores administrativos. La ampliación del equipo docente permitió afinar los procesos de seguimiento individual y elevar el nivel técnico sin sacrificar el componente humano. Porque enseñar música no es solo enseñar a tocar bien; es enseñar a escuchar, a esperar, a coordinarse con otros, a asumir responsabilidades colectivas.
Donde todo empieza (y casi todo se decide)
Si hay un termómetro fiable para medir la solidez de un sistema educativo musical, son los programa de iniciación. Allí se define no solo quién continúa, sino cómo se continúa. En 2025, 150 niños participaron en el programa de Iniciación
y canto coral.
Los resultados son elocuentes: más del 87 % logró identificar figuras rítmicas básicas y ejecutar patrones musicales, y la tasa de retención superó el 50 %, una cifra notable en programas de esta naturaleza.
Pero más allá de la estadística, el verdadero impacto se manifestó en el desarrollo cognitivo, emocional y social de los participantes. Aprender a leer música es, en esencia, aprender un nuevo lenguaje. Y todo lenguaje ordena el pensamiento. Los niños que pasan por este proceso no solo adquieren habilidades musicales; desarrollan atención, memoria, autocontrol y sentido de pertenencia.
El coro y la orquesta: donde la disciplina se vuelve visible
El crecimiento del programa coral durante 2025 es otro de los pilares que explican la madurez alcanzada por El Sistema Punta Cana. Con 324 horas de formación impartidas, la división entre coro infantil y coro sinfónico juvenil permitió un trabajo técnico mucho más específico y eficaz.
El resultado se reflejó en presentaciones de alto nivel, tanto nacionales como internacionales, lo que incluye la participación en el Festival Nacional de Coros del Minerd y el intercambio formativo en Venezuela con los Niños Cantores de Venezuela.
Y si el coro enseña a respirar juntos, la orquesta enseña a pensar juntos. El programa orquestal de El Sistema Punta Cana vivió en 2025 una expansión sin precedentes: más de 1,200 horas de clases, 342 horas de ensayos y la incorporación de 100 nuevos estudiantes a partir de agosto. El año cerró con diez presentaciones públicas, entre ellas el Gran Concierto del cuarto aniversario, donde se evidenció no solo el crecimiento técnico, sino también la cohesión humana del conjunto.
La expansión instrumental acompañó de manera coherente el crecimiento académico. El inventario pasó de 170 a 219 instrumentos, gracias a donaciones y compras estratégicas y la realización
ConCierto Sentido
Chopin y el pianista “guinness”
ANDRÉS TOVAR EDITOR DIGITAL
del primer taller de lutería, en coordinación con el Centro Educativo en Artes Matías Ramón Mella.
El aval internacional y la habilitación sectorlal
El reconocimiento otorgado por la Associated Board of the Royal Schools of Music (ABRSM) -Associated Board of the Royal Schools of Music- marcó otro momento clave del año. Este aval no se concede por simpatía ni por intención social; se concede por calidad pedagógica verificable. Para las familias, los estudiantes y los aliados estratégicos, este reconocimiento representa una validación externa de enorme peso. Para el proyecto, implica un compromiso aún mayor con estándares internacionales de enseñanza musical.
Pero si algo representa un salto institucional es la reciente habilitación sectorial oficial otorgada por el Ministerio de Educación, bajo la Licencia No. 001135/ EDU-0206/2026, con vigencia indefinida. Este acto transforma la naturaleza del proyecto. No se trata de un trámite administrativo, sino de un mensaje político y cultural: la música, cuando se enseña con rigor y propósito social, merece ser reconocida como educación. Ese reconocimiento abre puertas, protege el proyecto y sienta un precedente para futuras iniciativas similares en el país. La música como tejido social A lo largo de 2025, El Sistema Punta Cana realizó 24 conciertos y recitales abiertos al público, ensayos abiertos para familias, visitas a escuelas públicas y talleres para padres en coordinación con el Conani. La música, aquí, no se encierra en una sala de ensayo. Sale al encuentro de la comunidad, construye pertenencia y refuerza vínculos sociales. En una zona marcada por el dinamismo turístico y la diversidad social, este rol adquiere una relevancia especial.
El Sistema Punta Cana llega a 2026 con una base sólida y una responsabilidad mayor. Ya no es solo un proyecto que funciona; es un modelo que demuestra que la música, cuando se integra a la educación, no solo forma músicos: forma ciudadanos. l
Si usted no ha oído hablar de Hayato Sumino, le cuento: en noviembre de 2025, este joven pianista japones (30 años), logró una certificación Guinness por “la mayor cantidad de entradas vendidas para un recital de piano en espacio cerrado, tras un recital en el K-Arena Yokohama el 29 de ese mes y en la que alcanzó las 18.564 boletas vendidas.
Con ese preámbulo, es de suponer que todos los ojos están puestos en Hayato que, lejos de ser un fenómeno, cuenta ya con una carrera, virtuosa, pero labrada: Empezó a tocar el piano en su infancia y, en 2021, saltó a la fama mundial como semifinalista del XVIII Concurso Chopin, logro que lo catapultó a firmar un contrato con Sony Classical y debutar como solista en el Carnegie Hall de Nueva York y en la Gran Sala de la Filarmónica de Berlín.
Todo este exito empezó gracias a Chopin. Por ello, tras el exito de su primer disco, Human Universe, quizó rendir homenaje al ícono polaco con Chopin Orbit, un álbum que incluye, entre otras, la Polonesa-Fantasía op. 61 y Nocturno en do sostenido menor, junto a piezas propias, entre ellas una reinterpretación del Vals n.º 1 de Chopin.
Hayato también goza de una enorme popularidad en su canal de YouTube bajo el nombre de ‘Cateen’, con más de 1.5 millones de suscriptores y más de 200 millones de reproducciones totales, ampliando el alcance de la música clásica y atrayendo a nuevas audiencias. Un talento para no perder de vista, porque de él se hablará por mucho rato. l
Musical de El Sistema Punta Cana, recibiendo formación en lenguaje musical, ritmo
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Microrrelatos de José Maximiliano Cimarro
VALENTÍN AMARO
Especial para elCaribe
Esta semana, en Espejo de tinta, tenemos como invitado a José Maximiliano Cimarro, nacido en Holguín, Cuba, en 1956. Poeta, narrador y actor, reside en la República Dominicana desde 1991, país en el que ha desarrollado una sostenida y coherente labor artística y literaria. Realizó estudios de Artes Plásticas en la Escuela Nacional de Arte (ENA), en La Habana, y durante su etapa como profesor en la Casa de la Cultura de su ciudad natal incursionó en la actuación teatral, integrando un grupo de teatro local.
Ya establecido en la República Dominicana, ha participado en diversos talleres de formación literaria, experiencias que fortalecieron su vocación por la escritura y lo condujeron al cultivo de la poesía y de la narrativa. Es miembro del Taller Literario Narradores de Santo Domingo.
Desde hace varios años conozco a Cimarro, así le llamamos en el Taller Literario Narradores de Santo Domingo, ámbito al que llegó y donde fue adoptado como uno de sus miembros más queridos. Los microrrelatos que presentamos en esta muestra evidencian una poética de la brevedad sustentada en la elipsis, la ironía y el desenlace sorpresivo, rasgos centrales del microrrelato como subgénero narrativo hiperbreve que confía en la competencia del lector para completar los vacíos del texto. Cada pieza construye una situación mínima que condensa conflictos existenciales, eróticos, morales o absurdos, y los resuelve mediante un giro final que resignifica lo leído, confirmando la noción teórica de que, en el microrrelato, el cierre no clausura, sino que expande el sentido. Escribir es dialogar en el tiempo; así, en Cimarro, creador de mundos posibles, se advierte una reescritura lúdica de mitos, cuentos tradicionales y arquetipos culturales, junto con una marcada inclinación por el humor negro y la paradoja, estrategias que le permiten cuestionar valores sociales, identidades y expectativas normativas. La economía verbal, el uso simbólico del lenguaje y la ambigüedad semántica refuerzan la intensidad estética de estos textos, donde cada palabra cumple una función estructural decisiva.
LO QUE NO TIENE PRECIO
Cansado de sus días, sin saber qué hacer, se sentó en el malecón citadino. Su mirada paneaba distraída al tiempo que meditaba cómo hacerlo. Las luces del Casino robaron su atención y decidió probar suerte. Apostó asimismo con un último rublo, esa noche ganó una fortuna. Al llegar a casa, cobró valor y se suicidó. Dejó identificado el destinatario de lo recibido. En lo material lo saldaba to-
do, en lo moral, ni con su muerte, resarcía lo adeudado.
SIRELOVE
Se dejó pescar enamorada a primera vista. Sin prejuicios lanzó al agua su traje de escamas. No importaron diferencias y él se la buscó para satisfacerla, aunque ella no pudo abrir sus piernas.
PUNTERÍA
Puestos los audífonos y celular en mano, se dispuso a oír algo de música para olvidar lo frustante del día. Arrellanado en un banco del parque a la sombra de un crecido laurel, su mirada paseaba por la gama del follaje. No tuvo tiempo de evitar el peculiar regalo que ofrece el rifle de un pájaro.
EDÉN
Nos encontramos. No necesitamos mucho tiempo para hacernos Adán y Eva. Aquella noche fue nuestro paraíso. Nunca más volvimos a vernos. Tampoco su-
pe, si mi injerto provocó fruto en el árbol de la vida.
CAPERUCITA
Todos afirmaron que había sido devorada. Amaneció. Una estela de prendas desgarradas llevo al río. Cuando la encontraron tendida en la yerba, dormía desnuda junta al lobo.
JARDINERO
La veía como a una flor. Decidido una noche se coló en su habitación para echarle aguas. Fue despedido.
SUEÑO
Aquella exuberante y exótica mujer amaba su piel de ébano. Cambió su nombre a Noche. No despertó.
SUPERLATIVO 1
Por su estatura le apodaron Meñiquín. No necesitaba sentarse.
SUPERLATIVO II
Era tan alto, tan alto, que bebía agua de las nubes.
ORIGINALIDAD
Decidió que su andar marcaría algo diferente y no pasaría inadvertido. Comenzó a usar al mismo tiempo para cada pie, zapatos aunque del mismo modelo, de diferente color.
PARA QUE NO SE LES OLVIDE
Ayer fue ayer, hoy es hoy y mañana será mañana. Pasó el lunes, corre el mártes, viene el miércoles... Estamos a seis, santoral de ... Ya se fueron Enero, Febrero muy rápidos, y en pocos días, primavera. No olvidemos fechas históricas, fases de la luna, eclipses de Sol, días festivos, feriados, hasta señalamientos de los signos zodiacales y cualesquiera otra puntualización que se les ocurra agregarnos... Constantes tópicos en el diálogo entre almanaques.l
El violinista Brindis de Salas
Un genio que visitó Santo Domingo y Moca
POR ANTONIO GÓMEZ SOTOLONGO
Especial para elCaribe
En 1852, entre templos y jolgorios, tabernas, monasterios y caminos, el violín, ya había cumplido más de 300 años de zancajear por toda Europa. Hacía un siglo que en la Siempre Fiel Isla de Cuba negros y blancos, criollos y españoles domaban cuatro cuerdas con un arco de Pernambuco y cerdas; y en eso, el 4 de agosto, en la calle Águila, en la casa que llevaba el número 168, en La Habana, nació Claudio José Domingo Brindis de Salas, quien sería poco tiempo después El Paganini Negro. Fue en su propio hogar donde Brindis inhaló los mágicos vapores que encienden el genio musical, fue su padre quien le mostró la puerta por la que entran los grandes. La familia, de la raza negra, siempre disfrutó de una posición social relativamente cómoda, muy lejos del barracón, el cepo y el látigo que sufrieron sus ancestros. Por varias generaciones las dos familias, la materna y la paterna, estuvieron involucradas con los cuerpos castrenses de la metrópoli lo cual garantizaba ciertas ventajas, sobre todo, el acceso a la cultura y los medios culturales de la época. Así, guiado por la mano maestra de su padre, el niño Claudio José Domingo pasó por las clases del criollo José Redondo y luego por las del belga Vander Gutch y esos estudios le servirían de base para que, en 1869, a los diecisiete años de edad fuera recibido en el Conservatorio de París donde ya para entonces brillaba lo mejor de la violinística mundial.
Camilo Ernesto Sivori (1815-1894), quien fuera alumno de Nicolo Paganini, fue quien guió al artista de ébano en el Conservatorio de París, donde también tomó clases con el belga Hubert Leonard (1819-1890) y completó sus estudios con el también violinista y pedagogo Charles Dancla (1817-1907). En 1871 Brindis de Salas obtuvo el Primer Premio del Conservatorio de París, galardón que ya habían recibido Henri Wieniawski, Jaques Thibaud y George Enescu.
Sus aplaudidas virtudes lo llevaron a partir de entonces a los principales centros culturales del mundo y la crítica de la época se rindió ante su exquisito arte. Después de su debut en París, Oscar Commentant, reseñó que era «un artista de gran talento»; en Florencia, el Courriere Italiano, refirió que «el joven negro maravilló y llenó de entusiasmo al auditorio»; en Milán, La Gaceta del Teatro, registró que Brindis arrancaba al violín dulcísimos sonidos y acentos apasionados.
A finales del año 1875 regresó a América con el título de Director del Conservatorio de Haití, un cargo que nunca ejerció. En 1876 estuvo en Venezuela, donde se presentó junto a grandes personalidades del arte musical y en 1877 volvió a Cuba, donde luego de presentarse en los teatros Payret y Tacón se fue con su música por todo el país y así le siguió México y otra vez Europa.
En ese vertiginoso ir y venir, el 6 de noviembre de 1895, a bordo del vapor Julia y procedente de San Juan, Puerto Rico, llegó a Santo Domingo el genial Claudio José Domingo Brindis de Salas y Garrido, o Cheva-
lier Brindis de Salas, o Caballero de Brindis, Barón de Salas, o el Rey de las Octavas, o el Paganini Negro, que por todos estos nombres se le conocía. Llegó precedido por lauros y fama, y en el momento en que sus virtudes de artista estaban en el punto más alto de su carrera, ya para entonces su vida y obra andaban de boca a oído.
Cuando El Paganini Negro, así llamado por los italianos, llegó a la capital dominicana, ya era amo y señor de las cortes de Europa, y los públicos de Berlín, San Petersburgo, Londres y Madrid caían extasiados ante su genio. Ya en Francia había sido merecedor de la Legión de Honor. Era también, como muchos de su estirpe, un genio trashumante, hedonista, y apasionado, todo lo cual se trasmitía sin dudas a su estilo interpretativo, un estilo desbordado, sin límites en las partituras que enfrentaba. Brindis era un espectáculo irrepetible en cada concierto.
La noche del domingo 10 de noviembre de 1895, enfundado en negro frac y ostentando las condecoraciones ganadas en los cuatro puntos cardinales, debutó el Barón de Salas ante el público dominicano, había llegado con su Guarnerius a embrujarlos a todos.
Aquella noche el teatro de La Republicana –hoy Panteón Nacional- registró un lleno completo. La señorita Claudina Amparo Vázquez, artista muy joven entonces, fue quien le acompañó al piano de gran cola que pertenecía a la familia de don José Martín Leiva y el éxito fue tan grande que el público pidió a voz en cuello otra jornada, y luego otra y otra. Así, el jueves 14 y el domingo 17 volvió
Brindis a disponer a su antojo de los aplausos del público. Dicen que el delirio les llegó cuando se estrenó la Serenata de los Ángeles, de Braga, en la que actuó, junto a Brindis y Claudina, el cantante Juanito Vásquez, hermano de la joven pianista. Fue tan resonante su paso por Santo Domingo que el 11 de noviembre la crónica del periódico Listín Diario afirmó que: «El violín de Brindis de Salas no es un violín [...]; es un ser humano, un ser que solloza, que gime, que llora, que ríe, que ama, que ruge, que palpita de amores infinitos [...], que vive allá en las regiones que no han de tomar jamás cuerpo en este mundo».
El 30 de noviembre, el entonces director del periódico Listín Diario, don Arturo Pellerano Alfau, organizó una excursión al poblado de Azua en la que participaron jóvenes capitaleños y que partió por mar a bordo del vapor Júpiter. En aquel festivo viaje estuvo enrolado también el violinista cubano Brindis de Salas.
Después de su presentación en Azua Brindis iría a Baní, San Pedro de Macorís, Santiago de los Caballeros, Moca -donde el 11 de enero de 1896 el artista se hizo acompañar al piano por Dionisia del Orbe, hermana de Gabriel otro de los grandes violinistas de estas tierras caribeñas-, y Puerto Plata, donde el día 4 de febrero, Brindis dio su primer concierto a beneficio de la guerra de independencia que se libraba en Cuba.
El paso del violinista de ébano por Dominicana llegó a su fin en los últimos días del mes de febrero de 1896 y fue la ciudad de Monte Cristi, lugar de íntima ligazón con las luchas libertarias cubanas, la tierra que le dio el adiós.
El astro, que se bebía el mundo en una copa, continuó su camino de triunfos y fama. Continuó tocando hasta el fin, hasta que su esbelta figura de ébano quedó consumida por la tisis, dejando de existir en Buenos Aires, Argentina, el 2 de junio de 1911. l
elCaribe,
Entre la luz perdida y el abismo: la travesía interior de Rafael Alberti en Sobre los ángeles
POR DAISY FERNÁNDEZ
Especial para elCaribe
Sobre los Ángeles de Rafael Alberti fue publicado en el 1929. Es un libro de poemas que marca la inflexión en su poesía, influenciada por una profunda crisis personal y el surrealismo. La vida de Rafael Alberti estuvo caracterizada por una búsqueda constante de identidad, libertad y paz interior. Cada una de sus experiencias—la guerra, la pérdida, la distancia y la memoria—lo llevaron a escribir una poesía de inflexión, donde no solo cantaba, sino que pensaba, recordaba y cuestionaba el dolor, la incomprensión de la vida y del arte. Este libro representa el interior del autor y cómo después de sus crisis logra encontrarse consigo mismo.
Un elemento recurrente dentro de este libro son los ángeles, que constituyen una representación profunda del dolor, la angustia y lucha interna. Cada uno cumple una función esencial dentro de los poemas, y es descripto con adjetivos como “muerte”, “malos”, “buenos”, “crueles”, “turbios”, “coléricos”, “desengañados”, los cuales permiten que cada uno de los versos escudriñe ese sentimiento que el autor quiso expresar.
Todo esto refuerza la crisis existencial, el dolor, la lucha, la superación, el proceso terapéutico, temas elementales dentro de estos poemas. Cada uno de estos son tocados con el fin de presentarnos lo interior del ser y todo lo que este conlleva. El Alberti se vale del surrealismo para manifestar de manera profunda y significativa su mundo interior, invitándonos a mirar más allá de sus palabras. Las imágenes poéticas complementan lo expresado y refuerzan la visión de lo que habita dentro de la mente del autor: sus miedos, enojos, sus tristezas. Estos sentimientos reclaman fervientemente lo inconsciente y lo irracional, hacia esa voz interior que muchas veces escucharnos callamos.
La búsqueda eterna e incesante de existir puede verse vacía cuando no puede encontrase dentro de un espacio o tiempo determinado, derivando una desorientación existencial. Esta sensación se ve reflejada en la figura del ángel muerto, símbolo de pérdida o de una fe caída. Ya no existe una protección ni guía, solo existe la observación de lo que era y ya no es:
“A través de los siglos por la nada del mundo, yo, sin sueño, buscándote. Tras de mí, imperceptible, sin rozarme los hombros, mi ángel muerto, vigía”.
A lo largo de la lectura se perciben confusiones, desesperanzas, el vacío—otro elemento constante—, así como la sole-
dad y la desolación espiritual. También se observa una contraposición, entre fuerzas negativas y positivas, y están son representadas por impulsos, emociones o pensamientos que invaden el alma. Sin embargo, al no ser atendidas dan cabida a una imagen interior llena de conflicto, perdida de la fe o claridad espiritual. Esto se evidencia en Desahucio:
“Ángeles malos o buenos, que no sé, te arrojaron en mi alma. Sola, sin muebles y sin alcobas, deshabitada. De rondón, el viento hiere las paredes, las más finas, vítreas láminas. Humedad. Cadenas. Gritos. Ráfagas”.
Asimismo, se manifiesta el anhelo por lo que fue en el pasado y ya no es. La búsqueda de la esencia disoluta se convierte en un martirio que indispone el ser. La búsqueda de la esencia que se encuentra inaccesible se convierte en un martirio que perturba al ser. Muchas veces deseamos recordar o ser recordados por algo significativo, preguntándonos con angustia: “¿Quién soy? ¿Qué era?”. Esas preguntas evocan sentimientos y formas de vida que ya no están y que, sobre todo, no pueden volver. Por eso Alberti escribe:
“Por las calles, ¿quién se acuerda? Zapatos son mis sandalias. Mi túnica, pan ro más transitable horizonte humano”.
El autor se valió de cada uno de estos elementos para mostrar su capacidad de transformar el drama personal en una obra universal y ejemplar. Sobre los ángeles es un grito de identidad, fortaleza, entrega, vulnerabilidad, remordimientos, desesperación. En varios versos, se nos muestra la destrucción total que se llevó todo lo puro que quedaba y por ello
su alma se durmió en lo más profundo de su ser sin tener oportunidad de volver a despertar. Y no solo lo indica de esta manera, se vale también de la repetición para dejar claro la idea de una aniquilación completa englobando el alma, el cuerpo y hasta los sueños más profundos.
“Te dormiste. Y ángeles turbios, coléricos, la carbonizaron. Te carbonizaron tu sueño. Y ángeles turbios, coléricos, carbonizaron tu alma, tu cuerpo”.
Lo puro se manifiesta de manera incierta y casi ausente, pues ha sido invadido o apresado por fuerzas externas que han subyugado aquello tierno e indefenso que habita en el individuo. Esta situación se presenta mediante una voz poética que narra sin titubeos la realidad, describiendo cómo se llegó a este estado de fragilidad. No se trata solo de un daño simple, sino de un impacto repentino e invasivo que obligó a ceder ante una fuerza oscura, ya que había sido herida la parte más íntima, intacta y sincera del alma. En este contexto, la paz interior se desmorona y no queda nada, y con ella desaparece también la posibilidad de una armonía espiritual. Esto se percibe en Juicio:
“¡Oh sorpresa de nieve desceñida, vigilante, invasora! Voces veladas, por robar la aurora, te llevan detenida.
Ya el fallo de la luz hunde su grito, juez de sombra, en tu nada.
(Y en el mundo una estrella fue apagada. Otra, en el infinito.)”
Sobre los ángeles no es solo una obra poética, sino un viaje hacia el interior de las zonas más oscuras del ser humano.
Rafael Alberti convierte su crisis personal en un espejo donde todos podemos reconocernos y observar detenidamente nuestro reflejo sin tapujos ni objeciones, en una exploración bastante desesperada de sentido frente al vacío. Sus ángeles no son simples seres celestiales, sino representaciones simbólicas de su propio sufrimiento, de la pérdida de la fe, del amor y de la ilusión. Cada ángel encarna un estado emocional y mental, una parte fragmentada del propio autor que se debate entre la razón y el caos, entre la espiritualidad y la desolación. Lo que es parte del trayecto de la vida. Por medio del lenguaje surrealista, Alberti logra liberar su subconsciente y expresa, de forma intensa y emocionante, la angustia existencial del ser humano moderno. Las imágenes que utiliza son oníricas y perturbadoras desgarran con la lógica tradicional y muestran la vulnerabilidad del alma, la fractura de la identidad y la constante disputa entre la luz y la sombra. Así, el libro trasciende lo autobiográfico y se convierte en un juicio universal sobre el sentido de la existencia, el dolor, la culpa y la redención. Y esto hace que sea universal, pues son sentimientos que hacen que el lector se asemeje y logre conectar con experiencias semejantes.
La introspección que recorre toda la obra revela un proceso de catarsis: Alberti busca purificar su espíritu y reconciliarse con su identidad fragmentada y que se encuentra diversa. El dolor, la soledad y la pérdida se transforman en materia poética con una belleza significativa, en un lenguaje que expresa lo que muchas veces la razón no logra nombrar. Su voz poética es, al mismo tiempo, un lamento y un acto de resistencia frente a la desesperanza y la incertidumbre. En definitiva, Sobre los ángeles representa una profunda reflexión sobre el hombre y su condición. La poesía de Alberti, nacida del abismo y del desconcierto, se convierte en un canto de redención y en un testimonio de la capacidad humana para transformar el sufrimiento en belleza inquebrantable y firme. La obra nos recuerda que, incluso en medio del dolor y la duda, la palabra puede ser refugio, conciencia y salvación.
Finalmente, queda abierta una pregunta esencial que el propio libro sugiere: ¿es posible reconstruir la identidad después de la pérdida total, o la obra poética es la única forma de preservar aquello que ya no podemos ser? Tal vez el autor no busque responderla ni siquiera sugerir la respuesta, sino invitar a cada lector a enfrentar sus propios ángeles, sus sombras y sus vacíos, descubriendo en esa disputa interior la posibilidad de una verdad más profunda y humana. l
NOVELA
POR ENTREGAS
El Manuscrito de Santo Domingo
Crónica periodística entre las leyendas y las sombras
BASILIO RODRÍGUEZ CAÑADA
Especial para elCaribe
Capítulo 2. Viaje a Baní
Había pasado tres noches en Santo Domingo cuando decidí que necesitaba aire. La Zona Colonial me atrapaba con su belleza, pero también me asfixiaba con sus susurros. Tenía la sensación de que cada piedra me vigilaba.
Un colega local llamado Alfonso Quiñones, periodista cultural al que conocí en una redacción pequeña, me recomendó un viaje a Baní, un pueblo al sur, a poco más de una hora en carretera. “Allí todavía se cuentan las historias viejas”, me dijo. Y añadió, bajando la voz:
—Si quiere escribir sobre algo de verdad nuestro, pregunte por el Jinete sin Cabeza.
Me reí, pensando que era una versión criolla del mito europeo. Él no sonrió.
—No, Fidel. Aquí no es cuento. Aquí, si lo escuchas galopar detrás de ti… corres, o no lo cuentas.
Tomé una guagua destartalada desde la capital. El viaje fue un sacudón interminable entre el calor, la música de bachata a todo volumen y el pregón de los vendedores ambulantes que subían y bajaban ofreciendo jugos, panes y dulces de leche.
Baní me recibió con calles tranquilas, un calor seco y una plaza central donde el tiempo parecía detenido. Caminé hasta un colmado y pedí una botella de agua. El dueño, un hombre de bigote espeso y piel curtida, me miró de arriba abajo.
—Usted no es de aquí. ¿Qué lo trae?
Le expliqué lo del reportaje sobre leyendas. Sus ojos se estrecharon.
—¿Y ya le hablaron del Jinete? Asentí.
—No pregunte más. Esa historia trae desgracia.
Pero ya era tarde para esa advertencia: mi curiosidad estaba encendida.
Esa noche, en una pequeña fonda, encontré a un grupo de hombres mayores jugando al dominó. Me acerqué con mi libreta y un ron. Pregunté por el Jinete sin Cabeza. Tras un silencio incómodo, uno de ellos habló:
—Eso pasó en los tiempos de la colonia. Un soldado español que cometió atrocidades contra los lugareños fue maldecido. Lo ajusticiaron, y su cabeza jamás fue encontrada. Desde entonces cabalga de noche, buscando quien pague sus culpas.
Otro agregó:
—Dicen que, si lo ves, tu vida se acorta. Que los caballos se alborotan antes de que aparezca, y que el aire huele a azufre.
Tomé nota de cada palabra, emocio-
xo. F.E.
nado. Para mí era material perfecto: historia, mito y dramatismo.
Uno de los ancianos, el más callado, me miró con seriedad.
—Mire, periodista. No crea que porque viene de España esto es cuento. Esa cosa todavía anda. Yo lo escuché una vez, hace años. Corrí hasta que me sangraron los pies. Y le digo: la sombra me perseguía.
La mesa quedó en silencio. Yo forcé una sonrisa.
—Tranquilos, caballeros. No voy a salir a buscarlo. Solo escribo historias. Pero mis palabras sonaban huecas incluso para mí.
Decidí quedarme en Baní dos noches. La segunda, un joven del pueblo se ofreció a llevarme en moto hasta las afueras, hacia un sendero que cruzaba cañaverales.
—Por ahí dicen que pasa el Jinete —
Leyenda
Si quiere escribir sobre algo de verdad nuestro, pregunte por el jinete sin cabeza. Me reí, pensando que sería una versión criolla del mito europeo. Él no sonrió.”
comentó, divertido—. Pero usted verá que no hay nada.
Acepté, convencido de que era una oportunidad para recoger impresiones reales del entorno. Partimos al caer la noche. El aire estaba denso, y los cañaverales se mecían como si ocultaran secretos.
A mitad del camino, el muchacho apagó la moto.
—¿Lo oye? —susurró.
Al principio no escuché nada. Luego, un sonido retumbó a lo lejos: cascos de caballo golpeando la tierra, rítmicos, cada vez más cercanos.
—Debe ser un jinete cualquiera —dije, intentando mantener la calma.
Pero el chico me agarró del brazo, con los ojos desorbitados.
—Aquí no hay caballos de noche.
El galope se acercaba. Entonces, un hedor penetrante, a azufre y sangre, nos envolvió. Entre los cañaverales emergió la figura. Un caballo negro, enorme, de ojos encendidos como brasas. Sobre él, un cuerpo armado con coraza oxidada… y sin cabeza. El torso sostenía las riendas con firmeza, pero allí donde debía estar el rostro solo había un vacío oscuro, del que salía un silbido como viento maldito.
El joven gritó y arrancó la moto. Yo, paralizado, apenas alcancé a sujetarme. El galope resonaba detrás de nosotros, cada vez más cerca. El suelo
temblaba, los cañaverales se agitaban como si el mismo infierno nos persiguiera.
No sé cuánto corrimos. El motor rugía al límite, y aun así el galope no se alejaba. Hasta que, de pronto, un silencio absoluto nos envolvió. Ni grillos, ni viento, ni pasos. Solo el latido acelerado en mis sienes.
Al mirar atrás, no había nada.
Llegamos al pueblo temblando. El joven se negó a hablar del tema. Yo, en cambio, no podía dejar de escribir. Mis manos temblaban mientras anotaba: “El Jinete sin Cabeza no es mito. Lo vi. O mejor: me vio a mí.”
Esa noche soñé con el caballo, con el vacío oscuro donde debía estar el rostro. Desperté con un olor a azufre impregnado en mi ropa. No era un sueño. Antes de marcharme de Baní, volví a la fonda a despedirme de los ancianos. Les conté lo ocurrido. Nadie se sorprendió.
—Le dijimos que no preguntara —dijo el más viejo—. Ahora ya lo marcó. Donde vaya, ese recuerdo lo seguirá. Yo quise reír, quitar hierro, pero no pude. Algo en mi interior sabía que no había escapado del todo. Que ese galope resonaría en mis pesadillas.
Partí de Baní con la certeza de que ya no estaba investigando leyendas. Estaba recopilando pruebas de una verdad insoportable. l
elCaribe, SÁBADO 24 DE ENERO DE 2026
elcaribe.com.do
Persio Checo
ARTISTA VISUAL
Persio Checo es considerado uno de los exponentes más coherentes y singulares de la generación de artistas dominicanos surgida en los años ochenta. Nacido en Río San Juan, provincia María Trinidad Sánchez, se formó en la Escuela Nacional de Bellas Artes y en la Universidad Autónoma de Santo Domin-
go (UASD), donde estudió Arquitectura. Checo amplió sus estudios en la Escuela de Artes Visuales del Parque Lage en Río de Janeiro, Brasil, entre otras instituciones. Durante su trayectoria, Checo ha recibido múltiples reconocimientos, como el Premio del Público en la XVII Bienal Nacional de Artes Vi-
15 Cultura
suales, el Gran Premio de la Bienal Paleta de Níquel y el Premio Felipe Abreu al Mérito del Carnaval Dominicano. Durante más de cuatro décadas, ha expuesto sus obras en ciudades como París, Nueva York, Río de Janeiro, Andorra, Segovia, La Habana, San Juan y Miami.
“El objetivo principal de mi arte es transformar sociedades”
MARÍA E. PÉREZ ROQUE FOTO: FUENTE EXTERNA
l ¿Cómo surgió su interés por las artes y cuáles fueron sus primeras influencias?
l Desde pequeño siempre manifesté cierto interés por el dibujo y las cosas hechas con las manos. Todo el tiempo me llamaba la atención la pintura, la escultura... en fin, todas las formas de expresión artística, las admiraba. Es de ahí que siempre supe que mi vida estaría ligada a las artes plásticas.
l ¿Cómo ha influido su identidad y experiencia personal en los temas que elige explorar en su trabajo?
l Definitivamente el espacio que habito es fundamental en los temas que abordo en mis obras, al igual que mi carrera de arquitecto y por ser unos de los fundadores del Carnaval Marino de Río San Juan, mi pueblo natal. El desnudo femenino y los elementos vacunos son además influencias en mi obra desde que inicié mi carrera como artista.
l ¿Podría detallar el proceso de selección de los temas de sus obras y el enfoque artístico que utiliza para abordarlas?
l Los temas que elijo para mi obra fluyen a medida en que las voy desarrollando, por lo regular nunca empiezo con un proceso selectivo, sino que más bien van apareciendo elementos de manera espontánea mientras voy realizando mi trabajo.
l ¿Cuál es el objetivo principal que busca lograr con su arte?
l El objetivo principal de mi arte es transformar sociedades, al mismo tiempo es un medio de denuncia que el artista nunca debe desaprovechar. Mis pinturas y esculturas son una poderosa conjunción de la memoria, la crítica social y la espiritualidad.
l ¿Qué desafíos ha encontrado en este proceso y cómo los ha superado?
l Puedo decir que al vivir en un pueblo del interior del país, se me hace más difícil promover mi obra, pero siempre trato de mantenerme participando en bienales, exposiciones colectivas y cada año realizar una exposición individual.
l ¿Cuáles son los principales retos que enfrenta como artista visual?
l Mis principales retos son la falta de ges-
Persio Checo dice: “Mi obra es un medio de denuncia que el artista nunca debe desaprovechar”.
tión y promoción de mi obra en mercados internacionales por parte de instituciones serias que se dediquen a eso.
l ¿Cómo ve el futuro del arte visual y su papel en la transformación social?
l Pienso que el estado dominicano debería mostrar más interés por el futuro de las bellas artes en República Dominicana por medio de talleres, congresos y proyectos artísticos y culturales a nivel nacional que sirvan de apoyo a los artistas.
l ¿Qué consejo daría a los aspirantes a artistas que buscan utilizar su trabajo para generar un impacto social?
Desafío
Mis principales retos son la falta de gestión y promoción de mi obra en mercados internacionales por parte de instituciones serias que se dediquen a eso”.
l A ellos les aconsejaría que trabajen siempre enfocados en la producción de una obra auténtica.
l Sobre su más reciente exposición individual, ¿qué nos puede decir?
l Presenté recientemente mi exposición individual titulada “Grandes Visiones, Pequeños Formatos” en la Galería Bodden, compuesta por una selecta cantidad de obras del universo onírico y simbólico, integrada por pinturas, esculturas y obras tipo retablo de profunda carga simbólica. Me siento satisfecho por la acogida que ha tenido, porque es una exposición cargada de energía, entrega y cariño, la cual registra, pinta y cuenta la historia y su entorno como es el mar, el ecosistema, el colorido del carnaval y el Caribe, pero también le rinde un homenaje de forma sublime a la mujer.
l ¿Algún proyecto o idea en la que esté trabajando actualmente y que le gustaría compartir con el público?
l En la actualidad estoy trabajando en mi proyecto “Parque Cultural Persio Checo”, un legado que quiero dejar a mi pueblo natal Río San Juan. Este proyecto cuenta con museo, cueva taína, talleres, capilla, entre otros espacios culturales. l