El domingo de la palabra de Dios


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«Jesús recorría toda Galilea enseñando en sus sinagogas, proclamando el evangelio del reino y curando toda enfermedad» (Mt 4,23)
25 de enero de 2026
Agradecemos de modo particular el prólogo de: Mons. Sergi Gordo Rodríguez, obispo de Tortosa
Comentarios al Evangelio de: don José Mª Sánchez de Lamadrid
Colaboran en esta edición: Equipo San Pablo Quique Fernández
Rosa M. Jané
Joan Palero
Pere Pardo
Sociedad de San Pablo - España
© SAN PABLO 2026
Protasio Gómez, 11-15. 28027 Madrid Tel. 917 425 113 secretaria.edit@sanpablo.es - www.sanpablo.es sobicain@sobicain.org
El domingo de la palabra de Dios 2026
Una colaboración de:
Sociedad Bíblica Católica Internacional (SOBICAIN)
Distribución: SAN PABLO. División Comercial Resina, 1. 28021 Madrid Tel. 917 987 375 ventas@sanpablo.es
ISBN: 978-84-285-7458-7
Depósito legal: M.22.406-2025
Impreso en GARVI (Madrid)
Printed in Spain. Impreso en España
Todos los derechos reservados. Ninguna parte de esta obra puede ser reproducida, almacenada o transmitida en manera alguna ni por ningún medio sin permiso previo y por escrito del editor, salvo excepción prevista por la ley. La infracción de los derechos mencionados puede ser constitutiva de delito contra la Ley de propiedad intelectual (Art. 270 y siguientes del Código Penal). Si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos –www.conlicencia.com).

Queridos hermanos y hermanas en Cristo:
El papa Francisco, con la institución del domingo de la palabra de Dios, nos ha regalado una ocasión privilegiada para redescubrir la centralidad de la Sagrada Escritura en la vida de la Iglesia. La Palabra no es un patrimonio reservado a unos pocos, ni un objeto de estudio únicamente para especialistas. Es, ante todo, voz viva de Dios que resuena hoy en medio de su pueblo, luz que ilumina nuestras sombras y alimento que fortalece nuestro camino.
El concilio Vaticano II, en la constitución Dei Verbum, nos recordó que la Iglesia siempre ha venerado las Escrituras «como ha venerado también el Cuerpo de Cristo». Esta imagen de las dos mesas –la de la Palabra y la de la Eucaristía– expresa de modo profundo que no se trata de realidades separadas, sino complementarias. Así como el Pan consagrado nutre nuestra vida sacramental, la Palabra proclamada abre el corazón a la fe, suscita la conversión y anima a la misión.
Deseo subrayar de manera especial el papel del laicado. Vosotros, laicos y laicas, sois los destinatarios privilegiados de esta Palabra y, al mismo tiempo, sus testigos insustituibles en la vida cotidiana. Allí donde se desarrollan vuestras tareas –en la familia, en el trabajo, en la sociedad– la Escritura se hace carne de nuevo y muestra su fecundidad. Que cada hogar cristiano pueda tener una Biblia abierta, no como adorno, sino como fuente de diálogo con Dios y escuela de fraternidad.
La palabra de Dios no se queda en las paredes del templo. Ella es el motor transversal de toda la pastoral: anima la catequesis, inspira la acción caritativa,
El domingo de la palabra de Dios
acompaña la vida de oración e ilumina las opciones personales y comunitarias. Cuando la Palabra ocupa su lugar central, la Iglesia entera se pone en actitud de escucha, aprende a discernir los signos de los tiempos y se abre a la novedad del Espíritu.
Este subsidio que ahora ofrecemos, fruto de la colaboración entre la editorial San Pablo y el Equipo de Animación Bíblica –con mi buen amigo y diácono Enrique (Quique) Fernández al frente–, quiere ser un instrumento sencillo al servicio de ese encuentro transformador con la Palabra. Al ser distribuido gratuitamente, nos recuerda también la gratuidad del Evangelio: lo hemos recibido como don y lo compartimos como don. Que nadie quede privado de esta fuente de vida.
Invito a todos a acoger este material con espíritu de oración y de comunión. Que sirva para suscitar grupos de lectura bíblica, momentos de lectio divina, celebraciones familiares y comunitarias. Que anime, sobre todo, a redescubrir la belleza de escuchar juntos la voz del Señor que sigue diciendo hoy: «Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo» (Mt 28,20).
Pidamos a María, mujer que supo guardar la Palabra en su corazón, que nos acompañe en este camino. Y que el Espíritu Santo nos haga discípulos atentos y misioneros valientes, capaces de anunciar con obras y palabras la Buena Noticia que hemos recibido.
Con gratitud y afecto en Cristo,
† Sergi Gordo Rodríguez, obispo de Tortosa
Este subsidio que tienes en tus manos es un instrumento de apoyo para la celebración del domingo de la palabra de Dios, establecido para el tercer domingo del Tiempo Ordinario, que en 2026 corresponde al 25 de enero, también fiesta de la Conversión de san Pablo. Una feliz coincidencia. Esta iniciativa del papa Francisco nos invita a redescubrir la centralidad de la Sagrada Escritura en la vida de la Iglesia y en el camino de fe de cada creyente.
Este pequeño librito ofrece una cuidada selección de recursos teológicos, litúrgicos y pastorales destinados a diversos ámbitos de la vida eclesial. Fiel al método paulino, que busca hacer oración a través de la experiencia de Jesucristo, Camino, Verdad y Vida, la estructura de este subsidio, se subdivide en tres partes: Verdad, Camino y Vida. En primer lugar, se propone una vigilia de oración que integra la adoración eucarística con la práctica de la lectio divina sobre el pasaje evangélico de Mt 4,12-23, permitiendo a las comunidades un encuentro profundo con la Palabra proclamada. La estructura incluye el ritual completo de exposición y reserva del Santísimo Sacramento, siguiendo las normas litúrgicas vigentes.
Para la celebración eucarística de este domingo, el subsidio presenta esquemas detallados que abarcan desde el rito de entronización de la Sagrada Escritura hasta las moniciones para las lecturas, así como oraciones de los fieles específicamente elaboradas para esta jornada. Se incluyen además dos propuestas homiléticas complementarias que ofrecen diferentes enfoques pastorales, ambas fundamentadas en las lecturas del día y enriquecidas con referencias al magisterio papal y a la Tradición de la Iglesia. Reconociendo la importancia de la familia como Iglesia doméstica, se ha incorporado un ritual de entronización de la Biblia adaptado al contexto familiar, que facilita la celebración de este día en el ámbito del hogar, fortaleciendo así la dimensión familiar de la fe y promoviendo la lectura asidua de la palabra de Dios en familia.
El material destinado a la catequesis presenta una propuesta pedagógica innovadora denominada «La Biblia con los cinco sentidos», que permite una aproximación integral y experiencial a la Sagrada Escritura.
Desde el punto de vista teológico y formativo, el subsidio profundiza en la comprensión de la Escritura como palabra de Dios, desarrollando la doctrina de las «dos mesas», expresada en la constitución Dei Verbum del concilio Vaticano II, y reflexionando sobre el papel de la Biblia en la Liturgia, la pastoral y la vida moral del creyente.
Como bien señala Mons. Sergi Gordo Rodríguez, obispo de Tortosa, en su prólogo: «La palabra de Dios es el motor transversal de toda la pastoral: anima la catequesis, inspira la acción caritativa, acompaña la vida de oración e ilumina las opciones personales y comunitarias».
Este subsidio se distribuye gratuitamente, en coherencia con la gratuidad del Evangelio, con el deseo de que ninguna comunidad quede privada de estos recursos. Invitamos a párrocos, agentes de pastoral, catequistas y fieles en general a utilizar este material como punto de partida para una renovada valoración de la palabra de Dios en todos los ámbitos de la vida eclesial.
Que María, aquella que desde su corazón meditaba la Palabra, sea modelo en la acogida y escucha atenta del Señor que nos habla.
El Editor




































Introducción
Antes de hacer una reflexión sobre el valor de la Sagrada Escritura en la Iglesia, creo imprescindible definir claramente a qué nos referimos cuando hablamos de Sagrada Escritura. Parece una obviedad, pero, a veces, me he encontrado con gente que confunde términos o incluye algún libro que no corresponde a la Sagrada Escritura.
La Sagrada Escritura, también conocida como la Biblia –su significado literal es «libros»–, es un conjunto de libros –consta exactamente de 73 libros: 46 en el Antiguo Testamento y 27 en el Nuevo Testamento– que conforma el texto central de la fe cristiana y constituye uno de los pilares fundamentales sobre los que se edifica la vida de la Iglesia.

El domingo de la palabra de Dios
El canon actual –conjunto de libros– se definió solemnemente en el concilio de Florencia 1442 y posteriormente en el concilio de Trento del año 1563. Esta enseñanza del concilio de Trento fue una vez más confirmada por el concilio Vaticano I y por el concilio Vaticano II (constitución dogmática Dei Verbum sobre la Sagrada Escritura). El Catecismo de la Iglesia católica reafirma la lista completa de los libros sagrados, incluyendo los deuterocanónicos (CC 120).
A través de sus páginas, se transmite la revelación de Dios, la historia de la salvación y las enseñanzas que guían a las personas creyentes en su camino de fe y vida cotidiana. Redactada a lo largo de siglos, la Biblia ha inspirado a innumerables generaciones y sigue siendo fuente de luz, consuelo y discernimiento para la comunidad cristiana en todo el mundo.
Las dos mesas:
La mesa de la Palabra y la mesa de la Eucaristía

Supongo que, por la influencia de la espiritualidad benedictina en mi formación, siempre he sentido una gran devoción hacia la Sagrada Escritura y a todo lo que ella significa. Por el mismo motivo, siempre es desconcertante encontrar gente que no le da importancia a la Sagrada Escritura, pero que, sin embargo, siente una gran e inmensa devoción por la mesa de la Eucaristía y por la adoración del Cuerpo de Cristo. A veces hay personas que no disponen de un ejemplar de la Biblia en casa y la falta de recursos económicos no es una excusa ya que, actualmente, se pueden encontrar ejemplares de la Sagrada Escritura a todos los precios y en versiones muy buenas por internet.
A esas personas es bueno recordarles que el Jesucristo que nos alimenta en la Eucaristía es el mismo que nos habla en la Sagrada Escritura.
La Iglesia subraya la importancia de ambas mesas: la de la Palabra y la de la Eucaristía: «Las dos partes de que consta la Misa, a saber: la Liturgia de la Palabra y la Eucarística, están tan íntimamente unidas que constituyen un solo acto de culto» (SC 56) y en la constitución dogmática Dei Verbum queda reafirmado de una manera muy clara: «En la Sagrada Escritura, pues, se manifiesta, salva siempre la verdad y la santidad de Dios, la admirable “condescendencia” de la sabiduría eterna, “para que conozcamos la inefable benignidad de Dios, y cuánta adaptación de palabra ha usado teniendo providencia y cuidado de nuestra naturaleza”. Porque las palabras de Dios expresadas con lenguas humanas se han hecho semejantes al habla humana, como en otro tiempo el Verbo del Padre Eterno, tomada la carne de la debilidad humana, se hizo semejante a los hombres» (DV 13).
Así como el Pan consagrado nos alimenta espiritualmente, la Palabra proclamada nutre el corazón y la mente. No son realidades separadas, sino complementarias; juntas fortalecen el vínculo con Dios y con la comunidad.
Privilegiar una sobre la otra nos lleva inevitablemente a un empobrecimiento de la experiencia cristiana y de nuestra capacidad de convertirnos en verdaderas herramientas del Señor. Por este motivo, la Iglesia anima a participar activamente tanto en la escucha de la Palabra como en la celebración eucarística, reconociendo que en ambas se recibe a Jesucristo y se potencian la vida y la misión de la Iglesia.
El concilio Vaticano II: Aire fresco
Siempre, y supongo que debido al intento de reafirmar nuestras diferencias con los hermanos de las Iglesias reformadas –recordemos que para ellas la única revelación son las Sagradas Escrituras–, la Iglesia católica ha insistido y ha enfatizado muchísimo el sacramento de la Eucaristía como algo que nos hace diferentes. También se ha relegado la importancia de la Sagrada Escritura a un papel solamente destinado a los clérigos, religiosos, teólogos o estudiosos y ha dejado que sea la Sagrada Tradición quien se dedique a construir la relación entre la Sagrada Escritura y la comunidad de fieles que constituye la Iglesia.
El domingo de la palabra de Dios
El concilio Vaticano II marcó un antes y un después en este enfoque. La constitución dogmática Dei Verbum rompe el enfoque de unas Sagradas Escrituras para las élites e invita, por un lado, a los ministros, a los responsables de formación y a los teólogos a un trabajo de estudio cuidadoso de la Sagrada Escritura, animando a la formación bíblica para conocer el contexto histórico, cultural y teológico de los textos que les va a permitir una comprensión más profunda, con el fin de evitar interpretaciones simplistas o erróneas que a menudo causan desorientaciones y confusiones. Pero, en dicha constitución, el Concilio va más allá y por primera vez exhorta a cada uno de los fieles de la Iglesia católica a establecer una relación personal con la Sagrada Escritura y a realizar una lectura asidua de la Sagrada Escritura para favorecer su conocimiento y al mismo tiempo crear un entorno de oración en esta relación. Esta relación es lo que llamamos lectio divina. Al mismo tiempo, también invita a los fieles a participar en grupos de estudio, cursos de formación, retiros bíblicos y materiales pedagógicos para favorecer el encuentro con la Palabra y su integración en la vida personal y comunitaria:
Es necesario, pues, que todos los clérigos, sobre todo los sacerdotes de Cristo, y los demás que como los diáconos y catequistas se dedican legítimamente al ministerio de la Palabra se sumerjan en las Escrituras con asidua lectura y con estudio diligente, para que ninguno de ellos resulte «predicador vacío y superfluo de la palabra de Dios que no la escucha en su interior», puesto que debe comunicar a los fieles que se le han confiado, sobre todo en la Sagrada Liturgia, las inmensas riquezas de la Palabra divina.
De igual forma el Santo Concilio exhorta con vehemencia a todos los cristianos en particular a los religiosos, a que aprendan «el sublime conocimiento de Jesucristo», con la lectura frecuente de las divinas Escrituras. «Porque el desconocimiento de las Escrituras es desconocimiento de Cristo». Lléguense, pues, gustosamente, al mismo sagrado texto, ya por la Sagrada Liturgia, llena del lenguaje de Dios, ya por la lectura espiritual, ya por instituciones aptas para ello, y por otros medios, que con la aprobación o el cuidado de los Pastores de la Iglesia se difunden ahora laudablemente por todas partes. Pero no olviden que debe acompañar la oración a la lectura de la Sagrada Escritura para que se entable diálogo entre Dios y el hombre;
porque a Él hablamos cuando oramos, y a Él oímos cuando leemos las palabras divinas (DV 25).
El estudio constante de la Escritura fomenta el respeto por la diversidad y la riqueza de la Tradición cristiana.
Sagrada Escritura en la Iglesia
a. La Sagrada Escritura como palabra de Dios
La Iglesia reconoce la Sagrada Escritura como la palabra viva de Dios y un vehículo de su revelación –«este plan de la revelación se manifiesta en hechos y palabras intrínsecamente conexos entre sí» (DV 2)–, que ha sido comunicada por medio de autores humanos bajo la inspiración del Espíritu Santo. No se trata simplemente de un documento histórico ni de una colección de relatos antiguos, sino que es una voz que interpela constantemente a la humanidad, invitando a la conversión, al compromiso con la justicia y al encuentro personal con Jesucristo. En la Sagrada Escritura, Dios quiso revelarse a sí mismo para comunicar a todos los seres humanos «los bienes divinos, que superan totalmente la comprensión de la inteligencia humana» (DV 6).
Las Escrituras nos revelan la voluntad divina, mostrando el amor de Dios por la creación, la dignidad de las personas y la llamada universal a la comunión. Desde el Génesis hasta el Apocalipsis, la Biblia articula un mensaje de esperanza y redención que trasciende a todas las culturas y épocas, y que sigue resonando en los corazones de quienes la escuchan y meditan. La Sagrada Escritura es pues un deposito sagrado de la palabra de Dios que ha sido confiado a la Iglesia: «Fiel a este depósito todo el pueblo santo, unido con sus pastores en la doctrina de los apóstoles y en la comunión, persevera constantemente en la fracción del Pan y en la oración» (DV 10).
b. Función litúrgica y pastoral En la vida litúrgica de la Iglesia, la Sagrada Escritura ocupa un lugar central. Cada celebración, ya sea la Eucaristía o cualquier otro sacramento, está impregnada de textos bíblicos que ayudan a comprender el misterio de la fe. La proclamación de la Palabra en la Misa, la lectura y meditación diaria, la catequesis y el acompañamiento pastoral encuentran en la Escritura su fuente y horizonte.
Durante la Liturgia, la Palabra es anunciada, explicada y celebrada, no solo como memoria de acontecimientos pasados, sino como presencia viva que transforma constantemente a la comunidad. La Biblia invita a las personas creyentes a escuchar con atención, a responder con generosidad y a dejarse interpelar por Dios en medio de las realidades del mundo.
La Sagrada Escritura se convierte en una herramienta de diálogo vivo y constante con Dios para encontrar, en ella, respuestas a los interrogantes vitales que la humanidad sigue realizándose. Cuestiones profundas que anidan en cada uno de nuestros corazones y para las que solamente encontramos respuesta en Dios. Así pues, la Iglesia debe enseñar que Dios escucha a la humanidad y sigue dando respuesta a sus interrogantes: «La pastoral de la Iglesia debe saber mostrar que Dios escucha la necesidad del hombre y su clamor. Dice san Buenaventura en el Breviloquium: “El fruto de la Sagrada Escritura no es uno cualquiera, sino la plenitud de la felicidad eterna”. En efecto, la Sagrada Escritura es precisamente el libro en el que están escritas Palabras de vida eterna para que no solo creamos, sino que poseamos tam-

El domingo de la palabra de Dios
bién la vida eterna, en la que veremos, amaremos y serán colmados todos nuestros deseos» (VD 23).
c. La Sagrada Escritura como guía ética y moral
La Sagrada Escritura también orienta el comportamiento cotidiano de la comunidad cristiana. La Pontificia Comisión Bíblica en su escrito Biblia y moral: Raíces bíblicas del comportamiento cristiano dice así en su prólogo: «Para los cristianos la Sagrada Escritura no es solo fuente de la revelación, la base de la fe, sino también el punto de referencia de la moral. Los cristianos están convencidos de que, en la Biblia, se pueden encontrar indicaciones y normas para obrar rectamente y alcanza la vida plena».

En sus libros, relatos, parábolas, leyes y exhortaciones encontramos una moral revelada que se convierte en principios para vivir según la voluntad de Dios. Temas como la justicia, la misericordia, el perdón, la solidaridad y el amor al prójimo se desarrollan a lo largo de los libros que forman las Sagradas Escrituras, ofreciendo criterios para discernir y actuar con rectitud.
Las enseñanzas de Jesús, especialmente en los evangelios, son, para los cristianos, el Camino y la Verdad de todo nuestro vivir y la única manera de conseguir la verdadera vocación cristiana. Para los no cristianos, sigue siendo modelo y referencia para quienes buscan vivir de manera humanista.
La Palabra invita a transformar las estructuras personales y sociales a la luz del Evangelio, contribuyendo así a la construcción de una sociedad más humana y fraterna.
Conclusión
La Sagrada Escritura es el corazón de la vida cristiana y de la misión de la Iglesia. Su importancia trasciende la mera transmisión de conocimientos; es fuente de vida, de comunión y de santidad para quienes la acogen con humildad y apertura. Escuchar, meditar y vivir la Palabra es la tarea permanente de toda persona creyente y de toda comunidad eclesial.
En cada época, la Iglesia va redescubriendo la riqueza de la Escritura y la necesidad de integrarla en todas sus dimensiones: Liturgia, pastoral, formación, vida personal y acción social adaptada a los signos de los tiempos. De este modo, la palabra de Dios continúa iluminando el camino de la Iglesia y la va renovando, fortaleciendo la identidad cristiana y el compromiso con el mundo.
La Sagrada Escritura es un diálogo abierto y constante entre Dios y la humanidad. En cada momento, en cada circunstancia y en cada sociedad, Dios nos habla en nuestros corazones mediante la Sagrada Escritura revelándose según la capacidad de cada uno y según su momento.

Introducción
Cuando en la Iglesia, y más concretamente respecto a la Liturgia, hablamos de mesa, nuestra primera y lógica mirada se dirige al altar. El altar tiene forma de mesa porque su origen está en las aras o mesas de sacrificios y ofrendas. En el cristianismo el altar es donde se hace memoria del sacrificio de Jesús, ofreciéndose a nosotros y haciéndose verdaderamente presente en la Eucaristía que comulgaremos para alimentar nuestra fe y nuestra vida cristiana.
La mesa, además, nos evoca también otros aspectos que reseñables:
•La mesa como elemento destacable del hogar. Benedicto XVI en su exhortación apostólica Verbum Domini utiliza la denominación «casa de la Palabra» (VD 52).
•La mesa como elemento evocador de la cotidianidad. ¡Cuántas cosas, por sencillas que sean, se cuecen y realizan en las mesas de nuestras casas! Muchos de nuestros recuerdos familiares se desarrollan en torno a la mesa y a las sobremesas.
•La mesa como el lugar donde se encuentra el alimento que nos permite vivir, que nos da fuerzas para trabajar y ayudar, que nos permite compartir y agradecer.

La Iglesia nos ofrece en sus celebraciones eucarísticas dos mesas: una, la más evidente, la mesa de la Eucaristía, donde se ofrece, consagra y reparte a Jesús Eucaristía, el Pan de Vida. Pero, a su vez, también nos ofrece la otra mesa, la mesa de la Palabra, que antecede a la anterior. Esto supone otorgar reconocimiento de alimento también a la palabra de Dios. No solo nos alimentamos del Pan de Vida sino también de la Palabra de Vida. Y esta mesa de la Palabra ha sido considerada tan necesaria que antecede a la mesa de la Eucaristía, como si fuese, o mejor dicho, siendo realmente, un aperitivo que nos prepara para recibir el otro alimento. La Biblia, pues, es la mejor preparación para recibir a Jesús Eucaristía. En el libro Con el corazón en ascuas. Meditación sobre la vida eucarística de Henri J. M. Nouwen (Sal Terrae 1996), el autor nos lleva a un viaje bíblico, el recorrido de los caminantes de Emaús (Lc 24), paralelo a un viaje eucarístico, el recorrido de una Misa, comparando los diferentes momentos que hay en ambos recorridos: El lamento de la pérdida frente al Señor ten piedad; el discernir la presencia frente a la palabra de Dios; el invitar al desconocido frente al Credo; el entrar en comunión frente al «Tomad y comed» y el envío en misión frente al «podéis ir...». Se muestra, pues, en el libro de forma muy evidente que tanto en el camino de Emaús como en todas nuestras Misas el recorrido va de la Palabra como discernimiento e invitación a la Eucaristía como alimento y fuerzas-gracias para el envío.
La íntima relación entre la palabra de Dios y la Eucaristía
De esta manera están íntimamente ligadas Palabra y Eucaristía. Así nos lo explica de forma tan sencilla como firme Benedicto XVI en Verbum Domini:
Palabra y Eucaristía se pertenecen tan íntimamente que no se puede comprender la una sin la otra: la palabra de Dios se hace sacramentalmente carne en el acontecimiento eucarístico. La Eucaristía nos ayuda a entender la Sagrada Escritura, así como la Sagrada Escritura, a su vez, ilumina y explica el misterio eucarístico (VD 55).
En esa misma exhortación se nos ofrecen unas palabras esclarecedoras y profundas de san Jerónimo:
Nosotros leemos las Sagradas Escrituras. Yo pienso que el evangelio es el Cuerpo de Cristo; yo pienso que las Sagradas Escrituras son su enseñanza. Y cuando él dice: «Quién no come mi carne y bebe mi sangre» (Jn 6,53), aunque estas palabras puedan entenderse como referidas también al Misterio [eucarístico], sin embargo, el Cuerpo de Cristo y su Sangre son realmente la Palabra de la Escritura, son la enseñanza de Dios (VD 56).

El mismo san Jerónimo, y así lo recoge Benedicto XVI en Verbum Domini tal como acabamos de ver, se cuestionaba que nos preocupemos tanto –y sí, debemos hacerlo– de que no se pierda ninguna partícula de Jesús Eucaristía y, en cambio, nos preocupemos tan poco de que no se pierdan las partículas de la Palabra que han de llegar desde la voz del ambón hasta los oídos de los fieles en sus bancos o sillas. Y ello no es una cuestión menor o poco relevante. Al contrario, si la Palabra es alimento necesario para nuestra vida cristiana, entonces nos debe preocupar que a todos les llegue, que todos puedan escucharla.
Cobra relevancia en estos momentos la participación de los fieles en la proclamación de la Palabra. Cada vez participan más y, por ello, también cada vez es más necesaria una formación bíblica, litúrgica y técnico-práctica por medio de cursos de lectores que puedan habilitar tanto a los fieles colaboradores en esa tarea como a los que sean llamados a un mayor compromiso recibiendo el ministerio de lector. Haciendo caso a san Jerónimo, no debiéramos perder partículas del alimento de la Palabra por poner a subasta entre los espontáneos –por muy buena voluntad que tengan– la proclamación.
Por tanto, la Palabra debe ser cohesionadora de la comunidad, es decir, factor imprescindible de la Comunión. Y, aclaramos, no solo nos referimos a la Comunión de Jesús Eucaristía en las especies de Pan y Vino, sino también a la Comunión eclesial, que debe surgir como consecuencia de la celebración eucarística en su doble mesa, la Palabra y la Eucaristía.
De esta manera, el ambón se convierte en el signo de esa otra mesa, la de la Palabra, desde donde se reparten las Palabras de la Biblia y su explicación en la homilía –esta también se puede realizar desde la Sede–.
Y por todo ello podemos reseñar, tal como hace Verbum Domini, la Liturgia como el lugar privilegiado de la Palabra:
Todo acto litúrgico está por su naturaleza empapado de la Sagrada Escritura (VD 52).
La celebración litúrgica se convierte en una continua, plena y eficaz exposición de esta palabra de Dios (VD 53).

Exposición del Santísimo Sacramento
Mientras el obispo, sacerdote o diácono –o un ministro extraordinario–toma el viril del Sagrario y coloca el Santísimo Sacramento en la custodia se puede cantar el Pange lingua.
Pange lingua gloriosi
Corporis mysterium, Sanguinisque pretiosi, quem in mundi pretium fructus ventris generosi, Rex effudit gentium.

Nobis datus, nobis natus ex intacta Virgine et in mundo conversatus, sparso verbi semine, sui moras incolatus miro clausit ordine.


A continuación se aclama:
V/ Viva Jesús sacramentado.
R/ Viva y de todos sea amado.
O bien
V/ Alabado sea el Santísimo Sacramento.
R/ Sea por siempre bendito y alabado.
Y se reza un Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria.
Después se prosigue con la lectio divina verdad, camino y vida.


4,12-23)
Nos acercamos al texto y dejamos que nos ilumine, tratando de comprender el contexto en el que se desarrolla y fue escrito. ¿En qué situación se encontraban aquellos personajes? ¿Cómo estaban viviendo? ¿Qué experimentaban?
12Cuando [Jesús] oyó que Juan estaba en la cárcel, Jesús se retiró a Galilea.
13Dejó Nazaret, y se fue a vivir a Cafarnaún, en la ribera del lago, en los términos de Zabulón y Neftalí, 14para que se cumpliese lo que había anunciado el profeta Isaías: 15Tierra de Zabulón y de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los paganos; 16el pueblo que yace en las tinieblas ha visto gran luz, y para los que yacen en la región tenebrosa de la muerte ha brillado una luz.
Vamos a iniciar una nueva aventura dentro de nuestro itinerario de fe, un viaje de sur a norte, de extremo a extremo, lo mismo que Jesús en el evangelio. Vamos a intentar salir de lo que llaman nuestra zona de confort para encontrarnos con la palabra de Dios. Pero, será necesario, que al igual que los apóstoles y el mismo Jesús, tomemos conciencia de dónde nos encontramos y cuál es nuestra situación. Para ayudarnos, observaremos dónde se encuentra Jesús.
Jesús es una persona que oye, que escucha, que está a la expectativa, atento a los acontecimientos diarios, porque en ellos, puede ser que descubra la voz de su Padre. Jesús deja el Mar Muerto y se dirige al Mar de Galilea: un mar repleto de vida. Esto lo hace movido por el Espíritu, como se nos recuerda en diversos pasajes de los evangelios. Esta es la primera enseñanza que nosotros podemos sacar de la lectura de este pasaje evangélico. Es necesario que estemos atentos a la voz de Dios y que nos dejemos interpelar por el Espíritu Santo. Pero, ojo, porque es posible que, como decíamos antes, esa escucha y ese dejarnos hacer por el Espíritu nos lleven a ponernos en camino, nos hagan salir de nuestra comodidad, aunque lo más probable es que nos dirijan a un lugar repleto de vida.
Jesús se pone en camino para llevar la luz a todos aquellos que viven en tinieblas, en oscuridad, a los que se encuentran perdidos, porque la palabra de Dios es luz. Un cristianismo triste y tenebroso no es el que nos vino a traer Jesús, no es el que quiere el Padre que vivamos, no es el que nos inspira el Espíritu Santo. Cabe preguntarnos: ¿nos pondremos también nosotros en camino para ser luz en Cristo para los demás?
En este itinerario hay algo muy claro y es que la palabra de Dios es eterna y se cumple cada día. Mateo quiere dejárselo claro a su comunidad y también a cada uno de nosotros. En Jesús se cumple aquello que había sido anunciado por los profetas, en concreto por el profeta Isaías.
El evangelio es cumplimiento del proyecto de amor de Dios que abarca toda la historia de la humanidad. ¿Queremos ser testigos de esta historia de amor? Hay, entonces, que ponerse en camino.
Camino (meditatio-meditación)
Seguimos adentrándonos en el texto y tratamos de buscar en él aquello que Dios, en este momento de la historia personal de cada uno, nos está ofreciendo y nos está pidiendo.
17Desde entonces comenzó Jesús a predicar y decir: «Convertíos, porque el reino de Dios está cerca». Llama a cuatro pescadores.
18Paseando junto al lago de Galilea, vio a dos hombres: Simón, llamado Pedro, y Andrés, su hermano, echando la red en el lago, pues eran pescadores.
19Y les dijo: «Venid conmigo y os haré pescadores de hombres».
Al intentar comenzar el camino para ser testigos de esa historia de amor de Dios nos damos cuenta de que la palabra de Dios, ante todo, nos trae esperanza: «el reino de Dios está cerca». Está presente entre nosotros, está aquí, en nuestra vida diaria. Si no somos capaces de verlo, posiblemente necesitemos convertirnos, es decir, cambiar nuestra manera de ver las cosas, comenzar a mirar desde otra perspectiva: la perspectiva de Jesús de Nazaret. Pero para esto es preciso que practiquemos la humildad, que seamos conscientes de nuestras debilidades y nuestras fortalezas, sintiéndonos a la vez necesitados de la bondad y la misericordia de Dios, no
cumpliendo únicamente un código moral, sino emprendiendo un camino de seguimiento de Jesús y de servicio a los hermanos. A eso nos llama Jesús: a ser luz para otros; eso sí, porque antes nosotros nos hemos dejado inundar por su luz.
Ese fue el camino que emprendieron los apóstoles. Ellos comenzaron por encontrarse con Jesús y por estar abiertos a su Palabra. Estaban dispuestos a iniciar un proceso personal para experimentar el amor de Dios, que se manifestaba en las palabras del Maestro de Nazaret. Apostaron por dejar lo bueno: su trabajo, su entorno social, sus seguridades... por alcanzar lo excelente: la plenitud de la vida en Dios. ¿Eso significa, que uno debe dejarlo todo para seguir a Jesús? Depende, cada uno debe discernir personalmente su vocación. Pero lo que si es posible que tengamos que dejar es todo aquello que nos ata, que nos impide ser coherentes con nuestra escala de valores, lo que nos impide ser verdaderamente felices, aun dentro de las muchas dificultades de la vida, todo aquello que nos impide el seguimiento de Jesús. Cada uno ha de descubrir cuáles son las redes que le resultan difíciles de dejar atrás y por qué.
Hoy, también, a cada uno de nosotros Jesús nos invita a que nos vayamos con él y nos convirtamos en pescadores de hombres. No invita a experimentarlo y a hacer partícipes a otros de esa experiencia. ¿Estamos dispuestos?
Vida (oratioyactio- oración y acción)
Vamos profundizando en el texto e intentamos, con él y a partir de él, dar una respuesta a algunos de los interrogantes que pueden surgir en nuestra vida. Pero, a veces, no existe una respuesta clara y entonces solo nos queda aceptar, acoger, orar, esperar y comprometernos con la búsqueda del reino; eso sí, comenzando a dar pequeños pasos.
20Ellos, al instante, dejaron las redes y lo siguieron.
21Fue más adelante y vio a otros dos hermanos: Santiago, el de Zebedeo, y Juan, su hermano, en la barca con su padre Zebedeo, remendando las redes;
22y los llamó. Ellos, al instante, dejaron la barca y a su padre, y lo siguieron. Jesús empieza a predicar.
23Jesús recorría toda Galilea enseñando en sus sinagogas, predicando el evangelio del reino y curando todas las enfermedades y dolencias del pueblo.
Los apóstoles, al instante, dejaron atrás todo lo que les ataba, para seguir a Jesús. Supieron descubrir el instante de Dios en sus vidas. Ese momento crucial y único en el que uno siente como un chispazo y se decide a dar el primer paso. A veces, un paso pequeño, pero el más importante, porque a partir de él se ha comenzado a andar por el camino. Para darnos cuenta de ese instante, es necesario estar atentos a los acontecimientos y a la Palabra que Dios nos va dirigiendo cada día, porque serán aquellos y esta los que nos ayuden a ponernos en movimiento.
Cuando demos ese primer paso que, muchas veces, es el más difícil, entenderemos que estamos caminando hacia la luz, caminando hacia hacer de nuestra vida una experiencia de Jesús resucitado. Porque primero y antes de nada, esos pasos nos tienen que encaminar a hacer experiencia en nuestra vida de la vida del propio Jesús, solo así podremos hablar de lo que hemos visto y oído, muchas veces no de una manera tangible, palpable, evidente al momento.
Vivir la vida con Jesús es vivirla de una forma integral, sin olvidar ninguna de las dimensiones del ser humano. Vivir y experimentar a Cristo resucitado nos va a permitir compartirlo con otros, para que todos aquellos que entran en contacto con nosotros puedan también emprender el camino que conduce hacia la luz que es hoy y siempre Jesús de Nazaret, que se manifiesta en la Palabra.
Comenzó Jesús a predicar y decir:
«Convertíos, porque el reino de Dios está cerca»
Pidamos al Padre que nos ilumine por medio del Espíritu y nos otorgue los recursos y gracias necesarias para que sepamos descubrir la luz de Jesús y su Palabra en los acontecimientos de nuestra vida, y así podamos comenzar un camino de conversión que nos lleve a hacer experiencia de su amor y misericordia, para que desde la humildad seamos capaces de mostrarlo y ofrecerlo a los demás, poniéndonos a su servicio.

Antes de la bendición con el Santísimo Sacramento se puede cantar el Tantum ergo.
Tantumergo
Tantum ergo Sacramentum veneremur cernui. Et antiquum documentum novo cedat ritui.
Praestet fides supplementum sensuum defectui. Genitori, Genitoque laus et iubilatio, salus, honor, virtus quoque sit et benedictio.
Procedenti ab utroque compar sit laudatio. Amen.
También antes de la bendición, si el ministro lo considera oportuno, se pueden rezar las alabanzas de desagravio.
Estas alabanzas se deben invocar antes de la bendición, ya que esta debe ser lo último que se haga antes de la reserva.
Alabanzas de desagravio
Bendito sea Dios.
Bendito sea su Santo Nombre.
Bendito sea Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre.
Bendito sea el Nombre de Jesús. Bendito sea su Sacratísimo Corazón.
Bendita sea su preciosísima Sangre. Bendito sea Jesús en el Santísimo Sacramento del altar.
Bendito sea el Espíritu Santo paráclito.
Bendita sea la excelsa Madre de Dios, María Santísima.
Bendita sea su santa e inmaculada Concepción.
Bendita sea su gloriosa Asunción.
Bendito sea el nombre de María Virgen y Madre.
Bendito sea san José, su castísimo esposo.
Bendito sea Dios en sus ángeles y en sus santos.

domingo de la palabra de Dios
Oremos: Oh Dios, que en este admirable sacramento nos dejaste el memorial de tu Pasión, te pedimos nos concedas venerar de tal modo los sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu Sangre que experimentemos constantemente el fruto de tu redención. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. R/ Amen.
Solo un ministro ordenado, con el paño humeral, tras hacer genuflexión, toma la custodia o el copón, y sin decir nada, traza con el Sacramento la señal de la cruz sobre el pueblo.
Concluida la bendición, el ministro reserva el Santísimo Sacramento en el Sagrario, y hace genuflexión, en tanto que el pueblo puede cantar alguna aclamación.
Si no hubo bendición, por ausencia de ministro ordenado, el ministro extraordinario reservará el viril en el sagrario.










Monición de entrada
Queridos hermanos y hermanas, llegados al III domingo del Tiempo Ordinario, en el que la Iglesia nos propone celebrar, reflexionar y difundir la palabra de Dios, nos unimos como pueblo santo de Dios para escuchar atentamente y con fe la Sagrada Escritura, que es fuente de luz y de vida. Desde ahora hacemos todo lo posible para que ella transforme nuestra existencia, haciendo nuestro el mensaje de Jesucristo y llevando esta experiencia a los confines del mundo.
Hoy también clausuramos la Jornada de oración por la unidad de los cristianos. Pidamos al Señor las gracias necesarias para hacer posible su deseo: «Que todos sean uno, como tu y yo Padre somos uno».
Dispongámonos a esta celebración con el deseo de que la Palabra nos anime, nos fortalezca y nos envíe como testigos de la Buena Noticia.
Rito de entronización de la Sagrada Escritura
Es conveniente preparar dignamente un lugar destacado para realizar el rito de entronización de la Sagrada Escritura; puede ser el ambón o una mesita auxiliar cerca del altar mayor. Es importante que después el Libro quede expuesto en un lugar visible para la posterior veneración por parte de los fieles.
Entrada procesional y ritos iniciales
Un diácono o sacerdote –podría ser también un lector instituido o un catequista– lleva en procesión el libro de la Sagrada Escritura. Donde sea posible, irá acompañado por la cruz procesional, incensario y velas según la costumbre litúrgica, seguido por los ministros ordenados. Mientras se entona el canto de entrada.
Al llegar al lugar de la entronización se coloca el libro con respeto en el sitio correspondiente que haya sido preparado con anterioridad.
Posteriormente, se continúa con los ritos iniciales de la Celebración Eucarística o en su defecto con la conveniente salutación al pueblo.
En este momento, se puede realizar una breve oración destacando la importancia de la palabra de Dios en la vida de la Iglesia con estas u otras palabras:
Padre Bueno, que por medio de tu Palabra nos has revelado el gran amor que tienes hacia la humanidad, te damos gracias por hacernos participes de tu plan de salvación y regalarnos la Sagrada Escritura para que ella sea nuestra fuente inagotable de sabiduría consuelo y vida. Concédenos que, al venerarla en este acto de entronización, se fortalezca en nosotros el deseo de vivir haciendo tu voluntad y de acogerla como Palabra de vida.
Se continúa, si procede, con el acto penitencial y el canto del Gloria.

El domingo de la palabra de Dios
Liturgia de la Palabra
A continuación, se proclama la palabra de Dios que la Liturgia nos regala para este III domingo del Tiempo Ordinario y el que preside la celebración –o también puede ser otro ministro– pronuncia la homilía.
Dentro de la celebración eucarística a continuación se proclama el Credo. Y posteriormente sigue la oración de los fieles.
La celebración eucarística continúa según las disposiciones litúrgicas.
Monición a la primera lectura y salmo
La profecía de Isaías que ahora escucharemos nos llena de esperanza en medio de las tinieblas cotidianas que enfrentamos: brillará una gran luz que traerá paz y alegría. La luz que relata es la promesa hecha por Dios, su Palabra que ilumina y da consuelo a quienes confían en Él. Esa confianza se reafirma con la proclamación del salmo, una invitación a una fe inquebrantable en el Señor, que es nuestra luz y nuestra salvación.
Monición a la segunda lectura
Pablo quiere dejar claro que hay que anunciar el Evangelio a través de la experiencia de Cristo, palabra eterna del Padre, y nos exhorta a la unidad disipando todo intento de división entre los cristianos, es decir, aquellos que centran su esperanza y su fe en Cristo de donde procede toda salvación.
Monición al Evangelio
El arrepentimiento y la conversión son el mensaje que difunde Jesús como Hijo de Dios al iniciar su misión. Esta es la luz que brilla en las tinieblas, anunciada en los profetas. La invitación a seguirle marca un itinerario de predicación que anuncia la llegada del reino de Dios. Nuestra respuesta debe ser un corazón abierto a su llamada.

a. Con una sonrisa en el corazón (y un pequeño tropezón)
Cuentan que un anciano tenía la costumbre de salir cada mañana al balcón de su casa, mirar al cielo, sonreír y decir: «Señor, ¡gracias, porque todavía sigues confiando en mí!». Cuando un vecino curioso le preguntó cuál era el secreto de tanta alegría, respondió con picardía: «Cada día es una nueva oportunidad: si Dios me despierta, es porque algo todavía me quiere regalar... ¡o me quiere cambiar!».
La verdad, lo que no cuentan es que a veces, al salir corriendo en esas mañanas, uno tropieza con la esquina de la alfombra o acaba poniéndose los calcetines de distinto color. ¡Eso sí que es empezar el día en modo discípulo despistado! Pero justo en esos pequeños detalles se nos muestra que, antes de ser «perfectos», somos humanos y Dios nos llama así, tal cual somos: calcetines desparejados, prisas, alegrías y algún que otro olvido...
Y permitidme abrir un poco mi corazón: No siempre me es fácil tener fe cuando las cosas se tuercen o aparecen dudas. Más de una vez he sentido que camino entre sombras, que me cuesta encontrar sentido o entusiasmo. Y sí... como a todos, a veces me levanto sin ganas, con miedo, o sintiéndome algo torpe ante los retos del día a día. Pero he descubierto que en esos momentos, Jesús no se aparta de mí; al contrario, suele estar mucho más cerca, a menudo en silencio, invitándome a seguir adelante. Compartir esto me ayuda a recordar que somos hermanos en la misma lucha, sostenidos por la misma Palabra.
b. Idea principal
Hoy el Señor nos invita a creer que su Palabra es esa «gran luz» que ilumina nuestras sombras y nos lanza a una vida nueva, sin miedo, unidos como hermanos, siguiendo a Jesús.
c. De la luz a la misión (y alguna torpeza cotidiana)
El profeta Isaías en la primera lectura lo describe con poesía: «El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande». ¿Qué significa esto? Que Dios no se cansa de venir donde hay oscuridad, llanto, tristeza o desunión para encender la esperanza.
A veces parece que somos grandes expertos en tropezar una y otra vez con la misma piedra –o con el mueble del pasillo, según el día–. ¿No os pasa que decimos: «A partir de mañana, madrugo para rezar», y a la semana ya estamos negociando con el despertador? Somos así: entusiastas y a la vez frágiles. Pero ese es el terreno fértil donde Dios siembra su Palabra. La imagen de la llamada de los discípulos en el evangelio es preciosa. Ellos estaban metidos en lo suyo, en su rutina de todos los días. Quizás alguno también pensaba ya en qué iba a comer o en sus preocupaciones. Y, ¡zas!, Jesús pasa, los mira y les dice: «Venid en pos de mí». Y ellos, con toda su torpeza y humanidad, «dejaron las redes» y lo siguieron.
Eso nos muestra que Jesús no elige solo a los «mejores», sino a los disponibles, a los que, a pesar de sus dudas, están dispuestos a dejarse sorprender. Como afirmaba la Madre Teresa de Calcuta: «Dios no nos llama a ser exitosos, sino fieles».
d. ¿Y nosotros, hoy?
La palabra de Dios no es un libro para la estantería, sino una lámpara para la vida. El papa Francisco lo recordó: «La palabra de Dios se nos da como Palabra de vida que transforma el corazón, que renueva, que no juzga para condenar, sino que cura y tiene como fin el perdón. ¡Una Palabra que ilumina nuestros pasos!». Hoy podemos vivirla en lo concreto:
•En lo personal: Dedica cada día un momento breve a leer un pasaje del evangelio y preguntarte: «Señor, ¿qué quieres decirme a mí hoy?». No te preocupes si alguna vez te olvidas o te despistas; lo importante es volver y dejarte mirar por Él.
•En la familia: Antes de apagar la luz, lee una frase de la Biblia con quienes compartes casa. Si algún día te saltas el orden y lees el mismo versículo dos veces, ¡ríete y disfrútalo! La palabra de Dios no caduca.
•En el trabajo o estudios: Intenta ser luz, aunque alguna vez respondas con menos paciencia de la que quisieras. Pide perdón, vuelve a empezar.
•En la comunidad: No te desanimes si surgen pequeñas discusiones o diferencias. Todos estamos aprendiendo a remar juntos en esta barca. Como dice san Pablo, «estad bien unidos con un mismo pensar y un mismo sentir».
No cambiamos el mundo en un solo día, pero cada pequeño paso, incluso con tropiezos, es grande a los ojos de Dios.
e. Conclusión
Queridos amigos: Jesús es la gran luz que disipa nuestras tinieblas. Hoy nos llama a abrirle el corazón en nuestra realidad concreta, no en una realidad perfecta. Nos llama, sabiendo de nuestras luchas, de nuestros despistes y de nuestras torpezas. Pero así, en lo pequeño y frágil, él escribe su historia de salvación.
f. Oración comunitaria
Señor Jesús, luz verdadera, entra hoy en nuestras sombras y debilidades. Ilumina nuestras horas de cansancio y de miedo.
Ayúdanos a descubrir que, aunque tropecemos, tu Palabra nos levanta y nos llama a seguir caminando. Haz de nosotros discípulos alegres, capaces de reírnos de nosotros mismos y de seguirte fielmente.
Amén.
g. Preguntas para tu corazón esta semana
•¿Dejas que la palabra de Dios ilumine tu vida cada día, aunque a veces te despiste?
•¿Qué pequeño gesto o detalle de amor puedes regalar esta semana, aunque parezca insignificante?
•¿Estás dispuesto a dejar tus «redes» –rutinas, miedos, despistes...–para seguir a Jesús con más confianza?
h. Imagen para recordar Imagina que, cada vez que abres la Biblia, se enciende una lámpara en tu habitación que ahuyenta la oscuridad. A veces te equivocas de página, a veces lees por segunda vez el mismo versículo... ¡No pasa nada! Cristo te sonríe y te dice: «Ven, sígueme».
i. Idea central grabada en el corazón
La palabra de Dios es la luz que transforma las tinieblas, incluso las de nuestra torpeza y fragilidad, en esperanza. Nos llama a seguir juntos a Jesús, tal como somos.

a. «¿Y si hoy fuera el primer día del resto de tu vida?» Un amigo mío me contaba hace poco, con una sonrisa vergonzosa, que intentaba, cada lunes, empezar la semana «como nuevo». Pero cuando llega al martes... ¡el café ya no surte efecto, y la lista de lo pendiente vuelve a crecer misteriosamente! «¿Seré un desastre?», me decía. Y por dentro yo pensaba: «Bienvenido al club».
No sé tú, pero a veces me descubro intentando hacer todo bien y, sin embargo, meto la pata igual que siempre: olvido una fecha importante, gasto la paciencia en el atasco, me ganan la prisa o la comodidad. Todos, por fuera o por dentro, necesitamos un nuevo comienzo. Incluso si a veces, como en mi caso, lo que más cuesta es simplemente volver a confiar después de un tropiezo.
Esta semana leía en un reportaje que hay gente que mira la Biblia como un libro «antiguo», lejano. Sin embargo, para muchísimos –jóvenes, abuelos, personas en crisis– es una fuente diaria de consuelo, de sentido y de luz para el presente. Historias como la tuya y la mía, luchas reales, esperanzas que necesitamos. Por eso, el papa Francisco dedicó este domingo a la palabra de Dios: porque está viva, es cercana y puede convertir esta semana, y toda nuestra vida, en una historia nueva.
¿Y si la respuesta a tu mayor cansancio, miedo o pregunta está hoy esperándote en la palabra de Dios?
b. Idea principal
Hoy el Señor nos dice: su Palabra es luz para tus tinieblas, alegría para tu corazón y fuerza para ponerte en camino de nuevo. Jesús te llama: déjate iluminar y arriésgate a cambiar.
c. Lecturas
La primera lectura (Isaías) nos pinta esta imagen:
El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande; a los que vivían en sombra de muerte, una luz les brilló.
No sé tú, pero hay días en los que mi humor parece una linterna sin pilas. ¡Y no siempre tengo la energía de un santo! De vez en cuando me
El domingo de la palabra de Dios
doy cuenta de que –aunque sea sacerdote– no siempre tengo respuestas, cuando la vida se pone complicada. Cuando dudo, cuando las cosas me superan, cuando no lo veo claro... me acuerdo de estas palabras:
Dios puede escribir derecho con renglones torcidos.
En el evangelio, Jesús aparece justo donde menos lo esperan: Galilea, la región «de segunda», el territorio despreciado. Ahí empieza la revolución de la luz. ¿Y sabes cuál es el primer mensaje?:
Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos.
Me gusta pensar en Pedro y Andrés, Santiago y Juan, pescadores cansados, con las manos llenas de callos por el trabajo y olor a redes. Jesús pasa, los mira a los ojos y les dice:
Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres.
Imagino la escena y me imagino a mí mismo, con mis prisas y despistes, y al Señor guiñándome el ojo al pasar, como diciendo: «Sí, incluso contigo, aunque hoy lleves los calcetines desparejados y el café se te haya caído en la camisa». El Evangelio empieza para los que no tienen la vida perfecta.
Como decía san Juan Pablo II:
No tengáis miedo: abrid, más todavía, abrid de par en par las puertas a Cristo.
¿Dónde necesitas esa «luz grande» para dejarte sorprender por Jesús?
d. Aplicación concreta
•En lo personal: Dedica cada día, aunque solo sean 2 o 3 minutos, a leer un trozo del evangelio. No busques comprenderlo todo; deja que una Palabra resuene. Al principio cuesta –¡cómo aprender a bailar salsa si, como yo, tienes dos pies izquierdos!–, pero poco a poco notarás que esa Palabra te acompaña y te da fuerza.
El domingo de la palabra de Dios
•En la familia: ¿Y si probáis a leer juntos una cita bíblica antes de cenar –o a dejarla escrita en la nevera– para recordaros, aun en medio del lío de deberes y cenas rápidas, que Dios está presente en esa mesa?
•En el trabajo o estudios: Lleva el evangelio en el móvil. Cuando tengas un momento difícil o estés cansado, busca una frase que te levante el ánimo. Algo así como la «barra de energía espiritual» frente a la jornada –¡ojalá dieran eso en la máquina de snacks!–.
•En la comunidad: El Evangelio de hoy nos llama a dejar peleas, chismes y divisiones. Nos recuerda, como san Pablo a los corintios, que «Cristo no está dividido», y que lo que une es mucho más potente que lo que separa. Propongámonos un pequeño acto de reconciliación, perdón o fraternidad real esta semana.
Te confieso que me cuesta ser coherente con todo esto. Hay días en que no me apetece rezar, o me olvido, o me pierdo en mi rutina. Pero he comprobado que, cuando vuelvo a la Palabra y acepto mi pequeñez, Dios siempre pone la luz donde más la necesito. No soy ejemplo de perfección, ¡soy obra en proceso y discípulo muy distraído! Eso sí, nunca me deja solo.
Como dice el papa Francisco:
Dios no se cansa de perdonar, somos nosotros los que nos cansamos de pedirle perdón.
¿En qué rincón de tu semana puedes permitir que la Palabra te guíe un paso más?
e. Idea central
La palabra de Dios es la luz que necesitas hoy. Te espera –no para juzgarte, sino para renovar tu corazón– y te llama a ser portador de esa luz para otros.
f. Imagen
Imagina que cada vez que abres la Biblia, incluso con sueño, prisas o dudas, Dios enciende una pequeña lámpara en tu interior. Esa luz, a veces tenue, a veces intensa, nunca se apaga si la buscas con un corazón sincero.
g. Oración comunitaria
Señor, tú sabes lo sencillo y limitado que soy. Gracias por venir y buscarme incluso cuando no te espero.
Que tu Palabra sea mi faro en la tormenta y mi alegría en la rutina. Ayúdame a dejar mis redes, a seguirte sin miedo y a contagiar tu luz en mi casa, en mi trabajo, en mi comunidad. Que muchos, al ver mi vida, puedan descubrir que tú eres el Camino, la Verdad y la Vida. Amén.
h. Preguntas para meditar esta semana
•¿Te permites «resintonizar» cada día, aunque sea unos minutos, con la palabra de Dios?
•¿Cuál es el pequeño gesto de amor concreto que puedes elegir regalar esta semana?
•¿Qué aspecto de tu vida necesita la luz y el consuelo de Jesús hoy?
i. Recuerda
Cada pequeña acción de amor regala a Dios una parte de ese mundo nuevo que soñamos construir. Hoy podemos empezar.
Y si alguna vez piensas que tu pequeña luz no basta... recuerda que nunca enciendes la lámpara solo.
Que el Señor nos dé a todos una semana luminosa, valiente y llena de esperanza.

Oración de los fieles
El que preside la celebración: Hermanos, reunidos en el domingo de la palabra de Dios y en la clausura de la semana de oración por la unidad de los cristianos, elevemos con fe nuestras súplicas al Padre, confiando en que su Palabra es luz para nuestro caminar. Respondamos:
R/ Señor, escucha nuestra oración.
1. Por la Iglesia extendida por toda la tierra: para que, iluminada por la palabra de Dios, viva siempre en fidelidad al Evangelio y sea signo de unidad y esperanza. Roguemos al Señor.
2. Por los pastores del pueblo de Dios: el Papa, los obispos, sacerdotes y diáconos, para que anuncien con valentía la Palabra que salva y la expliquen con claridad y amor. Roguemos al Señor.
3. Por todos los cristianos: para que el Espíritu Santo nos lleve a superar divisiones, crecer en fraternidad y caminar hacia la plena unidad querida por Cristo. Roguemos al Señor.
4. Por los que gobiernan las naciones: para que, iluminados por la palabra de Dios, trabajen por la justicia, la paz y el bien común de todos los pueblos. Roguemos al Señor.
5. Por los que sufren en cuerpo o espíritu: enfermos, pobres, migrantes y excluidos, para que la palabra de Dios sea consuelo en sus pruebas y motivo de esperanza. Roguemos al Señor.
6. Por nuestra comunidad parroquial: para que, alimentada en la mesa de la Palabra y de la Eucaristía, viva unida y sea testimonio de fraternidad en el mundo. Roguemos al Señor.
El que preside la celebración:
Señor, Dios nuestro, que nos has enviado a tu Hijo Jesús para anunciarnos la Buena Noticia del reino y curar nuestras enfermedades y dolencias, escucha ahora nuestras súplicas. Por Jesucristo, nuestro Señor.
R/ Amén.
domingo de la palabra de Dios

Acto simbólico de veneración de la Biblia
Antes del rito de despedida o en su defecto después de oración de los fieles cuando este rito no se celebra dentro de la Eucaristía, se puede realizar este acto de simbólico de veneración de la Biblia.
El que preside la celebración puede sostener el libro de la Sagrada Escritura que se ha entronizado delante del altar para que los fieles que han participado en la celebración puedan pasar y besar el libro o realizar una inclinación ante el mismo.
A continuación, se despide al pueblo como de costumbre.



























«¡La paz esté con todos vosotros!». Con esta frase evangélica se daba a conocer al mundo el papa León XIV. Desde el balcón de la basílica de San Pedro, el 8 de mayo de 2025, en su primera aparición pública, lanzaba un mensaje clarísimo que marcaba el inicio de su pontificado: su preocupación por la paz. «Queridísimos hermanos y hermanas, este es el primer saludo de Cristo Resucitado, el buen pastor que dio la vida por el rebaño de Dios. También yo quisiera que este saludo de paz entrara en nuestro corazón, alcanzara a vuestras familias, a todas las personas, dondequiera que estén, a todos los pueblos, a toda la tierra. ¡La paz esté con vosotros!». En la homilía que pronunció el papa León en la cripta de la basílica de San Pedro del Vaticano, el 11 de mayo de 2025, meditaba sobre esta cuestión: «Cuando piensas en tu vida, ¿cómo explicar dónde has llegado?». La respuesta de León XIV era clara: «Con el verbo escuchar. ¡Cuán importante es escuchar! Jesús dice: “Mis ovejas escuchan mi voz” (Jn 10,27). Y creo que es importante que todos aprendamos cada vez más a escuchar, para entrar en diálogo. En primer lugar, con el Señor: escuchar siempre la palabra de Dios. Luego, también escuchar a los demás: saber construir puentes, saber escuchar para no juzgar, no cerrar las puertas, pensando que nosotros tenemos toda la verdad y que nadie más puede decirnos nada. Es muy importante escuchar la voz del Señor, escucharnos a nosotros mismos, en este diálogo, y ver hacia dónde nos llama el Señor».
En su primera Audiencia general, el 21 de mayo de 2025, el Papa expresó su deseo de proseguir con el ciclo de catequesis jubilares iniciado por el papa Francisco, que se centraba en el tema Jesucristo, nuestra esperanza. En esa catequesis, el papa León reflexionaba sobre la parábola del sembrador: «La parábola del sembrador habla precisamente de la dinámica de la palabra de Dios y de los efectos que produce. De hecho, cada Palabra del evangelio es como una semilla que se arroja al terreno de nuestra vida». Para el Pontífice, «la palabra de Jesús es para todos, pero actúa en cada uno de manera diferente». Y añadió: «Jesús nos dice que Dios arroja la semilla de su palabra sobre todo tipo de terreno, es decir, en cualquier situa-
ción en la que nos encontremos: a veces somos más superficiales y distraídos, a veces nos dejamos llevar por el entusiasmo, a veces estamos agobiados por las preocupaciones de la vida, pero también hay momentos en los que estamos disponibles y somos acogedores. Dios confía y espera que tarde o temprano la semilla florezca. [...] Jesús es la Palabra, es la Semilla».
Por eso, el papa León pedía «la gracia de acoger siempre esta semilla que es su Palabra. Y si nos damos cuenta de que no somos terreno fértil, no nos desanimemos, sino pidámosle que siga trabajando en nosotros para convertirnos en terreno mejor».
En la homilía de la celebración eucarística y toma de posesión de la Cátedra romana, en la basílica de San Juan de Letrán el 25 de mayo, León XIV volvió a hablar sobre la Palabra: «El Espíritu nos enseña las palabras del Señor grabándolas profundamente en nosotros, según la imagen bíblica de la ley que ya no está escrita en tablas de piedra, sino en nuestros corazones (cf Jer 31,33); don que nos ayuda a crecer hasta transformarnos en “una carta de Cristo” (2Cor 3,3) los unos para los otros. Y es efectivamente así: nosotros somos tanto más capaces de anunciar el Evangelio

El domingo de la palabra de Dios
cuanto más nos dejemos conquistar y transformar por él, permitiendo a la potencia del Espíritu purificarnos en lo más íntimo, haciendo que nuestras palabras sean simples y sin doblez, nuestros deseos honestos y limpios, nuestras acciones generosas».
Con motivo del Jubileo de los jóvenes, concretamente en la vigilia en Tor Vergata, el 2 de agosto de 2025, el Papa mantenía un diálogo con la juventud. Respondiendo a la pregunta de un joven estadounidense sobre cómo ver a Jesús en nuestra vida diaria, León XIV le recomendó: «Jesús es el amigo que siempre nos acompaña en la formación de nuestra conciencia. Si realmente queréis encontrar al Señor resucitado, escuchad su Palabra, que es el Evangelio de la salvación».
También en el mensaje para X Jornada mundial de oración por el cuidado de la creación 2025, el 1 de septiembre, el Papa remitía a la Biblia para explicar que «no promueve “el dominio despótico del ser humano sobre lo creado” (LS 200). Al contrario, es importante leer los textos bíblicos en su contexto, con una hermenéutica adecuada, y recordar que nos invitan a “labrar y cuidar el jardín del mundo (cf Gén 2,15). Mientras labrar significa cultivar, arar o trabajar, cuidar significa proteger, custodiar, preservar, guardar, vigilar. Esto implica una relación de reciprocidad responsable entre el ser humano y la naturaleza” (LS 67)».

a. Ambientación
•Busquemos un lugar destacado en casa donde colocar la Biblia: puede ser un atril en el recibidor de la vivienda, en un estante donde esté bien visible, en el lugar donde rezamos en familia...
•Colocad una pequeña planta o flores –podemos realizar alguna pequeña manualidad con nuestros hijos/as como ornamentación–.
b. Procesión

•Nos acercamos al lugar donde colocaremos la Biblia. El más pequeño o el mayor de la casa puede llevar la Biblia en alto, abriendo la procesión.
•Todos llevarán pequeñas velas y cerrará la procesión alguien que lleve un cirio un poco mayor o una lamparilla que se colocará junto a la Biblia.
•Como canto proponemos «Tu Palabra», de Cor Nou, del álbum ¡Cantemos con Jesús!
c. Pequeña explicación
Con esta sencilla celebración queremos decir que creemos que la Biblia es palabra de Dios y que merece un lugar destacado en nuestra casa, en nuestra familia, en nuestra vida. La palabra de Dios nos habla, me habla, aquí y ahora. Es una Palabra que protege, acompaña, aconseja, consuela, ama, cuida... en Jesús esta Palabra se hace carne.
El domingo de la palabra de Dios
Queremos que esta Palabra esté en el centro de nuestro hogar; queremos escucharla y comprenderla para que guíe nuestros pasos hacia el buen Padre Dios.
d. Lectura
«La Palabra nos atrae hacia Dios y nos envía hacia los demás. No nos deja encerrados en nosotros mismos, sino que hace más grande el corazón, hace cambiar de ruta, nos transforma, abre nuevos caminos y nos descubre sorpresas maravillosas» (papa Francisco).
e. Pequeña explicación de la lectura
f. La Palabra nos habla
Previamente al rito, habremos colocado una cestita o cajita en el lugar donde entronizaremos la Biblia, llena de mensajes bíblicos enrollados como si fueran pequeños pergaminos.
Cada persona se levanta y se acerca a la cesta con los mensajes bíblicos para coger uno y leerlo en voz alta.
Proponemos algunos mensajes para nuestra cestita:
•«Se seca la hierba, se marchita la flor, pero la palabra de nuestro Dios permanece para siempre» (Is 40,8).
•«Lámpara es tu Palabra para mis pasos, luz en mi sendero» (Sal 119,105).
•«Bienaventurados los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen» (Lc 11,28).
•«La Palabra está cerca de ti: la tienes en los labios y en el corazón» (Rom 10,8).
•«Toda Escritura es inspirada por Dios y además es útil para enseñar, para argüir, para corregir, para educar en la justicia» (2Tim 3,16).
•«La palabra de Dios es viva y eficaz, más tajante que espada de doble filo; penetra hasta el punto donde se dividen alma y espíritu, coyunturas y tuétanos; juzga los deseos e intenciones del corazón» (Heb 4,12).
g. Breve silencio
Señor, mira con cariño a esta familia que quiere acercarse a ti, escuchando tu voz en la Biblia. Queremos caminar junto a ti, aprender a vivir como tú. Tu Palabra es la fuente viva. Ayúdanos a leerla y a rezar con ella.
Señor, queremos que esta familia sea un templo donde resuene tu Palabra, y nuestros corazones sean el lugar donde ella crezca, porque la llevamos a la vida y la expresamos en el amor que nos tenemos y que damos a todos. Que, como María, sepamos guardar tu Palabra y ponerla siempre al servicio del mundo. Amén.
i. Canto final
Proponemos «Tu Palabra es Espíritu y vida», de Fran, del álbum Con cuerdas de cariño.

Dinámica catequética para pequeños, grandes y mayores

Uno de los errores más graves en la comprensión de nuestra fe consiste en concebir cuerpo y alma por separado en nuestra vida terrena. La persona queda, pues, dividida. Consecuentemente, también entendemos la persona desde dos aspectos muchas veces confrontados: lo material y lo espiritual. Ese «dualismo» pregonado por Platón fue combatido por los padres de la Iglesia, pero, en la práctica fue también permeando nuestras mentes y nuestra religiosidad.
Por eso, porque en realidad somos personas indivisibles, llamados a vivir nuestra fe desde una dinámica integral, que condense todo nuestro ser, que englobe todos nuestros aspectos vitales. También la lectura de la Biblia debemos hacerla con todo nuestro ser, incluyendo todo lo sensorial que tiene nuestro cuerpo, es decir, con los cinco sentidos.
Cuantas veces usamos la expresión «me huelo...» para señalar que percibimos que algo se aproxima: «Me huelo... una victoria de mi equipo, que esa serie que estrenan tiene muy buena pinta, que la fiesta a la que me han invitado será genial...».
Podríamos, por ello, también decir que «me huelo» porque desprende buen olor, porque contiene esencias que me están llegando por la nariz hasta el cerebro, que a su vez está procesando una perspectiva de felicidad.
Eso es, sin duda, lo que millones y millones de personas han vislumbrado cuando le ha llegado el buen olor que desprende la Biblia. Se han olido que su esencia promete ser relevante, vital, para sus vidas. Por eso la Biblia es el libro más adquirido y leído.

Pero, ¿qué es la Biblia? La Biblia realmente no es un libro, sino una colección de libros, una biblioteca, inspirada por Dios y escrita por creyentes seguidores de Dios. La Biblia nos presenta la historia del pueblo de Dios, es decir, la relación de amor que Dios tiene con sus hijos y la muy diversa respuesta de esos hijos en relación con su Padre. De alguna manera, podemos decir que los libros de la Biblia son como cartas de Dios a su pueblo, a sus hijos, a los de antes, ahora y siempre. Cartas que buscan servir de conexión en esa relación de amor.

El catequista –o el animador bíblico– resume una parte de algún libro breve de la Biblia o toma algún pasaje del Evangelio –según la edad de los catequizados–. Por ejemplo, el libro de Jonás del Antiguo Testamento o el pasaje de la multiplicación de los panes y peces del evangelio.
Tras la lectura del resumen o del pasaje, se les pregunta a los participantes qué se huelen que puede llegar a ocurrir a continuación. ¿Cómo actuará Jonás? ¿Y cómo actuará Dios con Jonás? O ¿qué hará Jesús ante la muchedumbre hambrienta? ¿De dónde vendrá la solución?
Lógicamente habrá cierta variedad de respuestas, algunas, aunque parecidas presentarán matices, y el catequista podrá tomar lo acertado de las respuestas, corregir si cabe lo equivocado y mostrar la resolución final, es decir, destapar la caja de las esencias.
Antes de que la Biblia fuese una colección de libros, de historias escritas, fue una recopilación de historias orales. Los libros fueron escritos tomando como base lo que le había ocurrido al pueblo, que mantuvo vivo por medio de diferentes tradiciones orales.
A nuestro oído llegan muchos sonidos. Algunos de ellos los tenemos completamente identificados y sirven para que nos llegue un mensaje rápido, sencillo, claro: el silbato del jefe de estación que nos indica que el tren va a salir. También el silbato del árbitro que indica que se debe parar el juego por causa de una infracción. Las manos que se unen para dar palmadas y de esa manera ofrecer aplausos de reconocimiento y gratitud. Sería inacabable la posibilidad de ejemplos.

Para que nuestros mensajes sean más completos y complejos, se nos ha dado el don de la palabra, de la creación de palabras, frases, textos. Y para que esas palabras puedan servir, puedan contactar con nosotros, se nos han dado las herramientas auditivas y de comprensión del lenguaje. Cuando hablamos del oído no nos referimos solo a la parte interna de nuestras orejas. También los sordos pueden comprender. Porque, además, nuestro oído aunando esfuerzos con nuestro intelecto y con nuestra voluntad, puede ir más allá de oír y alcanzar el nivel de escuchar. La palabra de Dios, más que oírse, necesita ser escuchada. Eso es lo que hacía María, la Madre de Jesús, estar a la escucha de la Palabra. Eso hacía también María de Betania a los pies de Jesús.
domingo de la palabra de Dios
Ambas son un excelente ejemplo ya no solo de ese segundo nivel de la escucha, sino incluso del tercer nivel, el de la escucha atenta. Uno de los momentos en que la palabra de Dios, la Biblia, se nos ofrece para una escucha atenta es en las ceremonias litúrgicas, sea en las Misas o celebraciones de la Palabra, sea en Bautismos, Matrimonios o Exequias. La Liturgia es el mejor escaparate, incluso el mejor trampolín, para la escucha y la comprensión, ayudados por la homilía. Eso sí, hay que tener cuidado con no desconectar. Y, a su vez, los predicadores debieran también poner mucha dedicación para el bien hacer de la transmisión y comprensión de esa palabra de Dios.

Cada vez es mayor la apertura de la dedicación catequética a toda la familia, no reduciendo nuestro foco de interés tan solo al niño, adolescente, joven o adulto que participa en la catequesis, sino sabiendo que forma parte de una familia en la que se puede abonar o sofocar la fe. Es muy importante que esa fe no esté proscrita de la familia y su cotidianidad. Es, pues, central que se comparta y que forme parte de nuestras conversaciones, de las tertulias de sobremesa.
Vamos a animar a que el domingo, después de haber participado de la Misa con una escucha atenta de la Palabra, algunas de las cuestiones sugeridas por las lecturas o por la homilía se conviertan en el tema de conversación de la sobremesa familiar.
Algunos de los que escucharon atentos las fuentes orales de la experiencia vivida por el pueblo, por los patriarcas y profetas, por los discípulos, sintieron la necesidad de escribir esas palabras para que pudieran llegar a más personas, para que otros también pudieran, desde la lectura, escuchar atentamente, para que esas palabras perduraran en el tiempo y así también llegaran a muchísimos más, fuera en otros lugares o en otras épocas.
De la misma manera que podemos decir que las canciones se componen para ser cantadas, también podemos afirmar que la Sagrada Escritura fue escrita para ser leída. Cada vez que leemos la Biblia damos sentido al trabajo de recopilación y redacción de sus autores y reconocemos la inspiración que Dios derramó en cada uno de ellos. Pero, además, ¿cómo conocer la voluntad de Dios, es más, cómo conocer a Dios, cómo conocer su amor, sin leer la historia de la relación de Dios con su pueblo, del Padre con sus hijos?
La Biblia se escribió para ser leída por los que vivieron, por los que

El domingo de la palabra de Dios
viven y por los que vivirán. A nosotros, pues, nos atañe leerla hoy. Y la debemos leer con la mirada de hoy. La verdad, por supuesto, no cambia. Pero los paisajes por los que transitamos camino de esa verdad sí que lo han hecho y lo siguen haciendo a una velocidad vertiginosa. Hoy no nos es posible obviar el mundo en el que vivimos, porque tampoco lo hicieron los autores bíblicos respecto de su época.
Y para su lectura, ofrecemos un detalle importantísimo: la clave de lectura de toda la Biblia es Jesús. Es imposible entender el Antiguo Testamento sin «Jesús». Por eso, no hagas demasiado caso a algunos itinerarios de lectura en las redes que se empeñan en ignorar que las montañas se empiezan a subir por las laderas y que solo al final se acometen los tramos más difíciles que llevan al pico. Si no quieres quedarte a medias en el camino de tu lectura y si no quieres no entender nada de nada, para acabar perdido sin saber qué ruta tomar, empieza por los evangelios sinópticos (Mateo, Marcos y Lucas) y sigue por la primera catequesis de la primera Iglesia, el libro de los Hechos de los apóstoles.

Como de lo que se trata no es de tener una Biblia sino de leerla, te proponemos que lo primero que hagas sea rescatarla de la estantería con el propósito de leerla.
Y como las buenas intenciones, cuando se quedan solo en intenciones, dejan de ser buenas... el catequista propondrá agendar una cita con Dios, un rato al menos semanal, en casa o en la capilla, con la lectura de la Biblia como libro de oración.
En muchos casos la Biblia solo es vista de espaldas.
Me explico. La mayoría de los fieles solo ven la palabra de Dios en las celebraciones litúrgicas de las que participan. Pero solo ven las tapas de los leccionarios. La ven de espaldas. Esto realmente tiene fácil solución. Se trata ya no solo de extraerla de la estantería, sino además de atreverse a abrirla. Quizá no lo hayamos dicho hasta ahora, pero sin abrirla es imposible leerla. Hay que atreverse a tocar la Biblia, a abrirla y a desgastarla. Una Biblia demasiado nueva solo puede significar dos cosas: o es muy nueva o no se toca y en esa casa o habitación es un mero adorno.

Hay hogares en los que te encuentras una Biblia enorme reposando en un atril de mesa a la entrada de la vivienda. Un aplauso por el testimonio de fe. Pero solo si ese testimonio va acompañado de la experiencia de vida. Es decir, que solo será un testimonio verdadero –y no un falso testimonio–si realmente en sus vidas la Biblia, la palabra de Dios, es tan relevante como cotidiana. En fin, que lo importante es que en esa casa Dios tenga, por medio de su Palabra, voz y voto.
Además, hay un dicho que afirma: «el roce hace el cariño». Es importante que a nuestra Biblia la hagamos nuestra. Subrayarla, ponerle posits, usar diferentes colores... Y, si es posible, tener una Biblia «portátil», para llevarla siempre encima, de bolsillo, de viaje, de vacaciones... la Biblia es nuestra brújula y nuestro mapa para la aventura de vivir.

El catequista propone abrir la Biblia por un pasaje en el que haya diferentes personajes y acciones. Podría ser, por ejemplo, la parábola del hijo pródigo. Después, solicitaremos a los catequizados que dispongan –o se los suministraremos nosotros– de lápices de colores con los que poder subrayar ese pasaje. A continuación, lo leeremos una vez en voz alta para todos y otra vez lo leeremos cada uno para nosotros mismos. Empezaremos por distinguir el tiempo, lugar o ámbito en el que esa historia bíblica ocurre –en este caso una familia: «Un padre tenía dos hijos»– y buscaremos distinguir con varios colores los diferentes personajes –padre, hijo menor, hijo mayor–. También subrayaremos las acciones, distinguiendo las acciones buenas de las malas, con colores diferentes. Por último, habremos reservado el color que más nos guste para resaltar nuestro personaje favorito y también la acción que nos parezca más importante. Y especialmente esta selección de favoritos podremos compartirla uno a uno todos los participantes con los demás.
Conforme se va saboreando la Biblia, según le vamos encontrando el gusto, se convierte en algo vital para nosotros y, por tanto, acompaña los diferentes momentos de nuestra vida desde las múltiples posibilidades que se nos presentan.
La lectura y oración con la Biblia puede ir acompañada de música de fondo, de libreta y bolígrafo, o de cualquier cosa que nos ayude a hacer de ese momento de relación con Dios un tiempo entrañable.
También es posible que conforme la vayamos degustando aparezcan cuestiones difíciles y dudosas que requieran de una mayor profundización. Para aclarar y profundizar hay muy buenos libros y vídeos. También nos puede ayudar formar parte de algún grupo de lectura compartida. De por sí, la Biblia debería ser el principal libro de la catequesis, sea de niños, adolescentes, jóvenes o adultos.

El catequista propone que en los locales parroquiales donde vivimos la catequesis semanalmente dediquemos un espacio al «Rincón de la Biblia». Un lugar privilegiado donde podamos en pequeños grupos leer, escuchar, comentar y compartir la palabra de Dios.
Tan solo nos será necesaria una pequeña mesa, la Biblia sobre un atril de la misma, abierta en algún pasaje, un cirio que pueda ser encendido, alguna silla y... cualquier elemento que deseemos poner de forma fija o estacional, sean unas flores o algún signo de los tiempos fuertes de Adviento, Cuaresma y Pascua, o tal vez unos adornos en el tiempo de Navidad.
También propondremos que los que puedan y lo deseen hagan este «Rincón de la Biblia» en casa para que la familia también pueda tener un lugar para su cita con la palabra de Dios.




Por primera vez, una edición de la Biblia concebida para la oración individual y comunitaria, que sugiere un método concreto para escrutar e interiorizar de manera fecunda la Palabra de Dios.
En su edición original italiana, La Biblia. Escrutad las Escrituras vio la luz con motivo del aniversario de los 1.600 años de la muerte de san Jerónimo, gran traductor e intérprete de la Sagrada Escritura, doctor de la Iglesia, que quiso hacer de la scrutatio de la Biblia la ocupación principal de su vida.
La presente edición, aprobada en la CCLXIX reunión de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española el 25 de febrero de 2025, es fruto de la colaboración de la Biblioteca de Autores Cristianos (BAC) y la Editorial San Pablo.




Esta nueva edición presenta la traducción de la Sagrada Biblia de la CEE, según la editio princeps de 2008, enriquecida con introducciones a los distintos libros bíblicos, numerosas citas paralelas en los márgenes, ricas notas de traducción e interpretación del texto y hasta un vocabulario de terminología bíblica con más de 350 entradas que recorre, de principio a fin toda la Historia de la Salvación.





































«Este es, [...] el gran sueño con el que ha sido redactada esta Biblia y el deseo para quien haga uso de ella: que escrutando las Escrituras pueda, en la oscuridad y en el desierto de la vida, ser irradiado por la luz desbordante y eterna de la Palabra, lámpara para los pasos del hombre, y luz en su camino (Sal 119,105)»







La Biblia. Escrutad las Escrituras está pensada para la «lectura orante» y asume el más antiguo criterio de lectura de la Sagrada Escritura: el de leer la Biblia con la Biblia misma, favoreciendo una relación personal, existencial y actual con la Palabra, para hacer experiencia viva de Dios.
Delineando diversos recorridos de reflexión a través de una rica propuesta de notas y de citas paralelas, La Biblia. Escrutad las Escrituras ofrece un método único y fecundo para familiarizarse con la Palabra, creando un itinerario de lectura dividido en tres pasos:
• Scrutatio: ahondar en el texto a través de citas, notas y paralelos.
• Meditatio: leer el texto y meditar para interiorizarlo.
• Oratio: experimentar la Palabra como el lugar en el que rezar y hablar con Dios.
Revaloriza el camino de la Scrutatio, acentuando su autoridad con referencias puntuales y claras, siguiendo la tradición rabínica y la patrística.




G nesis esis sis is s







INTRODUCCIÓN GENERAL




agua del bautismo, salva a su 1 Pe 3,18-22).

















te de la Sagrada Esscritur blia aniv Tieenes en tus manos La Bib tdl Eituras l publicación ón con motivo del a EusebiusHyeronimus conoc s d s Essccriritutura a s en tu tus m maanno o Esccrutad las Escrituras Esc c cr ad d as s E crrituturras s ienes entus Ti nees nt t s m LaBib L n E Escrittuurraas s tad las Escrit E ura d principios ios que s qu que ue i re xpo do. do o ; q quueer s; queremos ex a han inspirad la nmotivodela tiv iv e,ia a e S principios que e la h haan p de los 1.600 0 años de la muerte e 1.660 año o e m muuer r el 30 de septiemembre de 420, de l dese e iemb b eddee4420 0 d pi con n m mootti i s Hyeroonimus, n no san Jerónimo, gran an traductor o, n trradductctor tedelaSagradaEsEscritura a e 1 1.600 años d Iglesia, que quiso hacecer uiso ac la Biblia la laBiblialaoocupaci cup 1 ti a, tal com p l pti
Escrutad las Escrituras





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Siquény dadoe ón de la é que, desde el agua del o, salva a su pueblo (cf 1 Pe 3 18-22). Los patriarcas en el NT Abraháneselpatrriarca quemás veces alasreferenciasdePablooEnRom4el ley,conformealejemplo deAAbrahán, -39 asocia 17726 6 3 30) ) mola aci sí om m a p es esent e 3,1188-2222)). ot, así mo la presentaci as pr pres t de Cristo comomo nuevo Noé com nueevo vo N agua de bautistismo salva a de ba salv
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Los patriarcas en el NT

Los patriarccaas s en el NT y e A rah n (cf. Gen 22,1-1 ( G Gen 22,,1Los mismo L Lo m missm m
hace a Abrahá ma carta (cf vv. apósto ntro-
(Mt 24,37-39 y Lc 17,26-30), asociada a Lot, así como la presentación de la figura ley, conforme al ejemplo de Abrahán, que fue justificado (cf. Gen 15,6) antes incluso de que el signo ritual de la circuncisión marcase en su propia carne y en la de Israel el pacto con Dios (cf. Rom 4,1-3.9-22). En el c. 9 de la misma carta (cf. vv. 4-13), el apóstol introduce el tema de la elección de Israel fundándose en la descendencia dada a los



Abrahán es el patririarca que más án aparece en el NT (AbAbrahán: 73; Isaac: en T ( braahá á 73; Isa c: s 20; Jacob: 25, y José: 8); s sin duda gracias 20;Jacob:25y 8);;sin in ud udaagr s Lo o ca nos s sí, s o oadadq adq o h Abrahán e es s el p paatr t ia iarrc algun As pattriaarccaleles. . A sión al territorio sióiónnal teerriitor Sié dd a las referencias de Pablo. En Rom 4, el erencia o apóstol insiste repetidamente nte en la justi insiste repetidaameen e e en m l u tificación por la fe y no por las o s obras de la la y no porl l d l fl jl d Ab há h a ah cf. G onal o al d arece en el N NT T (AAbbrra dado e q y do en (c en n o amor incondicio ammor in o i al de A lo , que fue justificado (cf Gen 15,66) ) (cf. G 15 15,6) ant nt incluso de el ritual de la cir l e lacciriió i ap p 2 si 7; L d ; Joossé: é 8); )10,3 lees f. M Mt t 10 car el ca epissoddi p hAbrhá b pp y en la de Israel el con Dioios con n D os (cf c. 9 mis e l m413) lpó tlintr tl 20 0 as e Pababl Isaac (c I f. Gen a saac ac cf. Ge dem e emmás, , q que ue liá p tema fun en a s l p elyEsaú)EnGal3Pabloinsisteen te óstol insiste repetti(cf.id J (cf. Jn J (Isaac y Jacob) y no por criterios mera Isaac ymente humanos (los primogénitos Islf nciadelaspromesas promesas

Abrahán es el patriarca qu aparece en el NT (Abrahán 20; Jacob: 25, y José: 8); sin d a las referencias de Pablo. E apóstol insiste repetidament ficación por la fe y no por la



án para e lo los ví ereeda con emos mos ecuerd ofrecim ec vanngeli li suuces rá vo volun á bien H He docio ocio o, en c c ve re
present mael y Esaú). En Gal 3 Pablo insiste en nta

30 Génesis cas hasta José, a la que se refiere también Heb 11,8-12.20-22. Por otro lado, si bien Heb 7,1-28 traza una semejanza entre la figura de Melquisedec, con su singular sacerdocio (cf. Gen 14,18-20), y la de Cristo, en contraposición al ministerio levítico, vemos cómo Heb 11,17-19 y Sant 2,21 recuerdan la prueba de Abrahán y el ofrecimiento de Isaac (cf. Gen 22,1-19). Los mismos Evangelios aluden veladamente a algunos sucesos de las épocas patriarcales. Así, Jn 4,5-6.12 hace alusión al territorio adquirido por Jacob en Siquén y dado en heredad al hijo vendido en Egipto (cf. Gen 33,19; 48,22). El amor incondicional y preferencial hacia Dios por encima de los vínculos parentales (cf. Mt 10,37; Lc 14,26) parece evocar el episodio de la petición que Dios hace a Abrahán para que sacrifique a Isaac (cf. Gen 22,1-19); sacrificio, por lo demás, que el mismo unigénito del padre cumplirá voluntariamente hasta el final (cf. Jn 13,1). Si leemos con atención Jn 8,56 parecería que Jesús estuviera representando a Isaac. Igualmente, se nos dice que Abrahán vio el día de Jesús, siendo este último anterior a Abrahán
ca Heb Heb He uicio e cio o e escscatscatolóscatológ catológtológicodel ico del Hijodel Hijo del hombre ho (M 2 24 Mt 24,3 a daa Lot,a Lot, -6 do d n 4 4,5 quiuirid d 3 ref Gen n 3 l y pr l 2 Lc 14 de e pe n p 222,1-19 t n 2 e m l presentan maelyEsaú)EnGal3Pabloinsisteen n 1 13,1). pare me ní másaún enla bn dice la preceecedencia d de e las promesas h hechechas r Dios os a Abrah a án respecto al don de la

Ofrece una Introducción general que ilustra con claridad los principios para una lectura orante de la Biblia.
a la se refiere 0-22. Por otro 8 traza una semej o Gen 14,18ntraposición a mo Heb 1 dan la pru miento d os alud s de la .12 h por J hij 19; 48 erenci nculos p 26) pare etición q que sacr 9); sacrificio o d on a S ecer cas hast 11,88-12.20 b 7,1-28 ín ad io o bienienHnHeb Heb y,), L Lo Lotasí comolapresentacióndelafigura
Tienes en tus manos La tad las Escrituras; queremo principios que la han insp publicación con motivo d de los 1.600 años de la mu el 30 de septiembre de 420 EbiHi y ), así comomola presentaciónde lafigura e a de en he o 9). Eva noss padres, conforme a a promesa de Dios
si, como dice el apóstol Pablo, “Cristo es el poder de Dios y la sabiduría de Dios” (2 Cor 1,24), el que no conoce las Escrituras no conoce el poder de Dios ni su sabiduría; de ahí se sigue que ignorar las Escrituras es ignorar a Cristo» (ComIs, Pról, 1-2). Esta Biblia presenta la traducción de la Sagrada Biblia de la CEE, según la editio princeps de 2008. Ha sido enriquecida con introducciones a los distintos libros bíblicos, numerosas citas paralelas en los márgenes y ricas notas de traducción e interpretación del texto, entre las cuales 378 voces sintéticas acerca de los más importantes temas bíblicos. La Biblia, preparada por un nutrido equipo de biblistas y teólogos, tiene en cuenta las distintas
aportaciones temporánea teza de que en palabras ser estudiada de la ciencia atención a lógicos, semánticos a su contexto tal. En este cuenta el nico del texto terés por composición. turaleza humana» está en contradicció divina»: de de con la encarnació manidad» obstáculo, ción imprescindible contenido cuentro con Si es verdad, multiplicidad contiene la blia se puede nioso, ya que incluso las son impedimento sino que forman la más hermosa ble a un único desde hace dios bíblicos,

ley en el Sinaí; más aún, en la bendición de Abrahán que reúne a todos los paganosquevienenalafe(cfGal 361829)
nos que vienen a la fe (cf. Gal 3,6-18.29).
En el capítulo siguiente (Gal 4), Isaac e Ismael están caracterizados, respectivamente, como el hijo de la mujer libre, Sara, y como el de la esclava, Agar. De este modo, concluye Pablo, los paganos venidos a la fe en Cristo, al no haber nacido bajo el yugo de la esclavitud de la ley, son considerados descendientes de Isaac y, por tanto, hijos libres de la promesa (cf. Gal 4,22–5,1). Igualmente, Hch 7,2-16, pone en boca de Esteban un sucinto excursus de la vida de los patriar-
ía estuv ando a Igualmente e que Abrahán vio el día d anterior a A (cf. Jn 8,56-58) Entre los en los que evocalafiguradeJacob enco

Entre los lugares en los que el NT evoca la figura de Jacob, encontramos Rom 9,1-18, en el que Pablo, afrontando la elección gratuita y no comprensible de YHWH por Israel, recurre no solo a la imagen de la elección de Isaac a costa de Ismael (cf. Gen 9,6-9), sino también a la de Jacob en perjuicio de Esaú (cf. Gen 9,10-13). Otros textos: en el encuentro entre Jesús y Natanael (cf. Jn 1,43-51), se remite a la visión nocturna de Jacob en Betel narrada en Gen 28,10-15. Igualmente, en el encuentro con la Samaritana se hace referencia
En las introducciones a cada libro no se queda solo en los aspectos históricos o literarios, sino que presenta cada libro en el conjunto de la Biblia, poniendo en evidencia cómo cada uno hay que tomarlo y leerlo a partir de otro texto bíblico.
32






























y mate miento de la creación (cf. Gen 2,1-3), está «




ORÍGENES DEL MUNDO CREADO Primer relato de la creación Al principio creó Dios el cielo La tierra estaba informe y vacía; la tiniebla cubría la superficie del abismo, mientras el espíritu de Dios se Dijo Dios: «Exista la luz». Y la luz existió. 4Vio Dios que la luz era buena. Y separó Dios la luz de la tiniebla. 5Llamó Dios a la luz «día» y a la tiniebla llamó «noche». Pasó una tarde,
s. vací rto endí
mundo existe solo gracias a Dios y que es esencialmente diferente de él. Verdadera autonomía y total dependencia son las notas de la creaturalidad a las que corresponden las otras dos de bondad y caducidad.
(Gen 1,4.21.31;
y
1,13-14; 2,23).
«muy
criatura
Contiene 378 «notas de scrutatio», auténticos recorridos de vocabulario teológico dentro de la Escritura sobre otros tantos temas bíblicos. A través de esta multiplicidad de posibilidades, el lector puede construir una experiencia única y personalizada y un método específico de lectura del texto. Esto no sucede en las otras Biblias que están actualmente en circulación, donde las notas tienen solo carácter exegético, histórico y arqueológico y son «notas cerradas».
Informe y vacía. En heb. tóhu wabóhu (lit. «desierto y vacío»), endíadis que expresa la idea de la nada y del caos primordial. En el AT, como en la literatura del Próximo Oriente antiguo, el caos indica confusión, desorden o ausencia de luz y forma (Gen 1,2; Is 45,7; Jer 4,23). A menudo se simboliza por el poder irracional de las aguas y los monstruos marinos que moran indómitos en el abismo (vv. 9-10.21; 7,11; Job 7,12; 38,8-11.16-17; 40,15-32; Sal 148,5-7). A Dios le basta con la fuerza de su palabra para crear orden y armonía, y así dispersar y aniquilar las tinieblas del caos y de la impiedad (v. 3; Job 26,12-13; Sal 33,6-9; 65,8-9; 74,13-14; 89,9-11; 94,3; 104,6-9.25-26; 106,9; Prov 8,27-29; Is 27,1), arrancándonos del enemigo (Is 17,12-13; 34,9-12; 50,2; 51,9-16; Jer 51,34-37; Ez 32,2-3; Neh 1,2-8). A veces, sin embargo, Dios se sirve del caos para reprimir la rebelión y el orgullo del hombre (Gen 6,17; 7,17-24; 11,4-7; Jl 2,1-7). El NT celebra el triunfo de Cristo sobre las fuerzas ciegas del mal y de las tinieblas (Jn 1,1-5): él doblega las aguas del caos con el soplo de su boca (Mc 4,35-41 y par.; Lc 8,31; 2 Tes 2,8; Ap 11,7-12; 19,15) y las pone bajo sus pies (Mc 6,45-52 y par.), porque «Dios no es un Dios de confusión, sino de paz» (1 Cor 14,33; Ef 4,14; Sant 1,5-8; 3,15-17; Ap 17,15; 21,1). 1,2. El espíritu de Dios.Cf. nota en Jn 14,16. 1,3. Dijo Dios: «¡Exista la luz!». Cf. nota en Dan 3,72 y en Jn 1,1. 1,5. A la tiniebla llamó «noche» Cf. nota en Sab 18,6. ción de creación
sujeta a la finitud y a la posibilidad del mal (Gen 2,17; Sab 2,24; Rom 8,20). Para el NT, la creación está desde el principio ordenada a Cristo, destinada a ser recapitulada en él, el Principio y la Sabiduría (Jn 1,1-3; Ef 1,3-11; Col 1,15-20; Ap 3,14), de modo que a esta creación le sucederá una nueva, escatológica, libre del mal y de la corrupción, unos «cielos nuevos y tierra nueva» (Rom 8,19-22; 2 Pe 3,13; Ap 21,1), en la que «Dios será todo en todos» (1 Cor 15,28).
a Laodicea». 12Me volví para ver la voz que hablaba conmigo, y, vuelto, vi siete candelabros de oro, 13y en medio de los candelabros como un Hijo de hombre, vestido de una túnica talar, y ceñido el pecho con un cinturón de oro. 14Su cabeza y sus cabellos eran blancos como la lana blanca, como la nieve, y sus ojos como llama de fuego. 15Sus pies eran semejantes al bronce bruñido incandescente en el crisol; y su voz como rumor de muchas aguas. 16Tenía en su mano derecha siete estrellas; y de su boca salía una espada aguda de doble filo; su rostro era como el sol cuando brilla en su apogeo. Cuando lo vi, caí a sus pies como muerto. Pero él puso su mano derecha sobre mí, diciéndome: «No temas; yo soy el Primero y el Último, el Viviente; estuve muerto, pero ya ves: vivo por los siglos de los siglos, y tengo las llaves de la muerte y del abismo. 19Escribe, pues, lo que estás viendo: lo que es y lo que ha de suceder después de esto. 20En cuanto al misterio de las siete estrellas que has visto en mi derecha, y los siete candelabros de oro, las siete estrellas son los ángeles de las siete Iglesias; y los siete candelabros que has visto son las siete iglesias».


Incluye notas exegéticas-históricas-arqueológicas precisamente para recordar que la Palabra está «encarnada»: vive en un tiempo, en una geografía, en una condición social. En efecto son notas que ayudan a contextualizar y aclarar el texto.
2 A la Iglesia de Éfeso –Éfeso: Esto dice el que tiene las siete estrellas en su derecha, el que camina en medio de los siete candelabros de oro. tus obras, tu fatiga, tu perseverancia, que no puedes soportar a los malvados, y que has puesto a prueba a los que se llaman apóstoles, pero no lo son, y has descubierto que son mentirosos. 3Tienes perseverancia y has sufrido por mi nombre y no has desfallecido.
1,12 2,1; Ex 25,31-40; Zac 4,1-14 1,13 Sal 45,3; Ez 1,26; Dan 7,13; Mt 26,64; Lc 24,7; Jn 8,28 1,14 19,12; Dan 7,9; 10,6; Mc 9,3; Jn 20,19 1,15 19,6; Sal 93,4; Ez 1,24; 43,2 1,16 2,16; 19,15.21; Is 49,2; Os 6,5; Mt 17,2; Ef 6,17 1,17 22,13; Is 44,6; 48,12; Dan 10,8-10 1,18 20,1-2;Job 19,25; Sal 68,21; Rom 6,9; 14,9 1,19 4,1; 22,6; Dan 2,27-29.45; Hab 2,2 1,12.16; 2,1; Mt 13,11; Rom 16,25; 1Cor 15,51 1,16.20; Hch 20,17-38 Sof 3,16; Lc 14,27; 21,19; 2Mac 6,16; Cant 1,4; not ot ía del S delos
o hasasvistoson visto son la Escribe al ánggel de la Iglesia en as siete estrellas en su d derecha p as on, ci en





s candelabr aq rdote, de en 9,105 y Cfnotaen2Re211 15 51 20,1 5; 4,1 ; 7; 21 8,5; nt 2,2 ta e E Sinaí e p scand cand q ro, las as si siet siete iete ete e estr s siete ete c te ca e caan cand and de C n o g ga y no o e Éfe fe e ie ien en n ne ne l de lo a a, tu p u ue h l lo so evveerran Peerro t mi dere derecrecha, l as a siete e ,y y strellas trellas ellas las sonl sonlos son los l del de delaelabelabrabroabros bros quehas vistosonlass e rden, fam peradorL comunid prdiiónd aquí quí co los siei 16.20 2 dd á x 2 20 18, d e ellababbros os ten 1,1 1 n 15; Lc c 8, 0,36; 1 J 7 4, 0; Sal 3 6; Lc 14 4,10 14.200; Dt Ca 2,2; 2; Jer ,1 b 12 Turquía)a): cent mo un Hijo im m d ana de Asia ): centro don «veía la v mounHijo . Era la ciu provincia romana de Selçuk, en Turquía): de primer orden, era perador. La comunida predicación de Pablo floreciente e importa

esto. o. E Encuant cuant En Enc En cuant cua almis o mis mi o m alm a terio ter has v as v visto isto e en sto en to o id mid m h l yloossiessiet s siete de o ; esia a d q qu u ue e t m me e ed d di f faat o os s s, e er r ro o n peers er iddo o 1 Mt 13 1 Cor mportante d km de la act o religi moso el culto al e d cristiana nace allí co n de Pablo y se aunque atorment pordesviaciones«gnosticistas»Estatenden







1,12. Ver la voz. Cf. nota en Ex 20,18, donde se dice que en la teofanía del Sinaí el pueblo «veía la voz». 1,13. En medio de los candelabros como un Hijo de hombre Cristo es presentado aquí como un verdadero sumo sacerdote, en medio de los sie te «candelabros» del nuevo templo. Cf. nota en 1 Mac 4,59; en Sal 119,105 y en Mt 8,20. 1,14. Como llama de fuego y en Mt 6,22. 1,16. Una espada aguda. Cf. nota en Num 25,17 y en Heb 4,12. 1,17. Su mano derecha. Cf. nota en Ecl 10,2. 1,18. Tengo las llaves de la muerte y del abismo Cf. nota en 3,7; en Sal 6,6, y en Rom 5,12. 1,19. Lo que estás viendo. Cf. nota en Jn 12,21. 1,20. El misterio Cf. nota en Ef 3,3. Son los ángeles Cf. nota en Sal 91,11.
2,1-7. ssieteestrellas ssieteestrella É Éffeesso o ánge Ig g nge ge d ensu su h .EErra a lesia en elque l 2, 1 10 provincia ia a r roommaanna a ,q or oro. o C Connozozcco o erseverancia,quenop dessoportar t 2,2 2 3,1 3 Heb 1 Heb H a 10 1 4 ennTTuurrqquuíuía ía ,qp p s puesto a a los que s e se laman s qu u aman n y has descubierto que son m men , so menttirroo3 3,1 3 S 3,1 Soof 3 1 Tim Ti o orrddeden enn, e ia y has sufrido por mi nombre re y no ia no ngo contra ti que has abandonado do tu donnaad do tu 2,1 2 Mac Sab Sa coommu d dicación d ciu a d Selçuk,enTur SelçukenT onde d ía voz». a







Hay unos subsidios básicos necesarios para la contextualización de los textos: un cuadro cronológico, un pequeño atlas y un índice de temas teológicos de referencia. Todo está actualizado con los más modernos descubrimientos históricoarqueológicos. GENERAL aportaciones de la ciencia exegética contemporánea y de sus métodos, con la cerque la palabra de Dios se expresa palabras humanas y, por tanto, debe estudiada con todas las aportaciones ciencia humana, con una particular sus aspectos gramaticales, filosemánticos y literarios, así como contexto histórico y su ambiente vieste sentido, siempre se tiene en interés por el aspecto diacrótexto o, en otras palabras, el inla historia de su formación y composición. No olvidamos que la «nahumana» del texto bíblico no contradicción con su «naturaleza de forma análoga a cuanto suceencarnación de Cristo, la «hude la Biblia, lejos de ser un es, por el contrario, la condiimprescindible para el acceso a su divino, el camino para el encon Dios mismo. verdad, por otra parte, que en la multiplicidad de las palabras humanas se la única palabra de Dios, la Bipuede leer como un todo armoque la variedad de las voces e las disonancias que contiene no impedimento para su comprensión, forman parte de una «sinfonía», hermosa nunca escrita, irreduciúnico sonido. En este punto, hace años, en el campo de los estubíblicos, se asiste a la afirmación de



. Era la ciudad más importante de la provincia romana de Asia (a 3 km de la actual Selçuk, en Turquía): centro cultural y religioso de primer orden, era famoso por el culto al emperador. La comunidad cristiana nace allí con la predicación de Pablo y se convierte pronto en floreciente e importante, aunque atormentada por desviaciones «gnosticistas». Esta tendencia al compromiso y al sincretismo es mantenida por los «nicolaítas», que Juan combate con fuerza. 2,2. Conozco tus obras. Cf. nota en Gen 2,17 y en Lc 6,13. 2,3. Tienes perseverancia Lit. «tienes paciencia». Cf. nota en Ex 3,13 y en Prov 14,29. 2,4. Pero tengo contra ti Cf. nota en Heb 12,16.
Ap
No existe en el mundo una Biblia tan rica en paralelos, por el número y la amplitud de asociaciones que aporta, las cuales permiten aproximaciones entre los dos Testamentos y favorecen una lectura vital de la Sagrada Escritura.
Está pensada precisamente para una lectura orante de la Palabra, en un clima de escucha y de diálogo con Dios. Todo lo que ayuda a la comprensión de la Escritura está siempre junto o bajo el texto que se está leyendo.


























Carlos Granados
Profesor de Sagrada Escritura en San Dámaso.
Stanisław Witkowski
Profesor en el Instituto de Estudios Bíblicos, Cracovia.









Páginas 3024
Formato 14 x 21,5 cm
Interior papel biblia crema
Impresión a dos colores






































ISBN: 9788428573283ISBN: 9788428573276
ENCUADERNACIÓN AL CROMOENCUADERNACIÓN EN TELA CON ESTUCHE
42 €50 €
LaBiblia. Escrutad las Escrituras es fruto del trabajo de un equipo de más de 50 especialistas, dirigidos y coordinados por:
Ezechiele Pasotti, Consultor eclesiástico del CN.
Giacomo Perego, SSP, Doctor en Ciencias Bíblicas por l’École Biblique.
Fabrizio Ficco, Profesor en la Facultad de Teología de la PUG.
Francesco Giosuè Voltaggio, Profesor del Studium Theologicum Galilaeae.
Edición española coordinada por Pedro Ignacio Fraile Yécora, Doctor en Teología Bíblica por la UPSA.
Traductores de la edición española:
José David Albeza Asencio • José Miguel Cavas López • Pedro Ignacio Fraile Yécora • Iranzu Galdeano Galdeano • José Manuel Martínez Sánchez • Juan Antonio Ruiz Rodrigo • Raúl Orozco Ruano • Cristóbal Sevilla Jiménez • David Siquier Coll





























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La Sociedad de San Pablo es una congregación religiosa fundada el 20 de agosto de 1914 en Alba (Italia) por el padre Santiago Alberione (4 de abril de 1884-26 de noviembre de 1971). Los miembros de la Sociedad de San Pablo, conocidos como paulinos, se dedican a la evangelización empleando los medios más modernos y eficaces. Sacerdotes y religiosos están presentes en 34 países de los cinco continentes, siendo diversas sus áreas de servicio: editorial, prensa, cine, música, televisión, radio, audiovisual, multimedia y redes sociales, centros de estudio, investigación, formación y entretenimiento.
La Sociedad Bíblica Católica Internacional (SOBICAIN) fue fundada en 1924 por el padre Santiago Alberione. Expresión del apostolado bíblico de la Sociedad de San Pablo, la SOBICAIN es una organización internacional con tres objetivos:
• Llevar la palabra de Dios a todos.
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«Las enseñanzas de Jesús Maestro pueden difundirse tanto por medio de la Palabra como a través de la prensa, pues ambos son instrumentos poderosos y eficaces. Es necesario que el apostolado de la prensa, al igual que el de la Palabra, sea reconducido en torno al altar y al tabernáculo, a la Misa y a la Comunión».
BEATO SANTIAGO ALBERIONE
ISBN 978-8428574587