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Título original Les Oiseaux de nos jardins et leur vie secrète
Edición Guillaume Duprat, Raphaèle Dorniol
Traducción y adaptación de la edición en lengua española Ramiro Aibar Pujol
Asesor naturalista
Coordinación de la edición en lengua española Cristina Rodríguez Fischer
Primera edición en lengua española 2026

Sandra Lefrançois
© 2026 Naturart, S.A. Editado por BLUME
Carrer de les Alberes, 52, 2.°, Vallvidrera 08017 Barcelona
Tel. 93 205 40 00 e-mail: info@blume.net
© 2023 Les Éditions Ulmer, París
I.S.B.N.: 979-13-87881-26-9
Depósito legal: B. 880-2026
Impreso en Tallers Gràfics Soler S.A., Esplugues de Llobregat (Barcelona)
Todos los derechos reservados. Queda prohibida la reproducción total o parcial de esta obra, sea por medios mecánicos o electrónicos, sin la debida autorización por escrito del editor.
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Este libro se ha impreso sobre papel manufacturado con materia prima procedente de bosques de gestión responsable. En la producción de nuestros libros procuramos, con el máximo empeño, cumplir con los requisitos medioambientales que promueven la conservación y el uso responsable de los bosques, en especial de los bosques primarios. Asimismo, en nuestra preocupación por el planeta, intentamos emplear al máximo materiales reciclados y solicitamos a nuestros proveedores que usen materiales de manufactura cuya fabricación esté libre de cloro elemental (ECF) o de metales pesados, entre otros.
Desde que tengo memoria, siempre me he tomado tiempo para observar lo que me rodea. Crecí en Normandía, en el Eure, en un entorno natural rico y bien conservado. Disfrutaba cuidando del jardín con mis padres en esa tierra fértil donde todo parece crecer. Fue un tiempo liberador para mí. Desde muy joven sentí atracción por el dibujo. Paralelamente a mis estudios en la Escuela de Bellas Artes de Le Havre, trabajaba en reservas naturales, rodeada de científicos, de quienes lo aprendí todo. Dibujaba el comportamiento animal dentro de su entorno, a menudo vegetal. Esas horas de inmersión en lo salvaje me permitieron representarlos con la mayor fidelidad posible. Muy pronto comprendí que, para poder representar a unos (aves, insectos, mamíferos…), era necesario entender a los otros (el bosque, el campo, la flora…). Lo vegetal es hogar, planta huésped, refugio y alimento. Es un todo, un conjunto, y nosotros formamos parte de ese conjunto esencial. Démosle el lugar que merece, para que la abundancia regrese. He reunido aquí mis dibujos sobre el mundo alado, esbozados al hilo de los caminos y las estaciones.
Antoine Isambert Sandra Lefrançois
Introducción 6
La parábola del gorrión 7
La «biodiversidad» a las puertas de casa 7
Una evolución constante 8
¿Dónde están los insectos? 9
Las aves de nuestros jardines
Vencejo común 14
Golondrina común 16
Avión común 18
Paloma torcaz 20
Paloma doméstica 22
Tórtola turca 24
Cotorra de Kramer 26
Pito verde 28
Pico picapinos 30
Trepador azul 32
Agateador común 34
Cárabo común 36
Cernícalo común 38
Gavilán común 40
Cuco común 42
Abubilla común 46
Corneja negra 48
Graja 50
Grajilla occidental 52
Urraca común 54
Arrendajo euroasiático 56
Estornino pinto 58
Mirlo común 60
Zorzal común 64
Zorzal charlo 66
Zorzal alirrojo 68
Zorzal real 69
Reyezuelo listado 70
Chochín paleártico 72
Herrerillo común 74
Carbonero común 76
Carbonero palustre 79
Carbonero garrapinos 80
Herrerillo capuchino 81
Mito común 82
Petirrojo europeo 84
Colirrojo tizón 86
Tarabilla europea 88
Ruiseñor común 90
Lavandera blanca 92
Curruca capirotada 94
Curruca zarcerilla 96
Curruca rabilarga 97
Mosquitero común 98
Acentor común 100
Gorrión común 102
Gorrión molinero 104
Camachuelo común 106
Pinzón vulgar 108
Verderón común 110
Jilguero europeo 112
Pardillo común 114
Serín verdecillo 116
Escribano cerillo 118
Picogordo común 120
Jilguero lúgano 122
Pinzón real 123
Ampelis europeo 124
Índice 126
Bibliografía 127





Hoy en día muy común tanto en pueblos como en ciudades, no estuvo presente en nuestro territorio hasta el pasado siglo.
Originalmente confinada a las regiones semidesérticas del continente indio, la tórtola turca ha experimentado en poco tiempo una expansión geográfica excepcional. Desde los Balcanes, donde los turcos, probablemente, la introdujeron hace mucho tiempo, colonizó poco a poco toda Europa a partir de 1930, y después, Norteamérica. Se detectó por primera vez en España en 1960, y se extendió por todo el país: hoy es una de las aves más abundantes en nuestras ciudades y pueblos.

Nidifica a menos de un kilómetro de alguna vivienda, cerca de los humanos, a quienes no teme, en árboles y arbustos de jardín, balcones e incluso alféizares. Su gran capacidad colonizadora se atribuye a esta antropofilia, que le proporciona abundantes recursos alimenticios y numerosos lugares de cría, pero también a su resistencia al frío invernal y, sobre todo, al excepcional número de puestas que puede tener al año: de 3 a 6, cada una con 2 huevos (a modo de comparación, la mayoría de las aves de nuestros jardines realizan de 1 a 2 puestas al año, con un mayor número de huevos).
Su canto es un arrullo bastante repetitivo que podría confundirse con el de la paloma torcaz. Para distinguirlas, cuente el número de «gu»: 3 «gu» para la tórtola turca («gu gu-gu…»), 5 para la paloma torcaz («gu gu gu… gu-gu»).


Machos y hembras son idénticos


La cabeza y el cuerpo se tiñen de rosado en período nupcial
Una de las aves más familiares en el jardín; su canto es inigualable.
Originalmente, el mirlo es un ave forestal, o de manera más exacta, de las lindes, que se ha acercado al hombre gracias al desarrollo de los jardines y parques urbanos. Muy conocido, el macho es completamente negro con un pico amarillo y un círculo naranja alrededor del ojo en su plumaje nupcial. Las hembras y los jóvenes son marrones con el pico oscuro y pueden confundirse con un estornino. Pero los mirlos no son gregarios y se desplazan dando pequeños saltos, a diferencia de los estorninos.

Su canto es uno de los más bellos que existen. Es aflautado, sonoro y melodioso, emitido por el macho, bien visible, desde lo alto de un árbol o un tejado. Es muy variable y propio de cada individuo, que marca así su territorio y lo defiende de sus competidores. Es uno de los cantores más madrugadores, ya que comienza a trinar cuando aún es de noche. Se alimenta de lombrices, insectos, bayas, frutos… Su nido, en forma de copa, instalado en los arbustos, setos y matorrales del jardín, bien escondido, está compuesto de musgo y hierbas secas, mezcladas con tierra, lo que le da una buena solidez. El interior está tapizado con hierba seca, lo que permite distinguirlo del nido del zorzal común, que no lo está (véase página 64). En la ciudad, comienza a anidar temprano en la temporada, por lo que puede tener tres o incluso cuatro puestas al año. Cuando abandonan el nido, los polluelos deben seguir siendo alimentados por los padres durante dos semanas. Es en esta etapa cuando están más expuestos a los depredadores, en particular a los gatos.
Pico amarillo en primavera

Anillo ocular anaranjado característico

La hembra tiene un plumaje marrón
El plumaje del macho es totalmente negro, sin reflejos.


Una curruca de jardín que no cría en España.

Se encuentra en bosques, setos, lindes y jardines. No cría en España, aunque emigra en primavera y otoño, momento en que resulta visible.
Discreta y fugaz entre la vegetación, se distingue sobre todo por su canto, que, sin embargo, no tiene el tono sonoro y flautado de la curruca
Máscara sombría característica


Machos y hembras son idénticos
capirotada. Al igual que otras currucas, el macho construye varios proyectos de nidos que ofrece a la hembra para que elija. Esta última termina luego la construcción por sí sola.
Visitante primaveral y otoñal
Una curruca de matorrales y landas.
Anillo ocular rojo

En plumaje nupcial

Vientre rojizo
Dorso gris
Aunque frecuenta los matorrales y las maquias mediterráneas, también está presente en los páramos de brezos y tojos, en el sur y este de la península y en las islas Balerares. Por lo tanto, no es propiamente un ave de jardín. Turbulenta y furtiva, es, sin embargo, llamativa y difícil
de confundir debido a su pequeño tamaño, para ser una curruca, y a su larga cola, que mantiene constantemente erguida.
Sedentaria










¿Sabía que el vencejo común vuela durante diez meses seguidos sin posarse jamás, que el mito construye su nido «cosiéndolo» con hilos de araña, o que el cernícalo vulgar localiza a los pequeños roedores gracias a los rayos ultravioleta presentes en su orina?
Esta guía presenta las sesenta aves más comunes de nuestros jardines, ciudades y pueblos, aquellas que pueden observarse fácilmente cerca de casa. A través de anécdotas reveladoras o sorprendentes, destaca aquello que diferencia a cada especie de las demás y la hace única.
Las ilustraciones de Sandra Lefrançois, que ha sabido captar la esencia y los rasgos de todas estas aves, facilitan su identi cación.