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e no mediar acontecimientos extraordinarios, tan comunes en este país, creo que la economía argentina va a crecer en el próximo año entre un 3% y un 4%. Hay varias razones para esta desaceleración. En primer lugar, la inflación ha lastimado el poder adquisitivo de las grandes mayorías. El producto bruto nunca crece por la demanda de los ricos, crece cuando la demanda es motorizada por el grueso de la población. Luego, cuando los empresarios ven que ese consumo va a seguir generando demanda, invierten. Otro factor es la liquidez de la economía. Cuando hay inflación, hay una menor operatoria bancaria. Esto sucede porque el dinero a cada minuto vale menos y la gente, en lugar de ahorrarlo en el banco, lo gasta. También hay que prestarle atención a la presión tributaria fiscal. Esta ha estado creciendo de una forma que no se justifica; no por el número, sino por el destino de la recaudación. A veces el Estado da subsidios para consumir en un contexto de demanda excitada y agrega así una variable peligrosa. Para solucionar este panorama, entonces, la primera medida no es tanto de orden económico como psicológico. Se trata

de recomponer las expectativas. Recordemos el caso de Francia, de Raymond Poincaré. Muy respetado por toda la sociedad, llegó al poder en un momento de crisis económica. En 1926 comenzó a emitir decretos y medidas, y todo se tranquilizó. Se trata, por lo tanto, de generar un contexto de expectativas favorables. En el caso de Argentina, esto debe traducirse en un programa de moderación, no como en la Unión Europea, donde no hay demanda. El nombre no me gusta, pero, para ser lo más gráfico posible, estoy hablando de un acuerdo social, donde la CGT y los empresarios se moderen y donde el fisco no le complique la vida a la gente. El Gobierno tiene que dar también la idea, con el presupuesto, de que no está cargando la demanda. Asimismo, tenemos que tener la suerte de los granos, de la cosecha. Por ejemplo, antes exportábamos combustible y ahora pasamos a importarlo. Este año terminará con 12 mil millones de dólares de déficit comercial en combustibles. Para equilibrarlo, habrá que exportar mucho. Para lograrlo, habrá que tener una buena cosecha y una tasa de cambio favorable, con menores retenciones. La soja, en este sentido, será muy importante.

Recomponer las expectativas Marcelo Lascano, economista

Alguno ha dicho por ahí que el campo no genera un efecto derrame. No entienden que cuando los productores agropecuarios han tenido una buena retribución, cuando no se les saca todo con impuestos, ellos compran, por ejemplo, maquinarias. En consecuencia, también crece la producción de maquinaria agrícola. Ese es el efecto derrame que algunos no entienden. La crisis internacional también va a incidir. En Europa todavía hacen falta definiciones. En Estados Unidos, seguramente, habrá una resolución favorable, luego de años de errores que cometieron los republicanos. La economía de China probablemente se desacelerará. Tampoco veo una llegada de inversiones extranjeras, como sí sucede en Chile o Perú. Si cometimos errores, hay que reconocerlos y pedir disculpas con humildad. Argentina no las recibe por falta de credibilidad y confianza institucional. Tenemos que reconocer los fenómenos. La oposición tiene que usar todos estos temas como un factor civilizado de opinión y expresión para que cambien las reglas que no convienen. Mientras tanto, nos tendremos que conformar con crecer al 4% o 5%. No veo condiciones como para volver al nivel de crecimiento de la última década.


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