
Todas las mañanas, mis queridos estudiantes, vemos que el sol se levanta dominando las colinas y los picos de las montañas; cada mañana es distinta de otra. Si vosotros os tomarais la molestia de contemplar una salida de sol, constatarías que esto es así: las nubes de cada mañana se presentan con tonalidades y formas diversas, pero siempre de una hermosura incomparable, porque son pintadas con las manos del mejor de los pintores: DIOS.
Cada brochazo de Esa mano tiene el toque de eternidad, de belleza, de grandeza, de hermosura.
Padre CÉSAR A. DÁVILA G.
Derechos Reservados


¿Puede haber algo más bello, más fascinante, más hermoso que la luz?
¿Puede haber algo más subyugante en el cosmos físico que se expanda en las vastedades del universo, a través de espacio y tiempo, que la luz?
Cuando la tierra estaba vacía y confusa y las tinieblas se cernían sobre la faz del abismo, Yahvé da comienzo, según el Bereshith, primer libro del Génesis, a la creación con este primer mandato: “SEALALUZ”(Gén 1, 3).
Y hubo luz. Y vio Dios ser buena la luz. En la gran epopeya de la creación, cuando los seres pasan de la nada a la existencia, del no ser al ser, de la inercia al movimiento, el primer elemento que vibra en la danza cósmica de los mundos, es la luz.
¿Quién no ama la luz? ¿Quién no la busca, quién no se complace en ella?
Lo más hermoso que pintó el gran Pintor Eterno en este plano físico, con todos los toques de luz que imaginarse puede, es toda esta creación visible.
Sin ella, el caos informe, las tinieblas, que se ciernen en las fauces del tenebroso abismo.
Sin la luz no hay vida, ni movimiento, ni energía, ni organización posible, en una palabra, no hay nada.
Padre CÉSAR A. DÁVILA G.



El Evangelio de san Lucas relata que: “Cuando se les cumpliólosdíasdelapurificaciónsegúnlaLeydeMoisés, llevaronaJesúsaJerusalénapresentarlealSeñorcomo estáprescritoenlaLeydelSeñor”.
Este hecho de carácter histórico, que nos cuenta el evangelista sucede en el templo de Jerusalén.

El templo para los israelitas, era el lugar de adoración a Dios y era sobre todo el símbolo de la predilección de Jehová hacia el pueblo de Israel. Los judíos de todas las provincias acudían por lo menos una vez en el año a ese templo, para hacer sus ofrendas y sus holocaustos y para recordar allí esa alianza que Dios hizo con ese pueblo.

Allá subían también a presentar los niños y las niñas, porque era un acto ritual necesario, presentar a todo niño que naciera, a Dios. El evangelista san Lucas dice, quecumplidoslosdíasde purificación,laVirgenMaríasubióaltemploapresentaral Niño,segúnlaleydeMoisés . Una mujer que había dado a luz, quedaba impura si el nacido era niño por el término de cuarenta días, y si el nacido era mujer quedaba impura por el término de ochenta días.
“Novine,-dijo el Señor- aabolirlaLeyylosprofetassinoadar cumplimiento”. La Santísima Virgen, presenta pues, al Niño Jesús en el templo y juntamente con ese Niño presentó la ofrenda ritual. Las personas de comodidad tenían que hacer la ofrenda de un cordero y un par de tórtolas o dos pichones, los pobres podían suplir ese cordero con un par de tórtolas. Lo que ofreció la Santísima Virgen fue la ofrenda de los pobres. Pero esa
ofrenda estaba ampliamente suplida, ampliamente superada porque era la ofrenda no de una persona cualquiera sino de la Madre de Dios, y Dios no acepta, más que la buena voluntad y el buen deseo de agradarle. Y quienes cifran su gloria en ofrecer grandes sacrificios y grandes cosas a Dios sin que tengan la ofrenda pura y sincera de su corazón, no ofrecen en realidad nada; por eso dice el Señor, por boca del profeta Isaías: “Nome traigáismásdonesvacíos,másinciensoexecrable,sábados,asambleasnolosaguanto, vuestrassolemnidadesyfiestaslasdetesto,sehanvueltounacargaquenopuedo soportarmás.Cuandoextendéislasmanoscierrolosojos,-dice Él- aunquemultipliquéis lasplegariasnoosescucharé.Vuestrasmanosestánllenasdesangre,lavaosprimeroy purificaos,apartademivistavuestrasmalasacciones”.
Cuando venimos al templo y ofrecemos a Dios nuestras oraciones, primero hemos de procurar hacer lo que pide el Señor, purificar nuestras almas y nuestras conciencias; pero si tenemos esas almas manchadas especialmente con el odio no tenemos para que hacer ninguna ofrenda. Por eso dice, lavaosypurificaosyapartademivistavuestrasmalas acciones.

Eso no dice el profeta: cesar y llorar mal, aprended a obrar el bien, buscad la justicia, defended al oprimido, sed abogado del huérfano, defensor de la viuda, es decir, sed justos, sed honorables, amaos los unos a los otros, entonces sí podéis ofrecer vuestra ofrenda.

Esa ofrenda que ofreció la Santísima Virgen, fue una ofrenda pura, una ofrenda santa, una ofrenda que nacía de su corazón, aun cuando simbólicamente un par de tórtolas que ella traía, para reconocer esa disposición de la Ley.
Es allí en el templo en donde se encuentra con dos personajes, el uno que se llamaba Simeón y Ana la profetisa. Simeón era un hombre justo que había pedido insistentemente al Señor no morir sin ver al Mesías y Ana había hecho también una plegaria semejante a la de Simeón. Entra la Santísima Virgen al templo y al mismo tiempo entra también el anciano Simeón y la luz del Espíritu Santo se hace presente: una iluminación especial brilla en su ser y conoce que aquel Niño que traía la Virgen María en sus brazos, era el Mesías prometido. Lleno de gozo, lleno de alegría, toma al Niño en sus brazos y bendice a Dios, diciendo: “ahorapuedesSeñordejarirenpaza
tusiervo”,es decir, ahora sí puedo morir muy tranquilo, porque han visto mis ojos tu salvación, la que preparaste ante todos los pueblos. Esta salvación era ese Niño que tenía en sus brazos, que según él lo confiesa era Luz para iluminar las naciones. Ese Niño no iba a ser solamente una Luz que iluminaría la Judea, que uniría las mentes de una raza, sino una Luz que iluminaría a toda la humanidad, a todo hombre que viene a este mundo. Esa Luz sería una luz cósmica, una Luz que alumbraría a todas las naciones y a los pueblos de la tierra. Y esa Luz al mismo tiempo era, como es natural, gloria de ese pueblo de Israel.
Y luego la profetisa Ana hija de Fanuel, que había vivido siete años separada de su marido desde que enviudó y que tenía ochenta y cuatro años, también llega al templo y se puso a dar gloria a Dios y hablar del Niño, a todos los que esperaban la Redención de Jerusalén, porque reconoció también a ese Niño como al Mesías prometido.
Nosotros también tenemos la dicha de conocer a ese Niño a quien reconocieron por una parte el anciano Simeón y la profetisa Ana, tenemos la dicha de conocer a ese Niño y ese Niño es el Hijo de Dios. Pero ese Niño es también Hijo de María. ¡Qué hermoso es esto! Nosotros también podemos decir como el anciano Simeón, ahora si puedes despachar tranquilamente a tus hijos, a tus siervos, porque han visto la gloria de Dios, ese Niño que vino por nosotros y para nosotros.


Recordemos una vez más que la Santísima Virgen es la acreedora a todo nuestro amor, porque está íntimamente ligada a ese Niño que tiene en sus brazos y que ofrece y presenta en el templo, a ese Niño a quien reconoce Simeón, a ese Niño a quien reconoce la profetisa Ana.
Que ese Niño nos bendiga con una bendición especial. Y en estos días en que estamos celebrando estas glorias de la Santísima Virgen, recordemos una vez más que nuestras oraciones llegarán mejor a Él, a Cristo Jesús si las depositamos en las manos de la Santísima Virgen; pidámosle con fe, con amor y con esperanza.
P. CÉSAR A. DÁVILA G.

Recordemos que el Arcángel Rafael fue enviado a Tobías, al hijo del anciano Tobías y él le acompañó para que vaya donde Gabelo, a quien el padre había prestado un dinero.
Recordemos también que el padre de Tobías, el anciano Tobías, pues, estuvo ciego, y de regreso de donde se encontraba Gabelo, el Arcángel más bien, le manda a Tobías el hijo, a que le coja un pez por las agallas –decía- y le saque la hiel del pez.
P.
CÉSAR A. DÁVILA G.



No es común que un hombre posea la doble corona: la de los iluminados en el campo de los conocimientos humanos y la de los poseedores de la ciencia trascendentaldelespírituque culmina en la unión vivencial con ese Dios Bendito.
Nuestro compatriota cuyas pupilas se abren a este mundo en la más bella de las ciudades ecuatorianas, Cuenca cuya tradición ancestral se finca esencialmente en las conquistas del espíritu. Ha ceñido su frente con esta doble corona: de la gloria humana y de la gloria divina. Atildado escritor, filólogo de altos quilates, académico, humanista, poeta, brillante estilista y gramático y, sobre todo, genial educador, aporta a la Patria un acervo incalculable de gloria y prestigio. Las páginas de la historia del hombre están jalonadas por nombresquesigueniluminandoelsenderodesushermanos con sus obras y con sus grandes virtudes humanas. Nuestro HERMANO MIGUEL no solamente pertenece a esta clase de hombres. Él dio un paso más allá, que contados hombres solamente lo dan: El paso a la SANTIDAD, es decir, a esa comunión real con ese Dios Bendito. ¿Cuál es el camino para conseguir esta meta? La práctica de eso que los hombres llamamos virtudes –diría mejoresa disposición del hombre para que Dios se manifieste en él. La santidad es esto: dejar a Dios que realice su obra, dejar que ese soplo divino, que el Espíritu Divino se manifieste en el hombre y por el hombre; abrir de par en par y desde adentro las puertas del santuario de nosotros mismos para que la luz de Dios que denominamos gracia, entre a raudales y realice su obra. La santidad no es otra cosa que la armonía cabal del Yo Divino con el yo humano. Cuando el yo humano cede el paso a ese Yo Divino, su fruto es la santidad. Pero ésta no es tarea fácil como alguien pudiera imaginar.


Nuestro querido Hermano Miguel realizó esta tarea durante toda su vida, lo diríamos sin equivocarnos. En el lenguaje litúrgico el reconocimiento oficial por parte de la Iglesia de este hecho comprobado plenamente, se llama “canonización”.En esto no caben equivocaciones. Quien realiza oficialmente esto en nombre de Dios y de la Iglesia, es el Papa.
Cuandodespuésdecercadeunacenturialeadmiramos,sucedelomismoque cuando miramos una hermosa pintura desde lejos: se destacan mejor, su humidad, su paciencia, su obediencia, su profundo amor a la niñez y algo que sus biógrafos frecuentemente olvidan: su oración. La oración es la llave con la cual todos podemos abrir el Reino de Dios que cada uno llevamos dentro de nosotros mismos. Sin ella es imposible.

Querido Hermano Miguel: ¿CuálseríasumensajeasuqueridoECUADORen eldíadesuglorificación? Seguramente nos recomendaría que amemos como usted amó a los niños, a los jóvenes; quetrabajemos para que la PAZ en el orden político y social reine entre nosotros, que los poderes del Estado no desvirtúen su acción con esas luchas estériles y fratricidasqueavivan las pasiones del odio, de la intriga, del egoísmo, que trabajen por todos los asociados, pero de un modo especial por los humildes y los marginados; que la Iglesia ecuatoriana compenetrada del momento histórico que le ha tocado vivir, profundice en tomar conciencia de la misión eminentemente espiritual que está llamada a desempeñar, que todos los ecuatorianos tratemos de comprender que antes que cualquier otro valor, antes que cualesquiera otra meta, antes que cualesquier otro fin, antes que todo y sobre todo, primero está DIOS. Él es el valor sobre todo valor, la meta suprema, el fin sobre todo fin.
Esto lo comprendió y lo vivió nuestro nuevo santo compatriota.

P. CÉSAR A. DÁVILA G.
Nuestro Hermanito Miguel… era un hombre sumamente activo a pesar que padecía de una enfermedad congénita. Él no dejó su oración y ni abandonó a sus discípulos. Frecuentemente tenía su éxtasis o samadhi; algunas veces le vieron levitar. Fue un hombre de oración que no descuidó ni un solo momento su actividad diaria con todos sus hermanos.

LOURDES: Apariciones año 1958. Se apareció 18 veces.
El 25 de marzo dijo: “YosoylaInmaculadaConcepción”.
El 18 de febrero dijo la Virgencita a Bernardita: “Quiereshacerelfavordeveniracá durante15días.Yonoteprometodichaenestemundosinoenelotro.Deseoelbiendel mundo”…
“Ruegaporlospecadores.Penitencia,penitencia,penitencia.Dialossacerdotesque construyanaquíunacapilla.Andaalafuenteybebeallíylávateconlahierbaquehay allí.”
P. CÉSAR A. DÁVILA G. 1963




En el orden divino, está eso de llevar a Dios a los hombres, a través de otros hombres.
La Virgen María, con relación a Dios, y siendo la Madre del Verbo de Dios, evidentemente tiene poderes o privilegios especialísimos que no tiene ninguna otra criatura. Esta es la razón por la cual, en todas partes tenemos santuarios que se han levantado para rendirle el culto que le debe el pueblo de Dios.
Voy a hablarles de la presencia de la Virgen María en el mundo, esa presencia ha sido estudiada solamente bajo el punto de vista histórico, así como la presencia de Cristo, eso es una cosa interesante también.

Nos imaginarnos que Cristo apareció un día en la tierra y se fue a los cielos, y su presencia terminó. No pensamos siquiera, que ese Cristo, está trabajando siempre, hoy, en este momento con sus hermanos y en medio de sus hermanos. No nos imaginamos que su Madre, la Virgen; que los grandes maestros que desencarnaron y que quienes fueron amigos nuestros y desencarnaron también, están trabajando en estos mismos instantes, con nosotros, por nosotros y por esta humanidad. Hemos de hablar sobre esa presencia real de Dios, de Cristo, de la Virgen y de los maestros en este plano y en este momento.
La Virgen fue escogida para desempeñar una misión tan grande, Ella continúa su misión con sus hermanos menores que son sus hijos. Debemos ir a Ella como vamos a los maestros, y más todavía, mucho más, porque Ella es la Gran Maestra, podemos decir también: Maestra de maestras.
Tengo esta idea que se clavó a mí profundamente y no salgo de ella porque creo que es completamente exacta: El Evangelio que escribió Juan y el Apocalipsis son obras de la Virgencita, Ella estuvo con Juan durante treinta años. Y esa alma tan evolucionada no hablaría con el discípulo del Señor e hijo adoptivo suyo, de esas cosas sin importancia o tan triviales, de las que hablamos nosotros.


¿Cómo serían realmente sus conversaciones, esos coloquios de Ella con el discípulo? Fruto de esos coloquios con la Virgen tienen ustedes el Evangelio espiritual por excelencia: el Evangelio de San Juan y el Apocalipsis. Esa es una de mis tesis que sostengo.
P. CÉSAR A. DÁVILA G.

Ese Dios infinito, eterno, misericordioso, ese Dios toda bondad, todo amor, ¿permaneció solo en su eterna felicidad y no comunicó a ningún ser, esa felicidad que Él poseyó y posee siempre? Para mí es un gran absurdo que Él haya permanecido desde que Él es Dios como un ser solitario, como un ser aislado, como un ser egoísta, que haya querido su felicidad, su perfección para sí mismo, que haya querido todas las cosas para Él y no para los demás.


Estoy plenamente convencido, los seres llámense como se llamen: una piedra, un mineral, una planta, un ave, una galaxia, un sol, un sistema solar, un planeta, un hombre, un ángel, cualesquiera de las denominaciones celestiales, todas las criaturas participaron de esas mismas perfecciones divinas.
Esa criatura a la cual ese bendito Dios comunicó todo lo que era no tiene su origen ayer, ni vino hace veinte mil años o veinte millones de años, ni hace quinientos millones de años. Esa criatura- estoy convencido- se remonta también a los abismos del estrellato.
Así como ese Dios Bendito engendró a su propio Hijo: al Verbo, y de Él se originó y procedió el Espíritu Santo; también esta generación, -teológicamente hablandoes una generación eterna. La presencia del hombre está a esa misma distancia de tiempo. Esas criaturas están en la mente divina creadas y formadas antes que el tiempo sea tiempo, antes que comience la noción de espacio.
Cada uno de nosotros está en la mente de Dios eternamente y esta es la grandeza de la obra de la creación divina…
P. CÉSAR A. DÁVILA G.
Tienen mucha razón al preguntarme: ¿Por qué se sintoniza especialmente con los jóvenes? ¿Qué es lo que practica para sentirse tan bien con los jóvenes, y no solo usted se siente bien, sino que ellos experimentan lo mismo? ¿Por qué le tratan con una confianza extraordinaria, superior a la que tienen con sus padres? ¿Cuál es el secreto por el que usted siente tanta atracción por ellos y a su vez ellos se sienten tan atraídos hacia usted? Podría responder que esto se debe al intercambio recíproco de vibraciones: quisiera darles algo que para mí es fundamental, algo que ustedes como jóvenes tienen que comprender en su verdadera dimensión, y que se llama AMOR.

Cuando se da el verdadero amor y cuando uno es el canal de ese verdadero AMOR QUE VIENE DE DIOS, se realiza el milagro de aplanar –si cabe el término- esas grandes montañas de la incomprensión, de falta de armonía, de los prejuicios, la desconfianza, etc. Este es el secreto por el cual me siento, no atraído sino entregado a ustedes. A su vez, ustedes también tienen ese espíritu de entrega sincera.
Estamos hablando del AMOR. Y sobre este tema tengo que hacer varias consideraciones para que este concepto quede completamente claro.
San Juan tiene una expresión muy hermosa para definir a Dios cuando dice: “EsteeselmensajequeherecibidodeÉl,queDios esLuzyquenohayningunatinieblaenÉl” . Dice también: “DiosesAmor”,un Amor tan grande, inmenso e infinito, que todo lo que pudiéramos decir o expresar de Él, sería nada.
El amor que nos tiene Dios lo expresa de una manera clara y evidente. Este amor que tiene a sus hijos, a sus criaturas, lo manifiesta poniendo a disposición nuestra, absolutamente todo lo que tiene.
El salmo de David (24) dice: “DelSeñoreslatierraytodoloquehayenella” . Y esto es precisamente lo que pone a nuestra disposición. Así como no podemos contar los cabellos de nuestra cabeza, así también los beneficios que Él ha puesto a nuestro paso son incontables. Él está sembrando de bendiciones nuestro camino, todas las bendiciones de nuestra vida, brotan de Él.
Aún más, Él se ha dado a Si mismo en su propio Hijo Jesucristo. ¡La mayor prueba de esa dádiva es su Hijo! No se reserva nada. Nos lo da para que se convierta en nuestro Hermano mayor.
¡Esta es la Entrega Divina: la demostración de Amor que hace Él a sus hijos!
P. CÉSAR A. DÁVILA G.



Comenzamos, amados hermanos, este tiempo de Cuaresma. Si examinamos un poquito la historia de la Iglesia, veremos que este tiempo fue especial para los primitivos cristianos. Ellos que estuvieron tan cerca de los acontecimientos que dieron origen a esta nueva doctrina predicada por el Salvador, ellos que comprendieron con toda plenitud el mensaje del Señor, observaron prácticas que las primitivas comunidades cristianas estaban completamente acordes con el espíritu del Evangelio predicado por el Señor. Poco a poco, desventuradamente, se han ido perdiendo esas costumbres que los primeros cristianos observaban en determinados tiempos del año.

El tiempo de Cuaresma, por ejemplo, era consagrado al ayuno y a la penitencia. Los cristianos se reunían en el seno de sus comunidades y luego observaban estrictamente los ritos sagrados de la fracción del pan y de la participación de ese pan, por todo el cristiano que comprendía de verdad el mensaje del Señor. Y luego, en ese tiempo de Cuaresma especialmente, observaban el estricto ayuno durante cuarenta días, los cuarenta días que precedían a la celebración de la resurrección del Señor. Y no digamos el tiempo de la Semana Santa, era pues un tiempo sacratísimo.
Con el correr de los siglos ha venido el enfriamiento de las almas, y con ese enfriamiento, también el descuido de esas prácticas elementales de santificación que observaban las primeras comunidades cristianas. Y ahora se cree hacer mucho y se cree que uno ha cumplido ya con la obligación de cristiano con venir el día domingo
a la Santa Misa, con escuchar, a veces muy distraídos, la explicación de la Palabra de Dios. Y luego se cree así mismo que uno ha cumplido ya con todo deber de cristiano cuando se confiesa por la Cuaresma o por Semana Santa. En eso hacen consistir todo el cristianismo la mayoría de los cristianos.
Pero, sencillamente, mis amados hermanos, si nosotros examinamos someramente, superficialmente siquiera, lo que el Señor nos dice en el Santo Evangelio, veremos que esa conducta dista mucho de lo que quiere y pide el Señor de quienes profesan Su doctrina.

El cristianismo, mis queridos hermanos, es una doctrina sí, pero esa doctrina tiene que ir acompañada de la práctica. El cristianismo, sobre todo, es vivencia y si nosotros no vivimos nuestro cristianismo, sencillamente no estamos viviendo como cristianos y si nosotros no vivimos como cristianos, no podemos, en justicia, esperar la recompensa que Dios ha prometido a quienes le aman y le sirven.

Yo quisiera preguntar a muchos cristianos de hoy, del siglo XX, cuántos ayunan después que han pasado ya los veinte años, cuántos ayunan durante todo el año. Yo tengo la seguridad de que, si son sinceros, han de decir: No ayunamos, ciertamente, ni un solo día del año. Cuántos observan la abstinencia en los días que ahora son de preceptos, apenas unos pocos: el Miércoles de Ceniza, luego el Viernes Santo, quizá el Viernes Santo se observa, pero el resto del año nada.
En las primeras épocas del cristianismo, esto no era así, mis amados hermanos. Los cuarenta días de la CUARESMA eran de AYUNO y ABSTINENCIA y no se eximían de esa Ley que era tan severa, sino a los verdaderamente enfermos, a los que no podían realmente cumplir con ese precepto. ¿Y por qué, mis queridos hermanos, se prescribía el ayuno? ¿Por qué se prescribía la penitencia? Porque, mis amados hermanos, el ayuno y
la penitencia son prácticas que nos acercan a Dios nuestro Señor; son prácticas que nos hacen reflexionar en que tenemos que dejar esta tierra quizá muy pronto; son prácticas que nos ayudan a santificarnos, aun cuando más importante que el ayuno y la abstinencia es el vivir como cristianos, el observar las leyes que el Señor Dios nos ha dado en Su Santo Evangelio.

Entre esas leyes que el Señor nos ha puesto está LA SUPREMA LEY DEL AMOR CRISTIANO y, después del amor cristiano, de ese amor que consiste no solamente en no odiar, porque muchas veces se hace consistir ese mandamiento en algo enteramente negativo como eso, piensa que alguien está cumpliendo con el mandamiento del amor porque no odia, porque no tiene venganza con alguien, por alguna cosa de esas. No, el amor es algo enteramente positivo, real. El amor consiste en darse a los demás, sacrificarse por los demás. Si uno tiene que hacer una cosa, mis amados hermanos, aun cuando sea urgente y algún hermano nuestro viene a solicitarnos un servicio, nosotros estamos en la obligación de darle lo que él nos pide. Esto es amor. Esto significa la entrega que nos enseña Cristo nuestro Señor en Su Santo Evangelio. El amor es realizar obras de misericordia, esas obras de caridad que en cierta manera nos obligan como cristianos. Sí, el amor consiste en visitar a los enfermos, consolar a los tristes, dar algún consuelo a los afligidos y, en una palabra, realizar obras en favor de nuestros hermanos que necesitan algo. Cuántas veces nosotros pasamos adelante cuando un hermano nuestro viene a nosotros afligido, pidiéndonos consuelo o cuántas veces nosotros, cuando vemos así mismo a una persona atribulada, nos alejamos y la dejamos sola en su dolor. Esto no es amor cristiano, mis amados hermanos. El amor cristiano es, sobre todo, entrega, renunciación.

En estos días, hemos de procurar reflexionar en esto, en esas obligaciones que tenemos como cristianos y luego hemos de orar, pero orar, así mismo, no es repetir solamente fórmulas de oración. Cuántos cristianos hacen consistir la oración en repetir fórmulas o en tomar de algún devocionario alguna oración que ese hombre piadoso que escribió ese devocionario, inventó o tomó de alguna otra parte; porque la mayoría de los libros se hacen así, copiando de los unos, de los otros. Bueno, pero en todo caso, se hace consistir muchas veces la oración, como digo, en repetir fórmulas ajenas, fórmulas que nosotros ni siquiera sentimos, fórmulas de las cuales nuestra mente está completamente alejada. No, mis amados hermanos, la oración debe ser completamente espontánea…
P. CÉSAR A. DÁVILA G.


La impronta dejada por la huella del cristianismo en Roma, salta a primer plano, por poco que el visitante la vea con un poco de atención. No hay callejuela, no existe avenida o lugar importante en que no emerja un recuerdo del cristianismo. Roma es Roma porque aquí nació el cristianismo.

Si Pedro y Pablo no hubieran puesto sus pies en la Capital del Imperio de los Césares, Roma fuera sin duda una de tantas ciudades de idéntico parecido con las más grandes de



Europa. Si Pedro no hubiera venido a Roma y si no hubiera realizado en él aquellas palabras de su Maestro: “Cuandoerasjoven,túteceñíase ibasadondequerías;cuandoenvejezcas,extenderástusmanosyotrote ceñiráytellevaráadondenoquieres.EstolodijoelSeñorindicandocon quémuertehabíadeglorificaraDios”(Juan 21, 18-19).
Si Pedro no hubiera cumplido esta profecía del Señor, Roma no sería la Roma que es hoy.
La Roma de los peregrinos, la Roma de las 400 iglesias, la Roma de los más grandiosos monumentos del arte, la Roma de Miguel Ángel, de Leonardo da Vinci, la Roma de los sucesores de Pedro.


Entrando a la Monumental Basílica de San Pedro… a mano izquierda, en una estrecha galería, casi perdida el visitante puede detenerse a leer una inscripción en una plancha enorme de mármol, la inscripción dice: SVMMI PONTIFICES IN HAC BASILICA SEPVLTI . Luego a continuación los nombres de los sucesores del Pescador de Galilea, como Pedro, también pescadores de hombres. No se ha interrumpido la serie. Allí está para la historia. Ahí está el nombre de Pedro a la cabeza: ahí está igualmente el nombre del último pescador contemporáneo, de Paulo VI. Las personas han cambiado, los nombres son distintos. De aquí hasta la consumación de los siglos, continuará poniéndose en escena el gran drama humano; pero continuará también los mismos pescadores de hombres pescando en el gran mar de esta humanidad, los pescados. Esos pescados que serán servidos en el Banquete Celestial.

Aquí en Roma, seguirá Pedro y quienes hacen sus veces, no importa la sucesión del tiempo. El correr del tiempo es solo un accidente. Aquí seguirá Pedro, apacentando a los corderos y a las ovejas a quienes Jesús mandó llevar a los pastos verdes y abundantes.
Aquí continuará Pedro, vivo en cada uno de los que le sucedan, apacentando a los corderos y a las ovejas del Señor, porque no son suyas, sino que Él las confió; pero con amor, con el único y substancial alimento del amor. Estas ovejas que son todos los hombres, que son la humanidad toda serán apacentada por la voluntad de Cristo, con y por el amor. El fundamento del cristianismo es el amor. Cuando el Bendito Señor confió a Pedro el cuidado de sus ovejas y de sus corderos, no le exigió otra condición sino la del amor: “Simón,hijodeJuan,¿meamas?”(Juan 21, 15). Solo después que el obscuro pescador del Tiberíades le contestó por tres veces afirmativamente, el Señor le encomendó el cuidado de ovejas y corderos. Entrega, confianza plena del Maestro, a cambio del amor a las ovejas y corderos que le promete el más viejo de sus discípulos.


En el libro LasllavesdetuReino , se recomienda una y otra vez insistentemente, el tener en la casa, sino un cuarto especial por lo menos un biombo que separe la sala de ese lugar de oración, o el dormitorio de ese lugar de oración. Desventuradamente las costumbres que se han introducido posteriormente, esas costumbres que nacen de ese hedonismo sin freno, caracterizado por lo que se llama avances de este siglo, eso ha hecho que olvidemos de las cosas de DIOS y que nos preocupemos más bien de las cosas del orden meramente temporal. En nuestras casas, los arquitectos y los ingenieros quienes tienen siempre en mente el dotar a esa casa, desde el lugar en donde tiene que colocarse el sombrero o los sombreros, la ropa cuando uno va de visita, la sala de visita, el comedor, los dormitorios, la sala de estar, baños, etc.; pero no hay un lugar de la casa que diga en este lugar puedo encontrarme con DIOS.
Esto, mis queridos estudiantes, tenemos nosotros que suplirlo. Antes que nada, primero ÉL,

ya que Él es el dueño de todo, absolutamente de todo.
Para que nosotros podamos pedir que Él bendiga nuestra habitación, para que Él bendiga nuestros trabajos, nuestras inquietudes, nuestros problemas; y para tener la seguridad de que esto es así, también hagamos el pequeño esfuerzo de tener en nuestra casa ese pequeño lugarcito en donde encontrarnos diariamente con DIOS. Esto no significa, mis queridos estudiantes, realizar algo extraordinario, algo que solamente realizan los santos, o algo que tienen que realizar los religiosos o las religiosas en sus Conventos. ¡No! Cada uno de nosotros mis queridos estudiantes, tiene el deber, un deber con Dios, cada uno de nosotros. No solamente el religioso, la religiosa, sino el hombre como tal, tiene el deber de llegar a DIOS; y de buscar en DIOS todo lo que él puede con justicia y con verdad encontrar y esperar. ¡TODOS! Para que ÉL bendiga nuestros trabajos, para que ÉL bendiga lo que hacemos, para que ÉL bendiga a esta humanidad que cada día anda más extraviada.
P. CÉSAR A. DÁVILA G.
Guía Espiritual y Fundador de AEA