GALÁPAGOS
Mis queridos estudiantes pido a Dios para todos y cada uno de vosotros, que ese Dios Bendito os dé muchas bendiciones; bendiciones de comprensión del papel que hemos venido a desempeñar aquí, en la tierra, de la necesidad que tenemos de ir puliendo nuestro espíritu para que dé frutos. Mis queridos estudiantes, espero pues, que este año sea para vosotros lleno de bendiciones … Padre CÉSAR A. DÁVILA G.
AEA ASOCIACIÓN ESCUELA DE AUTO-REALIZACIÓN
Derechos Reservados
Nuestra vida es un cuaderno de hojas en blanco en qué vamos anotando todos los acontecimientos de nuestra existencia. Si profundizamos en lo que es la vida humana Comprobaremos la verdad del testimonio del libro bíblico Qohetel:
“vanidad de vanidades, todo es vanidad” (Ecles 1,2). “Miré todo cuanto habían hecho mis manos y todos los afanes que al hacerlo tuve, y vi que todo era vanidad y apacentarse de viento, y no hay nada estable bajo el sol” (Ecles 1, 11). Continuando su reflexión acerca de la brevedad de la existencia humana y de la monotonía del tiempo, reflexiona así:
“Pasa una generación y viene otra, pero la tierra es siempre la misma. Sale el sol, pónese el sol, y corre con el afán de llegar a su lugar, de donde vuelve a nacer… Los ríos van todos a la mar y la mar no se llena; allá de donde vinieron tornan de nuevo, para volver a correr… lo que fue, eso será. Lo que ya se hizo, eso es lo que se hará; no se hace nada nuevo bajo el sol. Una cosa de que dicen: Mira esto, esto es nuevo, aun esa fue ya en los siglos anteriores a nosotros, no hay memoria de lo que precedió ni de lo que sucederá habrá memoria en los que serán después…” (Ecles 1, 4-9).
Estas reflexiones del libro bíblico no pierden actualidad. Creo que no es casualidad o una coincidencia –como se dice vulgarmente- el que tengamos que celebrar la fiesta más grande para el mundo cristiano: La Navidad, la terminación de un año y el comienzo de otro. Creo que no solo es conveniente sino necesario unir estos dos grandes acontecimientos. El paso del tiempo si no tiene para nosotros un significado real, no traerá ningún provecho. El correr de los días, meses y años en la vida humana, no tienen significado si no se miran bajo el signo divino del Nacimiento de un Niño que siendo Dios se hace Hombre, para enseñarnos la verdadera razón de nuestra existencia en la tierra. Su presencia entre nosotros nos indica cómo ha de ser nuestra vida. De la comprensión de esto, depende la felicidad de nuestra existencia sobre la tierra. Mis queridos estudiantes de Auto-Realización: No perdamos de vista ningún día de nuestra vida. Tengamos presente que la razón de la existencia humana está descrita en el mensaje que ese Divino Niño nos trajo de nuestro Padre Dios, mensaje que se resume en estas palabas suyas:
“Buscad primero el reino de Dios y todo lo demás vendrá por añadidura” (Lc 12,31).
Padre CÉSAR A. DÁVILA G.
¿Qué dimensión tiene este “DIOS CON NOSOTROS”? (Mt 1,23). La presencia de Cristo, de este Dios que encarna y habita entre nosotros, de este EMMANUEL que nos entrega el Padre, es para que no olvidemos en ningún momento de nuestra existencia que DIOS ESTÁ SIEMPRE CON NOSOTROS. No decimos que “estaba”, ni “estará” porque la presencia divina en nosotros es una realidad permanente. Este nombre EMMANUEL es el signo visible de esa presencia del Dios invisible. Dios es respecto de nosotros, el Alfa (Principio) y la Omega (Fin). El hombre es como un paréntesis anclado en la eternidad de Dios. A veces se obscurece y otras, se pierde en él esta realidad de su divino origen y su divino fin. ¿Por qué? Porque culpablemente ha permitido que prevalezca “el hombre animal que no percibe las
cosas que son del espíritu de Dios porque le son locura y no las puede entender, porque se han de examinar espiritualmente” (I Cor 2,14)… El mensaje del Dios EMMANUEL es que no perdamos de vista que Dios está siempre con nosotros, aunque nosotros no tengamos conciencia de esto. La Meditación, la Oración Contemplativa, nos quita las vendas de nuestros ojos, la sordera de nuestros oídos, la dureza de nuestro corazón desviado y nos hace aprovechar en toda su dimensión el mensaje de la Palabra de Dios. La Oración Contemplativa es la moneda que nunca se devalúa, moneda que vale más que todo el oro del mundo. Que la palabra EMMANUEL, se convierta en una vivencia permanente en cada uno de nosotros. P. CÉSAR A. DÁVILA G.
María por su título de MADRE DE DIOS Y Madre nuestra Es acreedora al mayor respeto, Al mayor amor, a la mayor veneración. Recordemos algunas páginas de nuestra historia nacional. MARÍA nos visitó varias veces en carne mortal Y estableció su trono en Quito. MARÍA se apareció muchas veces a nuestros antepasados, Ya envuelta en luminosas nubes, ya en los bosques silenciosos, Ya en los templos, ya sobre cumbres… MARÍA arrastra en pos de Sí a una inmensa multitud de peregrinos Al Santuario del Quinche; MARÍA lloró por nosotros el 20 de abril de 1906. Razón sobrada tenían nuestros antepasados para llamar al ECUADOR: La República del Sagrado Corazón de Jesús y de María… P. CÉSAR A. DÁVILA G. Quiero, para terminar este saludo y estos consejos que os dirijo, recordando solamente algo que es en estos momentos pues, de mucha actualidad. Se desplazan a Europa y concretamente a Yugoslavia, a una pequeña aldea de Yugoslavia, en donde unos jóvenes, 6 jóvenes; como narran pues los que han estado allá, narran el diálogo, las apariciones de la Santísima Virgen. Se desplazan de todo el mundo, del mundo cristiano especialmente allá, a Yugoslavia, como se desplazaron antes a Lourdes, -yo he tenido ocasión de estar en Lourdes- después en Fátima, -también he estado en Fátima- y luego aquí. Y en Yugoslavia en ese pequeño pueblito estos 6 jóvenes han tenido frecuentes diálogos con la Virgen Bendita.
Pero, ¿sabéis mis queridos hermanos y estudiantes, sabéis lo que dice la Virgen, lo que pide la Virgen? Ayer nomas pues, abría el libro que no lo había abierto hace mucho tiempo, es decir, desde cuando llegó a mis manos el libro; y veía en cada una de sus páginas, algo que realmente nos llamó -a mí y a otro con quien compartía- la atención de cómo mis queridos estudiantes el mensaje de Auto-Realización coincidía el cien por ciento con el mensaje que en estos momentos está dando la Virgen Bendita. Les digo a ustedes, el cien por ciento. Parecía como que lo mismo que dice la Virgen nos hubiéramos conversado. ¿Para qué? Para decirles a ustedes ¡Cómo HABLA ELLA DE ORACIÓN, PERO DE ORACIÓN CONTEMPLATIVA! ¡Y cómo Ella habla de la necesidad de la oración! ¡Y cómo acogen ese mensaje de la oración! Habrá ocasión de comentarles a ustedes, despacio, ese libro; pero ya les anticipo, este libro que titula “La Reina de la Paz, seis años de apariciones marianas en una aldea de Yugoslavia”. Ese libro contiene un mensaje de la Virgen: pero se centra en la meditación, se centra en la oración, se centra insistentemente en la oración. Y todo el tiempo está la Virgen, pues, hablando de la necesidad absoluta que tiene el hombre, de la oración para poder confrontar y para poder pues, resistir a esta avalancha de materialismo. Uno de los muchachos de las visiones, dice, por ejemplo: Háblanos de tu vida de oración, dice el interlocutor. Y él dice: me
levanto a las 5 de la mañana y hago oración durante hora y media; al mediodía la comida, una hora de oración, y luego otra vez al trabajo; antes de la misa de las 6 me recojo en oración en la iglesia para prepararme espiritualmente al encuentro con la Virgen. Luego: ¿qué libros usas para tu meditación? –La Biblia. Y luego dice también esto: A veces me quedo por mucho tiempo – óiganme ustedes- me quedo mucho tiempo, por mucho tiempo en la palabra Jesús o en la palabra Abba. Digo también algunas oraciones que la Virgen me enseñó y medito estas mismas oraciones. Jesús, Abba, ¡lo que decimos nosotros en los casetes, lo que hacemos nosotros! Yo ni siquiera conocía el libro, ayer abrí el libro. Y hay otras cosas mis queridos estudiantes, que a medida que ustedes adelanten se les irá dando a conocer; cosas, pero concretísimas, cosas que no se pueden olvidar. Por ejemplo, aquí al azar: el quinto mensaje y el más insistente -miren- de nuestra Señora en estos seis años es el MENSAJE DE LA ORACIÓN. Veamos algunas, dice:
“Ustedes han olvidado que con la oración y el ayuno se pueden
frenar, cesar las guerras; si estas han empezado, hacer que cesen. Se puede hasta suspender las leyes naturales, es decir, hacer milagros. Muchos cristianos han perdido la fe porque no oran, la oración es el camino para alcanzar la PAZ. Sí ustedes oran, una fuente de vida brotará de sus corazones. Que la oración domine sus corazones en cada momento. En la oración encontrarán la alegría más profunda. Muchos cristianos viven como paganos, hay pocos creyentes de verdad”. Y en el lugar de su aparición, dice: “Este es un lugar de
oración y no de información. Hoy, peregrinos se ponen a fotografiar en lugar de orar. Si quieren ser felices, lleven una vida sencilla y humilde y oren. No vayan complicando los problemas sino dejen la solución de Dios. Profundicen en orar, amar al prójimo, y así, todo. Hagan oración y Dios les iluminará”. Entonces mis queridos estudiantes, ¡qué más queremos! ¿Qué se les ha dicho a ustedes? ¿Y por propia experiencia no conocen ustedes la veracidad de todo eso? ¿Y no han experimentado que en la oración encuentran toda su fuerza para solucionar cualquier problema que tengan? Mis queridos estudiantes, una vez más doy gracias a Dios porque Él nos ha inspirado esa respuesta, de que vosotros hayáis tomado también en serio de esta invitación, y habéis entrado, y que hayáis entrado en una escuela precisamente, en una Escuela de Oración Contemplativa, porque esa es nuestra escuela…
P. CÉSAR A. DÁVILA G.
La venida del HIJO de DIOS a esta tierra, no puede considerarse como un hecho aislado, por el contrario, es este un hecho de carácter cósmico que tiene su repercusión inmediata, no solo en este pequeño planeta, sino en todo el universo. Cristo Jesús, como ningún otro personaje, es la síntesis de todo el universo visible e invisible. Este universo gravita en los espacios, cada día la ciencia va sondeando y descubriendo en nuevas formas de vida y nuevos mundos. El universo visible está compuesto de materia tangible, sujeta a la comprobación de nuestros sentidos. Cristo tomó de esta materia del universo una parte para que se formara el templo de ese espíritu divino y eterno. Espíritu que san Juan llama el Verbo de Dios, la palabra que se encarna en ese poco de materia. Miramos a Cristo bajo ese aspecto humano o corporal más propiamente, y con razón decimos que es la síntesis del universo. En ese pequeño mundo físico que es su cuerpo, está resumida, condensada, toda la materia que existe en el gran cosmos. Él todavía tiene algo más grande, infinitamente más grande que todo eso: Su Espíritu. Pero no es un espíritu semejante al nuestro, aunque esencialmente ese espíritu y el nuestro sean idénticos. Ese Espíritu que
se encarna es el Espíritu de una persona divina, es el Espíritu de un Dios, es el Espíritu de la Segunda Persona de la Santísima Trinidad: Espíritu infinito, eterno, omnipotente, fuente de dicha, paz, gozo y bienaventuranza; en fin, fuente de toda perfección. Con razón esta afirmación que en Cristo que se encarna la síntesis de todo el universo visible e invisible, del universo material y de este universo que pudiéramos llamar: Divino. Él es la sustancia divina, por eso este hecho de su venida a la tierra, no podía pasar desapercibido, está incrustado profundamente en la historia del hombre, está íntimamente, inseparablemente relacionada con la historia de la presencia de Cristo entre nosotros. Por esta razón, el evangelista Mateo y los otros evangelistas, nos recuerdan el hecho de la visita de los MAGOS DE ORIENTE, cuyos nombres da la tradición cristiana de los primeros siglos. Los evangelistas dicen simplemente que apareció en el Oriente, un signo de la presencia de ese Dios entre nosotros, de ese Dios que viene a compartir las miserias del hombre, de ese Dios que viene a ser el instrumento de comunicación con el Padre. Dios tenía que empequeñecerse, reducirse a la mínima expresión de una criatura para que sea el instrumento de comunicación con el hombre. Él viene para cumplir esa misión de comunicarnos las riquezas que tiene Dios nuestro Señor, reservadas para el hombre. Para indicarnos que el hombre como tal no tiene un lugar permanente, que es solo un viajero y que allá si le espera la patria verdadera, la recompensa que merecerá si él a su vez trabaja para merecer la recompensa. Estos MAGOS ven el signo de la presencia de Cristo y se van a Jerusalén. Entre los pueblos de Oriente, era evidente esa tradición que vendría un Dios a la tierra, que un Dios se encarnaría para compartir las miserias del hombre y salvarle. Por eso cuando esos hombres contemplan en el cielo una señal extraordinaria, comprenden que ese Salvador a quien esperaban no solamente los judíos sin también todos los hombres, estaba en medio de los hombres, por eso se dirigen a Jerusalén para adorar a ese Dios a quien creían presente. Herodes según la narración evangélica, cuando recibe la visita de los MAGOS se sorprende, convoca a los pontífices, a los doctores y letrados, y les pregunta: ¿qué dicen los libros sagrados, a cerca de aquello que los magos preguntaban? La tradición del pueblo judío era demasiado clara, las profecías señalaban el lugar del nacimiento del Mesías prometido, esas profecías eran conocidas unos 300, 400, 600 y 800 años antes de que sucedieran esos acontecimientos. Con toda claridad daban las señales diversas por los cuales los hombres conocerían que estaba en medio de ellos, el Redentor prometido por el Padre. Precisamente la profecía de Miqueas decía lo que el evangelista Mateo transcribe: "Y tú Belén, tierra de Judá no eres ni mucho menos la última de las ciudades de
Judá, pues de ti saldrá un jefe que será el pastor de mi pueblo de Israel" (Mateo 2,6). Estaba claramente expresado el lugar en donde había de nacer el nuevo Rey de los Judíos, no un Rey temporal que quería un dominio de ese orden, sino el Rey de paz, el Rey de reyes, el Rey que quería establecer un reino completamente diferente de aquellos reinos de la tierra, el verdadero Rey, el Hijo de Dios nacería según la profecía, en Belén y por eso Herodes les encamina a los magos hacia allá…
P. CÉSAR A. DÁVILA G.
La fe de los magos fue práctica, es decir, se manifestó con obras. Llegaron a Belén y ofrecieron al Niño, el oro, el incienso y la mirra; tres presentes simbólicos que significan el amor, la adoración y la sumisión que debemos a Dios. A ejemplo de los Magos, debemos ofrecer al Niño Dios, el oro de nuestra caridad, juntamente con la caridad debemos ofrecerle la oración y la oración atenta y humilde, esa oración espontánea, esa oración que sale del alma y se eleva al cielo como el perfume del incienso quemado en el santuario… P. CÉSAR A. DÁVILA G.
La misión que venía a desempeñar aquí en la tierra el Hijo de Dios, fue una misión que el Padre Celestial le encargó. Dios nuestro Señor había hablado a los hombres por medio de hombres, por los profetas a lo largo de toda la historia del pueblo judío, historia que precedió al advenimiento del Mesías. El Padre Celestial iba escalonando a través del tiempo etapas en las cuales suscitó hombres para que enseñaran a los otros el camino de la salvación. Pero esta enseñanza fue realmente parcial, una enseñanza imperfecta, una enseñanza que todavía no tenía esos caracteres de perfección que tendría la que más tarde impartiría Su propio Hijo. Dice el apóstol que suscitó Él a Su Hijo para que hablara a los hombres y da los caracteres, los títulos de este Hijo: "Este Hijo era el heredero de todo, el mismo
por quién había creado los mundos y las edades, ese Hijo era el reflejo de Su Gloria, la impronta de Su ser, el que sostiene el universo con la Palabra poderosa de Dios, el que debía realizar la purificación de los pecados, el que está sentado a la derecha de la Majestad del Padre en las alturas, todavía más poderoso y valedor que los ángeles porque extraordinarios son los títulos con los cuales se conoce". (Heb 1, 2-7)
En esta breve descripción que hace el apóstol san Pablo está configurada la persona de ese Hijo, que el Padre Celestial envió a este mundo, pero este Hijo se hizo semejante a nosotros en todo menos en el pecado y quiso no solamente enseñar con Su palabra sino con su ejemplo. Él dijo: "os he dado ejemplo a fin de lo que Yo he hecho hagáis también vosotros" (Jn 13,15). Y esta vez nos da el ejemplo de un cumplimiento, con un rito que sería necesario para todos los hombres: el del bautismo, este Hijo de Dios, este Verbo de Dios que se encarnó y habitó entre nosotros. Esta impronta del Padre se va al Jordán en donde
estaba Juan bautizando y allí se une a la multitud de los discípulos de Juan el Bautista, y humildemente como cualesquiera de ellos se acerca para pedirle el bautismo. San Lucas no lo dice, lo dice Mateo que en ese momento se entabló un diálogo entre el bautista y el Señor: “Cómo
es posible que Tú vengas a mí a pedirme el bautismo cuando yo debo ser bautizado por Ti" (Mt 3, 13). Entonces el
Señor insiste en que le bautice y en ese momento se abrieron los cielos y se descubrió por un momento la Gloria de la Majestad de Dios. Y cuando se bautizaba el Señor, cuando el bautista derramaba el agua del Jordán sobre la cabeza de su Maestro, se hace escuchar una Voz que dice: "Este es mi Hijo el Amado, el Predilecto, en quien he puesto todas mis complacencias escuchadle" (Mt 3, 17) y al mismo tiempo asoma posándose sobre la cabeza del Señor el Espíritu Santo tomando la forma simbólica de una paloma. El mismo Cristo Jesús quiere inaugurar su nueva misión bautizándose en el Jordán como condición previa para empezar su misión sobre la tierra. Nosotros también hemos recibido el santo bautismo y debemos recordar que nos sucedió algo parecido a la que aconteció en aquel momento en que el Señor se bautizaba en el Jordán. Cuando el sacerdote invocando a la Santísima Trinidad derramó sobre nosotros el agua bautismal también se realizó no solamente ese bautismo del agua, sino también el bautismo del fuego. Descendió a nuestras almas el fuego del Espíritu Santo, fuego invisible pero real, fuego divino, fuego que transformó nuestro espíritu, y le hizo una nueva criatura, porque esa criatura estaba manchada con el pecado de la naturaleza humana; que es el pecado original. Desde ese momento de nuestro bautismo comenzamos una nueva vida consagrada a Dios, una vida para Dios. Con el transcurso de los tiempos, nosotros nos olvidamos de la misión que tenemos que desempeñar aquí en esta tierra, nos olvidamos que nos hicimos nuevas criaturas, que el agua del bautismo nos transformó para que sirviéramos a Dios y nos dedicáramos a conocerle y a amarle. Es necesario que recordemos lo que significó esa ceremonia del bautismo, que no olvidemos nunca lo que
se realizó allí. Como Cristo cuando fue bautizado con el agua, en ese momento se realizó la aparición visible de la Voz del Padre y de la presencia del Espíritu Santo, así también de un modo invisible Dios nuestro Señor transforma nuestras almas. Dirá el apóstol Pablo: “sois nuevas criaturas, hijos de la Luz,
andad en medio de la Luz y no en medio de las tinieblas”. (Efesios 5, 8). El pecado es el estado de tinieblas del alma, incompatible con el estado de unión, de sintonía con Dios.
La conclusión es esta: recordar constantemente lo que realizó Dios con nosotros en el santo bautismo y andar como hijos de la Luz, es decir conservando la gracia de Dios que recibimos en el Santo bautismo. Si la hemos perdido tenemos aquello que los padres y teólogos de la Iglesia llaman la segunda tabla de salvación: el sacramento de la penitencia o confesión, ese sacramento es para restituirnos una vez más esa pureza que fue para nosotros el comienzo de una nueva vida en el santo bautismo. Ojalá vivamos como verdaderos cristianos, siguiendo por ese camino que nos trazó el Señor con su vida y la iniciación del santo bautismo. P. CÉSAR A. DÁVILA G.
Corría el año 342 de nuestra era, la vida cenobítica florecía en los monjes de los primeros siglos del cristianismo. Tebaida, Nitria, el Sinaí, el Monte Athos, eran los sitios preferidos de la vida monástica. Los monjes por lo general vivían largo tiempo, muchos de ellos sobrepasaban los 100 años de edad. San Pablo llamado el ermitaño, vivió en el desierto hasta los 113 años de edad. Como el profeta Elías, fue alimentado por el pan que le traía cada día un cuervo. Otro ermitaño, san Antonio, vino a visitarle. Mientras estaban conversando, un cuervo se acercó volando hacia ellos y dejó caer un trozo de pan. San Pablo dijo al visitante:
-Nuestro buen Señor nos ha mandado la comida. Durante los últimos 60 años yo he recibido cada día media pieza de pan en esta forma; como tú has venido a visitarme, Cristo ha doblado la ración para que nada falte a sus servidores. A la mañana siguiente Pablo anunció a su huésped que se acercaba la hora de su muerte y que el Señor le había enviado para que se encargara de darle sepultura y le dijo:
-Ve a traer la túnica que te regaló Atanasio porque quiero que en ella envuelvas mi cadáver.
Antonio obedeció y partió apresuradamente al monasterio para traerla. De regreso, encontró en la cueva al santo Ermitaño, arrodillado con los brazos extendidos en cruz. Viéndole en tal posición, creyó que estaba vivo y lleno de gozo, se arrodilló a orar junto a él. Pablo guardaba una inquietud y silencio total que le hizo comprender que estaba muerto. Mientras se preguntaba cómo haría para enterrarle, dos leones se acercaron calladamente y cavaron la tumba con sus zarpas; Antonio dio sepultura al cuerpo del ermitaño. Esta narración nos invita a una reflexión. Hay dos maneras de orientar nuestra vida por el sendero que escojamos. Estas son: la palabra y el ejemplo. Muchas veces las palabras, dice un adagio, se van en el viento, pero los ejemplos arrastran. No es fácil seguir el camino del ejemplo, pero debemos hacer un esfuerzo para conseguirlo. La conclusión que sacamos de esta narración es la siguiente: No podemos vivir de espaldas ante una realidad personal que nadie sino nosotros podemos conocerla. Todos los seres humanos, queramos o no, pensemos o no, vivimos ante esa realidad: La existencia de una vida futura. Esto, aunque lo neguemos, no pierde su valor, diría yo, tangible. Aparentan la ignorancia voluntaria de esta realidad y prescindir de la preparación para enfrentarnos a ella, es no solo un despropósito sino una locura, una especie de suicidio espiritual… P. CÉSAR A. DÁVILA G.
Del libro, pues, Apotegmas de los Padres del Desierto tomo en la página 113, numeral 18, esta parábola: “Un hermano fue a buscar a Macario el egipcio y le dio: Apa –quiere decir maestro, ¿no?, maestro o gurú-. Apa, dime una palabra a fin de que me salve. Miren, en todos los tiempos, en todos los tiempos siempre hubo esta inquietud de la salvación. “Dime una palabra para que me salve”, a ver, qué tengo que hacer para salvarme. Lo mismo le preguntaron, el joven le preguntó al Señor: qué debo hacer para alcanzar la vida eterna.
“El anciano dijo: ve al cementerio e injuria a los muertos”. Claro, el hermano se
quedaría sorprendido; pero, ¡qué? ¡Está hablando locuras!, seguramente dijo eso entre él. Pero miren, lo que es también la obediencia; es un hermano que buscaba a un gran maestro. “Macario, el egipcio, dice: ve al cementerio e injuria a los muertos.
El hermano fue, les injurió y les arrojó piedras. Después regresó para informar al anciano”. Él hizo tal cual, seguramente cargó un
costal de piedras, también para tirar contra las cruces, todo, porque antes no había un sistema de bóvedas, todo era en los cementerios en la tierra.; de igual manera que fue allá. Ahora bien: “después regresó –dice- para informar al anciano. El anciano le dijo: ¿no te dijeron nada? Él respondió que no. Miren,
“el anciano le dijo: regresa allí mañana y alábalos. Entonces el hermano fue y les alabó diciendo. Apóstoles, santos y justos.” Bueno, y todas las alabanzas que se le ocurrió diría. Entonces dice: Apóstoles, santos y justos. Y regresó con el anciano. Al anciano le dijo: ya cumplí la orden. Macario le preguntó: ¿No te respondieron nada? El hermano dijo que no. Claro, ¿no? es que les insultó y después les alabó, pero ellos no dijeron nada. “El anciano le dijo: tú sabes qué insultos les dirigiste sin que ellos te respondieran y qué alabanzas… Así también tú, si quieres salvarte conviértete en un muerto -si quieres salvarte conviértete en un muerto- y como los muertos no tengas en cuenta ni los desprecios de los hombres ni sus alabanzas”. Miren ustedes, miren la enseñanza de un hombre de Dios mediante una parábola. Entonces, miren la profundidad de esta enseñanza. Y, de paso también hay que advertir una cosa: si tú quieres salvarte conviértete en un muerto, como los muertos no tengas en cuenta ni los desprecios de los hombres ni sus alabanzas. Pero esto que dice, no es fácil de cumplir, no es fácil. Nosotros estamos dispuestos siempre a oír las cositas que nos agradan; eso sí, es propio de la persona que haga eso ¿no?, es propio de la
persona. Pero cuando nos insultan y cuando nos agravian y cuando nos persiguen y cuando nos calumnian ¿no? Ahí es el punto difícil para cumplirlo. Entonces, sentirnos muertos tanto para la alabanza como para la injuria, es decir, sentir lo mismo, lo mismo internamente. Bueno, pero nosotros también debemos confrontar esta enseñanza de Cristo con la que dice también en otra parte, enseñanza de Cristo interpretada por este anciano, Macario el egipcio. Bien, el principio es este: que nosotros hemos de tratar de sentirnos así, ¿no? Indiferentes tanto para quienes nos alaben como para quienes nos insulten. Pero en ciertos casos, y estos casos no son desde luego, raros; en ciertos casos nosotros también tenemos que hablar; esto es también una cuestión de justicia. Miren, al Señor cuánto mal le dijeron. Pues, Él tenía un grupo que estaba constantemente a la caza de Sus palabras, de Sus actitudes, para todo interpretar mal. Cuando realiza sus milagros: una vez expulsó a un demonio de un endemoniado cerca de Nazaret, por ahí entonces, era en sábado, y le dicen: este no respeta los días del Señor y profana hasta los días sábados como si no tuviera otros días en qué hacer los milagros. Y luego, le dicen también: este arroja a los demonios porque es también un endemoniado, por virtud de los demonios arroja también a los demonios porque es de los mismos. Entonces, el Señor no acepta esto, no se queda callado ni cruzado de brazos y les ve tranquilamente, sino que les dice: Yo no tengo demonio, sino glorifico a mi Padre que está en el cielo. Miren, entonces, también cuando hay que rectificar es preciso rectificar una opinión, un juicio que nos perjudica y que también puede perjudicar –digamos- a una familia, a una asociación, etc., tenemos que aclarar, decir esto. Y la ley de la defensa es absolutamente legítima. Si bien nosotros tenemos que guardar silencio para las injurias que nos hacen, sin embargo, hay momentos en que también tenemos nosotros que hablar y decir: no, esto no es así. Sobre todo, si este insulto si es realmente una calumnia; entonces hacemos bien, al calumniador, les hacemos bien también a aquellos que nos escuchan. Todos los maestros nos enseñan eso lo mismo… El Señor calló en muchas, muchísimas ocasiones, es decir, Él pasó por alto, pero también tuvo palabras duras, palabras severas contra aquellos que mal interpretaban su doctrina, contra aquellos que blasfemaban de Él; y les digo, palabras duras… Pero aquí estoy citando estos ejemplos gráficos de Quien fue la mansedumbre absoluta, el equilibrio absoluto, la bondad absoluta, ¿no? Y a pesar de todo eso, sin embargo, tiene esas expresiones duras contra estos hombres que así le calumniaron y así le persiguieron. Bueno, en todo caso miren, la enseñanza que se desprende de esa parábola del que insulta a los muertos, es una enseñanza muy hermosa que debemos tratar de vivirla y de tratar de seguirla. P. CÉSAR A. DÁVILA G.
Pablo era un fariseo, pero un fariseo recalcitrante, fariseo fogoso, fariseo fanático. Fariseo tan fanático que no quería oír nada de cuanto contradijera los principios, las enseñanzas que esta secta religiosa profesaba. Por eso, este fanático, cuando sabe y conoce que en Samaria había aparecido lo que él llamaba una secta detestable: el cristianismo, consigue cartas de los sumo sacerdotes para ir a destruir a esa secta que ha aparecido. Pero ¿qué sucede? En el camino hacia Damasco, le sorprende esta luz extraordinaria. Iba con otros y él escuchó una voz interna, una voz que le dice: Saulo, Saulo, ¿por qué me
persigues?
En ese momento, esa luz no solo deslumbró su espíritu, sino que rompió también las tétricas tinieblas de su alma llena de odio, de su alma saturada de retaliación, de injusticia, de fanatismo. Esa luz se hizo presente y brilló en la oscuridad de esa conciencia. Algo oyeron los que le acompañaban. Pero, desde ese instante Pablo o Saulo, queda ciego. Dice Lucas, el narrador de los Hechos de los Apóstoles, que tenía abiertos los ojos, pero que no veía nada. Hermanos, aquí una lección. En rededor nuestro vemos que andan todos o casi todos -digámoslo así- con los ojos físicos abiertos, abiertos para ver, abiertos para otear los senderos; pero si tienen los ojos físicos abiertos, en cambio -como Pablotienen los ojos del alma, completamente cerrados. ¡Qué importa mis queridos estudiantes, que haya tantos que tienen solamente los ojos de la cabeza, abiertos!
Así es, el 95 y más por ciento de los hombres, tienen solamente abiertos los ojos físicos, los ojos de la cabeza, pero cerrados, completamente cerrados los ojos del alma. Y así continúan por el camino de la vida, con los ojos del cuerpo abiertos, pero con los ojos del alma completamente cerrados, y se sienten felices porque pertenecen a la gran mayoría de ciegos del alma, felices porque dicen: no soy yo, solamente. Pero, si descubrieran que esa ceguera del alma, es la más TRISTE, es la más tétrica, la más sombría de todas las cegueras. Que si alguna desgracia le puede suceder al hombre es esta -si habláramos de desgracias-. La ceguera del alma, es la desgracia PEOR que le puede acontecer a una persona. Y desventuradamente, hay tantos ciegos del alma, tantos ciegos del alma que viven contentos. Pero no, mis queridos hermanos, no contentos de verdad, ¡NO! Aparentemente contentos, si -digamos-, aparentemente contentos, pero en el fondo sufren. En el fondo hay un gusano roedor del que habla Cristo, en el fondo hay ese gusano inquietante, fatídico, repugnante, de la duda, de la zozobra, de la desesperación, del desequilibrio. El gusano mordiente, ese gusano terrible de la frustración. ¡Esta es una realidad, mis queridos hermanos, mis queridos estudiantes! Sí, muchas veces nosotros nos engañamos, vemos solamente las cosas de afuera, vemos solamente una forma hermosa, vemos solamente un talento -quizá- que nos deslumbre, vemos solamente una actitud aparentemente buena. Pero adentro, muy adentro de ese espíritu, hay esas tempestades que se desencadenan violentas y que causan esa frustración inmensa al espíritu. ¡Esta es la realidad! No nos dejemos engañar mis queridos estudiantes, no nos dejemos engañar. Vosotros -yo os conozco a todos- vosotros habéis seguido más o menos el mismo camino por el cual ha seguido todos o casi todos: ese camino de las frustraciones, de las frustraciones; ese camino de la desilusión, ese camino de los problemas que os creáis o que os crean a vuestro alrededor. Habéis tenido, esa primera etapa. Pero continuemos, continuemos examinando ese hecho histórico acontecido con Pablo: el convertido de Damasco. En ese momento en que sucedía ese hecho en el camino de Damasco, en esa ciudad se presentaba un mensajero de Dios a Ananías. Y ese mensajero
le dice: va a venir Saulo, esperamos, esperamos que tú le recibas. Y él observa: que hemos oído
que este es un gran perseguidor ¿cómo puedo recibirle? NO, -le dice en otras palabras- ya Saulo es una nueva criatura.
Saulo inspirado también por el Espíritu de Dios, se dirige a Damasco. Y luego entra y encuentra a Ananías, y él le impone las manos, y en ese momento caen -nos dice la narración de los Hechos de los Apóstoles- unas como escamas de los ojos. Pero esas escamas solamente eran un símbolo. Cayeron esas como escamas gelatinosas de esos ojos que estaban abiertos, pero que no veían nada. Y desde ese instante, recobra también- Saulo la vista, y ahora si ve claramente a quienes le trajeron, con quienes estaba, etc., y la luz se hace presente a esta ceguera física. Pero cuando Saulo abrió los ojos del cuerpo, juntamente cayeron también, esas vendas, esas vendas de los ojos de su alma. Y comenzó recién a ver y comenzó recién a darse cuenta de Quien le mandaba y de Quien era o debía ser verdadero discípulo: de Cristo. Él, desde ese instante, comienza ya una nueva vida, es decir, en ese instante puso el pie en el sendero. Mis queridos estudiantes, aquí la aplicación a nuestra propia vida, a nuestra propia conducta. También hay un tiempo de oscurecimiento para nosotros, ese tiempo de oscurecimiento que hubo para Pablo. Pero para nosotros, - ¡Bendito, sea Dios! - ha brillado también, ese momento de que llegue la luz a nuestro espíritu; han caído esos velos, esas como escamas de los ojos de nuestra alma, para ver. Es decir, mis queridos estudiantes, también nosotros, también vosotros como Pablo, habéis sentido ese llamado interno que deben sentirlo todos, absolutamente todos. Ese llamado, no es para este, no es para aquel, no es para ese otro. La historia de Pablo, es la historia de todo hombre que viene a esta tierra y para todo hombre se aplica esta historia. También vosotros mis queridos estudiantes, ya unos han comenzado con los pies firmes, puestos en el sendero, y continúan adelante por el sendero como siguió Pablo y como siguieron tantos -mis queridos estudiantes- como Pablo, y como siguen tantos, por el camino de la vida, pero ya en el sendero, en ese sendero que conduce a la verdadera meta. P, CÉSAR A, DÁVILA G.
En el campo de la filosofía y teología cristianas, santo Tomás de Aquino, llamado el Doctor Angélico, tiene una autoridad muy grande. Nadie mejor que él habló de la trascendencia divina, es decir, de ese Dios en quien se juntan la Sabiduría, el Poder, el Amor, la Verdad, la Ley, en una palabra, todo lo bueno que concebir se puede, pero en grado infinito. Dios es todo lo Bueno y lo Bello que podamos imaginar. Como escritor, su fecundidad es sorprendente. En algo más de veinte años hizo acopio de la ciencia que la antigüedad podía ofrecerle. A través de Platón y especialmente de Aristóteles, está familiarizado con la filosofía griega; con la Escuela de los Estoicos por Cicerón, Isidoro y Graciano; los filósofos Avicena, Averroes, Avicebrón y Maimónides, le ofrecen los fundamentos de la filosofía árabe; por su maestro Alberto Magno conoce el peripatetismo. Escribió sobre los más variados temas: filosofía y gramática, homilética y biología, ontología, psicología, cosmología, liturgia, moral, apologética, comentarios a la Biblia y a los libros de Aristóteles. Veamos cuál es su pensamiento acerca de Dios. Al comparar a los dos más grandes exponentes del pensamiento cristiano, san Agustín y santo Tomás de Aquino, en el prefacio de mi tesis doctoral, decía: La doctrina enseñada por el Obispo de
Hipona se presenta a manera de un mar imponente en donde las olas gigantescas contrastan con los insondables abismos: la humana inteligencia que se aventura a través de ese mar, como la débil barca, está constantemente amenazada por inminente naufragio, si se opaca por un instante el sol de la fe o flaquea el timón de la enseñanza de la Iglesia. De esto dan elocuente testimonio todas las herejías que han querido encontrar su justificación en la doctrina del Gran Convertido. La doctrina de santo Tomás en cambio, se presenta como un mar sereno, inmenso siempre, pero sin peligro; profunda pero abordable, siempre rica. La mente humana puede viajar por él sin temores, siempre que posea una suficiente dosis de amor sincero a la verdad. Santo Tomás es el mejor intérprete de
san Agustín. No se puede prescindir del conocimiento de aquel, si se desea un conocimiento completo de este (La concupiscencia según la doctrina de santo Tomás de Aquino, Pontificia Universidad Católica Javeriana. Introducción pág. 6). Esta acotación –
desde luego sin subestimar en manera alguna- los grandes valores que tiene el cristianismo, cobra actualidad. Es preciso que acotemos la diferencia fundamental que existe entre estos dos grandes valores del cristianismo: las tesis agustinianas están incrustadas profunda e inseparablemente en la vida humana, en el corazón de cada mortal, son expresión: psico-fisilógica, mental y espiritual de lo que es y representa el hombre en sí mismo; aun en la polémica, tienen una profunda motivación y sabor humanos. Las tesis tomistas en cambio, son las del catedrático que, con la autoridad del “magister dixit” dicta una clase; campean en ella los principios metafísicos, los argumentos enmarcados dentro de la dialéctica severa del silogismo. De aquí resulta que, leer a santo Tomás requiere un renovado y perseverante esfuerzo. Sus escritos, todavía no han sido traducidos por ningún autor tomista a un lenguaje ameno, ágil, atractivo, agradable, evocador. El rio, y a veces monótono razonamiento, es la característica del tomismo. Santo Tomás es el teólogo y filósofo especulativo, san Agustín es el teólogo y filósofo encarnado en todo el hombre. El concepto acerca de Dios de estos dos grandes pensadores, difiere igualmente. Para san Agustín, Dios es el Ser inmanente por excelencia y a través de esta inmanencia en el hombre actúa en la creación. Para santo Tomás, Dios es el ser trascendente hacia el cual hay que llegar a través de la razón iluminada por la fe. P. CÉSAR A. DÁVILA G.
Mis queridos estudiantes, pido a Dios para todos y cada uno de vosotros. que ese Dios Bendito os dé muchas bendiciones; bendiciones de comprensión del papel que hemos venido a desempeñar aquí, en esta tierra, de la necesidad que tenemos de ir puliendo nuestro espíritu, cultivando nuestro espíritu para que dé frutos. Mis queridos estudiantes, espero pues, que este año sea para vosotros lleno de bendiciones. Pero tenéis que poner de vuestra parte este pequeño esfuerzo que Dios os pide: ser fieles a vuestra meditación, a vuestras prácticas, y luego también ser fieles en el cumplimiento de esas leyes de Dios. Esta es la condición sin la cual nosotros no podremos esperar que el día de nuestra despedida de esta tierra, sea pues un día feliz, pero esperamos ser felices y ser felices siempre. El camino está trazado, lo que nosotros tenemos es que perseverar en ese camino y seguir siempre con la consigna ADELANTE.
Padre CÉSAR A. DÁVILA G. Guía Espiritual y Fundador de AEA