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Crónicas de una infancia asustada

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CRÓNICAS DE UNA INFANCIA ASUSTADA (MARZO DE 2026)

En casa, los mitos de salud se vuelven parte del lenguaje cotidiano: se dicen como advertencias, se repiten como mandatos y terminan pareciendo verdades. Para empezar “los mitos a menudo se transforman en realidades en las familias” aunque “el propósito de estos mitos populares puede ser bueno. Intentar mantener a los niños sanos o animarlos a que se comporten.” (Blocker, 2024, párr.1).

Por ejemplo, podemos ver que Del Blanco nos dice que “la creencia popular sugiere que andar descalzo... puede aumentar el riesgo de resfriarse, sin embargo, este mito fue desmentido por la Dra. Gloria Colli”, “En principio es importante mencionar que para que una persona se resfrié, un virus debe entrar en las vías respiratorias superiores, es decir la boca o la nariz” (Del blanco, 2024, párr. 1-2.)

De mismo modo “Sentarse demasiado cerca del televisor causa ceguera. Falso. Los televisores y otros dispositivos emiten niveles de radiación tan bajos que tienen poco efecto en el cuerpo. Sin embargo, mirar fijamente la misma cosa durante un largo período de tiempo puede causar fatiga en los músculos oculares, lo que afecta la visión. Pero no hay pruebas de que esto cause daño a largo plazo.” (Blocker, 2024, párr. 9.).

Sumando a esto “El chicle se queda en el estómago durante cinco a siete años. Falso. La mayoría de los chicles no son digestibles, lo que significa que pasarán por el sistema digestivo en un período de dos a cuatro días.” (Blocker, 2024, párr. 6).

En adición “El azúcar hace que los niños se vuelvan hiperactivos. Falso. Varios estudios han demostrado que el azúcar no hace que los niños sean más hiperactivos. Algunos estudios demostraron que los padres que pensaban que su hijo había consumido azúcar creían que estaban

más hiperactivos incluso cuando no se les había dado a consumir azúcar, lo que demuestra la idea errónea que a veces tienen los padres.” (Blocker,2024, párr. 11.)

En este sentido según Harvard Health Publishing “Hacer crujir los nudillos puede molestar a quienes te rodean, pero probablemente no aumente tu riesgo de artritis. Esa es la conclusión de varios estudios que compararon las tasas de artritis en las manos entre quienes hacen crujir los nudillos habitualmente y quienes no lo hacen.” (Harvard Health Publishing, 2020, párr. 1).

Para finalizar, podemos ver que, según Ochoa “Estudios realizados por diferentes universidades e institutos concluyen que el hacer crujir los nudillos de los dedos de la mano no pueden relacionarse, con la artritis ni con ningún problema articular en la tercera edad. Salvo que en casos en que el movimiento cause dolor o un ruido fuera de lo normal, estaríamos ante un problema o patología, que debe ser tratado por un profesional del tema como un reumatólogo.” (Ochoa, 2020, párr. 6.). También menciona que “Al hacer crujir los dedos, la articulación se coloca en una diferente posición. Esta posición hace que el espacio entre los huesos aumente. Además, aumenta también el volumen de la capsula sinovial. En este instante al hacer crujir los dedos, se crea una zona de baja presión. Lo que provoca que los gases salgan del líquido sinovial en forma de burbujas que explotan y que por consiguiente generan el sonido característico.” (Ochoa, 2020, párr. 4.).

A. ¿Andar descalzo realmente puede causar un resfriado?

Frente a lo leído en el actor (Blocker, 2024) muchos de estos mitos que nos dicen nuestros padres el propósito puede ser bueno, ya sea como el mismo dice para mantenernos comportados.

Un ejemplo muy común es el clásico mito que menciona el mismo autor “el chicle se queda en el estómago durante cinco a siete años”. Este mito es falso, pero muchos padres lo dicen para que sus niños no ingieran el chicle.

El problema es que el mito viene disfrazado como “amor es por tu bien”. Eso hace que tenga una ventaja injusta frente a la evidencia.

La evidencia exige tiempo, lectura y el mito exige obediencia.

Por esta misma obediencia, este mito dentro de la familia se convierte en realidad, y como lo dice (Blocker, 2024, párr. 2.) “sin pensar en ninguna prueba automáticamente los transmitimos a nuestros hijos” generando una red de miedo y desinformación.

Ahora bien, desmontar estos mitos no lo hago con una intención de burlarme del consejo familiar. Parte de tener una postura crítica es en saber que los mitos tienen un “núcleo” que se distorsiona.

Así que este escrito es simplemente expresar mi postura de una manera transparente. Respetando las creencias de los demás.

Empezare con el clásico mito que menciona el autor (Del Blanco, 2024), “Andar descalzo especialmente en climas fríos puede aumentar el riesgo de resfriarse”.

Desglosemos esto.

Es normal pensar y creer en esto, ya que siempre hemos asociado que frio es sinónimo de gripa, y no te miento, desde pequeño viví una gran parte creyendo esto.

Sin embargo, hay que entender primero que es la gripa.

La gripa es una enfermedad que se transmite por vías respiratorias, es decir como lo dice el mismo autor (Del Blanco, 2024, párr. 2.) “Un virus debe entrar en las vías respiratorias superiores es decir boca o la nariz”.

Este proceso ocurre por medio de gotas de saliva que se expulsan al toser o hablar.

Dicho lo anterior podemos darnos cuenta de que no existe relación entre caminar descalzo y gripa. Es decir, este mito es falso.

Sin embargo, también es cierto que la exposición prolongada al frío puede debilitar temporalmente ciertas defensas del cuerpo. Esto no significa que caminar descalzo cause gripa directamente, pero sí puede generar condiciones que, en ciertos casos, favorezcan infecciones si ya existe contacto con el virus.

Para mí, Este mito es peor que la realidad porque nos hace prevenir al revés. Nos enfoca en el piso frío (que es visible) y nos distrae del contagio (que es invisible). Es decir: mientras peleamos con las medias, ignoramos lo que realmente decide el resfriado: exposición a virus, contacto cercano, hábitos, ambientes cerrados.

Ahora, también reconozco algo: el mito tiene “buena intención” y por eso sobrevive. Pero en salud, la intención no basta. Si el mito reemplaza una explicación real, termina siendo una educación incompleta. Entonces, mi afirmación sería: el mito tranquiliza a los adultos (porque parece controlable), pero no protege a los niños.

B. Sentarse demasiado cerca del televisor causa ceguera

Bajo el criterio de la información anterior, muy seguramente han escuchado a sus padres o abuelos decir “no te sientes cerca de la tele que te vas a quedar ciego”. Esta frase ha pasado de generación a generación, pero ¿qué tan cierto es?

Al analizar este tema, podemos ver que existen dos caras de la moneda: lo que sentimos en el momento y lo que realmente les pasa a los ojos a largo plazo.

Por un lado, puede ser cierto que mirar la tele por un largo periodo pueda causar fatiga visual. “Como cuando miramos un objeto fijamente, los músculos de los ojos se esfuerzan más para enfocar” (Blocker, 2024, párr. 9.).

Esto hace que la persona sienta ardor en los ojos, dolor de cabeza, incluso visión borrosa temporal, ocasionando que se canse mucho y necesite un descanso.

Sin embargo, la idea de que esto cause ceguera permanentemente es en realidad un mito. Según los expertos en salud visual, no hay pruebas científicas de que ver la televisión de cerca dañe la estructura del ojo de forma irreversible, ya que el ojo humano es bastante resistente.

Lo que sí puede ocurrir es que, si un niño se sienta muy cerca habitualmente, sea porque ya tiene un problema de visión como (miopía) y necesita estar cerca para ver bien, y no al revés.

Para mí, la realidad es más útil: si mirar fijo cansa, se corrige con hábitos (pausas, buena iluminación, distancia razonable). El mito, en cambio, enseña una idea falsa sobre el cuerpo y deja el mensaje en “obedecer” en vez de “entender”. Para este tema, mi postura sería: prefiero una crianza que explique y forme hábitos, no una que gobierne con amenazas médicas inventadas.

En conclusión, aunque no quedes ciego por estar cerca de la pantalla, no es una buena idea hacerlo por mucho tiempo. Lo ideal es seguir la regla del 20-20-20: cada 20 minutos mirar algo que este a unos 6 metros de distancia durante 20 segundos. Así podrás disfrutar de tus programas favoritos sin cansar tu vista y mantener los ojos saludables. Cuidar la vista no se trata de tener miedo a la tecnología, si no usarla con equilibrio.

C. El chicle se queda en el estómago durante cinco a siete años

En mi opinión, lo que muchos padres dicen acerca del chicle que se queda muchos años en el estómago es más una estrategia para así prevenir que los niños lo traguen, y aunque lo hacen con buena intención para evitar molestias o riesgos, no deja de ser una mentira.

También digo que tragarse un chicle por accidente no es algo que se pueda considerar grave, ya que, el cuerpo no lo digiere como a otros alimentos, así que no aporta nada y solo pasa por el sistema digestivo, pero tampoco puede considerarse un hábito saludable. Verlo como un “peligro terrible” podría ser una exageración, pero útil al fin y al cabo para enseñarle buenos hábitos a los niños.

No obstante, aquí estoy totalmente en desacuerdo con el mito y diría que es más dañino que la realidad, pero no por el chicle en sí: por la forma en que nos entrena a pensar. El mito usa el cuerpo como castigo: “si haces algo indebido, tu cuerpo se queda ‘marcado’ por años”. Ese tipo de idea crea una relación ansiosa con la salud, como si el organismo fuera frágil y se “arruinara” por cualquier cosa.

La realidad (que pasa en pocos días) desmonta el drama. Entonces mi opinión es que este mito solo cumple una función: controlar conductas con miedo. Y cuando un consejo depende del miedo para funcionar, suele ser una señal de que no estamos educando, estamos intimidando. Mejor decir:“no lo tragues porque puede incomodar o atragantar en casos raros” (riesgo realista), en lugar de inventar una sentencia absurda.

D. El azúcar hace que los niños se vuelvan más hiperactivos

Estoy de acuerdo con la corrección del mito hecho por (Blocker, 2024, párr. 11): culpar al azúcar de la hiperactividad es una explicación demasiado fácil. Y para mí, este mito sí puede ser peor que la realidad, porque afecta la manera en que los adultos interpretan y juzgan a los niños. Si un padre “cree” que hubo azúcar y entonces “ve” hiperactividad incluso cuando no la hubo, el problema no es el dulce: es el lente con el que se mira al niño. O sea: el mito vive no solo en el cuerpo, también en la interpretación.

¿La realidad? Más compleja: el comportamiento infantil tiene mil variables (sueño, estrés, rutina, emociones, contexto). El mito empobrece esa lectura y convierte la crianza en una cacería de culpables (“fue por el azúcar”), que además puede llevar a decisiones injustas: regaños, etiquetas, o incluso “diagnósticos caseros”.

Lo dañino no es solo creer algo falso, sino usar lo falso para reemplazar lo verdadero

Por eso, afirmo que, más que “destruir mitos”, propongo actualizar el consejo: mantener el cuidado, pero cambiar el fundamento. No es “no te sientes cerca porque quedas ciego”, sino “descansa la vista”. No es “no te truenes porque te da artritis”, sino “si duele o se inflama, revisa”. No

es “no andes descalzo porque te da gripa”, sino “cuidemos higiene, contactos y entendamos cómo se transmite un virus”.

Mi postura crítica sería: este mito no solo desinforma; también puede convertirse en un sesgo que estigmatiza al niño y evita que la familia revise lo que sí impacta su conducta

E. ¿Hacer crujir los nudillos causa artritis?

Frente a lo mencionado por el estudio de Harvard Health Publishing (Harvard Health Publishing, 2020, párr. 1.) acerca de que crujir los nudillos causa artritis, menciona que esto no presenta un riesgo, ya que lo comprobaron comparando las manos de los que lo hacían habitualmente y los que no.

Estoy de acuerdo con el planteamiento: si los estudios comparativos no encuentran aumento claro de riesgo, el mito pierde fuerza. Y aquí mi opinión es importante: este mito, aunque parezca inofensivo, es peor que la realidad en el plano cultural, porque enseña que el cuerpo funciona como castigo por costumbres molestas. Muchas veces no se prohíbe por salud, sino porque “suena feo” o incomoda, y la artritis se usa como excusa “seria” para imponer una regla social.

La realidad es más honesta: puede molestar a otros, sí. Pero eso es convivencia, no enfermedad. Entonces mi postura sería: si a alguien le molesta, que se diga como norma social, no como amenaza médica falsa. Porque cuando mentimos para educar, erosionamos la credibilidad del adulto.

Ahora bien, en mi opinión totalmente subjetiva, está más que claro que tronarse los dedos no presenta un riesgo, pero como ya mencionado, no quita que sea molesto para las otras personas que lo escuchan, por el motivo de que la mayoría desconoce del tema y no está mal, ya que asociamos que crujirse los dedos de las manos está relacionado a hacer chasquear los huesos, más está comprobado que solo se trata de una burbuja de aire.

Este mito se fue difundiendo a tal punto que es muy común escuchar de las madres o abuelos “Hijo, si te sigues tronando los dedos te va a

dar artritis o te quedaran los dedos torcidos”, pero según el estudio publicado por Ochoa (Ochoa, 2020, párr. 6.) esto puede tener una excepción, como lo es si se presenta dolor o si se hace un sonido fuera de lo común.

Por eso, en mi opinión, los padres podrían poner atención a los sonidos que presenta tronarse los dedos, para así prevenir problemas de salud en el futuro.

A lo largo de estas posturas críticas se vuelve evidente que los mitos de salud no sobreviven porque sean verdaderos, sino porque son útiles dentro de la dinámica familiar: controlan conductas, imponen límites y ofrecen explicaciones simples cuando no se tiene una explicación científica a la mano. En ese sentido, concuerdo con la idea de Blocker (2024) de que muchos mitos nacen con una intención positiva —cuidar o disciplinar—, pero el verdadero problema aparece cuando esa intención se convierte en método: se educa con miedo en vez de educar con comprensión. Y cuando el miedo es el motor del aprendizaje, la familia no solo transmite una advertencia: transmite una forma equivocada de entender la salud.

En el caso de andar descalzo y “dar gripa”, la reflexión final es clara: el mito es perjudicial porque invierte la prevención. Se pone el foco en lo visible (el piso frío, las medias, el “sereno”) y se olvida lo decisivo (la entrada del virus por vías respiratorias, el contacto con otras personas, los espacios cerrados). Tal como se analiza a partir de Del Blanco (2024), la gripa no aparece por temperatura en la piel, sino por exposición viral; por eso, el mito termina tranquilizando a los adultos (“si se abriga, está protegido”), pero no necesariamente protege al niño. Aun reconociendo que el frío puede influir indirectamente en el cuerpo, el punto central permanece: el frío no reemplaza al virus como causa, y confundirlo lleva a hábitos preventivos incompletos. Con el mito de “sentarse cerca del televisor causa ceguera”, la conclusión es parecida, pero con otro matiz: aquí el mito es peor porque utiliza una exageración médica para imponer obediencia. Blocker (2024) admite un elemento real —la fatiga visual—, pero desmonta la idea de una consecuencia irreversible. En términos críticos, este mito falla porque enseña una lógica extrema:

cualquier hábito cotidiano se convierte en “catástrofe” si no se obedece. El resultado es una crianza basada en amenazas que, con el tiempo, puede generar desconfianza: si el niño crece descubriendo que “no era cierto”, aprende que los adultos exageran, y eso debilita la credibilidad incluso cuando el consejo sí es importante. La lección final es que la tecnología no necesita pánico, necesita uso responsable

El mito del chicle en el estómago por años se vuelve un ejemplo contundente de cómo la familia usa el cuerpo como castigo simbólico. La realidad biológica (que pasa en pocos días) muestra que la frase tradicional es una mentira funcional: sirve para controlar la conducta, pero educa mal. En conclusión, este mito puede ser más dañino que el problema que intenta evitar, porque instala la idea de que el cuerpo “se arruina” con facilidad y que cualquier error infantil deja marcas permanentes. En lugar de formar criterio, forma ansiedad. Por eso, una educación más sana consistiría en advertir con realismo (“no lo tragues porque puede incomodar o causar riesgo en casos raros”), sin necesidad de inventar condenas absurdas.

El mito del azúcar y la hiperactividad deja una enseñanza todavía más delicada: aquí no solo se distorsiona la ciencia, también se distorsiona la mirada hacia el niño. La conclusión es que este mito puede causar daño social y emocional porque convierte el comportamiento infantil en una etiqueta, y la crianza en una búsqueda rápida de culpables. En vez de comprender el contexto (sueño, estrés, emociones, rutinas), se elige una explicación simplista que puede justificar regaños, diagnósticos caseros o estigmas. Por tanto, el riesgo mayor no es el dulce en sí: es la lectura equivocada del comportamiento. Finalmente, el mito de crujirse los nudillos y la artritis sintetiza el núcleo de toda la columna: confundimos impresiones con evidencias. La conclusión crítica aquí es doble: primero, que muchos mitos nacen porque el ruido “parece” daño; segundo, que se usa un diagnóstico grave como excusa para corregir una costumbre molesta. En términos culturales, esto es peligroso porque enseña que el cuerpo castiga por “malos hábitos”, cuando la salud real se entiende mejor con señales, síntomas y evaluaciones médicas. Aun así, este tema aporta algo valioso: no se trata de negar el cuidado familiar, sino de afinarlo. Si hay

dolor, se consulta; si no lo hay, no se inventa enfermedad.

En suma, la conclusión general de esta columna es que los mitos no solo desinforman: moldean la forma en que pensamos y actuamos frente a la salud. Por eso, el objetivo no es burlarse de los padres o abuelos, sino hacer un cambio más maduro: mantener la intención de cuidado, pero reemplazar el miedo por explicación. Actualizar el consejo es la salida responsable: no “ponte medias para que no te dé gripa”, sino “evitemos contagios y entendamos el virus”; no “no te sientes cerca o quedas ciego”, sino “descansa la vista”; no “el chicle se queda años”, sino “no es buena idea tragarlo”; no “el azúcar lo vuelve hiperactivo”, sino “miremos el contexto real del niño”; no “truénate y te dará artritis”, sino “si duele o se inflama, revisa”. Al final, la mejor herencia familiar no es un mito repetido con cariño: es un cuidado que también sabe pensar.

II. REFERENCIAS

Blocker, K. (2024, 28 de marzo). 10 mitos que quizá haya escuchado de sus padres UCHealth Today. https://www.uchealth.org/today/es-10-mitos-que-quizas-hayaescuchado-de-sus-padres/

Del Blanco, D. (2024, 7 de octubre). ¿Andar descalzo realmente puede causar un resfriado? Experto responde. El Tiempo.

https://www.eltiempo.com/mundo/eeuu-y-canada/andardescalzo-realmente-puede-causar-un-resfriado-expertoresponde-3387889

Harvard Health Publishing. (2020, 6 de Julio). Does cracking knuckles cause arthritis? https://www.health.harvard.edu/pain/does-cracking-knucklescause-arthritis

Ochoa, C. (2020, 29 de enero). ¿Hacer sonar los dedos de la mano produce artritis? Doctor Carlos Ochoa. https://www.doctorcarlosochoa.com/hacer-sonar-los-dedos-dela-mano-produce-artritis/

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