NUESTRA IGLESIA / NOVIEMBRE 2025
TÚ TAMBIÉN PUEDES SER SANTO
Q
ueridos diocesanos: ¡Cuántas veces nos lo decía el papa Francisco al alentarnos a ser los «santos de la puerta de al lado»! El lema elegido para el Día de la Iglesia Diocesana de este curso 2025-2026 va en esta dirección: «Tú también puedes ser santo». Recuerda el lema aquel pasaje de las Florecillas de san Francisco en que un campesino, Paolo, reconoce en el camino al famoso Francisco de Asís y, asombrado, le pregunta: «Francisco, ¿yo también puedo ser santo?». «Sí Paolo, a ti también te quiere Dios, cree esto firmemente y se transformará tu corazón». El papa León XIV, el 3 de agosto, en Tor Vergata en la eucaristía del jubileo les hacía esta llamada a la santidad: «Muy queridos jóvenes, nuestra esperanza es Jesús. Es Él, como decía san Juan Pablo II, “el que suscita en vosotros el deseo de hacer de vuestra vida algo grande, para mejoraros a vosotros mismos y a la sociedad, haciéndola más humana y fraterna”. Mantengámonos unidos a Él, permanezcamos en su amistad, siempre, cultivándola con la oración, la adoración, la comunión eucarística, la confesión frecuente, la caridad generosa, como nos han enseñado Pier Giorgio Frassati y Carlo Acutis. Aspirad a cosas grandes, a la santidad, allí donde estéis. No os conformeis con menos. Entonces veréis crecer cada día la luz del Evangelio, en vosotros mismos y a vuestro alrededor». Y el 7 de septiembre, en la canonización de los dos jóvenes santos, insistía en los mismos medios ordinarios de santidad, desechados por mucha, mucha gente en nuestra diócesis: «Ambos, Pier Giorgio y Carlo, cultivaron el amor a Dios y a los hermanos a través de medios sencillos, al alcance de todos: la santa misa diaria, la oración, y especialmente la adoración eucarística. Carlo decía: “Cuando nos ponemos frente al sol, nos bronceamos. Cuando nos ponemos ante Jesús en la eucaristía, nos convertimos en santos”, y también: “La tristeza es dirigir la mirada hacia uno mismo, la felicidad es dirigir la mirada hacia Dios. La conversión no es otra cosa que desviar la mirada desde abajo hacia lo alto. Basta un simple movimiento de ojos”. Otra cosa esencial para ellos era la confesión frecuente. Carlo escribió: “A lo único que debemos temer realmen-
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