TÚ TAMBIÉN PUEDES SER SANTO
Una de las propuestas más destacadas del Concilio Vaticano II fue el redescubrimiento de la gracia recibida en el bautismo como principio y origen de la vida cristiana. Y a partir de esta propuesta, el Concilio, en la constitución dogmática Lumen gentium, hace una llamada a todos a la santidad. Cada uno desde la vocación propia que, enraizada en el bautismo, tiene su finalidad en la plena comunión con Dios por Jesucristo y con la fuerza del Espíritu Santo: la santidad.
También hoy, por el bautismo recibido, estamos llamados a la santidad, al seguimiento de Jesús, a la entrega generosa al servicio de los hermanos y de la sociedad.
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Santidad que en nuestra diócesis se ha concretado en muchos cristianos y cristianas que han respondido a la llamada bautismal. Entre estas personas tenemos algunas muy conocidas: san Salvador de Horta, san Francisco Gil de Federich, san Pedro Mártir Sans y Jordà, santa María Rosa Molas, san Enrique de Ossó, los beatos Jacinto Orfanell y Manuel Domingo y Sol. Hombres y mujeres que han hecho historia siguiendo a Cristo desde su vocación, siendo para el mundo un ejemplo y un modelo que nos ayuda a concretar un camino de santidad.
La santidad, sin embargo, no es algo del pasado. Es algo muy actual. También hoy, por el bautismo recibido, estamos llamados a la santidad, al seguimiento de Jesús, a la entrega generosa al servicio de los hermanos y de la sociedad. ¡Sí, tú también puedes ser santo! Un ejemplo de nuestros días es Carlo Acutis, recientemente canonizado por el papa León XIV, un joven que había nacido en 1991 y entregó su alma a Dios en 2006. Un joven de nuestro tiempo –también había navegado por las redes– y que es un gran amigo de Dios.
Y esta es la misión de la Iglesia: evangelizar. Dar a conocer a Jesús, su Palabra, sus sacramentos. Así nos da a Jesús por medio de los sacramentos celebrados en los templos parroquiales, por medio de la predicación de la Palabra que se realiza en los grupos de catequesis y de formación que tienen lugar en los salones parroquiales, por medio del servicio a los más necesitados que se concreta en la acogida en los espacios parroquiales. De este modo, la Iglesia trabaja para despertar en nosotros la vocación recibida en el bautismo.
Una tarea que se puede llevar a cabo gracias a que disponemos de estos lugares que permiten los encuentros, las celebraciones, los servicios... Pero todo esto tiene un coste. Un gasto que se sufraga gracias a la generosidad de cristianos y cristianas, hombres y mujeres de buena voluntad que, con sus bienes, como lo hacían también con Jesús, permiten que se mantengan los edificios, que se mejoren y que puedan ser un lugar acogedor para la comunidad y para toda persona que se acerque.
Este es el sentido de la campaña de Germanor que celebramos. Este es el objetivo de esta publicación: recordar la vocación a la santidad recibida en el bautismo de acuerdo con el estado de vida de cada uno, sabiendo que, para poder cumplir esta misión, la Iglesia necesita la ayuda económica que agradece de todo corazón.
† Sergi Gordo Rodríguez Obispo de Tortosa
