TÚ TAMBIÉN PUEDES SER SANTO
El papa Francisco, de feliz memoria, pidió que el 9 de noviembre de cada año se recordase y honrase a las figuras de santidad que han caracterizado el camino y la espiritualidad cristiana local.
Hay personas reconocidas oficialmente como modelo –santos y beatos– o están en proceso de serlo –venerables y siervos de Dios– que son referentes de santidad para la vida cotidiana.
Tú
también puedes ser santo. Y lo
serás dentro de una comunidad diocesana que vive intensamente la evangelización, la celebración de la fe y la dimensión sociocaritativa.
En virtud de la gracia del bautismo, todos estamos llamados a una vida santa. Todos podemos ser santos no como consecuencia de un esfuerzo voluntarista, sino en la medida en que nos dejamos transformar por el amor de Dios, que es fuente de vida y de plenitud. Cada día puede ser vivido a la luz del Evangelio.
La santidad es consecuencia de la unión con Cristo, de «hacer nuestras sus actitudes, sus pensamientos, sus comportamientos. La santidad se mide por la estatura que Cristo alcanza en nosotros, por el grado como, por la fuerza del Espíritu Santo, modelamos toda nuestra vida según la suya» (Benedicto XVI, audiencia general, 13-4-2011).
La santidad debe ser una prioridad pastoral. No es una cuestión secundaria o potestativa. Tú también puedes ser santo. Y lo serás dentro de una comunidad diocesana que vive intensamente la evangelización, la celebración de la fe y la dimensión sociocaritativa.
La Iglesia realiza muchas actividades y se va construyendo gracias al dinamismo del Espíritu Santo que mantiene vivo su vigor y acrecienta el ardor de su fe, el fundamento de su esperanza y la constancia de su caridad.
En nuestra misión nos sostiene la comunión de los santos, los hijos predilectos de la Iglesia, en cuya vida resplandece la gracia de Dios.
León XIV decía en la homilía del jubileo de la Santa Sede: «La santa sede es santa como lo es la Iglesia, en su núcleo originario, en la fibra de la que está tejida. Así, la sede apostólica custodia la santidad de sus raíces mientras es custodiada por ella. Pero no es menos cierto que también vive de la santidad de cada uno de sus miembros. Por ello, la mejor manera de servir a la santa sede es procurar ser santos, cada uno según su estado de vida y la tarea que se le ha confiado» (2025).
Nuestra diócesis también vive de la santidad de cada uno de sus miembros: niños, adolescentes, jóvenes, personas maduras y ancianos. Y el mejor modo de contribuir al tejido diocesano es procurando ser santos –sacerdotes, personas consagradas y seglares– según el peculiar estado de vida de cuada cual y la labor que se nos confía.
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Julián Ruiz Martorell Obispo de Sigüenza-Guadalajara
