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Carta del Obispo. Diócesis de Menorca_castellano

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NUESTRA IGLESIA / NOVIEMBRE 2025

SANTIDAD Y ECONOMÍA

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ara empezar, podríamos pensar que estas dos realidades no tienen nada que ver entre ellas, que estamos refiriéndonos a conceptos que pertenecen a ámbitos distintos. Sin embargo, no es así, porque desde una perspectiva cristiana, la fe debe influir en las actividades económicas, buscando la justicia social y el bien común.

La economía se convierte en un instrumento para el desarrollo humano integral, evitando toda forma de explotación y promoviendo iniciativas a favor de la dignidad humana.

La santidad no afecta simplemente a la vida religiosa, sino que debe manifestarse en el trabajo honesto y responsable, en la administración de los bienes con justicia y en la práctica de la caridad. De esta manera, la economía se convierte en un instrumento para el desarrollo humano integral, evitando toda forma de explotación y promoviendo iniciativas a favor de la dignidad humana. Concretando más, podemos añadir que la vida y la fe no pueden separarse en la existencia cristiana, que exige coherencia. Cuando estaba en el seminario, leía una inscripción latina sobre la puerta de la capilla: «Domus tua, decet sanctitudo», que se puede traducir literalmente como: «A tu casa, Señor, le conviene la santidad». Posteriormente, encontré una versión literaria de este versículo de un salmo: «La santidad es el adorno de tu casa». Y la santidad no se refiere principalmente al templo material, sino a las piedras vivas que somos los bautizados, que formamos parte de la edificación de la Iglesia. Cuando hablamos de los bienes eclesiásticos nos referimos a la finalidad que les damos: el culto divino, la sustentación del clero y las obras de caridad y de apostolado. La Iglesia no posee los bienes con un afán lucrativo, no busca acumular riquezas, sino que todas estas posesiones

II


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