CAMINAMOS JUNTOS
Como cada año, este 9 de noviembre celebramos el Día de la Iglesia Diocesana. Es un día de alegría, de comunión, de celebración familiar. La Iglesia de Jaca es nuestra diócesis, el espacio humano, fraterno y creyente desde el que caminamos como seguidores de Jesús. La Iglesia diocesana la formamos todos, cada uno de nosotros, así como nuestras parroquias, comunidades, proyectos y grupos. Todos somos la misma familia, y todos celebramos en este día 9 de noviembre «nuestro día».
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Construimos Iglesia con nuestra participación, nuestra oración, nuestro trabajo en las parroquias y comunidades, nuestra dedicación a los hermanos y hermanas, nuestra solidaridad con los que nos necesitan.
Lo tenemos que celebrar bien. Me gustaría recordaros y proponeros tres aspectos que nos pueden ayudar a vivir esta Jornada con un buen espíritu de pertenencia y de acción de gracias.
En primer lugar, este año 2025 estamos viviendo el Jubileo de la Esperanza, convocado por nuestro querido y recordado papa Francisco y continuado con entrega y dedicación por el papa León XIV. Os invito a renovar vuestra esperanza. Esperanza en Dios, nuestro Padre, y en su proyecto de amor. Esperanza en la vida, en las personas, en el futuro, en vuestras familias, en vuestro día a día, siempre iluminado y sostenido por la fe en Cristo Jesús, el Señor. Esperanza, también, en que podemos seguir construyendo nuestra Iglesia de Jaca, en cada uno de los lugares en los que vivimos y compartimos nuestra fe y en el conjunto de la diócesis. La esperanza procede de la fe, y no depende de lo fáciles o difíciles que sean las cosas. La esperanza es un don de Dios que acogemos, vivimos y transmitimos.
En segundo lugar, me gustaría invitaros también a vivir vuestra fe con ánimo y autenticidad, en el día a día de vuestra vida cotidiana. Todos somos llamados a tratar de vivir como seguidores de Jesús, y a hacerlo en todos los ámbitos de nuestra vida. Este es el camino de santidad: tratar de hacer las cosas como Dios quiere que las hagamos. Tenemos muchas personas que nos ayudan a entenderlo y vivirlo, porque nos han dejado un precioso testimonio de santidad. ¡Ánimos!
Y en tercer lugar, me gustaría invitaros a seguir construyendo nuestra Iglesia diocesana. Construimos Iglesia con nuestra participación, nuestra oración, nuestro trabajo en las parroquias y comunidades, nuestra dedicación a los hermanos y hermanas, nuestra solidaridad con los que nos necesitan. Construimos Iglesia cuando nos preguntamos por nuestra vocación, cuando animamos a los jóvenes a estar abiertos a las llamadas de Dios, cuando promovemos las vocaciones sacerdotales y religiosas. Construimos Iglesia cuando somos solidarios con su funcionamiento y necesidades y ofrecemos nuestra aportación económica de cualquiera de las diversas maneras en las que lo podemos hacer.
La Iglesia diocesana, nosotros, nuestra familia, depende de todos. Depende de nuestra esperanza, de nuestra manera de vivir y de nuestro compromiso a nivel comunitario, pastoral y económico. Y, sobre todo, cuando oramos los unos por los otros y, todos unidos, oramos por nuestra Iglesia.
Que Dios os bendiga y acompañe.
† Pedro Aguado Cuesta Obispo de Jaca
