TÚ TAMBIÉN PUEDES SER SANTO
El domingo 9 de noviembre celebramos el Día de la Iglesia Diocesana; un día propicio para que los fieles católicos fortalezcamos nuestro sentimiento de pertenencia a la porción del pueblo de Dios que peregrina en Córdoba y para llevar la esperanza que brota de Jesús resucitado a todos aquellos que la necesitan y, especialmente, a los más desfavorecidos de nuestra sociedad.
Es necesario tomar conciencia de la necesidad que tenemos de compartir nuestra propia vida, creando un verdadero espíritu de pertenencia a la Iglesia. “ ”
Ser católicos nos lleva a plantearnos todos los ámbitos de nuestra vida y nuestra propia existencia como una vocación. Dios tiene un plan para cada uno de nosotros. Por eso, nos hemos convertido en discípulos y misioneros al formar parte de la Iglesia.
Como católicos, estamos llamados a fortalecer nuestra comunidad cristiana, nuestra parroquia y nuestra diócesis. Es necesario tomar conciencia de la necesidad que tenemos de compartir nuestra propia vida, creando un verdadero espíritu de pertenencia a la Iglesia. Compartir nuestra vida en nuestras parroquias como miembros de nuestra Iglesia es una opción con múltiples posibilidades. Ofrezcamos nuestras cualidades, devolviendo al Señor esos dones que Él nos ha dado, usándolos para el bien común.
Desde nuestro concreto lugar en la Iglesia diocesana estamos llamados a llevar una vida de santidad, cada uno desde su propia vocación y estado de vida. Tenemos el ejemplo de muchos cristianos que nos han precedido, personas que han sido reconocidas por la Iglesia, en las que podemos encontrar cada día la inspiración que necesitamos.
Especialmente encontramos innumerables ejemplos en esta diócesis de Córdoba, cuna de tantos mártires y santos que han ejemplificado una vida de fiel seguimiento de Jesús.
Nuestra misión en la Iglesia supone una entrega a la que somos llamados desde el bautismo. Dios nos ha creado por amor y nos llama a ejercer la misión en medio de un mundo lleno de ruidos, insatisfacciones y mensajes que chocan con nuestra concepción de la realidad. Todo esto nos debe llevar a buscar en nuestro interior el sentido de la vida y a comprometernos personal y comunitariamente, teniendo en cuenta que –como decía el papa Francisco– «la santidad no está hecha de algunos actos heroicos, sino de mucho amor cotidiano».
Muchas son las necesidades que existen en estos tiempos y las personas necesitadas; nuestras parroquias necesitan nuestra colaboración, también material. Os pido que recéis por vuestros párrocos y que roguéis al Señor para que nos regale nuevas vocaciones sacerdotales.
Agradezcamos a Dios el habernos llamado a formar parte de la Iglesia que peregrina en Córdoba, una Iglesia que está viva gracias a vuestra contribución. Gracias, queridos diocesanos, por sentir la diócesis como vuestra y por comprometeros como miembros activos de ella.
Que Dios os bendiga. Contad con mi afecto y oración.
† Jesús Fernández González
Obispo de Córdoba
