LLAMADOS A LA SANTIDAD DESDE NUESTRO PROPIO
ESTADO DE VIDA Y VOCACIÓN PERSONAL
Queridos diocesanos de Ciudad Real: Todos como bautizados y desde la vocación específica de cada uno, estamos llamados por el Señor a la santidad. Por eso, la santidad no es algo propio y exclusivo de unos pocos. Cada uno desde su propia vocación estamos llamados a «ser santo porque nuestro Padre celestial es santo» (Mt 5,48) y quiere que todos lo seamos.
Debemos todos esforzarnos en vivir nuestra vocación como Dios nos pide, porque cuando vivimos nuestra propia vocación y sus exigencias, nos estamos acercando cada día más plenamente a la santidad a la que Cristo nos llama. “ ”
Para que podamos conseguirlo, nos da la gracia y ayuda divina que podamos necesitar. La llamada a la santidad, a ser santos, no es un simple consejo de Jesucristo, sino un mandato exigente para todos los bautizados, para los que somos miembros de su Iglesia. Así lo recuerda el Concilio Vaticano II en su constitución Lumen gentium, n. 39: «En la Iglesia, todos, lo mismo quienes pertenecen a la jerarquía como quienes son apacentados por ella, están llamados a la santidad, según lo escrito por el apóstol Pablo: «Porque esta es la voluntad de Dios, vuestra santificación» (1 Tes, 4,3). Y sigue diciendo el texto conciliar: «Todos los fieles, de cualquier estado o condición, están llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección de la caridad» (idem, Lumen gentium, 40).
Dios y el hombre tienen que realizar su tarea, cada uno la suya. El Señor nos da su gracia divina y la poderosa ayuda del Espíritu Santo, y el
hombre aporta una vida ejemplar y su buen hacer desde el amor en la tarea de cada día y desde la propia vocación. La gracia divina no anula la colaboración de la persona, sino que la ilumina, la enciende y la impulsa a una colaboración generosa e incansable.
El hombre, desde su vocación particular y específica y desde su vivir cada día la propia vocación, está poniendo la parte que le corresponde. Por eso, debemos todos esforzarnos en vivir nuestra vocación como Dios nos pide, porque cuando vivimos nuestra propia vocación y sus exigencias, nos estamos acercando cada día más plenamente a la santidad a la que Cristo nos llama.
Dios nos llama a ser santos desde la propia vocación y en toda circunstancia: en la enfermedad y en la salud, en los aparentes triunfos humanos y en los fracasos inesperados. El Señor nos quiere santos en todos los momentos. No esperemos a que llegue un tiempo más oportuno; este es el momento propicio para amar a Dios con todo nuestro corazón, con todo nuestro ser y para amar igualmente a nuestro prójimo. Hagamos realidad en nuestra vida la exigencia y llamada de Jesús: «Sed santos como vuestro Padre celestial es santo» (Mt 5,48).
† Abilio Martínez Varea Obispo de Ciudad Real
