TÚ TAMBIÉN PUEDES SER SANTO
En noviembre de 2024, el difunto papa Francisco escribió una carta pidiendo a los obispos diocesanos que el nueve de noviembre de cada año hiciéramos memoria de los testimonios de santidad que embellecen nuestras Iglesias particulares, recordados de manera conjunta, ya se trate de santos canonizados, de beatos, de venerables o siervos de Dios. Los santos son «los mejores hijos de la Iglesia», son discípulos extraordinarios de Cristo, que han dejado huella en su paso por la tierra y que, desde el cielo, nos siguen protegiendo y sosteniendo.
La santidad a la que estamos llamados incluye la generosidad a la hora de compartir nuestros bienes materiales y espirituales.
Nuestra diócesis necesita tu ayuda para seguir creciendo en santidad.
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Nuestra diócesis de Alcalá de Henares tiene un impresionante patrimonio de santidad, encabezado por nuestros patronos, los santos niños Justo y Pastor, a los que siguen san Urbicio, san Félix y san Diego de Alcalá, el beato Julián de San Agustín, santo Tomás de Villanueva, san Nicanor Ascanio, el beato José de San Jacinto, san José María Rubio y tantos otros. Siguen progresando las causas de beatificación y canonización de nuestros mártires de la persecución religiosa del siglo xx: la del siervo de Dios Eduardo Ardiaca y 43 compañeros, que ya está en fase romana; y la de don Valentín Rodríguez y 51 compañeros, que aún está en fase diocesana.
Todos estamos llamados a la santidad, sea cual sea nuestro estado o condición. Más que un esfuerzo humano, la santidad es dar espacio a la acción de Dios en nuestra vida. Es hacer lo ordinario de cada día de manera extraordinaria, con la gracia de la gracia. La santidad no es algo solo del pasado, ni es para una Élite de personas elegidas. Tú y yo tam -
bién podemos ser santos. Debemos ser santos. En nuestro bautismo hemos recibido la vocación a la santidad y al apostolado.
Es muy hermoso que este año 2025, año jubilar de la esperanza, esta memoria conjunta de los testimonios de santidad de nuestra Iglesia particular coincida con el Día de la Iglesia Diocesana. Nuestros santos, beatos, venerables y siervos de Dios nos ayudan a tomar conciencia de nuestra identidad como Iglesia particular, que camina hacia el cielo en comunión con toda la Iglesia universal. Nadie puede salvarse solo. Nos necesitamos unos a otros, estamos llamados a ser una familia unida, como nos dice el papa León XIV, en la que todos nos ayudamos y nos estimulamos para el bien.
En esta revista puedes encontrar los datos estadísticos de nuestra actividad diocesana, en los que se incluye el balance económico que sostiene nuestro apostolado. La santidad a la que estamos llamados incluye la generosidad a la hora de compartir nuestros bienes materiales y espirituales. Nuestra diócesis necesita tu ayuda para seguir creciendo en santidad. De antemano, gracias por tu colaboración.
