SANTOS POR VOCACIÓN Y MISIÓN
«Tú también puedes ser santo»
Siempre precisamos volver a las raíces de lo que somos para nutrirnos de la esencia que nos define vitalmente. Y en nuestra vida cristiana y eclesial, enraizados en Cristo por el don del bautismo, somos, ante todo, llamados –vocacionados– a ser discípulos y testigos. Tenemos que descubrir, una vez más, que ser cristiano es una vocación, no una inscripción.
Os propongo vivir esta sinodalidad de la santidad en nuestra Iglesia diocesana de Santiago: caminad juntos, sin exclusiones ni particularismos, en todas las presencias y realidades comunitarias.
Por ello, os quiero invitar, con motivo de este Día de la Iglesia Diocesana, que en este año 2025 coincide con la fiesta de la dedicación de la basílica de Letrán, día establecido por el papa Francisco para conmemorar a los santos, beatos, venerables y siervos de Dios en las Iglesias particulares, a redescubrir la llamada universal a la santidad. No se trata de una meta reservada a unos pocos, y menos una vocación extraordinaria para personas excepcionales. La santidad es la plenitud de vida cristiana a la que todos estamos llamados, cada uno desde su propia vocación y estado de vida. Podríamos decir que es la vocación fundante y fundamental.
El Señor nos invita a ser santos como él es santo (cf. Lev 19,2; Mt 5,48). Esta llamada resuena con fuerza también hoy, en medio de las ocupaciones diarias, de la vida familiar, del trabajo, del estudio, de los compromisos sociales y eclesiales. La santidad es vivir con amor y fidelidad lo ordinario de cada día, iluminándolo con la luz del Evangelio.
Como nos recordaba el papa Francisco: «Me gusta ver la santidad en el pueblo de Dios paciente: en los padres que crían con tanto amor a sus hijos, en los hombres y mujeres que trabajan para llevar el pan a casa, en los enfermos, en las religiosas ancianas que siguen sonriendo. Esta es muchas veces la santidad de la puerta de al lado» (Gaudete et exsultate, 7).
Nuestro camino como Iglesia no es solitario. Nos acompaña una gran nube de testigos (cf. Heb 12,1), hermanos y hermanas que nos han precedido en el seguimiento de Cristo. Son los santos, «amigos de Dios», como le gustaba llamarlos a Benedicto XVI, que han vivido con radicalidad el amor a Dios y al prójimo. En ellos encontramos inspiración, fuerza y consuelo. Su vida, tantas veces marcada por pruebas y sufrimientos, nos enseña que es posible ser santos en cualquier tiempo y circunstancia.
Os propongo vivir esta sinodalidad de la santidad en nuestra Iglesia diocesana de Santiago: caminad juntos, sin exclusiones ni particularismos, en todas las presencias y realidades comunitarias, en todas las edades y en todos los carismas, acogiendo la llamada a ser santos por vocación y misión en cada acción pastoral, evangelizadora, celebrativa, asistencial, educativa y cultural. Dejad que la acción del Espíritu haga fecunda vuestra entrega generosa y creativa.
† Francisco José Prieto
Fernández Arzobispo
de Santiago de Compostela
