NUESTRA IGLESIA / NOVIEMBRE 2025
LA IGLESIA DIOCESANA: PARÁBOLA DE SANTIDAD
N
o se trata de una ONG que se dedica a fines altruistas por los más necesitados. Tampoco es una central de mecenazgo para promocionar a los artistas subvencionando sus talentos musicales, pictóricos, escultóricos o literarios. No es una asociación deportiva que cultiva la vida sana y encauza actividades de tiempo libre en el mundo de los fitness de distinto estilo y modalidad. Evidentemente, no representa una corriente política alternativa ni una guerrilla revolucionaria para tumbar los poderes establecidos y derrocar gobernanzas inconvenientes. No, la comunidad cristiana no es nada de eso, por más que tantas veces se nos etiquete y asimile con algunas de esas expresiones sociales y humanas. La Iglesia de Jesús nace con otra meta en su horizonte, porque proviene de una raíz diversa en su origen. Los relatos evangélicos nos permiten tejer una urdimbre que bien refleja la identidad cristiana. Con todos nuestros altibajos a través de los dos mil años de andadura, los cristianos hemos querido escribir una historia que hace las cuentas con el ideal al que fuimos llamados. Sabemos que esa vida ideal puede ser contradicha por la real, por eso hablamos de gracias y pecados. Pero el ideal no se difumina por nuestra lenta o humilde realidad cotidiana.
Sabemos que nuestra vida cristiana gira siempre en torno a tres goznes imprescindibles para que sea propiamente eclesial: la liturgia con la que alabamos a Dios y en la que nos alimentamos de su Palabra y sus sacramentos; la catequesis con la que nos formamos continuamente, pues siempre hemos de saber lo que creemos, somos y esperamos; y la caridad como el compromiso con la justicia y la paz, tendiendo nuestra mano y compartiendo nuestros bienes con las personas y los pueblos que necesiten nuestra ayuda, pues la caridad la aprendemos mirando a Cristo en su entrega y donación. Liturgia, catequesis y caridad, esta es la imagen ideal de la realidad cristiana. Y esto es lo que llamamos precisamente «santidad», cuando nuestra vida personal hace un recorrido de vivencia y convivencia con Dios y los hermanos desde esas tres claves que nos definen: nuestra relación orante
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