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Arte Religioso (2019)

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TEMPLOS MODIFICADOS Y DESAPARECIDOS EN EL VALLE DE LA ERMITA Aníbal Chajón Aunque existen varias muestras de la arquitectura religiosa diseñada a finales del siglo XVIII en la ciudad de Guatemala de la Asunción, hubo otras que, lamentablemente, desaparecieron en el curso de la historia. La construcción de todas las obras se enfrentó a dificultades económicas, por el declive de las exportaciones de añil que mantenía la riqueza de las más importantes familias y era la fuente de impuestos para la Corona, que debía costear gran parte de las edificaciones eclesiásticas. Por otra parte, los arquitectos e ingenieros de la época desconocían el problema que ofrece el terreno sísmico al momento de construir y la técnica introducida por los españoles: la mampostería a base de piedra irregular, rafas de ladrillo y argamasa de cal y arena, formando gruesos muros, hacían vulnerables las obras de gran tamaño. Ahora se sabe que todos los muros de 20 metros o más son susceptibles de fracturas de 45 grados. Por las limitaciones económicas del momento, las primeras obras terminadas, como el templo de San José, estaban hechas de adobe, con cubierta de teja, mientras que la fachada, más elaborada, estaba hecha de ladrillo. Curiosamente, las fotografías de 1918 muestran que la parte que colapsó fue la fachada, de mayor masividad. El templo se reparó fácilmente, reponiendo la fachada y reparando el techo. Fue uno de los pocos templos capitalinos que reportó daños en el otro sismo importante del siglo XX, el de 1942. Para el terremoto de 1976, las fotografías muestran que ocurrió lo mismo, cayó la fachada, pero permanecieron parte de los muros y del techo, como en 1917 y 1918. En esa ocasión, el gobierno decidió demoler la estructura con maquinaria de la época, pero quedaron fotografías que muestran que podría haberse conser-

vado. Por las dificultades económicas propias de 1976 (aún no se resolvía la crisis del aumento desmedido de los precios del petróleo de 1973; se destinaban fondos para luchar contra la guerrilla, mientras que la élite ya no patrocinaba con entusiasmo obras católicas) motivaron la construcción de una obra sencilla, casi una bodega. En el caso de San Sebastián, el caso fue distinto. El templo soportó el terremoto con lesiones que podían repararse. De hecho, se celebraba misa en 1978. Pero las condiciones pastorales habían cambiado. A la luz del Concilio Vaticano II se había promovido un cambio en la liturgia y las autoridades eclesiásticas dispusieron aprovechar todo el espacio que daba el templo, así se demolieron los pilares, se consolidaron los muros exteriores y se colocó una cubierta metálica, para abrir un amplio espacio que albergara al triple de fieles que la nave central original, pero se conservaron las fachadas principal y lateral. Las iglesias de Santa Catalina y Santa Teresa son casos diferentes, trataron de conservar su disposición con materiales de la época: hierro y cemento. Santa Catalina fue reedificada en 1936, por lo que se conservó la distribución en tres naves. Se le dio un aspecto historicista, con un cielo inspirado en las basílicas paleocristianas de Roma, con un notable contraste: un arco triunfal que obstruye la vista del altar mayor y deja poca visibilidad para la imagen de la patrona. Mientras que, el templo de Santa Teresa, terminada en 1965, también conservó su disposición original, con un altar que trató de combinar la tradición y la modernidad.

distintos. Se edificaron para sustituir otras iglesias preexistentes, lo que dio a los diseñadores, Juan Domergue y Wilhelm Krebs, respectivamente, la oportunidad de hacer propuestas novedosas, pero limitadas por los patrocinadores eclesiásticos. De ahí que también recurrieran a motivos historicistas, principalmente el románico. En cambio, dos templos desaparecieron por completo: la Escuela de Cristo, demolida por orden de Justo Rufino Barrios para aprovechar el predio para oficinas del gobierno, y Concepción, destruida por los terremotos de 1917 y 1918 y reconstruida con diseño de Guido Albani, pero con la orden de hacerla un salón y no un templo, porque ya no cumplía con necesidades litúrgicas, pues la orden había desaparecido por orden de Barrios y para los fieles no era indispensable, pues estaba demasiado cerca de la Catedral. Albani recurrió al estilo Art Decó, en boga en 1925, y conservó la disposición que tuvo la iglesia, con atrio lateral, y se aprovechó para construir dos módulos de oficinas, con patio interno. Así, solo quedó el recuerdo de su presencia.

Otros dos templos del Centro Histórico: Nuestra Señora de los Remedios o Calvario y la Asunción fueron

Fachada original del templo de San José / Guillermo Aguirre 48

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