EL RETO CIENTÍFICO DE LA EDUCACIÓN SUPERIOR William Campos Lizarzaburu La historia de América Latina parece constituir un recuento de acciones que expresan, de modo genérico, una resistencia de su gente hacia la innovación científica y tecnológica. La adopción de modelos de conducta y patrones de consumo de los países desarrollados, sin que exista un cuestionamiento necesario a su eficacia en la región y un intento por adaptarlos racionalmente al medio, ha sido la norma asumida cuando se habla de desarrollo científico y tecnológico. Entre las razones de esta realidad, se esgrime la poca inversión en materia de inversión en investigación y desarrollo. E n 1991, según cifras del BID citadas por la UNESCO, los países latinoamericanos dedicaban a Investigación y Desarrollo entre el 0.3% y el 0.7% de Producto Bruto Interno (PIB). El promedio latinoamericano , del orden del 0.5%, constituye la mitad del 1% recomendado por la UNESCO hace más de veinte años. Estas cifras están muy lejos del 3.1% del PIB dedicado por Japón a Investigación y Desarrollo, pero quedan igualmente rezagados ante el 1.6% consagrado a Investigación y Desarrollo por los “dragones” del sudeste asiático (Corea del Sur, Malasia, Hong Kong, Singapur y Taiwán). Sin embargo, reducir el problema del desarrollo a la simple carenci a de inversiones en ciencia y tecnología, puede significar la negación de una perspectiva sincrética de la realidad, en la medida que las decisiones que se toman en la esfera política probablemente constituyen síntomas de los males que subyacen a la socied ad, y no las razones po r las cuales estos se producen. Y eso, como se sostiene, parece constituir expresi ón de una idiosincrasia reticente al desarrollo, reacia a despertar y promover la comprensión científica de la realidad. Es decir, existe un problema q ue más tiene que ver con lo actitudinal que con lo económico, más con lo histórico que con la afluencia de capital, más con la formación del individuo que con los recursos explotables del país : un problema en la actitud científica o, para decirlo precisamente, en la debilidad formativa o negación de ésta en la generalidad de nuestra gente. Son diferentes las manifestaciones y diferentes los ámbitos en los que se percibe esta realidad. Abarcan desde el plano de las propuestas educativas, hasta la práctica de deportes masivos, como el fútbol; desde la concepción de la fama televisiva, hasta la formación del ciudadano. Y en este proceso parecen identificarse referentes comunes que subyacen a la