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El oso blanco y la hormiguita / The White Bear and the Little Ant

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Querido narrador/a

El oso blanco y la hormiguita es una historia que creé, fui perfeccionando y he contado durante años, en la escuela infantil donde trabajé, a niños y niñas desde dieciocho meses hasta dos años y medio o tres años, aunque también he tenido la experiencia de contarla con éxito en grupos de niños y niñas mayores de tres y cuatro años.

Cuando interpreto el cuento me siento en una sillita baja, y los niños y niñas están sentados en el suelo frente a mí. Entre mis piernas tengo un oso blanco grande de peluche.

Quien cuenta una historia para pequeños, dentro de la tradición oral, sabe lo conveniente que es usar algunos recursos o ingenios, como:

La gestualidad y el movimiento del cuerpo.

Los gestos del rostro, las miradas, y los movimientos de distintas partes del cuerpo (brazos y piernas, el tronco, la cabeza, y a veces todo el cuerpo) acompañan y expresan, explican, cada una de las acciones que se están produciendo durante la historia.

La voz.

Lo mismo ocurre con la entonación y modulación de la voz: grave, aguda, tono vivo y fuerte o apagado, tímido o decaído. La voz puede expresar ferocidad, temor, alegría, confianza, o puede ser suave y dulce...

La mirada, los gestos, las acciones corporales y la voz, son inseparables y se expresan en armonía, en congruencia entre ellas.

La repetición.

La repetición de algunas palabras y frases una y otra vez dentro de una historia, es otro recurso muy conveniente en edades pequeñas porque los niños y niñas también interpretan, traducen o descifran cada uno de los detalles gracias a la repetición, y los engarzan en la secuencia de toda la historia, la entienden y la aprenden.

El ritmo y la rima.

El uso de las rimas y de una cadencia es, a menudo, aconsejable e interesante para dar a la historia un ritmo llamativo, alegre y simpático, un ritmo musical y cantarín, semejante al de una canción o un poema sencillo, que transmita a un efecto oral-auditivo atractivo y divertido.

Todos estos son recursos narrativos fundamentales en estas edades, porque fijan la atención de los niños y dotan de coherencia a la narración, porque traducen el relato a múltiples lenguajes (visual, gestual y corporal, oral, expresivo, poético...) integrándolos y enriqueciendo la historia, y porque desencadenan un efecto coral, de grupo, que acompaña a la experiencia y al aprendizaje facilitándolo. La persona adulta que cuenta la historia no tiene porqué limitarse solo a leer las palabras escritas sobre el papel, sino que puede aprender a usar estos recursos narrativos como elementos didácticos, interpretando y dramatizando como en un teatro, pero también debe cuidar la contención: no es necesario exagerar demasiado porque los niños pueden asustarse o puede resultar incoherente o desagradable la interpretación.

bra cuento es el de una historia que es contada o leída.-

mente a un asunto menor los trovadores contados —leídos -

–Fomentar la

algunos

José Federico Barcelona

Érase una vez

un oso blanco, blanco, blanco que vivía en una cueva negra, negra, negra.

Cuando llegó el invierno, en la montaña hacía mucho frío. Llovía y nevaba...

Y el oso blanco, blanco, blanco entró en su cueva negra, negra, negra...

... para dormir durante todo el invierno

Aquel día, una pequeña hormiga intentaba cruzar la montaña.

Venía desde muy lejos, estaba sola y perdida.

Tenía mucho frío...

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El oso blanco y la hormiguita / The White Bear and the Little Ant by VLP_Agency - Issuu