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Revista Literaria Viaje Interior

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CARTA EDITORIAL Estimado lector: Llega a tus manos esta revista digital que nació con la finalidad de dar a conocer la actividad del taller literario “Loquitos por las letras. Taller que se desarrolló en los meses de abril y mayo del año 2023, en la sede de Campana Amanecer Literario. Adolfo Di Virgilio - Coordinador

Es una publicación de distribución gratuita de:

En las siguientes páginas podrás conocer las obras que se fueron elaborando en el desarrollo del taller, siguiendo las consignas e indicaciones del coordinador. Es un conjunto de escritos que descolla por su originalidad y su calidad literaria. Los poemas y los cuentos contenidos en esta revista representan el producto del viaje interior que cada escritor participante realizó en busca de la idea o el hecho disparador para inspirarse y poder escribir. Quiero agradecer a la presidencia de Campana Amanecer Literario, a cargo de la poetisa y escritora Stella Maris González Chuquel, que me dio la oportunidad y el espacio para poder concretar este taller, que tanta satisfacción me ha dado. También agradecer a todos los participantes que pusieron las ganas, el talento y su tiempo para que el taller se realizara con el éxito que alcanzó. Los invito a disfrutar del contenido de esta revista.

STAFF Dirección editorial y diagramación Adolfo Di Virgilio Coordinación y fotografía Victoriana Gajardo Publicidad y edición Web Dilio Art Ediciones

Adolfo Di Virgilio Coordinador del taller “Loquitos por las letras”

Viaje Interior es una publicación de distribución gratuita de Dilio Art Ediciones. Revista mensual, noviembre de 2023. Número de reserva ante el Instituto Nacional del Derecho de Autor en trámite. Todos los derechos reservados para Dilio Art Ediciones. Prohibida su reproducción total o parcial, incluyendo cualquier medio electrónico para fines comerciales. El editor se reserva el derecho de realizar corrección de estilo y ajustes pertinentes en la extensión de los artículos publicados. La revista Viaje Interior respeta el derecho a la libertad de expresión de los autores de los artículos publicados. El contenido de los artículos es responsabilidad de cada autor. Las opiniones expresadas en los artículos reflejan únicamente el pensamiento de los autores. Ciudad de Campana, provincia de Buenos Aires, República Argentina. Año I – Número 1 – Noviembre de 2023. dilioart2012@gmail.com


PRÓLOGO Cuando invité a nuestro socio Adolfo Di Virgilio a dictar un taller en las reuniones martianas, intuí que sería de su agrado, pero desconocía que él esperaba esa invitación. Así nació el taller “Loquitos por las letras”, donde Adolfo desplegó sus conocimientos y consignas, preparados meticulosamente, como todo lo que hace, con vocación de servicio, cariño y sentido de pertenencia a nuestra querida Stella Maris González Chuquel entidad. Creativo, inquieto y siempre con ganas de aportar más, ofrece como cierre de su taller esta revista digital “Viaje Interior”, una agradable sorpresa para todos los integrantes de CAL que ven en ella compilados sus trabajos. Proponer, retroalimentar, brindar, consignar, dar, crecer en la palabra, acciones que unifican el objetivo institucional: “Avanzar sin prisa, pero sin pausa hacia un objetivo único: que las letras campanenses y zonales ocupen el lugar que les corresponde”. Gracias Adolfo por “Loquitos por las letras” y “Viaje interior” Stella Maris González Chuquel Presidente Campana Amanecer Literario

¿Por qué el nombre “Loquitos por las letras? “Cuando inicié la agradable tarea de preparar el taller literario para el que fui convocado, me di cuenta de que el grupo de socios de Campana Amanecer Literario, ante el cual debería exponer, estaba integrado por persona que postergaban y hasta dejaban de lado cosas importantes para poder viajar, participar y gozar de los cuentos y las poesías. Era, y sigue siendo, un grupo maravilloso de “Loquitos”, con una fuerza interior avasallante, que aman a las “letras”. Entonces, me pareció lo más adecuado llamar al taller “Loquitos por las letras”, como homenaje a ellos que tanto hacen por la literatura.” Adolfo Di Virgilio – Coordinador del taller “Loquitos por las letras”


1. Aguirre, Dina 2. Ander, Carlos 3. Andurell, Elba 4. Andurell, Hebe 5. Berra, Raúl 6. Chavéz, María Isabel 7. Di Fermo, Jorge 8. Fontanella, Adelina 9. Gajardo, Victoriana 10. Giuntoli, Micaela 11. Gonzalez, Stella Maris 12. Helse Derlina. 13. Marquez, María Luisa 14. Martinez, Ala 15. Mionis, Rosa 16. Molineris, Mirta 17. Noquera, Cristina 18. Simón, Ofelia 19. Strobino Matilde 20. Wetzel, Aroma


El costurero de la nona

Sentada en su mecedora, estaba la nona. A sus pies su amado costurero, de esos que ya no hay, una cajita de castañas de cajú,

Dina Aguirre

de color amarronado brillante, que contiene los tesoros de la abuela. Agujas de todos los tamaños, un arco iris de hilos, botones de nácar de todos los modelos, coloridas cintas y el infaltable dedal y otras cosas que se fueron agregando.

Melancolía

La nona cosía almohadones, bordaba pañuelos y servilletas, también los ajuares para sus nietos. Ella adoraba su cajita. La

Llueve en la tarde de otoño

cuidaba con esmero y la escondía cuando sus traviesos nietos iban

Melancólica la gota resbala

a visitarla. En varias oportunidades le habían regalado modernos

Por las hojas ocres

costureros con separadores para cada objeto, pero ella lo elegía a

Y yo pienso en ti.

él. Era un legado de su abuela.

Te imagino etéreo y fugaz

Muchas veces se preguntó qué sería de él cuando ella no esté, sus

Mi sol interno me entibia

nietos no le daban importancia, menos a la costura y a sus hijas

En este ocaso frio y gris

nunca les interesó. Ahora todo lo hacía la modista o costurera. Ya

Ya nada es igual.

no sería necesario el costurero de la abuela.

Con los primeros pimpollos

Un día la nona partió. Sus cosas fueron sacadas de la casa y con ellas su costurero. Una anciana que pasaba por allí lo vio; entre tantas cosas la cajita llamó su atención.

De primavera te fuiste Dejando mi alma vacía. Seguiré esperándote cada amanecer Con la firme esperanza mía que

-Me lo venden por favor- Dijo.

Llegarás colibrí danzando

-Lléveselo, no vale nada- Dijo la hija de la nona.

A mis brazos como aquellos días Donde todo era plena alegría.

Ahora el costurero tiene nueva dueña. Y así logró tener otra

oportunidad de ser útil.


Lila Callada, no conocía su voz,

solos los dos en el aula

era la mayor del grado

fuimos a buscar Io nuestro,

y la más alta de todos,

la escucho hablarle al

suportafolio intacto

portafolio,

de cuero marrón lustrado,

con respeto bajo ie pregunto

solo Ella lo tocaba,

-¿Qué te pareci6 y porqué

ahí guardaba sus útiles,

le hablas al portafolio?

sentada en el último banco

muy suave me respondi6

casi siempre sola y bella,

-estuvotodomuylindo-

al sacar algo del portafolio

luego abraz6 el portafolio

parecía hablar con él,

-me lo regalo mi abuela-

Era una buenaa alumna

yno precisé más nada

solo hasta lo necesario,

era con Ella que hablaba

Mardel

se sentaba cerca mío

El viaje a Mar del Plata,

pero ni nos saludamos,

sueño de aquel chiquilín

creo orgullosos los dos,

Casi una fantasía

pero en cuarto grado

nacido en Entre Ríos,

nos eligieron a ambos

no lo podía creer,

para leer poesías

lo habían ganado sus tetras,

un veinticinco de Mayo

sus compañeros Poetas

sobre el escenario,

y otros artistas viajaron,

parece quelohicimos bien

el viaje fue un divertido

el aplauso fue total,

coloquio de conocerse,

entramos juntos al aula

llegar en pleno jolgorio

-te felicito- le dije

de alegría sin igual,

Y la besé en la mejilla,

hubo función de agasajo

un poco se sonroj6 y se sentó en su banco,

manjares de varias clases, helados, masas, chocolates, alfajores para llevar, a la costa recorrer,

la estatua de Alfonsina

aprobaba las materias,

pero no sabíamos donde,

la comida de primera,

mirar extasiado el mar,

sin explayarse demasiado

vivía en el fondo del pueblo

Carlos Andere

los hizo emocionar, fueron a otras ciudades, muy bellas y novedosas pero La Perla del Atlántico no tiene comparación, su gente amable, sencilla,

un verdadero crisol turistas de todo el Mundo gozando feliz delSol, Si...cree que tocó el cielo trajo esa sensación.

en un inmenso sal6n y un lujoso hotel,


En la escalera Un escritor ya mayor, muy importante con varios libros publicados, obras para teatro las cuales los directores

Elba Andurell

del momento, les compraban los derechos para hacerlas conocer en los escenarios con mucho éxito. Le gustaban los animales, con su esposa compraron una casa frente a un lago y protegida por un gran bosque. Cuando el tiempo se los permitía o en sus vacaciones era el lugar soñado para estar allí, pescaban o tenían

Libros y árboles

largas caminatas. En un momento Amanda que así se llamaba su esposa, enfermo fueron tiempo difíciles, su salud empeoró, al paso de los meses falleció a pesar de los cuidados recibidos, así fue que Gerardo decidió radicarse en la cabaña del bosque, como ellos la llamaban, entonces tapo su máquina de escribir, prometiéndose no volver a usarla. Un día caminando

por el bosque, encontró un monito muy pequeño, parecía con frio y hambre, lo levanto , fue con su nuevo amigo a la casa, no sabía que darle, vio las masitas le corto una se la dio, luego leche , después fruta, todo le resultaba bueno. En los mismos días en la casa vecina se mudó una familia que tenían tres niños, se llegaban a ver a Totito el mono, fue una gran amistad sin darse cuenta los cinco reían por las ocurrencias de cada uno.

Un día Gerardo destapo la Rémington , y escribió cuentos para niños donde participaba Totito , por las tardes se los leía a sus nuevos amigos, cuando se sentaban en la escalera de la entrada de la cabaña.

Una alfombre dorada en tiempo de otoño Bordan la tarde Desnudan sus ramas Los frondosos árboles. Los libros también pierden

Sus hojas escritas con amor, Que nos cobijan el alma, Los imagino juntos en una plaza Bajo una pérgola cubierta de glicinas Un lugar donde florece el aire. Todo tiene gusto a poesía, La desazón del amarillo En su alrededor luce triste, Pero brilla el sol, y todo cambia En el sendero de la vida.


El tango y yo Hebe Andurell Hace unos años vivía en Buenos Aires, en el centro. En esa época me encantaba caminar, recorrer lugares, ver los muros enmohecidos de las casas viejas de algunos barrios. En esas

El brindis

caminatas descubría museos, pequeños teatros independientes y un día sin querer, me encontré

Mi brindis hoy,

en la puerta del teatro Alvear, a las 13:00 H y me

Por lo cotidiano de la vida

entero que en ese horario ensayaba la orquesta de

Por la inadvertida dicha

Buenos Aires con sus excelentes Directores

Que ella nos brinda.

Carlos García y Raúl Garello. La integraban casi

Por el oro sepia del otoño

40 músicos de gran nivel. Entre su línea de

El gris y la lluvia

bandoneones estaba Julio Pane y cantando,

De algunos días de invierno.

siguiendo el estilo de cada director, Hernán

Por la impecable belleza de la primavera

Salinas, conformaban un hermoso espectáculo en

Por el fulgor del verano

forma gratuita. A partir de ese día trataba de no

Por los abrazos y la ternura familiar

perder los ensayos magníficos para todos los que

El afecto de la amistad,

gustamos del tango. Terminado el ensayo, volvía

Por los objetivos cumplidos

a caminar disfrutando lo que ofrece esa bella

Y por los nuevos proyectos.

ciudad.


Raúl Berra: nuestro querido maestro, poeta, socio, vicepresidente de Campana Amanecer Literario partió hace poco para realizar el viaje final. Pero no se fue solo. Se llevó el afecto, el cariño y el amor que supo sembrar en vida, el recuerdo de su familia, el abrazo enorme de sus compañeros de letras. Sus libros, llenos de poemas y misceláneas, son el reflejo de sus vivencias y sus amores. Lo vamos a extrañar mucho, estará presente en cada rincón de nuestra querida casona y en nuestros corazones y sé que al escuchar un soneto su nombre y su obra nos vendrá a la memoria. Poeta Raúl Berra

“Tal vez seré poeta en el cielo Como soy decidor en estas tierras Allá donde no existen las guerras Buscaré en mis versos el consuelo.” Raúl Berra Tomado del poema “Seré” publicado en su poemario “Latiendo palabras”, editorial Grafik” – 2012.

BIOGRAFÍA Raúl Berra Nació en la ciudad de Lima, partido de Zárate, provincia de Buenos Aires. Se radicó en la ciudad de Campana. Intervino en varios concursos y encuentro de escritores zonales, provinciales, nacionales e internacionales. Premios destacados: 2do premio en poesía (2013), 1er premio en poesía (2017), 1er premio en poesía (2019) y 2do premio en poesía (2020). Participó con sus obras en diversas antologías a nivel nacional e internacional y en las de Campana Amanecer Literario “10a antología Campana Amanecer literario”, “De tierra y cielo” y “Amalgama”. Autor de los libros: “Decidor de sueños” (2009), “Latiendo palabras” (2012), “Poemas en mi piel” (2016), “Hilvanando versos” (2019) y “Rimas del corazón” (2022). Al momento de su deceso era columnista del diario “La auténtica defensa” de la ciudad de Campana, Presidente del “Circulo Amigos del Tango de Campana” y vicepresidente de Campana Amanecer Literario”.


Amigos Café, tabaco y una copa de vino son como sol que brilla en tarde mansa y en ese valle de amistad descansa

Raúl Berra

un rayo de luz que aclara el camino.

Para mi son hermanos del destino que caminan senderos de esperanza... Amigo es esa palabra que alcanza

Eladia de Buenos Aires

la plenitud de un léxico divino.

Cuando el silencio se pierda en la sombra con nostalgia, se abrigará en mi pecho esta antigua ternura que los nombra.

Sembrabas de emoción esas canciones con tu voz diferente y tu talento eran tus letras gemidos del viento volando en ese mundo de pasiones.

Mientras pienso en la quietud de mi lecho ellos tienen una virtud que asombra, es dar consuelo a un corazón deshecho.

Eladia subiste a los escalones de aquel éxito musical sin cuento y a tus temas le diste fundamento creando las más bellas sensaciones.

Amante de la ciudad y su gente le cantaste al amor y el desengaño, a la vida que pasa fugazmente.

Esa melodía y un decir extraño tu estirpe de bohemia impenitente que no usó las tristezas del estaño.


Las navidades ajenas Cada Navidad pensaba Como la gente del barrio Todos juntos festejando Se asoman a los balcones.

María Isabel Chávez

Árbol luces de colores

Menos en la casa mía El por qué no lo sabía Hasta que tuve 6 años

Al costado de la mesa El árbol que yo quería Con luces y chuchería

Que prendían y apagaban. Agnóstico e intransigente Era su forma de ser Yo no lo podía saber Tal vez porque era muy chico Quería aquel arbolito Que todo el mundo tenía Con los años comprendía Cuál era su pensamiento.

Al pie, estaba mi regalo que no me animaba abrir y así pude descubrir el abuelo que tenia lo miraba y no podía Comprender tanta emoción Me saltaba el corazón

Y toda mi fantasía. Hoy ya grande y con orgullo

Un 24 a la noche

Recuerdo mucho a mi abuelo

Cuando la gente brindaba

Tan porfiado y tan severo

Sin mediar una palabra

Casi de pocas palabras

Mi abuelo y yo nos miramos

Que sintió esa mañana

Algo le estaba pasando

Cuando armaba el arbolito

Por su cabeza nevada

Con un solo regalito

Y así sin decirnos nada

Envuelto en papel dorado

Nos fuimos a descansar.

Nos quedamos extasiados

Al otro día temprano Me fui al garaje a jugar. Y tan solo al regresar Me encuentro con la sorpresa

Mi abuela, mi madre y yo Desde entonces sucumbió A la idea que tenia Y toda mi fantasía Se convirtió en realidad.


Martín Jorge Di Fermo

En vísperas de Reyes, Martin deja su carta

quiere. Y esperaba todos los días, si

para los Reyes Magos al pie de árbol de

podía llegar alguien. Llegaron los

navidad, sus seis años todavía tienen

reyes, con una caja tan alta como él.

prisionero la magia de la llegada de los

Llego su avión gris. En familia

reyes del Oriente. Una familia pequeña en

armaron el avión. Martín todas las

número, una esperanza que se hizo realidad

tardes después que llega de la

con la llegada de Martín, después de

escuela, juega con su avión en la

transitar un camino árido para lograr hace un

galería del patio, conversa

año la adopción. El sueño de Martín es un

dirigiéndose a la ventanilla del

avión gris, como el que veía por la ventana,

piloto. Le compraron un libro con

del hogar donde vivía, todas las tardes a la

dibujos y fotos de aviones, Martín

misma hora, aprendió a leer el reloj, como

les dijo a sus padres, que él sabe,

decía siempre, “leo las horas”. Un amigo de

que no le van a contestar, porque es

la casa donde vivió hasta los cuatro años

un juguete. En el Jardín le dijo la

desde el día que nació, le había contado, que

maestra, que el último avión que

en los aviones grises viene la gente que uno

traía pasajeros era el que traía a sus papás biológicos, pero él iba continuar jugando y hablando con la tripulación y los pasajeros.


El encuentro Ernesto, Francisco y Pedro habían acordado encontrarse ese domingo en la plaza del pueblo. Los tres trabajaban en la estancia “Los Tréboles” propiedad de mister George a quién por su acento extranjero le decían el gringo. Francisco y Pedro estaban hacía ya tres años, en cambio Ernesto no pasaba de los seis meses. Los tres se hicieron muy amigos y compartían además del trabajo en sí, las salidas los fines de semana o alguna que otra escapada a la capital en busca de diversión. Una noche que estaban todos reunidos junto al fogón de la cocina tomando unos amargos y en tren de confidencias, Ernesto les relató su vida o parte de ella. Llegó de “Las Yuecas” un poblado cercano, de cómo su madre lo abandonó siendo casi un adolescente yéndose con un comerciante que conoció de casualidad cuando iba al mercado apodado “el turco” quien venía todos los meses vendiendo sus baratijas y telas finas, que a ella le gustaban y su padre no podía comprarle. Situación que lo llevó a la bebida y al abandono. Ella era una mujer muy hermosa, con unos tremendos ojos verdes y un llamativo lunar enmarcándole la boca carnosa y sensual. Ese domingo el pueblo estaba alborotado con la llegada del circo “Miraflores”. Grandes cartelones iluminados por lamparitas de colores y despintados altoparlantes anunciaban el estreno para esa noche. Los niños miraban asombrados las jaulas de los animales, leones y tigres rugían para deleite de la gente que se había reunido en el lugar. Los artistas repartían folletos de propaganda con los días y horarios de las funciones. Mientras caminaban entre el gentío, les llamó la atención una marquesina muy particular que decía: “La Gran Soraya” Conozca su futuro hoy gran función. Pedro guiñando un ojo a sus amigos: -¿, ¿Qué les parece si vamos?-¡Por qué no!- contestó Francisco con una sonrisa mientras sostenía un cigarrillo entre los dedos -Vayan ustedes, para qué gastar plata en esas estupideces- dijo Ernesto indiferente. - ¡Ché no seas aguafiestas! De mala gana este accede acompañarlos. -Yo pago las entradas- dijo Pedro sacando plata del bolsillo de las batarazas que estrenaba ese día. Una vez dentro, el recinto bajo una luz mortecina mostraba sobre una mesa cubierta con un gran paño de tercio-

Adelina Fontanella

pelo rojo en cuyo centro una enorme bola de cristal con su irreal y fantasmagórico efecto luminoso, pesados cortinados de Brocato azul y velas perfumadas creaban un ambiente sutil y misterioso. Cerca de la entrada, arriba de un mueble rústico de madera una lechuza embalsamada los miraba con sus ojos de vidrio. - ¡Por Dios! esto me da escalofríos- dice Pedro en voz baja. - Dejate de macanas ¿No digas que crees en estas cosas? En eso la adivinadora hace uso de presencia, tiene la cabeza cubierta con un turbante de tela brillante; varios collares adornan su cuello, sus finos dedos lucen anillos baratos y un velo trasparente deja ver a medias su rostro. La mujer tomó asiento y dirigiéndose a ellos ordeno: -Haber muchachos, que pase el primero- ¡Andá vos Ernesto!- le dijeron casi empujándolo. De mala gana, Ernesto se acercó a la mujer que en ese momento barajaba el mazo de cartas y mirándolo con curiosidad le pidió lo repartiera en tres grupos y luego eligiera una, como si una ráfaga de aire hubiese entrado de improviso, el velo que le cubría la cara dejó al descubierto la misma, Ernesto al verla se puso pálido, balbuceó unas palabras y comenzó a vomitar. Sus amigos al advertir lo que pasaba fueron en su ayuda. -¿Ernesto qué tenés, que pasó?- le preguntó Pedro mientras lo sostenía de un brazo. Grande fue la sorpresa cuando ella los miró de lleno, Francisco y Pedro atónitos pudieron ver unos tremendos ojos verdes y un llamativo lunar enmarcando una boca carnosa y sensual.


Luzmira de viaje Ella era como un pájaro inquieto Con su canto tempranero al iniciar el alba

Victoriana Gajardo

Volaba libre con pensamientos nobles, Anunciando a todos que iniciaba el día.

Dolor

Sus manos arrugadas por el paso del tiempo

Las sombras acechan los recodos del pensamiento

Forjadas por trabajos y el intenso frio

Imitando burdamente a los bandidos del camino.

Sabían de caricias, de tiernos abrazos,

El corazón trata de ser coherente en su ritmo

De entregas y ayudas, de juegos de niños.

Pero las agujas lo lastiman y excitan. Las manos buscan desesperadas la paz del alivio

Una noche con luna en el cielo oscuro

Sabiendo que el tiempo agota sus chances.

Preparó su bagaje que llenó de recuerdos

A veces, hay silencios tan profundos que asustan,

Y rodeada de amores que sembró en su vida

Otras veces, hay gritos que perforan las rutinas.

Se elevó al cielo a ocupar su puesto.

La piel se vuelve cristalina,

Los ojos asumen su rol escarlata, Su rostro sonriente en foto de recuerdo

Hay susurros y abundan los rezos,

Preside por derecho cada día nuestro

Mientras las sábanas absorben sollozos.

Mientras en las alturas bailan de alegría

El cuerpo sentenciado y en espera,

Con la llegada de un ángel nuevo.

Se expande sobre la lúgubre cama Mientras el alma prepara valijas,

Sus charlas divertidas y sanos consejos

Para un viaje largo, sin retorno.

Quedan en el recuerdo de sus seres queridos

Fuerte es el espasmo cuasi nocturno,

Mientras los rezos se elevan cautivos

que llena de quejidos la febril garganta.

Su recuerdo cristalino se mantiene vivo.

El dolor se adueña de todos los espacios Y la calma se niega a regresar antes del alba. Hay esperanzas, también ilusiones, Pero la magia, ya no alcanza.


Las aventuras de Ismael y Aurelio

Micaela Giuntoli En la cabaña de don Simón, sobre la chimenea, había un estante muy especial repleto de duendes, ramas, cristales y otros objetos a los que su dueño les atribuía un significado mágico. En aquel rincón descansan las figuras de muchos duendes hechos por manos artesanas, con cabellitos de lana, retazos de tela en sus prendas, mostacillas, brillos y porcelana fría; pero para el buen don Simón aquellos muñequitos eran mucho más que coloridas siluetas, eran amigos. Desde el amanecer, con su taza de té en mano, hasta antes de dormir, conversaba con ellos y les contaba su día a día, sus andanzas por el bosque y algunas anécdotas del pasado. Es que Simón es un tanto melancólico y le gustaba hablarles a los duendes para no sentirse solo, aunque estos no lo pudieran escuchar, o al menos eso creía él. Una tarde llegó del pueblo un tanto decepcionado, había recorrido todos los puestos del mercado en busca de un tarro de miel y unas moras frescas para hacer un budín con el que estaba antojado: budín de miel con moras. No podía creer que ni un solo comercio tuviera alguno de estos ingredientes, en algunos le dijeron que había llegado tarde y que ya habían vendido todo, en otros que hacía rato no recibían mercadería de sus proveedores, y así se la pasó recorriendo todo el mercado local, sin obtener lo que deseaba. Fiel a su rutina, al llegar a la cabaña se sentó junto al calor del fuego y les contó sobre su frustrada compra a los duendes. Al final, tuvo que conformarse con cocinar un platillo más

simple y con ingredientes a su alcance e irse a dormir con la barriga engañada. Mientras don Simón descansaba, ignoraba que la luz de la medianoche hacía que su hogar cobrara vida. -¡Buenas noches! - dijo un duendecito mientras se desperezaba. -

Se me acalambraron las piernas de estar todo el día en el estante- comentaba el otro mientras sacudía sus piernas de alambre contra el piso para despertarlas. Sucede que los duendes de don Simón sí tenían magia, podían escucharlo y verlo andar desde el estante todo el día y

por la noche, mientras su dueño dormía, ellos se despertaban y jugaban por toda la casa. Eran muchos los duendes que se divertían pasada la medianoche: algunos corrían sobre el piso de cedro, otros jugaban a las escondidas en el mueble de la vajilla, ocultándose detrás de las tazas, y había algún que otro curioso que cada tanto saltaba por la ventana y hacía un breve recorrido por el bosque. Esa noche no parecía ser diferente, todos saltaron del estante para disfrutar de sus horas de magia, pero Ismael y Aurelio, dos duendes que eran muy amigos, se quedaron en su lugar habitual conversando: -Me quedé preocupado por don Simón, se veía muy triste- comentó Ismael. -Si, se notaba que en verdad quería hacer ese budín de miel con moras- respondió Aurelio. -¡Por qué será tan importante para él? ¿No puede cocinar un budín de otra cosa? Las naranjas, por ejemplo, son deliciosas-. -Es que, pequeño Ismael, el budín es muy especial para

él, es el que le preparaba su abuela de niño-. -¡Qué difícil es imaginar a don Simón de niño! Siempre lo veo como un gigante-. -Todos los humanos fueron chiquitos alguna vez- le dijo Aurelio con sabiduría.


María En época de su niñez, esperaba con devoción

Stella Maris González Chuquél

la aparición de las revistas infantiles, a las que se unieron luego otras de aventuras. Ya en su adolescencia mezclaba la lectura de

como de costumbre y se sentó en el banco de

textos escolares, con las novelas románticas.

siempre. Antes de abrir el tomo elegido,

Al comenzar la facultad, en el tiempo que le

pensó que ya no le quedaba espacio en casa

insumían los viajes en tren a buenos aires, era

para albergar tan solo uno más de sus amigos

donde

estudiar.

libros. Entretenida con ese pensamiento, el

Acostumbraba a leer el diario mientras comía

texto que tenía en sus manos, sin querer,

y tenía siempre un libro sobre su mesa de luz

arrastrado por la brisa otoñal, cayó al suelo.

para disfrutar antes de dormir. Resignaba

En ese momento pasé yo y lo levanté, di

actualizar su guardarropa cambiando el gasto

media vuelta para entregárselo y encontré el

para adquirir distintos volúmenes y a menudo

banco vacío. En vano mis ojos la buscaron

se prendía en colecciones de fascículos

por

interminables. Para ir a trabajar debía tomar

Desconcertado, abrí el libro que hacía

varios colectivos que le insumían dos horas

instantes había recogido y la misma corriente

de ida e igual de vuelta, yendo o viniendo a

de aire abrió como un abanico sus hojas. La

su casa, leía, leía. Llegado el tiempo del

brisa cesó dejando expuestas las páginas del

retiro laboral, iba a la biblioteca más cercana

medio, desde la derecha, como en un cuadro

o compraba en las ferias de usados, aunque a

María, sentada en el banco, seguía leyendo,

veces volvía sobre alguno ya visto en otro

leyendo...

aprovechaba

para

tiempo. Ese día estaba en la plaza, dio migas de pan a las palomas, observó árbol por árbol

todo

el

paisaje

de

la

plaza.


Los colores del cielo

¿A quién pertenece el rojo? ¿Al corazón o a las rosas? ¿O a los labios delineados de una mujer hermosa? ¿A quién el color azul? A un cielo despejsado A una hortensia, a una dalia ¿O a los ojos de un enamorado? Y el amarillo brillante ¿a quién pertenecerá? Al sol que brilla radiante La corona de diamantes ¿O a los rizos ondulantes de una bella princesa? Al verde lo ubico bien En aquel árbol frondoso En el musgo de algún pozo La esperanza a flor de piel.

¿De quién son estos colores tras la llovizna impaciente, jugueteando con el sol que dormita el horizonte? No se escondan remolones resuena la voz de un trueno detrás de los nubarrones yo he visto a cuatro pilluelos. La lluvia riega los campos el arco iris y el sol derraman luz y color dando al cielo cierto encanto.

Derlinda Helse

Incredulidad El temblor del abrazo aún vibra en ella, testigo fortuito, de un adiós no deseado. Cuerpos extendidos hasta las yemas, latir de corazones, desconsolados. Trémulo de amor, ávida mirada, incapacitados de entender esa partida, desde la ventanilla brazo en alto gritó una promesa, que quedó incumplida. El tren resopló vapores apurado, cansado de tantas tristes despedidas, se perdió fugazmente, detrás del horizonte teñido de rosados. Atardece, y se va, una parte de su vida. La trágica noticia, de un tren descarrilado, atacó su mente incrédula, dejándola vacía, lo buscó sin cansancio, ni respuestas entre hierros retorcidos y las espinas. Mientras esperaba paciente y predispuesta, que un milagro le cuente lo que ella pretendía -Llegué bien, bajé antes de aquel tren, amada mía.


Caen las hojas Hacia algún cimiento vas otoño María Luisa Márquez

adhiere sus hojas de feliz traje. Calvicie que proyecta nuevo viaje Y se lanza pájaro vuelo, sueño.

Viaje de la palabra agua

Ansioso te busco como aquel niño paciente indaga mucho más coraje. Colores de aves y todo plumaje cuando alegraron nidos a un dueño.

Este viaje a conocer identidades me bautizó en Identidad de agua.

Navego en mi parao a velas a río abierto.

Generoso serpenteas el oro a manos llenas, tibieza, por calma. Principios desnudos de frágil rama.

Hay una apertura con otros ojos a descifrar enigmas, admirar bellezas y formular nuevos interrogantes. Cada palabra dicha es agua celebrada,

Que se duermen bajo un sutil coro.

Los amores, trinos y el aire puro. Quiero pintar por necesidad tu alma.

quien quiera enturbiarla

podrá arrepentirse. Como tantas que se largan al viento sin pensar. Desde mi contenido desprendo su materialidad. Atesoro su omniscia.


El peregrino Seguido por su sombra Persiguiendo un sueño

Lidia Martínez

Y en sus hombros pena Se acercaba el peregrino.

Así era María, el sol en sus pasos

Desmayados de polvo La dama oscura lo abraza

En sus ojos el mar

Con su manto de azabache

Elevado talle, elegante,

Hola eso, macho.

Terciopelo en su voz

Cerrando sus ojos cansados. Grave, acariciante Aurora lo encontró dormido Sobre el verde musgo,

Su presencia imponíase Cómo el sol a la Aurora

Ruborosa quiso despertarlo Para que siguiera su camino. ¡Inútil fue su soplo cálido! Su alma… se habría ido.

Hoy allí quedó el peregrino Sin sombra, sin vida A la Vera del camino.

sus pasos ligeros, firmes He dejado de sentirlos El pasado ha huido, Se ha disipado su alma Solo tengo su ausencia.


El dilema

Mi dueño se llamaba Osiris y era un gato de

Rosa Mionis

color negro, reluciente. Vivíamos en el Antiguo Egipto y era muy querido por muchas familias, pues mataba las ratas que se alimentaban del trigo que se guardaba en los

Apofis, muy peligrosas, incluso para los

silos. Yo no tenía nombre pues solamente era

gatos y que vigilara hasta mi muerte el

su sombra. Mi amo cazaba de noche y yo lo

entorno de las casas en lo que sería mi

acompañaba, pero como estaba oscuro mi

territorio. Le pregunté a la diosa si lo podía

figura desaparecía. Un día, Osiris enfermó y

pensar y ella aceptó, pero hasta que el sol se

me pregunté qué sería de mi si el muriera.

ocultase. Salí del templo y me puse a pensar

Entonces fui hasta el templo de la diosa con

y llegué a esta conclusión: Si aceptaba lo

cabeza de gato, llamada Bastet y le comenté

primero podría no encontrar nunca el espíritu

mi problema. Ella, que era muy buena me dio

de Osiris y vagar por el inframundo por toda

dos opciones para elegir cuando llegara el

la eternidad y si aceptaba lo segundo, podía

momento de la muerte de mi amo: Una que

morir picado por una víbora. ¿Qué podía

buscara al KA, el espíritu de Osiris, ya que

hacer? Al anochecer se lo comenté a Bastet

éste lo encontraría y renacería con él en el

que se enojó muchísimo al oírme y sin decir

otro mundo. Yo tendría que estar cerca para

nada, me convirtió en una de esas víboras y

volver a ser su sombra y la otra, que aceptara

aquí estoy larga, ondulante, de color rojo y

convertirme en un gato cazador de serpientes

con dos cuernos, cuidándome de los gatos y

cornudas, llamadas

de sus sombras.


La niña del pañuelo Todos los domingos una viejecita se inclina ante la virgen. Los niños preguntan: --¿Quién es la señora que lleva siempre un pañuelo negro al cuello? --

Mirta Molineris

Un pueblo de casas bajas, con callecitas de tierra roja, donde aún se escucha, en el amanecer, el canto de algunas hachas y las mujeres suelen vender chipa y artesanías a la llegada del tren. En uno de esos hogares nació Lucinda, la que se ha transformado en una hermosa joven, con grandes ojos rasgados y renegridos, esos, que tanto ama Juan. Una tarde de domingo, en el paseo de la plaza, se conocieron y se enamoraron. Era hermoso verlos pasear

Lucinda, corrió y corrió hasta llegar al andén, casi sin aliento. Algunos volvieron, su Juan no bajó. Preguntó y preguntó… Nadie supo responder. La radio anunciaba: --¡La guerra ha terminado!--Se diluyó el negro de sus ojos enlutando para siempre su pañuelo.

con entrelazadas manos. Juan, también hijo del lugar, viajaba, en ese entonces, a estudiar a la capital de la Provincia. Lucinda no entendía por qué Juan, junto a otros jóvenes,

Incendios

tenía que partir al sur. En la despedida apareció con un hermoso pañuelo rojo

La tierra crujiente y yerma,

que amorosamente anudó a su cuello, diciendo:

eleva implorante

--Cuando vuelva, nos casaremos—

su desecado rostro.

La mano en alto y su inconfundible sonrisa contemplaba

Figuras fantasmagóricas,

a través de las lágrimas que empapaban por primera vez

como escapadas

su pañuelo.

de un mitin espectral,

Los primeros tiempos, la contemplaban con admiración

devoran distancias.

al verla pasar camino a la iglesia, luciendo orgullosa su

En el fragor…

pañuelo rojo y acompañan sus rezos; luego, las miradas

enajenadas cenizas

se poblaron de tristeza, la misma tristeza que fue tejiendo

ahogan verdes y nubes.

lenta telaraña en su mirada.

Manos dañosas, incendian;

La voz estalló en el aire:

manos solidarias, extinguen.

--¡Llegan en el tren… llegan en el tren...!--

Claroscuros del hombre.


Mi amigo Sos el amigo que me espera todas las mañanas, me recibes con tu tibieza. Nunca Cristina Noguera

faltas a la cita, siempre tienes tiempo para mí; en las buenas y en las malas, en la riqueza y en la pobreza. Me escuchas en silencio y me

Rey y señor de los mares

pregunto si lo haces por no interrumpir mi

Cubre su cabeza con un sombrero tricornio, con la

cháchara o porque eres mudo. Otras nos

insignia de la casa real. El ropaje que viste es de un

quedamos callados los dos, asomados a la

gran caballero, que alguna vez debe haber paseado

ventana

mirando

lanada,

meditando,

o

por la corte. El cabello suelto lo enmaraña el viento. Lleva como gran orgullo esa larga barba, que no hubo

recordando cuando la casa estaba llena de

corsario que se atreviera a cortar. Los bigotes ocultan

vocecitas. Mis manos aprietan tu cuerpito,

a medias los labios. Su rostro bronceado por el sol y la

para sentir tu tibieza y al saborearte me

sal del mar muestra pliegues de enfado, de ferocidad.

surgen las ideas ¿Serán tuyas o mías? No sé,

Sostiene la mirada en forma prolongada, que invita al

pero en tu compañía puedo pensar, leer,

reto, penetrante, que mantiene exageradamente fija

escribir, relajarme. Me has escuchado llorar,

sobre el que siente que es su adversario. Todo él atemoriza. Su sonrisa quiere parecer honesta, cuando

reír y soñar sin pedirme explicación. No te

en realidad no lo es. Los músculos de la cara se

engalanas con la riqueza del metal, te elegí

mueven ligeramente, al igual que los labios, pero aún

con corazón de calabaza, sencillo. Nada

así sus ojos delatan su falsedad, casi espeluznante, que

exiges, tienes la generosidad de dar hasta el

lo convierte en un personaje temerario. Su alcázar

final y cuando ya no puedes más sin

tiene tres mástiles que sujetan las velas que guardan

escándalo mé nuestras en tu interior que los

en su interior todos los vientos del mundo y en lo alto flamea la bandera negra, con una calavera que debajo

palos están nadando haciéndome saber que es hora de cambiarte la yerba.

lleva cruzadas dos espadas. Es rey y señor de los mares.


Aquellos ojos tristes Tenía el pelo blanco, con una sutil manta en el lomo

Ofelia Simón

de color dorado... Juguetona, inquieta, mimosa, cariñosa.

Le gustaba saltar al estanque, poblado de verdes papiros... Escarbaba la tierra húmeda, en busca de algo que había olfateado...

Campanas del amanecer

Corría velozmente por el parque para alcanzar el palito, con el cual jugaba, pero nunca devolvía... No le gustaba la soledad, buscaba las caricias, que le brindaban con amor ,sin retaceos... Pero ...pasaron los años, enfermo... a pesar de los cuidados que recibía en gran medida, se la veía “con los ojos tristes “...mirada lejana, perdida. Ahora descansa en el jardín, entre las flores, arrullada con el canto de los pájaros, con los cuales compartió su vida. Se llamaba “ FRIDA “... Partió humedecida por las lágrimas del amor que recibió en el silencio, del recuerdo...

Sombras arabezcas, caprichosas, en neblinas opacas, tejen una belleza diferente para que el árbol descanse de un sueño lunar...

Las nubes transitan por paisajes misteriosos, en crestas de plata... Loa astros no se van, son cómplices de la noche, que lentamente agoniza... Hay sonidos de estrellas, despidiéndose de la oscuridad... En el cielo, se abren alas de espuma, y dan paso al tímido sol... El aire se puebla de plumas y gorjeos de pájaros. Huyeron las sombras arabezcas, caprichosas en neblinas opacas... El aire mueve...”las campanas del amanecer”


El organillero

En una esquina de un tranquilo pueblo de provincia, como tantos otros, todas las tardes se ubicaba Don Eleuterio, el

Matilde Strobino

organillero. Lo acompañaba su hijo más pequeño. Si le preguntaban a éste ¿Qué vas a ser cuando seas grande? El niño decía con orgullo: organillero como mi papá. Nunca atinaba a mencionar bombero, policía, mecánico o doctor. Él se entretenía jugando a las bolitas o con una pelota.

¿Querés volar?

Muchas veces se sentaba y leía en voz alta, para que su papá escuchara, libritos de cuentos que la gente del barrio

le regalaba. A la escuela iba de mañana, decía, anticipándose a la pregunta de los paseantes. Si llegaban clientes buscando un cartoncito de la suerte, el niño muy

Templada

tarde

de

abril

fue

motivo

para

desempolvar mi bicicleta azul, arrumbada en el garaje hacía mucho tiempo. En realidad lo hice

atento se acercaba para ver con que habilidad su papá hacía

porque sentí un impulso extraño. Otro cuerpo en mi

la tarea, después retornaba a los juegos. Nadie, en las tardes

lo indicaba. A andar en bicicleta no se olvida nunca.

de siesta, cuando las calles adormiladas escuchaban las

Entonces alguien o algo me dio un empujón, subí y

chicharras, se imaginaba esa esquina sin Eleuterio, el

bajé varias calles, doblé a izquierda y derecha,

organillero. Era, por así decirlo, parte del paisaje y de los

esquivé autos, motos y un carrito tirado por un zaino.

sonidos del lugar. Su trato cordial, su sonrisa franca atraían

a grandes y chicos. Pasó el tiempo y Eleuterio partió de gira, como dicen los artistas, él era a su modo un artista.

Respeté los semáforos. De repente en una esquina

me cruzó una bicicleta blanca. Pasó frente a mí como

Lucio, su hijo más pequeño, quien era su infaltable

volando. Un hombre flaco y con barba iba sobre ella.

compañero, creció y estudió. Hoy es un renombrado

Apenas nos miramos yo pensé -Creo conocerlo de

oftalmólogo en el pueblo y otras ciudades vecinas donde

toda la vida. Volvió y me preguntó:-¿Querés volar

ejerce su profesión con la misma sonrisa y trato amable de

conmigo? Fui tras él y aprendí a volar en bicicleta.

su papá. El organillo, se encuentra, en el Museo del Pueblo, donado por todos los hijos de Eleuterio. Desde el más allá, el padre, se debe sentir muy complacido por tal decisión.

Pero mis pies no se movieron de la vereda y desde allí me vi cerca de las nubes. Las dos bicicletas con

En la esquina se ha erigido un monumento. El organillo

alas se elevaron tanto que no pude verlas más.-Qué

está reproducido a la perfección y Don Eleuterio de pie con

quién era el que se fue con Dios.-Alguien muy

su infaltable bastón blanco, parece sonreírnos desde el-

dichoso, tal vez más que yo. Solo atiné a gritar:-¡

bronce.

Vuelvan y traigan a Piazzolla y a Ferrer por favor!


El campo Extensa alfombra verde Con lágrimas perladas, La noche te acompaña Con un nuevo soñar

Aroma Wetzel

Las estrellas fugaces Sienten un dulce aroma, Y entonces, ya comienza

Poesía

lejano un parpadear. Las lechuzas le chistan Al zorro que visita, Y con un corto vuelo Lo quieren despistar En tanto las vizcachas Comienzan a reunirse, y con tu compañía arrancan a bailar. El día te sorprende Con cantos de zorzal,

La luz que ilumina al alma

Y alegra al corazón Lo llena siempre de amor Y le canta a las estrellas. A la tristeza la aleja Sin por ello desdeñarla, le canta como una queja, cuando el dolor la visita

Y el gaucho se prepara

Y al remedio se lo da

Muy pronto a trabajar.

en dosis de agua bendita.

Con tu tierra fértil

Los trinos son su alegría,

Y el verdor de tu voz,

las mariposas la pintan,

El sol se hace presente

y con murmullo de agua,

Hola lalalala. Hola Nana.

canta, canta, canta y canta.

Para alumbrar a los dos.

Acaso, ¿es la poesía


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