Las tarjetas postales ilustradas han sido, durante muchos
años, herramientas de difusión de los aspectos
más vistosos y sugerentes de pueblos y ciudades de
todo el mundo, piezas de coleccionismo y pequeñas ventanas
abiertas a la imaginación y al conocimiento en momentos en
los que los viajes de placer estaban reservados a una minoría.
En nuestros días, las postales antiguas nos ofrecen un
calidoscopio de la propia historia, un retrato amable y
luminoso del espacio urbano que nuestros antepasados
quisieron mostrar al mundo para ocupar, justamente, un
espacio en este mundo. Son imágenes que nos hablan de
edificios y monumentos, de vistas amplias sobre las calles
más importantes y, más tardíamente en el tiempo, de grandes
eventos sociales como conmemoraciones.
Raramente encontramos en ellas el latido de la vida
diaria, pero completan el retrato de cómo quiso mostrarse
la ciudad y de qué era de lo que se enorgullecían los habitantes
de Ibarra.