En los últimos años, la transformación
digital y la innovación han dejado
de ser conceptos abstractos para
convertirse en motores concretos de
cambio en el tejido productivo de nuestras
economías. Las micro, pequeñas y medianas
empresas (Mipymes), que constituyen más
del 95% del total de empresas en América
Latina, han comenzado a reconocer que su
supervivencia y crecimiento ya no dependen
exclusivamente de su esfuerzo local o de su
tradición comercial, sino de su capacidad
para adaptarse, aprender e innovar en
contextos cada vez más volátiles, inciertos
y tecnológicamente exigentes.